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El Ganesha más famoso de Mumbai

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De todos los pandals o altares callejeros que se montan en la ciudad de Mumbai para la festividad de Gaṇeśa (Ganesha), hay uno que es especialmente famoso y concurrido: Lālbaugcā Rāja (Lalbaugcha raja).

Lalbaug es un conocido barrio de Mumbai, en donde su mercado original (especializado en pescado, ya que Mumbai está en la costa del Mar Arábigo) fue cerrado en 1932. Ante esta situación los pescadores y vendedores hicieron una promesa al Señor Gaṇeśa con el fin de obtener un nuevo sitio permanente para su mercado y su trabajo. Gracias a la gestión de algunas autoridades, finalmente se les concedió un terreno donde se erigió el nuevo mercado y entonces los pescadores cumplieron su voto: instalar una estatua de la deidad con cabeza de elefante en el día de Gaṇeśa Caturthī (Ganesha Chaturthi).

Ese hecho ocurrió en 1934 y desde entonces la tradición se repite cada año. Debido a que Gaṇeśa cumplió el deseo de aquellos pescadores, esa estatua se hizo conocida por cumplir los deseos de sus devotos y, por tanto, cada nueva celebración se hizo más populosa la concurrencia, al punto de llegar a los dos millones de personas en los diez días que dura el festival.

fachada

La fachada principal del pandal de Lālbaugcā Rāja (todas las imágenes se agrandan al clicarlas).

Para gestionar esta cantidad de devotos, los organizadores crearon dos colas diferentes: una para recibir las bendiciones directamente de la estatua, tocando sus pies de yeso, y otra para simplemente tener la visión (darśana) de Gaṇeśa. En ambos casos las filas son largas, aunque es más larga la primera, pues se supone que tocar la estatua (y hacer una ofrenda directa) es más efectivo para obtener el cumplimiento de los deseos.

Yo no tuve que hacer cola (que puede demorar horas) porque entré como periodista y recibí trato especial, pudiendo pasar a la zona “VIP” desde donde el acceso a la estatua es directo, y también pude subir a la zona de periodistas (donde hay especialmente fotógrafos y camarógrafos), con buena visión desde arriba de todo el evento.

A los lados, dos filas para tener darśana; al fondo la estatua que solo se intuye.

A los lados, dos filas para tener darśana; al fondo la estatua que solo se intuye.

Desde esta perspectiva cenital, y además con cierta comodidad, observar a la marea humana empujándose y luchando para obtener un mínimo acercamiento al ídolo me generó sensaciones ambivalentes. Por un lado, uno puede elogiar la devoción y la fe de esas personas, dispuestas a esperar por horas para apenas observar por menos de 1 minuto a la deidad y dar su ofrenda de cocos a un ayudante que las recoge en una caja sin que nunca lleguen a tocar los pies de Gaṇeśa.

Por otro lado, teniendo en cuenta que Gaṇeśa (por mucho que yo lo quiero) es considerado un dios relacionado con el plano material y con la satisfacción de esas necesidades, yo no puede evitar sentir que ese apretujado torrente de devotos pidiendo por dinero, trabajo y salud estaba más cerca del mero intercambio interesado (flores x éxito material) que de la pura devoción espiritual.

Obviamente, yo también le pido a Gaṇeśa por cuestiones materiales pero quizás porque no me tengo que empujar con nadie para ello me parece más “espiritual”. Como siempre, depende del punto de vista, que mis días en Mumbai (con su gran bullicio, la ciudad más poblada de la India) habían sesgado hacia la mirada crítica.

Para dar más datos tengo que decir también que, por un lado, los devotos pueden hacer su donación online y también así recibir su bendición, pero es bueno saber que gran parte del dinero recaudado durante el festival se usa para actividades caritativas.

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Al fin, la visión de Lālbaugcā Rāja.

La estatua de Lālbaugcā Rāja es creación, desde su origen, de una misma familia de escultores. La estatua mide unos seis metros y cada año se renueva, pues al final del festival es llevada en procesión al mar para ser sumergida en sus aguas, al igual que otros miles de ídolos de todos los tamaños. El hecho de que la estatua sea “nueva” y no sea una imagen cargada de decenas, cientos o miles de años de adoración continua influyen en mi percepción de que la masiva visita al mercado de Lalbaug es más una transacción comercial que un acontecimiento espiritual.

