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Presentación en Barcelona de la FHE

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El sábado 1 de abril se presentó de forma oficial en Barcelona la Federación Hindú de España (FHE), con un acto institucional muy entrañable por la mañana y con un seminario introductorio sobre hinduismo por la tarde. Recordemos que la FHE fue creada en 2015, aunque su semilla viene de antes, sobre todo a través del anhelo de diferentes personas españolas comprometidas con la tradición hindú, que veían con desconsuelo como una tradición tan antigua y con enorme número de practicantes a nivel mundial, era poco tenida en cuenta por el Estado español y era, además, fuente permanente de malentendidos y confusión en los medios de comunicación y también en la sociedad general.

En 2016 tuvo lugar en Madrid la presentación oficial de la FHE y ahora tocaba en Barcelona. En el camino la FHE tuvo su primer encuentro oficial con el Gobierno español, y creó lazos de colaboración con la Embajada de la India en España.

El evento de Barcelona tuvo lugar en una sala de actos del centro cívico Pati LLimona y contó con la presencia de diferentes personalidades e invitados llegados de diferentes partes de España, como así también de miembros de las diferentes asociaciones que forman la FHE.

El programa comenzó con una invocación tradicional mediante mantras para propiciar la paz, a la vez que se encendía una dīpa o lámpara tradicional simbolizando la intención del acto, y también del hinduismo, de hacer siempre prevalecer la luz del conocimiento sobre la oscuridad de la ignorancia. Luego siguió una breve presentación de la historia de la FHE para ponernos en contexto y, para rematarla, escuchamos al actual Presidente de la FHE, Juan Carlos Ramchandani (Krishna Kripa Dasa), explicando claramente la función, objetivos y proyectos de la FHE.

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Tuve el honor de hacer de maestro de ceremonias del evento

A continuación tomó la palabra la Sra. Isabel Escandell, subdirectora general de Asuntos Religiosos de la Generalitat de Cataluña, para dar sus buenos deseos a la FHE y ofrecer las puertas abiertas al diálogo y la ayuda mutua por parte del gobierno catalán. Efectivamente, desde el primer momento en que la FHE entabló relación con este organismo, han mostrado gran receptividad a la situación del hinduismo en España y, además, han mostrado gran predisposición para la organización de este evento que nos ocupa. Ojalá continúe así.

Luego de esta parte más institucional, empezó la parte más experiencial del evento con una breve ponencia titulada Influencia del hinduismo en Occidente a cargo de Javier Ruiz Calderón, doctor en filosofía, indólogo y sanscritista. Ruiz Calderón nos paseó diestramente por cinco mil años de historia india para ir desglosando la importante influencia de la tradición hindú en la literatura, lingüística, filosofía, espiritualidad o matemáticas occidentales, siendo este último ámbito muy importante para el nacimiento de lo que llamamos Modernidad.

Después de satisfacer la faceta del conocimiento llegó el turno de la faceta emocional a través de la lectura de poemas devocionales hindúes. El recital poético estuvo a cargo de Jesús Aguado, laureado poeta y traductor, que entre su amplia obra tiene una sección destinada a la India, su visión y su poesía devocional. Jesús residió en Benarés durante varias temporadas y de esa relación nacieron grandes textos, entre ellos la conocida Antología de poesía devocional de la India.

El poeta nos ofreció una selección de sus traducciones, algunas de ellas inéditas, lo cual fue un gran privilegio. Los versos en que se describe el amor trascendental entre el ser individual y el Ser supremo por medio de la pasión amorosa entre Rādhā y Kṛṣṇa (Krishna) tuvieron especial repercusión.

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De izq. a dcha: el indólogo Javier Ruiz Calderón, el presidente de la FHE, Juan Carlos Ramchandani, la subdirectora general de Asuntos Religiosos de la Generalitat de Cataluña, Isabel Escandell y el poeta Jesús Aguado.

En este punto, con los asistentes ya inspirados, tuvo lugar la “actuación musical” del día a cargo de Bhakti Das, conocido referente del hinduismo en Cataluña desde hace muchas décadas. Digo “actuación musical” pero que nadie se confunda y crea que se trató de un mero entretenimiento sino que, de acuerdo a la tradición hindú, el arte y las emociones también pueden dirigirse hacia lo supremo. En este caso, solo escuchar la voz de gandharva de Bhakti Das lo transporta a uno a un estado de conexión interna, y mucho más si, como en este caso, va acompañada de un rāga en sitār.

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Bhakti Das creando ambiente meditativo con su música

Con todos los asistentes en un estado de elevación y calma, cerramos el acto con la ceremonia de ārati, es decir ofreciendo fuego y luz a una imagen de lo divino (en este caso Gaṇeśa) y cantando juntos Jaya Jagadīśa Hare, una canción tradicional que loa al Señor del Universo.

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Juan Carlos Ramchandani realizando el arati de clausura.

Después de agradecer una vez a todos los presentes por su asistencia y calidez pudimos disfrutar de un refrigerio hindú exquisito (vegetariano, por supuesto) que puso el broche de oro a una mañana que había cumplido con sus aspectos institucionales, intelectuales, sociales y también espirituales.

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Disfrutando del aperitivo hindú y de buena compañía

Por la tarde se llevó a cabo el seminario Luz sobre el hinduismo, que consistió en cuatro charlas introductorias sobre relevantes temas de la tradición hindú, a cargo de destacadas personalidades, todas ellas honrosos miembros de la FHE.

La primer charla se tituló Las metas de la vida y las bases de la sociedad hindú y estuvo a cargo de Oscar Montero, profesor de Vedānta, muy comprometido con esta filosofía y de la que hace una gran difusión en el mundo hispano-parlante a través sus cursos online. Su ponencia fue muy apreciada pues echaba nueva luz a un tema muy cotidiano y práctico.

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Oscar Montero durante su apreciada ponencia

A continuación disfrutamos de la ponencia Iconografía Hindú: Vida Espiritual a través del Arte a cargo de Hari Das, artista plástico especializado en iconografía y arte hindú, ámbitos de los cuales es experto no solo en términos de conocimiento teórico y de ejecución artística, sino que además es un devoto sincero y fiel que utiliza en su vida el arte sacro como herramienta de trascendencia. Especial afecto tengo por este tema, pues es muy poco difundido y me parece importante de conocer.

