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La práctica de tener buenos pensamientos

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En la revista Prema Ananda Vahini de Febrero 2015 aparece un discurso de Swami Premananda sobre cómo funciona nuestra mente y cómo uno, muchas veces sin saberlo, está bajo el dominio de sus pensamientos. Uno se cree que pensar mucho es sinónimo de inteligencia y pocas veces se pone a analizar el real contenido de esos pensamientos que, usando terminología psicoanalítica, se presentan en “asociación libre” llevando nuestra atención de un punto a otro, con frecuencia sin rumbo. Por eso se dice que quien domina su mente es más poderoso que un rey y, sobre todo, más valiente.

Sin más, veamos qué dice Swami al respecto:

“¿Qué es esencial para nosotros de modo que podamos vivir como buenas personas con buenos pensamientos? En nuestras mentes humanas hay muchos pensamientos que corren continuamente como olas. ¿Los hemos invitado nosotros o han venido por sí mismos? Pensemos en esto por un momento.

A nuestras mentes llegan, también, pensamientos no deseados. Llegan por sí solos. Aunque no nos gusta tenerlos, aun así surgen. No penséis que llegan porque sí: se forman a causa de nuestras circunstancias de vida, de eventos cotidianos y del estilo de vida que hemos llevado desde nuestra juventud. Nuestros pensamientos dependen de nuestro pasado y de nuestro presente. Hablamos sin recordar lo que ha sido dicho antes; juzgamos si es verdadero o falso lo que dicen los demás. Todo eso se refleja en nuestros pensamientos.

Con los años hemos acumulado todo tipo de pensamientos. Cuando leemos periódicos y libros, o miramos TV o películas, sus contenidos se vuelven parte de nuestro conocimiento, aunque no recordemos lo que hemos visto o mirado. El mundo moderno también nos influencia de forma poderosa. Cuando no estamos pensando, algo de esto automáticamente aparecerá en nuestra mente. Mientras que algunos de estos pensamientos pueden ser útiles para nosotros, la mayoría son inútiles. No obstante, según nuestro estado mental, puede que los aceptemos.

Cuando algo atrae nuestra mente, nuestra mente siempre lo desea, incluso si sabemos que no es bueno para nosotros. Con el tiempo la mente empieza a pensar que eso nunca es erróneo y que es siempre acertado. Sin embargo, eso no hace que algo incorrecto sea correcto. Cuando no encontramos una salida a esto sentimos que nos han orientado mal. Nuestros pensamientos nos esclavizan porque creemos que son correctos. Pero si alguien nos dijera esto, nuestras mentes no lo aceptarían. Sin embargo, así es cómo se forjan nuestras vidas”.

swami

Un ejemplo de “pensamientos que esclavizan”, como dice Swami, es una historia que tengo ganas de contar hace varios meses y creo que ha llegado el momento:

Un hombre decide hacerse monje y pide ingresar en un austero monasterio de reclusión, que se encuentra en lo alto de una montaña y en que los religiosos están todo el día en total silencio. Se dedican a la oración, la contemplación y, por supuesto, a sostener el monasterio con sus propias manos en largas jornadas de trabajo desinteresado y abnegación, pero nada de hablar. Excepto cada cinco años, en que cada residente puede dirigirse al monje superior y decir únicamente dos palabras.

El recién ingresado, que es aún joven, empieza su vida monástica con entusiasmo y anhelo por profundizar en su interior. De todos modos, la vida de renunciante puede ser dura y, como es normal, la mente está siempre entre altibajos. Después de cinco años de práctica y voluntad, el monje se dirige al líder para emitir sus dos palabras. Y dice: ‘Cama dura’.

Así pasan otros cinco años, en que el monje sigue con su práctica, su trabajo en el huerto y la memorización de textos sagrados, y cumplido el ciclo entra al despacho del líder para compartir sus dos palabras. Y dice: ‘Comida mala’.

Cuando pasa otro quinquenio, el monje ya no es aquel joven entusiasta sino una persona más taciturna y, claro está, menos joven. En su turno ante el líder espiritual del monasterio abre su corazón para emitir las dos palabras de rigor. Y dice: ‘Baño sucio’.

Con gran esfuerzo, nuestro monje continúa sirviendo en el monasterio, intentando aquietar su mente y encontrar un elevado estado espiritual. Al pasar otros cinco años, ya con pelos blancos en la hirsuta barba y con callos en los talones de tanto ir descalzo, se presenta una vez más ante el líder para la cita oral. Con gesto entre desafiante y resignado, el monje pronuncia entonces sus dos palabras. Y dice: ‘¡Me voy!’.

El líder levanta la mirada de las hojas de palma donde apuntaba las escuetas palabras de sus hermanos, y rompiendo el tenso silencio que se había generado, responde con vehemencia: ‘¡Menos mal! Porque hace veinte años que lo único que haces es quejarte’.

Una posible moraleja de la historia es obvia: veinte años (que también podría ser ‘toda la vida’) dedicándote a una actividad que se supone te hará feliz y estar en paz y por culpa de los malos pensamientos, tan metidos en nuestra vida diaria, ese tiempo y ese esfuerzo quedan en nada. Evidentemente la historia es divertida y es fácil ver fallas en la actitud del monje, pero la gran pregunta es ¿no será ese monje un reflejo de nuestro actuar cotidiano? ¿No estamos todos a merced de los vaivenes de nuestra mente?

En la enseñanza de Swami antes citada, hay un párrafo más:

“Todo surge de la mente. En la mente existen almacenados incidentes que tuvieron lugar a lo largo de toda tu vida desde la infancia. Haz algo para eliminarlos completamente. ¿Cómo puedes eliminar estos recuerdos? Medita. Al meditar, te purificas”.

meditacion

Ahora que sabemos el secreto para limpiar nuestra mente de malos pensamientos, todo es más fácil. Sólo nos queda empezar a practicar. ¿Qué no sabes cómo hacerlo? No hay problema, hay muchas formas de meditar y la semana próxima compartiré una técnica de meditación explicada por Swami Premananda.

Hasta entonces puedes aprovechar para observar tu mente y ver qué tipos de pensamientos llegan. Eso ya es un gran paso.

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Un comentario »

  1. Esclarecedor texto y muy oportuno. Todos nuestros males (empezando por las enfermedades) empiezan en la mente al crear pensamientos negativos y críticos. Como tú dices la meditación es el secreto para curarnos de los malos pensamientos. Hace unos cuantos años, en un satsang, aprendí una técnica para cuando la mente se niega a callar. Sólo hay que decirle: “mente, dame un pensamiento”. Es increíble pero a partir de allí, ésta se frena y se niega a actuar.

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