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Experiencias de un convicto

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En más de una ocasión he comentado que Swami Premananda está en prisión, y también lo expliqué en detalle en un antiguo post titulado ¿Por qué Swami?. Entre los eventos que yo explicaba en aquella crónica, hablaba de cómo la cárcel de máxima seguridad donde Swami se encuentra, ha sufrido un gran cambio desde que él se encuentra allí. También hablaba de cómo gran parte de los presos acuden a Swami en busca de consejo y ayuda; y cómo la presencia de este santo injustamente encarcelado tiene un motivo, que a fin de cuentas es ayudar a personas que realmente lo necesitan.

 

A este respecto, yo siempre había escuchado historias, pero obviamente, al no estar en dicha cárcel de la India, me era imposible confirmarlo con total certeza.

Hojeando antiguas revistas del Ashram Sri Premananda de la India di con un artículo escrito por un convicto que comparte la cárcel con Swami, y que cuenta cómo Swami le cambió la vida.

Este hombre se llama M. Vadivelan, y su forma tan honesta y emotiva de contar la experiencia me motivan a publicarla en el blog (durante dos ediciones debido a su longitud), para así dar una muestra más concreta de todo lo que he oído y dicho sobre Swami Premananda y su servicio social/espiritual en la cárcel.

 

Traslado

 

“¿Quién soy yo? ¿Qué era yo antes de conocer a mi Gurú? Me siento muy avergonzado escribiendo esto, porque yo pensaba que todas las cosas negativas eran correctas y vivía de acuerdo con ello.

 

El 1 de enero de 1999 fui trasladado desde la prisión de Madurai a la prisión de Cuddalore. Este es un traslado condicional porque en Madurai yo estaba como un caballo incontrolable. Nunca seguí las reglas de la cárcel. Tengo una mujer y dos hijos. Ocurrió tan repentinamente que ni siquiera pude comunicarles el mensaje de que iba a ser trasladado. En Madurai está mi hogar. Cuddalore está a 400 Km. de Madurai.

 

Algunos de los oficiales que me conocían bien en la prisión de Madurai habían contado historias sobre mí a los oficiales de Cuddalore, tales como que yo era un mal tipo y que iba a pelearme con todo el mundo. Así que, al principio, los oficiales me mantuvieron solo y no me permitieron mezclarme con otros prisioneros. Más tarde, de acuerdo a las reglas de la prisión, me permitieron hablar con otros. Nunca respeté a los demás. Hice pandilla con alguna gente que era como yo y siempre disfrutaba fumando cigarrillos con ellos.

 

Un día pensé en Swamiyi porque había oído hablar de Él por la radio y la TV y había leído un montón de noticias sobre Él en los periódicos. Deseaba conocerle e inmediatamente fui a su habitación. Cuando llegué allí, Él estaba murmurando algunos rezos cerca de la pared. No pude ver su cara así que abandoné el lugar. Otro día uno de mis amigos bromeó conmigo diciéndome que Swamiyi nunca hablaba con nadie y que nunca salía de su habitación y ¿yo pensaba que Él hablaría con alguien como yo? Después de esto no me preocupé mucho por hablar con Él y empleé mi tiempo con mi pandilla.

 

 

Manzana

 

Un día Swamiyi se marchaba al Juzgado de Chennai. Me paré a unos quince metros y le observé. Swamiyi de repente se giró y me miró. Yo incliné la cabeza. Unos segundos más tarde pensé que ya debía haberse ido y la levanté. ¡Pero Él seguía mirándome y parecía que me llamaba! ¡Sin recibir la orden desde el cerebro mis piernas comenzaron a caminar hacia Él! Había alrededor de 300 prisioneros presenciando este hecho. 

 

‘¿Por qué eres tan irresponsable? Tienes una mujer y dos hijos. Piensas bien, pero haces cosas malas. ¿Qué clase de niño eres tú?’, dijo Swamiyi y se marchó. Eso es todo. Fui a mi habitación y ¡dormí como si hubiera sido fuertemente golpeado por la policía!

 

Estas pocas palabras me hicieron pensar acerca de mí mismo y mis actos. A los seis meses pude sentir muchos cambios dentro de mí. En esta situación, dado que yo había pasado ocho años en prisión, la dirección de la prisión me nombró guardián de los convictos y, como tal, tenía que recorrer la prisión por la noche.

 

Pensé que era una buena oportunidad y un día fui a la habitación de Swamiyi. Swamiyi estaba retorciendo una moneda de una rupia y miraba aquella moneda cuidadosamente. ¡Qué magia! ¡La moneda no paraba de retorcerse y se giraba sobre sí misma! Me asusté al ver esto y en silencio intenté marcharme. 

 

Swamiyi me preguntó, ‘¿Por qué te vas tan deprisa? ¿Qué ocurre? Viniste, viste, ¿y ahora te vas?’ Cogió la moneda y me preguntó, ‘¿Cómo estás? ¿Bien?’ Pensé, ‘¿Qué es esto?’ Me estaba hablando como si me conociera desde hace tiempo y yo movía la cabeza para decir sí. Me dio una manzana. La tomé con miedo.

