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La ciudad de Trichy

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La ciudad de Tiruchirappalli (también conocida como Tiruchi, y popularmente llamada Trichy) tiene aproximadamente un millón de habitantes (lo que significa muy poco en un país con mil millones de habitantes), es la cuarta ciudad más grande del estado de Tamil Nadu (otro detalle poco trascendente) y tiene escasos estímulos que ofrecer en el aspecto turístico.

 

La única razón por la que yo estoy familiarizado con esta ciudad es que se encuentra a 20 Km. del Sri Premananda Ashram; convirtiéndose de esta forma en el principal y más cercano punto “civilizado” al que uno se puede acercar para satisfacer, tanto necesidades básicas, como superfluas.

 

El paraje donde se encuentra el Ashram, llamado Fatimanagar,  es apenas un caserío, y por ende es necesario trasladarse hasta Trichy para casi todos los aspectos que involucren tecnología (acceso a Internet; revelado de fotos..), transporte (estación de tren; aeropuerto) o compras medianas (ropa; artículos de higiene…).

Desde el Ashram, la únicas dos formas de llegar a Trichy son en taxi o en autobús, el cual emplea unos 40 minutos en recorrer los 20 Km. de distancia.

 

Rock Fort

 

Si, por curiosidad, uno agarra una guía de Lonely Planet sobre la India y busca Trichy, las páginas que se le dedican no son demasiadas; más bien pocas diría yo. De hecho, se ven muy pocos turistas en Trichy. Es decir, aparte de los occidentales, que como yo, van al Ashram de Swami Premananda, y por lo tanto frecuentan la ciudad, no es normal ver muchos occidentales. Al punto de que cuando uno ve un turista le parece raro, como si ese otro fuera un extraño, olvidando por un momento la propia extranjería.

Siempre me sorprende la facilidad con que los indios descubren que yo soy occidental, incluso teniendo rasgos que son pseudo-árabes y aunque me vista “a lo indio”. Pues bien, debe ser esa la misma facilidad con que yo distingo un occidental en cualquier calle de Trichy. Hay cosas que no se pueden esconder.

 

La cuestión es que cuando uno ve un turista de verdad se pregunta “¿¡Qué hace en Trichy!?”. Quizás la respuesta la tiene mi amigo Ezequiel, que cuando hizo su iniciático viaje por la India incluyo en su ajetreado itinerario a Trichy. Sin tiempo para hacerle una entrevista vía e-mail confío en que Ezequiel lo explique a través de un comentario público.

Mientras tanto, pongo sobre el tapete la hipótesis que me parece más plausible: el Rock Fort.

 

trichyrockfortcables

 

Considerado el símbolo de la ciudad, el Rock Fort comprende dos templos construidos en y sobre una enorme roca de 80 metros de altura. El templo Thayumanaswamy dedicado a Shiva, se encuentra a mitad de camino, tallado en las entrañas de la roca. Pero sobre todo, en la cima se encuentra un pequeño templo de Ganesha, objetivo final de cualquier visita al Rock Fort.

Dando más detalles, el ingreso al recinto está en pleno centro, pasando primero a través de una serie de puestos que venden artesanías y souvenirs, pero sobre todo ofrendas de flores, cocos y velas para una piadosa visita al templo.

 

Como en todo templo de la India, lo primero que hay que sacarse es el calzado, para dejarlo en el umbral. Allí es donde empieza una larga escalera que nos llevará, con la ayuda de nuestras piernas, hacia la anhelada cima (344 escalones después, que no he contado).

Voy a ser honesto, no quiero levantar falsas expectativas: el templo de Ganesha que nos espera es, para mí gusto, feo. Se trata de una construcción rectangular básica en colores rojo y blanco, con una pequeña cúpula dorada, al lado de una especie de antena de radio. Parece más una estación satelital, o un mirador, que un templo. Y esa es justamente la gracia de llegar a la cima, el cumplir el acto religioso (girar tres veces en sentido horario alrededor del altar principal del templo, dar la ofrenda), pero sobre todo admirar la vista de toda la ciudad, que de tan chata es abarcable desde allá arriba.

 

Al ser la subida muy empinada en el tramo final, hay barandas para ayudar la escalada. Además, antes del último esfuerzo, hay una pequeña curva de la que me había quedado grabada en la cabeza una foto, que se había sacado Ezequiel en aquella visita fuera del libreto. Un poco en broma, pero más como homenaje, no me pude resistir a sacar una foto en el mismo lugar, imitando a mi precursor.

