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¿Qué es el hinduismo?

¿Qué es el hinduismo?

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¿Qué es el hinduismo?

¿Qué es el hinduismo?

El hinduismo puede ser difícil de definir y en este texto ofrezco pistas para entender un fenómeno – la presencia del hinduismo en el Occidente moderno – cada vez más palpable en nuestros tiempos.

En ocasión de la celebración-presentación en Barcelona de mi nuevo libro Hinduismo para la vida moderna ofrecí, entre otras actividades, una breve charla sobre el hinduismo y la pertinencia de sus enseñanzas en la vida actual. Ese material, tal como salió en directo y también un posterior resumen que hice en video, se puede ver en el grupo cerrado de Facebook Satsanga Campus, al que hay que pedir invitación para entrar. Como alternativa, hoy escribo este post con las líneas generales de mi explicación de qué es el hinduismo, un tema que a menudo es incomprendido o poco analizado.

 

El entendimiento general es que el hinduismo es una “religión” y aquí encontramos el primer obstáculo. Para la sociedad moderna, cada vez más laica, la etiqueta de religión no es bien recibida y está relacionada con prácticas o creencias que se consideran obsoletas.

 

Lo que llamamos hinduismo se autodefine como sanātana dharma, que podría traducirse como “ley eterna”, y refiere a la idea de que las verdades espirituales que sostienen esa tradición son tan antiguas como la existencia misma. De hecho, el sanātana dharma no tiene una fecha de fundación, ni un fundador o profeta específico, ni un único libro sagrado, ni una institución central o autoridad principal, ni un único lugar sagrado de peregrinación…

 

Por lo anterior, se explica que el hinduismo sea una tradición muy polifacética y flexible en la que no hay un pensamiento único dominante y, como consecuencia, cada persona pueda encontrar su propio camino dentro de unos principios comunes básicos que incluyen, entre otras cosas, la idea de que toda vida es sagrada, de que todos los seres estamos unidos en esencia, de que todos los seres somos divinos y de que hay una realidad trascendental y espiritual más allá de lo material.

 

Desde esta perspectiva, más que una única religión el hinduismo podría ser un conglomerado de religiones, ya que incluye diferentes ramas y escuelas teológicas, filosóficas, morales, cosmológicas o prácticas que aceptan diferentes puntos de vista que no son monolíticos.

 

De todos modos, para lo que llamamos hinduismo, antiguamente no existía el concepto de religión como lo entendemos hoy, que es sobre todo una serie de prácticas que se realizan en momentos específicos de la vida (rituales y ceremonias), pero que están separados de la vida cotidiana y que tienen un alto componente de creencia como contrario a la experiencia directa.

 

Por tanto, en Occidente una persona religiosa se distingue sobre todo por realizar unas ciertas prácticas, pero no necesariamente por la forma en que vive o por su enfoque experiencial en los temas peliagudos de la existencia (miedo, sufrimiento, insatisfacción, ignorancia, muerte, trascendencia…). Es decir que, aunque esa persona vaya al templo cada semana, su forma efectiva de lidiar interna y externamente con el cambio climático, la conflictiva relación con su jefe, una gripe, la educación de un hijo o las vacaciones veraniegas es idéntica a la de un ateo.

 

En la tradición hindú el aspecto religioso (es decir, el más litúrgico) es un componente más en lo que a veces se ha llamado “una forma de vida”. De hecho, desde un análisis más amplio, al hinduismo, más que religión, se lo denomina una civilización, pues sus prácticas, su experiencia y su filosofía están integrados en la cultura y la sociedad desde siempre.

 

Por tanto, si bien existen templos para visitar, la relación del ser humano con lo divino o trascendente también ocurre en la calle, donde hay ermitas o pequeños altares. También ocurre en cada casa donde sin duda hay un altar familiar o personal; ocurre al comer porque se ofrece una oración de agradecimiento antes de alimentarse; está en la escuela donde se recita un mantra a la diosa del conocimiento antes de iniciar las clases; está en la arquitectura cuando se diseña la entrada de una vivienda hacia un punto cardinal propicio o cuando se invoca a Ganesha antes de poner los cimientos; está a nivel filosófico en la actitud frente al paso del tiempo y la muerte; está en la agricultura o la ganadería  cuando se considera que la tierra o la vaca son sagradas…

 

Claramente este panorama supera lo que entendemos por religión. ¿Acaso se habla de la religión egipcia, de la religión maya o de la religión sumeria? Claro que no, pues si bien el antiguo Egipto, Sumeria o la tradición Maya tenían componentes de lo que llamamos religión, se trata de fenómenos mucho más abarcadores que actualmente denominamos civilizaciones, pues integraban cada uno de los aspectos de esas sociedades. Lo maravilloso es que la civilización hindú se haya mantenido hasta el día de hoy y que no sea una pieza de museo o de mero análisis antropológico, sino una realidad vibrante y en plena evolución.

