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Templo Sri Sri Radha Gopinath en Mumbai

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Después de dos semanas de sudar de forma ininterrumpida, de escuchar bocinazos hasta en el baño (que no tiene ducha, obvio), de líneas telefónicas cortadas, mucho arroz blanco y viajes nocturnos en autobuses traqueteantes el cuerpo pide un poco del confort al que está acostumbrado.

La ciudad de Mumbai, donde estoy ahora después de pasar unos días en Tamil Nadu, tiene disponible algo de ese confort (sobre todo si uno tiene el dinero), pero aún así es una megalópolis tan contaminada y ruidosa, que saldría corriendo si pudiera.

Por razones de “investigación” decidí estar aquí unos cuantos días y entonces fue un oasis para mí descubrir cerca de mi hotel el famoso templo Sri Sri Radha Gopinath, perteneciente a ISKCON, la Sociedad Internacional para la Consciencia de Krishna, o también conocidos popularmente como los “Hare Krishna”.

Fachada exterior del templo.

Fachada exterior del templo.

ISKCON es una organización espiritual fundada por Swami Prabhupada en 1966 y está muy extendida en Occidente porque Prabhupada, a sus 70 años y siguiendo las instrucciones de su maestro, viajó en 1965 a New York en barco (con solo siete dólares y sin conocer a nadie) para difundir el mensaje entre, principalmente, la “contracultura” norteamericana que estaba viviendo el hippismo, experimentando con drogas y descubriendo las filosofías orientales.

De la “nada”, únicamente con su presencia magnética, su enseñanza sobre la devoción (bhakti) a Dios y cantando el mantra ‘Hare Krishna’, Prabhupada fue sumando seguidores de forma exponencial y se convirtió casi en una celebridad espiritual (George Harrison de The Beatles fue uno de sus devotos más famosos), pero sin perder su esencia.

De esta forma, los templos de ISKCON empezaron a surgir por todo el mundo, teniendo incluso en origen una presencia mayor fuera de la India que dentro de ella. En este contexto, en 1988 se abrió el templo de Sri Sri Radha Gopinath en Mumbai, en la zona de Girgaum Chowpatty, que está cerca del mar y actualmente es un área considerada de buen nivel económico.

Desde 1990 la persona que ha guiado el crecimiento de este templo y su comunidad es Radhanath Swami, un renunciante norteamericano que conoció a Prabhupada en los 1970’s en India, después de un viaje y una búsqueda fascinantes que están plasmados en su libro The journey home.

Fachada interna del templo.

Fachada interna del templo.

El templo en cuestión es realmente hermoso y su interior tiene pequeños balcones con arabescos tallados en madera y un suelo de mármol. Lo mejor del templo es el altar principal, que alberga al Señor Krishna en su aspecto de Radha Gopinath, es decir Krishna, en forma de vaquero, como el señor (nath) de la pastorcita (gopī) Radha, su más querida devota.

La gracia del altar, más allá de la hermosura intrínseca de las imágenes sagradas, está en la decoración general, que busca recrear la atmósfera natural y dulce de los bosques de Vrindavan, donde en origen se llevaron a cabo los ‘pasatiempos’ (līlās) de Radha y Krishna. Esta atmósfera bucólica y juguetona se logra a través de la presencia en el altar de imágenes de muchos animales como vacas, ciervos, loros, monos y pavos reales.

Altar multicolor con muchos animales.

Altar multicolor con muchos animales.

Asimismo, la decoración varía según el día. En mi primera visita el altar estaba lleno de pavos reales, incluyendo las vestimentas de las deidades hechas con plumas de pavos reales, y también el fondo de un color más bien verde. En mi segunda visita, en cambio, había una gran variedad de animales, el fondo de color rojo y las vestimentas eran multicolores.

Altar decorado con pavos reales.

Altar decorado con pavos reales.

En todos los casos pude presenciar el ritual de adoración a las deidades, con decenas de devotos circulando por el templo repitiendo de forma murmurante o interna el famoso mahamantra:

‘Hare Krishna Hare Krishna, Krishna Krishna Hare Hare / Hare Rama Hare Rama, Rama Rama Hare Hare’.

El ambiente es muy tranquilo, muy hospitalario y la vibración me pareció muy espiritual. Un lugar ideal para sentarse a meditar o a observar las deidades o a repetir el mantra en quietud.

En mi segunda visita, que fue en fin de semana, había un poco más de trajinar y los devotos estaban realizando la práctica de samkirtan, que es el “canto congregacional” o colectivo, lo cual es muy inspirador, y esta vez muchos devotos también estaban bailando con brazos en alto mientras repetían los nombres sagrados. Mi anfitrión, un devoto indio de la organización, me incitó a bailar y me unió a una ronda de devotos que giraban y bailaban al ritmo de ‘Hare Krishna Hare Krishna…’.

Disfrutar de esta simplicidad casi infantil de la devoción a Krishna ha sido muy inspirador para mí y es un regalo que no esperaba en este viaje a la India, que tenía otros objetivos prioritarios (como siempre, uno hace planes pero India los adapta como le place).

Estoy muy agradecido con Sri Sri Radha Gopinath por su hospitalidad, por ofrecerme un oasis espiritual en el bullicio de Mumbai y por recordarme mi amorosa relación con el Señor Krishna, el ladrón de corazones.

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  1. Quisiera hacer una pequeña y respetuosa corrección, apreciado Naren: Shrila Prabhupada no llegó a los Estados Unidos con siete dólares, sino siete rupias, un baúl de libros y muchísima devoción por el Señor Krishna. Es muy célebre su comentario al Gita, no solo entre académicos de todo el mundo, sino entre los devotos. Por eso se lo subtituló “tal como es”, porque no expone sus opiniones personales, sino que lo presenta sin adulteración alguna. Cordial saludo. नमस्ते namaste.

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    • Hola Néstor,

      Gracias por tu comentario. El dato de los siete dólares lo saco de la biografía de Radhanath Swami, uno de sus discípulos. Aunque también había leído algún otro número por ahí y también hay que tener en cuenta que la tasa de conversión de la moneda era diferente a la actual así que el dato puede ser ambiguo. En todo caso, todos concuerdan en que era muy poco dinero y que solo la fe en Krishna de Prabhupada lo mantuvo firme y exitoso en su empresa.

      Un abrazo

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  2. Sí, tienes toda la razón. Lo importante es la devoción. Un afectuoso saludo a ti y a todos nuestros queridos lectores

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