Canal RSS

La noche del estreno

Publicado en

Después de todos los pormenores relatados en las dos últimas semanas sobre la preparación del musical SuperMeditator vs. The Mind, llegaba el momento de la verdad; es decir, el momento de llevar a escena todos los planes que, en nuestra cabeza, estaban perfectamente entrenados.

Habían pasado dos meses de preparativos, de corrección de guión, de grabación en un estudio profesional, de marcación de coreografías, de diseño de vestuarios, de distribución de tareas y de ensayos esporádicos. Sin embargo, ahora estábamos en la India, en el Sri Premananda Ashram, y teníamos una semana para pulir todos los detalles y, sobre todo, ensayar la coreografía final.

Por primera vez, desde el inicio del proyecto, todas las trece personas que debíamos estar en escena nos reuníamos en el mismo espacio físico, para poner en conjunto cada una de las partes particulares, además de aprender a sincronizarnos en lo referente al baile.

Ensayos

Ante la ausencia de mi hermano Rakhal, coreógrafo y director original de la obra, los que tuvimos que llevar la batuta fuimos Nuria y yo, principalmente porque habíamos participado de todo el proceso creativo y nos conocíamos de memoria cada segmento. Además, Rakhal nos había dado directivas y consejos sobre cada personaje y escena, por lo que éramos heraldos involuntarios pero necesarios.

Sobre los ensayos, hay que decir que todos los involucrados fueron realmente cooperativos, y pusieron mucha voluntad para mantener el ritmo intensivo, ya que teníamos, al menos, dos sesiones por día, mañana y tarde. En algunos casos, los ensayos fueron a las 6am, después del abishekam (ritual tradicional que consiste en el lavado con agua de una deidad) matinal al Señor Ganesha. Asimismo, en todos los casos, tratamos de que los ensayos fueran provechosos e intensivos.

Esta actitud de cooperación y trabajo se debía, sobre todo, a que considerábamos nuestra actuación como un acto de servicio. Es decir, teniendo en cuenta que el Ashram nos había pedido organizar algún tipo de espectáculo para la Convención Internacional, nosotros lo habíamos tomado muy en serio y lo habíamos organizado con profesionalidad, basados en la premisa de que se trataba de una acción desinteresada a favor del Ashram.

Ahora bien, estoy de acuerdo en que, como tarea de servicio desinteresado, el hacer una obra de teatro puede ser mucho más llevadero que cortar malas hierbas en el vivero o pintar los pilares de las callejuelas del Ashram, pero a su vez, tengo que decir que no es tampoco una actividad siempre agradable la de mantener rígidos horarios de ensayo, ni la de lidiar con una docena de personas sobre movimientos escénicos.

A este respecto, cada uno de los involucrados tuvo que vérselas con diversas cuestiones, llámense éstas ordenar o ser ordenado, aconsejar o ser aconsejado, decidir o acatar, hablar o escuchar… Quizás se pueda poner en duda hasta qué punto fue todo un acto de servicio para el Ashram, pero lo que no admite dudas es que se trató de una gran práctica espiritual para todos nosotros.

Coreografía

Luego de la serie de duelos entre superhéroes espirituales y supervillanos mundanos, luego del triunfo definitivo de SuperMeditator contra La Mente y sus secuaces, la meditante encuentra la anhelada paz interior. Su cabeza, ahora, está vacía de pensamientos (ya sean éstos dolor de piernas, pasado, futuro, apegos…) y por fin puede disfrutar del sonido Divino que llega a su Ser. Un sonido Divino que es música celestial, música de gozo por estar en sintonía con el Universo.

Hermosas palabras. Sin embargo, todo esto debía ser representado por un baile final, en que héroes y villanos se unían, para demostrar la armonía en el interior de la meditante. Un baile que también servía de cierre a la obra y que permitía a cada personaje saludar al público.

