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La experiencia mística y un poema

La experiencia mística y un poema

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La experiencia mística y un poema

La experiencia mística y un poema

Estoy de viaje, con la rutina cambiada, poco tiempo y sin mis archivos a mano, por lo que se me hace difícil actualizar el blog. Por eso, agarré el libro Mística medieval hindú (Trotta Editorial, 2003) de Swami Satyānanda Saraswatī y lo abrí un poco al azar en busca de inspiración. Se trata de un libro que habla de la vida de algunos santos y filósofos místicos hindúes, en general poco conocidos en Occidente.
Una de las características de los místicos es que su acercamiento a la Realidad Superior está basado en la experiencia trascendental y va más allá de la rigurosa aridez intelectual. Se trata de un contacto extático con lo Divino, lo cual redunda muchas veces en poemas y textos de profunda devoción y amor que, para los que no estamos en éxtasis espiritual, pueden ser difíciles de comprender.
Así como una canción pop de amor mundano nos resulta indiferente y hasta tonta si no estamos en “humor de enamoramiento”, estos poemas místicos pueden ser solo palabras bonitas si estamos mirando el mundo únicamente con los áridos ojos de la razón o el descreimiento.

En temas religioso-espirituales se habla mucho de fe, que no me parece mal, pero cuando se trata de ahondar en el camino espiritual los maestros siempre hacen hincapié en la propia experiencia. El mismo Swami Satyānanda del libro que abrí dijo en una reunión pública de su organización Advaitavidya:

«No hace falta vivir de la fe, no hay que creer en nada. Hemos de tener la experiencia, la observación real en las profundidades de nuestro corazón. Entonces encontraremos una gran fuerza y plenitud».

Mi experiencia personal es que por más fe que uno tenga, si uno no hace prácticas espirituales ni está en contacto con maestros y textos espirituales, entonces esa fe no es suficiente para avanzar y ser más feliz. De hecho, sin practicar, esa fe empieza a decaer y puede convertirse simplemente en una pátina (dorada, eso sí) que cubre la sequedad de nuestro corazón.
Es verdad que, según el día, leer poesía mística puede parecerme tan abstracto y ajeno como escuchar música experimental o conocer la estructura molecular del agua de lluvia. Pero también es cierto que, aunque mi experiencia mística sea nula, la lectura bien predispuesta de estos poemas genera anhelo por tener unión con lo Divino y, además, eleva el espíritu por su innegable genuinidad y franqueza.
Ya dije que tengo poco tiempo y en lugar de seguir teorizando prefiero compartir el poema que leí en la azarosa página abierta del libro. Se trata de versos de Jñanadeva, uno de los más grandes místicos hindúes, creador de dos reconocidos textos sagrados y pionero del movimiento devocional en el estado de Maharashtra. Este santo vivió en el siglo XIII y dejó su cuerpo con apenas 21 años, habiendo cumplido su rol en este mundo y dejando un profundo mensaje de amor por Dios.

Explicar la poesía mística es tan inútil como explicar los chistes; la magia se pierde en el camino. Así que simplemente comparto el poema y espero que todos lleguemos a entender estas palabras y, sobre todo, a experimentarlas en carne propia:

¿Por qué estás corriendo de un lado a otro
en busca de Dios?                                                                           ¿Por qué no reconoces que Dios                                                   reside en tu propio corazón?                                                     En realidad, Dios no tiene nombre ni forma,                           ni lugar alguno donde residir.                                                   Jñanadeva dice:                                                                       adora pues a Dios en tu interior,                                               en la forma de tu ātman, tu Ser,                                                 y sírvelo a Él sin cesar.

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