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The Beatles y la India

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Lejanos son los tiempos en que llenaba las paredes de mi habitación con pósters de bandas de rock.

Desde hace ya bastante tiempo mis habitaciones, en cualquier parte del mundo, tienen una decoración más minimalista, que consiste en un par de fotografías de Swami Premananda y/o una imagen de Ganesha u otra deidad del Hinduismo. A lo que se suma un altar semi-improvisado (sobre una mesa de noche, una repisa, una caja) con mi estatua de Ganesha, otras fotos de Swami y otros artículos que remiten a la espiritualidad.

Por supuesto, este resultado decorativo es coherente con mi interés por la filosofía de la India, con mi incapacidad como diseñador de interiores, y además, con el hecho de cambiar periódicamente de casa.

Será por ello que cuando entré en mi habitación esta semana noté algo diferente. No se trataba de un cambio grande, sino de una acumulación gradual de nuevos elementos que de tanto sumar terminaron por llamarme la atención.

Hippies

Siempre me gustaron los Beatles, sobre todo porque a mis padres (sobre todo mi papá) le gustaban mucho y en mi casa se hablaba de ellos y también se escuchaba alguna que otra canción, sobre todo John Lennon.

Cuando con mi hermano éramos adolescentes, mi papá compró en CD algunos de aquellos discos de vinilo que en los años 60’ él escuchaba y no siempre llegó a comprar. Una forma tardía de darse un gusto, que a nosotros nos influyó musicalmente porque por fin podíamos tener esos discos de los que habíamos oído hablar.

Por otra parte, en una generación (la de los 90’) y un país (Argentina) más identificada con la idiosincrasia “rollinga” o “stone” (siempre relativo a los siempre considerados – erróneamente – más rebeldes Rolling Stones) escuchar la música de los Beatles siempre me pareció un signo distintivo. Aunque coincido en que ser fanático de los Beatles no es una gran distinción en general.

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Como en otras cosas, inevitablemente, la influencia de mis padres fue importante en esta toma de posición, esta vez musical. Como todos, mis papás contaban anécdotas de sus juventud y yo me dejaba trasladar sin resistencia, siempre con los Beatles como banda sonora.

Supongo que a la mayoría de las personas nos hubiera gustado ser jóvenes en la década de los 60’ y 70’, donde hubo tantos grandes cambios que ahora nos parecen vitales en la forma de vivir este mundo. Cambios políticos (Mayo del 68’; movimientos pacifistas contra la guerra de Vietnam); cambios sociales (el movimiento hippie; la caída de tabúes sexuales); cambios culturales (la masificación del arte; la música como negocio); cambios musicales (la consolidación del género rock’n roll; aparición de nuevos géneros como el rock sinfónico y el heavy metal). Sólo para nombrar unos ejemplos al pasar.

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Es verdad que personalmente tengo una tendencia a la nostalgia y a la melancolía, pero no quiero caer en la idea de “todo lo pasado fue mejor”.

Sólo digo que a cualquier persona que uno le hiciera la pregunta general de: “¿Si tuvieras la máquina del tiempo, a qué época de la historia irías”?; la respuesta de algún momento de los años 60/70’, estaría en el Top Ten (junto a la época de los faraones egipcios, el nacimiento de Cristo, la revolución industrial, etc).

A este atractivo, que yo creo general, por las décadas 60/70’, se suma el hecho personal de que mis papás habían viajado por Sudamérica como mochileros y habían sido, entre otras cosas, artesanos; actividades éstas, que en mi imaginario de hijo, cobraban todavía más tinte literario y mítico.

De hecho, esta mitificación del pasado de mis padres llevó a uno de mis amigos de la escuela secundaria a preguntarles con avidez: “¿Es verdad que ustedes fueron hippies?”.

Bueno, luego de sentarme en el diván de mis propios recuerdos y motivos, vuelvo a mi habitación.

Freaky

Al entrar, sobre la mesa de noche veo el libro de 800 páginas que me compré el año pasado titulado “The Beatles, The Biography”. Ya lo he terminado, pero sigue ahí. De adentro de mi mochila sacó otro libro, con subtítulo “Las letras de los Beatles y los años 60’”. Sobre mi escritorio están apilados los CD’s de los grandes éxitos como solistas de John Lennon y Paul McCartney. Más allá, el primer disco solista de George Harrison (“All things must pass”). Y además, el CD-rom con todos los discos oficiales de los Beatles y el DVD con algunas de las Antologías, el largo documental hecho sobre la vida de los fabulosos cuatro.

Todo esto ya me parece exagerado, cuando girando hacia la librería veo la edición remasterizada en DVD de Help!, la segunda película que filmaron los Beatles, en el año 1965 y más abajo, veo una “edición para coleccionistas” de entrevistas misceláneas del grupo durante sus giras.

En inglés se usa la palabra “freak” para describir a alguien que es diferente y también que es un fanático de algo. En España, se utiliza “freaky” (pronunciase “friki”) para resaltar el  excesivo fanatismo de alguien por algún objeto que está fuera de la norma. Con esto quiero decir que hay “frikis” de la Guerra de las Galaxias; del Señor de los Anillos; del Face-book, etc. pero no hay (en principio) “frikis” de la música; de las vacaciones en el mar; de la cerveza, etc.

