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Bolitas de coco para el día de Ganesha

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Ganesha (Gaṇeśa), el popular dios con cabeza de elefante, es muy goloso porque su cuerpo humano es, específicamente, el cuerpo de un niño y, como todos sabemos, los niños aman los dulces. La prominente barriga de Gaṇeśa es, en parte, resultado de comer tantos dulces, pero más bien es la natural estructura anatómica de un niño que todavía no ha pegado el “estirón”. Al mismo tiempo, a su amor por las golosinas se le suma su compasión hacia sus devotos, por lo que él nunca rechaza las ofrendas que recibe, que son muchas y, naturalmente, muy dulces, incluidas las frutas, de las cuales tiene varias favoritas.

Entrando en lo simbólico, el epíteto Lambodara, que significa “barrigón”, refiere a que toda la manifestación cósmica está contenida en Gaṇeśa, ya que él es la deidad que se adora antes de comenzar cualquier actividad y está directamente relacionado con la primigenia sílaba AUM (o OM), la vibración sonora que manifiesta el universo. Para sus devotos, Gaṇeśa es el Absoluto, el Dios Supremo, la causa primera de creación y quien sostiene el universo (viśvādhāra).

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En esta misma línea, Gaṇeśa está relacionado con el kumbha o kalaśa (kalasha), que es una vasija que mitológicamente está llena del néctar de la inmortalidad y que, a nivel litúrgico, se llena con agua (idealmente de los ríos sagrados) y se puede envolver con hilo de algodón o decorar con pasta de sándalo, polvo de kuṅkuma, hojas, telas y generalmente con un coco en su apertura. De esta forma, el cántaro es un símbolo del cuerpo de Gaṇeśa, que contienen todo el mundo manifestado y que, a la vez, representa prosperidad material y espiritual.

Todo esto es para decir que este viernes 25 de agosto de 2017 se celebra Gaṇeśa Caturthī (Ganesha Chaturthi), es decir el día anual en honor a Gaṇeśa, o como le decimos a nuestras hijas, “el cumpleaños de Gaṇeśa”. Este día cae siempre en el cuarto día de luna creciente del mes hindú de Bhādrapada, es decir agosto o septiembre según las lunas de cada año. Para celebrarlo es tradicional hacer una pūjā o ritual a una imagen de la deidad. Hay muchos tipos de rituales y, para los interesados, hace tiempo ya expliqué un ritual simple aquí.

De todos modos, hoy quería centrarme en lo que técnicamente se llama naivedya, que es la ofrenda de alimentos a una deidad. Esta ofrenda debería ser adecuada a la deidad que uno adora e idealmente no es un alimento industrial, empaquetado, sino algo hecho por uno mismo o, al menos, frutas. Como es un alimento pensado para lo Divino debe ser lo más puro y sano posible y, como signo de respeto, no debe ser probado por uno mismo hasta haber sido ofrecido a la deidad. Una vez ofrecido, este alimento se convierte en prasāda, es decir alimento consagrado o bendecido que el devoto puede ingerir con deleite.

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Como hablamos de Gaṇeśa, lo ideal (aparte de frutas) son los dulces y especialmente Gaṇeśa tiene debilidad por las bolitas de coco, que tienen muchas variantes, desde los llamados modakam tradicionales del sur de la India (y bastante complejos de preparar), hasta los más populares laḍḍus, que son bolitas dulces hechas con diferentes ingredientes, especialmente leche de vaca. En nuestra casa, donde la dieta es mayormente vegana, hace unos años que descubrimos, en este libro, una receta de bolitas de coco muy fácil y rápida de hacer, bastante sabrosa y aceptablemente sana.

Con las modificaciones que nosotros hemos incorporado comparto la receta:

Ingredientes (para unas 25-30 bolitas):

1 taza de coco rallado
¾ taza de harina de almendra (si no tienes harina puedes triturar las almendras enteras, preferentemente después de tenerlas en remojo)
½ taza de avena triturada
¼ taza de aceite de coco
¼ taza de sirope de ágave
¼ de cucharadita de sal
Opcional: Coco rallado rebozar las bolitas
Opcional: Trocitos de dátiles o de pasas de uva

Preparación (30’ + 2 horas para enfriar):

  1. Si el aceite de coco no está ya líquido (sobre todo si es invierno), lo introducimos en una olla y lo calentamos a baño maría hasta que quede líquido.
  2. En un bol se mezcla el aceite de coco con la taza de coco rallado, la harina de almendra, la avena, el sirope y la pizca de sal hasta obtener una masa bien homogénea y compacta.
  3. Con la masa y usando las manos damos forma a las bolitas y las rebozamos (o no) con coco rallado.
  4. Como el aceite de coco se endurece con el frío, metemos las bolitas en la nevera durante un par de horas y estarán ideales para servir. Si hace calor las bolitas se ablandan rápidamente.

En lo posible, al hacer las bolitas, uno debería repetir un mantra o canto a Gaṇeśa, para que la vibración de la ofrenda sea lo más espiritual posible. Porque si hay algo que a Gaṇeśa le gusta más que las bolitas de coco, eso es la devoción.

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Así lucen las bolitas en el libro original…

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Así lucen mis bolitas caseras… que están exquisitas, por cierto

Deseo que Gaṇeśa, el Señor de los obstáculos, de los inicios y del conocimiento, se complazca con nuestras ofrendas y que nos guíe otro año más en el dulce camino del amor devocional.

¡Jaya Gaṇeśa!

 

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El Ganesha más famoso de Mumbai

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De todos los pandals o altares callejeros que se montan en la ciudad de Mumbai para la festividad de Gaṇeśa (Ganesha), hay uno que es especialmente famoso y concurrido: Lālbaugcā Rāja (Lalbaugcha raja).

Lalbaug es un conocido barrio de Mumbai, en donde su mercado original (especializado en pescado, ya que Mumbai está en la costa del Mar Arábigo) fue cerrado en 1932. Ante esta situación los pescadores y vendedores hicieron una promesa al Señor Gaṇeśa con el fin de obtener un nuevo sitio permanente para su mercado y su trabajo. Gracias a la gestión de algunas autoridades, finalmente se les concedió un terreno donde se erigió el nuevo mercado y entonces los pescadores cumplieron su voto: instalar una estatua de la deidad con cabeza de elefante en el día de Gaṇeśa Caturthī (Ganesha Chaturthi).

Ese hecho ocurrió en 1934 y desde entonces la tradición se repite cada año. Debido a que Gaṇeśa cumplió el deseo de aquellos pescadores, esa estatua se hizo conocida por cumplir los deseos de sus devotos y, por tanto, cada nueva celebración se hizo más populosa la concurrencia, al punto de llegar a los dos millones de personas en los diez días que dura el festival.

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La fachada principal del pandal de Lālbaugcā Rāja (todas las imágenes se agrandan al clicarlas).

Para gestionar esta cantidad de devotos, los organizadores crearon dos colas diferentes: una para recibir las bendiciones directamente de la estatua, tocando sus pies de yeso, y otra para simplemente tener la visión (darśana) de Gaṇeśa. En ambos casos las filas son largas, aunque es más larga la primera, pues se supone que tocar la estatua (y hacer una ofrenda directa) es más efectivo para obtener el cumplimiento de los deseos.

