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Esperando al Mesías

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Durante la mayor parte de mi vida, viví esperando un gran hecho que cambiaría mi destino.

No se trataba de un hecho en particular; es más, yo no siquiera sabía qué sería, pero tenía una especie de certeza de que algo que marcaría un ‘antes y un después’ sucedería en algún punto de mi vida. En un punto más temprano que tarde, creía yo.

 

Nada ha sucedido aún.

 

Es verdad que en mi vida han habido muchos hitos destacables, entre los que puedo nombrar, entre otros: relacionarme con Swami Premananda; viajar a la India; mudarme a Europa; conocer a Nuria.

Para nada estoy subestimando estos eventos tan importantes de mi vida, sino que quiero dejar claro que según aquellas expectativas que siempre tuve sobre un ‘gran evento que cambiaría mi destino’, nada ha sucedido aún. Y con mucha  probabilidad nunca sucederá.

 

Generalización

 

Que yo hable en pasado no quiere decir que, en cierto modo, en algún rincón semi-escondido de mi ser, yo no esté aún esperando ese ‘evento’.

De hecho, a riesgo de generalizar, creo que gran parte de las personas tenemos esa sensación. Al menos, me baso en experiencias de personas amigas y conocidas con las que alguna vez he hablado del tema. Me refiero a una sensación de que la vida nos está guardando algún tipo de buena sorpresa, y que mientras tanto uno va viviendo un poco de manera ‘precaria’, esperando ese momento.

 

Mientras leo lo que voy tipeando, me doy cuenta de que a través de un análisis psicológico ligero se podrían sacar muchas conclusiones obvias. Por un lado, que esta sensación se debe a una insatisfacción con la vida presente que uno lleva. Por otro lado, que las expectativas que uno se fijó alguna vez para su vida no se ven cumplidas, y por ende espera llegar a ese objetivo, aunque no sepa bien cómo.

A la vez, se podría interpretar que la tendencia del ser humano a vivir pensando más en el momento futuro que en el presente, nos lleva a creer que lo que sucederá es mejor que lo que está sucediendo actualmente.

 

caido_del_cielo

 

Análisis

 

Sin profundizar en estos aspectos, regreso a mis sensaciones personales, ajenas ya a la generalización. En mi caso, también creo que esa espera del ‘gran evento caído del cielo’ tiene algo de pereza, o sea esa intención de que algo muy deseado y necesitado (aunque no se sepa muy bien qué es) llegue a mí, sin que yo mueva siquiera un dedo, sólo esperando.

 

Al parecer, para algunas personas estos grandes hechos están muy claros y definidos. Puede ser la graduación universitaria; un trabajo especifico; una casa en una ubicación especial; una pareja ideal; un hijo; un viaje; una boda. También en mi caso, por supuesto, el evento tan esperado muchas veces ha tomado alguna de las formas arriba mencionadas.

Por naturaleza humana, una vez alcanzado ese hecho deseado, un nuevo hecho se yergue como la próxima meta a alcanzar. Como dije antes, a pesar de haber tenido (como cualquier hijo de vecino) momentos muy importantes en mi vida, siempre seguía sintiendo que el ‘gran momento’ estaba por venir.

 

A día de hoy, puedo decir que ya (casi) no espero la llegada de este evento redentor.

 

Futuro bola

 

Bendiciones

 

De todos modos, cuando alguien está involucrado en la vida espiritual y también está en contacto con santos y maestros espirituales, como es mi caso, es inevitable esperar que sucedan, de una u otra forma, ‘hechos prodigiosos’. Sobre todo, porque efectivamente los hay, y uno los ha visto y conocido, ya sea directa o indirectamente.

 

En este caso, lo importante, me parece, es saber diferenciar los milagros divinos que se pueden recibir sin esfuerzo, de los pasos que invariablemente uno deberá tomar para lograr cierto objetivo.

 

Trataré de explicar mejor esta idea: Cuando uno le pide a un santo (en mi caso particular a Swami Premananda), una bendición para resolver cierto problema, espera que mágicamente (o mejor dicho, milagrosamente) ese problema desaparezca sin más.

Cuando digo ‘pedir bendición’, también se puede entender como ‘rezar a Dios’ para su intervención en determinada situación.

 

Entonces, contrariamente a lo que uno espera, pedirle a Swami dicha bendición, implica muchas veces, tener que hacer un trabajo extra; sobre todo si el pedido es de índole espiritual más que material (como por ejemplo, dejar de ser una persona envidioso vs. curarse de cierta enfermedad).