Hari explicó que el artista sacro no busca expresar nada especialmente personal sino más bien que “Dios se exprese a través de él” y para ello antes de realizar una obra el artista debe pedir permiso a lo divino. Asimismo, Hari dio detalles de las reglas de composición hindú, de los 64 artes y de los símbolos más comunes en la iconografía tradicional.

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Hari Das explicando el profundo simbolismo que esconde el arte sagrado hindú

La tercera charla se titulaba Introducción a los rituales y adoración en la tradición védica y su presentador fue Juan Carlos Ramchandani, que además de presidente de la FHE, es sacerdote hindú experto. En su entretenida ponencia nos relató diversos detalles de la adoración pública y privada hindú, diferencias entre el norte y el sur de la India y particularidades de algunos templos hindúes.

El cuarto turno fue para Swami Satyānanda Saraswatī, monje hindú y maestro de Advaita Vedānta, que posee un profundo conocimiento de las Escrituras sagradas. Sin embargo, todavía más importante para mí es su vivencia personal y la experiencia directa de aquello que explica, lo cual convierte a sus palabras en fuente de inspiración directa para quien las escucha. Swami habló de El Yoga: la espiritualidad hindú y sus caminos y ofreció un abanico de definiciones al respecto, para concluir que el hinduismo, más allá de sus múltiples acercamientos a lo Supremo, es en realidad un único gran camino que consiste en reconocer la unidad de uno mismo con el orden cósmico y actuar en consecuencia.

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Swami Satyananda Saraswati inspirando a todos con su mensaje sobre el hinduismo como camino.

Como las dos primeras charlas se alargaron inevitablemente, debido a su interés, las dos últimas tuvieron menos tiempo y todos los presentes nos quedamos con ganas de escuchar más. Y más allá de los cronogramas oficiales, durante todo el día tuve esta sensación de que el evento al completo transcurría con tal fluidez que se nos hacía corto a todos. Esto nos da más motivos para pensar en una próxima vez y, por supuesto, será más largo.

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Foto de grupo con la mayoría de asistentes al seminario de la tarde.

Después de varios meses de planificación y de arduo trabajo por parte de las diferentes asociaciones y miembros que componen la FHE, fue una gran satisfacción el haber realizado este importante evento para la Federación y, esperamos, para la difusión del hinduismo en España.

¡Sanātana Dharma Ki Jaya!

 

Somos una mota de polvo y es una buena noticia

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Leyendo el original libro Felicidad. Manual de Instrucciones de Javier Salinas me he reído bastante y también me he sentido muchas veces identificado con ese ‘yo’ individualista y desgraciado al que se dirige el texto. Hablando de que uno se cree el juez del mundo y siempre espera que cambien los demás (o todo el universo) para ser feliz, Javier dice:

“Una buena terapia sería que todos fuéramos por las calles disfrazados de emperadores de las galaxias. Todos vestidos con coronas, montados en elefantes y con un séquito de mil personas. Todos así disfrazados todo el tiempo, en el autobús y en el supermercado. Hasta que alguien dijera que es imposible vivir de ese modo y que habría que quitarse un poco de ropajes, coronas y séquitos”.

Llevado al absurdo quizás es fácil de ver, pero la verdad es que uno siempre se considera el centro del mundo, lo cual en cierta forma es cierto, aunque lo grave es que consideramos al resto de los seres como la periferia (cuando son tan céntricos como uno). El tomarse muy en serio a uno mismo y considerarse fundamental para el funcionamiento del cosmos es un síndrome que he sufrido mucho tiempo y contra el que todavía estoy luchando, y creo que una de las imágenes que más influyó en mi cambio de perspectiva está relacionada con la astronomía.

Hace unos meses escribí un post sobre la Vía Láctea y durante mi investigación vi fotos de lo insignificante que es nuestro sistema solar dentro de la galaxia, y a la vez lo insignificante que es nuestra galaxia en un cosmos con millones de galaxias… Ni qué hablar de lo insignificante que es el planeta Tierra en el total del universo y ya no hace falta adjetivar la insignificancia de este escritor en el panorama total.

Esta “revelación” no me hizo sentir un pobre diablo, sino que me dio un golpe de sana humildad y también de ligereza: el universo no depende de mí, puedo sacarme ese peso de los hombros y simplemente ser libre.

No te busques porque no sales…

Antes que a mí, al famoso astrónomo Carl Sagan le pasó algo parecido viendo una fotografía de la Tierra tomada por una sonda espacial desde una distancia de 6000 millones de kilómetros. En ella se ve a nuestro planeta como un pixel, un punto de luz azulada casi imperceptible en la vastedad del universo y a partir de ahí Sagan escribió un libro llamado Un punto azul pálido (Pale blue dot en inglés). En ese libro el autor dice:

“En este punto azul pálido se encuentra todo aquello que amas, todo aquello que conoces, todo aquello de lo que has oído hablar, cada ser humano que existió y que vivió su vida. La suma de todas nuestras alegrías y sufrimientos, miles de confiadas religiones, ideologías y doctrinas económicas, cada cazador y recolector, cada héroe y cobarde, cada creador y destructor de la civilización, cada rey y cada campesino, cada joven pareja enamorada, cada madre y padre, cada esperanzado niño, inventor y explorador, cada maestro de moral, cada político corrupto, cada ‘superestrella’, cada ‘líder supremo’, cada santo y pecador en la historia de nuestra especie vivió ahí, en una mota de polvo suspendida en un rayo de luz del sol.

La Tierra es un pequeño escenario en una vasta arena cósmica. Piensa en los ríos de sangre vertidos por todos esos generales y emperadores, para que, en gloria y triunfo, pudieran convertirse en amos momentáneos de una fracción de un punto. Piensa en las interminables crueldades con las que los habitantes de una esquina de ese pixel asolaron a los apenas distinguibles habitantes de alguna otra esquina;  lo frecuente de sus incomprensiones, la avidez de matarse unos a otros, lo ferviente de sus odios. Nuestras poses, nuestra imaginada auto-importancia, la ilusión de que tenemos una posición privilegiada en el Universo; todos esos paradigmas son desafiados por la realidad de ese pequeño punto azul pálido.

Nuestro planeta es una mota solitaria de luz en la gran y envolvente oscuridad cósmica… Quizá no hay mejor demostración de la tontería de la arrogancia humana que esta imagen distante de nuestro minúsculo mundo”.

