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Todos queremos ser especiales

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Tengo una teoría. Como sucede con la creación de muchas otras teorías informales – o sea poco “científicas” – de cosecha propia, utilizo el método de la inducción, es decir que parto de lo particular hacia lo general. Este hecho particular es, generalmente, mi experiencia personal, que me permite, y esto es muy discutible, conformar una tendencia colectiva sobre cuestiones de la naturaleza humana.

Dicha tendencia colectiva, basada en mi experiencia personal, no se refiere a cuestiones de gustos o estilos de personalidad, lo cual daría un resultado sin duda incorrecto, sino que remite a cuestiones profundas, que entiendo, afectan a todas las personas y están relacionadas con temas universales e inevitables como la búsqueda de la felicidad, el amor, el bien y el mal…

Sin duda las condiciones (sociales, culturales, educativas…) de cada persona determinan, en parte, el enfoque que tenga sobre dichas cuestiones mencionadas, pero creo que hay una visión general que trasciende las particularidades, e incluso las épocas.

Asimismo, mis teorías, por frágiles que sean, están de alguna forma constatadas por personas de mi entorno. También es verdad que uno se junta con quienes se le parecen, y por tanto mi teoría se podría limitar a personas que cumplen ciertos requisitos de similitud con mi visión de mundo.

Otro detalle importante es que la filosofía espiritual dice que siempre hay que considerar la multiplicidad de puntos de vista, sin enfrascarse en lo que uno considera la “propia” verdad.

Siendo consciente de la falta de rigurosidad de mis tesis, y confiando en que seré debidamente refutado a través de los siempre bienvenidos comentarios, me propongo, de todos modos, postular una idea, no como fin en sí misma sino como medio para un análisis espiritual del rol del Gurú.

Special

Tesis

La teoría en cuestión no es un secreto, ya que fue adelantada en el título de esta crónica: “Todos queremos ser especiales”. Al menos esa es mi sensación. Que todas las personas, desde pequeños, queremos ser diferentes, tener algo que nos distinga de los demás, que nos haga únicos.

Esta es una de las tantas razones para que la fama, el dinero y el éxito sean objetivos considerados de valor para la sociedad en general. Por ello, también se idolatra a estrellas de cine, músicos, deportistas, porque ocupan un puesto deseado por todos, un puesto que los hace únicos o especiales.

Evidentemente, en todos los ámbitos, hay personas que tienen mayor tendencia a querer ser “especiales” y realizan acciones que se salen de la norma para lograrlo. De todos modos, querer ser especial no implica solamente querer ser una estrella de rock, ni tampoco ser extrovertido o exótico.

Algunos consideramos ser especiales el ser elegidos por la chica más guapa del barrio; otros el tener las notas más altas de la clase; otros el conocer los nombres de pila de los autores de la literatura clásica rusa.

Por supuesto, uno es todavía más especial si es protagonista de hechos que nadie, o casi nadie más, realiza, como por ejemplo, ver gnomos en el bosque, avistar un OVNI o hablar con los espíritus.

A este respecto, la literatura, la televisión y todo el imaginario infantil que desde siempre se inculca a los niños, acorde con su supuesta visión fantástico-pueril de mundo, sean probablemente una de las causas de que todos queramos tener esas experiencias de fantasía que nos diferencien, a la vez que reafirmen lo aprendido.

De todos modos, alejándonos del mundo de los niños, cuando uno se supone que madura y abandona veleidades y fantasías vanas, dándose cuenta de que la vida no es como en los cuentos, sigue queriendo ser especial de alguna forma.

En algunos casos, esa “especialidad” se traduce en considerar la propia visión de mundo como la única correcta, y que muchas veces es puesta en práctica por medio de la crítica a todas las ideas que son diferentes. Ser especial significa, en este caso, saber cómo funciona el mundo o la vida, en sus variados ámbitos.

Obviamente, y siguiendo esta línea, otra opción es la de no criticar, llevando adelante la idea considerada correcta en la propia vida, suponiéndose especial por hacer lo correcto, probablemente lo que la mayoría no hace…

Seguramente hay infinitas formas de sentirse especial, y mi lista no es exhaustiva; de hecho, es más bien, como ya anticipé, basada en parámetros personales (sobre todo lo de los gnomos).

