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La recitación en la práctica de svādhyāya

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La búsqueda espiritual no es otra cosa que un camino de auto-conocimiento. Para saber y experimentar de forma directa quienes somos en realidad – más allá del personaje, los conceptos y las limitaciones de tiempo, espacio y circunstancias – hace falta auto-indagarse, pero también hacen falta muchas prácticas “purificatorias” que nos vayan quitando de encima patrones y tendencias muy arraigadas. Una de esas prácticas se denomina svādhyāya y refiere al “estudio de los textos sagrados”, pues en ellos es posible encontrar enseñanzas y directrices para llevar una vida más armónica que nos ayude a tener calma y claridad interior.

En el famoso aṣṭāṅga yoga presentado por Patañjali en sus Yogasūtras, svādhyāya aparece como uno de los niyamas (“observancias”), aunque la práctica ya figura en el Mahābhārata como parte del “óctuple sendero del dharma” (mārga dharmasyāṣṭa en 3.2.75) con el nombre de adhyayana. Ambas palabras tienen su origen en la palabra adhyāya que técnicamente designa un capítulo o sección de los textos sagrados hindúes y cuya raíz verbal significa “estudiar” pero también “repetir” o “recitar”, pues el estudio tradicional de dichos textos se hacía (todavía se hace en mucha menor medida) de manera oral, memorizándolos de boca de un maestro capacitado.

Siguiendo esta idea, la palabra svādhyāya significa “recitación” (adhyāya) para “uno mismo” (sva), ya que se trata de un acto de aprendizaje que, aunque pueda ser hecho en grupo, está dedicado al crecimiento personal. Cuando la recitación es para otros, entonces el nombre cambia y se habla de, por ejemplo, pravacana, que tiene que ver con la enseñanza formal o con otras ceremonias de carácter público.

Sobre esto, la Taittirīya Upaniṣad (I.9) afirma que, de todos los deberes que tiene un estudiante espiritual, el estudio (svādhyāya) y la enseñanza (pravacana) de los mantras sagrados es el más importante. Lo dice así:

“Lo correcto (ṛtam), sí; pero también el estudio (svādhyāya) y la enseñanza (pravacana).
La verdad (satyam), sí; pero también el estudio (svādhyāya) y la enseñanza (pravacana).
La austeridad (tapas), sí; pero también el estudio (svādhyāya) y la enseñanza (pravacana).
El auto-control (dama), sí; pero también el estudio (svādhyāya) y la enseñanza (pravacana).
La calma (śama), sí; pero también el estudio (svādhyāya) y la enseñanza (pravacana)…

Solo el estudio (svādhyāya) y la enseñanza (pravacana)… Eso es austeridad; eso, en verdad, es austeridad”.

En la actualidad, cuando se habla de svādhyāya se hace hincapié en el “estudio” de los textos pero no tanto en su recitación o repetición verbal y, al faltar ese componente, entonces uno se pierde los beneficios que poseen los sonidos y vibraciones de los antiguos mantras sánscritos, capaces de efectuar cambios a diferentes niveles (físico, cerebral, energético, mental, emocional…).

La tradición hindú considera que el universo fue manifestado a través de una vibración sonora extremadamente sutil, que es eterna y omnipresente, y que tiene su epítome en la sagrada sílaba aum/om. Una de las formas más directas en que esa reverberación sutil se manifiesta es a través de la lengua sánscrita, “cuyo potencial creativo es la fuente del misterioso poder de los mantras”, como dice Sri Shyamji Bhatnagar.

Este fin de semana estuve en la presentación del libro en español de Krishna Das, y aproveché para preguntarle si los mantras o “nombres divinos”, como él dice, tienen el mismo efecto si no son recitados/cantados en sánscrito. Krishna Das dijo que cada quien puede hacer lo que sienta, pero que la lengua sánscrita tiene una sacralidad y una energía que la distinguen y que los “nombres” que aparecen en esos mantras pueden afectarnos en el plano de la emoción pero, en realidad, están más allá de todo concepto y por eso son trascendentes.

