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Mahashivaratri 2010 – 2ª Parte

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La semana pasada nos quedamos a las puertas de una nueva noche de Mahashivaratri, esta vez la última, en febrero 2010. Con la música incesante, y para algunos chillona, de la corneta y el tambor, acompañantes inclaudicables de los sacerdotes brahmines que habían comenzado el primero de los cuatro Maharudra abishekams – el lavado ritual del gran lingam de piedra -, todos estábamos metidos de lleno en la celebración. Nos esperaba una noche auspiciosa, y al parecer, todavía más.

Noche

Cuando finalizaba el primer Maharudra abishekam, Swami regresó al escenario (aproximadamente 1am, ya sábado 13 de febrero) para dar un nuevo discurso. No había señales de que los lingams estuvieran por nacer. De hecho, Swami ya nos había anticipado que al parecer venían atrasados, como el año pasado.

Cuando Swami se retiró, empezaron de nuevo los Maharudra abishekams. Pero claro, ya eran las 2:30am y estar sentado viendo un ritual no es siempre el mejor método para mantenerse despierto. Entonces decidí caminar y repetir el mantra más emblemático para el Señor Shiva: “Om Namah Shivaya”, cuya traducción simplificada sería “adoramos a Shiva”.

Este mantra es antiquísimo, uno de los más importantes del Hinduismo, también conocido como el Panchakshara mantra, es decir el mantra que “tiene cinco sílabas” (sin contar la sílaba Om, que es común denominador de todos los mantras y es anterior a ellos).

De alguna forma la noche va pasando, aunque uno se sienta cansado o adormecido. De golpe eran las 6am y yo estaba otra vez en la carpa, ahora para ver el comienzo del Homam (o Yagam), que es un ritual con fuego, también milenario, que además de ser auspicioso sirve para quemar en la pira del sacrificio todos los elementos negativos, tanto de manera general como individual. Para llevarlo a cabo, los sacerdotes brahmines hacen un hueco en el suelo o bien preparan con ladrillos un pequeño cuadrado y en su interior inician el fuego para las ofrendas. Desde mi silla de plástico, cerca de la última fila, veía las llamas y el humo, mientras la luz matinal, todavía pálida, comenzaba a ampliar las distancias.

Alrededor de las 8am llegó Swami para cerrar el ritual y dar un breve discurso, informando que los lingams saldrían más tarde; dijo que ocurriría de día, no de noche, como es la norma. Luego, nos envió a todos a desayunar y descansar.

Día

El año pasado los hechos se habían sucedido de forma similar, y yo, por temor a perderme el nacimiento de los lingams, decidí quedarme (semi)despierto y alerta durante todo el día; lo cual repercutió en un muy mal descanso, y en que llegada la noche siguiente (un Shivaratri alternativo después del tradicional) estuviera físicamente muy fatigado. Este año decidí cambiar la táctica, y entonces me fui directamente a descansar hasta la hora del almuerzo.

Después del descanso, la comida que rompía el ayuno, y otras tareas nimias, volví a la carpa para esperar a Swami, y mientras tanto me senté con otros jóvenes a cantar bhajans, o cantos devocionales. Swami llegó alrededor de las 7pm y confirmó que los lingams estaban demorados, pero saldrían pronto. Aunque había dicho que sería con la luz del día…

También dijo que sonaría la campana cuando el Lingodbhava estuviera a punto de suceder. De allí nos fuimos todos a cenar, esperando que en algún momento pudiera sonar la metálica mensajera.

En mi caso, que dormía en un gran dormitorio con otros jóvenes varones, el tema de la campana no era tan conveniente, pues estábamos bastante alejados de la zona central del Ashram, y también de la carpa y el escenario. En realidad, era imposible escuchar la campana desde nuestra posición, y más aún en estado de duermevela.

Fue así como me fui a la cama cerca de medianoche, sin saber qué iba a pasar con los lingams

Alarma

A eso de las 5am (ahora domingo 14 de febrero) hubo revuelo en nuestra gran habitación y alguien informó que le habían llamado a su teléfono móvil para decirle que había sonado la campana. En el Ashram, todos los días del año suena la campana a las 5am, como despertador para los niños del orfanato. Como era de esperar, fue una falsa alarma.

De todos modos, no era un error levantarse y empezar el día siguiendo los hábitos diarios del Ashram, para asistir al abishekam matinal en el templo.

Más tarde, mientras ayudaba a servir el desayuno en el comedor llegó una noticia fiable, y entonces todos abandonamos nuestros puestos (y nuestros platos) rumbo al escenario, para ver a Swami. Efectivamente llegó Swami y dio un discurso, pero no hubo lingams. Luego, teniendo en cuenta que era el primer día de la Convención Internacional organizada por el Ashram, empezaron las actividades planeadas, en este caso una clase colectiva sobre meditación.

