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La práctica espiritual del ayuno

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Puede que suene obvio para muchos, pero hace relativamente poco tiempo me di cuenta de que la palabra española “desayuno” tiene su raíz en dos términos, a saber, el prefijo negativo “des” y el sustantivo “ayuno”, por lo que se refiere a una comida que, digamos, “niega el ayuno”.

Es muy probable que este conocimiento sencillo se haya materializado en mi intelecto gracias a la lengua inglesa y su palabra “breakfast”, que similarmente a la palabra española está compuesta por dos vocablos (break = romper, y fast = ayuno), lo cual deriva naturalmente en “romper al ayuno”.

Asimismo, en francés, la palabra para ayuno es “jeûne”, y como es de esperar, su contraparte es “déjeuner”, que en realidad significa almuerzo, siendo “petit déjeuner”, el consabido desayuno.

Estas simples referencias etimológicas no tienen la intención de mostrar un supuesto saber políglota por mi parte, sino que son más bien el preludio para este breve análisis del ayuno como práctica espiritual. Sobre todo porque fue a través de realizar personalmente esta práctica que me puse a pensar en cuestiones relacionadas a la palabra en cuestión, siendo la etimología, en realidad, el menor de los temas que comienzan a llenar la mente cuando el estómago está vacío.

Ilusión

Para empezar creo que es bueno aclarar que cuando hablo de ayuno me refiero a una práctica que es enteramente voluntaria, que no se trata de pasar hambre ni tampoco de un radical método de adelgazamiento.

Probablemente, el referente más común en cuanto al ayuno sea de carácter religioso, con relación a festividades y ceremonias sagradas de cada culto. De conocimiento generalizado es el Ramadán musulmán, que consta de todo un mes en que los fieles no pueden consumir alimento desde la salida a la puesta del sol.

De forma similar, todas las religiones promulgan algún tipo de abstinencia alimenticia en ciertos períodos, como otrora eran las carnes, especialmente rojas, en los viernes para los cristianos, ahora reducida de manera general a la época de Cuaresma.

En el Hinduismo, por su parte, la práctica del ayuno se conoce con el nombre de Upavasa, y también tiene relación con celebraciones y rituales religiosos, siguiendo muchas veces el calendario lunar, de manera que muchas personas ayunan el onceavo día de cada quincena lunar, o también en el día de luna llena.

Más allá de la tradición religiosa, en todos los casos, sin importar el culto particular, el ayuno tiene una base espiritual, que en general se relaciona con un “sacrificio hacia Dios”. No estoy en desacuerdo con esta idea, pero a la vez puede llevar a malentendidos. Por ejemplo, investigando en Wikipedia, y a sabiendas de su relativa fiabilidad, leo que el Ramadán es el mes en que “los musulmanes son obligados por sus creencias al ayuno diario…”

No voy a sostener aquí que esta idea que dice que el ayuno es una obligación, un castigo o una penitencia sea totalmente errónea, pero el punto de vista que a mí me interesa destacar es otro, el que, siguiendo “El libro de yoga y cocina” de los Centros Internacionales de Yoga Sivananda Vedanta, dice que “el ayuno debe provocar un sentimiento de optimismo e ilusión”.

Pues, en realidad, el ayuno es un medio para conseguir objetivos positivos, tanto física como espiritualmente, entre los que se pueden enumerar, siguiendo una vez más (y no por última) a los Centros Sivananda, “limpiar el organismo, recobrar la salud o alcanzar la claridad de espíritu”.

Libro Cocina Sivananda

Corporal

Por experiencia personal, he notado que cuando uno dice que está ayunando la reacción de las demás personas es de sorpresa o hasta enfado, sobre todo si la razón del ayuno no puede ser justificada con una celebración religiosa o un consejo médico. Supongo que por ello se relaciona cualquier ayuno con una fe religiosa particular o, bueno, con alguna veleidad new age.

Sin embargo, según la filosofía espiritual de la India (y no sólo) el ayuno es extremadamente saludable a todos los niveles. Desde el punto de vista del cuerpo, sirve como purificador, sobre todo cuando uno no se siente pleno físicamente. Si el cuerpo es una máquina que funciona sin cesar, y por ende se desgasta con cada día que pasa, suena lógico que darle un descanso a parte de ese mecanismo redunde en una mejora, o en una sensación de renovación.

