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Meditator: los orígenes

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En agosto de 2009, Nuria y yo asistimos al curso Prema Dhyanam, que no es otra cosa que el curso de meditación oficial aprobado por Swami Premananda. Debido a esto, el curso es impartido por una discípula cercana de Swami, una mataji, que es una sannyasin (renunciante) de su Ashram, algo así como una monja para usar la terminología occidental.

De todos modos, el curso está abierto a todo tipo de personas y no hace falta ser un activo devoto de Swami, ni siquiera conocerlo, en realidad, para participar en la semana intensiva de meditación. De hecho, en aquel curso, de los veinte participantes, éramos tres los devotos e interesados en Swami de antemano.

Si bien el curso hace constante referencia a Premananda, ya que es él quien lo delineó, las lecciones y actividades desarrolladas no hacen hincapié en diferencias religiosas, sino que por el contrario, tratan cuestiones relativas a todas las personas y filosofías espirituales.

De esta manera, el curso explica los beneficios de la meditación para la vida diaria de cualquier persona, y le da las herramientas para elegir la opción que más se adapte a su personalidad, incluyendo en esto religión y estilo de vida.

De hecho, ni siquiera es un requerimiento el creer en Dios para poder meditar y beneficiarse.

Copyright

Una casa rural, en medio de campos de girasol y pequeñas colinas, en la Aquitania francesa (a unos cien kilómetros de Burdeos), era el contexto ideal para la semana de meditación y retiro espiritual. Una semana que, además de meditación, tendría caminatas por la naturaleza, cantos grupales, recolección de verduras del huerto, silencio, reflexión y también diversión. ¡Y con diversión me refiero a una fiesta!

En la última noche del retiro, la consigna era que cada uno de los participantes, preferentemente en forma grupal, preparara algún tipo de espectáculo para entretener a los demás. No tenía que ser a la fuerza algo cómico, aunque la mayoría optamos por ese formato, lo que sumado al pastel de chocolate y al improvisado baile estilo Bollywood, hizo de la fiesta una velada memorable.

En cuanto al espectáculo que preparamos con Nuria, tuvo su base en una de las palabras más repetidas durante el curso: “meditador”. En realidad, debido a que el curso era impartido en inglés y traducido simultáneamente al francés, la palabra en cuestión era “meditator”, que es el término para describir a una “persona que medita” (el correspondiente francés sería “méditant”).

Nuestra idea original era describir un día en la vida de un “meditator”, junto con las vicisitudes que debe sobrepasar y vencer, para poder salir airoso. Por ejemplo, el desarrollo de la capacidad de mantener la calma en los eventos de la vida diaria, gracias a su constante práctica de meditación.

Mientras pensábamos en esta idea, la palabra extranjera “meditator” resonaba en nuestras mentes y se asociaba libremente, aunque sin demasiada originalidad, con la famosa película del ahora gobernador de California, Arnold Schwarzenegger.

Según cuenta la leyenda, enfrascados en la “tormenta de ideas”, yo imité el gesto típico de Superman (puños cerrados, brazos a la altura del pecho, uno extendido hacia delante y arriba, el otro tocando el torso) mientras repetía algo de “meditator”, impulsado por la asociación inconsciente.

Ante esta escena, Nuria, por su parte, tuvo una visión más vanguardista y expresó verbalmente el concepto que ya se intuía en el éter: “Un superhéroe de la meditación”.

Las disputas con Nuria por adueñarse del copyright de la idea han sido espinosas, por lo que no quiero ahondar demasiado en el tema, pero yo considero el nacimiento de “Meditator”, en su rol de superhéroe, como una creación colectiva, o en este caso, a dúo.

Situaciones

El tiempo disponible para preparar los espectáculos fue el de la tarde previa a la fiesta, y este factor, sumado al carácter amateur de los artistas, se traducía en una serie de performances improvisadas, que no aseguraban calidad, pero sí diversión.

Nuestro “Meditator” era, en esencia, un héroe que llegaba al rescate en los momentos críticos de la jornada de una persona que medita. De esta forma, la idea primera de un día en la vida del meditante, se hacía mucho más divertida con la introducción de un superhéroe que le recordara las enseñanzas recibidas en el curso que todos acabábamos de tomar.

A este respecto, las situaciones a las que se enfrentaba el meditante trataban de ser comunes a todos, y sobre todo, factibles de realizar sin escenografía, vestuario, y producción, a saber:

Una persona va conduciendo su coche (que era invisible, claro) y un peatón se le cruza de manera imprevista, obligando al conductor a frenar de golpe, lo cual le provoca un gran enfado que descarga con el transeúnte. En medio de esta discusión, aparece “Meditator” que tocando en la frente a los litigantes (cliché que no pudimos evitar) les hace tranquilizarse y ponerse introspectivos.

De esta forma, se ilustra cómo el meditar de forma regular y continua conlleva un mayor control sobre las propias emociones y, por ende, una mayor capacidad de mantener la calma y la paz en todo tipo de situaciones.

