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Taj Mahal, una obsesión

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Cuando era pequeño, en mi casa había un diccionario enciclopédico con varias láminas de colores sobre diversos temas: “Flores”; “Minerales”; “Peces”, y principalmente para mí, “Monumentos del mundo”. Era sólo una página, pero un bazar repleto de imágenes diferentes y diminutas de entre las cuales se destacaba (junto a la Catedral de Milano) un blanco edificio de mármol.

Esa imagen, sumada a la presencia constante que había en mi casa de historias de la India, convirtió al Taj Mahal en una pequeña obsesión para mí. En el año 1997, al regresar mis padres de su primera visita a la India, me trajeron un Taj Mahal en miniatura, una réplica en mármol que guardé celosamente por años hasta que tuve la chance de visitarlo en tamaño real.

Agra

Después de otra noche en tren llegué a la ciudad de Agra, en el estado de Uttar Pradesh, ahora moviéndome hacia el oeste del país.

Como ciudad, Agra no tiene grandes atractivos en general, a excepción del llamado Fuerte Rojo y, sobre todo, el mundialmente conocido Taj Mahal. De hecho, la única razón que me movía a visitar este lugar fue conocer el famoso monumento, elegido una de las siete maravillas del mundo moderno, y más oficialmente, nombrado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

Si bien, en principio, se trataba de una visita que, en medio de mi periplo espiritual, podría tildarse de turística, yo no iba a dejar pasar la oportunidad de conocer el Taj Mahal.

Estamos hablando del mausoleo que Shah Jahan, un emperador de la dinastía mogol del siglo XVII, mandó a construir para su amada, Mumtaz Mahal, luego de que ella muriera dando a luz. Esta ofrenda póstuma del emperador fue realizada enteramente en mármol blanco traído desde canteras situadas en el estadio de Rajasthan, a más de 300 km. de distancia.

Después de semejante inversión, las finanzas del reino quedaron en bancarrota, y el emperador fue destronado por su hijo, pero su homenaje de amor quedó incólume.

Patas cortas

Antes de llegar a Agra me habían comentado que para los extranjeros el precio del ingreso al predio era alto. Por otro lado, a los indios se les cobra una entrada muy barata.

De todos modos, no sólo en la India sucede esto, también en los parques y reservas de la Patagonia argentina, por ejemplo, el precio para los extranjeros es tres veces mayor que para los nacionales. Lo mismo sucede en algunas zonas de España.

Me ha sido explicado últimamente, que esta diferencia tiene que ver con el hecho de que estos sitios (reservas naturales, ruinas históricas, monumentos) son muchas veces sostenidos con la contribución fiscal pública y por ende es natural que a aquellos ciudadanos que ya están aportando para el sostenimiento, no se les cobre o se les cobre un canon mínimo.

En aquel entonces, y más allá de mi ajustado presupuesto, la diferencia de precios me irritó y atribuí toda la maniobra a la intención de sacar dinero a los turistas, que están dispuestos a gastar más.

Yo sabía que si pagaba el ingreso para turista iba a quedar ajustado de dinero, así que previsoramente me inventé un carnet falso de periodista internacional; una táctica que en el pasado me había dado buenos resultados.

Además, como yo tengo una parte de sangre “árabe” (en Argentina se diría “sirio-libanesa”), también tengo, inevitablemente, ciertos rasgos fisonómicos “árabes”. Fue así como decidí, siguiendo el “sabio” consejo de algunos amigos,  hacerme pasar por un indio.

Debo admitir que para esta metamorfosis no me esmeré en demasía, pues tendría que haberme dejado el bigote, elemento ineludible de la estética varonil india, y además tendría que haberme vestido con una camisa algo gastada y con pantalones largos color caqui. Pero bueno, un buen bigote tarda tiempo en crecer y también pensaba que a través de la taquilla, el hombre que cobraba las entradas no vería más que mi rostro.

Subestimé, es cierto, la capacidad de los indios de identificar, incluso a ciegas, a un extranjero.

Relato los hechos:

Una vez en la puerta de entrada al monumento me puse, con poca naturalidad, en la cola de los indios y esperé mi turno; ya en la cola, una señora india y turista, inquirió sobre mi procedencia de manera ominosa.

Al llegar a la taquilla dije lo más convincentemente que pude la palabra “ek”, que en hindi, el idioma oficial de la India, quiere decir “uno”, imitando así las palabras del visitante que antes de mí había solicitado su billete.

El vendedor, que no era ingenuo, me preguntó en inglés de que país era, y como yo dije “India”, comenzó a hablarme en hindi para probarme. Por supuesto, yo me quedé mirando al infinito como si pensara, repitiendo “ek” como si fuera una fórmula mágica. Previsiblemente tuve que retirarme de la fila sin mi entrada.

Sin resignarme fui a la administración a decir que era periodista y que quería entrar, pero me dijeron que el jefe venía más tarde y que si quería me sentara a esperar.

Ahorro

A diferencia de lo que me habían comentado, el precio de la entrada para turistas al monumento costaba un poco menos de lo previsto, lo cual no era poco, pero si mucho menos que el monto original. Para los indios el precio era de menos de un dólar.