Dijo, además, que los mantras sánscritos – a diferencia de otras lenguas – “siembran una semilla” en nuestro interior; una semilla que, en la medida en que uno practique regularmente, va purificándonos.

En este sentido, se suele decir que la sacralidad y la efectividad de la recitación sánscrita están más allá de entender o no el contenido de los mantras que se repiten. Algunos maestros opinan que es incluso mejor no entender nada de lo que se dice para así estar más allá del plano intelectual, que siempre quiere aprehender la información, categorizarla y reforzar los patrones mentales…

La recitación de textos sagrados (sean largos o cortos de una línea) produce, sin dudas, un estado mental de quietud e introspección que nos predispone para estudiar intelectualmente las enseñanzas que contienen y, por ende, a estudiarnos a nosotros mismos de forma consciente en referencia a esas directrices.

Por otro lado, al recitar esos mantras, su vibración antigua y sagrada empieza también a hacer efecto, generalmente de forma inconsciente, en nuestro cuerpo sutil y mental y, como resultado, puede que tengamos vislumbres de quienes somos en esencia, sin necesidad de usar un diccionario de sánscrito. Este es el camino directo. Solo requiere (mucha) práctica.

Entrevista improvisada con Sri Dharma Mittra

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En el año 2011, con Hansika viajamos a New York City para conocer personalmente y tomar clases con Sri Dharma Mittra. La impresión fue tan positiva para nosotros que, desde ese momento, consideramos a Dharma como nuestro modelo a seguir de Hatha-Raja Yoga. De hecho, Hansika regresó a NYC en 2012 para realizar el curso de formación de profesores de Dharma Yoga “Vida de un Yogui”, algo que yo también hice en 2014.

Volviendo a 2011, ya estando en New York se nos ocurrió que podíamos grabar una entrevista con Dharma como material para una página web de yoga que teníamos en mente. Conseguir una entrevista con Dharma no es tan fácil porque está bastante solicitado, pero tuvimos suerte y obtuvimos una cita para hablar con él. Como corresponde al visitar a un maestro espiritual no llegamos con las manos vacías: le llevamos una planta.

Este cumplimiento del protocolo espiritual fue motivo de queja por parte de Dharma, que ya recibe muchos presentes de sus alumnos y es algo que le incomoda. En el caso de la planta, lo peor es que su sala-templo ya tenía muchas y ni siquiera había lugar donde ponerla. O sea que se podría decir que empezamos la cita con mal pie.

Dharmaji 2

Por otro lado, como todo el plan de la entrevista había sido improvisado a último momento no habíamos llevado a New York una cámara filmadora ni un trípode sino que apenas teníamos una cámara de fotos compacta que grababa a duras penas, a la vez que Hansika sostenía la pequeña cámara con su mejor pulso mientras yo hacía las preguntas.

Por tanto, la calidad audiovisual de la filmación dejaba mucho que desear, un gesto poco profesional de nuestra parte ante la presencia de un maestro como Dharma. De hecho, y sin perder su buen humor, al acabar la entrevista Dharma nos dijo: “La próxima vez traigan una cámara mejor”. O sea que se podría decir que también terminamos la cita con mal pie.

Dharma & Naren 2011

Junto a Dharma y Shiva al acabar la entrevista

A pesar de nuestros defectos logísticos, Dharma nunca nos hizo sentir incómodos y nos dedicó 30’ de su valioso tiempo para responder amorosamente a preguntas que responde en cada entrevista que le hacen. Ante dos personas sin ninguna credencial, con una cámara vieja y preguntas balbuceantes y trilladas Dharma fue, como siempre, ejemplo vivo de compasión y de amor, al punto de darnos un abrazo espontáneo al final del encuentro. Al mismo tiempo, Dharma puso en práctica uno de sus axiomas favoritos: “Compartir conocimiento espiritual es la forma más grande de caridad”.

