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El taller de la compasión

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Con la intención de seguir aprovechando la presencia en Barcelona de Swamini Pramananda, la maestra espiritual de la India que presenté en el post de la semana pasada, con Hansika decidimos asistir a un taller impartido por ella y titulado ‘La Compasión’.

Personalmente, me parecía adecuado que un taller con una temática tan budista se llevara a cabo en Kannon Gyo, una sala que se auto-define como ‘espacio zen’.

De todas formas, no hay que olvidar que el budismo surgió de la filosofía védica que hoy llamamos hinduismo y, por tanto, no es una sorpresa que las enseñanzas fundamentales del Vedānta también hagan hincapié en este valor universal.

Sin mucho más análisis previo, excepto el deseo intenso de estar en presencia de una maestra de sabiduría, nos dirigimos a este encuentro espiritual en la zona vieja de Barcelona.

Crítica

Cuando llegamos a la sala Ammaji ya estaba sentada en una tarima, envuelta en su túnica azafranada, con su apacible figura rodeada de devocionales pétalos de rosa. A pesar de la distancia que uno podría creer que impone la presencia de un ‘sabio espiritual’, el trato con Ammaji es muy natural y cercano, e inmediatamente uno se siente cómodo.

Al empezar la charla, ella nos recordó una obviedad: estábamos en un ‘taller’ y eso significaba que teníamos que ‘trabajar’ un poco. Acto seguido, nos pidió pensar en situaciones cotidianas en que no hayamos podido sentir compasión por otros e identificar el porqué de esa incapacidad.

Hasta aquí la tarea se conformaba dentro de los parámetros que yo podía esperar, pero había un ingrediente más en el ejercicio que consistía en que ese tercero por el que no podíamos sentir compasión estuviera realizando algún tipo de crítica hacia nosotros, lo cual hace más difícil la conexión compasiva.

Es decir, cuando yo pensaba en ‘compasión’ más bien se me ocurrían imágenes clásicas como la de un mendigo pidiendo monedas, un niño muriendo de hambre en el Cuerno de África o una anciana cruzando la calle con el semáforo acechante; imágenes, todas estas, que no es tan dificultoso que generen respuestas compasivas o similares. Sin embargo, Swamini quiso que pensáramos en situaciones en que nuestro bloqueo compasivo tuviera que ver con que el ‘otro’ nos criticara o hiriera. Es con viento en contra, entiendo, cuando se han de juzgar más detenidamente nuestras reacciones y valores.

¿Cómo hace uno, entonces, para mostrar compasión hacia alguien que nos maltrata, critica o hiere?

Natural vs. Voluntad

Antes que nada, Ammaji nos hizo una pregunta filosófica: ¿Es la compasión humana una cuestión natural o de voluntad? O sea, es un valor intrínseco que posee toda alma, que surge espontáneamente, o es necesario hacer uso de la propia voluntad para que el acto compasivo tenga lugar.

Esta dicotomía, que en cierta forma recuerda al debate clásico entre hobbesianos y rousseaunianos, tiene una respuesta única según la filosofía espiritual de la India: la compasión es un valor universal natural de toda alma.

La voluntad, explicó Ammaji, sólo aparece en escena cuando tenemos que tomar la decisión de manifestar esa compasión siempre presente y natural o no manifestarla. Entonces, ¿en qué se basa uno para decidir si manifestar o no esa compasión? Ammaji dijo que lo único que puede bloquear nuestra compasión son nuestros propios pensamientos, nuestros propios juicios de valor, nuestras preferencias y nuestros desagrados. Es decir que ante una situación X, yo decido – consciente o inconscientemente – si esa persona o hecho ‘merece’ mi compasión o no. Si veo un niño desnutrido es muy probable que considere correcto ofrecer mi compasión, pero si alguien me grita es más normal que considere pertinente no darle mi compasión.

Uno de los antídotos que dio la maestra para evitar ese filtrado de nuestra compasión según nuestros agrados y desagrados, según nuestro criterio de lo que me gusta o no me gusta, es la aceptación.

