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El cumpleaños de Swami

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Swami Premananda nació un 17 de noviembre de 1951 en Matale, Sri Lanka. Fue el tercer hijo de siete hermanos, en una sencilla familia de comerciantes.  El nombre con el que fue inscripto en el registro civil de su pueblo fue Prem Kumar.

 

Según se cuenta, ya de niño mostraba indicios especiales de estar destinado a una vida espiritual.

Por ejemplo, solía materializar dulces y frutas para darles a sus compañeros de escuela. Estos objetos simplemente “aparecían” en sus manos cada vez que él pensaba en ellos. Sobre esto, Swami Premananda dice que cuando hacía esas materializaciones le generaban un pequeño dolor en la mano, y entonces él pensaba que sus compañeros no las hacían por vagancia, para evitarse esa molestia. Sin embargo, poco a poco fue descubriendo que las cosas que le pasaban no eran las que le pasaban a todos. 

 

Con frecuencia, el niño Prem Kumar entraba en estados en que quedaba abrumado por una conciencia superior, ajeno al mundo exterior. En más de una ocasión tuvo que ser llevado desde la escuela a su casa por los maestros y compañeros de escuela.

 

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Swami Premananda con 14 años

 

Justamente durante sus días de escolar, corrió rápidamente la voz acerca de los poderes del niño, que incluían entre otras cosas, conocer los problemas de las personas y que se volviera realidad cualquier evento que predijera.

 

A todo esto, los padres de Prem Kumar no estaban para nada contentos con la intención de su hijo de seguir una vida espiritual. Su idea era que el muchacho continuara con los negocios de la familia. De hecho, el padre no creía en los poderes del niño y cuando aparecían dulces en su mano, lo acusaba de haberlos robado de la tienda familiar y lo castigaba en consecuencia.

 

Entonces, fue la abuela del pequeño la que se dedicó a criarlo de manera espiritual, preparándolo para ser un “hombre que sirviera a Dios”, según palabras de Swami. Fue así como la abuela llevó al niño a conocer diferentes templos, a hacer peregrinajes y a conocer personas santas.

De este modo, las experiencias espirituales que Prem Kumar había tenido toda su vida comenzaron a incrementarse y así los eventos tocaron un punto de inflexión.

 

Naranja

 

Prem Kumar tenía 17 años cuando tomó la decisión consciente y definitiva de dedicar toda su vida a servir a la humanidad, ayudando a las personas con sus problemas materiales y sus aflicciones mentales. Además, como voto fundamental, él afirmó que su meta era mostrar la existencia de Dios a tantas personas como le fuera posible, para así ayudarlas a encontrar, justamente, el camino hacia Dios.

 

En la India, como regla general, el paso de la vida material a la vida monástica ha de realizarse a través de una iniciación. En el linaje monástico, un monje superior, ya iniciado, puede dar la iniciación a un monje novato.

Incluso sin tener en cuenta las cuestiones formales de pertenencia a cierto grupo o credo, un maestro o Gurú puede dar iniciación a un devoto, convirtiéndolo así en sannyasin (en sánscrito,  un renunciante), a través del mero poder de su energía.

A este propósito, no hace falta la firma de un papel, ni la presencia de un jurado. Se trata, más bien, de un compromiso asumido de manera interna por el iniciado, en que además el iniciador toma responsabilidad espiritual sobre el iniciado.

 

A este respecto, el joven Prem Kumar no pertenecía a ningún linaje de monjes, ni a ninguna organización religiosa formal. Su vida espiritual había girado siempre entorno a sus poderes especiales y a su profunda conciencia de Dios. No tenía un maestro espiritual directo ni un Gurú a quien pedir iniciación.

 

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Swami Premananda con 17 años

 

De hecho, hasta entonces, el joven solía llevar ropas simples de color blanco, como por ejemplo un dhoti, que es una tela de algodón enrollada a la cintura, típica de la India.

En cambio, los sannyasines o renunciantes llevan típicamente ropas de color naranja, generalmente una especie de túnica.

 

Teniendo en cuenta la decisión de Prem Kumar de llevar adelante una vida dedicada íntegramente a la espiritualidad, una iniciación era necesaria.

 

Fue así como, siempre con 17 años, el joven citó a todos sus seguidores en conjunción con el último día de la importante celebración de Navaratri (el festival de la Madre Divina que se explica en el post “Milagros de Navaratri”).

Entonces, según lo explica Swami, “la habitación donde yo estaba sentado en meditación se llenó de devotos que esperaban ver un milagro. Una gran vibración espiritual entró a la habitación y mis ropas blancas se convirtieron lentamente en naranjas. Sentí una energía grande y maravillosa circulando por todo mi cuerpo a través de mis venas, mi corazón y mi mente. Desde entonces fui conocido como Swami Premananda”.

 

Aquí repito lo dicho alguna vez: Swami es un título monástico de la India; Prema significa amor puro y Ananda dicha divina. Lo que se traduce como “aquel que alcanza la dicha divina a través del amor puro”.

 

Al momento de sucederse todos estos eventos, el padre de quien todavía se llamaba Prem Kumar, se negaba a su iniciación en la vida espiritual. Fue así, que mientras las ropas de Swami cambiaban de color, a su padre le apareció, de la nada y entre las manos, una túnica de color naranja, como símbolo de la conversión de su hijo.

 

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Swami Premananda en 1984

 

Es decir, que sin pertenecer a una orden monástica particular y sin tener un Gurú, Swami Premananda recibió la iniciación directamente de la energía divina.

