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Maestro de confusiones

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Un amigo me reclamó que las últimas ediciones de estas crónicas han perdido el carácter personal original para pasar a centrarse en temas más bien genéricos de la India. Es decir, que no hay tantas anécdotas personales propias sino más bien un relato explicativo de costumbres y tradiciones del subcontinente indio.

 

No estoy 100% de acuerdo con esta declaración, pero puedo ver a que se refiere mi amigo, y entonces pensé en escribir algo menos general, extraído directamente de las gastadas hojas de uno de mis diarios de viaje, escritos en tierra santa.

 

Método

 

Quizás hace un tiempo que no lo diga, pero tarde o temprano siempre lo repito: las enseñanzas espirituales son, en esencia, las mismas; lo único que cambia es la forma en que éstas enseñanzas son expuestas.

Por ende, cada maestro espiritual tiene su forma particular de presentar la espiritualidad. Además, esta forma particular puede tener varias vertientes y no limitarse a un solo elemento.

 

Para utilizar mi ejemplo preferido, Swami Premananda hace hincapié en el servicio social como una de las formas de evolucionar espiritualmente (debido al doble factor: ayudar al prójimo y olvidarse de uno mismo por un rato). A la vez, Swami es una viva personificación del amor Divino, ya que trata a todos con el mismo amor, de manera que quienes están en su presencia, ya sea directa o indirectamente, sienten contentamiento y satisfacción.

Al mismo tiempo, Swami es un paradigma de eficiencia, y no deja ni un minuto de prestar atención a su misión espiritual, desde los aspectos más elevados a los más prácticos.

 

Es decir, que Swami Premananda te puede dar una (o más) práctica(s) espiritual(es) y hablar de las escrituras védicas, a la vez que con su forma de ser te llena de alegría por solo estar en contacto con su energía, a la vez que con su forma de actuar te guía con el ejemplo.

Lo que quiero decir es que ser sonriente y feliz de manera constante no implica que no se pueda hablar con seriedad de temas profundos, ni implica que uno se tome las responsabilidades con ligereza. Una cosa no quita la otra.

 

A estas bellas características de Swami, unas pocas dentro de las tantas que tiene, se suma otro elemento típico que está relacionado con su enseñanza espiritual. Un elemento que no es tan fácil de calificar como bello, sino que es más bien desconcertante y es clave en el sistema pedagógico espiritual de mi maestro.

Swami en el Ashram en 2009

Swami en el Ashram en 2009

 

Vueltas 

Las personas que llegamos a Swami le hacemos preguntas de todo tipo, y gran parte de ellas, quizás la mayoría, son de naturaleza mundana, digamos.

Es decir, son preguntas sobre los típicos temas que trae el horóscopo de la contratapa del periódico, a saber: salud, dinero y amor.

 

Al parecer, Swami ya sabe que esto es así, y no se niega a aconsejar y ayudar en estos aspectos, para nada, aunque siempre que puede vuelve a su tópico favorito: la espiritualidad.

Teniendo en cuenta que Swami Premananda es un maestro espiritual iluminado, lo ideal es ir a él a preguntarle cuestiones espirituales. Sin embargo, y de manera entendible, todos terminamos también preguntando y pidiendo por temas más materiales.

 

Por el mismo hecho de ser un maestro iluminado, Swami también conoce las respuestas correctas y justas para las cuestiones materiales, y repito, no se niega en ayudar en este aspecto.

Lo que sí hace, sin embargo, es no darnos la solución en bandeja.

 

Mientras que a una pregunta espiritual del tipo: “¿Qué tipo de meditación debo hacer?”, es muy probable que Swami responda con un dato práctico y claro, a las preguntas materiales, Swami prefiere responderlas con algo más de vueltas…

 

La versión más sencilla de estas vueltas se resume en una frase del tipo “Haz lo que sientas correcto”, que no es otra cosa que obligarnos a pensar y a auto-analizar, para que así podamos decidir de manera crítica y con discernimiento.

Por lo general, Swami no es un maestro que te diga lo que tienes que hacer, sino que te da algunos indicios y luego te deja que seas tú el que decida. Esto es, evidentemente, no por falta de compromiso, sino como método de enseñanza, como forma de ayudarnos a desarrollar la auto-indagación, el discernimiento y la auto-confianza.

¡Cuántas veces uno preferiría que le dijeran qué hacer, en lugar de tener que decidirlo uno mismo!

