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Adaptación al Ashram

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Mi primer viaje a la India fue en el año 2003, junto a mis padres.

Ahora todo me parece familiar aunque todavía recuerdo cuando llegamos por primera vez al Sri Premananda Ashram, un lunes a las 5:00am, después de más de tres días de viaje desde Argentina.

A pesar de lo temprano de nuestro arribo, a esa hora ya había vida en el ashram y es que las costumbres de un lugar así no son en nada similares a las que estamos acostumbrados.

Por regla general, en la India la vida diaria comienza más temprano que en la mayoría de los países occidentales por ejemplo. Y si hablamos de un retiro espiritual, pues entonces con más razón, ya que las sagradas escrituras del Hinduismo (los Vedas y los Puranas) prescriben el amanecer, entre las 4am y las 6am, como el mejor momento del día para hacer prácticas espirituales.

De hecho, recuerdo que llegamos mientras se realizaba el primer ritual de la jornada.

Me explico: En el Sri Premananda Ashram se realizan cuatro abishekams diarios; un abishekam es un ritual tradicional hindú que consiste en bañar una figura sagrada que funciona como símbolo de la divinidad, que puede ser la estatua de una deidad o una figura sin forma.

Este baño se hace principalmente con agua pero también con diferentes elementos considerados sagrados, tales como limón, leche, cúrcuma, ceniza sagrada, pasta de sándalo, etc.

El simbolismo de este ritual es profundo, ya que representa el proceso de cada persona en su evolución espiritual, en este caso, en la forma de un proceso de purificación. Es por ello que consiste en tres pasos:

El primero es el referido a quitar nuestras cualidades negativas, que en el abishekam se representan, por ejemplo, limpiando la deidad con limón y ceniza para darle más brillo.

El segundo paso es promover nuestras cualidades positivas, a través de por ejemplo, verter leche, símbolo de pureza, sobre la figura sagrada.

El tercer paso, colofón de los dos anteriores, consiste en dejarnos preparados, es decir purificados, para entonces ser capaces de entrar en contacto con niveles más profundos de nuestro ser o bien para estar abiertos a recibir sabiduría de un plano superior.

En el ritual esto se ejemplifica por medio, por ejemplo, de perfumar a la deidad con incienso y vestirla con ropas limpias.

Líquido elemento

Apenas llegamos, allá por el año 2003, mis padres y yo fuimos instalados en una sencilla habitación que, sin embargo, tenía todo lo necesario: tres camas, un ventilador, un baño y un patio interno donde bañarse y colgar la ropa. Estas habitaciones son hechas con techos de hoja de palmera, que reducen el calor, pero a le vez tienden a las goteras y atraen a los insectos.

Por alguna razón los pavos reales que pululan por el ashram, son amantes de caminar sobre estos techos, y debido a la fragilidad de los mismos, uno siente como si le estuvieran caminando sobre la cabeza, aunque después de un rato uno se acostumbra. Además, el hecho de tener pavos reales en la cabeza tiene un dejo de elegancia, ¿o no?

No hay dudas, el clima en la India es caluroso y húmedo, sobre todo al sur, y la escasez de agua no es algo extraño. Las redes de agua corriente para los hogares son poco comunes en las zonas rurales, sobre todo.  Por ello es muy normal ver a las mujeres de los poblados dirigirse con sus vasijas de plástico, una debajo del brazo, la otra sobre la cabeza, a buscar agua de la fuente colectiva del pueblo, que o bien puede tratarse de un tubo que trae el líquido hasta una pequeña pileta común, o bien de una bomba de mano que requiere trabajo manual constante.

Asimismo, el terreno donde se encuentra el ashram es excepcionalmente árido y seco, por lo que las dificultades son mayores. Sólo una vez al día, alrededor de las 4:30am, se dan veinte minutos de agua corriente, gracias a una red interna, con la intención de economizar los recursos hídricos. El resto de la jornada es necesario recurrir a las bombas de mano para obtener un poco de líquido elemento. Sin embargo, uno va aprendiendo ciertos trucos y lo que hago ahora es llenar de agua un gran cubo por la mañana que me sirva de reserva para el resto del día; el lado malo de esta técnica es que después de pasar todo el día al sol, tomar un baño por la noche es como bañarse con caldo.

