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La delgada línea

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La India es una tierra santa. Es por ello que es normal encontrar muchos elementos sagrados en ella.

 

Por ejemplo, muchos animales son considerados sagrados: vacas, monos, elefantes, cobras, pavos reales, cisnes y hasta las ratas.

También hay plantas que son consideradas sagradas, entre ellas: la flor de loto, el árbol de nim (también llamado margosa en español); la madera de sándalo.

Por supuesto, hay elementos de la Naturaleza que son considerados sagrados como el fuego, el agua, la luna, el sol.

Por otro lado, se considera como sagrados a los sadhus, es decir los renunciantes espirituales que han dejado todo lo material atrás en busca de Dios.

 

Además, hay un ente que es difícil saber si definir como animado o inanimado. Me refiero a las poblaciones, ya sea ciudades o pueblos, a las que acuden los peregrinos para rendir culto, por lo general, a algún elemento que hay en ella. Este elemento puede ser un templo, un río, una montaña o un hecho histórico. Sin embargo, la santidad de esa población siempre trasciende ese sólo elemento e impregna toda su atmósfera.

 

A este respecto, en la India existen siete ciudades sagradas para el Hinduismo y también cuatro moradas sagradas. Estas vienen a ser las más importantes, las indispensables, pero luego están, por ejemplo, las 108 moradas sagradas del Señor Vishnu (una de las deidades de la trinidad principal del Hinduismo), y así se podría seguir por mucho rato.

 

La cuestión es que de toda esta gran selección de sacralidad que tiene la India para ofrecer, yo me estaba adentrando, probablemente, en su punto más concentrado.

 

Rishikesh

 

A tan sólo 25 Km. al norte de la sagrada ciudad de Haridwar  (porque es una de aquellas siete ciudades sagradas principales ya mencionadas) hay otra ciudad sagrada: Rishikesh.

Al igual que Haridwar, esta ciudad debe en parte su carácter sagrado al paso del río Ganges por sus orillas. Asimismo, Rishikesh es considerada la entrada a los Himalayas, ya que está situada a los pies de las montañas. En la delgada línea que divide la cadena montañosa de la llanura.

 

Es decir, que se encuentra en el sitio exacto donde se unen dos de los elementos más sagrados de la India: el río Ganges y las montañas de los Himalayas.

 

A diferencia de muchas otras ciudades sagradas de la India, que hemos visto hay muchas, Rishikesh tiene un gran renombre en el mundo occidental. Si bien la ciudad de Varanasi es probablemente la ciudad más sagrada de la India (ver, “El espíritu de Varanasi”), Rishikesh me da la sensación que tiene una atracción especial para los buscadores espirituales, sobre todo occidentales.

 

Al parecer, Rishikesh es llamada por algunos “la capital mundial del yoga” debido a la cantidad de institutos y ashrams que ofrecen cursos de esta disciplina. Más allá de que este status de capital este disputado también con la ciudad de Mysore (en la provincia de Karnataka, al sur de la India), lo cierto es que Rishikesh tiene una gran afluencia de visitantes extranjeros.

 

El puente que une las dos orillas de Rishikesh

El puente que une las dos orillas de Rishikesh

 

Pop

 

Evidentemente, de todos estos visitantes no todos son buscadores espirituales, sino simples turistas o curiosos. Lo cual es natural.

La India es, sin dudas, un gran destino turístico mundial por sus comidas, sus paisajes y su cultura, pero a diferencia de otros países “exóticos” como, por ejemplo,  Tailandia, Vietnam o Guatemala, también es un gran destino espiritual.

 

Por ende, estos dos aspectos se combinan y observan en gran parte del país, con altos y bajos según la zona. Entonces, uno puede ver al muchacho israelí que se ha tomado un año sabático para viajar con su moto de segunda mano después de dos años de servicio militar, al nórdico con dreadlocks cargando una mochila gigante y deslumbrándose por todo, o al occidental de larga barba, que tiene el pecho lleno de rosarios, va vestido de blanco y descalzo, con la mirada perdida en algún estado superior.

 

Este fenómeno, la delgada línea en que se mezcla el aspecto turístico y el espiritual, quizás tiene su pico en Rishikesh.

Sobre este punto, y mirando en retrospectiva, es bastante probable que una de las razones de esta explosión se deba a la célebre visita de los Beatles a la ciudad en el año 1968, para un retiro espiritual (ver, “The Beatles y la India”).

 

Este acercamiento de las estrellas mundiales del pop a la espiritualidad, tuvo como natural resultado una difusión de la filosofía espiritual de la India (si bien efímera y superficial) entre las masas, e inevitablemente también tuvo como contraparte una espiritualidad “versión pop”, de la que Rishikesh me parece su máxima expresión.

 

Compra-Venta

 

Rishikesh es una ciudad pequeña que efectivamente tiene muchos ashrams, algunos más conocidos que otros. Existen muchas ofertas para aprender yoga y otras prácticas espirituales, algunas ofertas más serias que otras.

 

El concepto del turismo espiritual tiene su repercusión en que al visitante se le ofrezca la espiritualidad como algo que se compra con dinero. De este modo, como si uno estuviera en un supermercado espiritual, puede escoger entre un masaje ayurvédico, un semana intensiva de yoga o incluso un curso para lograr la “iluminación”.

El estado final y trascendente que los renunciantes y buscadores espirituales de todas las épocas persiguen durante miles de encarnaciones se le ofrece al visitante, ya digo, como un elemento más en el menú espiritual.