“La energía que normalmente se canaliza en el proceso de la digestión puede emplearse en la reparación y la curación del cuerpo”, dicen al respecto los Centros Sivananda.

Asimismo, es de sentido común el hecho que el cuerpo se encuentre más liviano al ayunar, y está ligereza corporal tiene a su vez repercusión en mayor claridad mental. Es por ello que se recomienda no ingerir alimentos antes de meditar, y por supuesto, tampoco durante las ceremonias de carácter religioso o espiritual, pues si se trata de un acercamiento a lo Divino, con cualquier nombre que se le quiera dar, damos por sentado que mientras más sutil sea la propia energía, mayor es el beneficio.

Siguiendo esta línea, se dice que el ayuno trae paz mental, ya que la mente deja de prestar atención, al menos temporalmente, a un objeto material como la comida, permitiéndonos así concentrarnos en algo superior.

Pero claro, nadie niega que, por el contrario, la mente también tenga una marcada tendencia a pensar en la comida, y a pesar del estómago vacío, tengamos la cabeza llena de frases como, “¡Qué hambre!”, “Sólo faltan tres horas para romper el ayuno”, o “¡Cómo voy a disfrutar cuando coma ese trozo de pan!”.

Es aquí, en todo caso, donde entran en acción los beneficios espirituales del ayuno.

Ayuno

Voluntad

Basados en la premisa de que el ser humano está compuesto de cuerpo y espíritu, y en que la evolución espiritual significa el predominio de este último sobre el primero, se puede decir que el auto-control y la auto-disciplina son herramientas necesarias y beneficiosas.

De hecho, el ideal es que cada persona domine por completo su cuerpo y su mente, realizando sólo las acciones que la hacen realmente feliz, en lugar de aquellas que, ya sea por hábito, por satisfacción inmediata o por impulso, la mantienen subyugada a los dictados corporales o mentales.

Aunque puede sonar drástico, lo que quiero decir refiere a una cualidad que, creo, todos deseamos. Por ejemplo, cuando nuestra mente se nos va divagando, creando su propia película, inventándose hechos y situaciones que nunca sucederán, llegando incluso a hacernos enfadar con algo o alguien, como en aquella conocida historia del hombre que en plena noche pincha una goma en el campo y careciendo del gato hidráulico para cambiar el neumático se dirige a solicitarlo a la única casa que ve en la zona, pensando ideas negativas sobre cómo lo recibirán a esas altas horas, cómo lo rechazarán, y que ni bien la anciana dueña le abre la puerta, es insultada por el hombre que además se marcha enfadado por la negativa que nunca recibe… En casos así, decía, ¿no nos gustaría tener control sobre lo que pensamos, y aprovechar esa capacidad intelectual para profundizar en el presente y en nosotros mismos?

O bien, el generalizado fenómeno de cuando uno tiene hambre, o sueño, y al no poder satisfacer su deseo comienza a ponerse de mal humor, extremadamente quisquilloso ¿No sería buenísimo poder dominar esos deseos corporales, en lugar de ceder a ellos y convertirse en su títere? Pues yo creo que sí, que me gustaría mucho.

Es por ello que la práctica del ayuno se considera beneficiosa en términos espirituales, en términos de fortalecer nuestro carácter y nuestras cualidades positivas. Dicen los Centros Sivananda, “el ayuno ayuda a desarrollar la concentración, la fuerza mental, y la fuerza de voluntad”. Es decir, ayunar durante cierto periodo implica tener determinación, constancia y voluntad, a la vez que nos sugiere que dirijamos nuestra atención hacia cuestiones alejadas de la comida, lo cual puede costar mucha concentración.

Gato hidráulico

Tipos

Como es de esperarse, hay muchos tipos diferentes de ayuno. En cuanto a los tiempos, ya hemos visto, por ejemplo, que el Ramadán es de un mes en total y tiene una duración diaria que se regula por el sol. El estilo hindú, Upavasa, no se limita a un época particular sino que se realiza a lo largo de todo el año y por lo general dura 24 horas completas.