Yo no tuve que hacer cola (que puede demorar horas) porque entré como periodista y recibí trato especial, pudiendo pasar a la zona “VIP” desde donde el acceso a la estatua es directo, y también pude subir a la zona de periodistas (donde hay especialmente fotógrafos y camarógrafos), con buena visión desde arriba de todo el evento.

A los lados, dos filas para tener darśana; al fondo la estatua que solo se intuye.

A los lados, dos filas para tener darśana; al fondo la estatua que solo se intuye.

Desde esta perspectiva cenital, y además con cierta comodidad, observar a la marea humana empujándose y luchando para obtener un mínimo acercamiento al ídolo me generó sensaciones ambivalentes. Por un lado, uno puede elogiar la devoción y la fe de esas personas, dispuestas a esperar por horas para apenas observar por menos de 1 minuto a la deidad y dar su ofrenda de cocos a un ayudante que las recoge en una caja sin que nunca lleguen a tocar los pies de Gaṇeśa.

Por otro lado, teniendo en cuenta que Gaṇeśa (por mucho que yo lo quiero) es considerado un dios relacionado con el plano material y con la satisfacción de esas necesidades, yo no puede evitar sentir que ese apretujado torrente de devotos pidiendo por dinero, trabajo y salud estaba más cerca del mero intercambio interesado (flores x éxito material) que de la pura devoción espiritual.

Obviamente, yo también le pido a Gaṇeśa por cuestiones materiales pero quizás porque no me tengo que empujar con nadie para ello me parece más “espiritual”. Como siempre, depende del punto de vista, que mis días en Mumbai (con su gran bullicio, la ciudad más poblada de la India) habían sesgado hacia la mirada crítica.

Para dar más datos tengo que decir también que, por un lado, los devotos pueden hacer su donación online y también así recibir su bendición, pero es bueno saber que gran parte del dinero recaudado durante el festival se usa para actividades caritativas.

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Al fin, la visión de Lālbaugcā Rāja.

La estatua de Lālbaugcā Rāja es creación, desde su origen, de una misma familia de escultores. La estatua mide unos seis metros y cada año se renueva, pues al final del festival es llevada en procesión al mar para ser sumergida en sus aguas, al igual que otros miles de ídolos de todos los tamaños. El hecho de que la estatua sea “nueva” y no sea una imagen cargada de decenas, cientos o miles de años de adoración continua influyen en mi percepción de que la masiva visita al mercado de Lalbaug es más una transacción comercial que un acontecimiento espiritual.

A este respecto, es verdad que a pesar de tener dos semanas de antigüedad, a esta imagen se le realiza el prāṇapratiṣṭhā (pranapratishtha), la ceremonia en que se le “abren” (pintan) los ojos, infundiéndole así “vida” y por tanto, según la tradición, tiene tanta sacralidad como una estatua antigua.

Mi percepción fue que tener fe en una imagen de yeso que tiene dos semanas (aunque tarde unos meses en terminarse, claro) se justificaba porque durante años (cada año una imagen distinta) ha cumplido deseos, pero no porque tenga una sacralidad en sí misma. Por supuesto, entiendo el concepto del símbolo y veo claro que esa imagen, muy hermosa por cierto, representa algo más que ese conjunto de yeso y pintura de este año actual.

Solo cuento mis impresiones, sin duda teñidas por el calor y el fragor de Mumbai, aunque sin olvidar que durante años he sido un fiel devoto del Señor Gaṇeśa (considerándolo siempre mucho más que un simple “eliminador de obstáculos”).

La imagen y sus devotos, desde el palco de periodistas.

La imagen y sus devotos, desde el palco de periodistas.

La cuestión es que cientos de miles de personas hacen fila para llegar el encuentro de Lālbaugcā Rāja. Quienes van por la cola más lenta y larga, pueden como recompensa apoyar su frente sobre los grandes pies de la imagen y dejar su ofrenda (billetes de rupias, dulces, cocos, flores, etc.) antes de ser sacados rápidamente de allí para que siga fluyendo la masa. Quienes llegan de frente, para tener la visión a lo lejos, se quedan a unos diez metros de la imagen pero no renuncian a dar su ofrenda.

Algunos devotos lanzan flores desde la distancia; otros simplemente depositan sus ofrendas en una especie de sección lateral que se va llenando de bolsas; otros ceden objetos más pesados a los voluntarios que, según el caso, los van pasando de mano en mano hasta acercarlos a la deidad. Muchos padres van con sus hijos pequeños (incluso bebés) y vi el caso de un padre que pasaba a su hijo (de quizás 6 meses) a un voluntario, para que lo pasara a otro ayudante, para que el niño llegara a tocar la valla que dividía las dos filas y recibiera las bendiciones.

Dos voluntarios poniendo una guirnalda a la deidad, en pleno ajetreo.

Dos voluntarios poniendo una guirnalda a la deidad, en pleno ajetreo.

Como ven, mi sensación no fue especialmente inspiradora, aunque mi experiencia fue completa pues además de darme motivos para reflexionar tuve pase VIP y vista preferencial, pero también me metí en el meollo por un rato, para ver y ser empujado, y hasta toqué los pies de la imagen (haciendo mi pedido material, naturalmente) e incluso me saqué una foto, como hace la mayoría de los devotos.

No quise privar a los lectores del darśana de mi cara.

No quise privar a los lectores del darśana de mi cara.

La devoción tiene muchas facetas y la religión también. La espiritualidad, en esencia, está más allá de todos estos rituales aunque para algunas personas son necesarios y útiles. Se dice que siempre, al menos, hay dos puntos de vista. En la India, eso es cierto y además se queda corto: los puntos de vista son infinitos.

La hermosa estatua al completo y sin nadie (esta imagen es de la web oficial lalbaugcharaja.com)

La hermosa estatua al completo y sin nadie (esta imagen es de la web oficial lalbaugcharaja.com)

Para que juzguen ustedes mismos comparto un breve vídeo hecho a los tumbos por mí, con el enjambre humano y la hermosa estatua de Lālbaugcā Rāja, en el día inaugural para el público:

¡Om Vināyaka Devāya Namaha!

Ganesha Chaturthi en Mumbai

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Acabo de regresar de pasar dieciséis días en la India, adonde fui con tres objetivos principales:

Gaṇeśa Caturthī es la festividad anual en honor a Gaṇeśa, la popular deidad con cabeza de elefante, que se celebra en toda la India pero que es especialmente importante en el estado de Maharashtra, cuya capital es la gran ciudad de Mumbai (antes Bombay).

Gaṇeśa Caturthī se celebra el cuarto día de luna creciente del mes hindú de Bhādrapada (Agosto-Septiembre), que este año 2015 cayó el 17 de Septiembre, y si bien ese día es el más famoso, para los habitantes de Mumbai se trata apenas del inicio de una festividad que dura diez jornadas. El primer día, en realidad, se instala una imagen de la deidad, tanto en casa o en la vía pública, para ser adorada durante todo el festival y como colofón de los festejos dicha imagen (hecha generalmente de yeso o arcilla) es sumergida en agua, en el caso de Mumbai en aguas del Mar Arábigo.

