Canal RSS

La puerta a Dios

Publicado en

En la crónica anterior relaté todas las vicisitudes pasadas para poner en regla mis papeles y poder así salir de la India en paz. Tan rápido como pude, y ya más aliviado, me subí a un autobús con dirección norte.

Como en todas las grandes ciudades, la salida de Delhi no es veloz. Es decir, más allá del tráfico, hay una serie interminable de barrios y pueblos periféricos que se confunden y mezclan dando la sensación de que Delhi es eterna y omnipresente; una sensación quizás acrecentada por mi por entonces desesperada necesidad de escapar de esa urbe.

 

Vacío

 

A diferencia del sur de la India, donde yo estoy acostumbrado a ver mayores extensiones de tierra sin urbanizar, en el norte siempre hay movimiento, construcciones y tráfico. ¡Ojo! Que en el sur haya más espacios “vacíos” no quiere decir que no haya personas. En la India siempre hay personas, más allá del contexto. (Sobre esto hay una mínima referencia en el último post de www.mudanzasyversos.blogspot.com)

 

Puede uno ir en tren, en coche o en autobús. Puede uno estar pasando por el norte o el sur, por la costa marítima o la meseta central, los húmedos campos de arroz o las áridas extensiones de bajos arbustos, que siempre verá alguna persona. Ya sea cultivando la tierra, conduciendo una raquítica bicicleta, recogiendo leña o bosta de vaca, o también, haciendo sus necesidades junto a las vías del tren.

Sobre este último punto, las vías del tren vienen a representar para los indios lo que para mí (y creo para muchos otros hombres) sería la lectura; o sea, un entretenimiento imprescindible para pasar el tiempo mientras se defeca.

 

Pero volviendo al trayecto aquel, la duración fue de unas seis horas para recorrer 250 Km. Lo cual no está tan mal, pues son unos 40 Km. por hora. Justamente esta semana comentábamos con Julieta, que está de viaje por Tailandia, que este promedio de 40Km. /h es muy normal en ciertos países.

Ella se quejaba de la lentitud, con lo cual estoy de acuerdo, pero yo quería hacer hincapié en el hecho de que ella no tuvo una particular mala suerte, sino que es una velocidad común (al menos en la India) para medios de transporte, sobre todo si son básicos y en trayectos no totalmente modernizados.

 

Anandamoyi Ma

 

En todo caso, a medida que el autobús se alejaba de la capital y se acercaba a las montañas, las urbanizaciones disminuían gradualmente aunque nunca de manera definitiva.

Así fue como llegué por la noche al pequeño pueblo de Kankhal, donde me esperaba Svati, una compañera de viaje inglesa con quien nos conocíamos gracias a Swami Premananda.

 

De todos modos, la elección de este pueblo no era caprichosa. En realidad nos había llevado una sola razón: conocer el samadhi (tumba-altar) de la famosa santa Sri Anandamoyi Ma, también llamada sólo Ma (madre) por su seguidores.

Anandamoyi Ma (1896 – 1982) nació en el estado que, en la época de la India británica, era llamado Bengala oriental, y que hoy en día es Bangladesh.

Una santa muy reconocida en la India, considerada una viva manifestación de la Divinidad en su forma femenina (Devi), se hizo mucho más reconocida en el mundo por un capítulo sobre su persona que aparece en el famoso libro espiritual “Autobiografía de un yogui”, de Paramahansa Yogananda.

 

A pesar de que todas las crónicas la retratan como la viva expresión de la dicha divina, no fue de manera inmediata que los demás la trataron como tal. Considerada una niña y una joven ejemplar fue casada a los trece años con un empleado ferroviario con quien se fue a vivir recién a los diecisiete años.

Dicho casamiento fue una unión basada en el celibato pues cuando finalmente el ansioso esposo quiso conocer bíblicamente a su esposa, esto no fue posible.