A este respecto, es verdad que a pesar de tener dos semanas de antigüedad, a esta imagen se le realiza el prāṇapratiṣṭhā (pranapratishtha), la ceremonia en que se le “abren” (pintan) los ojos, infundiéndole así “vida” y por tanto, según la tradición, tiene tanta sacralidad como una estatua antigua.

Mi percepción fue que tener fe en una imagen de yeso que tiene dos semanas (aunque tarde unos meses en terminarse, claro) se justificaba porque durante años (cada año una imagen distinta) ha cumplido deseos, pero no porque tenga una sacralidad en sí misma. Por supuesto, entiendo el concepto del símbolo y veo claro que esa imagen, muy hermosa por cierto, representa algo más que ese conjunto de yeso y pintura de este año actual.

Solo cuento mis impresiones, sin duda teñidas por el calor y el fragor de Mumbai, aunque sin olvidar que durante años he sido un fiel devoto del Señor Gaṇeśa (considerándolo siempre mucho más que un simple “eliminador de obstáculos”).

La imagen y sus devotos, desde el palco de periodistas.

La imagen y sus devotos, desde el palco de periodistas.

La cuestión es que cientos de miles de personas hacen fila para llegar el encuentro de Lālbaugcā Rāja. Quienes van por la cola más lenta y larga, pueden como recompensa apoyar su frente sobre los grandes pies de la imagen y dejar su ofrenda (billetes de rupias, dulces, cocos, flores, etc.) antes de ser sacados rápidamente de allí para que siga fluyendo la masa. Quienes llegan de frente, para tener la visión a lo lejos, se quedan a unos diez metros de la imagen pero no renuncian a dar su ofrenda.

Algunos devotos lanzan flores desde la distancia; otros simplemente depositan sus ofrendas en una especie de sección lateral que se va llenando de bolsas; otros ceden objetos más pesados a los voluntarios que, según el caso, los van pasando de mano en mano hasta acercarlos a la deidad. Muchos padres van con sus hijos pequeños (incluso bebés) y vi el caso de un padre que pasaba a su hijo (de quizás 6 meses) a un voluntario, para que lo pasara a otro ayudante, para que el niño llegara a tocar la valla que dividía las dos filas y recibiera las bendiciones.

Dos voluntarios poniendo una guirnalda a la deidad, en pleno ajetreo.

Dos voluntarios poniendo una guirnalda a la deidad, en pleno ajetreo.

Como ven, mi sensación no fue especialmente inspiradora, aunque mi experiencia fue completa pues además de darme motivos para reflexionar tuve pase VIP y vista preferencial, pero también me metí en el meollo por un rato, para ver y ser empujado, y hasta toqué los pies de la imagen (haciendo mi pedido material, naturalmente) e incluso me saqué una foto, como hace la mayoría de los devotos.

No quise privar a los lectores del darśana de mi cara.

No quise privar a los lectores del darśana de mi cara.

La devoción tiene muchas facetas y la religión también. La espiritualidad, en esencia, está más allá de todos estos rituales aunque para algunas personas son necesarios y útiles. Se dice que siempre, al menos, hay dos puntos de vista. En la India, eso es cierto y además se queda corto: los puntos de vista son infinitos.

La hermosa estatua al completo y sin nadie (esta imagen es de la web oficial lalbaugcharaja.com)

La hermosa estatua al completo y sin nadie (esta imagen es de la web oficial lalbaugcharaja.com)

Para que juzguen ustedes mismos comparto un breve vídeo hecho a los tumbos por mí, con el enjambre humano y la hermosa estatua de Lālbaugcā Rāja, en el día inaugural para el público:

¡Om Vināyaka Devāya Namaha!

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Un comentario »

  1. Interesante y docente post, como de costumbre. Totalmente de acuerdo que la espiritualidad está más allá de los rituales pero, en muchas ocasiones, son el vehículo para llegar a ella.

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