Finalmente, es claro que no todos nos sentimos especiales, pero creo que, en mayor o menor medida, todos sí que queremos ser especiales.

Gnomo

Inspiración

Para que el entramado de esta crónica sea completo, debo explicar de donde nace su inspiración: En la edición de abril 2010 de Prema Ananda Vahini, la revista mensual del Sri Premananda Ashram de la India – revista que no se puede comprar, y se recibe por ser miembro del Ashram o, en todo caso, por solicitud expresa -, hay un artículo titulado “El hombre de las mil miradas”, escrito por Dakshakanya, una devota argentina.

El artículo habla acerca de su visita al Ashram de la India, su encuentro con Swami Premananda y de cómo una persona puede llegar a sentirse “especial” por tener un Gurú, es decir un maestro espiritual.

En sus propias palabras: “Cuando tienes un Gurú, sientes que eres ‘especial’. Quizás esto parezca un pensamiento egoísta pero sientes que estás bajo su protección y por ende eres ‘especial’ por tener esa oportunidad. Cuando fui al Ashram, este sentimiento cambió un poco. Lo que vi es que todos los devotos que estaban allí, e incluso los que no estaban presentes, son todos igualmente especiales…”.

Efectivamente, durante el festival de Mahashivaratri, hay cientos de devotos intentado estar en contacto directo con Swami Premananda y, entonces, como escribe Dakshakanya, “es la combinación de ver una celebridad y un padre rodeado de muchos niños que reclaman su atención”. Si en la vida mundana, el tener un maestro espiritual es algo “especial”, pues en el Ashram es la norma general, y por tanto perdemos nuestra tan anhelada categoría.

De hecho, este mismo fenómeno ocurre en cualquier ámbito, y nuestra exclusividad depende mucho de con quien nos comparemos, pues lógicamente el deseo de ser “especial” tiene su asidero en la comparación con los demás.

Asimismo, considero, la necesidad de sentirse especial también está relacionada con creer que la propia existencia es más importante que las demás. Esta importancia personal no se basa tanto en nuestro rol en el mundo (ya que con está lógica el presidente de los Estados Unidos sería objetivamente más importante, por ejemplo), sino en que se trata de la única existencia que tenemos y por tanto nos parece trascendental.

Cuando uno va, digamos en autobús y mirando por la ventanilla, ve a cientos de otras personas allí afuera, simplemente como parte del decorado de la vida, y en realidad cada una de esas personas tiene una existencia igual de real que la nuestra, a la vez que cada una de esas personas tiene la sensación de que su propia existencia es la más importante de todas.

El filósofo francés Blaise Pascal (por citar a alguien reconocido) dijo que cada persona se cree el centro del universo porque, justamente, para ella el universo nace y muere junto a ella. Por ende, la persona es incapaz, a priori, de darse cuenta de que antes y después de ella ha habido y seguirá habiendo un mundo, y que su existencia personal no lo condiciona. Esta “ignorancia” sobre el ínfimo rol individual en el mundo es también causa del citado afán por creerse especial.

Blaise Pascal

Afortunado

Volviendo al artículo de Dakshakanya y su desengaño al darse cuenta de que no era la única persona con un Gurú, en este caso Swami Premananda, ella misma explica su solución personal:

“Entonces decidí cambiar la palabra ‘especial’ por afortunada, ya que ‘especial’ implica un tipo de exclusividad o favoritismo, algo que Swami ha totalmente trascendido, a pesar del hecho que él realmente tiene una conexión personal con cada uno de nosotros”.

Veamos, en el ámbito espiritual considerase “único” puede tener mucho que ver con sentirse que uno está consciente de una realidad más profunda, con sentirse especialmente guiado o con tener conocimientos sobre filosofía o misticismo que son ajenos a la mayoría. Si estar en el camino espiritual implica alguna de esas características, entonces no es motivo de soberbia o superioridad, sino de agradecimiento.

Aquí, como en cualquier ámbito de la vida, el tener conocimientos, adjetívense estos como mejores o diferentes, no implica el derecho a mirar a los demás como inferiores sino con empatía, es decir, poniéndose en su lugar y comprendiendo su punto de vista.

Este ejercicio de humildad y también de hermandad, en el sentido de crear un relación simétrica (horizontal) con los demás, se ve fructuosamente estimulado por el ejemplo de Swami Premananda, que a pesar de ser un Gurú, y ser considerado un santo, en esencia trata a todas las personas por igual.