Entonces Él dijo: ‘A causa de tu mal karma hiciste muchas cosas malas y estás sufriendo hemorroides. En el futuro todo va a estar bien para ti. Tu enfermedad se va a curar. Vas a tener un buen conocimiento y vas a recibir una buena educación. Utilízala’. Swamiyi volvió a su asiento y comenzó a retorcer de nuevo la moneda.

 

Me marché del lugar preguntándome cómo sabía Él de mi enfermedad. Comí toda la manzana. Ni siquiera tiré las semillas. Unos días más tarde mi enfermedad se curó completamente.

 

 

Trabajar o estudiar

 

Viendo los cambios en mí, mis amigos bromeaban que Swamiyi me había transformado. ¿Sabían ellos acerca de la moneda que no paraba de retorcerse? ¿Sabían de mi enfermedad completamente curada?

 

Obtuve un permiso de tres días para el casamiento de mi hermana y fui a Madurai. Allí mis amigos y familiares me pidieron que tomara una bebida alcohólica. Me rehusé. Ellos también se preguntaron cómo el hombre que habitualmente bebe botella tras botella de licor ahora rehusaba hacerlo. Ellos también me tomaron el pelo. Mi esposa y mis dos hijos (un varón y una niña), sin embargo, estaban realmente felices.

 

Regresé a la prisión. Allí recibí una carta que decía que se había vendido una tierra que había sido un problema para mí y así obtuvimos cierto usufructo. Lo siguiente fue que encontré un aviso en la pizarra de avisos de la prisión donde se brindaba la posibilidad de graduarse con título universitario estudiando en casa. Se había dado mi nombre para clases de entrenamiento en computación.

 

Sí, yo estaba muy feliz de ver que las predicciones de Swamiyi estaban siendo realidad. Al mismo tiempo, recibí una carta diciendo que mi hijo había conseguido un trabajo en uno de los departamentos de policía. Acudí a Swamiyi para contarle.

 

Él estaba meditando. Esperé junto a la entrada. Unos minutos más tarde abrió los ojos. Dije, ‘Señor’. Swamiyi preguntó, ‘¿Qué, hijo?’ No sabía cómo expresar mi felicidad con palabras. Así que Él mismo dijo, ‘Tú has cambiado mucho. Llegarás a ser un buen hombre’.

Entonces dije que mi hijo había conseguido un empleo en la policía. Él dijo que eso no sería bueno para él y que no fuera. Me confundí y dije, ‘Señor, mi hijo ha sufrido mucho para lograr este trabajo. Además mi familia está luchando mucho’.

‘Si él va a ese trabajo sufriréis más. Envíalo al Ashram. Ahora mismo tiene que estudiar más. Él va a conseguir un buen empleo’, dijo Swamiyi.

 

No me atreví a refutar las palabras de Swamiyi. Me fui de allí. Más tarde escribí una carta a casa diciendo que el trabajo no iba a ser apropiado para mi hijo y que él no debía ir. Mi hijo, mi hija y mi esposa quedaron perplejos al ver mi carta e inmediatamente visitaron la prisión para verme. Les conté lo que Swamiyi me había dicho. Obtuve permiso de los oficiales y mi familia pudo ver a Swamiyi. Mi familia recibió Sus bendiciones. Él aconsejó a mi hijo, Chandru, y a mi hija, Vanitha Devi, que estudiaran contaduría. Le dijimos de la pobreza de nuestra familia. Entonces Él dijo que el Ashram costearía sus estudios. Ahora mi hijo reside en el Ashram y sigue estudiando. Mi hija también está estudiando.

 

Junto con mi hijo, fueron seleccionados 4200 candidatos para el trabajo en la policía. Pero el gobierno central recientemente elegido anunció entonces que como había habido mucha corrupción durante la selección, ésta no era válida. Al oír este inesperado anuncio del gobierno, ¡algunos jóvenes se suicidaron! Conté esto a Swamiyi pero Él dijo de manera casual, ‘Yo ya sabía esto’. Entonces le dije que ahora la enfermedad de mis hemorroides estaba curada. Me dijo que ésta ya no volvería.

 

Swami en el Ashram - Febrero 2009

Swami en el Ashram - Febrero 2009

 

Paz

 

Entre 2000 prisioneros, viendo los cambios en mí y que a menudo yo estaba con Swamiyi, muchos se me acercaban y, a través de mí, compartían sus dificultades y problemas con Swamiyi ganando así satisfacción y felicidad. Día tras día, la multitud aumentaba frente a la habitación de Swamiyi.

Así, Swamiyi anunció que hablaría a todos el sábado a las 9:30 am y que ellos podían unirse a Él para meditar. La administración de la prisión asignó un espacioso salón para que todos pudieran ver a Swamiyi los sábados. Ahora, durante los últimos cinco años (artículo publicado en 2006), en esta reunión de los sábados, Swamiyi da mucha paz mental y beneficios a los que van a verle”.

 

De esta forma, una cárcel de máxima seguridad se convierte en un lugar pacífico, y además espiritual; un mérito que sólo una gran alma puede lograr.

La semana próxima la segunda parte del relato de este convicto que se reformó, más que por el sistema penitenciario, gracias a la gracia Divina.

 

Fuentes Imágenes:

http://2.bp.blogspot.com/
http://parroquiaicm.files.wordpress.com/

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