En la India, las personas santas que tienen la iluminación interior desde su nacimiento, sin necesidad de luchar en esta vida para conseguirla, son conocidas como avatares; es decir, encarnaciones de Dios en la tierra. 

Estas personas santas no necesariamente han de tener un Gurú, ya que ellas mismas tiene toda la sabiduría necesaria para recorrer el camino espiritual solas, y además, guiar a otros.

Este es el caso de Swami Premananda.

 

Yagam

 

Mucha agua ha pasado bajo el puente desde aquel día en Sri Lanka, en la década de los 60’, en que Swami Premananda comenzó oficialmente su misión espiritual.

Cuando yo supe de Swami, en el año 2000/01 aproximadamente, él ya iba a por los cincuenta años, y cuando fui a su Ashram por vez primera, en 2003, Swami cumplía 52 años.

 

Como ya he contado anteriormente, Swami está en prisión desde el año 1994 y por ende él no estaba presente físicamente  en el Ashram para estos festejos.

 

Festejos, aquellos, que comenzaron temprano en la mañana. A las 4 a.m. se inició un ritual llamado yagam, cuyo elemento fundamental es el fuego.

Por lo general, se cava un hueco en la tierra en donde se enciende un fuego, que a lo largo del ritual es alimentado con los diversos ingredientes sagrados, que según la tradición, corresponden a tal fin. Entre ellos, mantequilla clarificada, arroz y frutas.

Los encargados de este ritual fueron unos sacerdotes brahmines, es decir la casta que se dedica a los oficios religiosos.

 

Simbólicamente, ese fuego consume los problemas o dificultades de los que asisten el ritual. Se trata, por regla general, de un ritual largo, que en aquel caso duró más de tres horas. Lo malo no es que sea largo, sino que sea a las 4 a.m., ya que se hace difícil mantener los ojos bien abiertos.

Por suerte, hubo un momento de participación del público en el que cada uno de los asistentes dimos tres vueltas alrededor del yagam, y luego depositamos, cada uno, una flor en las vasijas que estaban junto al fuego, a modo de ofrenda.

 

yagam

 

Más rituales

 

Luego de un descanso siguieron los festejos.

Lo primero que se hizo fue un ritual a los pies de Swami Premananda. En realidad, a la foto de los pies de Swami, debido a su ausencia. Este ritual es llamado Pada Puya. 

En la India es tradicional realizar la adoración de los pies de los maestros y sabios espirituales, pues representa la entrega del ego por parte del devoto, y también la confianza en la guía del Maestro. Además se dice que los pies, en una persona santa, son la parte del cuerpo que concentra más energía, pues es el carril por donde descargan su energía divina a la tierra.

Tocarle los pies a una persona santa es considerado una bendición y los hindúes, cuando se cruzan con un monje o un renunciante, no dudan en hacer ese gesto de respeto.

 

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Luego de la Pada Puya se entonaron cantos devocionales acompañados del armonio, un instrumento típico de la India que es similar a un órgano, pues tiene un teclado, aunque con un fuelle que da el aire necesario para que salga el sonido. Mientras con una mano se tocan las teclas, con la otra mano se da aire, y por consiguiente también ritmo, al fuelle.

 

 

armonio

 

Lo siguiente en la sucesión de festejos fue que cada uno de los presentes pusimos una rosa a los pies de la foto de Premananda, al tiempo que nos postrábamos ante ella.

Después de eso, se colocó sobre una mesa la torta de cumpleaños, y como también era el cumpleaños de uno de los chicos del orfanato del Ashram, él canto una canción a Swami y cortó la torta, que fue repartida entre todos.

 

Ya al atardecer se llevó a cabo otro ritual, en el que para comenzar se leían los nombres de todas aquellas personas que habían pedido que el ritual se haga en su nombre. Después de la lectura de unas centenas de nombres nos preparamos a empezar nuestra parte.

 

En práctica, para cada uno de los asistentes se había dispuesto una hoja de banano, sobre la cual había un montículo de arroz crudo y otro más pequeño de pétalos de rosa. Además, había una pequeña lámpara de arcilla para aceite y una foto de los pies de Swami Premananda.

 

Durante alrededor de una hora todos juntos recitamos un mantra (oración sagrada, generalmente corta) para Swami Premananda. Cada vez que repetíamos el mantra  poníamos algunos granos de arroz y algunos pétalos a los simbólicos pies de la foto.

La idea era pedir con el corazón por todas las personas nombradas antes del ritual y también por cada uno de los presentes y por el bienestar del mundo en general.

 

lamparaaceite

 

Particularmente este ritual me gustó mucho. Cuando muchas personas repiten interrumpidamente un mantra, se genera una vibración muy poderosa. Si, además, esta repetición está hecha con conciencia y buena vibración, el resultado es mucho mejor.

 

De este modo, un simple acto como el de poner arroz y pétalos delante de una foto cobra mucha fuerza y, en mi caso personal, me daba paz mental. Es decir, al estar repitiendo el mantra uno no tiene tiempo de que la mente se ponga a divagar sobre sus problemas o sobre planes futuros, sino que se concentra en el presente casi sin excusas.

 

Y, de hecho, ese es uno de los principales objetivos del camino espiritual: vivir en el presente.

 

El cumpleaños de Swami llegaba a su fin con muchos festejos y satisfacción, pero todavía había tiempo para más. Sólo restaba esperar un día.

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