Pero claro, yendo más allá de las fronteras religiosas particulares, sigue habiendo variadas opciones, según las necesidades de cada persona, como corresponde a las buenas prácticas espirituales.

A saber: El ayuno clásico es el que dura 24 horas y en que no se ingiere ningún tipo de alimento, ya sea sólido o líquido. A este respecto, el agua no estimula el apetito y no precisa ser digerida, por lo que no se considera un alimento; de hecho, Mahatma Gandhi, un experto en la materia, decía que durante el ayuno hay que beber agua aún cuando el cuerpo la rechazara (en este caso, hablamos de largos ayunos) A pesar de ello, hay personas que realizan ayunos completos incluso sin agua.

Por otra parte, existen los ayunos que incluyen líquidos, como el ayuno basado en jugos de frutas, que también es desintoxicante aunque, como apuntan los Centros Sivananda, estimula la digestión y da más hambre. Personalmente, he realizado ayuno en diversas ocasiones y épocas, en algunas con mucha regularidad, y también he pasado por la dieta de los líquidos, sobre todo cuando ayunaba en situaciones de vida “normal”, es decir trabajando o realizando algún tipo de esfuerzo físico.

De hecho, para mí, en temporada de invierno beber jugos de fruta puede no ser lo más apetecible y en ocasiones bebía té o leche. Incluso en una oportunidad, que siempre recuerdo como anécdota, me bebí por la noche una taza de chocolate caliente tan espeso que valía por todas las comidas del día…

Taza de chocolate

Siendo estrictos, estas dietas con líquidos no son consideradas como ayunos, pero insisto, cada persona debería adaptar la práctica a sus necesidades y posibilidades, y es por ello que también hay ayunos que incluyen comer sólo frutas, o ayunos de una única comida al día.

Volviendo al tema de la duración, ahora me entero que, en mi caso, siempre hice lo que se conoce, según la Real Academia Española, como “ayuno natural”, es decir aquél que comienza a las doce de la noche precedente. Es decir, uno cena, se va a dormir, y al día siguiente no come nada hasta que se vuelve a ir a la cama por la noche. Lo que es verdad es que este ayuno tiene más de 24 horas pues incluye dos noches y va más bien para las 32 horas. Aunque algunos dirán que mientras se duerme no se tiene hambre, doy fe que durante esos descansos se puede soñar vívidamente con comida y suculentos banquetes…

Por ello, una opción que creo más accesible es la de empezar el ayuno después de almorzar, por ejemplo, y romperlo al día siguiente con la merienda, digamos, por lo que serían 24 horas, además de ser más fácil, pues ninguno de los dos días uno los pasa completamente sin comer.

A este respecto, hay otras alternativas que son diarias y que consisten en no comer nada después de las 6pm, para estar liviano por la noche y dormir mejor. Los países del norte, al parecer, son más propensos a esta dieta, aunque más bien por cuestiones lumínicas y culturales que espirituales.

Asimismo, Swami Premananda cita (en el folleto Prema Sadhana de Abril 2009) una forma de ayuno enseñada por Gautama Buda y que consiste en no comer después del mediodía. En palabras de Swami, “Tú puedes darle al cuerpo lo que necesita desde la mañana temprano hasta el mediodía. Es suficiente si el cuerpo tiene comida sólo durante seis de las veinticuatro horas del día… Muchas grandes almas sostenían que una limitada cantidad de comida es suficiente para el cuerpo. Si comes en esta forma, luego tendrás menos pensamientos mundanos, confusiones, males y enfermedades y una mente más estable”.

Gautama Buda

Mente

¡Ay, la mente! Esa es la cuestión. Porque, en general, hay una especie de preocupación en que el cuerpo se debilite al ayunar, pero la tradición yóguica dice que se puede estar varios días sin comer (hasta 3 días dicen los Centros Sivananda) sin que eso sea un riesgo para la salud (excluyendo personas embarazadas, diabéticas, anémicas y con trastornos del apetito)

A este respecto, Paramahansa Yogananda, en su famosa “Autobiografía de un Yogui” (Cap. 46), cuenta acerca de Giri Bala, “la mujer yogui que nunca come” y se alimenta únicamente del poder cósmico.

