EL ORIGEN DE LA PALABRA "YOGA"
Si abrimos cualquier diccionario de sánscrito en la palabra yoga descubriremos que es una de las entradas más extensas de todo el libro, con una sorprendente variedad de acepciones. Si, en cambio, le preguntamos la definición a una persona practicante o profesora de Yoga, con gran probabilidad nos dirá que significa «unión».
Si inquirimos ¿unión de qué?, puede que escuchemos «entre cuerpo, mente y espíritu», que en realidad no se encuentra en los textos tradicionales, o más canónico, «unión del ser individual con el Ser supremo».
En cualquier caso, se trata de definiciones relativamente recientes en comparación a las primeras referencias explícitas sobre yoga que aparecen en medio de los intrincados versos de los textos védicos, llenos de simbolismo, poesía y misticismo.
Los textos védicos son los primeros registros de la tradición hindú y están compuestos, sobre todo, por himnos, plegarias, invocaciones y fórmulas para ser recitadas durante las ceremonias rituales. Asimismo, se trata de mensajes espirituales cuyo significado profundo no es aparente en la superficie.
A nivel etimológico, el término yoga deriva de la raíz verbal sánscrita yuj que, en origen, significa «uncir o sujetar». En su sentido primigenio, por tanto, yoga refería al «hecho de uncir el caballo o el buey al carro»[i] y de ahí que pueda traducirse como «yugo», es decir el instrumento al cual se sujetan los animales.
Por metonimia, como explica el filólogo y sanscritista español Francisco Rubio Orecilla, ya en el Rig Veda la palabra se aplica también a la totalidad de los aparejos de montar o de tiro (arnés, riendas, correajes…) y, por la evolución de la lengua, a partir de la noción de «arreos del caballo» pasó a designar «equipamiento» en general y, en un sentido más concreto, «método» sistemático de realizar algo.
Esta última acepción es, además de milenaria, muy actual pues incluso para las personas de a pie el Yoga, más que «unión», es una «disciplina» o, en todo caso, «un conjunto de técnicas».
Al mismo tiempo, el significado tradicional de uncir no se limitaba a los animales ya que se fue ampliando metafóricamente a los seres humanos, especialmente a sus mentes, que es otra forma de referirse a la atención. De esta forma, el pensamiento del sabio se podía unir con la palabra sagrada (mantra) o con la visión de lo Divino.
En lo que podría ser el primer indicio histórico de yoga como proceso mental, en el Rig Veda encontramos una referencia a la luminosidad del dios del Sol en el auspicioso momento del amanecer:
«Los sabios uncen su mente y su inteligencia al divino y vasto dios que da vitalidad» (Rigveda, 5.81.1)
Por tanto, ya en sus primeras apariciones textuales, la palabra yoga -y otras formas de su raíz yuj– pasó de remitir a la simple unión de objetos materiales externos («yugos», «carros» o «animales»), a tener también un sentido metafórico relacionado con el objeto de atención del sabio («himnos», «palabras», «dioses»). Con los siglos, esta idea se irá puliendo hasta denotar específicamente el hecho de «uncir» o «unir» algo en el interior de la persona, tanto a nivel de autodominio de los sentidos como en el plano de la experiencia mística.
Si bien pueden usarse como sinónimos, el significado original de «uncir» implica un cierto grado de control, pues una de las partes debe ser forzadapara ser finalmente sujetada. A diferencia de la «unión» que, en condiciones ideales, sería de mutuo acuerdo y, por ende, más amable.
Ambos sentidos, ya presentes en el mundo védico, cobrarán relevancia en la historia del Yoga, a veces por caminos paralelos y, quizás más a menudo, entrecruzándose. De allí que, para el tiempo de la composición del tratado antiguo sobre gramática más importante de la India (siglo 4 a.e.c.), la raíz verbal yuj aparezca con dos acepciones:
- «uncir o unir», que es la acepción básica.
- «concentrarse», que deriva de la primera.
La razón de esta doble acepción es que, así como el animal debe ser forzado para ser atado al carro, la mente debe ser sujetada para concentrarse.
Otra forma de decirlo es que concentrarse es «mantener la atención en un punto», lo cual no suele ser fácil para la mente ordinaria, que desea saltar de un objeto a otro, al igual que el caballo prefiere ir a pastar antes que estar tirando de la carreta. Por ello, es necesario sujetar la atención si queremos llegar al estado de concentración.
A partir de este primer entendimiento del término yoga, que se basa en un enfoque más mental que físico, se desarrollará el proceso de evolución de lo que llamamos historia del yoga y que, con muchos rodeos y vicisitudes, llega hasta nuestros días.
Días en que sujetar la atención sigue siendo arduo, a la vez que requisito inescapable para recorrer exitosamente el camino de la liberación y el autoconocimiento.
[i] Rubio Orecilla, Francisco. Yoga, historia de una palabra. Revista YOGA nº 88/89. Septiembre 2016. Publicada por la AEPY.




5 comentarios
Muy buena y accesible manera de entender la raíz de esta palabra y sus implicancias. Muchas gracias!!!
Gracias Naren por compartir tu sabiduría a través del blog. ¡Estamos extrañando nuevos episodios del podcast!
Un abrazo
Una vez más muchas gracias por esta explicación resumida y de fácil comprensión. Tu labor didáctica sigue siendo un tesoro para todos los que tenemos la suerte de conocer tu trabajo que tan generosamente compartes !
Quisiera añadir,
“Días en que sujetar la atención sigue siendo arduo, a la vez que requisito inescapable para recorrer exitosamente el camino de la liberación y el autoconocimiento.”
Sujetar la atención requisito inescapable también para recorrer el día a día en tiempos en que el exceso de información se convierte en desinformación y confusión…
Muy buen anàlisis y clarìsimo. Gracias!
Gracias Narem. Clarisimo