En la famosa fotografía titulada “punto azul pálido” y que inspiró a Carl Sagan puede observarse la Tierra como un punto de luz algo azulado situado en la franja marrón que está más a la derecha de la imagen.

Hace algunos siglos, quizás entre el VII y IX de nuestra era, vivió uno de los cuatro poetas y santos tamiles más reverenciados en el sur de la India conocido como Mānikavasagar (Māṇikkavācakar en sánscrito). Sus cantos y poemas devocionales son una joya del misticismo shivaita tamil y son cantados todavía hoy por miles de devotos, aunque en español su obra es casi inédita, desgraciadamente.

Mānikavasagar vivió solo 32 años, fue un gran devoto del Señor Śiva en su aspecto de Naṭarāja, el bailarín cósmico, y además de su gran visión espiritual (o justamente por ello) tenía visión astronómica.

En el excelente y ahora difícil de conseguir libro Mística medieval hindú, editado por Swami Satyānanda Saraswatī, aparece un esbozo de la vida y obra del santo tamil acompañado de un puñado de elevados poemas. En uno de ellos, se explica que los cuerpos celestes del cosmos superan los mil millones, un número descomunal que no es casual, ya que solo muchos siglos después la tecnología científica ha confirmado lo que el santo visualizó con su ojo yóguico.

Y sobre esto, Mānikavasagar se explaya, devocional:

“Dios es tan grandioso que, ante Su presencia,
todos estos mundos resultan como esas diminutas partículas atómicas
que se ven flotando en los rayos del sol que penetran en un casa”.

Cuando, hace tiempo, marqué estas palabras con lápiz no pensaba en escribir un post, sino que la claridad de la analogía me impactó con la fuerza de la experiencia. Igual que sentado en la cama veo entrar el rayo de luz por mi ventana y veo flotar esas partículas de polvo, así podría verse nuestro mundo – y qué decir de nuestras vidas individuales – por un Ser supremo o simplemente por uno mismo si amplía la perspectiva.

Otra vez, esta visión de ser algo insignificante no me produjo sensación de tristeza ni desaliento, sino de quietud interna y, al mismo tiempo, me pareció una imagen hermosa: ese rayo de luz, cálido, siempre presente, rodeando y guiando a esas motas de polvo, que bailan al ritmo del orden cósmico, aunque muchas veces no lo sepan.

Y como siempre pasa cuando se está receptivo, llega a mí un discurso (hasta ahora inédito) que dio Swami Premananda en 1984, en Sri Lanka, y habla de nuestra actitud vital, de nuestra relación con Dios y de motas de polvo, claro:

“Si pudiéramos entender a Dios en esta vida, entonces eso sería suficiente, todo lo demás sería innecesario… Por lo tanto, es esencial entender a la divinidad en nuestro interior… Esta vida no nos ha sido dada para vivirla por mil años. Como máximo podemos vivir cincuenta, ochenta o noventa años. En ese corto tiempo vivimos haciendo tantas diferencias y distinciones entre nosotros. ¿Por qué? La razón es que pensamos que somos los más grandes. Nadie es grande. Dios es más grande que todo y todos. Somos solo una simple mota de polvo y sin embargo pensamos que somos grandes e importantes.

¿Por qué tenemos esta mentalidad competitiva en esta corta vida? ¿Por qué marcamos tantas diferencias y distinciones? ¿Por qué diferenciamos entre nacionalidades? ¿Por qué tenemos envidia? ¿Por qué odiamos a otros? ¿Por qué realizamos actividades inmorales? ¿Por qué herimos los sentimientos de los demás? ¿No tenemos amor en nuestros corazones? ¿No tenemos la bondad de la humanidad en nuestro interior? ¿No somos todos hijos de Dios?

¡Todos somos hijos de Dios! No hay duda de ello. Es gracias a Dios que estamos aquí y con sus bendiciones nacimos en este mundo. Es Dios quien hace que este cuerpo se mueva y viva. No nos damos cuenta de cuanta fe y confianza deberíamos tener en Dios. Dios es esa gran energía que puede resolver todos tus problemas y darte paz. Dios es esa gran energía que es una panacea para todas tus enfermedades. Dios es esa gran energía a través de la cual puedes hacer cualquier cosa en tu vida… Pero en lugar de entregarnos a Dios, pensamos que somos lo más grandioso del mundo”.

Swami Premananda en Sri Lanka en 1984.

Swami Premananda en Sri Lanka en 1984.

Así es la cosa, uno cree que es el emperador de la galaxia, que el universo está ahí para complacernos y ajustarse a nuestras exigencias, y a pesar de la corona dorada y el título lo curioso es que uno se siente con frecuencia un desgraciado.

La culpa es de los demás, claro, esas motas de polvo a nuestro servicio… Pero y si, escuchando a los santos, poetas y astrónomos vieras por un momento que tú también eres una mota de polvo entrando por la ventana ¿qué pasaría?

Eso sí, no te olvides, una mota de polvo volando envuelta en un eterno rayo de luz.

El pensamiento positivo como primer paso

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A veces pasa que uno escucha un concepto que le causa una huella y luego lee una idea similar en un libro y justamente alguien viene y nos habla de lo mismo y entonces uno concluye que, casualidad o no, el universo se conjura para darte un mensaje. Como suele pasar, el mensaje siempre estuvo ahí pero uno solo le presta atención cuando las condiciones están dadas.

Una vez me hice una pequeña lesión en la rodilla y tuve que usar una muleta y al salir de la farmacia ¡vi a tres personas más con muletas cruzando la calle! ¿Estaba yo atrayendo a los lesionados o siempre habían estado ahí pero ahora mi foco los detectaba? Entiendo que se trata más bien de lo segundo.

De la misma forma, hace unos días estuve en presencia de Swami Satyānanda Saraswatī escuchando la enseñanza sobre el conocimiento de uno mismo y, entre otras frases, me quedó grabado un consejo:

“Hay que hacer un esfuerzo constante para mantenerse elevado. No dejar que la mente se enganche en pensamientos negativos o bajos”.