La primera coreografía que se diseñó, por Rakhal y Celia, era algo más compleja de la que finalmente utilizamos. A la vista del poco tiempo de ensayo, pero más que nada, por las escasas dotes para el baile de los intérpretes, la secuencia de baile fue haciéndose gradualmente más sencilla. En cierto punto se le pidió a Rakhal que la simplificara aún más, a lo que él, un bailarín profesional, respondió, “Más simple es imposible”.

Si era así, entonces se lo tendrían que haber informado a nuestros cuerpos, que todavía consideraban cada cambio de ritmo con el desconcierto que podría producir la lectura de un tratado de física atómica. ¡Fue aquí donde se vio hasta qué punto cada uno estaba decidido a hacer servicio!

De aquella semana de entrenamiento en la India, la coreografía final fue lo que más ensayamos, porque era lo que más nos costaba y porque al estar todos los participantes involucrados, era más difícil de sincronizar.

En cuanto a la música que elegimos para el momento final, se trató de la canción “Om Shanti Om!” del Chicago Children Choir (Coro de Niños de Chicago) en su lindo disco “Sita Ram”. Una versión entre gospel y rap de las milenarias enseñanzas de la India.

Atraso

Después de dos meses y medio, que habían incluido un largo proceso de pre-producción e intensas sesiones de ensayo, llegaba la noche del estreno, estipulado como el colofón del primer día de la Convención Internacional en el Sri Premananda Ashram de la India.

Dos días antes (12 de febrero), Swami Premananda había llegado de visita al Ashram para celebrar Mahashivaratri, la auspiciosa noche del Señor Shiva. Todos los eventos relacionados con dicha sagrada noche (que serán debidamente relatados en una crónica futura) se habían dilatado hasta el mismo día de inicio de la Convención. Todos los planes y cronogramas se iban, inevitablemente, modificando a medida que pasaban los días y las horas, pues la presencia de Swami en el Ashram hacía que la atención se centrara mucho en él, como es natural.

De todos modos, tengo que decir que, en comparación a otras ocasiones, el programa original de los tres días de Convención se mantuvo relativamente cercano a lo estipulado. La única gran diferencia con el papel eran los horarios, ya que, por una u otra razón, todo se iba atrasando de manera que las actividades raramente terminaban a las 10pm, como se esperaba, sino después de medianoche. Para un lugar como el Ashram, donde la actividad empieza a las 5am con el primer ritual, irse a la cama después de medianoche es un gran esfuerzo, y sobre todo, un problema para arrancar bien el día siguiente.

Aquel primer día de la Convención, el programa de la noche se trastocó debido a que Swami vino al escenario a tener una sesión de “preguntas & respuestas”; es decir, las personas presentes habíamos tenido la chance de escribir preguntas generales sobre espiritualidad, que él respondía en ese momento. Este satsang (discurso) de Swami, con diversas preguntas, empezó después de las 8pm, justo el horario en que, se suponía, comenzaban las actividades previstas para la Convención.

Como es lógico, a nadie molestaba este atraso, teniendo en cuenta que la razón era ver y escuchar a Swami Premananda hablando sobre espiritualidad. El problema, en todo caso, vendría luego, para quienes tuviéramos que estar en escena o para quienes tuvieran la fuerza de quedarse hasta tarde para ver el show.

Swami en el Ashram

Cena

En nuestro caso, es decir los actores (once estrictamente en escena; dos en su rol de “ninjas” moviendo los hilos detrás de la meditante), la preparación para el estreno había comenzado a las 6pm con la intención de dejar lista la escenografía. Sin embargo, no éramos los únicos que habían pensado en llegar temprano para preparar sus actividades de la noche, por lo que el escenario se veía ocupado por una decena de polacos practicando posturas de hatha yoga; además de todos los utensilios y vasijas necesarios para una demostración de cómo hacer un ritual de abishekam; a lo que se sumaba la calibración del cañón que serviría para proyectar las diapositivas pertinentes.

