Hijo de Vecino

Educación espiritual para niños

Ante el eterno dilema de fomentar en los niños el estudio de aquello que les dará dinero o de aquello que de verdad les gusta, Swami Premananda da una útil respuesta desde la óptica espiritual.

Criar niños es una de las tareas más antiguas de la humanidad y, sin embargo, todavía hoy no nos ponemos de acuerdo en la mejor manera de hacerlo. Evidentemente es un tema complejo, que puede tener múltiples enfoques y variables, incluyendo la época histórica en que estemos haciendo el análisis. Para estos tiempos, en que el paradigma global de la productividad y el progreso están tan vigentes y metidos en nuestros inconscientes, me ha gustado encontrar una breve respuesta de Swami Premananda a una pregunta muy importante:

En la escuela nos alientan a tener buenos resultados para así obtener un buen trabajo. ¿Cuál es la actitud espiritual correcta ante esto?

Educar niños, que no solo es un rol de los padres o la familia, tiene muchos desafíos y uno muy grande es ofrecerles un visión de mundo sólida que les sea beneficiosa para ahora y para el resto de su vida. Buenos estudios y buen trabajo, para así “asegurar el futuro” es una de las políticas más extendidas y, por supuesto, está justificada, aunque yo siempre le he visto algunas carencias.

 

Por un lado, lo que se asegura es el futuro material, que desde la perspectiva espiritual no es el único aspecto de la vida a tener en cuenta. Por supuesto que tener seguridad material es – en casi todos los casos – básico para vivir tranquilo o ser feliz, a la vez que todos conocemos historias de personas con el futuro asegurado que son infelices.

 

Por otro lado, esta visión de productividad alimenta el patrón colectivo (que todos tenemos muy metido a nivel individual) de hacer las cosas para lograr un beneficio más adelante, de vivir en el futuro, de creer que la vida es un viaje más o menos agradable para llegar a un destino ideal, llámese éste jubilación, descanso, deber cumplido, felicidad, Cielo… Por tanto, la mayoría de las personas somos incapaces de vivir – ya sea “disfrutando” o “sufriendo”- el momento presente sin anhelar o también temer lo siguiente.

 

Desde un análisis más pragmático también se podría decir que modelos laborales están cambiando tan rápidamente que la acumulación de conocimiento del buen estudiante típico no serán de gran uso en el futuro cercano. Si la información está disponible para todos las veinticuatro horas ya no alcanzará con acumular conocimiento intelectual y ni qué decir de la presencia cada vez más extendida de robots que pueden hacer muchos de los trabajos otrora destinados a seres humanos. Y cuando decimos robots hablamos de lavavajillas, máquinas que barren el suelo, lectores de pasaporte en el aeropuerto, cajeros automáticos, coches sin conductor, traductores digitales o incluso redactores automáticos de noticias.

 

Sin duda estas máquinas pueden hacer la vida más fácil en algunos casos, pero la cuestión es que el paradigma laboral está cambiando e incluso profesiones tan prestigiosas como abogado o médico podrían verse comprometidas en el mediano plazo. ¿La solución? O bien nuestro hijo estudia robótica, que es una de las actividades en boga, o bien desarrolla aspectos de la personalidad que fomenten su creatividad, su capacidad de adaptación o incluso su habilidad física o manual. Pero todavía más importante que esto es la base espiritual, que le servirá para toda la vida, más allá de las vicisitudes económicas o laborales del mundo.

 

Y después de esta larga introducción, comparto la respuesta que da Swami Premananda a la pregunta arriba citada. Deseo que les interese y sirva:

“La mente empresarial se está convirtiendo en una enfermedad mental. La mente comercial se focaliza en hacer dinero. La mente comercial ya no considera a los seres como elementos vivos, y solo ve cuán útiles son para hacer más negocios y más dinero. La vida, las personas, sus actividades y situaciones son vistas solamente desde el punto de vista de ganar más y más dinero. Las personas modernas piensan que son civilizadas solo cuando pueden producir más y más dinero. Todo en la vida se juzga del punto de vista del dinero. Esta es, de verdad, una enfermedad muy grave. No solo es grave sino que también se extiende como el fuego e incluso los niños pueden contagiarse de ella. Los adultos pasan esta manera de pensar incluso a los infantes.

 

Durante su infancia, podemos alentar a los pequeños a pensar en la auto-perfección, la bondad, el amor y la compasión, en el esplendor de la naturaleza y en el servicio a los demás. Por el contrario, los estamos alentando a tener buenos resultados en sus estudios para así tener una buena carrera y ganar más dinero. Por tanto, cuando los niños piensan sobre sus estudios están pensando principalmente acerca de lo que es más útil para ganar dinero. Para ellos se vuelve muy importante superar los exámenes y obtener más certificados y demás para así conseguir un buen trabajo y ganar mucho dinero. ¿Acaso es este el objetivo de estudiar?

 

Una mente bien entrenada de acuerdo a los ideales espirituales es también muy capaz de tener éxito en la vida de acuerdo a las leyes materiales, pero el estudiante tendrá una actitud mucho más sana e íntegra hacia la riqueza, el servicio y los negocios. Necesitamos guiar a nuestros jóvenes hacia una actitud más sana para su futuro en el mundo.

 

Niños: aprended por el solo hecho de aprender, descubrid los secretos de la naturaleza, creced en autoconfianza, aprended disciplina para tener autocontrol y ser amos de vosotros mismos. Volveos fuertes, superad vuestras debilidades y miedos y preparaos para enfrentaros a cualquier cosa en la vida con gran fuerza desde vuestro amoroso y noble corazón.

 

Si podéis hacer todo esto entonces automáticamente seréis personas prácticas, con los pies en la tierra y bien preparadas que pueden ganar dinero y, al mismo tiempo, dar servicio amoroso y compasivo a aquellas personas menos afortunadas”.

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