No es la primera vez que escucho esta enseñanza pero, por alguna razón, ahora me afectó especialmente. De vuelta en casa decidí leer un ejemplar de Prema Ananda Vahini, la revista del Sri Premananda Ashram, y en la primera página me encontré con un mensaje espiritual de Swami Premananda titulado Comprended y eliminad los pensamientos negativos. Comienza así:

“Para alcanzar una etapa superior de entendimiento espiritual es absolutamente esencial purificar a la mente de las perspectivas negativas. Piensa siempre positivamente y sigue adelante, luchando por la meta superior (libertad absoluta e infinito gozo). Si tienes la tendencia de mirar el lado negativo de la vida, no puedes avanzar en el sendero”.

Así de simple. O elimino los pensamientos negativos o todo sigue igual… o peor. Porque como explica Premananda, permitir que crezcan los pensamientos negativos no es solo malo para la propia evolución espiritual sino para el mundo en general. Veamos:

“Cuando un niño nace en este mundo, tiene una naturaleza pura. Cuando crece, experimenta la vida de acuerdo al momento y al lugar. Desarrolla ciertas tendencias y ciertos patrones de pensamiento. Si éstos no son puros, cuando uno entra en el sendero espiritual primero necesita cambiar tales patrones de pensamiento.

¿Cómo se establecen las tendencias negativas y cómo podemos cambiarlas? Un problema importante es que siempre te comparas con otros. Por supuesto, siempre encontrarás diferencias entre tú y los demás. Uno puede tener riquezas, propiedades, posición, educación, una personalidad vivaz, distintos talentos, etc. Aquellos que son menos afortunados, no tan talentosos o menos privilegiados se sentirán deprimidos al compararse con otros. A veces se sentirán heridos y celosos o envidiosos.

En este estado, la mente crea pensamientos negativos y el individuo se siente más deprimido y empieza a desarrollar un complejo de inferioridad. Esto sucede debido a la ignorancia, la inmadurez y la falta de auto-confianza. Si se permite que tales sentimientos aumenten en la mente, ésta se torna desasosegada y competitiva.

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Es muy probable que temprano en la vida no puedas entender el modo en que funciona tu mente. Uno tiene que aprender a comprender la naturaleza de la mente-ego. Si tratas de entender cómo está funcionando la mente e identificas estas tendencias negativas en una etapa primaria, es mucho más fácil controlar los sentimientos e impedir que crezcan.

Si no se les presta debida atención a tales sentimientos, si se los fomenta, y si se permite que aumenten sin tu conocimiento y sin una verdadera comprensión, los celos y la envidia invadirán silenciosamente tu mente y se establecerán allí. Estos sentimientos entonces crecen gradualmente. Pueden crecer en tan gran medida que llegues a sentir una enorme pesadumbre dentro de ti. Este pesar se transforma más tarde en ira y odio que, a su vez, se reflejan en forma de palabras y actos.

Cuando expresas odio o ira a otros, pronto la idea de venganza entra en la mente. Entonces tal vez consideres a los demás como enemigos. Al crecer esta represalia entre dos personas, tratarán de destruirse mutuamente. Si la represalia prevalece entre dos grupos o incluso entre naciones, la destrucción es grande y devastadora. Puede haber guerras para destruirse entre sí. Toda esta destrucción ocurre debido a ideas y pensamientos negativos en las personas”.

Es decir que la guerra, por ejemplo, nace de un pensamiento negativo que no fue cortado de raíz. Por eso, Swami agrega:

“Muchos de vosotros me preguntáis cómo detener el hambre, la pobreza y la guerra. Esencialmente, necesitamos entrenar a nuestros jóvenes a pensar de forma pura y positiva. Entonces podremos criar una generación de seres humanos con mentes limpias y corazones bondadosos. Si las personas se percatan y comprenden qué es la negatividad y cómo pueden superarla, nunca pensarán en represalias, en violencia ni en guerras. Debemos cortar los problemas de raíz”.

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Sri Swami Premananda

Como vamos viendo, los sabios consideran el pensamiento positivo como muy importante, ya sea para profundizar en la práctica espiritual, para encontrar contentamiento, para educar mejor a los niños y hasta para evitar guerras. Entonces surge la pregunta, ¿cómo puedo pensar en positivo en este mundo que, al menos en apariencia, está hecho un desastre?

El gran yogui Sri Dharma Mittra dice:

“Desde el punto de vista de Dios todo es perfecto y nada puede ser movido, cambiado o alterado. Tenemos la impresión de que estamos cambiando cosas todo el tiempo, ‘modificando nuestro destino’, como si dijéramos. Pero las condiciones son las que son como resultado de la interacción con todas las demás condiciones, a las que reaccionan… Todo se está moviendo de forma perfecta; todo está buscando dicha y felicidad. Con este conocimiento y esta convicción, uno actúa siempre bien y está siempre feliz”.

Chandra Om, una experimentada discípula de Dharmaji lo expresa así:

“Están aquellas personas que simplemente aceptan que la vida es cambio y que la sociedad evolucionará y parte de ello será aparentemente para mejor y otra parte aparentemente para peor, pero al final va a cambiar de todas formas así que ¿por qué no tomarlo con alegría? ¿Por qué no encontrar lo positivo en ello? ¿Por qué no ser optimistas al respecto? Ese es el enfoque que uno debería tener para todas las cosas”.

Y volviendo a Dharmaji y las catástrofes que se ciernen sobre la humanidad, él agrega:

“Los yoguis verdaderos están listos para enfrentarse a cualquier cosa que suceda porque ellos ven la Divinidad en todo”.

Sri Dharma Mittra

Evidentemente es más fácil pensar en positivo si uno ve la Divinidad en todo o, al menos, en el interior de uno mismo. Y aquí es cuando viene la pregunta importante: ¿cómo veo o experimento la Divinidad en mi interior?

Hay muchos métodos, según nos explican los sabios, pero el procedimiento básico tiene una curiosa dinámica de doble dirección: descartar cualquier pensamiento negativo y focalizar la mente solo en el Ser, a la vez que poniendo la atención en el Ser los pensamientos negativos desaparecen.

Como dice Swami Premananda:

“Cuanto más contacto hay con la verdadera naturaleza, menos se siente la negatividad”.

Sobre el Ser, la verdadera naturaleza, la fuente o la esencia escribiré más la semana que viene, porque todo esta enseñanza la voy asimilando de a poco. Mientras tanto, prestar atención al tipo de pensamientos que surgen en la mente es el primer paso.