Sobre esto dice Dakshakanya:

“Durante uno de sus discursos yo estaba sentada a gran distancia de Swami y pude notar una cosa. Sus ojos, profunda y vívidamente, expresaban algo inexplicable para mí. Además del significado real de sus palabras, el alcance de su mirada era infinito. Swamiyi me estaba hablando a mí y, al mismo tiempo, su mirada descansaba en todas y cada una de las cientos de personas allí sentadas… Puedes sentir que él está hablando para todos y, al mismo tiempo, a cada uno en particular. Su mirada puede fijarse en cada uno de los presentes y a la vez emana una especie de energía colectiva idéntica para todos”.

Swami mirada

Swami en el Ashram

Especial

Lo que explica Dakshakanya me recuerda lo que me dijo sobre Swami una entonces residente del Ashram de la India, la primera vez que lo visité, en el año 2003:

Swami tiene la capacidad de hacer que cada persona se sienta única y especial”.

Para lograr esto, Swami no necesita apelar al conocido truco de los músicos pop, que al llegar a cualquier país o ciudad afirman con una mentira, que sólo siendo ingenuos podríamos considerar piadosa, que “es el mejor público que han tenido”.

Swami, en cambio, nos hace sentir únicos, y de hecho nos convierte en únicos, pero no por ello los demás son inferiores o peores.

Como ya he contado otras veces, la espiritualidad logra satisfacer deseos que de manera mundana serían más difíciles de conseguir. En este caso, el afán de ser especial es satisfecho por el hecho de tener un maestro espiritual que me guía y me ama. Asimismo, y sin dejar nada al azar, esta sensación de exclusividad, que en la mera vida material puede ser negativa, se convierte en una enseñanza gracias a la intervención de la espiritualidad.

Es decir, si uno se siente especial por tener un Gurú, muy bien, pero en todo caso se siente igual de especial que los demás y esto sirve de enseñanza para la vida en general, en la que todos deberíamos ser considerados únicos, simplemente por ser parte de lo Divino, parte de la misma energía, o como uno quiera llamarle, si es que cree en la hermandad fundamental de todos los seres.

Swami Premananda pregona con el ejemplo, y mi profundo anhelo es imitarlo, dándole las gracias por lo que me da, a la vez que pudiendo ver esa chispa especial en cada uno.

Fuentes de imágenes:

perso.wanadoo.es

galeria.infojardin.com

timerime.com

sripremananda.org

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  1. Gracias por citarme!! es un honor.

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  2. Yo pienso que a mayor evolución espiritual, hay menos , necesidad de sentirse especial. Cuando el ego se achica, también se achica la necesidad de sentirse especial. La necesidad nace de una carencia, de un miedo a que otro tenga mas que yo.
    Al desarrollar y realmente sentirse parte del todo, como dice Daksakanya, uno se siente afortunado, crece la confianza en sí mismo y la fe y deja de temer perderse de algo.
    Los ojos del Guru pueden darnos eso en un instante.

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  3. Estoy totalmente de acuerdo con todo lo expresado en el post y sus comentarios
    Es increíble cómo Swami consigue hacerte sentir que ha dedicado un momento o un gesto, exclusivamente para ti.. ¡y qué momento!
    Todo para que uno tome fuerzas para seguir avanzando
    ¡Felicidades a los autores!

    JPS

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  4. Amada por Dios!!.. no hay otra cosa en la vida, que me haga sentir mas especial.

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  5. “Felicidades a los autores”…? pero cuanta gente se esconde tras ese pseudonimo de Narén?!
    Por cierto, “Narén” lleva acento?

    En fin, a lo que vamos. Es cierto que vivimos en la sociedad del ego. Así, confundimos con frecuencia el querer ser especiales, con el hecho de ser mejores a los demás. Ser especial o único no tiene que implicar estar por encima de los demás. Pero cuando recibimos constantemente mensajes agresivos dirigidos a diferenciarnos de los demás a través de ciertos hábitos de consumo, se hace dificil escapar a estas tendencias.

    En fin, voy a vestirme con mi ropa única, a perfumarme con mi colonia exclusiva y a conducir mi coche especial, para sentirme diferente a los demás, haciendo lo mismo que ellos…

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