 

Más tarde, uno va a pasearse por los ghats (las bajadas escalonadas hacia el agua) a orillas del Ganges y los sacerdotes se acercan ofreciendo bendiciones. Con una bandeja y una vela en la mano, te ponen una marca de sándalo en la frente, y sin dejar nunca de lado su aire de solemnidad te dicen: “Donación 100 rupias mínimo”.

 

Swami Premananda siempre repite que la espiritualidad es gratis, que es algo que no se vende. Y esa idea me ronda en la mente cuando me paseo por Rishikesh. Trato de discernir donde está la línea entre lo que es válido ofrecer por dinero y lo que no.

 

Me parece entender que ser un profesor de yoga es una profesión, es un trabajo en el que uno da una herramienta física y espiritual a otra persona. No veo mal cobrar por esto.

Por otro lado, alguien que ofrece darnos “iluminación” (o samadhi, en sánscrito) tiene que estar, por definición, ya iluminado. Sólo las personas santas, ya iluminadas, pueden enseñar el estado más elevado. No es algo que se aprenda leyendo.

Me resulta difícil creer que alguien que está iluminado, en contacto directo y constante con la Divinidad, necesite dinero a cambio de enseñar el camino.

 

Al mismo tiempo, me parece justo que las personas que reciben enseñanza espiritual gratuita, puedan por ejemplo hacer donaciones a su maestro, si así lo desean. En este caso, no creo que poner dinero de por medio sea un problema, si uno lo hace por propia voluntad.

 

Un cartel que ofrece, entre otras cosas, samadhi e iluminación!

Un cartel que ofrece, entre otras cosas, samadhi e iluminación!

 

Shanti

 

Volviendo al aspecto más “pop” de la espiritualidad, hay un detalle que al principio me chocaba mucho, aunque ahora sólo me hace reír.

La palabra sánscrita Shanti, significa “paz interior” o también si se quiere “paz”, a secas. Es una palabra muy usada en mantras y oraciones tradicionales de la India, pues refiere a un estado mental e interior que es muy anhelado.

Es normal que muchas prácticas y oraciones finalicen con la palabra Shanti, como el símbolo de lo que se desea, tanto para uno mismo como para la humanidad.

 

Ahora bien, entre la multitud de personas con las que uno se cruza en Rishikesh puede haber de todo: viajeros natos, hippies año 2000, estudiantes de yoga, señoras “new age”, y hasta personas como yo, que no sabemos muy bien que somos aunque nos gustaría creer que somos buscadores espirituales sinceros. De hecho, imagino que la mayoría de los que estamos ahí creemos eso de nosotros mismos.

 

A sabiendas de que no se debe ni puede juzgar, y mucho menos cuando se trata de sopesar el nivel espiritual de alguien, yo me he creado un parámetro personal (totalmente subjetivo, sesgado y seguramente poco fiable) para “prejuzgar” a una persona.

 

Cuando alguien dice, por ejemplo, ‘He ido a orilla del río, allí todo es muy Shanti…’, yo automáticamente le pongo una cruz en la casilla de “espiritualidad artificial” o algo así. Cuando alguien le dice al conductor indio que, como se lo dicta la sangre, va tocando bocina a loco, ‘Por favor, con más Shanti…’, yo no puedo evitar ponerle una cruz en la misma casilla de antes.

 

Ya sé que es una tontería, no hay que tomárselo en serio, pero es un detalle que me surgió durante mi estadía en Rishikesh y no podía evitar comentar.

 

shanti

 

Océano 

 

De todos modos, no todas son críticas para Rishikesh. A pesar de su popularidad, la ciudad sigue siendo un sitio tranquilo, y la presencia del río la hace agradable. Además, las caminatas de una orilla a otra de la ciudad, cruzando su puente peatonal colgante, sumado a que las montañas están tan cerca, son una muy linda vista.

 

Swami Premananda siempre dice que la espiritualidad es un océano. Swami usa esta expresión, que tanto le gusta (y me gusta), para explicar diferentes aspectos. Uno de ellos, hace referencia al hecho de que la enseñanza espiritual es muy amplia, es tan grande como un océano, imposible de abarcar. En este sentido, Swami quiere decir que es mejor concentrarse en un aspecto de la espiritualidad, en una enseñanza, en un método, y seguirlo, ya que si uno intenta conocer todo no terminaría nunca y, por ende, nunca se pondría manos a la obra.

 

En un punto, Rishikesh es una muestra de bolsillo de ese océano espiritual, donde las ofertas (válidas y no) están todas en el escaparate y en algunos casos pueden ser, para mi gusto, una excesiva distracción para lo que uno busca realmente.

 

oceano

 

En mi caso particular, estaba aquí por dos motivos muy definidos, por dos elementos sagrados que me habían hecho cruzar toda la India de sur a norte: los Himalayas y el Ganges.

 

Fue así como dejé Rishikesh, la entrada a los Himalayas, para ir contra la corriente del Ganges, hacia su fuente.

Porque por esta vez, en mi caso, la espiritualidad no era un océano, era más bien, un río.

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  1. Hola Naren,

    Congratulations on your beautiful blog! Allthoug my knowledge of Spanish is very limited, I can understand the overal meaning and I like the pictures a lot!!

    Jai Prema Shanti!
    Sarada Devi

    Responder
  2. Amor mio, cada vez me gustan más como están escritas las entregas de cada viernes.

    Tu lectora incondicional Kanagavalli

    Responder

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