Lo que me pide el cuerpo…

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Cada vez que como patatas fritas me vienen fuertes deseos de beber Coca-Cola. No es un acto reflexivo, sino que es algo que, dicho en lenguaje popular, “me pide el cuerpo”. Aunque hace tiempo que dejé la famosa bebida cola, años de fiel consumo crearon en mi cuerpo esa “necesidad” que todavía repica en mi interior, tanto física como mentalmente. Si bien la sabiduría popular tiene buena prensa, en este caso la mayoría estará de acuerdo en que darle Coca-Cola al cuerpo no es, en general, el consejo ideal, ya que más que un pedido fisiológico natural es un reflejo condicionado por hábitos del pasado.

Un ejemplo menos extremo y muy común es el de las mujeres embarazadas que sienten antojo de chocolate y, según explican los médicos, se trata en realidad de necesidad de magnesio, un mineral presente en el cacao. Por tanto, en este caso el cuerpo sí pide algo que le haría bien pero los condicionantes hacen que ese pedido se exprese en la forma de un deseo sensorial que no es tan “sano”.

¿Cómo saber entonces cuándo “lo que pide el cuerpo” es realmente bueno para uno y cuándo es el reflejo de un hábito condicionado? Y yendo más allá del cuerpo, ¿cuándo saber si un pensamiento, una idea, una decisión, son puras y beneficiosas para uno o más bien el resultado de preconceptos, costumbres o, como dicen los yoguis, surcos mentales que solo refuerzan el ego individual?

pareja

Para intentar resolver el dilema me gustan las palabras del yogui Sri Andrei Ram-Om, que explica que hay una gran diferencia entre la “intuición” y la “intención” que, como indica la palabra, no surge naturalmente sino que tiene una motivación subyacente. La intención, que también se podría equivaler al instinto, viene siempre de la mente, del cuerpo o de los sentidos y está “polucionada” por la información previa, la fuerza del hábito y la satisfacción del interés personal. De hecho, toda idea o acción que surge de la intención lleva al ego.

La intuición, en cambio, no tiene relación con mente, cuerpo o sentidos y proviene de la comprensión y experiencia interna directa (“realización” en la jerga espiritual moderna). Su gran ventaja es que una idea/acción que surge de la intuición lleva a la “alineación con el universo”, es decir que respeta el orden cósmico y el bienestar colectivo (o sea, propio y ajeno). Entonces, dice Andrei Ram, está bien analizar, en el momento que tomamos una decisión, si se trata de una intuición real o de un reflejo que viene de la mente.

Yogui Sri Andrei Ram-Om

Obviamente, la mayoría de decisiones que cualquier hijo de vecino toma cada día están guiadas por la mente y su fuerte identificación con el cuerpo y los sentidos. Modificar esa tendencia lleva mucha práctica y mucho esfuerzo, pero como comienzo está bien ser conscientes de que ese desesperado deseo por un helado no es, necesariamente, una condición vital para la trascendencia espiritual.

A la vez, me parece pertinente decir que todas las personas podemos tener deseos, impresiones subconscientes o impulsos que, por banales que parezcan, pueden considerarse “necesidades verdaderas”, en el sentido de que es mejor cumplirlas para no tener la mente perpetuamente pensando en eso.

Siguiendo con los helados, si uno decide no comerlos porque es un pedido meramente corporal pero a nivel mental los está degustando en cada meditación, cada āsana y cada vez que se cepilla los dientes, entonces quizás es mejor pedir un cucurucho de tres bolas y satisfacer esa “intención” para bien. Obviamente, y como siempre dicen los maestros, hay que usar el discernimiento para saber identificar qué deseo es necesario y cuál no; cuándo es intuición y cuándo es instinto.

O como dice un popular dicho indio:

“El cuerpo es como un niño: hay que darle todo lo que necesita, pero no todo lo que pide”.

A este punto surge, con probabilidad, la pregunta de cómo hacer para diferenciar, sin error, entre intuición e intención. Para empezar, con un poco de sincero auto-análisis es fácil agudizar ese discernimiento porque todos tenemos dentro la llamada “voz de la conciencia” que nos guía de alguna forma. De la misma forma, la meditación y el silencio son grandes ayudas para aquietar y observar los reflejos condicionados y, como a muchos nos ha pasado, en meditación llegan, sin esfuerzo consciente alguno, ideas o soluciones que se podrían calificar de “intuitivas”.

De todos modos, las conductas y tendencias del cuerpo y la mente, alimentadas durante años, son fuertes y con frecuencia estamos tan identificados con ellas que las consideramos, erróneamente, necesidades reales o hasta intuiciones en toda regla. Por tanto, una gran ayuda y guía externa son las enseñanzas de los textos sagrados. La Bhagavad Gītā (XVI.23) dice:

yaḥ śāstra-vidhim utsṛjya
vartate kāma-kārataḥ
na sa siddhim avāpnoti
na sukhaṁ na parāṁ gatim

Es decir:

“Aquel que hace a un lado los preceptos de las Escrituras
y permanece actuando según sus deseos
no alcanza la perfección
ni la felicidad ni la meta suprema”.

Por tanto, en la tradición hindú es importante seguir las Escrituras, que son una autoridad fiable para todos los buscadores.

Asimismo, como explicaba Swami Satyānanda Saraswatī en un reciente seminario sobre la sabiduría de la Gītā, la primera fuente de consulta debe ser, si es posible, el guru, ya que la Escritura también necesita capacidad de interpretación y uno no siempre es capaz de interpretar como corresponde, un poco por ignorancia y otro poco porque las circunstancias de cada persona son diferentes. El ejemplo clásico es la enseñanza de ahiṁsā o no-violencia, que si bien es correcta y universal, probablemente no sería bien interpretada por un soldado en medio de la batalla.

En cualquier caso, el maestro genuino siempre se basa en la Escritura y si uno no tiene la suerte de tener un maestro personal, también puede pensar en los grandes sabios y plantear la pregunta: “¿Qué haría esa gran alma (rellenar con el sabio a elección) en esta situación?”. Después del guru y de la Escritura llega lo que Satyānanda llamó la pregunta del “último recurso”, es decir: “¿Qué dice mi mente?”. De la respuesta, dijo el Swami, no hay que fiarse mucho…

altar

Recapitulando, los caminos y ayudas para fomentar la intuición son, por ejemplo, el auto-análisis, la meditación, el silencio, la enseñanza del maestro y los textos sagrados.

