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Día Premananda

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Tradicionalmente, al menos en lo que a mí me ha tocado ver en la sociedad occidental (y que podría encuadrarse en las dos últimas décadas), el festejo de fin de año está emparentado con grandes comidas, salidas nocturnas y botellas vacías.

Por otro lado, también es justo decir que el cambio de año es un evento de reunión familiar. No todo son excesos. Quizás es debido a mi edad que sólo estoy viendo una parte de la escena, ya que teniendo treinta años es normal que la mayoría de mis coetáneos (incluyéndome) hayamos pasado por nuestra etapa de festejar fin de año como si en realidad fuera el fin del mundo.

Asimismo, hay que decir que la celebración del año nuevo es una celebración pagana. A diferencia de la Navidad, que es de carácter religiosa, la llegada del nuevo año se basa en cuestiones estrictamente relacionadas con el calendario (que al ser gregoriano, es decir artificial, ni siquiera está fielmente emparentado con los procesos solares naturales), y por ende no hay un basamento religioso.

Pagano

Por una parte, el hecho de ser pagano exculpa al festejo (y a los festejantes) por los procedimientos utilizados. Quiero decir, para los cristianos, la Navidad celebra el nacimiento de Jesucristo, y por ende se trata de una fecha sacra. De acuerdo a ello, el festejo resultante, al menos para los creyentes, debería ser de carácter religioso y espiritual.

Es evidente que la forma principal en que se festeja la Navidad en Occidente no tiene mucho de espiritual, y entonces es fácil criticar el fervor mercantilista y los banquetes que esta fecha propicia.

De todos modos, no quiero entrar en moralinas sobre la Navidad, sino que quiero destacar que, justamente por su paganismo, sobre la celebración de fin de año (o año nuevo), no pesa, a priori, ningún compromiso espiritual.

De hecho, lo que se festeja es la llegada de algo nuevo, como un signo auspicioso, y no parece haber un ritual fijado de manera generalizada para dicho evento.

En España se come una uva por cada una de las doce campanadas que determinan el cambio de año; en las películas vemos la muchedumbre recitando la cuenta regresiva de medianoche; en Argentina se tiran petardos.

En este sentido, el del paganismo me refiero, nadie puede decir que celebrar el año nuevo con una pantagruélica comilona, grandes fiestas o bebiendo hasta el amanecer, sea incorrecto.

Actitud

 

Como sabemos, la noche que va del treinta y uno de diciembre al primero de enero es el apogeo de este festejo. Como consecuencia, el uno de enero, dependiendo cada caso, es más bien un día de reposo, de resaca, de reunión, de recuperación.

Por otra parte, desde el punto de vista espiritual, el año nuevo es un acontecimiento que determina el inicio de una nueva etapa, como marca el sentido común. Esta nueva etapa no es, en realidad, importante por lo referente al calendario, sino como símbolo de una nueva energía para llevar adelante lo que se viene.

Como muchos hemos ya comprobado, externamente no cambia nada desde el último día de un año al primero del siguiente, sino que se trata de una cuestión simbólica que nos afecta en planos menos tangibles que lo material.

El inicio de un nuevo año nos hace reflexionar sobre lo pasado y tomar ciertas actitudes para con el futuro. A eso me refiero con una “nueva energía” para afrontar lo que se viene. Eso “que se viene”, como decía, no es objetivamente diferente a lo que “ya había”; lo que hay de nuevo, en todo caso, es la actitud para afrontarlo.

De esta forma, muchas personas elaboran listas de “objetivos que cumplir” en el recién llegado año; otras personas lo ven como el fin de una pesada carga; otros simplemente lo usan de motivo para recargar las baterías; mientras otros se plantean un cambio de actitud para el futuro próximo.

Esta nueva actitud, o al menos esta intención de un cambio de actitud para mejorar algunos aspectos de la propia vida, no siempre es de larga duración. A muchos nos puede durar sólo lo que dura el fervor de este cambio de año, para luego apagarse rápidamente. Habrá otros a quienes el impulso los lleve más lejos.