La cuestión es que el día de Gaṇeśa Caturthī la mayoría de personas aprovechan para ir a comprar su imagen del dios, que puede ser de todos los tamaños, colores y formas imaginables. Por supuesto, si es una imagen para uso hogareño será pequeña; si se trata de una imagen para un altar barrial será más grande y según el poder adquisitivo y el sitio donde se situará, la estatua puede llegar a tener varios metros de altura.

Decenas de estatuas de Gaṇeśa desplegadas para la venta.

Decenas de estatuas de Gaṇeśa desplegadas para la venta.

Al adquirir la imagen, los devotos la llevan a su casa en carros (como en la foto), en coche, cargando sobre la cabeza o en camiones.

Al adquirir la imagen, los devotos la llevan a su casa en carros (como en la foto), en coche, cargando sobre la cabeza o en camiones.

Una estatua grande de Gaṇeśa es llevada tranquilamente a su altar temporal.

Una estatua grande de Gaṇeśa es llevada tranquilamente a su altar temporal.

En este caso, las estatuas son llevadas en camiones.

En este caso, las estatuas son llevadas en camiones.

Cuando se trata de imágenes grandes y que están en la vía pública, éstas se albergan en pandals, que son altares temporales, algo así como tiendas o pabellones, hechos de palos, cuerdas y telas. Según los datos oficiales, este año el ayuntamiento de Mumbai autorizó la erección de 1146 pandals en la vía pública (aunque, según noticias, la policía investigaba otros 350 pandals montados de forma “ilegal”), lo cual da una idea de lo omnipresente que es la imagen de Gaṇeśa durante esos 10 días.

Estos pandals varían en tamaño y sofisticación y son financiados por los vecinos o por los comerciantes de una calle; en algunos casos son patrocinados por una empresa a cambio de ver su marca en los carteles; en otros casos son financiados por partidos políticos, lo cual siempre incluye una foto de los líderes políticos en los carteles.

Es decir, a veces estos altares son montados en base a la pura devoción y en otros casos un poco con fines promocionales o políticos. Lo cierto es que todas las calles de Mumbai tienen su pandal, por humilde que sea, y son siempre foco de devoción para los transeúntes y de reunión social para el barrio.

Un pandal en una calle cualquiera.

Un pandal en una calle cualquiera.

Otro pandal.

Otro pandal.

El interior del pandal de arriba.

El interior del pandal de arriba.

Otro pandal visto del exterior.

Otro pandal visto del exterior.

El interior del pandal, con luces que cambiaban de color, dando un toque llamativo. El selfie, casi tan omnipresente como Gaṇeśa.

El interior del pandal, con luces que cambiaban de color, dando un toque llamativo. El selfie, casi tan omnipresente como Gaṇeśa.

El pandal al lado de la icónica ‘Puerta de la India’, epicentro turístico de Mumbai.

El pandal al lado de la icónica ‘Puerta de la India’, epicentro turístico de Mumbai.

Las imágenes dentro del pandal anterior.

Las imágenes dentro del pandal anterior.

Un pandal de cara a la calle de un transitado mercado, con Gaṇeśa visible para todos.

Un pandal de cara a la calle de un transitado mercado, con Gaṇeśa visible para todos.

Un Gaṇeśa hecho de bolitas dulces, que también irán al mar.

Un Gaṇeśa hecho de bolitas dulces, que también irán al mar.

Cuando cae la noche muchos pandals se iluminan y dan un especial colorido a las calles de la ciudad, que envuelta en clima festivo sigue de todos modos su trajinar incesante.

Calle decorada, con el pandal al fondo.

Calle decorada, con el pandal al fondo.

La entrada iluminada de una pandal en una calle concurrida.

La entrada iluminada de una pandal en una calle concurrida.

El humilde pandal nocturno de una callejuela lateral.

El humilde pandal nocturno de una callejuela lateral.

Estuve varios días en Mumbai tratando de empaparme con el clima de celebración de Gaṇeśa y en realidad desde el primer día hasta el último no hay muchos cambios externos en la adoración y la decoración, ambos aspectos que se integran con el fluir cotidiano de la cuidad. Solo el último día, cuando se avecina el momento de llevar las imágenes a sumergir en el agua, se empieza a percibir una energía similar a la de un hormiguero en ebullición.

Cuando llega la hora, la marea humana cubre las calles y las imágenes se convierten en grandes protagonistas de un desfile multitudinario. Pero esa es otra historia, que explicaré (con muchas imágenes) en un par de semanas. Por ahora, una imagen más del Señor Gaṇeśa, durante sus diez días de fiesta.

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¡Ganapati Bappa Morya!

Vibhūti en la estatua de Swami Premananda

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En la India hay básicamente dos calendarios: el administrativo (que corresponde con el occidental) y el religioso, que es lunisolar. Este último tiene una versión estándar, sobre todo aplicable al norte de la India, pero en el sur de la India tiene variables, incluso dependiendo del Estado (Tamil Nadu, Kerala, Karnataka, Andhra Pradesh) o de la secta religiosa. Por tanto, las fechas de algunas celebraciones puedan variar según la zona del país.

Yo me guío bastante por el calendario religioso tamil porque mi maestro espiritual, Swami Premananda, es de origen tamil y tiene su ashram en esa zona de la India, lo que me lleva a celebrar en fechas ‘tamiles’. Sin embargo, la información más difundida de festividades religiosas de la India generalmente proviene del calendario estándar, ‘norteño’, y no siempre coincide con las fechas tamiles. Este es el caso de Ganesha Chaturthī 2013, que el calendario estándar sitúa el 8 de Septiembre, mientras que el calendario tamil sitúa el 9 de Septiembre.

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Esta diferencia de calendarios a veces me contraría, pues puede generar confusión sobre cuál es el mejor día para una celebración o me da problemas para poner una información ‘certera’ en este blog. Lo cierto es que cada fecha es buena en su ámbito. Y en caso de duda uno puede celebrar por partida doble.

Quizás algo así quiso decir Swami Premananda al producir un nuevo milagro de aparición de vibhūti (ceniza sagrada) en su ashram. Para sus devotos, este fenómeno no es novedoso ni reciente, pues Swami lleva haciéndolo toda su vida, tanto en el cuerpo físico como fuera de él, desde hace dos años y medio. Este mismo año, en febrero, Swami ya dio muestras de su poder divino al manifestar vibhūti a través de su estatua en el templo del ashram. Asimismo, en otras ocasiones había manifestado vibhūti a través de fotos.

Este domingo 8 de septiembre, mientras con Hansika, Gáyatri y otros amigos festejábamos Vināyaka Chaturthī, la estatua de Swamiji en el templo del ashram, donde se encuentra el Mahasamadhi de Swamiji, volvió a manifestar vibhūti de forma espontánea. Más allá del maravilloso milagro que eso significa en sí mismo, para mí fue una muestra de que el día de adorar a Ganesha también era válido ese domingo y Swami lo celebraba a su manera.

A continuación tres imágenes de la estatua cubierta de ceniza sagrada:

Vibhūti en la base de la estatua.