La página web que teníamos en mente nunca se concretó y la grabación de la entrevista con Dharma Mittra reposó en nuestro disco duro por tres años hasta que, finalmente, la decidimos editar y publicar en la forma de pequeños clips, como forma de cumplir nuestra parte del trato original y como sencillas muestras de la enseñanza de Dharma, con la intención de que sirvan para inspirar a otras personas.

El nombre de la serie de clips es “Sri Dharma Mittra explica…” y todos los vídeos son en inglés con subtítulos en español. En este post comparto tres clips, que son los primeros que fueron editados. A saber:

Sri Dharma Mittra explica Yama, Niyama, Asana y Pranayama: En menos de 3′ Dharma hace un resumen de los cuatro primeros pasos del Raja Yoga o Yoga clásico. Entre otras cosas dice que “la mayoría de las posturas sofisticadas no son importantes” y, hablando de pranayama, explica su famosa metáfora de llevar la conciencia desde “radio AM a Alta definición” y más:

Sri Dharma Mittra explica diferentes técnicas de meditación: En menos de 2’ Dharma enumera distintas formas de concentrar la mente, adecuadas al ánimo o la personalidad de cada persona. Después de esto no puedes decir que no existe una meditación para ti:

Sri Dharma Mittra explica acerca de Mantra: Dharma habla del poder y la importancia de repetir mantras, en referencia a los principiantes y también en general:

Entendiendo que la profunda enseñanza de Dharma Mittra no puede resumirse ni expresarse en breves clips, sí esperamos que una pizca de su sabiduría llegue a todos a través de estos vídeos, que nacieron de la pura generosidad del maestro y a quien estamos muy agradecidos.

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Swami Premananda sobre la compasión

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Justo después de publicar el post de la semana sobre ahiṁsā, me encontré con un discurso de Swami Premananda sobre la compasión y la práctica de no dañar. Sus inspiradoras palabras podrían ser un gran colofón para mis reflexiones de aquel post aunque, en realidad, son toda una enseñanza en sí misma que creo merece ser leída y absorbida por separado. A continuación un fragmento.

Swami dice:

“Te daré una práctica que, de hecho, es parte integrante de dar servicio. Es una sadhana mental muy útil. Como aspirante espiritual, efectivamente es necesario ayudar a los demás, pero no pienses que sólo tienes que hacer acciones individuales de servicio o dar donaciones para hacer servicio y bien a este mundo.

La ‘amorosa bondad’ es una de las cualidades más elevadas que podemos alcanzar en nuestras vidas. Alcanzar este estado elevado en el interior sería un servicio increíble que impulsaría nuestro trabajo en el mundo más de lo que las acciones podrían hacer.

Hay muchos modos de ayudar a otros seres humanos, animales y plantas. Primero puedes ayudarles mediante oraciones y meditaciones. Durante tu sadhana (práctica) diaria piensa en tu forma o cualidad divina favorita, piensa en tu maestro espiritual con amor puro, piensa en tus relaciones y tus seres cercanos con amor, piensa amablemente en aquellos que viven en tu comunidad y envíales vibraciones amorosas, piensa en los ciudadanos de tu país deseándoles el bien y enviando pensamientos de amor y sabiduría, piensa en todas las personas del mundo y deséales el bien y amor puro.

Finalmente envía todos tus buenos pensamientos al Universo y ora para que todo alcance la liberación y la felicidad definitiva. Si podemos desarrollar esta cualidad en la mente, esto sí que es un gran servicio”.

Swami Premananda

Leyendo las palabras de Swami naturalmente pienso que la práctica espiritual de pedir desde el corazón por el bienestar de todos los seres, en todas partes, encuentra su expresión sintetizada y tradicional en un famoso mantra:

lokāḥ samastāḥ sukhino bhavantu

Cuya traducción bastante literal podría ser:

“Que todos los mundos sean felices”

Y cuando decimos “mundos” nos referimos también, obviamente, a todos los seres que habitan esos mundos, que según la tradición hindú pueden ser tres, siete o catorce, pero ciertamente van más allá del planeta Tierra y se podría resumir, como dice Swami, en “enviar todos tus buenos pensamientos al Universo”, al “todo”; lo cual incluye, como dicen las Escrituras, “lo móvil y lo inmóvil”.