A esto, Sri Andrei Ram agrega un detalle importante: “La práctica de la compasión es la que hace desarrollar la intuición, porque es ponerse en el lugar del otro” y así empezar a estar en armonía con el orden cósmico. Por tanto, con el surgimiento de la compasión hay desarrollo de la propia conciencia y, a partir de ahí, se desarrolla la intuición.

Dicho todo esto, y con el calor que hace en Barcelona, me voy a buscar mi helado de rigor, aunque “intuyo” que es más bien un arraigado hábito veraniego que una necesidad profunda de mi ser.

Śavāsana, la postura más difícil de dominar

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En esta época en que reina la imagen como forma de comunicación, y en que cada día vemos a alguien haciendo una sofisticada postura de Haṭha Yoga en Instagram, el rol de śavāsana (pronúnciese ‘shavásana’), está subvalorado.

Śavāsana es el nombre de la postura de relajación con que se suele acabar la práctica más física de una sesión de yoga. Según el estilo de yoga que uno siga, es posible que también se utilice śavāsana como postura de descanso y recuperación entre otras posturas más exigentes físicamente. De hecho, es esta cualidad de pose “fácil” y quieta la que hace que śavāsana no sea considerada importante, ya que vivimos tiempos en que el yoga es sinónimo de sudar y saltar y, acorde a la sociedad “productiva” actual, nadie tiene tiempo de parar 10’ a “hacer nada”.

Sin embargo, y a pesar de ser un āsana aparentemente fácil, los grandes yoguis están de acuerdo en que se trata de una postura difícil de dominar, incluso, dicen algunos, la más difícil. La palabra sánscrita śava quiere decir “cadáver” y, como indica su nombre, la postura consiste en yacer estirado en el suelo, boca arriba, sin moverse, simulando estar como muerto (de ahí que un nombre alternativo de la pose sea mṛtāsana, ya que mṛta – ‘mrita’ – significa “muerto”). Parece fácil, ¿no es cierto? Ya volveremos a ello, mientras tanto veamos detalles contextuales.

Como postura de yoga, śavāsana aparece por primera vez citada en la Haṭha Yoga Pradīpikā (I.32), el famoso manual de Haṭha Yoga del siglo XV, donde se dice que “elimina la fatiga y hace que la mente se detenga”.

De todos modos, según explica el académico inglés Jason Birch, “la primera referencia que aparece en un texto de Haṭha Yoga sobre yacer en el suelo como un cadáver hasta que se disuelva la mente está en el Dattātreyayogaśāstra del siglo XII”. En ese texto, más que una postura se presenta a śavāsana (aunque sin ese nombre) como una técnica de meditación para “disolver” (laya) la mente – en el sentido de hacerla desaparecer – mediante su absorción en algún objeto/idea/sonido.

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A este respecto, una de las variantes para practicar śavāsana es hacerlo relajando conscientemente cada parte del cuerpo, como forma de ayudarlo a soltar las tensiones acumuladas. A la vez, esta relajación consciente es útil para no dormirse durante la postura final, algo que no es ideal pero que ocurre con frecuencia, sobre todo si la práctica ha sido intensa o si el practicante está mal descansado. Es verdad que para relajarse completamente en śavāsana el primer paso es, muchas veces, ser capaz de dormirse, lo cual implica cierto aquietamiento mental; pero el punto buscado es una relajación total sin adormecerse.

En relación a esto, ahora está muy de moda la práctica llamada yoga nidrā, o “sueño yóguico”, que no es otra cosa que un largo śavāsana acompañado de técnicas de concentración e interiorización, que si bien es algo antiguo, como vimos, se hizo especialmente popular en Occidente con el libro Yoga Nidra (1976) de Swami Satyananda Saraswati de Bihar y cada día se difunde más, con sus respectivas variantes. En cualquier caso, cuando se habla de “sueño yóguico” no se trata de dormirse sino de un “sueño psíquico” en que la mente abandona el cuerpo de forma temporal.

Este mismo resultado, explica Sri Dharma Mittra, puede lograrse con un profundo śavāsana de apenas 10’, que es tan restaurativo como “una noche completa de descanso”. La palabra clave aquí es “profundo”, lo cual implica “ralentizar la respiración y los pensamientos al punto de casi detenerlos”. Por tanto, y como un detalle no menor, en śavāsana uno no debería moverse para nada, evitando rascarse la nariz en plena relajación u otros movimientos similares que hacemos automáticamente.

“Si el cuerpo descansa completamente”, dice Dharmaji, “existe la oportunidad de que puedas perder la conciencia del cuerpo y te muevas más allá del cuerpo y de la mente”, para así reconocer de forma gradual que eres mucho más que cuerpo o mente. El objetivo básico de śavāsana es relajar y restaurar el cuerpo, por supuesto, pero hay un segundo y superior propósito acorde con la búsqueda eterna del yoga: aquietar la mente para ver que hay más allá de esa constante marea de pensamientos y emociones que nos ocupan todo el tiempo.

Como resumen, Dharma Mittra siempre dice que “la relajación es el mejor antídoto para las impurezas” y, no casualmente, B.K.S. Iyengar en su clásico libro Luz sobre el yoga dice asimismo que śavāsana es el “mejor antídoto para las tensiones de la civilización moderna”, que es lo mismo.

Con frecuencia, los nombres tradicionales de las posturas de Haṭha Yoga (árbol, tortuga, montaña, cobra…) evocan las cualidades que ese objeto/animal debe generar en el practicante. En el caso de śavāsana lo que se nos propone, como sabemos, es que imitemos a un muerto. En primera instancia parece que se trata simplemente de yacer inmóviles un rato en el suelo (lo cual no es poco), pero si la postura se llama del “cadáver” (y no del “dormido” o del “palo”), es porque implica también un estado mental de “muerte”, tanto en el sentido de soltar todo lo que nos mantiene en el plano físico-mental, como en el sentido más profundo de simular abandonar este mundo.

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El yogui Jerome Burdi haciendo śavāsana en un contexto muy adecuado (de su cuenta de Instagram om_jerome)

Con su particular humor, Dharma Mittra lo dice claro:

“No te preocupes por las posturas, ¡cuando seas viejo la única pose que te quedará será śavāsana!”.