Bajando un poco el nivel y yendo otra vez al plano personal, yo he ayunado trabajando normalmente en una oficina, trabajando de ayudante de cocina y por ende en contacto con comida, y también he ayunado haciendo el Camino de Santiago, y en ningún caso noté que hubiera problemas relativos al esfuerzo físico o al cuerpo.

En todos los casos, mi problema siempre fue (y es) relativo a la mente. Por un lado, si que he notado que al estar ayunando es normal que me ponga de mal humor o, digámoslo así, más susceptible. Leyendo el “El libro de yoga y cocina” veo que se trata de un posible efecto secundario, “ya que el ayuno limpia las impurezas emocionales y físicas”.

Por otra parte, si tengo un día fijo de ayuno a la semana, en cuanto empieza a acercarse ese día mi mente empieza a inquietarse, como si llegara un evento no deseado. Justamente lo contrario al “optimismo e ilusión” que nos interesan. ¿Por qué, si dos días antes del ayuno, estoy comiendo tan ricamente mi ración de spaghetti, me inquieto por un hecho lejano que no me está afectando realmente?

Esa es la cuestión para mí. No el esfuerzo físico, que no me parece tan grande, sobre todo si hablamos 24 horas, sino cómo la mente se perturba tanto ante la inminencia del ayuno.

Creo que la clave está en palabras como “apego” y “condicionamiento”, o sea, en nuestro (me atrevo a generalizar) apego por la comida, en la importancia que le damos, y en lo mucho que pensamos en ella. Un pensamiento que hace que la comida, sobre todo al no tenerla entre manos (o entre dientes), se convierta en leitmotiv de nuestras vidas, y claro, de nuestra jornada de ayuno.

Dicho esto, ¿dónde queda, entonces, el efecto pacificador que tiene el ayuno sobre la mente? Creo que allí entra la cuestión del condicionamiento, pues uno está tan habituado a planificar sus comidas (en el sentido de esperarlas) que siente que gran parte de la propia felicidad depende de ellas. Al saber que habrá un día sin comidas la mente se rebela, se inquieta, e intenta por todos los medios que volvamos a la “normalidad”, donde nuestros deseos mundanos de cada día siempre prevalecen.

En mi caso particular, creo que la solución es tratar de relajar la mente y pensar en otras cuestiones. Teniendo en cuenta que el fenómeno de sentir hambre no es tan fuerte en un solo día (mi tiempo de ayuno estándar), en ocasiones basta con racionalizar el hecho, “ayer comiste, mañana comerás, sabes que nada malo te pasará, olvídate y ya”.

Swami Premananda

Swami Premananda en el Ashram

Cantidad

En el discurso citado anteriormente, Swami Premananda hace referencia a los grandes sabios de la antigüedad y su filosofía sobre el ayuno: “Si la comida llega a mí cuando tengo hambre la comeré, pero si no, no esperaré nada”.

Asimismo, Swami dice que estos sabios “comían sólo la cantidad correcta de comida. Esto también era un tipo de ayuno”, y agrega que “al comer más puedes incrementar el tamaño del cuerpo pero no puedes desarrollar tu luz interior. Para que la luz se incremente dentro de ti, es esencial darle al cuerpo sólo lo que necesita”.

Más adelante, Swami dice, “comer es también un tipo de adicción como fumar o beber. Si comes demasiado, tu cuerpo creará acidez y tu desarrollo y estado de mente será torpe. También es un obstáculo para pensar en un estado superior. Al contrario, nos hará sentir deseo por lo físico y mundano”. A este respecto, Gandhi decía que el control del paladar tiene relación directa con el control sexual, aunque hoy no hablaré de ese tema (y quién sabe si algún día lo haré).

El discurso sigue, “Come poco, en una cantidad limitada. Cuando ayunas, tu mente no saltará de un lado a otro. Se volverá calma y concentrada, lo que te permitirá sentir lo que es permanente y real. Eso a su vez nos alienta a pensar en lo Divino y reduce nuestro hambre, preparándonos para un nivel superior”.

En estas palabras finales está seguramente una de las claves para que se cumpla aquello de la mente calmada durante el ayuno: comer siempre una cantidad limitada, es decir lo necesario.

