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Karma existe

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Hace algo así como un mes, en mi visita a la ciudad de Santa Fe con motivo de una de las presentaciones del libro de “Hijo de Vecino”, mi prima Virginia trajo a colación una frase mítica del pasado familiar. En realidad, se trata de una frase que utilizaban mucho mis padres, sobre la cual yo desconocía cuán profunda mella había hecho en otros miembros de la familia, no tan directos.

Como digo, hace un mes descubrí que tanto mi prima como mi tía Ana María (madre de mi prima, claro) habían quedado marcadas, al menos en el recuerdo, con aquella expresión. Por lo tanto, deduzco que muchos otros miembros de nuestra familia, tanto materna como paterna, conocerán la expresión y quizás también han sentido su impronta.

Ante esta potencial situación, el objetivo de este post no es sólo exorcizar cualquier manía familiar que pueda haber causado la excesiva escucha de la frase, sino también darle un marco más amplio a una idea que es esencial en la filosofía espiritual de la India.

Aah, la frase en cuestión es “karma existe”.

Funcionamiento

Por supuesto, en estos tiempos ya todos hemos escuchado la palabra karma, aunque quizás en diferentes contextos. El concepto original de karma, tal como lo utiliza la filosofía de la India y de varias religiones orientales, refiere a la “ley cósmica de causa y efecto”.

Según esta ley, cada acción realizada por un ser, ya sea ésta correcta o incorrecta, genera una consecuencia correspondiente (“igual y opuesta”) para sí mismo. En este caso, la diferencia con la teoría newtoniana de “cada acción genera una reacción”, es que dicha reacción no es necesariamente inmediata.

Esta cualidad de dilación explica que cada acción, a la vez que causa presente, sea el efecto de una acción previa, que muchas veces no es fácil de identificar.

Es decir, si uno lanza una pelota con determinada fuerza contra una pared, esa pelota se alejará instantáneamente del punto inicial hacia la dirección opuesta, y una vez que haya rebotado en el destino final (la pared), regresará al punto inicial con la misma fuerza con que fue lanzada.

En este caso, la diferencia de la ley física con la ley espiritual del karma es que el “rebote de la pelota” no es siempre inmediato. Por ende, una acción correcta/incorrecta puede tener su consecuencia visible mucho tiempo después (meses, años, vidas…) de su realización.

Estas ideas van unidas indisolublemente a otro concepto esencial de la filosofía espiritual de la India: la reencarnación.

Reencarnación

Tal como expliqué en detalle en un antiguo post llamado Reencarnación o muerte, la filosofía espiritual de la India no contempla los conceptos de cielo e infierno, tal como los conocemos en Occidente. Por ende, tanto los actos buenos y malos de cada ser, se ven reflejados en sus propias vidas, según corresponda. Dicha vida, en la cual se recibe la consecuencia, no es necesariamente la misma vida en que se ha producido la acción causante.

De este modo, el actuar de manera incorrecta siempre, a la larga o la corta, acarrea castigo para uno mismo, quizás no en esta vida, pero sin duda en el futuro. De la misma manera, el actuar de manera correcta en esta vida, tendrá su recompensa, ya sea en ésta o en una existencia futura.

Siguiendo esta línea, la ley del karma y de la reencarnación explican muchos cabos sueltos de la vida, sobre todo las situaciones más “injustas”, como las enfermedades o desigualdades al nacer, ya que las condiciones y circunstancias en que cada ser nace en cada vida dependen directamente de sus acciones pasadas. Las cuales, según las enseñanzas espirituales, no son sólo físicas, sino también a nivel de pensamiento.

A este respecto, la aceptación de la teoría del karma tiene una consecuencia directa, que es la de asumir todo lo que le sucede a uno mismo como resultado de sus acciones pasadas, sin culpar a entes externos. Si uno acepta esta idea, entonces debe sopesar con cuidado cada acción que realiza, por pequeña que sea.