Esta situación, la de falta de agua corriente durante el día, que a primera vista puede parecer un obstáculo infranqueable, se convierte en algo natural con el pasar de los días. Y no se trata de una involución, ni de estar mugriento, pues es necesario bañarse al menos dos veces por día debido al calor y las actividades. Se trata, más bien, de darse cuenta de que si es posible vivir con lo mínimo de agua, mucho más fácil es hacerlo sin tantos lujos y comodidades materiales.

Y aquí habría de citar el refrán: “No es más feliz el que más tiene sino el que menos necesita”.

Por otro lado, a mediodía todas las personas, tanto residentes como visitantes, comemos el mismo menú, que consiste, sin excepción, en arroz con verduras. Para mí, criado en Occidente, el hecho de comer todos los días lo mismo es un tanto impensable, pero hay que entender que en la mayoría de los países asiáticos, y no sólo en la India, el arroz es la base de la alimentación. Y aunque no se trate de arroz, la variedad de la dieta no es lo usual en aquellos países.

En cuanto al ashram, con el pasar de los años se han hecho algunas variaciones en las comidas, sobre todo en la cena, ya que al haber residentes y visitantes occidentales no habituados a esta dieta, se tratan de evitar, además del cansancio, eventuales problemas de salud.

Al contrario de lo que a uno le puede parecer cuando sabe de estos rigores, las personas que viven en un ashram, ya sea de manera permanente o transitoria, están allí por propia decisión para realizar diversas prácticas espirituales. No se trata de un castigo ni necesariamente de una forma de escapismo. Generalmente la atmósfera que se respira es de alegría y libertad, y si bien puede haber problemas, nunca se deja de percibir verdadera paz.

Sin espejos

Cada vez que regreso a la India hay un hecho que viene a mi mente cuando me topo con el reflejo de mi sombra: En aquel primer viaje, después de algunos días y sentado en la habitación, me di cuenta de que no había espejo. Es decir, que había pasado una semana sin ver mi rostro reflejado en ningún lado.

Generalmente, en la vida normal de cada día hay espejos por todas partes, empezando por la propia casa, el lavabo, los ascensores, los escaparates o en el coche; y aunque muchas veces estos espejos no sean estrictamente necesarios, uno se ve reflejado por doquier y por ende tiene plena conciencia de que es un cuerpo, es decir, plena conciencia de la propia apariencia externa.

En mi caso, al no verme reflejado por varios días había perdido una fracción de esa conciencia externa, concentrándome un poco más en mi interior, o al menos, quitando algo de foco de mi apariencia exterior.

Ese hecho me pareció muy bueno, ya que uno de los objetivos de la práctica espiritual es reducir el ego; el ego en el sentido del “pensamiento de uno mismo”, como dice Swami Premananda. Es decir, el “pequeño yo-mente con sus pensamientos de apego y egoísmo”, en contraposición a “nuestro verdadero Yo-espiritual con pensamientos dirigidos a la auto-realización”.

Es evidente que no mirarme en el espejo por una semana no va a producir cambios profundos en mi personalidad, sino que es más bien una ayuda en la intención de ir hacia adentro. Intención que puede algunas veces resultar placentera, pero otras veces sirve para mostrarme mis peores demonios internos; mucho peores, por cierto, que la barba y el cabello desgreñado que me habría mostrado un simple espejo.

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  1. Harto de recibir basura a traves de los muchos medios que nos rodean, me entusiasma una vez mas escuchar tus relatos que tan bien describes y que por lo menos a mi, me detienen unos minutos y me hacen reflexionar sobre tantas cosas…
    Un abrazo y saludos!

    Responder
  2. Aprovecho y plagiando el título de tu primer relato, la forma que tienes de combinar “lo sagrado y lo profano” hacen que uno se vea trasladado a los hechos y situaciones que describes consiguiendo comunicar lo exterior y lo interior de modo que tus escritos de repente parecen cortos. Felicidades, Na, por esta iniciativa, por cumplir tu compromiso de actualización semanal y muchas gracias por compartir tus experiencias.
    Te quiero,
    N.

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