Pasando a un ámbito más moralista, otra situación que ejemplificamos era la de una fiesta en la que las invitadas se emborrachan, perdiendo así un poco la conciencia de la realidad. En este caso, el rol de “Meditator” era el de hacer que las personas recobren su equilibrio interno, pudiendo diferenciar entre lo real y lo irreal. Esta capacidad de discriminación para la vida, más allá de la hipérbole con el alcohol, es una cualidad positiva que también se ve fomentada si uno tiene una práctica regular de meditación, ya que así uno está en mejor sintonía con sí mismo pudiendo saber con frecuencia, y a veces intuitivamente, lo que es correcto en cada caso.

Apelando a una situación totalmente cotidiana, el tercer ejemplo es el de una persona que se sienta a meditar, pero se ve disturbada por el sonar de su teléfono celular, al cual no puede resistirse. La aparición de “Meditator” le impide a la persona que atienda la llamada, ayudándola así a dedicar esos minutos exclusivamente a la meditación. Este caso se basa en la enseñanza que dice que, a menos que se dé prioridad a la meditación (al menos durante esa media hora, por ejemplo), siempre habrá algo más importante u oportuno que hacer. Sin darle esta categoría prioritaria a la meditación diaria (aunque sea de quince minutos), es imposible lograr regularidad en la práctica, ya que la vida se encarga de ponernos delante, de manera permanente, situaciones que parecen más primordiales que sentarnos con nosotros mismos por un rato.

Éxito

En cuanto a los actores, los miembros de la obra fuimos tres: Nuria, yo y una mujer venezolana que vive en Bélgica, y con la cual nos unimos de manera natural por cuestiones idiomáticas.

Supongo que por una cuestión de género, yo terminé encarnando a “Meditator”, que por su relación fonética con el personaje que nos dio la idea, no podía ser otra cosa que masculino.

Las chicas, por su parte, se encargaron de interpretar muy bien a las discutidoras de tráfico, las borrachas y las meditadoras deseosas de atender el teléfono. Ya he dicho que no había casi nada de escenografía ni artilugios técnicos, por lo que las actuaciones de las chicas fueron más cercanas al arte del mimo que otra cosa, y aún con escasez de recursos salieron airosas.

Por mi parte, yo conté con un vestuario acorde: Vestido de blanco, con una capa blanca y una gran “M” en el pecho, fui adornado con un turbante también blanco y una estratégica linterna de minero en la frente, que simbolizaba la luz de la sabiduría que emana del ojo espiritual.

No tengo muy claro el porqué, pero la breve interpretación de nuestro improvisado trío fue un éxito. Supongo que después de una semana de retiro espiritual, meditando, con largos periodos de silencio, y reflexionando sobre cuestiones profundas, todos necesitábamos un momento de fácil distensión y humor. Esta podría ser una explicación del éxito.

Otra explicación podría ser nuestra calidad interpretativa y el buen despliegue en escena. Tiendo a creer más la primera tesis.

Secuela

Sea como sea, la cuestión es que la mataji que impartía el curso también fue muy entusiasta en los elogios y dijo que “Meditator” quedaría en los anales de los cursos Prema Dhyanam. Asimismo, nos exhortó a repetirlo en alguna futura ocasión.

Para Nuria y para mí, la mini-obra quedó como un muy gratificante recuerdo, y una prueba más de cómo a través de la espiritualidad uno puede satisfacer de una manera simple deseos o aspiraciones que por los caminos mundanos son difíciles de conseguir (ser actor, por ejemplo).

Unos pocos meses después del curso de meditación, recibimos una invitación del Sri Premananda Ashram de la India, para asistir a la Convención Internacional de febrero 2010. Aparte de invitarnos, se nos pedía si podríamos encargarnos de preparar, en nombre de España, algún tipo de obra de teatro o danza.

Este pedido no se debía tanto a nuestro reciente “Meditator”, sino al exitoso baile ecológico que, para la Convención Juvenil de febrero 2009, habían creado Rakhal y Celia (mi hermano y su novia), y en la que también habíamos tomado una pequeña parte (todos los detalles en, Juventud Premananda, guía infalible) Siguiendo esta línea, también se les pidió a algunas personas en Argentina que preparan un espectáculo para la futura Convención.

Sin embargo, había un problema: ni Rakhal ni Celia, profesionales del teatro y la danza, asistirían a la India esta vez. En España, solos con Nuria, no veíamos muchas opciones convincentes de hacer un buen desempeño. En Argentina, sin los artífices del éxito en escena, también tenían un panorama complicado a pesar de ser más las personas disponibles.

Teniendo en cuenta que con Nuria planeábamos viajar a Argentina por unos meses, y basándonos en el éxito de aquel improvisado héroe nacido en tierras francesas, comenzamos a pergeñar un guión mucho más ambicioso, más populoso y hasta más profundo.

Así, una secuela de “Meditator” había nacido. Una segunda parte que esperábamos fuera mejor que la primera, y cuya larga y bendita historia, explicaré en detalle en la próxima crónica.

Imágenes:

rincondelvago.com

posters-n-prints.com

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