Asimismo, la aceptación de la teoría del karma y la reencarnación pone en jaque los conceptos de cielo e infierno del Catolicismo. Según diversas fuentes, la creencia de la reencarnación estaba incluida entre las enseñanzas cristianas hasta el Concilio de Constantinopla II, año 553 DC, en que fue retirada del dogma cristiano. En aquel Concilio se condenaron como anatema los “errores de Orígenes” (teólogo y sacerdote del Siglo III DC, considerado uno de los Padres de la Iglesia junto a Santo Tomás y San Agustín). Entre dichos “errores”, al parecer se encontraba la doctrina de la reencarnación (a sabiendas de que éste es un tema polémico, en este caso mi fuente fiable es Swami Kriyananda, y su libro “El Sendero”, Cap. 28).

Asimismo, según una creencia generalizada, la Iglesia Católica prefirió quitar la idea de reencarnación del dogma porque esto generaba una pérdida de control sobre los creyentes, ya que al haber muchas vidas futuras, o sea “próximas oportunidades”, donde corregir errores presentes, la mayoría dejaría para más adelante la parte laboriosa y se dedicaría a derrochar la vida actual.

Según creo, esta visión es discutible, pues quienes creen firmemente en karma y reencarnación son muy puntillosos en sus acciones, a sabiendas justamente de cuáles serían las consecuencias de actuar de manera incorrecta.

Variantes

Desde otro punto de vista, más bien ateísta, y que se podría definir como un pensamiento de izquierda en el plano político, tanto el concepto de karma como el de cielo/infierno son, en realidad, un método para someter al pueblo. Es decir, una forma de quienes están en el poder (político, económico y religioso) de mantener el status quo, y de justificar las asimetrías socio-económicas que sólo benefician a pocas personas.

Todos conocemos esta versión, y no me propongo refutarla. Sólo decir que la teoría del karma no implica que uno no tenga derecho a intentar cambiar la situación presente. Un ejemplo de esto es Mahatma Gandhi, que ferviente creyente del Hinduismo, fue el reformador socialista más grande de la India, luchando por la igualdad de todas las castas, entre otras iniciativas.

Esta actitud reformista no quita que cualquier situación presente sea el resultado de las acciones anteriores de cada ser, tanto de manera individual como grupal.

Otra variante de la ley kármica es la del saber popular, al menos occidental, que se ejemplifica con la frase “Dios te/me castigó”. O sea, cuando alguien realiza una “mala acción” y recibe un escarmiento tangible y, digamos, relativamente inmediato, se dice sin dudas que fue un castigo Divino. Esto se da más en cuestiones pequeñas, como cuando alguien está hablando mal de otra persona y, por ejemplo, pisa una baldosa rota de la acera y se salpica con agua sucia… Son hechos sencillos en que, al parecer, es fácil admitir que hay una ley de retribución por parte de lo Divino. Sobre todo, supongo, porque ocurren en la misma vida, y cuya causa y efecto son fáciles de relacionar entre sí.

A este respecto, parece que la teoría del karma dice que cuanto más rápido se recibe el efecto, bueno o malo, de una acción pasada, mejor es nuestro karma (la suma de todas nuestras acciones pasadas), pues no nos lo estamos llevando para una vida futura y lo estamos “quemando” en esta misma encarnación.

Por otra parte, más allá de estos casos más inmediatos, la creencia de la teoría del karma sin la reencarnación no me parece plausible, al menos no en los términos de una ley cósmica como lo plantea la filosofía espiritual. Si se considerara que existe una única vida para cada ser, habría miles de ejemplos, incluido el nuestro propio, en que la ley del karma dejaría inconclusos el cobro/pago de acciones pasadas.

A menos que se entienda que dicha retribución se consigue en la vida después de la única muerte (con el juicio final, quizás con un cielo o infierno), y por ende, el karma tendría tanto una jurisdicción terrenal como celestial. El concepto cristiano equivalente al karma sería, entonces, “cada uno cosecha lo que siembra”.

Finalmente, y según mi criterio, la teoría de la reencarnación sin el karma sería poco creíble como plan Divino. Sería, más bien, algo parecido al cuento “La lotería de Babilonia” de J.L.  Borges, que además de ser una creación humana era, sobre todo, regida por el azar.