Entre este bazar de preparativos, logramos idear un sistema eficiente para alzar, en el momento oportuno, nuestra tela negra de fondo, que si bien es un color no espiritual era la única forma de camuflar a nuestros “ninjas”, sobre todo para el segmento de “gabinete negro”, explicado en el post anterior.

A su vez, preparamos la tarima de meditación para la meditante, y descubrimos que las medidas del escenario (sobre todo la profundidad) no eran las ideales, por lo que debimos variar sobre la marcha y hacer unas pequeñas modificaciones a nuestra coreografía final, la cual tampoco fuimos capaces de practicar, pues el espacio físico del escenario estaba, como he dicho, bastante habitado.

Como último detalle, construimos con tela una especie de vestidor en un ángulo del escenario, de forma de poder cambiarnos cuando llegara nuestro turno; primero porque no sabíamos a qué hora sería eso; y segundo, porque el escenario y el salón estaban alejados de las habitaciones y baños.

Lo que cuento en diez líneas fueron, para mí, dos horas de ansiedad, que se acabaron justo en el momento en que llegaba Swami para hablar de espiritualidad.

Al parecer, teniendo en mente el programa, la mayoría de las personas habían tenido su cena antes de las 8pm, de manera que ahora estaban preparadas para seguir con satisfacción las actividades. Nosotros, enfrascados en la preparación, no nos habíamos percatado de ese dato, por lo que nos esperaba, no sólo la tensión del pánico escénico, sino un estomago vacío por algunas horas. Por fortuna, algunos de los actores tenían reservas básicas, como galletas y pan, de manera de sobrellevar mejor la espera.

Raga

Una vez que Swami hubo finalizado su charla, tomó asiento debajo del escenario, en su sitio preferencial, para observar las actividades pendientes del programa, a este punto bastante desfasado del horario original. Ya eran las 11pm y comenzaba la primera actividad, un concierto de música clásica del Norte de la India.

A este respecto, hay que aclarar que no se trataba de un concierto cualquiera, sino que eran dos renombrados artistas de fama internacional, al menos en su ámbito. Para la mayoría de nosotros podían ser desconocidos, pero los dos músicos habían sido invitados especialmente y habían llegado desde Calcuta, en el norte del país, sólo para tocar en vivo ese día, en frente de Swami Premananda.

De hecho, entre todo el amateurismo y la “informalidad” de los demás espectáculos, éste era de un nivel realmente profesional, y por respeto a ello se les dio preferencia en la grilla de aparición a Abishek Lahiri y Parimal Chakrabarty, dos “exponentes de la más fina tradición musical de la India”. El más conocido de los dos, Abishek Lahiri, es un virtuoso del sarod, un instrumento musical de cuerda, que junto con el sitar, es el instrumento más destacado de la música clásica del norte de la India. Por su parte, su compañero, Chakrabarty, toca la tabla, el instrumento de percusión más popular de la música india.

Sobre esto, hay que hacer la distinción de que en la música clásica de la India se utilizan los ragas, que son esquemas melódicos predeterminados sobre los cuales se improvisa. No soy un experto en temas musicales pero, al parecer, lo más similar en Occidente podría ser la música jazz, para que nos entendamos.

La cuestión es que con los ragas, como con el jazz, es mejor saber del tema para disfrutarlo mejor. Más entendido uno es en la materia, más puede apreciar las variaciones que hace el artista sobre el raga original, para así juzgarlo y disfrutarlo como corresponde.

Otro detalle es que los ragas suelen tener una duración, que para los parámetros de la música occidental, se pueden considerar como extensos; es decir, que un raga puede durar unos veinte minutos, o más, sin ningún problema.

Asimismo, cada raga se utiliza según la hora del día y la estación del año. En nuestro caso, los artistas abrieron su espectáculo con un “raga del anochecer”, lo cual se supone nos ayuda a adoptar el “estado de ánimo” correcto para esa hora. No es muy difícil imaginar que, después de un día de tensión y actividad, cercana ya la medianoche, y al no ser eruditos en la materia, no era necesario, para la mayoría, escuchar un raga nocturno para entrar en el “estado previo al sueño”.

