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Mamallapuram y el ‘aura turística’

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Aunque a veces no parezca, siempre tengo presente que éste se trata, en esencia, de un diario de viaje espiritual.

Incluso cuando trato temas en apariencia mundanos o superficiales, mi intención, al menos, es la de hacerlo desde un punto de vista espiritual. Es decir, con una visión que tenga relación con las enseñazas espirituales de la India y su aplicación práctica, y a su vez, con mi propio entendimiento de dichas enseñazas.

 

Todo este preámbulo se debe a que continuación voy a reseñar, a mi modo, la breve visita de índole turística al pueblo de Mamallapuram, en el sur de la India.

 

mamallapuram map

 

Guía actualizada

 

Mamallapuram (también llamado Mahabalipuram), cuenta con unos 12.000 habitantes. Se encuentra sobre la Golfo de Bengala en el sudeste de la India y a unos sesenta kilómetros al sur de Chennai, la capital del estado de Tamil Nadu.

 

Justamente desde Chennai, y sobre todo estimulados por los consejos de una persona conocida, decidimos dirigirnos hasta Mamallapuram, al día siguiente de haber llegado a la India por cuarta vez. El destino final del fugaz recorrido turístico era, como siempre, el Sri Premananda Ashram. Mientras tanto, le di el beneficio de la duda a un destino que no me convencía mucho.

 

Como ingrediente esencial de este rol turista teníamos una guía Lonely Planet, prestada de una biblioteca de Barcelona. Sin embargo, pasé por alto que la guía era del año 2003. Cuando en Chennai llegamos a la estación de autobuses de Parry’s corner, descubrimos que desde allí no había viaje directo a nuestro destino. Después de preguntar repetidas veces nos encaramamos a un autobús indicado, que después de cruzar gran parte de la ciudad se empezó a adentrar en la periferia, para luego dirigirse hacia el sur.

Después de una hora de este viaje, de unos treinta kilómetros, llegamos al pueblo de Kovalam (relativamente conocido por su playa) donde era necesario hacer un cambio. De hecho, todo esto lo íbamos entendiendo a medida que sucedía. El medio de transporte siguiente es un mini-bus, poco confortable, que recorre los restantes kilómetros hasta Mamallapuram.

 

La explicación anterior no es para hacerme la víctima; no fue grave para ser la India. Solamente lo explico por si le sirve a algún potencial viajero, que como yo anda con guías desactualizadas en la mano, nada más.

Luego del citado periplo llegamos al pueblo, al que si tuviera que presentar simplificando, como en los antiguos poemas griegos, diría, ‘tierra de rocas esculpidas’.

 

Mamallapuram sculturas

 

Patrimonios

 

El porqué de esta denominación se debe a que Mamallapuram fue el epicentro del arte del tallado de roca, en el sur de la India, a partir del siglo 700 DC. De hecho, todavía hoy este antiguo arte se mantiene vivo, de manera que es posible ver muchos negocios y talleres de tallado de roca, con estatuas y esculturas que van desde las veinte rupias hasta las que cuestan miles.

 

Un detalle que hace destacar este arte en particular, sobre todo en las grandes obras, es que se trata del tallado de una única roca (monolítico) y no de una suma de rocas (estructural). Quizás eso parezca fácil con una pequeña estatua, pero es más complejo cuando se trata de edificios de gran tamaño, por ejemplo.

Eso es justamente lo que caracteriza a Mamallapuram y lo que la ha convertido en patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

 

Del grupo de monumentos del pueblo, el más conocido es el llamado ‘Templo de la Orilla’ (‘Shore Temple’), ya que se encuentra en frente de las aguas de la Golfo de Bengala. Paradójicamente este templo no fue hecho basándose en una sola pieza de roca, sino con varias piezas, y se trata del primer templo de este tipo en el sur de la India.

El precio a la entrada de este recinto, que sirve también para ver los otros monumentos, es alto para ser la India (unas 250 rupias = 4€), y supongo que eso se debe al carácter de Patrimonio de la Humanidad, y no a su vista en sí misma.

Como he notado también en otras partes, muchos de los sitios o elementos que son Patrimonio de la Humanidad, no tienen necesariamente un interés instantáneo en los ‘ciudadanos de a pie’, ya que su valor generalmente radica en cuestiones arqueológicas, históricas o naturales que no tienen la condición de espectacularidad que uno pretendería.

 

Permitiéndome una pequeña bifurcación, recuerdo mi visita al Delta del Ebro, en España, que es bonito pero que para el ojo no entrenado no parece más que eso, un delta; el lugar donde desemboca el río hacia el mar, donde hay muchos juncos y lagunas. El carácter de Patrimonio de la Humanidad de este sitio se debe, sobre todo, a la flora y la fauna que la habitan, elementos que son más aptos para la investigación que para el paseo de fin de semana.