Una vez más, Gandhi dijo que es más difícil salir del ayuno que hacerlo en sí mismo, y en ese sentido no es muy útil ayunar una vez por semana, si los demás seis días uno se los pasa comiendo en exceso.

Todas estas reflexiones, como es habitual, son también para mí mismo, a la vez que estoy seguro que serán de ayuda para mi ayuno de la semana que viene. ¿La semana que viene? ¡Oh no! ¡Ya falta tan poco!…

Fuentes de imágenes:

naturbooks.com

blogseduccion.com

kalipedia.com

elporvenir.com.mx

harrisreligionesincruentas.wordpress.com

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  1. A propósito de la práctica del ayuno en otras creencias..etc.. recuerdo que en casa siempre se ha tenido en cuenta que no se tenía que haber comido, al menos, la hora antes de ir a misa; o que en determinadas fechas (Cuaresma o Semana Santa, por ejemplo) uno debe abstenerse de comer, además de carne, caprichos (tipo chucherías) que no cumplen, precisamente, función meramente alimenticia.

    Y a propósito de la etimología, hemos visto que en inglés “ayuno” es “fast”, que también significa “rápido”..
    ¡¡que es como a veces uno quiere que pase el día de ayuno!! (queda un largo camino..)

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  2. Muy buena la entrega. Sin duda es la mente, el hábito, lo que nos hace sufrir cuando hacemos ayuno. En una afirmación que recomienda para el éxito psicológico Paramahansa Yogananda dice:… no poseo hábitos fijos, habitos de comportamiento, de alimentación, ni de pensamiento. Soy libre, libre……….
    El ayuno puede mejorar mucho el cuerpo y la mente, esa energía que el cuerpo debe usar para digerir los alimentos es usada en beneficio de otras necesidades, como vos decís. Jai Prema Shati

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  3. Anuar Rod Ram

    Hola, apenas hoy te conosco y sineto como si existiera una confianza infinita, me ha agradado lo que he leido, y ya llevo cerca de cuatro horas metido en tu blog, todo comenzo por curioso, espero poder darle seguimiento a esto y aprender de tus palabras.

    Con respecto al ayuno, alguna vez lo hice de forma “espiritual” era como prepararme fisica y mentalmente para buscar un encuentro con Dios, lo entendia como una sujecion de la carne para que fluyece el espiritu y lograr una comunion con lo divino, por experiencia propia puedo decir que lo logre, siempre y cuando lo hiciere por voluntad propia, mas no cuando los ministros de la congregacion lo solicitaban.

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  4. Hola Naren.

    Creo que ya conoces mis habitos alimenticios, soy un tragon empedernido propenso a comerme aquello que los demas dejan en el plato, jeje. A pesar de eso, estoy de acuerdo contigo en los beneficios del ayuno, pero que duro es!!!

    En mi casa nunca hemos tendido a estas practicas, ni ayunar en pascua, ni antes de misa… pero mis padres nunca nos daban de comer despues de medianoche, por miedo a que mis hermanos y yo nos conviertieramos en Gremblins…

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  5. interesante, también existen ciertas personas que viven sin ingerir alimentos, incluso sin beber agua, pránicos es uno de los nombres que se les dan, gozan de buena salud y energía, eso sí son personas bien flacas

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  6. Muy buen post, ¡felicidades!

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  7. Hola, cómo estás?
    Ante todo gracias por compartir la info. Vengo profundizando en esta práctica hace unos años y cada vez la encuentro más fascinante; siempre acompañada de otros hábitos que permitan que los efectos del ayuno sean aprovechados para alcanzar una mejor salud y vitalidad a diario.
    Te pregunto acaso conocés fuentes bibliográficas que puedas recomendarme de Gandhi y la práctica del ayuno?
    Desde ya gracias! Un gran abrazo desde Argentina.

    Responder
    • Hola Bárbara:

      Gracias por tu comentario. El libro que me gusta de Gandhi es su autobiografía, titulada “La historia de mis experimentos con la verdad” y allí habla de muchas cosas, incluyendo la dieta y el ayuno. Un abrazo.

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