 

trichyganeshtemple

 

Dogmas

 

A mitad de camino, ya sea subiendo o bajando, se puede apreciar el templo de Shiva. En su interior hay un altar con un gran Shivalingam (un símbolo del Absoluto del que hablaré en un par de crónicas) de más de 2 metros.

Es bueno saber que en muchos templos de la India no está permitido el ingreso a no-hindúes (de la misma forma que no se lo permite en muchos lugares santos del Islamismo). A diferencia del Cristianismo, por ejemplo, que tiene una tendencia inclusiva, en el sentido de difundir su mensaje y convertir fieles, el Hinduismo ortodoxo tiene un dogma que dice que “hindú se nace”. Es decir, no existe la posibilidad de convertirse, al menos de manera oficial, en un hindú con todas las letras. 

 

Por un lado, este dogma tiene su asidero en las visión exclusivista de los grupos más ortodoxos (los mismos que fomentan el sistema de castas); pero por otro lado, esta idea se basa en la creencia de que cada religión (y cada persona) está recorriendo un camino, que puede ser diverso, pero que conduce a la misma meta. Es decir, cada uno es lo que le toca ser, por las ya vistas razones de karma acumulado, y esa es la función que debe cumplir.

A este respecto, recuerdo haber escuchado al disertador de una conferencia llamar esta creencia como “dogma”, pues supone que todo el mundo es hindú, aunque no lo sepa.

Tratándose de otro viernes más sin personal interés en entrar en la discusión teológica, me focalizo en entrar al templo de Shiva.

 

Ya he dicho que distinguirme como no-hindú es más que fácil, así que si logro entrar al templo es porque las reglas de este lugar son flexibles (a pesar del cartel que reza “Sólo hindúes”). Hago mi ofrenda, presenció el ritual (abishekam) al shivalingam gigante y después de girar otras tres veces alrededor del altar, desciendo las escaleras, recojo mis sandalias, paso entre las manos estiradas de los mendigos y me meto, intentando evitar el choque entre sagrado y profano, en la calle más concurrida de la ciudad.

 

trichyrockfortshiva

 

Callejeando

 

El nombre de esta zona es, en inglés, Main Guard Gate (Entrada de la Guardia Principal), debido a que todavía permanece en pie una gran puerta de la muralla (que data de las guerras carnáticas) que rodeaba lo que fue la parte antigua de la ciudad.

Ahora, Main Guard Gate es una ocupada zona comercial, donde además de comprar diversos artículos se puede, por ejemplo, cambiar dinero en el “mercado negro” de la calle.

 

Alejándose un poco uno nunca deja de estar en zona comercial, al punto de llegar hasta Gandhi Market, el mercado de frutas, verduras, y sobre todo flores. Allí, uno puede pedir una guirnalda hecha en el momento, con las flores, el tamaño, y los colores que uno escoja. El estilo, en cambio, es siempre típico del vendedor, que se las ingenia para unir cada flor con algo así como tallos de totora, con una destreza que impide entender el método.

 

De mis visitas a Trichy son pocas las veces que voy hasta la zona central; más bien me quedo en una zona más periférica donde está la estación central de autobuses (Central Bus Stand) y donde hay suficientes locales comerciales para satisfacer unas necesidades normales.

Allí mismo están mis dos restaurantes favoritos: Krishna Bhavan y Sri Sangheeta, totalmente vegetarianos. Allí también está el nuevo “shopping center” de dos pisos llamado Femina, donde se pueden encontrar incluso algunas comidas occidentales.

 

Una vez cumplidos los trámites, más o menos importantes, es hora de tomar el autobús de regreso. El Bus Stand está organizado sin carteles o números de autobuses; la gente simplemente se para en la acera y la calle esperando que llegue su respectivo autobús. Pero dentro del aparente caos, cada uno sabe por cual zona de la calle se detiene cada vehículo, y por ende yo sé que debo colocarme al inicio de la calle si quiero subirme al V1 con rumbo a Fatimanagar.

El pequeño problema es cuando tengo que dirigirme en otro sentido y no tengo ni idea de qué colectivo tomar. Es ahí cuando basta preguntar a los guardas (o pica-boletos) de cada autobús. Vestidos inconfundiblemente con chaqueta marrón y silbato, estas personas son las adecuadas para preguntar un rumbo. Si el rumbo que uno pregunta no es de su incumbencia, ellos simplemente harán un gesto con la mano, como de desdén, significando que ni nos molestemos en acercarnos.

Si, en cambio, el rumbo propuesto es parte del recorrido, el guarda nos hará un ambiguo gesto con la cabeza, que consiste en menearla dulcemente de lado a lado, lo cual significa “Sí”, y por ende podemos subir.