Una gran práctica que, a pesar de ser invisible a priori, sin duda ayuda al mundo, incluso aunque sólo sea para abrir tu propio corazón y hacerte más receptivo al bienestar de lo(s) demás.

Para acabar, el mantra a cargo de la artista Wah!, en una versión moderna que no por ello es menos inspiradora:

Govinda, George Harrison y la Brahma-Saṁhitā

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Mis clases semanales de sánscrito en la Universitat de Barcelona impartidas por la Dra. María Elena Sierra siempre son una fuente de inspiración para este blog y sus contenidos. De hecho, la semana pasada estuvimos recitando un texto tradicional llamado Brahma-Samhitā, que es especialmente venerado por una rama del vaishnavismo, la fracción del hinduismo que adora a Vishnu como el Absoluto.

Esta rama del vaishnavismo, de nombre Gaudīya sampradāya, adora a Vishnu en su aspecto de Sri Krishna y su exponente más conocido en occidente es la organización ISKCON, popularmente conocidos como los Hare Krishna.

La historia de la Brahma-Samhitā es muy atractiva porque se considera una escritura antigua que estaba desaparecida y que fue encontrada en el siglo XVI por el santo y místico bengalí Sri Chaitanya Mahāprabhu, en un templo de Kerala, durante su peregrinación por el sur de la India. En realidad, se dice que lo que encontró Sri Chaitanya fue apenas un manuscrito con el capítulo 5 de un texto mucho más extenso que, ese sí, continúa perdido.

La particularidad del texto es que, en él, se explica que el dios Brahmā considerado el creador del universo, recibe un mantra y la inspiración divina de parte del Señor Krishna, para así poder cumplir con su rol creativo. De hecho, cerca de la mitad de las 62 estrofas con que cuenta el texto son loas y oraciones de Brahmā para Krishna, que se presenta aquí como el “ser primordial”.

Este texto es toda una “declaración de intenciones” de la filosofía vaishnava y no es casual que el dios creador dependa, en realidad, de la gracia e inspiración de Sri Krishna.

Justamente, el mantra que se repite como “coletilla” durante esta letanía de alabanza es siempre:

govindam ādi-purusham tam aham bhajāmi

Cuya traducción literal podría ser:

“A Govinda, la persona original, a él yo adoro”.

Govinda es un nombre de Krishna en su rol de pastor de vacas, que significa “el que encuentra a las vacas”.

Más allá de su sentido original, este mantra trascendió los límites vaishnavas y cobró fama merced a una canción producida y arreglada por George Harrison en 1970, de título Govinda. Como es sabido, de los cuatro Beatles, Harrison fue quien más interés mostró por la filosofía hindú y, eventualmente, se involucró activamente con el movimiento Hare Krishna.

De hecho, la canción Govinda fue grabada en colaboración con el templo Radha Krishna de Londres, con quienes un año más tarde (1971) publicaría un disco llamado simplemente The Radha Krsna Temple, en el cual aparece otra vez Govinda junto a otras oraciones y mantras tradicionales.

Si bien la versión producida por Harrison era moderna y acorde a los tiempos, fue también muy respetuosa con la tradición hindú. Al punto de que el fundador de ISKCON, Swami Prabhupāda, pidió que la canción fuera puesta al inicio de las adoraciones diarias en todos los templos Hare Krishna del mundo. De hecho, la voz principal de la canción es femenina y pertenece a una devota llamada Yamuna, mientras que Harrison se limita, al parecer, a tocar la guitarra y el harmonio.

De todas formas, gracias a la participación de Harrison, esta canción devocional llegó a estar en el puesto 16 del ranking de sencillos del Reino Unido y como resultado el mantra pasó a la fama. En la canción también aparecen completas las estrofas 30 y 32 de la Brahma-Samhitā.

Después de tanta explicación aquí va la canción:

Para aquellos que quieran escuchar una versión más tradicional, aquí está la recitación de la Brahma-Samhitā a partir de la estrofa 29:

Y si alguien quiere leer el texto original completo y en sánscrito (con traducción al inglés), puede clicar aquí.

Finalmente, y sabiendo que este blog tiene lectores de todos los tipos, comparto una canción moderna del grupo “yóguico-electrónico” norteamericano EarthRise Soundsystem, en que hay DJ’s, raperos y baile, y sobre todo un estribillo que, a esta altura, no hace falta especificar:

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La práctica de recitar mantra según Swami Premananda

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En la edición de enero de la revista del Sri Premananda Ashram, llamada Prema Ananda Vahini, aparece una pregunta que le hacen a Swami Premananda acerca de la forma correcta de rezar. Y, quizás inesperadamente, Swami empieza a contestar sobre mantras más que sobre ‘plegarias’ y explica la forma correcta de repetirlos y recitarlos.

El tema de los mantras es bastante popular, aunque no sé cuán entendido y, por eso, me parece muy apropiado publicar unos breves fragmentos de la respuesta de Swami. Algunos de estos fragmentos son ciertamente llamativos y con mucho jugo para la reflexión. Para el que quiera leer el texto completo de la revista (que, en realidad es la 1ra parte de la respuesta total) puede clicar aquí.

Dice Swami:

“Si uno sólo dice los mantras con la mente, no habrá ningún beneficio en ello para nada. Se debe decir el mantra en el corazón“.

“Cualquier mantra que digas, siente en tu interior y luego di el mantra”.

“Cualquier mantra o plegaria que digas, lo mejor es decirlo internamente, sin usar la boca ni hacer sonidos. Piensas que estás diciéndolo internamente cuando vas hacia el trabajo, cuando vas a alguna parte, mientras charlas y hablas, o haciendo cualquier cosa, pero eso no es en verdad interno. Si dices un mantra internamente, de la manera genuina, no puedes hacer ninguna otra cosa al mismo tiempo. Si en verdad dices el mantra internamente, sólo puedes decir el mantra”.

No digas el mantra por momentos o todo el tiempo, dilo internamente“.

En la revista Prema Ananda Vahini de febrero, que aún no está disponible en español (en inglés se puede leer aquí), aparece la segunda parte de la respuesta de Swami y, como adelanto, les dejo este concepto, en una época en que los mantras son, con frecuencia, una mera música de fondo para nuestras actividades cotidianas:

“Las palabras de los mantras tiene tantísimo poder, pero no las sientes de forma poderosa porque simplemente las estás diciendo con tu boca. Debes darte cuenta del poder, sentir el poder, entender el poder y ser honesto con ese poder. De lo contrario, si simplemente dices el mantra, ¿qué conseguirá? Eso es una locura. ¿Cómo es que los mantras tienen ese poder? Depende de la manera en que dices el mantra. Puede tener mucho poder y vibración; por otra parte, puede ser una locura“.

El mantra no es un truco de magia ni un ‘atajo’; si no se repite con consciencia y desde el corazón, entonces puede ser un sinsentido o una “locura”. Y conste que  esto me lo digo a mí mismo.

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Este sábado 22 de Marzo daré un taller en la escuela Yogaia, en Barcelona, sobre las Deidades que inspiran āsana, para hablar de las posturas que habitualmente practicamos en una sesión de yoga y que están inspiradas en deidades hindúes. Si te interesa y quieres más detalles, puedes clicar aquí.

El significado del mantra krīm

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En el hinduismo, un mantra es una fórmula sonora que se considera sagrada, ya que está compuesta por sílabas, palabras o frases (generalmente en lengua sánscrita) que cargan una milenaria vibración positiva, capaz de transformar la conciencia de quien la canta o, también, la escucha.

En la vasta tradición de mantra vidyā (ciencia de los mantras) hay muchos niveles de conocimiento y muchos matices, entre ellos la clasificación de los mantras en diferentes clases. La clase que me interesa hoy es la de los bīja mantra, que son los mantras más breves, al punto de estar compuestos por apenas una sílaba. El bīja mantra por antonomasia es la sílaba Om/Aum, que se considera el primer sonido, del cual se origina todo el universo.

La palabra bīja quiere decir “semilla”, y estos mantras se llaman así porque son el ‘simiente’ de “realidades mucho más complejas y de su correspondiente experiencia espiritual” (G. Feuerstein, The Yoga Tradition). Se trata de fonemas que no son traducibles de manera literal pero que invocan ciertas energías o, también se puede decir, “invocan la potencia específica de una deidad”.

Kālī, la oscura

Entre los muchos bīja mantra que existen (Om, Aim, Klīm…) uno es krīm, que invoca la energía de Kālī, una de las deidades más malentendidas del hinduismo debido a su fiera apariencia. La iconografía tradicional la muestra con la lengua afuera, bailando en éxtasis, ataviada con una guirnalda de cráneos y sosteniendo en una de sus cuatro manos la cabeza recién degollada de un demonio.

Para comprender el simbolismo de Kālī es bueno saber que ella representa uno de los tantos aspectos femeninos de la Divinidad, en particular el rol destructor/transformador de la Madre Divina. El nombre Kālī significa “oscura”, en referencia a su color de piel, aunque en un segundo nivel de lectura también remite a la palabra kāla que puede significar “tiempo” y, por tanto, “muerte”, ya que la muerte es el resultado natural del paso del tiempo.

A pesar de estos signos en apariencia ominosos, Kālī cumple de forma imparcial el inevitable rol ‘destructor’ del tiempo, a la vez que su esencia es transformadora, ya que según la cosmovisión hinduista todo lo que muere está destinado a renacer. De hecho, la cabeza cortada en su mano no representa un asesinato gratuito, sino que es el símbolo del ego del devoto, considerado el principal obstáculo para el camino espiritual, y que la Madre Kālī ha arrancado de raíz.

En este sentido, la ‘muerte’ que representa Kālī es la muerte del ego, lo cual sería “el renacimiento del alma”, al decir del erudito y astrólogo norteamericano David Frawley.

Energía y transformación

Como hemos visto, en el caso de Kālī muerte y transformación van de la mano, y justamente su rol transformador es muy relevante en krīm, ya que es una mantra que “crea poder espiritual” y pone en movimiento la energía transformadora de Kālī, cuyo objetivo más místico sería despertar la energía conocida como kundalinī, la cual es una expresión individual de la Energía Universal (o Shakti).

De todas formas, la energía transformadora de Kālī no funciona de forma mágica y requiere, en la mayoría de casos, de cierto esfuerzo por parte del buscador espiritual, ya que la transformación implica abandonar viejos hábitos y patrones, lo cual puede equivaler a la ‘muerte’ para algunas personas. Por ello, las personas que no están interesada en transformarse ven en Kālī solamente una diosa feroz y sin sentido.

Nadie dijo que la transformación espiritual no sea dolorosa (o incluso ‘oscura’), pero el resultado es siempre luminoso y las Escrituras explican que el buscador sincero no tiene nada que temer a la Madre Kālī o a su mantra invocador krīm.

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Oración hindú para bendecir las comidas

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Hace unos días estuvimos con Hansika en el darshan de Amma en Granollers y, entre otras muchas cosas, fijé mi atención en la oración sánscrita que, escrita en pancartas colgadas de la pared, presidía la cafetería y el amplio comedor. Se trata, obviamente, de la oración que se dice antes de ingerir una comida, no sólo en la misión de Amma, sino en la tradición hindú en general.