Vibhūti fluyendo del rostro de la estatua de Swamiji

Jai Ganesh! y Sri Swami Premananda Maharaja Ki Jai!

Los nombres de Ganesha

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Mañana (sábado 11 de Septiembre de 2010) se celebra en todo el mundo Ganesha Chaturthi, la festividad anual en honor, justamente, al Señor Ganesha, considerada en realidad como el día de cumpleaños de la deidad más popular del Hinduismo.

De acuerdo a la tradición de la India, Ganesha es la deidad que se debe adorar primero, debido a que es el dios de la sabiduría, la buena fortuna, la prosperidad y el éxito espiritual. Siendo, además, su cualidad particular la de remover los obstáculos de nuestro camino para cualquier actividad que emprendamos.

Asimismo, como la gran mayoría sabe, Ganesha tiene cuerpo de humano (en realidad, de niño) y cabeza de elefante. Su género, que en más de una ocasión he notado se confunde, es indudablemente masculino, a pesar de su nombre terminado en la letra A, que para los hispanohablantes (y no sólo) es tendiente al género femenino.

Es debido a la celebración inminente, y también a las variantes nominales que a veces generan confusión, que he decidido (por consejo de Nuria) hablar hoy de los diversos nombres de Ganesha.

Ganapati

Fisonomía

Así como de manera casi instintiva una persona recibe, ya sea en la escuela, el barrio o incluso la familia, nombres y apodos relacionados con sus características físicas, muchos de los nombres alternativos de Ganesha están directamente conectados con su particular fisonomía.

Evidentemente, si Ganesha hubiera ido a la escuela el primer mote que hubiera recibido de sus compañeritos sería “cabeza’e elefante”. Siguiendo esta línea pueril, los grandes rishis de la India también se fijaron en esta característica básica, sobre todo porque en aquella tierra el elefante es considerado un animal sagrado, símbolo de sabiduría.

De allí se derivan entonces los nombres de Gajamukha, Gajanana y Gajavadana, ya que la palabra “Gaja” significa “elefante”.

Siguiendo con los rasgos físicos, alguna vez conté que Ganesha tiene en su sitio sólo uno de sus dos colmillos, pues el otro lo utilizó, a modo de bolígrafo, para escribir el gran poema épico y espiritual Mahabharata, que le fue dictado por el antiguo sabio Vyasa. Es por ello que otro nombre de Ganesha es Ekadanta, “aquél que tiene un solo colmillo”.

Por otra parte, existe el nombre Shubhanana, que significa “aquél de rostro hermoso” que en este caso no contiene nada de ironía, como si podría hacerlo un apodo del tipo entre compañeros de secundaria.

Ganesha modakam

Siempre relativo a la zona superior de la deidad, otro nombre clásico es Vaktratunda, que hace referencia a la trompa, otra gran característica del elefante, y en este caso significa “aquél que tiene la trompa curvada”. Esto no se trata para nada de un defecto, sino que remite a la dirección que toma la trompa de Ganesha, muy generalmente hacia su izquierda, ya que en una de sus manos izquierdas sostiene los modakams, sus dulces favoritos, realizados con harina, coco y azúcar morena, que representan el dulce sabor de la dicha espiritual.

A este respecto, hay debate sobre los sentidos profundos que posee la dirección (izquierda, derecha, centrada, hacia arriba) que adopta la trompa de Ganesha en una estatua o imagen. Careciendo actualmente de argumentos fiables sobre el tema, dejaré el análisis para una edición posterior.

Para terminar con la cuestión fisonómica, resta citar el también clásico nombre de Lambodara, que simplemente significa “aquél de gran barriga”, y que si bien puede ser equiparado al prosaico apodo de “gordo”, tiene una implicancia profunda que remite a la total aceptación, es decir a ser capaz de digerir de forma pacífica las diferentes experiencias de la vida, tanto buenas como malas, si se quiere avanzar, claro, en el camino espiritual.

Asimismo, se dice que la forma del cuerpo de Ganesha como un todo representa el OM, la sílaba sagrada.

Ganesha Om

Ganas

Sobre la filiación de Ganesha, en el pasado ya relaté que es hijo del Señor Shiva, dios regidor del cíclico proceso de destrucción/renovación, y de la diosa Parvati, una manifestación de Shakti, la Madre Divina.

Justamente su padre, según la mitología hindú, posee una armada de semidioses para luchar contra el mal. Dicho ejército divino, que también hace las veces de guardia de Shiva, se conoce como los Ganas. Pues bien, cuenta la historia que Shiva delegó a su hijo el comando de las tropas, haciéndolo entonces jefe de los Ganas, es decir Ganesha (Ganas = Tropas, Isha = Señor).

Siguiendo este mismo criterio existe el nombre Ganesh, que es la versión abreviada y con una fonética más “masculina” para los hispanohablantes. Asimismo, con el mismo patrón etimológico tenemos el popular nombre Ganapati, que seguramente comparte el podio de preferencias nominativas junto a Ganesha y Vinayaka.

Más atrás, pero siempre relacionados con el ejército de Shiva, tenemos los nombres Gananatha, Gananayaka, y Ganeshwara.

En cuanto al apenas nombrado Vinayaka, su origen es completamente diferente y hace referencia a la función primordial de Ganesha como removedor de obstáculos (vighna), es decir la función por la que es ampliamente amado entre los devotos hindúes y aún más allá. Como sinónimos de Vinayaka podemos contar a Vignesh y Vigneshwara.

Mantras

A lo largo de los dos últimos años, desde que fue publicada en este blog la crónica sobre Ganesha, la deidad con cabeza de elefante, he recibido varios comentarios preguntando cómo realizar ofrendas a una imagen de Ganesha, y también sobre qué mantras u oraciones son pertinentes.

En cuanto al tipo de ofrendas, durante el mes de agosto se publicaron dos crónicas acerca de los rituales, especialmente el tradicional abishekam, y estando el tema tan reciente no voy a redundar, aunque los interesados pueden clickar aquí.

De todos modos, sí me gustaría decir que ofrendas aptas son incienso y flores, especialmente la flor de hibiscus (o hibisco). También una forma buena de venerar a Ganesha es con fuego (arati), es decir mostrándole a la deidad una llama, que incluso puede ser una vela.

Hibiscus

En lo referente a los mantras, y teniendo en cuenta que hay más de mil nombres para Ganesha, también hay infinidad de sílabas sagradas y oraciones que pronunciar. Pero por algo hay que empezar. A este respecto, en cuanto a mantras cortos, uno que a mí personalmente me gusta es:

Om Vinayaka Devaya Namaha

Una traducción posible sería “nos postramos ante ti Señor que eliminas los obstáculos”

Por otra parte, el año pasado me hablaron de un mantra simple que también me gustó:

Om Vighna Vinayakaya Namaha
En este mantra se le pide a Ganesha en su rol de Vinayaka que remueva los obstáculos de nuestra vida.

Si queremos extendernos un poco, también existe el tradicional Ganesha Gayatri Mantra:

“Om Ekadantaya Vidmahe

Vakratundaya Dhimahi

Tanno Dantih Prachodayat”

La traducción aproximada sería: “Señor del solo colmillo, danos el Divino conocimiento / Nosotros meditamos en Ti, que tienes una trompa curvada / ¡Qué Tú ilumines nuestro intelecto!”