 

Con perdón por la simplificación, lo que quiero decir es que el ‘Templo de la Orilla’ me pareció una pequeña construcción sin grandes destellos para mi visión de simple turista. No es grande (su punto más alto tiene 18 metros) y ni siquiera se puede ingresar a su interior. Su virtud, en realidad, es estar junto al mar, lo que puede permitir fotos de postal.

 

mamallapuram shore temple

 

Para ver

 

El segundo monumento en importancia del pueblo se llama los ‘Cinco Rathas’, y consiste en cinco construcciones de piedra tallada, esta vez sí monolíticas. Al parecer, se trata de la representación, a pequeña escala, de distintos estilos de construcción de los templos del sur de la India.

A decir verdad, es admirable que de una sola piedra de granito los escultores hayan forjado estas impecables obras. De todos modos, para mí fue como estar en una parque temático donde uno ve en miniatura lo que sucede en la vida real. No se puede entrar en dichas construcciones y no tienen ningún carácter espiritual, sino más bien arqueológico.

 

Pudiendo elegir, mi idea es que es mejor entrar en un templo verdadero, donde uno no sólo aprecia la estructura y los detalles arquitectónicos, sino además percibe la atmósfera religiosa, incluso aunque para algunos eso sólo sea algo pintoresco.

 

mamallapuram rathas

 

El recorrido turístico obligado sigue por un sendero que sube entre rocas hasta un faro (recordemos que estamos junto al mar), y que luego nos lleva entre pequeñas réplicas de templos, esculpidas directamente en las rocas de la montaña. Ya bajando de la colina rocosa, uno llega a otro punto destacado del pueblo: la bola de mantequilla de Krishna.

 

Se dice que de niño, Krishna, uno de los grandes profetas de la India, era un gran amante de la leche, la cuajada y la mantequilla. De hecho, su oficio de joven fue el de pastor de vacas.

Es esta imagen de las escrituras sagradas la que le da nombre a la piedra gigante y redonda que de manera natural, y misteriosa, se posa en la ladera de la colina, desafiando las leyes de la física. 

Además, de sentarse con algo de intrepidez debajo de su sombra, los visitantes indios se divierten aprovechando la pendiente de la colina para deslizarse como en un tobogán de piedra, que no creo sea recomendable para el mantenimiento de los pantalones, diría mi madre.

 

mamallapuram bola de mantequilla

 

Friso

 

Hasta este punto del recorrido lo nuestro era, en cuanto a los monumentos, más bien decepción. Quizás en parte debido a estas bajas expectativas, la vista del friso conocido como ‘La Penitencia de Arjuna’, nos pareció digno de ver. Se trata específicamente de un gran bajorrelieve (12 mts. de alto x 27 de largo aprox.), tallado en la roca al aire libre, que representa una historia de las escrituras antiguas.

En principio, se trata de Arjuna, el gran discípulo del Señor Krishna, que está realizando penitencias (austeridades) para obtener dones del dios Shiva, como ayuda para la lucha. Sin embargo, los estudiosos parecen no estar todos de acuerdo y también se dice que el mural describe las austeridades del rey Bhagiratha para pedir el descenso de la diosa Ganga (el río Ganges) a la tierra.

 

Cualquiera de las dos sea la interpretación correcta, tengo que decir que el friso es muy bello y, ahora sí, entra en la categoría de espectacular. Aunque de todos modos, el sólo friso no es suficiente para redimir al pueblo de sus escasos atractivos.

 

mamallapuram Arjunas_Penance

 

Playa

 

Al respecto, otros de los grandes atractivos del pueblo es su cercanía con el mar, y por ende sus playas. De hecho, además de ser una ‘tierra de rocas esculpidas’, también podría agregarse, ‘tierra de peces’. Se trata de un pueblo pesquero donde sus playas están habitadas por barquitos y redes, aparte de por los visitantes de rigor.

 

Dichos visitantes son tanto turistas occidentales como indios, que llegan en gran cantidad a ver los monumentos, pero también a disfrutar de la playa.

Un disfrutar que no es el mismo de Occidente, pues la mayoría de los indios no mete al agua más que los pies, y quienes se dan el baño completo lo hacen generalmente con ropa.

Los muchachos más díscolos, por lo general grupos de estudiantes, se bañan en calzoncillos y camisetas de tiras, pero la mayoría de los hombres va con sus pantalones arremangados y las mujeres con sus saris medio mojados.

 

Por otra parte, el concepto de ‘tomar sol’ no existe en la India, donde el tener una piel bronceada en el verano (y el invierno) sería una redundancia. Es quien tiene la piel blanca, en todo caso, el que destaca en la India.

Fieles a la imagen del país, las visitas a la playa son de constante movimiento y agitación, con muchachos echándose agua entre sí y una muchedumbre comentando el vaivén de las olas.