 

Ya lo he dicho, aparte del Rock Fort, no hay mucho para ver en Trichy. Sin embargo, después de pasar muchos días por allí uno le agarra algo de cariño a la ciudad, y pequeñas anécdotas banales alcanzan para convertir una visita cotidiana en un día interesante.

 

Como por ejemplo un día en que yo buscaba mi autobús y un indio en motocicleta (con cabellos peinados hacia atrás como el Puma Rodríguez, bigotes infaltables y gafas de sol) se me acerco y me dijo, en inglés “¿Habla francés?” Yo, que hice mi cursito de francés y puedo llegar a entablar una conversación básica, dije por supuesto que “No”, pues nunca se sabe que me podía pedir el indio después. Según sus propias palabras, el motociclista era además profesor de francés y otros cargos, y luego de invitarme (siempre en inglés) a visitarlo a su casa, a su agencia de viajes y a su ciudad, se despidió muy amablemente dándome la típica tarjeta personal que cada indio ha de tener.

 

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“Es lo que imaginaba”, pensé en mi interior, “él sólo quería socializar”. Y entonces, arrancando su motocicleta de gran cilindrada y con los cabellos al viento, mientras se alejaba, me gritó “¡Bon Vogaye!”.

 

Maliciosamente, pensé que quizás esas eran las únicas palabras que el hombre sabía en francés, y no dejaba de deleitarme el gran circunloquio que se había inventado para llevar a cabo su objetivo.

 

No sabré nunca si mis prejuicios eran ciertos, apenas tuve tiempo de sopesarlos, pues ya tuve que empezar la carrera hacia mi puesto, con el logo verde y amarillo del V1 girando raudo por la esquina.

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  1. Primero, gracias por lo de precursor. Sabés que es mutuo. Vos y tu flia son precursores en muchas cosas que hasta el día de hoy yo mantengo.
    Al respecto de Trichy y cumpliendo con el mandato tácito que me delegaste en el blog, solo puedo contar mi experiencia que puso a la ciudad solo de manera ocasional, meramente causal pero para siempre en mi memoria.
    Coincido en que el karma lleva a cada uno a cada lugar, a cada persona y a cada cosa. En mi caso, quizás el buen karma me llevo a detenerme en la ciudad; a tomarme, sin saberlo, un bus en dirección al Rock Fort; a bajarme, también sin saberlo, en el comienzo a esa calle comercial; en dejar las zapatillas, comprar el kit de ofrendas, subir en patas los escalones; a llegar arriba del templo viendo el amanecer sobre los campos de Tamil Nadu; a recibir la bendición del sacerdote de Ganesha con ceniza en mi entrecejo; a bajar al Templo de Shiva y que, pese a que es solo para hindúes, un buen hombre que me había visto emocionado con la experiencia en el templo de Ganesha me permita pasar al Templo y ver ese color negro fuerte pintado en las paredes y compartir esa experiencia con él.
    Lo único que me pregunto ese señor fue que religión profesaba. Yo le respondí, judía, y no dijo nada, solo quería saberlo. Creo que ese señor me dejo pasar porque pienso que opina como yo que, mas allá de las religiones, castas y dogmas; lo importante es la energía del ser humano, y la más importante es el amor, que uno puede expresar de diferente manera, pasión y lugar, hasta en un templo de Ganesha en el Sur de la India……

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  2. Naren Herrero

    Fe de erratas: Donde decía 6 mil millones de habitantes quería decir “sólo” mil millones de habitantes; ya que como bien me puntualizó Alex, 6 mil millones es el total de la población del planeta y no de la India. Se me escapó un 6…
    Gracias Alex.

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  3. Me parece muy interesante tu blog de crónicas.
    Y espirituales!.

    Que bello tener esa posibilidad de viajar físicamente a esos lugares y roderarse de esas influencias culturales tan beneficiosas.

    Seré un seguidor de tu blog…

    algún día sueño con visitar la india también, pues profeso la filosofía budista y el Buddha nació justamente ahí!.

    Maravilloso país, misterio de culturas.

    un abrazo!

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  4. Amor, al fin pude leer tu última entrega ( Mahashivaratri 2008) y como dice Parasurama, es muy inspirador

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  5. Hola querido Naren, por primera vez leo tus escritos y me parecen muy lindos ,que bella virtud es la de saber trasmitir a travez de un escrito nunca te olvides que es un DON de DIOS,
    te quiero mucho sos una persona muy valiosa.
    Gauri

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