Obviamente, con el paso del tiempo la máquina corporal se desgasta y solo nos quedará acostarnos, pero Dharma también está diciendo que, al final, todos moriremos. Y lo que hay que entender es que, para morir “relajados”, hay que soltar todo y aquietar la mente. Desde esta perspectiva, śavāsana es, en el fondo, una preparación para el momento de nuestra muerte.

Sobre esto, en la tradición hindú se explica que la muerte es el momento más importante de la vida; es decir, es el evento para el que uno se prepara toda la vida, ya que es el momento que determina la próxima encarnación de cada ser o incluso la liberación de la siempre girante rueda de muerte y renacimiento. Esto es así porque se dice que en el instante de la muerte, cada ser revela su verdadero estado de consciencia, el cual sencillamente está basado en el tipo de vida que haya llevado y el tipo de pensamientos que haya alimentado durante la misma.

A este respecto, Swami Satyānanda Saraswatī, el respetado renunciante español, explica que “la muerte no es un buen momento, sino que es el gran momento”, ya que “la muerte es el momento de la verdad, donde no puedes camuflar nada y surgen tus tendencias reales” y citando las palabras de su propio maestro, Swami Muktananda, nos da una importante enseñanza:

“Un yogui se conoce no por cómo vive, sino por cómo muere”.

Es con esto en mente que su conclusión es muy clara: “Si pensáramos en la muerte pensaríamos en cómo vivimos y entonces utilizaríamos la vida para algo más…”.

En la misma línea, Swami Premananda explica: “a muchas personas no les gusta pensar en la muerte. La consideran como un evento terrible en el que no hay que pensar para nada. No obstante, es tan sólo contemplando la naturaleza de la vida y la muerte, de dónde vinimos, por qué nacimos y el hecho que todos vamos a morir algún día, que podremos comprender la Verdad en esta vida“.

“Estoy aquí únicamente por śavāsana”.

Pero, ¿qué es esa Verdad? Quizás nadie puede explicarlo mejor que el gran santo indio Ramana Maharshi (1879-1950) que la experimentó directamente a través de fingir su propia muerte, y entonces su vida cambió para siempre. En sus propias y famosas palabras:

“Estaba sentado en una habitación en el primer piso de la casa de mi tío. En raras ocasiones me sentía enfermo y en ese día no había nada malo en mi salud, pero un repentino e inmenso miedo a la muerte se apoderó de mí. No había nada en mi estado de salud que lo justificara; y no traté de justificarlo ni de averiguar si había alguna razón para el miedo. Solo sentí ‘voy a morir’, y comencé a pensar qué hacer con ello. No se me ocurrió consultarlo ni a un médico ni a mis mayores ni a mis amigos. Sentí que debía resolver el problema yo mismo, en ese momento.

La conmoción del miedo a la muerte dirigió mi mente hacia el interior y mentalmente me dije a mí mismo, sin ni siquiera pronunciar una palabra: ‘Ahora ha llegado la muerte; ¿Qué significa esto? ¿Qué es lo que se está muriendo? Este cuerpo se muere. Y en el acto dramaticé el acontecimiento de la muerte. Me acosté con los miembros estirados y rígidos como si se hubiera producido el rigor mortis, y para darle mayor realidad a la indagación hice que mi cuerpo se asemejase a un cadáver. Contuve la respiración y mantuve mis labios bien cerrados para que no pudiera escaparse ningún sonido, de forma que ni la palabra ‘yo’ ni ninguna otra pudieran ser pronunciadas.

‘Bien’ me dije a mí mismo, ‘este cuerpo está muerto’. Será llevado al campo de cremación y allí será quemado y reducido a cenizas. Pero con la muerte de este cuerpo, ¿muero yo también? ¿Soy ‘yo’ el cuerpo? Está silente e inerte pero siento toda la fuerza de mi personalidad e incluso la voz del ‘yo’ dentro de mí, separado del cuerpo. Así que Yo soy el Espíritu que trasciende el cuerpo. El cuerpo muere pero el Espíritu que lo trasciende no puede ser tocado por la muerte. Esto quiere decir que Yo soy el Espíritu inmortal’.

No se trató de un pensamiento ligero, sino que se proyectó a través de mí tan vívidamente como la vida real que yo percibía directamente, casi sin pensarlo. El ‘Yo’ era algo muy real, la única cosa real en mi estado presente, y toda la actividad consciente conectada con mi cuerpo se centró en ese ‘Yo’. A partir de ese momento, el ‘Yo’ o el Sí mismo centraron la atención en sí mismo con una poderosa fascinación. El temor a la muerte se desvaneció de una vez por todas. La absorción en el Sí mismo continuó desde entonces ininterrumpidamente”.

El gran sabio Ramana Maharshi

Evidentemente, después de una intensa práctica física uno se tumba en śavāsana con satisfacción, pero si además uno tiene la perspectiva de una experiencia gloriosa como la de Ramana, uno se sitúa en su rol de cadáver con mayor anhelo.

Estarse quieto, entregando el peso del cuerpo, sin controlar la respiración ni dejándose arrastrar por los pensamientos, y además sin dormirse, es sin duda un gran logro. Adentrarse en el profundo silencio de nuestro ser, soltando todo apego y toda expectativa, dejando morir al pequeño ‘yo’ en busca del verdadero e inamovible auto-conocimiento, eso ya es pura valentía.

Después de todo esto, ¿te sigue pareciendo śavāsana una postura fácil, que sólo se hace para descansar?

Vídeo de la presentación de ‘Kumbha Mela’

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Después de varios días de luchar contra problemas técnicos, hemos logrado subir el vídeo con el resumen de la presentación del libro Kumbha Mela. La celebración espiritual más grande del mundo (Ed. Kairós, 2015) que tuvo lugar en la Librería Altaïr de Barcelona el 9 de Abril de 2015. Si bien en la red estaba disponible la grabación del streaming en directo de la presentación, su calidad era baja y, en cambio, esta nueva filmación tiene muy buena imagen y audio, gracias al dedicado trabajo de Fede y Hansika.

El vídeo en total dura 1h 14’, lo cual es bastante para tiempos digitales, lo sé. Hemos quitado parte de los agradecimientos, las transiciones entre ponentes, mis lagunas y mis chistes malos, pero no hemos querido sacar nada importante de la charla, para que así quede un buen registro público. Al principio de la presentación está Agustín Pániker, director de Kairós y escritor, que es quien menos habla, haciendo una buena introducción y también un gran esfuerzo de auto-control para no profundizar en un tema que le apasiona.