 

Pruebas

 

A este respecto, es verdad que si uno pide dones materiales, digamos no tener tantos problemas financieros este mes, o tener éxito en un largo viaje, la bendición Divina entra en acción de manera más directa y sin requerir demasiado esfuerzo personal. Esto se debe, en parte, a que las facilidades materiales nos allanan el camino para el desarrollo espiritual. No obstante, esta regla no siempre se cumple al pie de la letra, ya que algunas personas tienen que pasar pruebas de carácter material antes que avanzar en el sendero propiamente espiritual.

 

De la misma forma, si uno pide bendiciones ‘espirituales’, es decir para desarrollarse interiormente, entonces sin duda éstas actúan de maneras que desconocemos y que nos ayudan aún sin que lo sepamos.

De todos modos, en estos casos, en lugar de allanar totalmente el camino, lo que hace Swami es generar en nuestras vidas las situaciones particulares y necesarias para que ese problema u obstáculo sea superado. Pero esta ‘superación’ debe lograrse a través del enfrentamiento directo con esa cualidad negativa que deseamos abandonar.

 

Como un ejemplo simplificado, si uno pide sinceramente a Dios que quiere dejar de tener envidia, ésta no se irá de nuestra mente de la noche a la mañana, sino que automáticamente nos enteraremos de que el vecino se ha comprado un coche nuevo (o aún mejor, lo ha ganado en un sorteo). 

 

Es así que Swami (o lo Divino) siempre prepara el drama para que uno pueda ‘pasar la prueba’ en el campo de batalla de la vida.

 

Big Gift

 

Sócrates

 

Todos conocemos la famosa expresión, ‘Sólo sé que no sé nada’.

De pequeños, quizás muchos la tomamos como la sincera frase de una persona ignorante, y en consecuencia la usamos cada vez que no teníamos conocimiento sobre un tema.

Con los años nos explicaron, de manera didáctica, que el sentido básico de la frase era que ‘a medida que uno más sabe, se da cuenta de cuanto le falta por saber, y por ende se siente como si no supiera nada’.

 

Siguiendo la misma regla socrática, a medida que uno más profundiza en la vida espiritual, con la intención de desarrollarse interiormente; es decir evolucionar como persona con el objetivo de conocer cada vez más la propia naturaleza esencial, pues entonces más defectos (obstáculos, tendencias negativas) encuentra en uno mismo.

 

socrates

 

Cotidianeidad

 

De esta forma, si uno tiene fe en Dios o tiene un maestro espiritual, entonces le pedirá su intervención para remover estos ‘defectos’, que nos obstruyen el camino a la felicidad.

 

De todos modos, como dije antes, a esta altura he dejado de esperar milagros, hechos prodigiosos, que me liberen de mis cualidades negativas, por arte de gracia (divina).

Si bien la ayuda de Dios o del Gurú es incalculable y seguramente reduce nuestra tarea aún cuando no lo notemos, no hay escapatoria al hecho de que somos nosotros mismos quienes debemos darle, con nuestro esfuerzo consciente, el toque final a las bendiciones iniciadas en la esfera divina.

 

Muchos años después, me doy cuenta de que son más bien las situaciones muy cotidianas, y hasta en apariencia banales, las que con frecuencia me ponen en crisis.

 

Y, también, me parece entender que son estas mismas situaciones las que, si yo realmente lo deseo, pueden cambiarme para siempre.

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  1. Todo lo que decís está muy bueno. Me dejaste sin palabras y con la sensación de que ” solo sé que no sé nada”
    Kanagavalli

    Responder
  2. Hoy te ha quedado cortito el post. Tal vez no le dedicas suficiente tiempo al blog, un día a la semana no basta!Deberías dejar de jugar al futbol los jueves para ir preparando la redacción del blog, jajaja
    Un abrazo

    Responder
  3. Me ha gustado mucho este post más introspectivo.
    Personalmente, mi experiencia es que en ocasiones he esperado algo que cambie mi vida y ha sido después de vivir el hecho determinante, que me he dado cuenta de lo relevante que fue y que marcó un antes y un después. Será que pasito a pasito uno no se da cuenta de lo que avanza hasta que mira atrás.
    Espero con ansia leer la próxima edición!
    JPS

    Responder

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