Por respeto a los artistas, y porque Swami Premananda todavía estaba allí, nadie quería irse a la cama, pero debo decir que el estado de duermevela empezaba a cernirse sobre los párpados de la gran mayoría de espectadores.

Medianoche

Ante la inminencia de la medianoche, y viendo que la sesión musical de ragas podía extenderse bastante, yo me acerqué a preguntarle a la persona a cargo de la organización, qué pasaría con el resto de las actividades. Ella me dijo que al finalizar los ragas, Swami se retiraría del escenario, pero que la obra la tendríamos que hacer de todas formas, pues si no era esa noche no podría ser nunca más, debido al ajustado cronograma.

Para colmo de males, cuando finalizaran los músicos, todavía había planeada una clase sobre cómo hacer abishekams, que por más espirituales que fueran los asistentes, ninguno podría soportar pasada la medianoche, y sin la presencia de Swami como acicate.

Justamente la ausencia de Swami era nuestro peor desconsuelo, pues toda nuestra preparación previa de semanas, tenía entre sus objetivos el de ser vistos por Swami y además, esperábamos, obtener su aprobación. Ya pasada la medianoche, y con la música todavía sonando, yo caminaba tristemente por los alrededores de la gran carpa de actos, tratando de mantenerme despierto, a la vez que con algo de entusiasmo.

Entonces, llegó corriendo la persona de la organización para decirnos que debíamos cambiarnos “¡Ya!”, pues nuestro espectáculo seguiría a los músicos (con el taller sobre abishekam postergado). Al parecer, Swami permanecería para nuestra obra, aunque no era seguro y por ello debíamos prepararnos de prisa, no sea que un breve intervalo diera pie a la desaparición de Swami y los asistentes que quedaban en el salón.

Casi todos los actores se metieron en el vestidor de tela sobre el escenario y comenzaron a cambiarse a gran velocidad. A todo esto, notamos la falta de dos integrantes que se habían alejado del escenario en busca de agua o al lavabo, y no tenían conocimiento de nuestra urgencia. Mientras los demás se cambiaban, dos de nosotros salimos corriendo, en el inmenso Ashram, a buscar a los desaparecidos que, naturalmente, se movían con toda la calma.

Mientras tanto, los músicos llegaron al fin de su show, justo cuando más necesitábamos de su música. Para nuestra fortuna, algún entusiasta pidió un “bis”, lo cual era un poco intempestivo debido a la hora; entonces, la organizadora dijo “Si Swami lo desea…”.

Todas las miradas apuntaron a él, hubo un breve silencio, yo repetí un mantra en mi interior, y Swami, con un gesto, dio su aprobación.

Estábamos salvados, un raga más, por corto que fuera, nos daría el tiempo necesario para estar listos.

Luz, cámara..

De esta forma, los integrantes que faltaban llegaron corriendo y yo también me metí al vestidor, entre los cuchicheos nerviosos de la troupe.

A los pocos minutos los músicos se retiraban entre aplausos del escenario, y nosotros, ya vestidos y maquillados, aprestamos los detalles finales. Sobre esto, la iluminación del escenario era básica y cuando probamos desconectar uno de los focos, fue un desastre técnico, por lo que decidimos salir con la elemental luz que teníamos.

Justamente al minuto de empezar la función, se cortó todo el sistema eléctrico de la carpa de actos y entonces la meditante, primera en ingresar a escena, regresó rauda a su posición. La luz volvió sin problemas y de ahí en más no se cortó, permitiéndonos realizar el espectáculo completo, de una duración aproximada de veinticinco minutos.

