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¿Para qué queremos aquietar nuestra mente?

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¿Para qué queremos aquietar nuestra mente?

En el Yoga Sūtra de Patañjali se dice que Yoga es “el cese de la actividad mental”, o “el aquietamiento de la mente” o “poner la mente en silencio”. La pregunta es: ¿para qué queremos aquietar nuestra mente?
Para explicarlo me gusta la analogía del estanque: cuando las aguas de la superficie están agitadas es difícil ver con claridad el fondo, y cuanto más agitadas estén las aguas más turbia será nuestra visión. Sólo aquietando las ondas, gradualmente, la arenisca se asienta y entonces somos capaces de observar de forma despejada el fondo del estanque. Es decir, cuantos más pensamientos, imágenes, recuerdos o planes naveguen nuestras aguas mentales, más difícil es ver con lucidez lo que está pasando en el fondo de nuestra persona.
Aquietar la mente obviamente sirve para ver con más claridad las cosas, aunque desde un punto de vista espiritual el objetivo final va más allá y consiste en (re)conocer nuestra verdadera esencia, que espera pacientemente en el fondo del estanque. En palabras de Patañjali: “entonces [al aquietar la mente] el observador se establece en su propia naturaleza”.

Y todo esto viene a cuento porque recientemente he leído un texto de la revista Conócete a ti mismo (nº1, año 2012), la publicación en español para difundir las enseñanzas del maestro espiritual indio Sri Satpal Ji Maharaj. El artículo se llama El pensamiento bloquea la experiencia real, está firmado por un discípulo de Satpal ji y si bien puede que no diga nada nuevo sobre este tema, me pareció muy bien explicado y resumido. Quizás sea porque estoy pensando en estas cuestiones últimamente pero me pareció buena idea compartir el texto de forma pública. Lo pongo abajo:

Sri Satpal Ji Maharaj

“El pensamiento es un bloqueo, es una barrera. Crea una pantalla opaca de conceptos, etiquetas, imágenes, palabras, juicios y definiciones que entorpecen toda relación verdadera. Se mete entre tú y tú mismo, entre tú y tus compañeros, hombres o mujeres, entre tú y la naturaleza, entre tú y Dios. Es esta pantalla de pensamiento que crea la ilusión de estar separado, la ilusión de que existe tú y un ‘otro’ completamente separado.
Entonces te olvidas del hecho esencial de que, más allá del nivel de las apariencias físicas y formas separadas, eres uno con todo lo que es. Al decir «olvidar» quiero decir que ya no sientes esa unidad como una realidad evidente. Quizás lo crees verdadero, pero ya no conoces que lo es. Una creencia puede ser reconfortante, pero solo a través de tu propia experiencia, sin embargo, es que se convierte en liberadora.
El no poder dejar de pensar es una aflicción terrible, pero no nos damos cuenta de ello porque casi todo el mundo está sufriendo por ella, entonces es considerado normal. Este ruido mental incesante te impide encontrar ese reino interno de quietud que es inseparable del Ser. También crea un ser falso, creado por la mente que arroja una sombra de miedo y sufrimiento.
El filósofo Descartes creyó que había encontrado la verdad fundamental cuando hizo su declaración famosa: ‘Pienso, luego existo’. En realidad había dado expresión al error más básico: igualar el pensamiento con el Ser y la identidad con pensar. El pensador compulsivo que incluye a casi todo el mundo, vive en un estado de estar aparentemente separado, en un mundo enloquecedoramente complejo de problemas y conflictos continuos, un mundo que refleja la fragmentación cada vez mayor de la mente.
Cogito ergo sum

La iluminación es un estado de integridad, estar en ‘unidad’ y por lo tanto en paz. Estar en unidad con la vida en su aspecto manifiesto, el mundo, así como con tu ser más profundo y la vida no manifiesta: en unidad con el Ser. La iluminación no es sólo el final del sufrimiento y del conflicto continuo por dentro y por fuera, sino que también es el final de la terrible esclavitud de pensar incesantemente. ¡¡Qué liberación tan increíble es!!
Pensar se ha vuelto una enfermedad. La enfermedad sucede cuando las cosas salen de equilibrio… La mente es un instrumento extraordinario si se usa correctamente. Usada equivocadamente, sin embargo, se vuelve muy destructiva. Para decirlo en forma más precisa, no es tanto que uses la mente en forma equivocada, simplemente no la usas. Ella te usa a ti. Esta es la enfermedad. Crees que eres tu mente. Este es el engaño. El instrumento se ha apoderado de ti.”

Vuelvo a tomar la palabra simplemente para agregar una obviedad: en general nos hemos criado con la idea de que “pensar poco” es igual a poca inteligencia y, sobre todo, hemos aprendido a identificarnos totalmente con nuestra mente. Una clave para cambiar de visión es darse cuenta que tú puedes analizar y observar (por eso Patañjali habla del observador) lo que hace tu propia mente y, por tanto, la mente es un ‘objeto’ separado, no es ‘tú’.
Entonces la pregunta natural que surge es, ¿quién es ese que está observando la mente? ¿Cuál es, siguiendo a Patañjali, “su propia naturaleza”? Y ahí es cuando la cosa de verdad se pone buena.

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