Al inicio refunfuñé un rato, después pensé que no tenía sentido resistirse a los hechos y era mejor dejar fluir el dinero y disfrutar del lugar.

Lo que estaba claro es que las dos mentiras que yo tanto había planeado habían fracasado rotundamente. Yo era consciente de que mentir era incorrecto pero me pareció válido en aquella circunstancia pues el precio de la entrada era totalmente desubicado respecto al resto de los precios de la India.

Más allá de mi quijotesca lucha en contra del provecho comercial, estaba claro que mis engaños no habían servido para nada, y pude comprobar inmediatamente aquello sobre las cortas patas de la mentira.

Por otra parte, la situación fue buena y edificante para mí, pues me obligó a gastar una suma que no quería, pero que sí tenía.

Al final del viaje mis finanzas estuvieron bien, por lo que aquel gasto no fue terrible. La enseñanza que saqué fue que el ahorro no siempre es correcto y puede transformarse en una enfermedad; en mi caso, más que ahorro, era mezquindad.

Fin de obsesión

Lo mejor de todo es que el gasto valió la pena, pues el Taj Mahal es realmente hermoso. Está rodeado de idílicos jardines y la presencia de las fuentes y los estanques convierten la visita en un espectáculo de fábula. Además, el sagrado río Yamuna corre justo detrás del recinto.

Como se trata de una construcción musulmana, aparte del mausoleo blanco con la cúpula redonda, hay algunos otros pequeños edificios, y a los lados, hay dos recintos para orar, conforme a la tradición del Islam; es decir, dos muros sin imágenes, y sólo columnas.

La perfecta simetría del complejo arquitectónico lleva automáticamente a un estado de armonía y de encantamiento.

Temprano en la mañana, debido al agua de los estanques, se levanta una bruma que sumada al blanco inmaculado del mármol, hace nebulosa la vista y más difícil aún el sacar fotos nítidas. De todos modos, la bruma que obstaculiza las fotos otorga un clima maravilloso para disfrutar el lugar con los propios ojos.

En mi caso, recorrí todos los alrededores, me senté sobre el césped a gozar del jardín y sus flores, y tal era mi embelesamiento que incluso me tomé una foto con un turista japonés al que nunca antes había visto!

Evidentemente me quedé un buen rato adentro del recinto, es decir que aproveché con creces el billete que tanto esfuerzo, más mental que material, me costó pagar.

Una vez terminado el día pude comprobar que a pesar de ser un monumento, a priori, turístico, el Taj Mahal es muy espiritual; no sólo por las buenas emociones que despierta en el visitante gracias a su belleza, sino también porque se trata de un tributo al amor, y al parecer, no hay nada más ligado al espíritu o al alma que el amor verdadero.

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  1. Hola Naren.
    A pesar de estar tan lejos y disfrutando de nuestro propio viaje, sacamos un tiempito para seguir compartiendo el tuyo. Da gusto leer algo que, sencillamente, esta bien escrito. Pero a demas, nos hace viajar mentalmente a la India contigo.

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  2. SARIFE DERGAL

    hola naren como estas?
    sabes? me encantó leer todo esto que platicas acerca del taj mahal, ami me fasina y al iguyal que tu tengo una obsesion por conocerlo.
    al igual que tu, tengo sangre árabe, mi abuelo es de beirut. líbano y me enorgullese tener esta sangre.
    oye te felicito por todo esto que pudiste lograr, aun no nos conocemos pero ojalá tuvieramos oportunidad de platicar avcerca del tema.
    y por ultimo, tengo una pequelña duda, aver si me pudiera ayudar: sucede qu estoy haciendo el taj mahal en miniatura y me baso en fotos y masomenos tengo la idea de toda su simetría y ubicacion de sus edificaciones laterales y todo, pero me gustaria saber una cosa, aver si pudieras ayudarme, quisiera saber como ingresas al taj, porque al hacerlo en miniatura pues necesito hacerle escalones y todo tal cual es y por mas que busque fotos para darme una idea, pues no fue posibel conseguirla, ya tengo de todas las perspectivas solo que me falta ese detalle, ya ves que al terminar la fuente esta una escalera de acceso doble por los laterales y al subir quedas sobre una plataforma, pero de ahi aun queda la base del taj muy alta, como es que se logra subir hasta la entrada principal del mausoleo? si me pudieras ayudar te lo agradeceria mucho. GRACIAS Y FELICIDADES POR TODA ESTA EXPERIENCIA. ojalá y me halla sabido dar a enender…. jeje
    este es mi correo: sharipdergal@hotmail.com

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  3. yioanna vicencio

    me encanto lo que escribiste al igual que tu, siento que el taj mahal es un tributo al amor que bien merece ser admirado y apreciado aun que el precio sea alto ….tubiste la suerte de conocerlo ,en cuanto habemos personas que tenemos que conformarnos con ver fotografias de esta (segun mi percepcion)la mas maravillosa maravilla del mundo.

    Responder

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