Todos estamos siempre buscando que el mundo sea como queremos que sea. Si aceptamos el mundo tal como es, sin utilizar las categorías de agrado y desagrado como baremos para ofrecer compasión, entonces es un hecho que ésta fluiría naturalmente de nuestra fuente interior.

Post-convencional

Ammaji explicó que existen tres tipos de compasión. El primer tipo es llamado pre-convencional y consiste en ser compasivo con el prójimo porque tengo miedo a que ese otro me haga daño o me rechace. Es un acto de compasión pero basado en el miedo y, por ende, es más bien un sucedáneo de la compasión, una forma inferior de ese valor universal.

El segundo tipo de compasión es el convencional, que trata justamente de una convención social que posee una ética de reciprocidad, en que ‘yo te doy lo que espero que tú me des’ y ‘no te hago lo que no quiero que me hagas’.

El tercer tipo de compasión es el que Ammaji llama post-convencional, pues no depende de los demás. Es decir, ‘soy bueno porque así lo he decidido, incluso aunque el otro no lo sea’.

Esta versión miles de años anterior al imperativo categórico kantiano tiene, según explica Swamini, una sola razón: “Manifestar mi Ser Superior”. Es decir, para poder tener la experiencia de mi Ser Superior, que es mi esencia real (Divina según la tradición), debo tomar la decisión consciente y determinada de dejar fluir mi compasión sin importar si los demás lo merecen o no.

Umbral de dolor

Volviendo al tema de la aceptación, Ammaji dijo que la “evolución en la compasión es desarrollar el umbral de dolor”. Con esto, ella no se refiere (necesariamente) a aguantar horas recostado sobre una cama de clavos, sino a reducir nuestros agrados y desagrados. Es decir, cuantos más elementos haya en nuestros sacos de ‘lo que me gusta’ y lo que ‘no me gusta’, más difícil será aceptar el mundo como es. Si, en cambio, puedo desarrollar mi ‘resistencia al dolor’, más fácil es aceptar a los demás.

Puede que la palabra ‘dolor’ nos remita a una cuestión más bien física o violenta, pero en este caso es sinónimo de ‘sufrimiento’ en sentido amplio. Las cosas que nos producen ‘sufrimiento’ son innumerables; no hablamos sólo de muerte, hambre o humillación, sino de pequeños hechos cotidianos que no son de nuestro agrado, que no nos dan placer ni satisfacción y de los cuales, por tanto, queremos alejarnos.

Nos produce sufrimiento que nos griten, que nos critiquen, pero también, en su medida, tener que esperar el autobús cuando se retrasa, pagar la cuenta del gas, que llueva, que ladre el perro, que ese transeúnte no mire por donde camina…

En sus Yoga Sūtra, el sabio Patañjali describe cinco obstáculos principales (kleshas) para el crecimiento espiritual, siendo uno de ellos dvesa, la aversión a todo aquello que no da placer. Todos los seres humanos nos acercamos a lo que nos parece placentero y queremos alejarnos de lo no-placentero. Si tenemos en cuenta que el mundo es dual, un eterno juego de altibajos, esta intención humana es absurda, pues jamás será coronada con el éxito.

La solución, dicen las antiguas Escrituras reveladas, a la vez que nos lo confirma Swamini Pramananda, es desarrollar la ecuanimidad, la capacidad de aceptación de los hechos ya sea que nos gusten o no.

De esta forma, aceptando lo que nos llega sin colocarle etiquetas de ‘agradable’ o ‘desagradable’, sin la necesidad de alzar la muralla del análisis intelectual, podremos dejar fluir naturalmente la compasión, ese valor universal que compartimos todos los corazones, incluso sin saberlo.

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Un comentario »

  1. Que buen post. Hace un par de semanas que no leo tu blog, he estado un poco liado con la boda de un amigo…
    Me ha gustado especialmente este asunto de la compasión, y sobretodo el concepto de ACEPTACIÓN, me gusta más que el de la tolerancia, que está tan de moda últimamente.
    En definitiva, un post que invita a reflexionar.

    Puedo saludar? recuerdos a kanagavalli y Parasurama! 😉

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