Por supuesto, hay mantras más extensos, pero creo que con esto es suficiente para, al menos, celebrar el cumpleaños de Ganesha de buena manera.

Ganesha cumpleaños

Por mi parte, mi sencillo regalo es hacer este post sobre los nombres de mi deidad favorita, mientras de la cocina empieza a surgir un aroma dulce, símbolo etéreo de que Nuria ha comenzado la cocción de los queridos modakams.

Ganesha, seguramente, estará feliz.

Fuentes de imágenes:

kothiyavunu.com

cae2k.com

treknature.com

Bombay, terapia de regresión

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Con todo este tema del libro de “Hijo de vecino”, últimamente he estado rondando, más de lo usual, recuerdos de antiguos viajes a la India. En algunos casos, las viejas anécdotas salen solas en medio de una presentación pública; asimismo, el recuerdo viene disparado por la pregunta de un presentador radial (“¿Qué fue lo que más te impactó en aquellas primeras experiencias?”); en otros casos, es una foto olvidada la que trae al salón de mi mente imágenes y sensaciones que estaban polvorientas en un escondido baúl neuronal.

De todos estos recuerdos, quizás el menos usado en más de un año y medio de crónicas digitales, sea el referente a la ciudad de Mumbai, también conocida como Bombay, la denominación dada por la colonia inglesa, que a pesar de haber sido modificada en 1995, aún mantiene bastante vigencia.

Extrañamente, a pesar de haber sido la primera ciudad que pisé de la India, allá por 2003, nunca escribí sobre ella. Y digo extrañamente, porque aquel primer viaje era el anhelado cumplimiento de mi deseo de conocer la India físicamente (ya que en la teoría y el papel me parecía muchas veces haber ya estado allí); y como tal, la primera impresión debería ser de las que dejan marca.

Empecemos la terapia, entonces.

Aeropuerto

 

Haciendo cuentas, me doy cuenta que de todos los viajes a la India, el primero fue el único en que mi puerta de entrada (y también de salida, como veremos) fue Mumbai. Para las siguientes excursiones, siempre preferí llegar a la ciudad de Chennai, todavía más al sur y más a mano del Sri Premananda Ashram.

En aquel primer caso, el viaje desde Argentina había tenido escala en Sudáfrica, para llegar después de varias horas a la capital comercial de la India, paradigma nacional del contraste entre la modernidad creciente del subcontinente y su pobreza insultante.

Como generalmente pasa al llegar, el sitio donde apoyé los pies por primera vez fue un aeropuerto. Una manera poco romántica de pisar una tierra sagrada. Sobre todo si se trata de un aeropuerto indio, ejemplo mundial de la burocracia.

A decir verdad, en aquel entonces poco me importaban las largas colas y los sellados, pues eran el precio a pagar por entrar finalmente a la ansiada India. En realidad, luego lo supe, la India también incluía las esperas y los trámites burocráticos.

Una vez en el escritorio de “Migraciones”, le preguntamos (pues viajaba con mis padres) al empleado si podía pasar toda la familia junta, y entonces el hombre hizo el famoso gesto afirmativo indio de mover la cabeza de un lado hacia otro. Un gesto que para un occidental es más parecido a un “No” o a un “No sé”, que a un “Sí”.

Por las historias escuchadas de primera mano, yo ya sabía del gesto; sin embargo, no fui capaz de decodificarlo a la primera. Tuve que preguntarle a mi papá si ese era efectivamente un “Sí”.

Con la satisfacción del que enseña algo lindo, mi papá dijo, “Claro”.

Con el tiempo aprendí a identificar el gesto afirmativo típico, e incluso a utilizarlo con asiduidad, aunque debo decir que mi flexibilidad colar es muy poca para imitar con garbo y plasticidad el famoso movimiento. De todos modos, a pesar de mi analfabetismo gestual, disfruté teniendo mi primer buena experiencia con la idiosincrasia india.

Una experiencia que, como es regla en la India, también venía de la mano de pequeños sinsabores.

Llegadas

 

Como ocurre normalmente con la mayoría de los vuelos desde Occidente, nuestro avión llegó a la India alrededor de medianoche.

La verdad no tengo claro el porqué de esta programación aérea. Quizás es para que los horarios de salida desde Occidente sean adecuados; quizás es para evitar llegar a la India en pleno día con todo el calor; quizás es simplemente un capricho de los husos horarios. La cuestión es que uno siempre llega a medianoche o más tarde.

Probablemente en otros países eso sería un problema mayor. En la India no, ya que es un país que nunca duerme. O mejor dicho, hay tantas personas, que mientras la mitad duerme, la otra mitad está despierta y sigue pareciendo que la vida continúa con normalidad.

Luego de pasar por el largo proceso de migraciones, estábamos listos para salir del edificio del aeropuerto a través de la puerta de “Llegadas”. Este es, creo, el primer gran efecto que uno se lleva al llegar a la India sin importar el aeropuerto al que llegue:

Por un lado, el contraste entre el aire acondicionado del interior del aeropuerto, y la temperatura y la humedad del exterior, que es como chocar contra una pared de calor. Pero, sobre todo, la horda de indios, que aplastados contra la baranda de recibimiento nos miran y gritan como si fuéramos uno de los Backstreet Boys.

Con la diferencia de que los gritos no son de “Guapo”, “Ídolo” o “Te amo”, sino más bien de “Taxi”, “Por aquí”, “Taxi, señor”, “Por acá”, “Hotel”, “Sus maletas”, “Taxi, señor”, “Taxi-hotel-por aquí señor”…

Es más, en mi ya quizás algo desvirtuado recuerdo, hasta me parece ver algunos flashes de los paparazzi-taxistas, como si intentaran fotografiar mi llegada, a la vez que subirme a la fuerza a un taxi.

Así como en las películas el desprevenido personaje abre de forma inocente la puerta de su casa para encontrarse con una marea de micrófonos, cámaras y luces, e inmediatamente la cierra asustado como tratando de entender lo que pasa; pues lo mismo nos pasó a nosotros.

Ahorro

 

La cuestión es que en aquel entonces el plan original era partir temprano la mañana siguiente hacia Kerala, al sur del país. Dicha partida sería en tren, y si no nos íbamos antes es porque no había un tren nocturno.

En nuestro presupuesto e intenciones no figuraba la idea de pasar la noche en un hotel de Bombay, la ciudad más cara de la India. Además, siendo ya pasada la medianoche y teniendo que ir muy temprano a la estación de trenes, no sé hasta qué punto valía la pena ir a un hotel en el que sólo estaríamos unas pocas horas.

Fue así que después del fugaz enfrentamiento con los paparazzi del otro lado de la puerta de “Llegadas”, empezamos a rondar por la sala de espera del aeropuerto, hasta que encontramos una especie de sala de espera alternativa, donde se estaba bastante tranquilo.

No estoy seguro, pero parecía como si no cualquiera pudiera entrar a dicha sala. Nosotros no teníamos nada de especial o de VIP, excepto el simple hecho de ser occidentales, un mérito, en todo caso, que difícilmente uno pueda atribuirse como propio.

Sea como sea, en esta sección había más aire acondicionado de lo usual (lo cual no siempre es bueno), un policía en la puerta cuidando el ingreso de intrusos, y varios incómodos asientos de aeropuerto, que al menos, estaban vacíos.

En previsión a nuestra potencial noche de ahorro, nos habíamos abastecido con algunas provisiones gentileza de SouthAfrican Airlines: agua mineral, latas de Coca-Cola, dos mantas, dos almohadones, cucharas, calcetines…

En cierto punto me sabe mal contar esto porque van a creer que soy un ahorrador excesivo (para decirlo de forma linda); pero bueno, éramos jóvenes. En realidad, peor queda contar esto por mis papás, que yo creo que volverían a repetir la aventura.

¿Qué puedo decir? De tal palo tal astilla.

Ventanilla

 

Después de una interrumpida noche de sueño, a las 6am salimos, en el taxi de uno de mis paparazzi, rumbo a la estación de tren.

Digamos que esta fue mi verdadera primera visión de la India. Fue la visión que me quedó grabada, mucho más que el aeropuerto, que a fin de cuentas es siempre igual aunque uno viaje diez veces y a distintas ciudades.

Hubo varios factores en ese viaje de media hora hacia la estación de tren. Por un lado, llovía, ya que se trataba de la época del monzón (en este caso, en la zona sudoeste del país). Esta lluvia, sumada al entorno pobre, sucio y caótico que me pareció ver en la periferia de Bombay, no daban una sensación acogedora.

A su vez, ese día (31 de agosto de 2003) se celebraba Ganesha Chaturthi, el festival anual en que se adora al Señor Ganesha, la deidad con cabeza de elefante, que entre otras cualidades es la deidad de los nuevos emprendimientos. En este sentido, no podríamos haber elegido un día más auspicioso para empezar aquel viaje.

Así, al entorno gris y sórdido que yo veía a través de la ventanilla del Ambassador, se oponían por doquier los improvisados templitos de Ganesha, junto a su imagen en todos los tamaños. Ganesha es el patrón de Mumbai, y eso se notaba en las calles.

De todos modos, poco tiempo tuve para observar con la ñata contra el vidrio. Ya estábamos en Lokmanya Tilak Terminus, la estación de tren también conocida como Kurla, y que se encuentra en las afueras de la ciudad, pero cerca del aeropuerto.

Desde allí salía nuestro tren hacia Kerala. En realidad, debería decir, desde allí salía el tren hacia Kerala. Lo de “nuestro”, todavía estaba por verse, ya que no teníamos billetes.

Tourist quota

 

En aquel entonces, los Ferrocarriles Indios (Indian Railways) aún no permitían hacer la compra de billetes por Internet. La única forma de hacer una compra anticipada en línea era teniendo una dirección postal en la India, donde a uno le sería enviado el billete por correo. Desde Argentina era imposible recibir el billete y tampoco teníamos algún conocido en Mumbai, por ende la decisión que tomamos fue la de jugarnos a conseguir un pasaje in situ.

Desde mi punto de vista, el sistema ferroviario indio es, en general, bastante bueno, siempre teniendo en cuenta que estamos hablando de la India. Salvo excepciones, siempre viajé en la segunda clase con literas (Second sleeper), que es muy accesible de precio, además de suficientemente cómoda. Por estas dos razones, los billetes se agotan con velocidad, sobre todo si se trata de un viaje largo como el de Mumbai a Kerala, que tarda un día y medio.

Teniendo esto en cuenta, era previsible que no hubiera billetes disponibles. Sin embargo, teníamos en la manga el recurso de la tourist quota, que es una cantidad de asientos reservados para los turistas. Generalmente, cuando uno es turista y pide esta solución, hay muchas chances de obtener un lugar.

Cuando finalmente abrieron las boleterías, los compradores dejaron pasar primera a mi mamá porque es mujer (y occidental), y acto seguido se lanzaron todos en malón a por sus pasajes.

El empleado de la ventanilla nos dio la noticia esperable (aunque no esperada), “Ya no hay pasajes para el Netravati Express en second sleeper”.

En este punto es conveniente aclarar que Kurla es una estación suburbana y pequeña. Características que descubrimos en el mismo momento de llegar, pues no teníamos ninguna referencia previa. Por ende, en la estación nadie sabía nada; no había un jefe de estación, ni tampoco tourist quota, opción sólo reservada a grandes estaciones, como supimos allí.

A/C

 

Ante la insistencia, el boletero nos ofreció una solución alternativa: viajar en camarote con A/C; que no era parte de una famosa banda de rock, sino la abreviatura de Air Conditioning (aire acondicionado).  El precio, de todos modos, era bastante similar a si viajáramos junto a Angus Young, el guitarrista de AC/DC. 

Aparte del precio alto, otro obstáculo era que no teníamos suficientes rupias para pagar los billetes con aire acondicionado, ya que no aceptaban el pago en dólares. La otra solución hubiera sido tomarse un tren suburbano hasta la estación central de Mumbai, y allí tomar otro tren hacia Kerala, que en ese caso demoraba dos días (y tampoco teníamos los pasajes).

Después de las deliberaciones decidimos comprar los billetes para viajar con A/C. Le dejamos unos dólares como garantía de reserva al empleado de la boletería, mientras gestionábamos el cambio de dinero con un muchacho que, un poco por arte de magia, había aparecido en el momento justo. A este respecto, creo que siempre que uno necesite algo en la India habrá alguien para, al menos, tratar de cumplirlo. Sobre todo si son negocios, o indicaciones de direcciones.

En cuanto al cambio de dinero, me estremezco al recordar que le dimos los dólares al muchacho desconocido, que a su vez fue a buscar las rupias a quién sabe dónde. Digo que me estremezco, porque suena muy ingenuo darle dinero a un desconocido, en una estación tren, y sentarse a esperar que nos traiga el cambio acordado.

Hicimos esto con la venia de mi padre, que sostenía que esta manera de transaccionar sólo es posible en la India, una tierra en que, según dicen las historias, uno puede dejar un lingote de oro en plena calle y volver a los cinco años para todavía encontrarlo allí, sin cambios.

Después de mi experiencia de robo en la India, no estoy tan seguro de si volvería a repetir la transacción de la misma forma. Lo cierto es que el muchacho volvió al rato con las rupias correspondientes, y a pesar de nuestra intranquilidad natural, todo anduvo sobre rieles (perdón, pero no podía evitar la metáfora ferroviaria).

Lokmanya Tilak

 

Mientras esperábamos la llegada de las rupias, seguían pasando cosas en la estación de Lokmanya Tilak. Cosas que son normales en las estaciones de tren, y sobre todo, normales en la India.

Por ejemplo, en la estación, que a fin de cuentas es una especie de gran galpón, con los andenes en el exterior, muchas personas duermen en el suelo, como si hubieran pasado la noche allí. No sé qué se puede decir después de haber hecho lo mismo, pero en el aeropuerto.

Asimismo, hay familias enteras que, en el medio de esta muchedumbre, hacen el ritual de levantarse, vestirse y desayunar como si estuvieran solos en su casa.

A su vez, en la entrada de la estación hay un camión con parlantes que emite a gran volumen algo que parece  música devocional.

Al mismo tiempo, un nene corre desnudo entre los perros de la estación, mientras todos estamos rodeados de moscas.

Imágenes cotidianas de la India y las estaciones de tren, que quizás me pasaron algo desapercibidas por estar esperando la llegada de las rupias.

Por su lado, el empleado de la boletería se acerca a reclamarnos el pago en rupias, ya que su jefe le está haciendo problemas. La tensión se disipa cuando finalmente el muchacho vuelve con el cambio, y le abonamos todo al boletero, que aduciendo no tener vuelto para darnos, se queda con una propina que en estos días se llamaría “gastos de gestión”.

Detalle

 

Luego del largo viaje desde Argentina, la noche en el aeropuerto, el trajín de la estación y la tensión de los boletos y dineros, nos subimos al Netravati Express. Frente a nosotros había una pareja joven y un hombre solo. Hablamos un poco, no mucho. Era apenas mediodía pero teníamos muchas ganas de dormir.

Quizás hayan sido el cansancio y el sueño; o quizás la suma de factores enumerados más arriba. Lo cierto es que una vez en el tren no nos percatamos de un detalle primordial.

Mientras escribo estas líneas me viene la duda, entonces consulto primero a mi madre, y más tarde a mi padre, no sea cosa que la distancia me haya nublado el recuerdo y yo, en el afán literario, mienta a mis lectores.

Mis padres confirman mi sospecha. Sospecha que, además, cobra realidad en la inequívoca caligrafía de mis cuadernos de viaje.

Es así que sólo ahora, mientras rememoro, releo mis cuadernos de viaje y escribo esta diferida crónica, me doy cuenta de que aquel camarote (todo el vagón en realidad) no tenía ni una pizca del afamado y tan bien vendido A/C.

Viajamos un día y medio en segunda clase (que en realidad era nuestro deseo inicial), pero pagamos el doble de precio como si fuera A/C (constatado en mi registro de gastos del viaje), y ¡no nos dimos ni cuenta hasta hoy!

Ráfaga

 

No entiendo qué pasó. No sé si el hombre de la boletería nos engañó y nos cobró por algo que no nos dio. No sé si el guarda nos ubicó en otro lugar. No sé si las primeras horas en la India trastornaron mi lucidez.

Evidentemente, me indigno en retrospectiva. Aunque no sirva de nada.

Que la crónica de Bombay haya tardado tanto en ver la luz puede tener algo que ver con esto. No quiero decir con el aire acondicionado, sino con esta ráfaga de vivencias que yo creo no fui capaz de asimilar de manera adecuada en aquel momento, y quedaron a medias entre el inconsciente y la conciencia.

Los primeros recuerdos de la India, siempre un poco olvidados, ahora asoman la cabeza, dejándome notar incluso detalles muy grandes, de los que entonces ni siquiera me percaté.

Unas pocas horas en los suburbios de Bombay ya me habían marcado.

¿Qué pasaría, entonces, cuando volviera a la ciudad por varios días, al final de mi viaje? Mejor estar preparado.

Imágenes:

www.houseofdistinction.wordpress.com

www.taringa.net

Ganesha, la deidad con cabeza de elefante

Publicado en

Creo que ya he dicho que a pesar de lo que popularmente se cree, la religión hindú es monoteísta.

Debido a que este único Dios, llamado Brahman, es Absoluto (es decir, eterno, invariable y sin forma), no pude ser representado de una manera concreta y por ello se recurre a un sinnúmero de deidades que simbolizan los infinitos aspectos y cualidades de la Divinidad (en el Cristianismo, por ejemplo y de manera similar, se encuentran las Vírgenes, los ángeles, los arcángeles y los santos que cumplen el rol de asistentes de Dios).

Aparte de la infinidad de deidades, la India es un país de gran extensión territorial. Es por ello que dependiendo de muchos factores (la región, el idioma, la época del año) se pueden ver diferentes deidades o incluso la misma, con otros nombres o atributos. No es raro que una deidad muy popular al sur del país, por ejemplo, sea casi desconocida en el norte.

A pesar de esta variedad, hay una sola imagen que puede encontrarse a todo lo largo y ancho de la India.

Se trata de Ganesha, el dios con cabeza de elefante.

Su nombre naturalmente puede variar, y entre los más conocidos están Ganesh, Vinaiaka, y Ganapati.

Mitología

La tradición cuenta que Ganesha era originalmente un niño que cuidaba la entrada a la habitación de su madre, la diosa Parvati, que lo había creado con sus propias manos para que la protegiera en la ausencia de su consorte. Cuando éste, el fiero dios Shiva, volvió de uno de sus retiros de meditación, encontró al desconocido niño impidiéndole entrar a su propia casa, tal era su obediencia para con las palabras de su madre. Debido a su temperamento, Shiva cortó la cabeza de su hijo, sin saber que lo era.

Cuando Parvati se enteró, amenazó a su esposo con una separación con consecuencias cósmicas si no volvía a la vida a Ganesha. El apesadumbrado Shiva salió a la selva decidido a traer la cabeza del primer ser viviente que se le cruzara…¡Que levante la mano el que se sabe con que ser se cruzó Shiva! El lector que responda acertadamente se gana el derecho a dejar un comentario gratuito.

Sí, a la sazón este ser fue un elefante, pero no uno común y silvestre, sino un elefante santo; que es uno de los tantos animales que en la India son adorados (más allá de las famosas vacas).

Fue así entonces, que el niño obtuvo una nueva cabeza y la relación entre los dioses perduró para el bien de la armonía universal.

Debido a esta historia, en las casas hindúes se puede encontrar una estatua de Ganesha sobre las puertas, para que proteja la entrada de las energías negativas.

La popularidad de Ganesha tiene más razones, ya que es considerado el destructor de los obstáculos y las dificultades. Por ello, ante el comienzo de cualquier tarea (sea la construcción de una casa, la jornada diaria, o una boda), es aconsejable orarle al Señor Ganesha para asegurar el éxito de la empresa.

Es debido a esto que también es considerado el protector de los viajeros, y muy especialmente de los estudiantes.

Sobre esto, Swami Premananda dice: “Los niños principalmente pueden relacionarse con la forma amorosa, amigable y poco agraciada del Señor Ganesha. Él es el Señor del conocimiento y de todas las artes. Puede guiar a los estudiantes hacia una vida culta que también involucre la espiritualidad”.

Así, en lugar de un osito Teddy, los niños de la India tienen la posibilidad de crear una relación con este niño barrigón con cabeza de elefante.

Sin Colmillo

Hablando de su apariencia, a pesar de las diferentes manifestaciones que puede tener Ganesha a lo largo y ancho de la India, es generalmente representado con uno de sus colmillos partido, lo cual se dice fue un acto de auto-sacrificio.

Como suele suceder en la mitología, hay al menos dos explicaciones para esto:

La primera dice que lo hizo para escribir, utilizando el colmillo como bolígrafo, el Mahabharata, el gran poema épico de la India, que es de hecho la epopeya más larga del mundo. Se dice que el Mahabharata fue dictado por el anciano sabio Vyasa a Ganesha, ya que ningún ser humano normal hubiera podido escribirlo.

La segunda versión cuenta que había un demonio llamado Kaiamuhan, al que los dioses habían bendecido con la inmortalidad, merced a sus penitencias. Cuando el demonio obtuvo esa bendición no respetó a nadie y comenzó a herir a los dioses y a otros seres.

Para humillarlos el demonio les ordenaba que se pusieran de pie ante él y que golpearan sus frentes con las manos cruzadas (es decir, entrelazando los nudillos de los dedos). También les obligaba a sentarse y levantarse mientras tiraban de sus orejas con brazos cruzados.

Como estaba causando tantos problemas, los dioses fueron a quejarse al Señor Ganesha. Él les prometió que destruiría a Kaiamuhan, y entonces fue a enfrentarse con el demonio. Kaiamuhan sacó su arco y su flechas, pero Ganesha destruyó las flechas arrojando una de las armas que sostiene en una de sus manos y así inmovilizó a todo el ejercito del demonio. Esto hizo que Kaiamuhan montara en cólera y entonces utilizó contra Ganesha todas las armas que tenía y que había obtenido en virtud de sus penitencias. Pero en lugar de dañar a Ganesha, las armas giraban entorno a él y caían al suelo inofensivamente.

No sé si tienen presente la película Matrix, cuando Neo (Keanu Reeves, digamos) detiene la balacera solamente con levantar la mano. Pues bien, aunque yo no estuve en la batalla de Ganesha con el demonio, me imagino algo parecido, sin efectos especiales por supuesto.

Acto seguido, Ghanesa rompió uno de sus colmillos y lo lanzó contra el demonio, que se desvaneció ante el impacto de esta poderosa arma. Pero como había obtenido la bendición de la inmortalidad no murió, sino que se convirtió en una enorme rata. Así, Ganesha se sentó sobre esta gran rata y la adoptó como su vehículo.

A este respecto, la mayoría de los deidades hindúes tienen un vehículo, que por un lado es el medio en que se trasladan pero por otro lado tiene un simbolismo espiritual. Por ende, es totalmente normal ver ilustraciones o estatuas de Ganesha montando sobre la rata; lo cual es un poco insólito, sobre todo por la diferencia de tamaño. Sin embargo, los artistas se las arreglan con imaginación, a la vez que achican un poco al elefante y agrandan la rata.

De todos modos, el significado espiritual de la rata es que representa a los deseos mundanos, los cuales Ganesha es capaz de gobernar a su antojo.

Es así como desde la victoria sobre el demonio, y como forma de agradecimiento, cuando la gente veía a Ganesha empezaba a hacer los mismos gestos que el demonio les había obligaba a hacer a ellos para ridiculizarlos. De esta forma, esos gestos se convirtieron en una forma de rendirle culto a Ganesha, una forma que se mantiene hasta hoy.

Es parte de la tradición y se puede ver en todo templo donde haya una imagen de Ganesha. Yo mismo lo hago constantemente, y casi me olvido que visto de afuera puede parecer un gesto algo ridículo.

Que los cumpla feliz

Cada año en el mes de Agosto/Septiembre (dependiendo del calendario lunar) se festeja Ganesha Chaturti, que vendría a ser el cumpleaños de Ganesha. En toda la India se celebra este festival anual, en algunas partes con más pompa que en otra. Las celebraciones en la ciudad de Bombay, por ejemplo, son las más famosas.

Justamente, este año (2008) el evento se conmemoró el pasado miércoles 3 de septiembre. Es un poco por ello que traigo a colación la historia de esta deidad tan querida para mí; y otro poco porque también tengo mi historia particular que contar.

Durante la estancia, junto a mis padres, en el ashram de Amma (“La Santa de los abrazos”), tuvimos la oportunidad de celebrar Ganesha Chathurti.

Tradicionalmente, a lo largo de diez días se realizan rituales y ofrendas a una gran estatua de papel maché, que se construye especialmente para la ocasión. En más de una ocasión asistí a estos rituales para disfrutar viendo los antiquísimos y sagrados procedimientos de adoración.

El último día de los festejos es siempre coronado por la inmersión de la estatua de Ganesha en el mar. Esta costumbre se sigue en todo el país y si no hay mar se usan ríos o arroyos.

El significado de esta zambullida es que la deidad se lleva consigo todas las dificultades y problemas de los devotos, limpiando el terreno para un siguiente año lleno de auspiciosidad.

Cerca del atardecer, la mayoría de los residentes y visitantes del ashram de Amma, nos dirigimos en una informal procesión hacia la orilla del Mar Arábigo, que en esa zona es muy bravo. El entusiasmo era mucho y los espectadores cientos.

La tradición manda que los varones sean los encargados de meter la estatua al agua. Después de ciertas dudas, mi padre y yo decidimos participar de la ceremonia.

Nos quitamos la camiseta, nos arremangamos los pantalones, y tímidamente nos acercamos a la imagen, tratando de tocarla aunque sea un poquito entre la multitud de participantes. No era tarea fácil, pues eran muchos los que se habían arremolinado en torno a Ganesha para llevar la estatua. La tradición dice que cuanto más lejos y profundo se acarrea la imagen, más auspicioso es el resultado.

Se dio la voz de largada y alrededor de cincuenta personas salimos, con la estatua en andas, dispuestos a llevarla lo más lejos posible.

En cuanto la primera ola rompió en nuestras rodillas, el séquito se vio reducido a quince personas, pues al parecer la mayoría se amilanó por el agua.

Los que quedamos avanzamos decididamente y soportamos con dignidad dos o tres olas de alto calibre. Sin embargo, una terrible y última masa de agua se abalanzó sobre el grupo y no hubo nada que hacer.

Todos desparramados y muertos de risa emprendimos el regreso a la orilla. Mi padre encontró una guirnalda que se había salvado del naufragio y quiso guardarla como trofeo, pero le advirtieron que los problemas no se irían si alguna parte de la deidad quedaba en tierra. Rápidamente, entonces, la lanzó de nuevo al agua.

En este sentido, yo por mi parte hallé flotando ni más ni menos que la cabeza de Ganesha, y la tomé decidido a preservarla, pero una ola justiciera me sorprendió de tal manera, que con suerte pude mantener mi propia cabeza.

Todo terminó muy bien, con cada cosa en su lugar, con el cuerpo llenó de arena y el corazón llenó de satisfacción por haber mandado al fondo del mar todas nuestras dificultades.

Personalmente, como he dicho, Ganesha me es muy querido y siempre me ha gustado, desde niño.

Sabiendo esto, Swami Premananda me regaló en el año 2003 una pequeña estatua dorada, que me ha acompañado desde entonces, y a la que realizo un simple ritual cada semana, como símbolo de mi amor por Swami Premananda y, claro, por Ganesha, el eliminador de todas las obstrucciones.

A pesar de mis viajes y mudanzas de los últimos años, la presencia de este Ganesha ha representado para mí siempre una sensación de “hogar”, pues cada vez que estoy en su presencia, donde sea que yo me encuentre, me siento mucho más conectado conmigo mismo.

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