Después aparece el respetado maestro y renunciante hindú Swami Satyānanda Saraswatī que nos deleita con una charla sobre las organizaciones ascéticas hindúes, componente fundamental de las Kumbha Melas. Más allá de lo interesante del tema, lo atractivo de esta ponencia es que Swami Satyānanda pertenece a una de estas organizaciones monásticas y, por tanto, nos habla con conocimiento de causa, a la vez que a su propia experiencia la salpica de inspiradoras citas de las Escrituras. Lo mejor: no se trata de una ponencia académica sino de pura enseñanza espiritual.

Más tarde llego yo, para explicar de forma breve qué es la Kumbha Mela y presentar un panorama general de la gran celebración, acompañado de algunas imágenes ilustrativas que también aparecen en el vídeo. Como ya expliqué en otro post, para esta especial ocasión me puse camisa y me corté el pelo, por tanto la grabación trae imágenes casi inéditas solo por eso. Para cerrar mi charla se proyecta el espectacular booktráiler del libro, que pone los pelos de punta.

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Y como gran cierre del evento, Swami Satyānanda tuvo la amabilidad de acceder a mi pedido y rociar a los presentes con agua sagrada recogida en el sangam de Prayāg en la Kumbha Mela 2013. Se ven imágenes de esto también en el vídeo. Además, como detalle contextual, aparezco yo firmando unos ejemplares a las personas que atentamente hicieron cola y, finalmente, salgo hablando a cámara con un mensaje de colofón.

Todo esto editado y adornado con el clásico buen gusto de mi esposa Hansika, que nunca falla con la musicalización de los vídeos.

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Swami Satyananda Saraswati rociando a los asistentes con agua del triveni.

Para quienes no estuvieron en la presentación; para quienes hicieron el esfuerzo de verla en streaming con baja calidad; o también para quienes estuvieron y quieren recordarlo, compartimos entonces el producto final que nos deja especialmente contentos porque permite a más personas ver y escuchar a Swami Satyānanda y la enseñanza espiritual que imparte.

De paso ya voy adelantando que la próxima presentación será en Madrid, el Jueves 11 de Junio.

¡Hara Hara Hara Mahādeva Śambho!

Pinceladas de la presentación de ‘Kumbha Mela’

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Para complacer a mi madre y especialmente a mi suegra, me afeité, me corté el pelo y me puse una camisa planchada: un hecho que ocurre con la misma frecuencia que la Kumbha Mela. Todo para estar pulcro para la esperada presentación en Barcelona de mi libro Kumbha Mela, la celebración espiritual más grande del mundo publicado por Editorial Kairós.

Para hacerlo corto: todo fue muy bien y estoy satisfecho y contento. Hubo una muy buena asistencia, con todas las sillas ocupadas, muchas personas de pie y otras tantas en la escalera. Fiel al espíritu de la celebración multitudinaria que es la Kumbha Mela, la presentación fue populosa. Y también fieles al estilo de la Kumbha no contamos los asistentes de forma científica, sino a ojo, y calculamos que hubo unas 100 personas o más en el momento de máxima audiencia. (Nota: todas las imágenes se agrandan al clicar en ellas).

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Vista desde la escalera, en lo más atrás, de cuan llena estaba la sala.

Obviamente la presencia de Swami Satyānanda Saraswatī fue un gran imán, ya que la oportunidad de escuchar y ver a un maestro espiritual genuino no debe desaprovecharse. Justamente la presencia y charla del Swami acerca del monasticismo y las organizaciones religiosas hindúes fue motivo de gran alegría para mí y todo lo que dijo fue interesante y una gran inspiración. Como muestra comparto algunas frases que dijo Satyānanda: “En la India la vida contemplativa todavía existe… En Occidente la vida contemplativa está desapareciendo. La palabra contemplación ¿cuándo la habéis oído por última vez?… Por la radio nunca la oís”. “La renuncia no sería el hecho de afeitarse o ponerse una ropa, sino que es la renuncia interior del ego; ir más allá de la limitación egoica. Esta sería la auténtica renuncia… Un caso perfecto de renuncia, de desapego total es tener sólo la necesidad de recibir el conocimiento”. “En la India actual habrá 5 o 6 millones de sādhus, personas que han abandonado sus familias, sus vidas, para vivir en la contemplación. Unas 200.000 o 300.000 de estas personas visitan la Kumbha Mela. Esta presencia es muy preciada para un hindú”. “En los sādhus ves otra forma de vivir; el sādhu vive en el mundo del símbolo, en el mundo del mito; el sādhu parece que aún conviva con Śiva (Shiva)… Lo importante es estar en lo trascendente, en la contemplación”.

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Swami Satyānanda Saraswatī explicando el concepto de renuncia y desapego, con Agustín Pániker a su lado absorbiendo cada palabra.

Para quienes no pudieron estar en la presentación ni pudieron verlo en streaming, la grabación de esa transmisión sigue disponible en YouTube y puede verse aquí. La calidad del vídeo es baja aunque el audio es aceptable. Como hemos hecho una grabación aparte de mejor calidad, esperamos subirla pronto a la red y compartirla. Quiero dar las gracias a todas las personas involucradas en la presentación, tanto a nivel organizativo y práctico como a quienes asistieron y aguantaron de pie o sentados de forma poco confortable e incluyendo también a las personas que hicieron cola amablemente para que yo les firmara el libro.

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Otra vista de los asistentes, incluyendo el detalle de la escalera convertida en gradería.

Además de las palabras de Agustín Pániker, de Swami Satyānanda y de las mías, se proyectó el espectacular booktráiler del libro, hecho por las amorosas manos de mi esposa Hansika. Y al final, después de unas 3 o 4 preguntas finales, tuvo lugar la prometida sorpresa especial: Accediendo a mi pedido, Swami Satyānanda roció a los presentes con algunas gotas de agua sagrada traída directamente del sangam, la conjunción de los ríos, de Prayāg (Allahabad). Dicha agua la recogí yo mismo en el día más auspicioso de la Kumbha Mela 2013 y como todavía me quedaba un poquito pensé que sería una buena forma de que todos nos “sumergiéramos” en el festival.

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Los tres ponentes juntos.

Una vez más gracias a todos por el apoyo.

¡Hara Hara Mahādeva Śambho!

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