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Antología de poesía devocional de la India, en el día de Krishna

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En 2007 se publicó una antología de poesía devocional de la India, traducida y editada por Jesús Aguado, que me ha dado muchas alegrías por sus inspiradores contenidos. Yo vivía feliz con ese libro en mi poder hasta que me enteré que, en 2017, y bajo el título ¿En qué estabas pensando? salía la antología “definitiva”, esta vez con el doble de material. Entonces experimenté en carne propia lo que dicen todos los santos y místicos: la dicha puede ser infinita cuando se trata de temas del espíritu.

Esta nueva Antología de poesía devocional de la India que ahora publica el Fondo de Cultura Económica tiene casi 500 páginas, incluye 368 poemas de 91 autores, que van del siglo V al XIX, y es la versión ampliada, corregida y mejorada de Jesús Aguado, que lleva treinta años leyendo y traduciendo estos textos llenos de experiencias místicas y mensajes trascendentales.

Los textos son, a veces, desnudas muestras de amor o reverencia a un Dios o Diosa con forma personal; otras veces, se trata de elevadas declaraciones de sabiduría no-dual, en que uno y el Uno se funden. También hay ruegos desesperados por libertad, epístolas, juegos sensuales que sonrojan a los profanos, lecciones de vida y tristes historias. En cualquier caso, el trasfondo es la devoción, bhakti.

Unos pertinentes versos de Bihari (siglo XVII), uno de los poetas que aparecen en la antología, dicen:

Libérame, mi Señor… Rompe los lazos que me unen a la existencia terrenal / Pero si te agrada tenerme prisionero / átame con la cuerda de la devoción.

La misma devoción que Aguado, poeta prestigioso (además de traductor, antólogo, crítico, literato…), pone en trasladar el bhāva (“estado psicológico y emocional”) de la obra original en sus versiones, usando los recursos métricos del español. En el libro hay poetas y poetisas de diferentes partes de la India, los cuales escribieron o cantaron en diversas lenguas. Para la traducción, Aguado se basa en fuentes en lenguas europeas (inglés, francés, italiano…) y aunque difícilmente pudiera contrastarse cada línea, uno tiene la sensación de que lo que está leyendo es “genuino”, no tanto en el sentido lingüístico o literal sino en el sentido literario y evocador de verdades que traspasan los idiomas.

Muy ingrata es la tarea del traductor y, sobre todo de poesía. Como el mismo Aguado ha escrito atinadamente en otra parte: “un asunto a discutir es si la poesía como disciplina intelectual le hace más justicia a los hechos históricos que la historiografía propiamente dicha”.

Los lectores de esta antología tenemos la suerte de que el traductor que nos ha tocado sea, en realidad, un poeta de gran sensibilidad que, además, es erudito en literatura, conocedor de la tradición india y una persona con gran inclinación espiritual.

La hermosa portada del libro.

En la obra hay muchos poemas de poetas-santos muy famosos como Kabir y Tukaram, pero también los hay de autores totalmente desconocidos en Occidente. Cada autor tiene una breve nota biográfica que, casi en silencio, va hilando las páginas y creando la atmósfera adecuada para disfrutar de los poemas, de los cuales pongo ahora dos breves muestras.

La primera del poeta Basavanna (siglo XII), ministro real pero también renunciante devoto del Señor Śiva (Shiva), que escribió originalmente en lengua kannada:

“El bambú se utiliza
para las varas de los palanquines,
para el mango de las sombrillas,
para colgar adornos el día de año nuevo,
para los postes de las tiendas.
Si tienes un bambú
eres muy rico.
Oh Señor de los Ríos que se Encuentran (Śiva),
desconfía de aquéllos
que no se doblan”.

Y otro de Lalla, la conocida poetisa mística de Cachemira del siglo XIV:

“Estás absorto en Ti
y por eso encontrarte es tan difícil.
Todo el día lo intento y cuando al fin
te descubro escondido en mi interior
huyo despavorida
sin saber si soy Lalla o si soy Tú”.

Kṛṣṇa Jayanti o Kṛṣṇa Janmāṣṭamī es el nombre que se le da al día en que se conmemora el nacimiento del Señor Kṛṣṇa (Krishna), ese divino niño de color azul. Este año 2017 ese día se celebra el 14 de agosto. Si me pusiera a copiar todos los poemas que me gustan del libro este post no acabaría nunca, así que he pensado que lo apropiado en el día del nacimiento del Señor Kṛṣṇa sería poner un poema sobre él. De hecho, la vida de Kṛṣṇa es uno de los temas que más ha atraído a los místicos de todas las épocas pues tiene muchos matices y en la antología hay profuso material sobre sus “pasatiempos”.

En el día de hoy me inclino por un poema que, desde que lo escuché por primera vez, me cautivó. En parte porque me recuerda las propias luchas domésticas para bañar a nuestras dos hijas cada noche, y también porque la figura del travieso bālakṛṣṇa, el “niño Kṛṣṇa”, me despierta profunda ternura y amor.

El poema es obra de Periyalvar, un poeta-santo del siglo VII que fue unos los doce famosos ālvārs, santos vishnuitas tamiles que fueron parte vital en el origen del movimiento devocional hindú. Se trata, como explica Aguado, de una “regañina” que le hace Yaśodā (Yashoda), su madre adoptiva, a Kṛṣṇa, que no quiere bañarse.

“Después de estar rodando por el polvo
los restos de cuajada de tu boca
están apelmazados
como barro reseco.
¿Cómo podría, así,
permitir que durmieras a mi lado?
Llevo esperando mucho
con aceite y jabón para tu baño.
¡Oh, inalcanzable niño,
deja ya de correr
y métete en las aguas!

He preparado dulces
con almíbar y miel,
tal como me pediste,
que no vas a probar
mientras estés tan sucio.
¿No ves que eres la mofa de las niñas,
que se ríen de ti cuando te ven?
No tardes, niño mío:
si quieres estos dulces
sumérgete en el agua.

Mi pequeño Señor,
a cuántas travesuras nos sometes:
usas como tambor
las vasijas de aceite
y luego das pellizcos
a los bebés dormidos
hasta que se despiertan
y entonces los asustas
mirándolos de cerca
con tus ojos enormes.

Oh niño encantador
que destellas azul como el océano,
te daré tanta fruta como quieras
si me dejas bañarte
de una vez en el río”.

Como material inédito, comparto este breve vídeo en que el propio Jesús Aguado lee el poema durante la presentación en Barcelona de la Federación Hindú de España:

Deseo que el nacimiento de Kṛṣṇa nos inspire a todos en nuestro camino devocional interior y, para echar leña a ese fuego, recomiendo fervientemente la Antología de poesía devocional de la India.

¡Hare Kṛṣṇa!

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La devoción y las perlas de la sabiduría

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Desde el punto de vista histórico es imposible poner una fecha cierta para el surgimiento del bhakti mārga o “camino de la devoción”, que es uno de los pilares del hinduismo y del yoga, tanto en la antigüedad como en la actualidad. Para dar una posible definición, y siguiendo al indólogo Javier Ruiz Calderón, la bhakti se basa en “la fe en la bondad y la omnipotencia divinas, y consiste en una entrega absoluta en manos de la divinidad, dirigiendo hacia ella todos los pensamientos y emociones y ofreciéndole todas las acciones”. 

La adoración devota a un Dios o Ser Supremo, repito, se pierde en la noche de los tiempos, pero los estudiosos explican que esa vertiente espiritual se empieza a ver de forma explícita en las Escrituras sagradas hindúes con algunas Upaniṣad (como la Kaṭha o la Śvetāśvatara) que se supone se compusieron hace al menos 2500 años; luego con las grandes épicas (Rāmāyaṇa y Mahābhārata) y, por supuesto, con la Bhagavad Gītā, cuya composición quizás ronda los 2000 años de antigüedad y en la que las enseñanzas de Śrī Kṛṣṇa (Shri Krishna) oficializan la bhakti como senda e incluso la equiparan al gran “camino del conocimiento” (jñāna mārga).

Más tarde, ya en el primer milenio de nuestra era, los Purāṇa, textos que mezclan lo histórico y lo mítico, y que Swami Satyānanda define como “la expresión popular de la tradición védica”, terminan por difundir, junto con la poesía devocional medieval, una expresión espiritual que ya había arraigado muy bien en suelo indio. Este arraigo, de todos modos, siempre ha tenido mayor recepción en los círculos vishnuítas, ya que la tradición presenta a Viṣṇu como un Dios suave, amoroso, encargado del mantenimiento del cosmos, esplendoroso y dador de gracia.

En contraste con Śiva (Shiva), que se muestra como un asceta austero y solitario (aunque no por ello menos compasivo) o las feroces Diosas Durga o Kālī, que pueden representar las difíciles pruebas del camino espiritual, Viṣṇu es Hari, el que “se lleva” las mentes de sus devotos y que, en su descenso (avatāra) a la Tierra como Kṛṣṇa, deleita a todos con su dulzura al punto de ser llamado cittacora (cittachora), “ladrón de corazones”.

Dentro del vaishnavismo hay muchas corrientes (sampradāya), todas teístas y devocionales, y que a pesar de sus distintos enfoques filosóficos y teológicos (dvaita o “dualista”; dvaitādvaita o “dualista y no dualista”; viśiṣṭādvaita o “no dualismo con distinciones”; śuddhādvaita o “no dualismo puro”) consideran a Viṣṇu como el “único Dios soberano”. En el año 1486 nace en Bengala un místico conocido como Śrī Caitanya Mahāprabhu, que daría un vuelco más al camino de la devoción hindú, posicionando a Kṛṣṇa (y no a Viṣṇu) como la “Suprema Personalidad de Dios”.

Lo explico con las palabras de Ruiz Calderón: “Kṛṣṇa, la realidad única, es ante todo el dios personal (bhagavant) pero también se manifiesta como el alma suprema que se halla en el interior de todos los seres (paramātman) y como lo Absoluto impersonal (brahman). Las almas y el mundo, también eternos, son idénticos a Kṛṣṇa y al mismo tiempo diferentes de él, de un modo que el intelecto no puede comprender”.

De ahí que la teología elaborada por Śrī Caitanya se llame acintyabhedābheda o “incomprensible identidad en la diferencia”. El devoto ideal quiere convertirse en un perpetuo servidor de lo divino, lo cual sería su “liberación” y la práctica consiste en adorar a Kṛṣṇa y a su amante Rādhā con himnos y cantos (e incluso bailes) que permitan la repetición del nombre divino.

Con el tiempo esta corriente se hizo conocida como Gauḍīya sampradāya y de ella surge, por ejemplo, el famoso movimiento Hare Krishna (o ISKCON), que es uno de los grandes artífices de que el canto devocional colectivo (kīrtan) esté tan difundido actualmente.

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Es en este contexto histórico y espiritual en que se enmarca el reciente libro Perlas de la sabiduría védica, del sacerdote vaishnava Juan Carlos Ramchandani (Krishna Kripa Dasa), que ofrece una recopilación de citas de las principales escrituras sagradas del hinduismo (Vedas, Upaniṣads, Purāṇas, Bhagavad Gītā…), con especial hincapié en los textos fundamentales de la tradición Gauḍīya, como el Śrīmad Bhāgavatam, y en muchos de los maestros de ese linaje, como el carismático y venerable Swami Prabhupāda.

Las citas del libro están agrupadas en torno a 17 temas como alma, reencarnación, yoga, santo nombre, vegetarianismo, lugares de peregrinaje, valores morales y otros, siempre desde una óptica vaishnava que, a diferencia de la filosofía Advaita (no-dual), considera generalmente que el alma (ātman) es parte (o chispa) de Dios (o Brahman) pero nunca que es lo mismo que Dios. En este sentido, por ejemplo, entre las páginas de la obra se cita al famoso filósofo dualista Madhva diciendo:

“Innumerables olas baten el gran océano, del mismo modo innumerables almas existen en el Brahman Supremo. Una sola ola nunca será el océano. Oh, alma individual, ¿cómo crees que puedes llegar a ser el Brahman Supremo?”

Ante la ubicua enseñanza de “todo está dentro de ti” (a la cual yo suscribo bastante), en un mundo donde la devoción a lo Supremo está desvalorizada, no me parece mal conocer también una tradición que fomenta, con sus métodos particulares, la tendencia natural del ser humano a usar las emociones y el amor como instrumento de trascendencia (un camino que también suscribo bastante). El hinduismo es muy amplio y hay sitio para todas las inclinaciones, por eso a veces se dice que en el hinduismo cada persona es un camino.

Perlas de la sabiduría védica tiene 224 páginas e incluye un glosario con los términos, nombres de las personalidades y textos a los que se hace referencia. Además cuenta con ilustraciones originales y diseño de portada del artista gráfico Hari Dasa, que es un experto en iconografía religiosa de la India. Para los interesados en pedir un ejemplar del libro, deben contactar directamente con el autor aquí.

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Dicho sea de paso, un libro en que la presencia de la enseñanza de Kṛṣṇa es tan importante viene justo a tiempo para la celebración anual del nacimiento del dios del color oscuro como una nube de tormenta. Este año 2016, el famoso Kṛṣṇa janmāṣṭamī (Krishna Janmáshtami) cae el jueves 25 de agosto y haciendo honor a la fecha y también a las citas de libro, acabamos este post con una enseñanza del Señor Kṛṣṇa sobre, justamente, la devoción (6.30):

“Para aquel que Me ve en todas partes y lo ve todo en Mí, nunca lo abandono y el nunca me abandona a Mí”

Firmas sin ego: la poesía devocional

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Durante mi investigación sobre la importancia del anonimato en la tradición escritural y literaria hindú me encontré con una gran excepción sobre la que, por motivos de espacio, no dije nada en el post original, dejando su análisis para hoy. Me refiero a la poesía devocional, que es la etiqueta genérica que se da a poemas, canciones y escritos compuestos en un período muy amplio de más de mil años (del siglo VI al XVIII E.C.) por santos o mahātmas y que, como es de esperar, tiene sus matices y diferencias según la época, la zona y las circunstancias.

A pesar de esas diferencias, que no voy a explicar en detalle, un rasgo común es la tendencia de estos poetas-santos a firmar sus obras y, aún más lejos, poner dentro del poema su propio nombre, dándole así mucho más protagonismo y visibilidad. Como ejemplo introductorio unos versos de Jayadeva (siglo XII), quizás el poeta más famoso en dramatizar los divinos amoríos entre Kṛṣṇa (Krishna) y Radhā:

¡Consagra tu gozosa unión con Padmávati!
Enemigo de Mura, bendícenos cien veces:
el rey de los poetas, Jayadeva, te canta.
¡Radha, entrégate entera a la pasión de Mádhava!

Como se puede notar, Jayadeva no solo se nombra a sí mismo sino que se auto-denomina “rey de los poetas”, todo lo contrario, a priori, al anonimato y perfil bajo fomentados por la tradición védica desde la antigüedad. Esta aparente paradoja me llevó a preguntar e investigar para encontrar posibles respuestas…

El movimiento devocional hindú que genéricamente se conoce como bhakti tuvo un primer apogeo a partir del siglo VI en el país tamil, al sur de la India, con un proceso de renovación religioso llevado adelante especialmente por santos shivaístas (nāyanmārs) y santos vishnuistas (ālvārs). Su acercamiento a lo divino se caracterizó por sus formas heterodoxas de devoción íntima (es decir, “la relación directa de cualquiera con Dios”), como un rechazo a la religión “de los sacerdotes, los rituales y los libros” que era la ortodoxia brahmánica.

Se trataba, como explica el indólogo Javier Ruiz Calderón, de una “relación personal de amor apasionado con la divinidad, que culmina en la fusión amorosa y extática con ella… una religiosidad muy espontánea, poco institucionalizada, de carácter comunitario e indiferente a las distinciones de clase social”.

Por tanto, la poesía mística que compusieron estos santos, casi siempre en lengua tamil, contribuyó a crear una nueva sensibilidad espiritual y también literaria que “ganó rápida popularidad especialmente entre las personas comunes y corrientes y la casta no sacerdotal”. Veamos un ejemplo en los versos de Sundarar (siglo IX), devoto de Śiva, y que a pesar de ser brahmán de nacimiento se casó con dos mujeres de castas inferiores:

“Señor, explícame por qué has bajado
hasta este corazón de un ser humilde
que disfruta asistiendo por las noches
a Tu danza en el crematorio                                                         en la cual resplandece la serpiente
que llevas anudada en Tu cintura.

Tesoro que nos salva del karma acumulado,
Señor Rojo como un rubí,
oh Rey de Nattiyattankuti (pueblo sagrado de Tamil Nadu)
ya nunca podré amar a nadie como a Ti”.

Con la semilla sembrada en Tamil Nadu, a partir del siglo XIII surgió un movimiento devocional similar, cada vez más hacia el norte del país, primero en Maharashtra y luego en las zonas de habla hindi, punyabi y braj, que finalmente es lo que de forma popular y genérica se conoce como movimiento bhakti y en el que las canciones religiosas (bhajans) tienen gran importancia. Muchos de estos bhaktas eran hombres y mujeres de casta baja que, otra vez, rechazaban las convenciones sociales y la religión brahmánica ortodoxa para vivir una existencia muchas veces itinerante buscando la comunión directa con una deidad personal o con lo Absoluto sin forma, según el caso.

Más allá de que su principal razón de existencia fuera siempre la “devoción amorosa a Dios”, todas las vertientes de este movimiento mostraban un “visible grado de igualitarismo y crítica al elitismo”, al decir de Agustín Pániker.

Y una de las grandes formas de rechazar ese elitismo fue la utilización de las lenguas vernáculas (tamil, marathi, hindi…) en las composiciones poéticas en lugar del prestigioso idioma sánscrito, a la vez que “reivindicar el derecho de las castas inferiores (incluso de las más desprestigiadas como, por ejemplo, la de barrenderos o sirvientes) a dialogar con lo divino sin intermediarios”, como explica el poeta y traductor Jesús Aguado, encargado de la Antología de poesía devocional de la India (Olañeta, 2007), de donde tomo las primeras cuatro traducciones poéticas que aparecen en este post.

Por tanto, y parafraseando a Aguado, en un contexto de reivindicación e igualitarismo social, y volviendo al tema de hoy, firmar las composiciones devocionales utilizando el nombre propio, que en la mayoría de los casos connota procedencia social, lingüística y geográfica, podría ser una manera de destacar la casta y el idioma “alternativos” a lo hegemónico.

Esta mezcla de protesta social con búsqueda espiritual la ejemplifica muy bien Kabir (siglo XV-XVI), nacido en Benarés en una casta de tejedores musulmanes, predicaba una espiritualidad más allá de religiones particulares y sus poemas “estaban dirigidos a los humildes, ridiculizando sin piedad a los poderosos, los eruditos, los ritualistas, y los santones en general”. Leamos:

“El Único es ahora un alfarero:
con atención modela toda clase cántaros.
Luego los cuece dentro de Su vientre.
Hace bien Su trabajo para que no se rompan.

Una vez enfriados
les da  nombre:
Shiva, Shakti, el que sea.

Si alguien es tonto solo le seguirán los tontos.
Os digo la verdad,
hombres locos que el sueño de otro loco seguís.

La leche es blanca al margen del color de la vaca.
¿Qué es un brahmán (primera casta)
y qué es un shudra (cuarta casta)?

El falso orgullo os pierde.
Se equivoca el hindú y se equivoca el turco.

¡Un verdadero artista este alfarero!
El hombre bueno sabe
apreciar Sus figuras”.

Esta explicación de carácter socio-cultural suena plausible y me recuerda – perdón por el salto temporal, geográfico y cultural – al surgimiento del rap entre la comunidad afro-americana del Bronx, en que el uso de la “palabra hablada” (spoken word) como único instrumento se convirtió, antes que en una música o una moda, en una forma de contracultura y de reivindicación social.

A este respecto, si uno escucha las letras de rap puede notar que se utiliza mucho el pronombre “yo/nosotros” versus “ellos”, que en un principio quizás eran los “blancos”, los “ricos” o el “sistema”. Muchas canciones de rap utilizan la frase “mi nombre es…”, ya que el rapero, por definición, debe dejar bien clara su identidad y oponerla, como decía, a “ellos”.

La gran diferencia entre los dos estilos, me parece, está en el ego del autor. Mientras el rapero reafirma y aumenta su ego para sobrevivir y luchar en un mundo que lo somete socio-económicamente, el bhakta aspira a fundir su “yo” con lo Divino (aunque también viva en un mundo que lo somete socio-económicamente…).

De esta idea de fusión con lo divino surge otra explicación de por qué los poetas devocionales firman sus obras, ya que para que haya devoción (bhakti) es necesario que haya dos partes: el amante y el amado. Para tener una relación personal con lo Divino (en el aspecto que cada uno prefiera) hace falta “un sujeto separado de la divinidad, con personalidad propia” y, por ello, también con un nombre detrás.

Mirabai (siglo XV-XVI) fue una hija de nobles que se entregó a la vida espiritual y se convirtió en una de las grandes poetisas místicas de la India y, como un ejemplo de lo que venimos hablando, el editor Álvaro Enterría dice: “El camino de Mirabai era una relación personal con Krishna. Debía entonces mencionar su nombre para que esa relación exista”. Veamos:

“Oh compañero,
mis ojos se comportan
de un modo misterioso.

Una vez que en mi mente has penetrado dulce,
Te has abierto camino hasta mi corazón.

No sé cuánto tiempo habré pasado
aguardando a la puerta de mi casa
a verte aparecer al final de la calle.

Mi alegría depende de mi Amado:
mi remedio,
mi yerba medicinal,
mi vida.

Mira se ha convertido en propiedad
de Giridhara (Krishna).
La gente dice que está loca”.

Un detalle interesante es que si bien estos poetas muchas veces ponen su propio nombre dentro del poema, generalmente lo hacen en tercera persona, como si hablaran, justamente, de un “tercero”. Para mí, este recurso es una forma de dejar claro que ese nombre no es más que un personaje temporal con el que no se identifican plenamente, pues ellos están fusionados o buscan la fusión con lo Divino.

De hecho, a veces los poetas usan su nombre como si se tratara de otra persona a la que le están hablando. En un fragmento de un texto de Tulsidás (siglo XVI-XVII), el gran poeta que compuso la versión del Rāmāyaṇa en hindi, podemos ver este uso (traducción de Swami Satyānanda Saraswatī):

“¡Tulsī, la verdad solo puede ser percibida
por aquellos que tienen la santidad en su corazón!

Tulsī, estos santos son una rareza en este mundo,
bendito es el lugar en el que se encuentran.
Su amor va dirigido al bien de los demás.
El que va a ver a un santo, se transforma
y se convierte en un santo a la vez”.

Es llamativo que muchos poetas usen su nombre en diminutivo (Tulsī por Tulsidás; Mira por Mirabai; o Tuka por Tukarām), lo cual le otorga una inocencia y una ternura que, según mi perspectiva, no tienen ninguna relación con inflar el ego individual. Sobre esto, Jesús Aguado dice que “puesto en medio del poema, ese nombre se hace sinónimo de dios o de lo divino, que es la aspiración última de cualquier devoto: fundirse con aquello (o Aquello) que invoca”.

Hablando de fundirse o no fundirse, la tradición más impersonal de estos movimientos devocionales (denominada tradición de los sants), en lugar de adorar a un Dios personal adora a un Dios sin rostro, más bien interior, aunque curiosamente le siguen dedicando poemas y cánticos. Un buen ejemplo son estos versos del místico Jñanadeva o Jñaneshvara (siglo XIII), del que ya hablé algo aquí:

“¿Por qué estás corriendo de un lado a otro
en busca de Dios?

¿Por qué no reconoces que Dios
reside en tu propio corazón?

En realidad, Dios no tiene nombre ni forma,
ni lugar alguno donde residir.

Jñanadeva dice:
adora pues a Dios en tu interior,
en la forma de tu ātman, tu Ser,
y sírvelo a Él sin cesar”.

En referencia a esta devoción “sin atributos”, que en muchos casos se basa en grandes máximas del Vedānta como “este ātman es Brahman” (ayam ātmā Brahmā), el poeta Jesús Aguado vuelve a contribuir agregando que según algunas de estas corrientes “el nombre de uno es el nombre del Uno y este es un descubrimiento que uno debe realizar en su camino hacia la iluminación-liberación”.

Desde esta perspectiva, si “yo soy el Absoluto”, poner mi nombre no es un acto egoico ni dual, sino una forma de explicitar mi total unidad con el Ser. Con este criterio, el nombre de cualquier hijo de vecino sería sinónimo del Ser.

Como conclusión, no puedo asegurar que tenga una respuesta definitiva pero las pistas que he seguido me dejan bastante satisfecho y mi sensación, tanto ahora como antes, es que esos nombres dentro de los poemas no están marcados por el ego sino por la devoción y la búsqueda (o la confirmación) de unidad con lo divino.

Una sensación que, además, está influida por escuchar desde pequeño un breve poema de Ramprasad (siglo XVIII), un famoso santo bengalí devoto de la Madre Kālī, que mis padres cantaban (y cantan) en su casa:

“Sri Ramprasad nos dice:
la Madre Divina en todas partes está.

Ojos ciegos vean la Madre
escondida siempre en todo;
siempre en todo, siempre en todo,
escondida siempre en todo”.

Tan escondida como algunas de las razones de estos santos para firmar sus poemas…

5 canciones espirituales de 2014

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Se acaba el 2014 y todo el mundo hace listas con “lo mejor del año”. Sin pretender entrar en el juego de los rankings, y basándome en una “tradición” que comencé el año pasado, mi intención es compartir unas pocas canciones espirituales que me acompañaron durante 2014. Si bien es verdad que no todas fueron publicadas este año (hay dos de 2013), fue recién ahora que llegaron a mis oídos.

Las cinco canciones tienen la particularidad de pertenecer a artistas occidentales que cantan en sánscrito o hindi o también en inglés, combinando mantras tradicionales con ritmos o voces que son más modernos y, por supuesto, más familiares para nuestros oídos occidentales. Que mi elección haya sido ésta no fue premeditado y salió solo. Sin más prolegómenos, vamos a la música:

1. Hari Sundara Nanda Mukunda/One Love por Indra Mantras, que es un proyecto encabezado por el argentino Ignacio Escribano, que es discípulo de Sri Sri Ravi Shankar fundador de El Arte de Vivir. Según ellos mismos lo definen, Indra Mantras “combina sonidos pop, world music, electrónicos y ritmos latinoamericanos”. Efectivamente, lo que más me gusta de este grupo es la fusión de estilos con lo que yo percibo como sinceridad espiritual.

La canción en cuestión (creación del músico indio Dr. Manikantan Menon) está dedicada al Señor Kṛṣṇa (Krishna) y en ella se enumeran algunos de sus diferentes nombres, siempre fuente de alegría para sus devotos. El estilo fusión de Indra Mantras llega aquí a su apogeo combinando ritmo reggae y, finalmente, un mash-up con la hermosa melodía One Love de Bob Marley. Esta canción fue publicada en el 2013 pero su gozosa energía es atemporal:

2. Anandamayi por Brenda McMorrow, que es una popular cantante canadiense de kīrtan a la que ya cité brevemente aquí. Su disco Igniting the Beauty se publicó en 2013 a través de un crowdfunding en el que participé, pero no fue hasta los últimos meses de este año en que le presté especial atención a su contenido. De sus ocho canciones, la dedicada a la famosa santa bengalí Anandamayi Ma es la que más me inspira. Anandamayi Ma es una de las grandes santas del siglo XX y, para esta composición, Brenda se basa en un mantra originalmente dedicado por el maestro Sri Aurobindo a La Madre.

Sobre esto, cuentan que una vez un devoto le mostró a Sri Aurobindo una fotografía de Anandamayi Ma y el maestro dijo que ella estaba en “la consciencia de Saccidānanda” (pronúnciese ‘sacchidānanda’). Esta palabra tradicional describe la naturaleza misma del Ser, que según la filosofía hindú está compuesta por tres aspectos: sat (“existencia absoluta”), cit (“consciencia absoluta”) y ānanda (“bienaventuranza absoluta”). Por tanto, el mantra juega con el nombre de la santa (Anandamayi, es decir, “hecha de Ananda”) y le agrega los otros dos aspectos: Caitanyamayi (pronúnciese ‘Chaitanyamayi’, “hecha de consciencia”) y Satyamayi (“hecha de pura realidad”).

La calma que transmite esta canción, ayudada por un vibrante cello y la profunda voz del músico Adam Bauer, la hacen una de mis favoritas para momentos de relajación.

3. Sri Argala Stotram (selected verses)/Show me love por Krishna Das, el cantante occidental de kīrtan más famoso del mundo. Hace unos meses ya publiqué un post completo sobre esta canción del nuevo disco del cantante, en que se recitan algunos versos de un himno de alabanza (stotram) dedicado especialmente a la diosa Durgā.

Al devocional barítono de Krishna Das y la envolvente cadencia de los versos se suma un inesperado mash-up con la letra y melodía del hit ochentero I want to know what love is. La razón por la que la pongo en mi lista es que no he parado de escucharla desde abril y, por fin, he encontrado un vídeo con la canción completa (que no sé cuánto durará). Aprovechen:

4. Unity de Sean Johnson and the Wild Lotus Band que son una de mis bandas de kīrtan favoritas, en gran parte por su estilo y también por su imaginativo nombre (“la banda del loto salvaje”). Son un trío de New Orleans y aparte del carismático Sean Johnson (músico, poeta, profesor de yoga…) tienen un bajista de esos clásicos e inmutables, que hace más jazz que kīrtan, y una percusionista que parece sacada de una leyenda celta (se llama Gwendolyn, para que sepan).

Sacaron disco este año (se puede escuchar completo aquí) y en la canción que da título al álbum mezclan tradicionales “mantras de paz” (como el famoso lokāḥ samastāḥ sukhino bhavantu) con poesía (en inglés) del tan de moda místico sufí del siglo XIII Rumi.

En conclusión un himno a la unidad esencial de todas las tradiciones espirituales y, de paso, una canción de buenos deseos para todos los seres.

5. Mata Bhavani de Manu OM, que es el nombre artístico del músico barcelonés Manel Mèlich Solana que ya lleva unos años componiendo y cantando canciones espirituales en el mundo del yoga de Barcelona y cada vez más allá. Este año organizó un crowdfunding (ya ven que esto es lo que se lleva ahora, por suerte) para grabar su último disco titulado Bhakti. Sin ser una autoridad, yo escucho regularmente diferentes personas y grupos occidentales que quieren hacer kīrtan y realmente me cuesta encontrar casos que me parezcan novedosos, espirituales y atractivos. En el caso de Manu OM lo que más me gusta es que él solo, con su guitarra y sus juegos de voz, es capaz de transmitir una vibración muy inspiradora.

La canción que comparto es dedicada a la Madre Divina, el aspecto femenino universal (de hecho, ahora veo, tres de las cinco canciones elegidas son para la Madre). Yo ya conocía la letra, versos tradicionales sánscritos, pero en este caso Manu OM crea una melodía nueva y sorpresiva (uno de sus rasgos característicos), llena de devoción.

¡Les deseo a todos un dichoso y espiritual 2015!

Om Śānti

La historia de Dāmodara y la devoción del poeta ciego

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Llueve torrencialmente, es de noche, y parece que el mundo se fuera a partir en dos por la tormenta. Bilvamaṅgala Ṭhakura, un hombre de casta brahmán que supo tener gran fortuna y ahora está en la pobreza por gastar todo su dinero en mujeres, sólo piensa en visitar a Cintāmaṇi (Cintámani), la prostituta que lo tiene loco perdido y a la que va a ver cada noche sin falta. En sus aposentos la mujer supone: “seguramente Bilvamaṅgala (Bilvamángala) no vendrá esta noche, con semejante tempestad”.

A pesar del clima hosco, de lo iracundo del viento, de los peligros que implica la borrasca, Bilvamaṅgala está tan cegado por el deseo sensual que también hoy decide visitar a su amante, cueste lo que cueste. Para hacer la empresa más difícil, ella vive del otro lado del río, que está crecido y desbordado. Aferrándose a un tronco y utilizando una soga que encuentra por ahí, el hombre logra cruzar el embravecido torrente; solo al llegar al otro lado se da cuenta que el “tronco” era el cadáver de un hombre y la “soga” una serpiente pitón recién ahogada.

Sin reflexionar sobre su temeridad, el hombre, encandilado por la lujuria, llega a la casa de la mujer, pero las puertas están cerradas. Entonces, empapado y a duras penas trepa el muro y entra en la morada para finalmente aparecer en la habitación de la prostituta. Cintāmaṇi, sorprendida por la llegada y la intrepidez de su mejor cliente, le dice: “¿Cómo es posible que hayas venido en una noche así? ¿Tanta atracción sientes por este cuerpo? Si tuvieras el mismo deseo por Dios, entonces ya habrías alcanzado mokṣa (moksha), la liberación total del ciclo de muerte y renacimiento”.

Este simple comentario de la prostituta fue como una revelación para Bilvamaṅgala, que consideró a Cintāmaṇi como su primera guru e inmediatamente decidió cambiar de vida, renunciar a los hábitos mundanos y dedicarse puramente a la búsqueda espiritual. Sin embargo, sus tendencias sensuales eran fuertes y seguía sintiendo gran atracción por las mujeres. Determinado a ver sólo a Dios, Bilvamaṅgala agarró una aguja y se arrancó sus dos ojos. Entonces, se explica, pudo concentrarse únicamente en lo Divino.

En su caso, el camino elegido fue la bhakti, la devoción a Dios, específicamente en la forma de Kṛṣṇa (Krishna). Y muy especialmente de Kṛṣṇa en su etapa de niño, conocido como Bālakṛṣṇa. Se trata de un aspecto de Dios que despierta mucha ternura, ya que es un niño hermoso, criado en una aldea de pastores. Y justamente por ser un niño es muy travieso, por lo que las Escrituras cuentan infinidad de historias divertidas y emotivas en las que el pequeño Kṛṣṇa va por la aldea matando demonios, robando mantequilla recién batida a las vecinas o simplemente jugando con los demás pastorcitos.

Bilvamaṅgala Ṭhakura, ahora ciego, sentía gran devoción por el niño Kṛṣṇa y, por ello, se dedicó a cantar sus glorias y a componer versos devocionales en su nombre. De hecho, se cuenta que cada día el devoto recibía la visita de un niño que le traía leche y podía distinguirlo por el musical tintineo de las ajorcas en sus tobillos. Sin poder verle, Bilvamaṅgala sentía que se trataba del mismo niño Kṛṣṇa que venía a alimentarlo y a escuchar las embelesadoras composiciones dedicadas a él.

La semana pasada conté la historia del ultraje que sufre la reina Draupadī (Dráupadi) en la asamblea de los Kurus, cuando es tratada como una esclava y se la intenta despojar de sus vestidos, los cuales milagrosamente permanecen en su sitio gracias a la intervención divina del Señor Kṛṣṇa (Krishna).

En ese momento de angustia, se explica, Draupadī pide ayuda a Kṛṣṇa utilizando varios de sus diferentes nombres, lo cual con el tiempo se ha convertido en una invocación clásica:

śrī kṛṣṇa govinda hare murāre /
he nātha nārāyaṇa vāsudeva //

Muchos siglos después, en el siglo XIII, Bilvamaṅgala Ṭhakura compone una de sus obras más famosas, titulada Śrī Govinda Dāmodara Stotram, en la que con poesía muestra como los devotos, sin importar las diferentes situaciones en que se encuentren, no pueden hacer otra cosa que cantar los nombres de Kṛṣṇa .

Y ese himno de alabanza (stotram), justamente, comienza con la escena de Draupadī rogando auxilio divino, y termina, ya en la estrofa 70, nombrando los famosos versos arriba citados. Esta aparición de la historia de Draupadī en el stotram es un guiño que hace el poeta para reafirmar la idea de que la completa entrega es el objetivo de todo devoto o bhakta.

Más allá de esta referencia, en este Śrī Govinda Dāmodara Stotram el poeta también crea un verso propio que se repite durante todo el himno y que remite a tres nombres de Kṛṣṇa, especialmente en su etapa de vaquero:

“govinda dāmodara mādhaveti”

Govinda es un nombre de Kṛṣṇa en su rol de pastor de vacas, mientras que Mādhava (Mádhava) sería literalmente el “melifluo”, es decir alguien dulce, suave o delicado como la miel.

Dāmodara (Damódara) por su parte, significaría: “el que está atado con una cuerda (dāma) por la cintura (udara)”. Este extraño epíteto refiere a una anécdota de la niñez de Kṛṣṇa que es muy hermosa.

Un día el pequeño Kṛṣṇa estaba tomando el pecho de su madre, llamada Yaśodā (Yashoda), cuando de repente ésta escuchó que la leche que había dejado en el fuego se derramaba y salió corriendo a retirarla. Como el niño no había aún terminado de comer, se enfadó y golpeó la vasija llena de cuajada que acababa de preparar su madre. La vasija se rompió y Kṛṣṇa tomó parte de la mantequilla recién batida para comerla y, además, para darle el resto a los monos.

Yaśodā pensó que era oportuno darle un castigo a su hijo por esta travesura y primero pensó en pegarle con una varilla pero finalmente decidió atarle al mortero en que se batía la mantequilla para que “no hiciera más travesuras”. Para ello, Yaśodā trajo una cuerda e intentó a atar al niño Kṛṣṇa, pero la cuerda se quedó corta por dos centímetros. Entonces, fue a por otro trozo de cuerda, pero ésta también resultó ser corta por dos centímetros. Buscó otro trozo de cuerda y, una vez más, quedó corto. Así, una y otra vez hasta agotar todas las sogas de la casa.

Yaśodā, en su amor de madre, no se daba cuenta de que estaba tratando de atar, no a su hijo, sino a aquel sobre quien los yoguis meditan durante vidas sin poderlo atrapar en su corazón, aquel que “no puede ser tocado ni siquiera por la mente”, aquel que es “la morada de todos los mundos”… Kṛṣṇa, al ver que su madre estaba cansada de tantos juegos y con el rostro bañado de sudor, permitió ser atado. Como explica el Śrīmad Bhāgavatam, “la totalidad del Universo se halla bajo su control y, sin embargo, con una escasa cantidad de soga, Yaśodā fue capaz de sujetarlo”.

La enseñanza es que a Dios sólo se lo puede “atrapar” con la cuerda de la devoción, y por eso su madre, una simple pastora, pero que amaba a Kṛṣṇa como a nada en el mundo, fue capaz de lograr lo que no consiguen ni los devas, ni los eruditos ni los yoguis. Desde entonces, Kṛṣṇa de niño también es conocido como Dāmodara.

Para aquellos interesados en el texto completo del Śrī Govinda Dāmodara Stotram, compuesto por Bilvamaṅgala Ṭhakura, pueden leerlo (en sánscrito e inglés) aquí.

Para aquellos que quieran escuchar una bella versión de esta canción devocional, con especial énfasis en los dos versos que he citado, aquí va:

Finalmente, estas historias y este conocimiento se los debo en gran parte a mis clases de sánscrito en la Universitat de Barcelona, con la Dra. María Elena Sierra. Si estos temas les interesan y viven en Barcelona o cerca, no se pierdan la conferencia pública y gratuita que habrá este viernes 13 de junio (18:00h). Allí podrán tener una muestra de esas clases y disfrutar de la lengua sánscrita. Como guinda del pastel, habrá un mini-concierto (con tabla y violín incluidos) de un fragmento de este himno de alabanza dedicado a Dāmodara.

Todos los detalles, en el cartel:

El otro instrumento musical del sabio Nārada

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El hinduismo o sanātana dharma no tiene un ‘fundador’ como pasa con otras religiones, aunque lo más parecido a ese rol del profeta primigenio lo desempeñan los antiguos rishis. Se trata de “sabios videntes” que en estados de consciencia trascendental percibieron la Verdad (por ponerle un nombre) y la transmitieron oralmente. Esta sabiduría revelada es la base de las Escrituras sagradas del hinduismo, conocidas como los Veda.

Si bien la Verdad Eterna existe independientemente de la percepción de los rishis, su rol como receptores y transmisores de esa información los convierte en personajes muy respetados e importantes de la tradición hindú. De hecho, la tradición habla de los saptarishis, es decir los “siete sabios” principales, protectores del dharma y pilares del conocimiento.

Como tantas veces sucede en el hinduismo, en que las aparentes ‘contradicciones’ no son debilidades sino diferentes puntos de vista posibles y válidos, los nombres de los saptarishis varían según el texto que se consulte. De hecho, en algunos casos, los siete rishis son equiparados a los “hijos de la mente de Brahmā” (llamados mānasa putra) que son, en realidad, diez.

La cuestión es que, para muchas escuelas, el sabio Nārada (Nārada muni) es considerado uno de los saptarishis, a la vez que también se lo tiene como un mānasa putra.

Un sabio viajero y cantor

Lo que destaca a Nārada muni (muni quiere decir ‘silente‘ y es otra forma de llamar a los sabios, haciendo hincapié en la cualidad de hablar únicamente para el bien universal y cuando es necesario) es que posee la capacidad de viajar por los tres mundos (triloka); es decir, “los planetas celestiales, la Tierra y los planetas inferiores” o más simbólicamente los planos “físico, sutil y causal“.

Quizás sea esta capacidad de tele-transportación, más rápida que la velocidad de la mente, la razón de que Nārada aparezca en diferentes textos y momentos importantes de la tradición hindú. Al menos, ese poder facilita el argumento y no hay que explicar de dónde aparece el sabio.

Y entre algunas de sus grandes apariciones se cuenta la visita que le hizo al poeta Valmiki para inspirarlo a escribir el Rāmāyana; sus consejos en la corte de los Pāndavas en la épica historia del Mahābhārata; o su enseñanza sobre la devoción (bhakti) al sabio Vyāsa en el inicio del Śrīmad Bhāgavatam.

Sobre esto último, el sabio Nārada es un gran divulgador de la bhakti; de hecho, un texto atribuido a su nombre se conoce como Nārada Bhakti Sūtra y versa sobre la eficacia del camino de la devoción para alcanzar la perfección espiritual. En este sentido y siendo la tradición vaishnava de claro enfoque devocional, es normal que Nārada sea especialmente estimado en el vaishnavismo, el cual considera al sabio como un avatāra (encarnación) del mismo dios Vishnu.

La forma en que Nārada difunde el camino del bhakti yoga es, básicamente, cantando las glorias de Dios por los tres mundos. Y para ello hace uso de una vīnā, un instrumento de siete cuerdas (cuatro principales, tres subsidiarias) de la familia del laúd, que es especialmente conocido por estar siempre en las manos de Sarasvatī, la diosa del conocimiento, las artes y la palabra.

Por tanto, si ven (en foto o, Vishnu quiera, en vivo y directo) a un sabio con una vīnā, no cabe duda de que es Nārada.

Karatāla y éxtasis

Si, por exceso de inseguridad, nos entraran dudas de la identidad de ese sabio con una vīnā, entonces hay más indicios que nos confirmarán lo evidente: Nārada lleva en su otra mano un instrumento para llevar el ritmo. ¿Qué instrumento es ese?

Pues el otro día en clase de sánscrito salió el tema y no sabíamos el nombre. Después de investigar descubrí que el nombre sánscrito es karatāla (en hindi khartal) y es un instrumento hecho con estructura de madera y platillos de metal que se toca con una sola mano (“una mezcla de pandereta y castañuelas” dijo alguien en clase…).

La palabra karatāla se compone de kara = ‘mano’ y tāla = ‘ritmo’ y puede traducirse como “el ritmo al dar palmas”, por lo que es una denominación bastante genérica y, prueba de ello, es que hay más de un instrumento con el mismo nombre.

Puede referir a los pequeños “címbalos” o “platillos” que se tocan con ambas manos; puede referir a láminas de madera muy finas (típicas de la zona de Rajasthan) o, como en el caso de Nārada, a bloques de madera con platillos o cascabeles de metal insertados, siendo un bloque para ser agarrado con el dedo pulgar y otro con el resto de los dedos.

Karatāla en su versión de bloque.

Una vez resuelto el misterio del segundo instrumento musical, si a alguien le quedan dudas sobre la identidad del sabio, basta con mirar su comportamiento. Si está bailando y cantando en éxtasis los nombres de Dios y, además, a su alrededor se congregan devotos embelesados por el “néctar del Divino nombre”, entonces uno puede estar seguro de que se ha topado con Nārada muni.

Justamente de esto habla la canción bengalí compuesta por el maestro vaishnava Bhaktivinoda Thakur, titulada Nāradamuni bājāya vīna (“el sabio Nārada canta y toca su vīnā“) y muy difundida entre los devotos vaishnavas. En la que es quizás la estrofa más emotiva de las seis que componen la obra, la canción dice:

mādhurī-pūra āsaba pashi’mātāya jagata-jane /                                                                                                                          keha vā kānde keha vā nāce keha māte mane mane //

O sea (en la traducción inédita de Fernando Giménez Castellà y María Elena Sierra):

“Como si hubieran ingerido pura melosidad embriagadora, (…) todas las personas del Universo, cautivadas, sobrecogidas de éxtasis,   /                                                                                                                                                                unas lloran de contento, algunas bailan y otras se vuelven completamente locas de alegría en sus mentes //”.

Para que el interés que esta canción devocional haya despertado no se quede en el plano intelectual, comparto a continuación una versión al estilo tradicional cantada por Agnidev Prabhu, un señor al que se le siente mucha devoción:

Si esto no es suficiente, hay más versiones de la canción en este enlace.

¡Y que las bendiciones de Nārada muni se hagan presentes en nuestras vidas dándonos mucha devoción por lo Divino!

Iconografía tradicional de Nārada muni.

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Predicciones 2012: Shiva Shakti Ammaiyar

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La semana pasada comencé a publicar los mensajes que diferentes maestros espirituales han dado en los últimos tiempos sobre lo que le espera a la humanidad y al planeta en este año 2012. Se trata de maestros que basan su enseñanza en la filosofía espiritual de la India, que no sólo es milenaria sino también universal, ya que como dije muchas veces, su esencia es la misma que la de cualquier religión verdadera.

Si hace siete días transcribí las palabras de Sri Dharma Mittra, hoy he optado por Shiva Shakti Ammaiyar, una santa que vive en la ciudad de Tiruvannamalai, al sur de la India, y que se caracteriza por estar casi todo el tiempo en silencio. De hecho, como parte de su práctica espiritual, estuvo muchos años en completo silencio y fue en octubre de 2008 que lo rompió para dar un mensaje espiritual a sus devotos. Desde entonces, ella habla ocasionalmente, aunque su principal manera de relación con sus seguidores sigue siendo a través del darshan silencioso.

En las líneas que siguen transcribo fragmentos de algunos de sus pocos discursos del año 2011 en los que toca el tema de este año 2012.

Desastres naturales

En marzo de 2011 dijo:

Hay más desastres naturales a punto de suceder en todo el mundo por causa del agua, terremotos y tornados. La Tierra no es capaz de tolerar adharma (es decir, el camino que va contra el dharma, que es el camino de la naturaleza, la verdad y la rectitud) que está teniendo lugar en el mundo. Por tanto, seguid el camino de la Verdad o Dharma y meditad. Sólo cuando la Madre Tierra esté feliz y reduzca las consecuencias que están a punto de suceder como resultado del adharma; sólo entonces los países prosperaran“.

En Septiembre de 2011:

Estamos enfrentando muchas calamidades naturales a causa del karma de nuestros nacimientos pasados… Antes de que acabe el 2012 habrá muchos desastres naturales. Si os aferráis a los pies de Dios a través de vuestra Bhakti (Devoción), estos desastres no os afectarán grandemente. Estos desastres naturales están destinados a suceder. No podéis escapar de ellos. Pero la Devoción puede reducir los efectos de las calamidades. No hay nada que no se pueda alcanzar con Devoción“.

Noviembre de 2011:

Al final de 2012 habrá muchas posibilidades de que todo alrededor del mundo sucedan desastres naturales: terremotos, grandes lluvias, etc.… Estos desastres pueden ser mitigados si hacéis meditación y os aferráis a los pies de Dios. Esta es la única solución para este problema. Por favor, informad de esto a vuestros hijos. Por favor, dad esta información a los jóvenes estudiantes, niños y niñas, para que ellos puedan entender el proceso de los desastres naturales sin miedo…

Aquí y allá oiréis acerca de desastres. Si Dios lo desea, puede destruir todas las riquezas. La única riqueza que no puede ser destruida es el ‘Diamante de Luz’ (la chispa Divina) que brilla dentro de vosotros. No tengáis miedo. Practica Devoción. Decidles a todos los niños que practiquen meditación por cinco minutos“.

Mi conclusión

Siguiendo la línea del mensaje de la semana pasada, es una constante que se hable de posibles “desastres naturales” o “condiciones climáticas severas”, a la vez que la conclusión y la solución son siempre la misma: la práctica espiritual.

Puede que lo que suceda en 2012 se deba a nuestros karmas antiguos, a nuestro maltrato con la Madre Tierra, al destino… Uno puede elegir la causa que prefiera, pero lo cierto es que no hay mucho que hacer al respecto para detenerlo o cambiarlo. La única opción que ofrece la espiritualidad es, como siempre, cultivar el ser interior, pues como dice la Bhagavad Gītā (2.23):

El alma no puede ser cortada por las armas, ni quemada por el fuego, ni mojada por el agua, ni marchitada por el viento.

Para ello, la santa hace hincapié en la devoción y la meditación. Dos prácticas espirituales muy útiles pero que, además, según dice, pueden ayudar a reducir los efectos negativos que podría traer el 2012 en cuanto a las catástrofes naturales.

Para mí, lo creamos o no, es muy buena la idea de poner en acción estos consejos, porque aunque todo siga igual en el exterior, lo más probable es que, siguiéndolos, mitiguemos cualquier calamidad interior.

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