 

Es verdad que, históricamente, la civilización hindú está estrechamente ligada a la geografía india, pero ya a partir del siglo xix y sobre en el siglo xx, los postulados filosóficos y algunas prácticas del hinduismo empezaron a llegar a raudales al Occidente moderno. Y fueron muy bien recibidos, aunque en muchas ocasiones hayan sido reformulados, tergiversados o desgajados de su origen tradicional. En el moderno siglo xxi, donde el materialismo, el consumismo, el hedonismo y el vacío existencial campan a sus anchas, cada vez más personas occidentales abren los brazos con avidez ante el mensaje milenario que sigue llegando de la India pero que, actualmente, no se limita a una geografía. Ya es global.

 

Ante este nuevo escenario, uno puede darse cuenta de que una forma más adecuada de definir el hinduismo es cosmovisión. Es decir, más que religión (sus prácticas y creencias) o incluso civilización (su historia, su geografía y su cultura), estamos hablando de una concepción integral del universo, del funcionamiento del mundo y de nuestro papel en ese funcionamiento. Una cosmovisión incluye desde los aspectos cosmogónicos hasta los matices psicológicos individuales, pasando por la naturaleza de lo divino o mis hábitos alimenticios.

 

Recientemente, en esta entrevista radial, escuché una hermosa definición que hizo Swami Satyānanda Saraswati sobre el hinduismo:

 

“Es la observación del orden del cosmos (ṛtam), del cual yo soy parte. Y luego, aprender a vivir dentro del cosmos en armonía (dharma)”

La palabra sánscrita ṛtam refiere a una cierta regularidad que tiene que ver con el orden de todos los componentes del mundo, ya sea el ritmo de las estaciones, la perfección de una telaraña, la estructura del átomo o el nacimiento de una galaxia. Por tanto, los sabios hindúes cultivaron la contemplación y el reconocimiento de ese orden cósmico que es superior y más grande que todo lo conocido, a la vez que está presente en lo más minúsculo y sutil de cada ser, móvil o inmóvil.

 

La palabra sánscrita dharma refiere a un soporte, es decir a aquellas acciones correctas que sostienen el ṛtam. Para vivir de forma adecuada con el ritmo cósmico es necesario observarlo, estudiarlo e integrarlo. Las claves de ese reconocimiento fueron delineadas por la tradición hindú desde hace miles de años y, aunque los tiempos cambian a gran velocidad, siguen siendo válidas y necesarias en esencia.

 

Actualmente, del vasto repertorio de ideas y prácticas hindúes estamos tomando, como es obvio, el yoga, la meditación o la medicina ayurveda, pero también muchos otros conceptos o métodos que, por no llevar la etiqueta de hindú, son difíciles de identificar a primera vista, pero que subyacen al movimiento New Age, al popular fenómeno de coaching, a ciertas terapias naturales o incluso a enfoques pedagógicos alternativos.

 

Si bien está influencia hindú está a menudo invisibilizada en las disciplinas y técnicas modernas, su presencia se descubre al quitar las capas superficiales. En el prólogo de mi libro, Swami Satyānanda presenta una magistral explicación – con nombres, fechas y datos – acerca de la influencia que la cosmovisión hindú ha tenido en el pensamiento occidental, desde la antigüedad griega hasta los filósofos modernos.  

 

El ṛtam puede ser, en ocasiones,misterioso y el universo es tan múltiple, que sostener que hay una única forma de reconocer ese orden o una única manera de estar en armonía con él es, para el hinduismo, ser corto de miras. Justamente una de las grandezas de la tradición hindú es ofrecer un camino adecuado para cada tipo de persona, según su lugar, su época y especialmente sus circunstancias.

 

No se trata de relativismo ni de “todo vale”, sino de profunda capacidad de aceptación y flexibilidad. Pero como todos sabemos, para ser capaces de adaptarnos (lo que en arte se llamaría “improvisar”) primero tenemos que conocer las reglas básicas, y en eso el hinduismo posee una sabiduría antigua que está muy vigente. Por algo se dice que es eterna.

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3 comentarios

  1. Aleccionador, ameno. Noto que has trabajado pero apenas se nota, por no decir que no se nota ningún ego, que busque reconocimiento. Gracias por canalizar y traernos estas reflexiones.

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