Qué enseña la Filosofía del Yoga en referencia a la capacidad de pensar y cuál es su relación con lo que somos en esencia.
Todos los seres humanos, para actuar con tranquilidad, necesitamos cierto grado de certeza como el que nos da el saber que mañana saldrá el Sol, que somos hijos de nuestra madre, que la fruta fresca es sana o que si soltamos un objeto en el aire caerá al suelo…
Sin embargo, en esta época que los estudiosos denominan Posmodernidad -o ya Transmodernidad-, vivimos bajo la poderosa sensación de tener numerosas certezas, incluso sobre cuestiones que apenas conocemos superficialmente. Merced a lo que en la jerga sociológica se ha llamado la era de la información, con unos pocos clics desde nuestro sofá podemos recibir una ingente cantidad de datos sin importar el lugar ni el tiempo en que ocurran.
A esta inagotable marea de información se le suma el paradigma filosófico que da aliento vital a la idiosincrasia del mundo moderno y occidental desde hace unos cuatrocientos años, que es cuando los libros de historia sitúan el nacimiento de la era de la razón (con René Descartes). Ese paradigma, en el que hemos sido criados, se puede definir en dos palabras: racionalista y materialista.
El racionalismo es considerar a la razón como el atributo más elevado del ser humano, a través del cual una persona puede llegar a comprenderlo todo.
El materialismo, por su parte, es considerar que la única realidad existente es la material, es decir, aquella que puede verse, medirse o comprobarse empíricamente.
Esta cosmovisión guía nuestra sociedad, nuestra educación y, todavía más evidente, nuestra ciencia, donde lo cuantitativo, lo objetivo y lo demostrable son condiciones sine qua non.
Hace cuatro siglos que Descartes dijo “pienso, luego existo” mientras que ya hace más de dos mil años que en la India se expresó una idea revolucionaria: “cuando dejo de pensar realmente existo”.
El postulado básico es que detrás del torbellino mental y de los altibajos emocionales que tan bien conocemos se encuentra nuestra esencia, siempre libre y en calma. Aquí nos estamos metiendo en delicados terrenos metafísicos, pero si aceptamos, aunque sea parcialmente, que tenemos una esencia que, a falta de mejor palabra, definimos como “espiritual”, ¿cómo podría la mente racional conocer eso trascendente si solo acepta lo que es intelectualmente comprensible?
Pongamos el freno. Si somos racionalistas (y, sin duda, lo somos) no hay por qué asustarse, ya que tanto la teoría como la práctica del yoga que nos interesa no deben ser nunca irracionales. Su propósito es más bien transrracional, es decir, conducir al practicante a un estado esencial más allá de las limitaciones de la mente analítica e intelectual.
De hecho, todas las grandes filosofías yóguicas tradicionales otorgan primordial importancia al uso correcto de la capacidad intelectual y discernidora del ser humano. De ninguna manera se pide creer ciegamente en las enseñanzas mas, por el contrario, utilizar la propia capacidad de reflexión y el buen juicio para seguir la dirección adecuada. En este sentido, el yoga no es anticientífico pues también se puede abordar y practicar como una ciencia.
De todos modos, la crítica yóguica a la visión materialista radica en que ignora (o incluso rechaza) lo cualitativo en pos de lo cuantitativo, lo subjetivo frente a lo objetivo y lo experienciable frente a lo empíricamente demostrable. Es decir, ignora justamente lo que nos hace humanos. Tan humanos, al menos, como el hecho de ser seres racionales.
La razón nos da la medida para discernir entre lo verdadero y lo falso. La intuición, por su parte, si es genuina, suele “tener razones que la razón no entiende”. La razón se nutre de la experiencia exterior acumulada, mientras que la intuición brota desde dentro, por vericuetos insondables incluso para los estudios neurocientíficos. Este mundo es dual, por lo que siempre hay dos fuerzas bailando en complicidad. Y, como es de esperar, entre la dictadura de la razón y leer el futuro en el poso del café hay muchas paradas intermedias.
Sin embargo, más que buscar un equilibrio, nos empeñamos en tener certezas a toda costa, con el riesgo de confundir el anhelo por la verdad con la chatura del objetivismo.
Desde el punto de vista de la filosofía del yoga, esta tendencia racionalista-materialista no está aportando beneficios a la vida interior de las personas modernas.
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Próxima edición: septiembre 2024
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2 comentarios
Saludos.
Mi atención se agudizo al leer «torbellino mental y de los altibajos EMOCIONALES»… pensando en las emociones y su relacion tan estrecha con la IE (inteligencia emocional) me viene a la cabeza la palabra Vrttis, cullo significado es torbellino o remolino. Dándole una vuelta y pensando en las emociones, estas se agrupan en 2 categorías: primarias; emociones q son automáticas e impulsivas, y secundarias; emociones q surgen de un dialogo interno (pensamiento discursivo), aquí asocio yoga con las ciencias modernas, en este caso con la IE, pues desde mi perspectiva, percibo claramente q no son antagónicas sino q existe un nexo de unión entre ambas metodologías.
Nuestras emociones secundarias brotan de nuestro soliloquió interno, nuestros pensamientos, esa «radio de fondo» q suena mas alto cuando nuestra mente no esta centrada o «ocupada en algo», cuando somos capaces de gestionar todo eso, silenciar la radio, es cuando nos topamos con «nuestra esencia, siempre libre (de patrones) y en calma».
Bonito articulo Naren.
Om radha.
Escribo “solo” para felicitarte i agradecerte habernos obsequiado, una vez más, con un magnífico i esclarecedor artículo.
A su vez este artículo me da pie a invitarte a escribir sobre si esta tendencia tan celebrada de dar explicaciones científicas a todo lo que respecta el yoga, anatomía, osteopatia, neurociencia i demás, no conllevan el riesgo de despojarlo justamente de esta intuición de la que nos hablas.
El “sistema” tiene la facilidad de apropiarse y llevarse por delante todo lo que surge en el camino y a menú pienso que esto es lo que está ocurriendo también con lo que llamamos yoga. Una disciplina, técnica, filosofía… que a priori pone entredicho los valores y dinámicas de la sociedad actual se está conviertiendo en una herramienta más de lo que algunos llaman el neoliberalismo.
Agradecerte una vez más tu generosidad de tantos años compartiendo tu investigaciones i reflexiones en torno al yoga y el pensamiento de la India, en torno a la vida.