 

Un poco más atrás, vemos algunos puestos que señalan el carácter turístico de cualquier pueblo, aunque en la India todo sea menos sofisticado que en Occidente: el carrito de los helados (lo más parecido); tiro al blanco con globos; collares de caracolas bajo una sombrilla; venta de cocos; una calesita (o carrusel) a tracción manual, donde el encargado gira una manivela hasta que la velocidad provoca gritos de euforia y/o miedo en los concurrentes.    

 

Creo que esto ya lo dije alguna vez, pero si hay algo que personalmente no creo que valga la pena de la India, son sus playas. No tanto porque no las haya bellas, sino porque la forma en que se viven no se parece en nada a la que un occidental está acostumbrado.

Por supuesto, hay zonas conocidas por el turismo de playa, como Goa y partes de Kerala, por ejemplo; pero personalmente, cada vez que voy a una playa en la India me siento extraño, y me cuesta mucho darme un baño con pantalones cortos y el torso desnudo. Es como si fuera en contra de la cultura local, que en general trato de respetar mucho.

 

Mi opinión personal es que el que quiera playa se vaya a Tailandia, que queda al lado y donde no sufrirá con estos pudores.

 

mamallapuram playa

 

Auras

 

Quizás ya habrán notado que mi reseña de Mamallapuram no está siendo muy benévola. Pues, todavía hay más.

El hecho de visitar un lugar en la India donde no hubiera casi ningún interés espiritual no me atrajo desde el inicio, pero como dije, le di el beneficio de la duda.

 

Que los monumentos y paisajes no fueran excepcionales puede ser perdonado, claro, pero el punto definitivo que marcó mi bajada de pulgar fue el ‘aura turística’ del pueblo. En este caso no me refiero a los turistas indios y sus visitas de fin de semana, sino a los turistas occidentales.

Si alguien analizara antiguos posts de este diario de viaje, vería que esto ya ha sido dicho en el pasado. Me sigo repitiendo, lo sé.

 

Cuando digo ‘aura turística’, no quiero hacer una crítica fácil al turismo (del que yo era parte en ese momento); de hecho, yo mismo he hecho turismo en la India muchas veces. Mis argumentos, quizás sólo para mí válidos, son que mi turismo era casi siempre con un objetivo espiritual.

Si uno va a las ciudades sagradas de la India también verá muchos visitantes, algunos se pueden calificar como ‘turistas’, pero a otros sería más adecuado denominarlos como ‘peregrinos’.

Una ciudad que recibe peregrinos tiene, o así debería ser, un ‘aura sagrada’.

 

En cambio, una ciudad que exuda ‘aura turística’ se caracteriza por tener, entre otras cosas, varios cyber-cafés; muchas tiendas de souvenirs en donde sus dependientes saben decir practicadas y enganchadoras frases en varias lenguas europeas; bares y restaurantes que ofrecen menús ‘internacionales’ y donde se come con cuchillo y tenedor (y no con las manos); y albergues con aire acondicionado.

 

Es evidente que también en una ciudad sagrada como Varanasi, todos los elementos mencionados arriba se pueden encontrar, pero se conjugan con toda la sacralidad de la ciudad, que uno siente con sólo pisarla.

En un pueblo de la India donde los visitantes van para disfrutar de la playa, los bajos precios de la comida europea, la conexión inalámbrica a Internet en sus laptops, yo veo una intención de tener en la India las mismas comodidades que en Occidente, pero a un precio asequible que nos permite pasar unas largas vacaciones en el tercer mundo, imposibles de tener en el país de origen.

 

Radical/Tolerante

 

Mi opinión radical sobre este tema es que la India es una tierra santa, y que por lo tanto merece ser visitada para aprovechar algo de esa riqueza espiritual.

Por otro lado, cuando me pongo menos radical, pienso que está bien que cada uno haga lo que quiera, y que yo sólo debería preocuparme por lo que hago o dejo de hacer.

 

Con esta última visión de mundo en mente, más tolerante, decido entonces que la próxima vez simplemente evitaré visitar estos lugares con ‘aura turística’ y me dirigiré a lugares santos, siempre como peregrino. O al menos, como un turista espiritual.

 

Después de todo esto, ¿hace falta que diga mi opinión final sobre Mamallapuram?

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Un comentario »

  1. Yo no conozco Mamallapuram, así que no puedo opinar. Lo que sí te cuento es que una señora que está leyendo la primera parte de tus entregas en el blog, que fueron pasadas a papel, me dijo que está enamorada de vos, de como escribís, que lo lee en las noches cuando está en la cama y que se ríe a carcajada por algunas cosas y otras hace comentarios en voz alta de tan vivido que siente tus
    anécdotas. Quiere conocerte!. Ya en otras oportunidades me comentó que tu forma de escribir le gusta mucho, pero esto de que esté enamorada es nuevo!! Tiene 76 años.

    Kanagavalli

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