Explicado en palabras de Anandamoyi Ma:

“Cuando mi marido, borracho de pasión, vino a mí murmurando palabras seductoras, tocando levemente mi cuerpo, él recibió una violenta descarga, como golpeado por un relámpago. Mi marido se arrodilló delante de mí, con manos juntas, y me pidió perdón. ‘Madre’, me dijo, ‘debido a que he profanado tu templo físico al tocarlo con pensamientos de lujuria, sin saber que dentro habita no mi mujer sino la Madre Divina, yo tomó este solemne voto: Seré tu discípulo, un seguidor célibe, cuidaré siempre de ti en silencio como un sirviente, nunca hablaré con nadie mientras yo esté vivo. Ojalá así pueda reparar el pecado que he cometido hoy contra ti, mi gurú’.

 

Anandamoyi Ma joven

Anandamoyi Ma joven

 

La misma

 

De esta forma, no sólo su esposo se convirtió en un ferviente discípulo, sino que los seguidores y devotos de la santa comenzaron a crecer de prisa. Ma entraba en estado de trance divino con tanta frecuencia que podía pasar días sin probar bocado, sin moverse, apenas respirando. Para mantener vivo su cuerpo físico, los devotos debían alimentarla con sus propias manos, ya que si hubiera sido por ella no hubiera necesitado de nada más que de la energía cósmica.

 

Anandamoyi Ma no se quedaba en el mismo lugar más de dos semanas y recorrió toda la India dando bendiciones, enseñando espiritualidad e impulsando reformas sociales.

De entre los veinticinco ashrams que llevan su nombre, uno de ellos está en Kankhal. Y no uno cualquiera, sino que es el lugar donde se encuentra el samadhi de la santa. Un samadhi no es meramente la tumba del santo, sino una especie de altar, un lugar de adoración.

El samadhi de Anandamoyi Ma es una construcción mediana, hecha de mármol. Una habitación circular, en cuyo centro está el tabernáculo (o sanctum sanctorum) que es motivo de dos rituales diarios, uno al amanecer, otro al atardecer.

 

En el libro “Autobiografía de un yogui”, Paramahansa Yogananda cuenta su encuentro con la santa y como le pidió que le contara algo de su vida.

“Padre, hay poco que decir”, le respondió Ma.

Pero ante la insistencia de Yogananda ella dijo: “Mi conciencia nunca se ha asociado a sí misma con este cuerpo temporal. Antes de venir a esta tierra, ‘yo era la misma’. Cuando una niña pequeña, ‘yo era la misma’. Me hice mujer, pero todavía ‘yo era la misma’. Cuando la familia en que nací hizo arreglos para casar este cuerpo, ‘yo era la misma’…Incluso cuando acepté el voto de silencio de mi esposo, ‘yo era la misma’. Y ahora, Padre, en frente de ti, ‘yo soy la misma’. Incluso luego, aunque la danza de la creación cambie a mi alrededor en el salón de la eternidad, ‘yo seré la misma’.

 

Una hermosa forma de explicar que la unidad fundamental, la que está en contacto y es parte de la Divinidad, se mantiene siempre estable.

 

Anandamoyi Ma mayor

Anandamoyi Ma mayor

 

Haridwar

 

Tres kilómetros más al norte de Kankhal, se encuentra la sagrada ciudad de Haridwar. Después de recorrer cientos de kilómetros desde su nacimiento en las montañas, el río Ganges entra por primera vez a la planicie india en la ciudad de Haridwar. De hecho, su nombre significa ‘Puerta hacia Dios’, pues es donde la diosa Ganga desciende finalmente a los pies de la montaña. O en todo caso, donde uno empieza el ascenso hacia la fuente.

Considerada una de las cuatro moradas sagradas del Hinduismo, Haridwar es populosamente visitada por peregrinos de todo el subcontinente, para bañarse en las purificadoras aguas del río.

 

A pesar de ello, nuestra idea era pasar de largo para seguir más hacia el norte. Sin embargo, tuvimos una breve e inesperada parada en la ciudad.

Svati se encontró con unos viejos conocidos que, de camino al norte, iban a visitar una santa en la ciudad. Una santa que para mí era desconocida.