Todo lo que sucedió en escena es, básicamente, lo relatado en las dos últimas semanas del blog. En resumen, la batalla que se lleva a cabo en el interior de cada persona cuando se sienta a meditar. Una batalla que se simboliza con el duelo entre SuperMeditator vs. The Mind, y que se dirime con el triunfo de las cualidades espirituales sobre las mundanas, y con el vacío de pensamientos de la meditante.

Para que cada uno pueda juzgar por sí mismo, y gracias a las habilidades audiovisuales de Nuria, hemos logrado colgar en YouTube una versión reducida del musical. Por cuestiones técnicas el video está dividido en dos partes, de ocho minutos cada una aproximadamente. Hay que tener en cuenta que la filmación es muy casera y quizás se pierden algunos detalles.

Para los interesados, seguir estos enlaces:

1ª Parte:  

2ª Parte:

Acción

Cada uno de los segmentos, de los duelos y de las secciones musicales salieron muy bien. No hubo ningún error o imperfección digna de mencionar, o que fuera notada por alguien ajeno a la organización de la obra.

Incluso la coreografía final fue honrosa, y de todos modos el efecto positivo ya había sido logrado por la obra en sí misma (argumento + banda de sonido + vestuarios), por lo que el baile conjunto fue un lindo cierre que no podría haber echado mácula alguna sobre el producto integral.

En cuanto al público, el éxito fue total, y esto debido a varios factores: Por un lado, la no casual profesionalidad del soundtrack y los vestuarios, ambos nacidos de la mano (y mente) de Rakhal, con antecedentes en la ahora mítica Snake Vs. Aquiles. En un ámbito, el del Ashram, donde los espectáculos son generalmente de carácter amateur, nuestros toques profesionales crearon una muy buena primera impresión, que se solidificó con el resto de la obra.

De hecho, muchas de las personas que estoicamente habían esperado hasta el final de los ragas, y se dirigían con diligencia a dormir, fueron cautivadas por las primeras imágenes del musical, y terminaron por verlo completo, con entusiasmo.

Por otro lado, la presencia de Swami Premananda entre el público fue un estímulo grande para que otras personas se quedaran, y sobre todo, un estímulo para nosotros, que vimos el esfuerzo recompensado por el premio de nuestro maestro espiritual como espectador.

Flores

Debe quedar claro: Es en este contexto, amateur y espiritual, en que lleno de elogios nuestra propia creación artística. Es decir, todas las flores que nos estoy tirando encima son siempre teniendo en cuenta que las expectativas del público son muy bajas, y que cualquier muestra de ingenio o profesionalidad es muy valorada.

Además, el hecho de que todos estemos reunidos por un motivo espiritual, también contribuye a que la predisposición sea la mejor, incluso ante espectáculos menos logrados. No se trata de criticar negativamente, sino de ver, como enseña la espiritualidad, lo positivo en cada cosa.

Es decir, un contexto muy adecuado para nuestra actuación que, vuelvo a repetir, también tuvo su parte de mérito para llevarse los laureles.

Y si alguna vez dije que esta historia era bendita es porque nuestro proyecto, desde el inicio, fue siempre acompañado por la guía de Swami, al menos, así lo sentimos. Además, todas las acciones realizadas por nosotros hasta el día del estreno fueron, en esencia, una práctica espiritual y un servicio.

Pero sobre todo, la historia de SuperMeditator y sus aliados es considerada bendita por mí porque, a pesar de la hora tardía, del cansancio, del desaliento previo, Swami se quedó a vernos por puro amor a sus devotos, para darnos el gusto.

Además de darnos la aprobación final con su risa y su pulgar en alto, Swami puso su atención en nosotros por veintipico de minutos, nos llenó de su energía, e hizo de la primera, y también última, función de la obra, un evento único, que en el recuerdo de los espectadores podrá quedar como un gran show, pero para nuestros corazones fue un regalo difícil de explicar, que quizás se podría definir, con algo de acierto, como un regalo Divino.

Imágenes:
sumobiscuits.com
oleplingplong.com

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: