El blog de Naren Herrero sobre Yoga, la India y su filosofía

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El sello de Pashupati

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Hace alrededor de cinco mil años, en el noroeste del subcontinente índico (hoy principalmente Pakistán), surgió una de las civilizaciones más enigmáticas de la historia para los estudios arqueológicos, antropológicos, y también yóguicos.

Se la conoce comúnmente como civilización del Valle del Indo porque sus principales asentamientos se encontraban cerca del actual río Indo (conocido como Sindhu o Sindh en lenguas vernáculas).

A nivel histórico académico, esta civilización se considera anterior al llamado periodo védico registrado en los textos hindúes más antiguos.

Desde mediados del siglo 19 el Servicio Arqueológico de la India, en ese entonces a cargo de la administración colonial británica, sabía de la existencia de ruinas de urbes arcaicas, aunque fue recién a principios de la década de 1920 que se excavaron las dos principales ciudades de referencia: Harappa y Mohenjo-Daro.

Para los estudios de los orígenes del Yoga, de todos los hallazgos arqueológicos de la cultura del Indo el más relevante ha sido, durante décadas, un pequeño objeto de esteatita (un mineral blando o “jabonoso”) de apenas 3.5 cm de diámetro, datado aproximadamente del 2500 a.e.c., encontrado en Mohenjo-Daro, con el grabado de una llamativa figura sentada sobre una plataforma en una posición que asemeja grandemente a una postura yóguica de meditación.

Este objeto es conocido como «sello de Pashupati», pues los investigadores consideraron por años que su uso primigenio era el de sellar mercancías, si bien los estudios recientes se inclinan por la hipótesis de que se trataría de un tipo de insignia o amuleto que se llevaba colgante, ya que por detrás posee una protuberancia perforada como para que pase un hilo, por ejemplo.

Por su parte, el epíteto sánscrito Pashupati significa literalmente «Señor (pati) de los animales (pashu)» y remite al dios hindú Shiva que, además de ser considerado popularmente como el prototipo de yogui, es una deidad un tanto salvaje en cuanto está fuera del orden social (no tiene familia, ni posesiones, ni trabajo, ni estatus…), y desde los textos védicos, bajo el nombre de Rudra, se relaciona con las tormentas y también con el poder curativo de las plantas.

En la iconografía devocional posterior, Shiva va semidesnudo y se le suele representar sentado sobre una piel de tigre o adornado con serpientes, ambos casos un símbolo de, entre otras cosas, el dominio que tiene el yogui perfeccionado sobre los bajos instintos animales del ser humano. De allí que se lo considere como «Señor de las bestias» (Pashupati).

Justamente, el hecho de que el personaje en posible postura yóguica del antiguo sello esté rodeado por cinco animales (tigre, elefante, rinoceronte, búfalo y antílope) fue una de las razones que llevó al inglés John Marshall, director del Servicio Arqueológico de la India a finales del 1920, a asignarle el famoso nombre al sello que, en realidad, se denomina simplemente objeto #420 en el catálogo arqueológico oficial de Mohenjo-Daro.

Otras de las razones primeras para el nombre Pashupati fueron las aparentes tres caras de la figura (hay ejemplos famosos de Shiva con triple cara como la gran escultura de las Cuevas de Elephanta, en Mumbai) y el tocado con forma de cuernos que porta en la cabeza y que remitiría al tridente, arma arquetípica de Shiva.

De estos argumentos, el único realmente fuerte, y que no ha sido desmontado del todo por los académicos a lo largo de las décadas siguientes, tiene que ver con la posición de las piernas de la figura, de la que, por otra parte, todavía se discute si es hombre o mujer; chamán, líder político, deidad o demonio.

Como se aprecia en la ilustración que encabeza este texto, el posicionamiento de las piernas es peculiar, ya que no se trataría de una simple postura cómoda de piernas cruzadas, tan típica de la cultura india, sino que pareciera que los talones estuvieran presionando el perineo, un punto anatómico crucial en los esquemas y las metodologías físico-energéticas del Yoga, tal como se cristalizará varios siglos más tarde.

Si bien es el más conocido, el llamado «sello de Pashupati» no es un caso aislado, ya que en el siglo 20 los arqueólogos hallaron otros cinco objetos en la forma de sellos, amuletos o tabletas de diferentes materiales (esteatita, terracota, cerámica) con una figura en una posición de piernas idéntica. El personaje central no siempre tiene animales alrededor, ni plataforma, tampoco el mismo exacto tocado, ni los mismos signos grabados, pero sí mantiene la dificultosa posición de las piernas que, más allá del debatido rol del personaje en cuestión, nos remitiría a una forma milenaria de proto-yoga.

Por supuesto, para tener certeza ayudaría mucho si se pudieran descifrar los seis signos de escritura presentes en el sello de Pashupati. El obstáculo es que el sistema de escritura de la civilización del Indo todavía no se ha podido descifrar y, de hecho, nunca se lo podrá hacer, a menos que aparezca un texto bilingüe o trilingüe como fue la piedra de Rosetta para los jeroglíficos egipcios. Por ahora el significado de la escritura del Indo es motivo de especulación.

Esto no es impedimento para que la visión tradicional india considere esta imagen como prueba suficiente de que el Yoga (entendido como control del cuerpo y de la mente) tiene, por lo menos, 4500 años de antigüedad, al tiempo que se acepta de forma implícita que la cultura del Indo dejó su marca en el ADN religioso del subcontinente.

En base a esta idea tradicional, diversas publicaciones, maestros y profesores de yoga hablan, todavía hoy, de que los orígenes del yoga se remontan a cinco milenios.

Para los estudios académicos, en cambio, cualquier conclusión que saquemos de este material visual es «altamente especulativa», por lo que, según ellos, de ninguna manera podríamos asumir la existencia de tal cosa como un Yoga pre-védico.

6 comentarios

  1. Un tema interesantísimo que lleva centrando mi atención décadas. He leído todo lo que ha caído en mis manos sobre ello. Fascinante, pero tiene sus peligros, Narén (con todo mi amor) es tan misterioso y hay escritas tantas fantasías… No resulta sencillo escribir sobre aquella época en el Valle delIndo. Hay que tener en cuenta, además, la manipulación que existe actualmente de la antropología y quién realizó las excavaciones, momento histórico y personal (antropólogos, etc).
    Me alegro muchísimo encontrarte como interesado, también en este asunto.
    ADELANTE.
    Un gran abrazo.
    Anándana

    1. Muchas gracias Anándana por tu comentario alentador. Sin duda es un tema misterioso que incita a la fantasía y, claro, podría salir cualquier cosa de ahí. Veremos si realmente llega el impulso para hacer algo al respecto o se queda en el akasha.
      Un abrazo grande

  2. Gracias Naren, súper interesante tu articulo sobre el sello de Pashupati! Ojala puedas concretar la novela de la civilización del valle del Indo. A mi me suele invadir la intriga sobre cómo habría sido la vida de ese pasado remoto en esas latitudes! Namaste!

  3. Gracias por el artículo, Naren. Ya tienes una lectora potencial más para esa novela. Ojalá se materialice y no se quede en el akasha

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