La oración en cuestión no es otra cosa que el mantra 4.24 de la Bhagavad Gītā y dice:

brahmārpanam brahma havir brahmāgnau brahmanā hutam /
brahmaiva tena gantavyam brahmakarma samādhinā //

Una traducción posible y bastante literal (hecha por mí basándome en mis conocimientos y, sobre todo, en otras traducciones) sería:

Brahman (es) la ofrenda, Brahman (es) la oblación, por Brahman (es) vertida la ofrenda en el fuego de Brahman / Ciertamente, Brahman (es) alcanzado por aquel que está absorto en la acción de Brahman //”

Aclaraciones y relaciones

Brahman es el nombre del Absoluto, que no tiene género, que es imposible de describir, pero que es el sustrato de todo lo que existe. Es el Ser Supremo o, si se quiere, Dios.

La traducción que presento más arriba tiene muchas otras variantes posibles, aunque la idea básica es que “todo es Brahman” y que, para conocerlo (en el sentido de obtener la trascendencia espiritual), hay que ser capaz de verlo en todas las acciones (propias y ajenas). Y una de esas acciones, tan cotidiana, es justamente comer.

¿Por qué si Brahman está en todas las acciones, este verso se utiliza únicamente antes del acto de comer? Dicha relación está basada, al parecer, en el concepto de “las ofrendas del sacrificio”, que suelen ser comestibles.

Las ofrendas al fuego hacen referencia al sacrificio tradicional védico (llamado yajña o homa) que consiste en ofrecer “fluidos y granos” al fuego, especialmente mantequilla clarificada (llamada ghī o ghrita). Esta tradición se basa en la idea de que el fuego (Agni) es el intermediario entre los hombres y Dios y, por tanto, se le ofrecen oblaciones como forma de honrar y propiciar a Dios.

Asimismo, se explica que este universo es un gran sacrificio constante en que el Sol se consume para dar la vida a todos los seres y, de la misma forma y muy pertinente para el tema de hoy, todos los alimentos que necesitamos para subsistir son un ofrecimiento diario para el “fuego” de nuestro sistema digestivo.

Patatas y conexión

Dar las gracias (o “bendecir la mesa”) antes de comer es una tradición de todas las religiones; e incluso lo realizan personas que no se consideran religiosas (algunas agradecerán a Dios, otros a la vida y otros a la Madre Tierra). La significancia de este ritual es obvia: agradecer por tener un plato de comida, combustible básico de nuestro cuerpo físico.

Asimismo, se considera que al ofrecer el alimento (o cualquier acción) a Dios, éste se vuelve sagrado, lo que se conoce como prasadam, y entonces su ingesta tiene también beneficios espirituales. Este ofrecimiento puede hacerse de forma mental, aunque también es muy usual ofrecer una porción de los alimentos a una imagen de la deidad o guru antes de consumirlos.

Yo, personalmente, no recito el mantra de la Bhagavad Gītā antes de las comidas sino otra oración que aprendí en mi casa y es en español. De todos modos, no es algo que haya hecho toda mi vida. Supongo que tuvo que ver mi primer viaje a la India, una tierra en que la liturgia cotidiana está muy extendida.

Recuerdo que en un largo viaje en tren (de Chennai hacia Bhubaneshwar) coincidí con un muchacho hindú, muy pío, que estaba comiendo patatas fritas de bolsa y antes de ingerir ¡cada patata!, decía un breve mantra de bendición. Eso sí me pareció “estar concentrado en la acción de Brahman“.

Por supuesto, como dice el maestro norteamericano Ram Dass, “los rituales pueden ser cosas rígidas o pueden tener vida” y decir una oración antes de comer puede convertirse en un acto automático, sin contacto con la esencia original.

De cualquier forma, continúa Ram Dass, “con el tiempo, a medida que practicas [la oración], observa como este ritual de bendición se convierte en una declaración viviente de tu conexión con lo Divino, de tu unidad con todo lo manifiesto en el universo”.

Ram Dass

Pretender que una acción tan breve y simple como rezar antes de comer nos traiga “conocimiento de Brahman” quizás suene algo ambicioso; de todas maneras, aunque sólo sea un granito más de arena en nuestra práctica, por experiencia personal puedo decir que ese pequeño momento puede ayudar a aquietar la mente y re-conectar con nuestro interior. Y no es poco.

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