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¿Qué convierte al ásana en yoga?

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¿Qué convierte al ásana en yoga?

¿Qué convierte al ásana en yoga?

Este escrito surge de la pregunta: ¿hay algo intrínsecamente yóguico en la forma de las posturas de haṭha yoga?


Viendo la similitud en configuración física que hay entre difundidas pos­turas del haṭha yoga con una estocada de esgrima, ciertos movimientos de la gimnasia rítmica, un equilibrio sobre manos de circo, maniobras de artes marciales, pasos de danza o, más burdo, una apertura de piernas de Jean-Claude Van Damme, la respuesta parece indicar que el componente yóguico NO está en la forma.

 

A excepción, quizás, de las posturas sentadas para la meditación que son las referencias más antiguas que tenemos, pero que, de todos modos, son compartidas por otras disciplinas o tradiciones (como las artes marciales o el budismo zen, por ejemplo).

 

 

Suponiendo que aceptáramos el presupuesto de que la forma no hace al yoga, la pregunta que surge sería: ¿Qué es entonces lo que hace del ásana un elemento yóguico?

Como es de esperar, las respuestas pueden variar según la fuente consultada, por lo que voy a enumerar y analizar algunos ingredientes determinantes para intentar llegar al núcleo de la cuestión de forma sucinta:

 

1- La respiración: Sin duda es fundamental, aunque no es el único factor ya que en danza, deporte o pilates la respiración consciente puede ser también utilizada. De hecho, lo que destaca en yoga es más bien la idea de prāṇa, es decir la “energía vital” que subyace y sostiene toda manifestación vital, cuyo epítome es la respiración.

 

Desde esta perspectiva, una “respiración yóguica” no sería tanto una técnica específica -de las cuales existen decenas- sino un medio para (y también una prueba de) la correcta circulación del prāṇa en los diferentes niveles del sistema vital del practicante. Si la propia respiración va en contra de esa circulación, aunque se tratara de una técnica legitimada por un manual de yoga, entonces no sería “yóguica” para ese individuo en particular, ya que podría volver contraproducente un ásana.

 

2- La atención: Inseparable y fundamento del elemento anterior. Para que cualquier cosa (un ásana, la respiración, una acción, el pensamiento…) pueda ser etiquetada como “yóguica” es indispensable que exista plena atención, entendida como el foco mental consciente, voluntario y completo en un único objeto, de forma unidireccional y durante el tiempo suficiente. Sin atención no hay yoga. Al aplicarla hay conciencia y presencia. Ahora y aquí.

 

De todos modos, la profunda concentración y la presencia también se requieren en danza, gimnasia, funambulismo o artes marciales y no por eso serían yoga. El difundido eslogan “habitar el cuerpo” es, más bien, una versión aguada y moderna -muy necesaria, por cierto, en la actualidad- del concepto tántrico de “divinizar el cuerpo” que aspira a una meta trascendente. Por otro lado, si hablamos del haṭha yoga clásico y de talante ascético, se habla de la indiferencia o desidentificación del cuerpo físico.

 

En ambos casos, la atención va más allá del cuerpo o la respiración para buscar un aspecto más sutil y profundo. Por tanto, el objeto en el que se pone atención tiene relevancia pero, sobre todo, es el objetivo final de esa atención sostenida lo que distingue lo “yóguico”.

 

 

3- Interiorización: Aunque haya confusión al respecto, en yoga en general y ásana en particular, en términos de práctica espiritual el objetivo nunca es “demostrar”.A diferencia del deporte o la danza en que abunda la competencia y la comparación en relación con el afuera, el yoga es un proceso de interiorización.

 

Si el propósito del arte es expresar lo que llevamos dentro, en yoga el camino es inverso, es decir de afuera hacia dentro. Y aunque se pueda practicar en grupo (y con claros beneficios), el ásana se ofrece, a fin de cuentas, como una herramienta en ese recorrido interior.

 

 

4- Permanencia: El yoga tradicional, tal como aparece en la mayoría de los textos antiguos, presenta el ásana como un elemento estático y pregona una permanencia prolongada en la postura (desde 3’ en adelante). En este punto hay diferencia con la gimnasia, la danza, el circo, etc. Se entiende que con la quietud externa se favorece la quietud interna.

 

Sin embargo, el yoga contemporáneo (desde hace unos 100 años y sobre todo desde los 1970’s) utiliza el dinamismo y las posturas en movimiento como una de sus marcas distintivas. En cierta manera es por eso por lo que las formas de los ásanas se asemejan a la gimnasia.

 

De todos modos, y sin entrar ahora en un debate muy actual, este factor no sería excluyente para lo “yóguico” porque, aunque quizás sea más difícil, incluso con movimiento externo se podrían cumplir los tres puntos citados más arriba y, así, acercarnos al objetivo clásico del yoga

 

 

5- La quietud mental: Si se sostiene la atención en el objeto adecuado durante el tiempo suficiente, entonces la consecuencia natural es el aquietamiento de la actividad mental. Este objetivo diferencia al yoga de la mayoría de otras disciplinas, si bien todavía no se trate de su fin último. La capacidad de concentración como herramienta para “rendir mejor” o “ser más productivos” no es un propósito yóguico, aunque sea un efecto colateral que nos beneficia. Aquí no deberíamos perder de vista que el propósito tradicional del yoga es aquietar la mente para que brille lo que somos en esencia.

 

Por tanto, lo que hace que un ásana sea yóguico tiene mucho que ver con la intención y la actitud de profundizar en la propia esencia.

 

 

Visto así, no sería suficiente con mantener la atención en la respiración (algo que también puede hacer magistralmente un submarinista o el famoso Wim Hoff), ni siquiera si eso nos lleva a la calma mental, si nuestro objetivo último no es llegar a (re)conocer la fuente interior de donde surge esa luz que llamamos atención y que está iluminando todo lo que conocemos, incluso desde más atrás del intelecto.  

 

En este punto hay personas que agregan que, para ser yoga, un ásana debe incluir amor, devoción o dedicación de los frutos a una causa superior. Ciertamente es así, y el tema tiene gran riqueza para indagar, pero si “solamente” cumplimos las pautas arriba enumeradas, no hay duda de que ya estaremos haciendo Yoga, incluso si no practicamos ásanas.

4 comentarios

  1. Excepto por la permanencia comparte todas las similitudes con el tai chi: interiorizacion, respiración, propósito, paz mental etc
    Gracias por tu artículo me encanto

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