 

vueltas

 

Sí/No

 

Como decía, la versión sencilla puede ser ponernos a pensar; en cambio la versión más compleja es la que apela a la confusión. Se trata de una especie de drama, una puesta en escena con elementos no reales, en las que nos involucramos hasta que nos damos cuenta de que todo era, justamente eso, un drama escénico.

 

En más de una ocasión escuché (y también lo deduje) que cuando un maestro espiritual te dice que “No”, entonces eso a lo que se refiere no hay que hacerlo. Pero, sin un maestro dice que “Sí”, no necesariamente hay que hacerlo.

 

Me explico mejor: En ciertas ocasiones un maestro espiritual puede dar el visto bueno a algún pedido o pregunta, simplemente para hacer a esa persona experimentar los resultados de esa decisión.

O sea, en la mayoría de las ocasiones, cuando uno pregunta algo a Swami, ya sabe lo que le gustaría oír como respuesta. Hay ocasiones entonces, en que la respuesta contraria a la esperada sería frustrante y quizás no aceptada por uno. Por ende, el maestro puede dar su aprobación para que uno compruebe en carne propia lo incorrecto de esa opción.

Y aún yendo más allá, puede que el maestro dé su visto bueno porque esa opción debía ser cumplida por la persona, para quitar algún deseo que de otra manera sería un lastre para la evolución espiritual.

 

Por ende, es normal que el maestro espiritual diga que “Sí” a una pregunta, y uno se quede dudando o pensando, si efectivamente esa es la mejor decisión a tomar.

 

Como ven, una situación de este tipo puede traer grandes dolores de cabeza y la confusión mental se hace gigante. Pero la confusión se hace del tamaño de la Gran Muralla China si además hay elementos extras… siempre de la mano de Swami.

 

gran-muralla

 

Personal

 

Aquí es donde al fin llegamos al plano propiamente personal. En enero 2007 mantuve una estadía de dos meses en el Sri Premananda Ashram y en ese lapso tuve la oportunidad de pensar mucho y también de ver a Swami Premananda en varias ocasiones.

 

Para mi primer encuentro con él, yo tenía preparadas muchas preguntas, todas ellas muy personales. Ninguna de estas preguntas era del todo espiritual. Eran más bien sobre el miedo a la vida, la falta de compromiso, la búsqueda de libertad y, también, la incapacidad de enamorarme de una mujer.

 

Este último punto tenía su asidero en mi intención de que mi felicidad no dependiera de nadie más que de mí, pero a la vez el hecho de estar solo no me hacía del todo feliz.

Mi pregunta apuntaba a saber si para mí era mejor pensar en una vida de celibato y sacarme el tema femenino de la cabeza, o simplemente era una cuestión de tiempo, una etapa que yo debía pasar, hasta encontrar una mujer adecuada.

 

Esta pregunta tan personal (y otras) fueron hechas frente a Swami, pero en presencia de algunos otros devotos (que también hicieron sus preguntas en público), ya que no era posible ver a Swami en privado ese día.

A esta exposición pública se sumaba que había una chica del Ashram que traducía las preguntas del inglés al tamil, y luego Swami respondía en tamil para que la chica tradujera nuevamente al inglés, siempre en voz bastante audible. 

 

Tercero en discordia

 

Entre los presentes, que éramos unas diez personas, había un chico de mi edad (27 o 28 años por entonces), que a la sazón iba a jugar un rol detonador en el “drama” que se me avecinaba.

Este chico había venido especialmente a ver a Swami para hablar de su posible futura boda y de su relación con la chica en cuestión. Debido a esto, sus radares estaban especialmente sensibles a todas aquellas cuestiones de relaciones de pareja, celibatos, noviazgos y casamientos.

 

Cuando llegó el momento de mi pregunta sobre las mujeres, yo estaba bastante abrumado, primero porque hacía tiempo que no veía a Swami y eso me daba cierto nerviosismo, y segundo, porque todo el mundo estaba oyendo algo tan personal. La confusión ya empezaba…

 

Objetivamente, la respuesta no fue demasiado larga, pero a mí me pareció un mundo. Lo primero que dijo Swami fue que no era un problema que yo no pudiera enamorarme de ninguna mujer.

A pesar de que la mayoría del tiempo Swami hablaba en tamil y requería la traducción de su asistente, la respuesta a mi pregunta la dio casi toda en inglés, y por ende yo podía entenderla de primera mano.