Sea cual sea el caso, y basándome en las enseñanzas espirituales, me da la sensación que para empezar el año nuevo con una verdadera nueva actitud, también es necesario llevar a cabo alguna modificación exterior, que vaya más allá de la mera intención de deseos.

En Cambio 

En un discurso, ahora muy relevante para sus seguidores, del uno de enero de 1999 (Premananda Satsangs Vol. V – “Premananda Day”), Swami Premananda dijo:

“Pienso que este año es hora de que todos vosotros realmente hagáis algo. Primero, debéis leer y entender, ¿pero qué utilidad tiene estar siempre leyendo y hablando si no actuáis?… Esa es la razón por la que debemos crear un nuevo tipo de celebración en nuestro Ashram y Centros.

De ahora en más, cada año podemos celebrar el uno de enero de una manera un poco diferente. Me gustaría llamar al primer día del año, el “Día Premananda”. No es mi idea que en ese día penséis en mí. Ya hay muchos días en que hacéis eso, como en mi cumpleaños y el día del Gurú. ¡En el “Día Premananda”, quiero que cada uno de vosotros piense verdaderamente en los demás!

¿Cómo haremos esto? Cada persona que esté conectada con el Sri Premananda Ashram debe hacer un servicio para alguien más en el “Día Premananda”. Este es vuestro día especial para concentraros concienzudamente en el servicio y hacer una buena acción para alguien. Podéis hacerlo individualmente o en grupo. Podéis organizar un evento especial o mostrar un poco de amabilidad a alguien que lo necesita”.

La idea que propone Swami me parece muy razonable. Si uno tiene la intención de progresar espiritualmente y/o ayudar socialmente, es lógico que uno empiece el nuevo año con una acción consecuente.

No estoy diciendo con esto que todas las personas tendrían que hacer servicio social el primero de enero. Hay personas que al cambio de año le atribuyen una función más bien familiar, y por ende lo dedican a ese fin. Quizás otras personas no ven en el fin de año otra cosa que un día más del año, y por lo tanto tampoco piensan en hacer nada fuera de lo normal.

Sin embargo, repito, desde una perspectiva espiritual, en que el nuevo año debe ser motor de renovadas intenciones, todas ellas para progresar en el sendero espiritual, es buena idea llevar a cabo una acción iniciática que sirva que envión.

Servicio

Cuando yo entré en contacto con Swami Premananda, este evento estaba ya instaurado y por ende participé en varios “Días Premananda”.

Por ejemplo, la Juventud Premananda europea organiza cada año una encuentro juvenil de varios días, incluyendo el cambio de año, y entre las varias actividades se realiza algún tipo de servicio comunitario el uno de enero.

En un punto, no es tan fácil hacer servicio social el primero de enero, ya que el mundo parece detenerse. Hay pocas personas en las calles, las organizaciones y las escuelas están cerrados, muchas personas están de vacaciones.

A este respecto, Swami Premananda dice que el servicio no deber ser necesariamente algo grande. Cada uno puede hacer lo que esté a su alcance. De esta forma, con la Juventud Premananda, por ejemplo, limpiamos una plaza de los restos de petardos y fiesta de la noche anterior; pintamos un “hogar para gatos”; vendimos calendarios para recaudar fondos para el orfanato de la India.

También en Argentina participé en este evento, visitando un hospital o un hogar de ancianos; vendiendo ropa de segunda mano para juntar fondos; preparando una obra de teatro para entretener a los niños del Ashram.

Evidentemente, según la circunstancia y la persona, algunas acciones fueron más exitosas que otras, pero lo importante siempre seguía siendo el hecho de comenzar el año con una acción de servicio social que ayudará a los demás; que además nos permitiera olvidarnos de nosotros mismos por un momento, y que también fuera una puesta en práctica de las enseñanzas de mi maestro espiritual.

Swami dice: “Sinceramente espero que no leáis mi mensaje de Año Nuevo y lo dejéis de lado. Ésta es mi llamada para que me ayudéis a hacer bien al mundo. Ganaréis tanto de esta experiencia”.

Yo también espero sinceramente no dejar de lado el mensaje de Swami, y ojalá el impulso inicial de cada primero de enero me lleve a un largo recorrido de servicio. El primer paso está dado.

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