Justamente hace días tuve una discusión amistosa sobre la posibilidad de considerar el fútbol dentro de los “frikismos”, y yo irrefutablemente demostré que No es “friki” (y lo dice alguien que se acaba de comprar la “Historia del Fútbol” en 7 DVD’s).

Pero volviendo a los Beatles y mi incipiente “frikismo”, lo que me interesa resaltar es la relación de los cuatro de Liverpool y la India.

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Rishikesh

Durante las grabaciones de la película Help!, alguien le acercó a George Harrison un libro sobre la filosofía de la India. Paradójicamente, la película Help!, trata de una secta india que adora una diosa para la que hay que sacrificar a cualquier persona que lleve el anillo sagrado, que por razones de guión viene a parar a la mano de Ringo Starr, el baterista de los Beatles.

A partir, de esta ambigua introducción en la filosofía de la India, George Harrison, guitarrista de la banda, se comenzó a interesar cada vez más y aprendió a tocar el sitar (o cítara), típico instrumento indio que tiene entre 18 y 26 cuerdas y un sonido característico. De hecho, George introdujo este instrumento por primera vez en una álbum de los Beatles, y también en la historia de la música pop/rock, en la canción “Norwegian Wood”, en 1965.

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A partir de entonces, los Beatles siguieron flirteando musicalmente con sonidos orientales, pero el momento en que se focalizaron más seriamente, al menos de manera temporal, con la filosofía espiritual de la India fue cuando conocieron a Maharishi Mahesh Yogi en 1967.

Maharishi nació en 1917 y después de pasar varios años sirviendo a su maestro (Swami Brahmananda Saraswati) y en retiro en los Himalayas, empezó a impartir sus enseñanzas con el nombre de “Meditación Trascendental”.

Justamente, fue una conferencia sobre Meditación Trascendental a la que asistieron los Beatles en 1967, en Gales. Fue así, que en 1968 los cuatro Beatles junto a sus respectivas esposas/novias y algunos amigos, viajaron a Rishikesh, en el norte de la India, para asistir a un curso de Meditación Trascendental en el ashram de Maharishi, a orillas del río Ganges.

Por ser los Beatles quienes eran, su presencia en el ashram alteró en cierto modo la quietud general. Siempre con sus guitarras a mano y poco habituados a seguir una disciplina estricta, al inicio del curso hubo temores, sobre todo de otros asistentes al curso, de que los días se volvieran muy caóticos.

Al parecer no fue así, y el Maharishi supo congeniar las fuertes personalidades de los famosos con las enseñanzas y austeridades del ashram.

De esta forma, alejados de la influencia de las drogas, sobre todo LSD, los Beatles recuperaron una lucidez que habían perdido en los últimos tiempos, y además de meditar se dedicaron a componer una ingente cantidad de canciones, que más tarde se materializarían en el conocido “Álbum Blanco”.

Por otra parte, un fotógrafo, Paul Saltzman, coincidió por una semana con los Beatles en Rishikesh y publicó un libro llamado “Los Beatles en la India”, que cuenta en primera persona la experiencia. El libro sólo se vende en edición deluxe y cuesta una fortuna; aún no soy tan “friki” para comprarlo.

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De todos modos, las austeridades de la práctica espiritual no son para todos. Ringo Starr y su esposa fueron los primeros en marcharse, pues la dieta vegetariana les era imposible de mantener. Un poco más tarde, el que se marchó fue Paul McCartney, ya que dado su carácter tan activo no podía dejar de pensar en nuevos proyectos y la idea de quedarse quieto en un mismo lugar no lo convencía.

De los otros dos Beatles que quedaron, George Harrison era el que más involucrado estaba en cuanto a la meditación y la práctica.

A todo esto, la llegada de un conocido y socio de los Beatles, llamado Alex Mardas, dio un giro inesperado a los eventos. Se dice que este personaje, en su afán de no perder influencia en el grupo, inventó una historia en que el Maharishi había intentado abusar sexualmente de una de las asistentes al curso.

Entonces, Harrison y Lennon empezaron a dudar y decidieron marcharse al día siguiente, ante la perplejidad del santo.

De este supuesto engaño nació la canción “Sexy sadie”, escrita por Lennon al abandonar el ashram.

Agua bajo el puente

De esta forma, el acercamiento de los Beatles, como entidad grupal, a las enseñanzas espirituales de la India, tuvo un final. Sin embargo, con el pasar de los años todos los Beatles declararon su convicción de que todo había sido un inventó y George Harrison pedió perdón a Maharishi.

Maharishi dejó su cuerpo en febrero de 2008 y las palabras de los restantes Beatles siguieron siendo de elogio.

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De todos los Beatles, fue Harrison el que se involucró definitivamente con las enseñanzas de la India, siguiendo a Swami Prabhupada, el fundador de la Sociedad Internacional de la Conciencia Krishna.

Hasta su muerte, en 2001, Harrison siguió este camino y de hecho la influencia se puede notar en toda su música, especialmente en la canción “My Sweet Lord”, en que aparece el famoso mantra “Hari Krishna Hare Rama”.

Personalmente, el Beatle que más me gusta es George. Sin duda que esta afinidad se debe a su interés por la filosofía de la India. Pero bueno, si resulta que soy un “friki” de los Beatles, que al menos sea por razones espirituales.

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Así, con buenas razones, también podré justificar la foto trucada que tengo colgada en la repisa, con mi cara reemplazando la de George, en una icónica imagen de los fabuloso cuatro.

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