Pesadores

Totalmente alejada del azar es la idea, elucubrada hace años por mi amigo Juan Manuel, de los Pesadores de karma. Se trata, en realidad, de los funcionarios públicos encargados de sopesar cada acción en el Universo y de determinar sus consecuencias. Para ello, evidentemente, estos empleados públicos se basan en la Ley del Karma.

Basado en la idea de Juan intenté, en su momento, escribir un cuento alusivo que nunca llegué a terminar, sobre todo porque no lograba compatibilizar mis reales creencias espirituales con estos personajes que había definido como “agrios y meticulosos”.

El porqué del carácter meticuloso de estos trabajadores es obvio: “Un mínimo error en sus cálculos podría desfasar de forma terrible el normal desenvolvimiento del Universo. Esto se debe a que la ley de causa-efecto está tan perfecta y justamente aplicada por Dios, que cada ínfimo resorte tiene resonancia en todo el sistema… Así como un hombre cualquiera puede cambiar su destino, por más que éste marcado de antemano, los Pesadores de Karma son capaces, con una distracción, de desmantelar la armonía”.

Teniendo en cuenta la relevancia de su trabajo, cada uno de estos empleados “posee, por supuesto, una balanza propia, usualmente de color dorado. Se trata de balanzas de brazos iguales, como las usadas por los antiguos egipcios”. De todos modos, “los sutiles mecanismos que rigen esta legislación Divina son complejos y misteriosos… Para los Pesadores de Karma sólo está reservado el papel de aplicar dicha ley, ya que en general ellos ignoran las motivaciones y los secretos de su funcionamiento”.

En cuanto a la acritud de los pesadores, uno de los motivos esgrimidos son las condiciones de la oficina de tasación donde llevan a cabo su tarea, pues “se trata de un gran salón, con un techo no muy alto, adornado con lámparas blancas y fluorescentes que dañan la vista. El mobiliario principal consiste en largas mesas de madera, donde se sopesan los karmas, algunas sillas para descansar en la breve pausa del almuerzo y estratégicos biombos que separan las diferentes secciones administrativas”.

Ya sé que auto-citarme es mostrar falta de tacto; mi frágil excusa es tratar de exponer cómo, ante la incapacidad de mi mente racional de entender de manera integral el funcionamiento de la ley kármica, dejé a mi pluma crear un mundo ficcional.

De todos modos, yo no era el único…

Murphy

En nuestras épocas universitarias, junto a mi hermano Rakhal y mi primo Patricio, habíamos investigado vagamente sobre las Leyes de Murphy, resumidas en el axioma de “Si algo puede salir mal, saldrá mal”.

De esta forma, cuando algo salía mal le echábamos automáticamente la culpa a Murphy, de quien habíamos leído que había sido un soldado estadounidense (si bien ahora veo que, según wikipedia, la verdadera historia era algo diferente).

Siguiendo este criterio, mi hermano empezó a buscar a un tal Karma, sobre todo cuando le sucedía algo que él juzgaba una consecuencia directa de una acción anterior. Evidentemente, no estaba loco, simplemente estudiaba Teatro… No, bromas aparte, era, como en mi caso, su simplificación ficcional de una ley cósmica, supongo que para entenderla mejor.

Por un lado, la originaria frase “karma existe”, que nuestros padres tanto nos repitieron en la infancia y adolescencia, dejó una fuerte impresión en nosotros, sobre todo en la idea de que cada acción trae una consecuencia.

Por otro lado, veo que la idea de “existencia” fue tan fuerte que, cada uno a su modo, la trasladó de forma “artística” a la vida cotidiana.

Por su parte, no estoy seguro hasta qué punto este concepto puede haber afectado a la parentela en general (más allá de la reciente mención hecha por mi prima), pero lo cierto es que, pasados los años, veo que aquella simple expresión, que ya prácticamente no usamos, fue muy importante en la formación de nuestro carácter (el de mi hermano y el mío), y nos sirvió como síntesis de una ley que, conscientemente, ha regido y rige nuestras vidas.

Imágenes:

izaping.com

tarotida.com

web.educastur.princast.es

definicionabc.com

estudiarderecho.files.wordpress.com

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