Sin embargo, supongo que llevada por el hábito, la traductora repetía en inglés lo que Swami decía en inglés. Esta superposición de discursos, diciendo lo mismo, me generó un poco más de confusión, tengo que decir.

 

De entre esa confusión recuerdo haber entendido que Swami decía “no te enamores hasta que te cases” y “esa mujer tiene que ser espiritual y devota”. Es así que una vez terminado el encuentro yo tenía la sensación de que Swami me había dicho, más bien, que yo tenía que casarme (aunque aún no supiera con quién ni cuándo).

 

Fue tan solo por la noche, hablando con el chico que se estaba por casar y que había participado del encuentro, que pasé de un extremo a otro. El chico sostenía, con total seguridad, que lo que Swami había dicho era algo así como “no te digo que no tengas novias, pero no te tienes que casar”.

Y para confirmar su versión, aducía que Swami había hablado en inglés, que había estado muy claro… El drama, ahora sí, estaba plenamente en juego.

 

encrucijada

 

Semana

 

La primera solución que se me ocurrió fue preguntarle nuevamente a Swami, para así sacarme la duda. Sin embargo, el próximo encuentro con Swami estaba programado para dentro de un semana, lo cual era tiempo suficiente para comerse la cabeza hasta dejarla sin siquiera los huesos.

La segunda solución era hablar con la chica traductora, que quizás se acordaría de sus propias palabras con cierta fiabilidad. Pero, la traductora estaba fuera del Ashram esos días, haciendo  ciertos trámites en la ciudad.

Así que allí estaba yo, solo con mis dudas, mis confusiones y mirando las dos caras de la moneda.

 

Durante muchos años yo había considerado que si debía quedarme solo, sin pareja, por toda mi vida, eso no sería un problema, ya que yo me consideraba muy auto-suficiente.

Cuando, durante esa semana, empecé a sopesar la posibilidad de que Swami hubiera dicho que no debía casarme, entonces empecé a pensar en una vida de soltería. Analicé con seriedad cómo sería una vida así, con realismo, por primera vez en mi vida.

 

La primera sensación, que duró algunos días, fue de total pánico. Yo, que me creía tan independiente, temblaba ante la posibilidad de estar sin pareja para siempre. Esta reacción me hizo reconsiderar mis ideas y mis presupuestos. Tanto sobre las relaciones de pareja como sobre mí mismo.

 

A la semana, se confirmó que a Swami no lo podríamos ver y que habría que esperar al menos una semana más. Así, mis chances de re-preguntar y quitarme la duda, se desvanecían otra vez.

En este punto, yo había, de cierta forma, aceptado que mi vida pudiera ser solo. Lo había analizado y había llegado a la conclusión de que, si Swami lo decía, era porque era correcto.

No es que estuviera feliz con esa idea, pero le había perdido el terror, a la vez que había llegado a conocer mis verdaderos deseos (que al parecer eran los de tener una vida en pareja) de una manera más profunda.

 

Entonces, volvió la traductora.

 

margarita

 

Aclarando

 

La chica, gentilmente se ofreció a recordar lo sucedido y no tuvo dudas en confirmar lo que yo había escuchado en primera instancia. O sea, la respuesta que era más tendiente a una vida en pareja.

 

Es decir, toda la semana de excesivo ajetreo mental, miedo, reflexiones y reconsideraciones sobre la vida en pareja, había sido basada en un malentendido, en una confusión de alguien que ni siquiera era yo.

Evidentemente, la semana habría sido reflexiva aunque Swami sólo me hubiera hablado de casamiento. El hecho de que se generara el malentendido y la dicotomía, con oposición total de posibilidades, me sirvió mucho para conocer de manera más profunda mis sensaciones sobre un tema (relaciones de pareja) que hasta cierto punto yo consideraba superfluo.

No puedo decir que ese sólo evento haya determinado la respuesta a todas mis dudas al respecto del tema, pero si que me aclaró mucho las ideas y me trajo tranquilidad en el asunto.

 

Por supuesto, nunca se me ocurrió culpar de toda la confusión al chico aquél; no dudé, ni dudo, ni por un momento, de que todo fue obra de Swami, un maestro espiritual experto en confusiones.

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Un comentario »

  1. Alguien mas ha hecho el laberinto?

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