En ese momento, me pidieron, a mí junto a otros jóvenes, ayuda para traer té desde el comedor y repartirlo entre los asistentes. Cuando estábamos regresando, cargados de vasos de plástico, azúcar y un gran pote de chai, ¡el Lingodbhava había comenzado!

Swami había interrumpido la clase de meditación y ya había manifestado el primer lingam, que al parecer pocos pudieron ver ya que el milagro empezó inesperadamente (eran las 12:30pm aprox.)

Rápidamente me acomodé en el suelo, delante de las sillas y muy cerca del escenario, donde por lo general nos juntábamos a cantar. A diferencia de otros años en que el Lingodbhava tenía lugar en el Puya hall (el templo) que es pequeño, esta vez todos estábamos cómodos. No había hacinamiento, ni personas que, en el afán de ver mejor, taparan a otras personas.

La única desventaja de este acomodamiento es que la distancia era mayor, ya que Swami estaba sobre el escenario y uno podía perderse algunos detalles. Por el contrario, al no tener obstáculos visuales uno también podía disfrutar de ver a Swami de cuerpo entero y seguirlo en todos sus movimientos.

En contraste con la larga espera de los lingams, la manifestación pública fue rápida y pudimos ver muy claramente el nacimiento de dos lingams, uno más bien negro, el otro de color blanco. Como de costumbre, a Swami le caía de su boca kumkum, el líquido rojo que a menudo puede ser confundido con sangre, pero que en realidad es un polvo sagrado que se prepara para los rituales, que, en este caso, fluye de forma espontánea de la boca de Swami.

Luego, Swami se retiró con la intención de descansar, pues este fenómeno (esta vez más largo de lo usual) en que suben los lingams desde el estómago hacia la boca, a través de la garganta, puede ser doloroso, pero sobre todo, es físicamente desgastante.

En el camino a su habitación, al parecer Swami manifestó dos lingams más (uno de ellos sobre el escenario, pero sin que se viera en plenitud), y el número final fue de doce lingams. Los cuales pudimos ver y sentir desde muy cerca.

Swami Premananda en el Ashram

Paleta

Sobre un plato de bronce, los lingams recién nacidos fueron traídos al escenario y, uno por uno, los devotos pudimos acercarnos y ver por unos segundos el prodigio. En general he visto varios lingams, pues todos los Centros Sri Premananda del mundo tienen uno, además de los lingams personales que poseen muchas personas.

De todos modos, el verlos tan frescos, recién nacidos, es una experiencia distinta, pues emanan una energía de vida muy fuerte, como si todavía estuvieran latiendo. De hecho, Swami dice que cuando salen a la luz, los lingams aún están blandos, pero al entrar en contacto con el aire se endurecen de a poco.

Los lingams de este año eran, como de costumbre, de distintas formas; en cuanto a los colores, eran una variada paleta, a diferencia de los últimos dos años, en que eran más bien negros.

El lingam más grande era verde; habiendo también blancos, marrones y granates, aunque es verdad que el líquido rojo de kumkum puede camuflar un poco los colores originales.

Más tarde, cuando todos habíamos visto los lingams, un sannyasin (renunciante), discípulo cercano de Swami, dio bendiciones con ellos a todos los presentes. Esta bendición consiste en apoyar el lingam en la parte final de la frente (en el nacimiento del cabello) de cada persona por unos segundos. La persona que recibe la bendición puede bien cerrar los ojos, hacer un pedido, rezar una oración, o simplemente sentir.

Por ser la consecuencia de un hecho prodigioso, además de un símbolo del poder universal, las bendiciones de lingam son consideradas muy beneficiosas, y su accionar no es siempre inmediato o evidente.

Fe

Así fue que, después de más de treinta seis horas de espera, los lingams nacieron. Fue con atraso, como había dicho Swami, y como también dijo, fue a la luz del día, en la hora sin sombra del mediodía.

Ya sin la necesidad de estar alertas por la campanada decisiva, habiendo sido testigos de un nuevo prodigio y llenos de bendición, todos se movían por el Ashram con la serenidad del “deber cumplido”. Mejor dicho, con la serenidad que da la fe en lo Divino y su confirmación empírica material, a la vez que interna y espiritual.

Una fe que, como si hiciera falta, iba a seguir acrecentándose con otro hecho milagroso único. Un prodigio que yo (y no sólo) nunca había presenciado; un prodigio gratamente sorpresivo, que intentaré explicar la semana que viene. No pierdan la fe.

Imágenes:

orgvalmikiramayana.blogspot.com

sripremananda.org

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Un comentario »

  1. ¡¡¡OM NAMAH SHIVAYA!!!

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