De hecho, su pequeña residencia era una especie de amplio departamento dentro de un viejo edificio ubicado en una pequeña calle de la ciudad. Es decir, no era un conocido o publicitado ashram, y para mí hubiera pasado desapercibido totalmente. Es más, aún ahora que la conozco me sigue resultando difícil encontrar información sobre ella (http://www.swargarohan.org/Maa.htm).

 

Sarveshwari Maa

 

Sarveshwari Maa nació en 1943 en el estado de Gujarat, al noroeste de la India y fue temprana discípula del santo Shri Yogeshwarji. Cuando él dejó su cuerpo en 1984, Sarveshwari Maa se hizo cargo de la misión espiritual de su maestro.

 

Después de esperar una hora en una habitación de meditación, llena de fotografías de su gurú, nos hicieron pasar a la habitación de darshan; es decir, la habitación en que se puede ver a la santa y recibir su bendición.

Se trata de una mujer muy menuda, toda vestida de blanco, con una amplia sonrisa y una intensa vivacidad en sus grandes ojos. Éramos pocos los presentes, unos veinte, de hecho aparte de nosotros, el resto de las personas eran todos hindúes, que la visitan regularmente.

 

Sarveshwari Maa se sienta en un sofá y a su espalda se abre un balcón, que da directamente a las sagradas aguas del río Ganges, en su constante transitar de la ciudad.

El hecho que distingue a esta santa, más allá de ser una santa, que no es poco, es que está en mounam (silencio) desde hace más de 13 años.

El mounam es una práctica espiritual que muchos maestros y aspirantes espirituales siguen, por un lado porque, según palabras de Swami Premananda, “en los momentos de silencio se puede entrar muy profundo en el interior”, y además por la afirmación de que “el hablar excesivamente e innecesariamente reduce nuestra energía y nuestro tiempo de vida”.

 

Haridwar y el Ganges

Haridwar y el Ganges

 

Silencio

 

Sarveshwari Maa está en silencio por propia decisión desde hace todos estos años, sin embargo se comunica a través de breves mensajes que escribe en lengua hindi (idioma oficial de la India, pero en la práctica solamente usado en el norte de la India) en una pizarrita. Es una de esas pizarras modernas, en que se escribe a presión con un marcador especial y luego al levantar la única hoja hecha de una especie de plástico, lo escrito se borra automáticamente (también llamadas pizarras mágicas).

 

De todos modos, la pizarra no es la noticia. Lo maravilloso es como sin hablar (y sin escribir también), con apenas unos pocos gestos, Maa se hace entender muy claramente. Los dos únicos sonidos que hace son, una risita sorda apenas perceptible y un chasquido con la lengua que generalmente usa para llamar la atención o negar algo.

El darshan duró algo así como dos horas y la atmósfera era muy linda. Porque a fin de cuentas, más allá del silencio y los gestos, lo que Sarveshwari Maa emana es una energía especial, que sólo se puede adjetivar como divina,  que da gusto y calma al estar en su presencia.

 

En ese entonces no lo sabía, pero ahora leyendo su biografía me entero de que en 1984, fecha en que su gurú dejó el cuerpo físico, Sarveshwari Maa dejó de comer. ¡Es decir, que durante los últimos veinticuatro años no ha probado comida! ¡Con razón estaba tan flaquita!

Bromas aparte, no es la primera historia de un santo que no necesita alimentarse. La explicación es simplemente que al estar esas almas en contacto directo con su esencia divina no necesitan otra cosa que, justamente, la energía divina para seguir vivas.

 

Coincidencias

 

La India está llena de personas santas. Yo en sólo dos días conocí dos madres santas, una en presencia física directa, la otra no.

Las dos santas tienen historias increíbles de silencio espiritual y las dos santas no necesitan de la comida para vivir.

La India está llena de personas santas. Pero se ve que acercándose a las montañas, a orillas del Ganges, son todavía más fáciles de encontrar.

 

Con razón, esta ciudad es conocida como ‘la puerta hacia Dios’.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: