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‘Diccionario del Yoga’, un manual fiable para profesores y practicantes

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Siempre he sentido interés por las formalidades del uso lingüístico y, en ciertas ocasiones, puedo ser demasiado puntilloso al respecto. Desde que estudié sánscrito la situación empeoró porque me di cuenta de todos los “errores” que cometemos al escribir o pronunciar términos sánscritos, los cuales están cada vez más popularizados. Sin duda, esta búsqueda de corrección me hace quedar como un antipático sabelotodo en más de una ocasión. Y quizás por eso, también he aprendido a elegir dónde y cuándo ponerme técnico con el sánscrito. Uno de esos lugares son los cursos de formación para de profesores de yoga, donde participo regularmente en diferentes partes de España (y pronto también en México).

Justamente para beneficio de las personas que están profundizando en la práctica del yoga, y con un enfoque riguroso sobre la lengua sánscrita y los textos tradicionales como trasfondo, acaba de publicarse en España el Diccionario del Yoga: Historia, práctica, filosofía y mantras, a cargo de la sanscritista y especialista en filosofía india Laia Villegas, con la invaluable colaboración del reputado sanscritista e indólogo Òscar Pujol.

El libro es el resultado de años de trabajo e investigación y su gran mérito es, creo, ser capaz de englobar en una única obra, de forma condensada, muy clara y rigurosa, diferentes elementos del “Yoga” que, o bien no se encontraban disponibles aún en español o, si publicados, estaban desperdigados en diferentes textos. Por tanto, en este manual de 300 páginas, cualquier profesor, aspirante a profesor, o practicante serio de yoga puede encontrar una base informacional muy fiable sobre, como dice el subtítulo, la “historia, práctica, filosofía y mantras” del Yoga.

Muy pertinente me parece la primera sección del libro, dedicada a las normas de la lengua sánscrita y las sugerencias de cómo usarla en clase o incluso al escribirla. Es una introducción sencilla para quienes desean conocer la pronunciación tradicional de la “lengua del Yoga”. Por supuesto, muchos profesores (yo mismo incluido) a veces usan los equivalentes españoles de ciertas palabras sánscritas, especialmente con los nombres de las posturas. Eso no quita que sea mejor conocer el original.

Como se suele decir, si Picasso decidió romper con las normas y dibujar caras con forma de cubos fue porque, previamente, ya dominada la técnica de la pintura artística. De la misma forma y por determinadas circunstancias particulares, yo puedo elegir traducir o hasta pronunciar “incorrectamente” una palabra sánscrita, pero que no sea por ignorancia o por tener el conocimiento erróneo.

Lo siguiente que nos ofrece el libro es un pantallazo de la historia del Yoga durante los últimos 3.500 años y todo lo que esta palabra tan de moda significa. Basándose en los estudios académicos más actuales, pero sin perder de vista la tradición, los autores muestran que “el yoga es una cultura viva y dinámica”. A nivel de la Historia del Yoga, los nuevos descubrimientos o traducciones de textos antiguos van ofreciendo cada vez más pistas y, con probabilidad, tendremos renovación parcial de paradigmas.

Al mismo tiempo, el cambio principal está a nivel de las formas de práctica y allí es donde el texto que nos incumbe hace un gran aporte al estudiante actual al detallar, de forma muy visual, la terminología y uso de 108 āsana (con sus variantes más comunes), más las técnicas clásicas de prāṇāyāma, mudrā, bandha y kriyā, que son los elementos diferenciadores del haṭha yoga, aunque los más desconocidos. Esta sección se acompaña de un útil glosario.

diccionario

A nivel filosófico, el libro presenta un diccionario breve con los términos más usados o escuchados en el mundo del Yoga (ātman, brahman, karman, los nombres de los siete cakras, algo de mitología, los ocho pasos de Patañjali, y bastante más), y lo bueno es que las definiciones, sin ser demasiado técnicas, son lo suficientemente largas como para dar una buena idea del tema tratado.

Como gran detalle, la obra incluye una traducción “didáctica y completa” de los Yogasūtra de Patañjali, basada en la hasta ahora inigualable – en español al menos – versión de Óscar Pujol. Más allá de la rigurosidad y la claridad de la traducción y el desglose palabra por palabra de cada sūtra, me parece muy bien pensado que el tratado clásico de la filosofía del Yoga, que se estudia en cada formación de profesores del mundo, esté incluido en un manual para practicantes y profesores.

De esta manera, ahora nos basta con llevar un único libro en el bolso para tener, al mismo tiempo, el texto original del Yoga (sin comentarios), más un resumen de la historia, un inventario ilustrado de prácticas, un diccionario de términos comunes y una base de lengua sánscrita para saber cómo pronunciarlos.

Hablando de pronunciación, al final de la obra hay una breve sección dedicada a mantra, en la que se incluye una selección de nueve fórmulas sagradas bien conocidas, con su traducción y análisis. Justamente porque el sánscrito es una lengua que da cardinal importancia a la pronunciación, Laia Villegas se ha tomado el trabajo de recopilar, con la voz de Kaustubh Desikachar (relacionado con el linaje de T. Krishnamacharya, para algunos fundador del “yoga moderno”), los Yogasūtra al completo según la metodología del canto védico y, además, cada término sánscrito que aparece en el libro.

Los audios se pueden escuchar o descargar de forma gratuita en la página web de Herder Editorial, clicando aquí. Tenemos que agradecer y destacar este gesto de parte de los autores para fomentar la práctica de la recitación sánscrita tradicional.

Personalmente, me leí el libro ávidamente en dos días, aunque su verdadero valor es ser un repositorio muy fiable de información tradicional que puede ser consultado en cualquier momento y de forma puntual.

Por eso es tan valioso que, a pesar de las muchas horas de trabajo e investigación que hay detrás, Laia haya tenido la humildad de presentar el texto de forma accesible (tanto en contenido como en forma), para no abrumar a nadie y, por el contrario, con un espíritu genuino de beneficiar a la comunidad yóguica. Es decir, siguiendo la esencia del Yoga.

El Diccionario del Yoga ya está disponible en España; pronto irá llegando a Latinoamérica y, para quienes estén en Barcelona, habrá una presentación el 10 de noviembre, ver detalles aquí. Mis mejores deseos de éxito para este libro.

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La visión del Yoga sobre la depresión y cómo superarla

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Hace unos días leí un muy interesante y actual artículo de David Frawley, reputado especialista en la tradición védica y gran difusor del yoga y el ayurveda en Occidente. El artículo original estaba en inglés (aquí) y con la ayuda de mi esposa Hansika decidimos traducirlo para beneficio de quien corresponda. Concuerdo grandemente con lo que explica Frawley, en parte porque yo mismo he pasado por varias fases en mi vida que podría calificar de “depresivas”. Comparto el texto prácticamente íntegro, es un poco largo pero vale la pena. Espero sea útil:

“La depresión se está convirtiendo en una epidemia, sobre todo en el próspero mundo occidental. Afecta de igual modo tanto a jóvenes como mayores, a ricos como a pobres, a personas cultas como a personas sin formación. Para combatirla, se recetan cada vez mayores cantidades de medicamentos antidepresivos, de los que se van introduciendo distintas variedades en el mercado.

Este problema nos lleva naturalmente a la cuestión de fondo: ¿Cuál es la causa de la depresión? Hay muchas explicaciones, algunas muy informativas o aclaratorias. Sin embargo, me gustaría mirar más allá de cualquier teoría compleja. Para simplificarlo, la causa de la depresión es el estímulo. Cuanto más dependemos del estímulo externo, es más probable que con el tiempo más nos deprimamos. Hay múltiples motivos para ello.

Primero, siempre que cualquier estímulo al que nos hemos acostumbrado se reduzca o inhiba, es más probable que nos deprimamos o sintamos algún tipo de síndrome de inhibición, ya que nos hacemos dependientes del estímulo para energizar nuestro sistema nervioso.

Segundo, con el tiempo, es más probable que nos aburramos o deprimamos con cualquier tipo de estímulo, ya que la repetición hace perder la novedad. El umbral en el que cualquier estímulo nos afecta va aumentando a medida que lo experimentamos con asiduidad.

El hecho es que esa dependencia de factores externos para entretenernos, comprometernos o motivarnos hace que perdamos nuestro propio poder de motivación, lo cual resulta en una futura depresión.

La Era Moderna de la Estimulación Mediática y la Medicina Basada en Medicamentos

En el mundo moderno de la alta tecnología estamos sujetos a mucho más estímulo y entretenimiento que en cualquier época anterior. Muchas personas están conectadas todo el día con música, vídeos, redes sociales o Internet (casi desconectándose del resto de la vida, incluso del resto de personas). No sabemos cómo estar solos, en silencio, en la naturaleza o incluso cómo tener una relación directa con alguien.

Además de nuestros estímulos sensoriales muchos de nosotros tomamos drogas recreativas o medicinales que tienen efectos secundarios adictivos y devastadores. Hay epidemias en cuanto a la cantidad de opiáceos que las personas toman hoy en día como analgésicos o sencillamente como adicción a las drogas opiáceas, de las que hay muchas formas nuevas artificiales y poderosas que son incluso más adictivas. La depresión se puede conectar con adicciones de varios tipos, desde adicciones sensoriales a todo tipo de adicciones a sustancias. Aún así la depresión normalmente se puede relacionar con un tipo de vida que mira hacia fuera, incluso si tenemos adicciones específicas. Algunos de nosotros puede que nos sintamos deprimidos por el estado infeliz del mundo actual. Ésta es otra complicación basada en prestar demasiada atención al mundo externo, eclipsando nuestra práctica espiritual interior.

El Mito de la Depresión como un mero problema en la Química Cerebral

La ciencia médica más reciente nos cuenta que la depresión es un producto de una química errónea en nuestros cerebros, y que dicha deficiente química cerebral como mejor debe ser tratada es con medicamentos, ya que es un problema químico. El resultado de ello es que, en lugar de tratar la depresión mirando nuestro comportamiento o nuestras circunstancias de vida, tenemos multitud de nuevas variedades de medicamentos antidepresivos que no existían hace unas pocas décadas. Incluso con todos los antidepresivos que tomamos, parece que nos deprimimos más. Algunos antidepresivos tienen como efectos secundarios deprimir más. Esto es esperable. Como la depresión es resultado de la dependencia de estímulos externos, categoría en la que los medicamentos antidepresivos también encajan, es probable que a largo plazo creen más depresión o que, al menos, reduzcan nuestro nivel de creatividad, contentamiento y motivación.

La medicina basada en medicamentos nos dice que nosotros no somos responsables de los desequilibrios en la química del cerebro. Somos víctimas de la química de nuestros cerebros que depende de varios factores más allá de nuestro control, empezando por la genética. Creer que esta afirmación es cierta nos puede hacer sentir personalmente liberados de culpa, pero absolvernos de toda responsabilidad por nuestra condición, nos quita nuestra habilidad de controlar o mejorar nuestra propia salud y bienestar. Si somos víctimas de la química cerebral, ¿qué es un ser humano o un alma humana y qué responsabilidad tenemos realmente en la vida?

Depresión y Problemas de Comportamiento

El hecho es que la mayoría de depresiones están basadas en el comportamiento. Nuestros estilos de vida incorrectos por demasiada actividad, sobreestimulación y desconexión con el mundo de la naturaleza, nos pueden dejar exhaustos y deprimidos, especialmente a nivel psicológico y emocional. El yoga nos enseña que la cualidad de rajas o “excesiva agresión y estímulo” nos lleva a la cualidad de tamas o “oscuridad, inercia y depresión” al agotarnos, quemarnos o al hacernos demasiado hiperactivos, sensibles, inquietos y estresados.

En nuestra sociedad orientada al individualismo a menudo terminamos solos, ya que la familia y la comunidad se subordinan a los logros individuales. Esto nos hace más dependientes de la estimulación mediática para llenar el vacío en nuestras vidas. Soledad y depresión a menudo van juntas.

Para verlo desde otro ángulo, la depresión no es más que baja energía en la mente o en un nivel psicológico. Hasta cierto punto, igual que todos tenemos períodos de baja energía física, particularmente como consecuencia de una actividad excesiva, también tenemos períodos de baja energía mental como consecuencia de demasiado trabajo o estimulación mental o emocional. Del mismo modo que la baja energía física se debe a una falta de ejercicio y a una nutrición carente, la baja energía psicológica se debe a una falta de ejercicio mental y a una carente nutrición de la mente.

¿Cuántos de nosotros ejercitamos nuestras mentes de modo creativo e inteligente más allá de sólo seguir los entretenimientos masivos y sin sentido? ¿Habéis examinado la nutrición mental que ingerís a través de vuestros sentidos? A través de los medios dejamos que en nuestras mentes entren personas que jamás dejaríamos entrar en nuestras casas. Como entretenimiento vemos programas llenos de violencia, destrucción y emociones negativas.

La depresión indica una débil inmunidad psicológica y física. Muchas de las personas que dicen padecer depresión en realidad no han sufrido mucho en la vida en términos de enfermedades o carencias, pero reaccionan así a problemas emocionales, a menudo enraizados en la niñez. La depresión conlleva demasiada fijación en nuestro ser personal y nuestro ego, como si fuera un tipo de narcisismo invertido. Cuanto más pensamos en nuestra depresión, lo cual supone prestarle más atención, peor se vuelve.

Qué Nos Puede Enseñar la Depresión

Lo primero para tratar la depresión es que no deberíamos considerar la depresión como enemigo, como un patógeno a destruir, como algo que viene de fuera. Debemos intentar entender su causa dentro nuestro y cuál es su mensaje sobre cómo vivimos y pensamos. Deberíamos intentar entender qué nos dice nuestra depresión y qué nos puede estar enseñando sobre nuestra situación en la vida.

La depresión, como el dolor, puede ser el síntoma de un problema más profundo. Puede que la depresión nos esté diciendo que hay algo frustrante o incluso errado en nuestras vidas, y que puede que tengamos que cambiar quién somos o cómo funcionamos en el mundo. Puede que nos esté diciendo que no estamos utilizando nuestro tiempo sabiamente y que tenemos que cambiar nuestra rutina diaria. La depresión puede tener su base en relación a la espiritualidad, ya que sin una práctica de meditación o valores más profundos, el mundo externo probablemente nos haga sentir vacíos, agotados y sin ningún valor en sí mismo.

Tratamiento Para la Depresión

¿Cuál es el tratamiento para la depresión? Primero tendría que ser principalmente de comportamiento, aunque muchos otros factores pueden ayudar. Debería basarse en la curación natural y no en sustancias artificiales. Nada sin prāṇa o “fuerza vital” puede, a largo plazo, elevar nuestros espíritus, los cuales reflejan nuestro prāṇa. Tenemos que aprender a retirarnos de los estímulos externos y desarrollar nuestra propia creatividad interna, motivación y disciplina para superar la depresión. La depresión puede ser una señal de que debes apartarte y continuar con tu vida hacia un nuevo nivel de conciencia. La depresión puede que también oculte miedos más profundos. Si no desafiamos nuestros miedos, la depresión puede que nos mantenga en la sombra, junto a ellos.

Para ir más allá de la depresión tenemos que dejar de interpretar el papel de víctimas en la vida y asumir responsabilidad kármica de quién somos. Tenemos que empezar a buscar una vida de mayor conciencia más que el mero disfrute personal y éxito externo. Tenemos que dejar un modelo de comportamiento químico y aceptar que nuestro estado mental se basa en nuestros propios valores, acciones y motivaciones: en nuestro estilo de vida. Tenemos que dejar de culpar a nuestros cuerpos, nuestros padres o incluso nuestra sociedad, por quienes somos. Tenemos que empoderar nuestro ser interior y esto sólo se puede hacer desarrollando fuerza de voluntad. Naturalmente esos cambios de personalidad y de comportamiento no pueden darse de un día para otro, pero los podemos ir introduciendo a diario gradualmente.

Hay cosas sencillas que se pueden hacer para la depresión en Yoga y Ayurveda.

Podemos usar aromas estimulantes o incienso como champak, frangipani, alcanfor, eucalipto, menta, salvia o tulsi. Podemos utilizar aceites de nasya para despejar nuestras fosas nasales o una neti pot (o lota) para limpiarlas y llevar más prāṇa a la cabeza. Podemos practicar prāṇāyāma para llevar energía más profunda al cerebro. A medida que nuestras fosas nasales y pulmones se abran y nuestra respiración sea más profunda y plena será más difícil caer en depresión o quedarse en ella.

Podemos cantar mantras como Hrīṁ o Om namah śivāya, o cualquier mantra que nos guste, o repetirlos en silencio para que nuestra energía se mueva. Podemos utilizar infusiones herbales ayurvédicas como tulsi, calamus o brahmi para mejorar la circulación en el cerebro, o plantas calmantes como aceite de sándalo en la cabeza.

Podemos salir a la naturaleza, dar un paseo por la montaña, ir a nadar o tomar una clase de haṭha yoga. Tenemos que mover nuestros cuerpos. Podemos hacer posturas invertidas para llevar energía al cerebro.

Deberíamos aprender a relacionarnos con la vida y el universo a través del cielo, el agua, la Tierra y las montañas, árboles, flores y plantas y todas las criaturas, grandes y pequeñas. Tenemos que abrir nuestros horizontes mentales al espacio ilimitado de la conciencia.

Tenemos que asumir la responsabilidad de nuestra propia depresión y no sólo buscar un remedio externo que la ahuyente por un tiempo. La depresión a menudo es una emoción autoindulgente que surge de la preocupación por nosotros mismos y sobre fijación en nuestra felicidad personal. Una buena cura de la depresión es realizar un trabajo de servicio a otros en situaciones vitales más difíciles que las tuyas. Intenta también limpiar el desorden de tu habitación o de tu casa para ayudar a eliminar el desorden de tu mente que a menudo implica la depresión.

  • En términos ayurvédicos más específicos, las personas de tipo ligero correspondiente al doṣa Vāta a menudo tienen una profunda depresión que nace de la debilidad y el agotamiento nervioso, aunque también pueden ser maniacodepresivos con muchos altos y bajos. Necesitan una buena nutrición, relajación, masaje con aceites y compañía humana.
  • Los tipos acuáticos del doṣa Kapha pueden tener fuertes depresiones crónicas fruto de la falta de movimiento, el letargo y el sobrepeso. Tienen que ser empujados y motivados, para moverse y actuar tanto física como mentalmente.
  • Los tipos intensos del doṣa Pitta a menudo se deprimen cuando no pueden lograr sus metas personales o cuando sus esfuerzos son bloqueados. Con frecuencia la depresión va acompañada de enojo. Pueden ser bipolares y atacar a otros. Se tienen que enfriar y calmar, cultivando el perdón y la compasión.

Buenos practicantes de ayurveda o astrología védica o consejeros védicos tendrán muchos consejos sobre cómo lidiar con la depresión sin recurrir a ningún tipo de medicamentos.

En conclusión, para salir de la depresión tenemos que reforzar nuestro propio Ser superior. Debería estar más allá de tu dignidad como alma divina y conciencia inmortal el regodearse en la depresión. Tu verdadera naturaleza es Satchidananda: Ser-Conciencia-Plenitud absolutas, más allá del cuerpo y la mente”.

Luz y oscuridad, por Swami Premananda

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Cuando tengo poco tiempo para escribir este blog recurro a algún discurso inspirador de Swami Premananda, lo cual más que un recurso fácil ha demostrado siempre ser una muy buena forma de difundir mensajes espirituales útiles para varias personas, empezando por mí.

Esta vez, el tema se titula Luz y oscuridad y fue publicado en la revista del Sri Premananda Ashram de octubre 2017. Lo comparto a continuación:

“A pesar de que sabemos cómo quitar la oscuridad de nuestro interior e iluminar nuestras vidas, seguimos involucrándonos en las oscuras sombras de la ilusoria vida mundana, tapando nuestras mentes de forma que no podamos contemplar la luz. Cuando cerramos los ojos la mente vacila y pensamientos de hechos pasados desfilan frente a nosotros como en un sueño. A menudo pensamos en disipar esa oscuridad interior para iluminar nuestras vidas, sin embargo la vida mundana continúa arrastrándonos de regreso hacia la oscuridad, dejándonos en lo que parece ser una oscuridad permanente. Le hablamos a la mente acerca de nuestras expectativas y deseos, e incluso si la mente prefiere buscar la luz, el cuerpo continúa morando en la falsedad, disfrutando sus frutos.

Con oscuridad y engaño por doquier no podemos ya distinguir lo verdadero de lo falso. Sin importar cuántas veces hayamos tratado de disipar la oscuridad de nuestras vidas, y sin importar cuánto deseemos y esperemos vivir de forma iluminada por tener fe en la dicha de la luz, nuestros hábitos y deseos nos mantienen atrapados en la ilusión. ¿Cómo podemos liberarnos de una vez por todas de esta ilusión?

A pesar de que en un tiempo estuve prisionero del deseo, yo creía que un día sería liberado. Yo dije: “¡Suficiente, suficiente!” y con determinación y a través de la renuncia, elegí un sitio para permanecer en silencio. Mis esfuerzos dieron resultado. Fui liberado de la prisión del deseo, pero a pesar de mi liberación el deseo siguió llamándome. Cuando estaba en la prisión de la ilusión me di cuenta de que allí nada es permanente. Fue el silencio lo que me ayudó a disipar la oscuridad del mundo ilusorio en el cual vivía.

Les tomó algún tiempo a mis oídos darse cuenta de que la conversación innecesaria no tiene valor. Cerré mis ojos para evitar ver esas cosas que no eran relevantes para una vida elevada. En este estado escuché en mi interior el melodioso sonido Om. Como me mantuve en silencio, la saliva de mi lengua tenía el sabor del néctar de ambrosía. Cuando me quedé por largo tiempo en ese estado comencé a sentir una fragancia agradable al inhalar.

El sonido de OM, el sabor del néctar, la fragancia agradable, todo esto va al torrente sanguíneo, circula a través del cuerpo y despierta la kundalini en el muladhara chakra. La energía kundalini entonces sube gradualmente hasta llegar a la coronilla de la cabeza. Durante su movimiento ascendente la gloriosa luz de sabiduría comienza a brillar en el interior y uno entra en un estado gozoso. Existen varias formas y métodos de alcanzar este estado gozoso, muchas técnicas de meditación que uno puede practicar y, sin embargo, aunque tenemos el deseo de experimentar este estado de gozo no hacemos ningún esfuerzo serio para lograrlo.

La imagen puede contener: una persona, barba y primer plano

De la misma forma que podemos descubrir un perla en una caracola llena de barro, podemos encontrar luz en nuestro cuerpo manchado e impuro. Ahora esa luz yace latente en tu interior, pero cuando llegue el tiempo de madurez serás capaz de llegar a ella. En lugar de buscar esta luz dichosa las personas buscan tener relaciones íntimas, pensando que eso es la felicidad definitiva. A lo largo de la historia billones de personas han vivido y muerto así, sin haber comprendido nada.

Es muy excepcional el conocer al Uno sin nombre ni forma en nuestro interior. Es muy excepcional el ser capaz de tener consciencia de su omnipresencia, disipar la oscuridad y vivir en la brillante luz de la verdad.

Un nacimiento humano es excepcional; el alcanzar este estado de dicha es aún más excepcional. Entre los millones de personas de este mundo, si solo una o dos lograran alcanzar este elevado estado sería bueno para el mundo. Entonces las personas tendrían un recordatorio de que es posible vivir como un alma iluminada. Por tanto, nunca olvidemos que un estado más elevado nos llevará a la dicha”.

Navarātri 2017

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Comienza el otoño según el calendario gregoriano y, casualmente, en la misma fecha de este año 2017 también comienza la festividad hindú de Śarada Navarātri, la celebración otoñal (śarada) de nueve (nava) noches (rātri) en honor a la Madre Divina. Para algunas tradiciones la festividad empieza el miércoles 20 de septiembre con celebraciones preliminares, mientras que para otras el 21 de septiembre es el día inicial.

En cualquier caso, la festividad se prolongará durante nueve noches (con sus días) y acaba el sábado 30 de septiembre. En este décimo día, conocido como Vijaya Daśamī, se celebra con gran dicha la victoria de la Madre Divina, en su feroz forma de Durgā, sobre un demonio que representa la ignorancia, causa raíz de todos los males.

Esta larga festividad hindú es celebrada de diferentes maneras, aunque la mayoría de śāktas, o sea devotos del aspecto femenino del universo, hacen algún tipo de pūjā (ritual) o de ayuno. Yo nunca me he etiquetado como śakta pero desde que conocí a mi maestro Swami Premananda siempre celebro Navarātri con gran devoción interior y, en la medida de mis posibilidades, con acciones exteriores de adoración o purificación.

El cambio de estación es siempre buen momento para hacer algún tipo de dieta desintoxicante y Navarātri nos da la excusa perfecta porque cualquier acción que decidamos hacer es para dedicarla a la gran Madre.

Además de recordar la fecha de celebración de este año quería simplemente compartir la recitación del Devī Māhātmyam (“Glorificación de la Diosa”) también llamado Durgā Saptaśatī (“Los 700 [versos] a Durgā”) o, como en los vídeos de abajo, Caṇḍī Pāṭha (“la recitación de la Feroz”). Es una recitación larga, de 700 versos, que además puede incluir otros textos subsidiarios por motivos rituales y, por tanto, puede durar dos o tres horas. Básicamente, el texto alaba las glorias de la Diosa Durgā.

Hoy no tengo mucho más que decir, más que compartir estos dos vídeos que he recibido como sugerencia del entrañable Bhakti Das, del centro Centro de Yoga Vedanta Sivananda de Barcelona. El primer vídeo es la recitación completa (sampūrṇa) y dura más de tres horas. Para los interesados, es muy didáctico porque marca la subdivisión de los himnos o textos que se van recitando o cantando. Aunque uno no tenga todas esas horas es agradable de escuchar:

El otro vídeo es más corto, solo 55’, y comprende únicamente el texto principal. El estilo de recitación es bien tradicional, está a cargo de paṇḍits de Varanasi y es más difícil para el oído occidental:

Feliz Navarātri

¡Jaya Mahā Mā!

Prāṇa y ama

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Hace unas semanas vi una camiseta yóguica con una inscripción muy ingeniosa: prana y ama. Por otro lado, durante las vacaciones de agosto estuve (otra vez) en una inmersión de haṭha-rāja yoga con Sri Andrei Ram, discípulo aventajado de Sri Dharma Mittra y maestro por derecho propio, en que se practicó constantemente desde la respiración consciente. Hoy me gustaría mostrar una posible relación entre los dos eventos.

Prāṇāyāma es el nombre técnico de lo que a veces, en clases de yoga, llamamos “ejercicios de respiración” y que, históricamente, ha sido el signo distintivo del haṭha yoga, aunque ahora lo más difundido y visible sean las posturas corporales (āsana). La versión más aceptada es que la palabra prāṇāyāma es un compuesto formado por prāṇa (“energía vital”) + āyāma (“control”), cuyo paradigma sería la retención (kumbhaka), ya sea con pulmones llenos o vacíos, en que el yogui suspende la actividad respiratoria. La ligera variante prāṇayāma (prāṇa + yāma – “control”-), también existe y significa lo mismo.

Por otro lado, hay maestros y textos respetables que dicen que āyāma refiere a “extensión” y que, por tanto, el fin último del prāṇāyāma sería alargar el proceso respiratorio, lo cual redundaría en un alargamiento de la vida, sobre todo si nos basamos en la difundida creencia que sostiene que cada ser nace con un número ya determinado de respiraciones para dosificar durante toda su vida. Lo cierto es que en general todos están de acuerdo en que mientras más lento respire uno, mejor.

La palabra prāṇa es un concepto antiguo e importante en el Yoga y puede tener varios sentidos, pero aunque hablemos de respiración nunca nos referimos al “oxígeno” o al aire que sale o entra del cuerpo sino a la “energía vital” que es la base de ese proceso. Por ello a veces se habla del prāṇāyāma como “control de la energía vital, a través de la respiración”. La filosofía yóguica descubrió hace miles de años que la sutileza de la respiración es el proceso físico más adecuado para abordar (y controlar) las todavía más inasibles actividades mentales. Por ejemplo, la antigua Chāndogya Upaniṣad (VI.8.2) dice:

“Así como el pájaro atado a una cuerda, después de volar en todas direcciones sin encontrar parte alguna donde posarse, baja a descansar precisamente sobre su propia atadura, de la misma manera, hijo mío, también la mente después de volar en todas direcciones sin encontrar parte alguna donde posarse, baja a descansar sobre el aire vital (prāṇa). Porque, hijo mío, la mente está atada al aire vital”.

La constatación de que la respiración y la mente van ineludiblemente unidas es la que ha impulsado al yogui a dedicar gran parte de su empeño a observar, regular y controlar su respiración. Si la mente es “más difícil de controlar que el viento”, entonces el camino más sencillo es intentar regular el proceso respiratorio, muy sutil pero todavía tangible. De la misma forma que la respiración se aquieta de manera natural cuando ponemos toda nuestra atención en una única actividad, como la lectura o pararnos en un solo pie, si profundizamos y alargamos la respiración de forma consciente la mente también se calma y se centra gradualmente.

Existen muchos tipos de “ejercicios respiratorios”, aunque los manuales medievales de haṭha yoga fijan el número tradicional de prāṇāyāmas en ocho. De todos modos, estas técnicas artificiales tienen fines específicos y, en realidad, se suele decir que el mejor prāṇāyāma es el que surge (con la práctica) de forma espontánea y cuyo exponente máximo es la retención natural sin esfuerzo.

A este respecto, todos tenemos la imagen del yogui controlando con gran esfuerzo su respiración, realizando austeridades extremas, quizás en parte porque se suele traducir la palabra haṭha como “forzar”. Como contraste, es interesante notar que el académico y sanscritista inglés Jason Birch sostiene que el “forzamiento” implicado en la palabra haṭha no refiere a un método vigoroso sino más bien al efecto que la práctica tiene en la energía kuṇḍalinī, que se ve “forzada” a moverse con las técnicas yóguicas.

Hablando de contrastes, y llegando a donde yo quería llegar, al yogui Andrei Ram le gusta decir, siguiendo al escritor y activista indio Satish Kumar, que la palabra sánscrita yama (o yāma o āyāma), que etimológicamente viene de la raíz verbal √yam que significa “controlar”, ha sido mal traducida, especialmente en Occidente. En lugar de “controlar”, debería hablarse de “cuidar”. De hecho, hablando de medicina, Satish Kumar dice que la medicina occidental se centra en “curar”, mientras que la oriental lo hace en “cuidar”. De la misma forma, prāṇāyāma se trataría de “cuidar la respiración”, no de controlarla.

Todos hemos experimentado que cuando mejora nuestra respiración automáticamente mejora nuestro estado de consciencia y, por ende, nuestra vida. Visto desde esta perspectiva, cuidar la respiración es lo mismo que cuidar la fuerza vital (prāṇa), nuestro estado mental y, por tanto, cuidar la respiración es también cuidar la (propia) vida. De ahí que la inscripción de prāṇa y ama que vi hace un tiempo estuviera resumiendo de forma genial una concepción de la respiración y de la vida que me gusta y me aporta mucho a nivel personal.

prana y ama

Una concepción que el poeta y yogui Javier Salinas expresa nítidamente en uno de sus poemas:

Me gusta cuidar las cosas: una vieja gorra
que compré hace tanto tiempo atrás bajo
un puente en Roma.
Un foulard que me compré para una boda
de unos conocidos que apenas volví a ver.
Una planta que compré en un chino por apenas
nada y que me hace compañía.
Cuidar de mis hijos, de sus madres, que fueron mis parejas.
Me gusta cuidar la respiración.
Cuidar mi bicicleta.
Me gusta cuidar la suavidad y el optimismo,
sobre todo cuando no parece haber razones para ello.
Una mochila que compré en Alemania, de un soldado
que alguna vez la llevó.
Cuidar a mis padres y a mis hermanas,
y de los gatos y animales que haga falta.
Me gusta cuidar a la gente que no me puede dar
nada a cambio excepto su sonrisa.
Me gusta cuidar la paz, la belleza,
unas zapatillas que me compré un día de primavera.
Pero, sobre todo, me gusta cuidar, proteger,
lo que a veces se me olvida que existe todo el tiempo,
esa vieja cosa llamada amor.

prāṇa y ama

Bolitas de coco para el día de Ganesha

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Ganesha (Gaṇeśa), el popular dios con cabeza de elefante, es muy goloso porque su cuerpo humano es, específicamente, el cuerpo de un niño y, como todos sabemos, los niños aman los dulces. La prominente barriga de Gaṇeśa es, en parte, resultado de comer tantos dulces, pero más bien es la natural estructura anatómica de un niño que todavía no ha pegado el “estirón”. Al mismo tiempo, a su amor por las golosinas se le suma su compasión hacia sus devotos, por lo que él nunca rechaza las ofrendas que recibe, que son muchas y, naturalmente, muy dulces, incluidas las frutas, de las cuales tiene varias favoritas.

Entrando en lo simbólico, el epíteto Lambodara, que significa “barrigón”, refiere a que toda la manifestación cósmica está contenida en Gaṇeśa, ya que él es la deidad que se adora antes de comenzar cualquier actividad y está directamente relacionado con la primigenia sílaba AUM (o OM), la vibración sonora que manifiesta el universo. Para sus devotos, Gaṇeśa es el Absoluto, el Dios Supremo, la causa primera de creación y quien sostiene el universo (viśvādhāra).

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En esta misma línea, Gaṇeśa está relacionado con el kumbha o kalaśa (kalasha), que es una vasija que mitológicamente está llena del néctar de la inmortalidad y que, a nivel litúrgico, se llena con agua (idealmente de los ríos sagrados) y se puede envolver con hilo de algodón o decorar con pasta de sándalo, polvo de kuṅkuma, hojas, telas y generalmente con un coco en su apertura. De esta forma, el cántaro es un símbolo del cuerpo de Gaṇeśa, que contienen todo el mundo manifestado y que, a la vez, representa prosperidad material y espiritual.

Todo esto es para decir que este viernes 25 de agosto de 2017 se celebra Gaṇeśa Caturthī (Ganesha Chaturthi), es decir el día anual en honor a Gaṇeśa, o como le decimos a nuestras hijas, “el cumpleaños de Gaṇeśa”. Este día cae siempre en el cuarto día de luna creciente del mes hindú de Bhādrapada, es decir agosto o septiembre según las lunas de cada año. Para celebrarlo es tradicional hacer una pūjā o ritual a una imagen de la deidad. Hay muchos tipos de rituales y, para los interesados, hace tiempo ya expliqué un ritual simple aquí.

De todos modos, hoy quería centrarme en lo que técnicamente se llama naivedya, que es la ofrenda de alimentos a una deidad. Esta ofrenda debería ser adecuada a la deidad que uno adora e idealmente no es un alimento industrial, empaquetado, sino algo hecho por uno mismo o, al menos, frutas. Como es un alimento pensado para lo Divino debe ser lo más puro y sano posible y, como signo de respeto, no debe ser probado por uno mismo hasta haber sido ofrecido a la deidad. Una vez ofrecido, este alimento se convierte en prasāda, es decir alimento consagrado o bendecido que el devoto puede ingerir con deleite.

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Como hablamos de Gaṇeśa, lo ideal (aparte de frutas) son los dulces y especialmente Gaṇeśa tiene debilidad por las bolitas de coco, que tienen muchas variantes, desde los llamados modakam tradicionales del sur de la India (y bastante complejos de preparar), hasta los más populares laḍḍus, que son bolitas dulces hechas con diferentes ingredientes, especialmente leche de vaca. En nuestra casa, donde la dieta es mayormente vegana, hace unos años que descubrimos, en este libro, una receta de bolitas de coco muy fácil y rápida de hacer, bastante sabrosa y aceptablemente sana.

Con las modificaciones que nosotros hemos incorporado comparto la receta:

Ingredientes (para unas 25-30 bolitas):

1 taza de coco rallado
¾ taza de harina de almendra (si no tienes harina puedes triturar las almendras enteras, preferentemente después de tenerlas en remojo)
½ taza de avena triturada
¼ taza de aceite de coco
¼ taza de sirope de ágave
¼ de cucharadita de sal
Opcional: Coco rallado rebozar las bolitas
Opcional: Trocitos de dátiles o de pasas de uva

Preparación (30’ + 2 horas para enfriar):

  1. Si el aceite de coco no está ya líquido (sobre todo si es invierno), lo introducimos en una olla y lo calentamos a baño maría hasta que quede líquido.
  2. En un bol se mezcla el aceite de coco con la taza de coco rallado, la harina de almendra, la avena, el sirope y la pizca de sal hasta obtener una masa bien homogénea y compacta.
  3. Con la masa y usando las manos damos forma a las bolitas y las rebozamos (o no) con coco rallado.
  4. Como el aceite de coco se endurece con el frío, metemos las bolitas en la nevera durante un par de horas y estarán ideales para servir. Si hace calor las bolitas se ablandan rápidamente.

En lo posible, al hacer las bolitas, uno debería repetir un mantra o canto a Gaṇeśa, para que la vibración de la ofrenda sea lo más espiritual posible. Porque si hay algo que a Gaṇeśa le gusta más que las bolitas de coco, eso es la devoción.

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Así lucen las bolitas en el libro original…

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Así lucen mis bolitas caseras… que están exquisitas, por cierto

Deseo que Gaṇeśa, el Señor de los obstáculos, de los inicios y del conocimiento, se complazca con nuestras ofrendas y que nos guíe otro año más en el dulce camino del amor devocional.

¡Jaya Gaṇeśa!

 

Antología de poesía devocional de la India, en el día de Krishna

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En 2007 se publicó una antología de poesía devocional de la India, traducida y editada por Jesús Aguado, que me ha dado muchas alegrías por sus inspiradores contenidos. Yo vivía feliz con ese libro en mi poder hasta que me enteré que, en 2017, y bajo el título ¿En qué estabas pensando? salía la antología “definitiva”, esta vez con el doble de material. Entonces experimenté en carne propia lo que dicen todos los santos y místicos: la dicha puede ser infinita cuando se trata de temas del espíritu.

Esta nueva Antología de poesía devocional de la India que ahora publica el Fondo de Cultura Económica tiene casi 500 páginas, incluye 368 poemas de 91 autores, que van del siglo V al XIX, y es la versión ampliada, corregida y mejorada de Jesús Aguado, que lleva treinta años leyendo y traduciendo estos textos llenos de experiencias místicas y mensajes trascendentales.

Los textos son, a veces, desnudas muestras de amor o reverencia a un Dios o Diosa con forma personal; otras veces, se trata de elevadas declaraciones de sabiduría no-dual, en que uno y el Uno se funden. También hay ruegos desesperados por libertad, epístolas, juegos sensuales que sonrojan a los profanos, lecciones de vida y tristes historias. En cualquier caso, el trasfondo es la devoción, bhakti.

Unos pertinentes versos de Bihari (siglo XVII), uno de los poetas que aparecen en la antología, dicen:

Libérame, mi Señor… Rompe los lazos que me unen a la existencia terrenal / Pero si te agrada tenerme prisionero / átame con la cuerda de la devoción.

La misma devoción que Aguado, poeta prestigioso (además de traductor, antólogo, crítico, literato…), pone en trasladar el bhāva (“estado psicológico y emocional”) de la obra original en sus versiones, usando los recursos métricos del español. En el libro hay poetas y poetisas de diferentes partes de la India, los cuales escribieron o cantaron en diversas lenguas. Para la traducción, Aguado se basa en fuentes en lenguas europeas (inglés, francés, italiano…) y aunque difícilmente pudiera contrastarse cada línea, uno tiene la sensación de que lo que está leyendo es “genuino”, no tanto en el sentido lingüístico o literal sino en el sentido literario y evocador de verdades que traspasan los idiomas.

Muy ingrata es la tarea del traductor y, sobre todo de poesía. Como el mismo Aguado ha escrito atinadamente en otra parte: “un asunto a discutir es si la poesía como disciplina intelectual le hace más justicia a los hechos históricos que la historiografía propiamente dicha”.

Los lectores de esta antología tenemos la suerte de que el traductor que nos ha tocado sea, en realidad, un poeta de gran sensibilidad que, además, es erudito en literatura, conocedor de la tradición india y una persona con gran inclinación espiritual.

La hermosa portada del libro.

En la obra hay muchos poemas de poetas-santos muy famosos como Kabir y Tukaram, pero también los hay de autores totalmente desconocidos en Occidente. Cada autor tiene una breve nota biográfica que, casi en silencio, va hilando las páginas y creando la atmósfera adecuada para disfrutar de los poemas, de los cuales pongo ahora dos breves muestras.

La primera del poeta Basavanna (siglo XII), ministro real pero también renunciante devoto del Señor Śiva (Shiva), que escribió originalmente en lengua kannada:

“El bambú se utiliza
para las varas de los palanquines,
para el mango de las sombrillas,
para colgar adornos el día de año nuevo,
para los postes de las tiendas.
Si tienes un bambú
eres muy rico.
Oh Señor de los Ríos que se Encuentran (Śiva),
desconfía de aquéllos
que no se doblan”.

Y otro de Lalla, la conocida poetisa mística de Cachemira del siglo XIV:

“Estás absorto en Ti
y por eso encontrarte es tan difícil.
Todo el día lo intento y cuando al fin
te descubro escondido en mi interior
huyo despavorida
sin saber si soy Lalla o si soy Tú”.

Kṛṣṇa Jayanti o Kṛṣṇa Janmāṣṭamī es el nombre que se le da al día en que se conmemora el nacimiento del Señor Kṛṣṇa (Krishna), ese divino niño de color azul. Este año 2017 ese día se celebra el 14 de agosto. Si me pusiera a copiar todos los poemas que me gustan del libro este post no acabaría nunca, así que he pensado que lo apropiado en el día del nacimiento del Señor Kṛṣṇa sería poner un poema sobre él. De hecho, la vida de Kṛṣṇa es uno de los temas que más ha atraído a los místicos de todas las épocas pues tiene muchos matices y en la antología hay profuso material sobre sus “pasatiempos”.

En el día de hoy me inclino por un poema que, desde que lo escuché por primera vez, me cautivó. En parte porque me recuerda las propias luchas domésticas para bañar a nuestras dos hijas cada noche, y también porque la figura del travieso bālakṛṣṇa, el “niño Kṛṣṇa”, me despierta profunda ternura y amor.

El poema es obra de Periyalvar, un poeta-santo del siglo VII que fue unos los doce famosos ālvārs, santos vishnuitas tamiles que fueron parte vital en el origen del movimiento devocional hindú. Se trata, como explica Aguado, de una “regañina” que le hace Yaśodā (Yashoda), su madre adoptiva, a Kṛṣṇa, que no quiere bañarse.

“Después de estar rodando por el polvo
los restos de cuajada de tu boca
están apelmazados
como barro reseco.
¿Cómo podría, así,
permitir que durmieras a mi lado?
Llevo esperando mucho
con aceite y jabón para tu baño.
¡Oh, inalcanzable niño,
deja ya de correr
y métete en las aguas!

He preparado dulces
con almíbar y miel,
tal como me pediste,
que no vas a probar
mientras estés tan sucio.
¿No ves que eres la mofa de las niñas,
que se ríen de ti cuando te ven?
No tardes, niño mío:
si quieres estos dulces
sumérgete en el agua.

Mi pequeño Señor,
a cuántas travesuras nos sometes:
usas como tambor
las vasijas de aceite
y luego das pellizcos
a los bebés dormidos
hasta que se despiertan
y entonces los asustas
mirándolos de cerca
con tus ojos enormes.

Oh niño encantador
que destellas azul como el océano,
te daré tanta fruta como quieras
si me dejas bañarte
de una vez en el río”.

Como material inédito, comparto este breve vídeo en que el propio Jesús Aguado lee el poema durante la presentación en Barcelona de la Federación Hindú de España:

Deseo que el nacimiento de Kṛṣṇa nos inspire a todos en nuestro camino devocional interior y, para echar leña a ese fuego, recomiendo fervientemente la Antología de poesía devocional de la India.

¡Hare Kṛṣṇa!

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