El blog de Naren Herrero sobre Yoga, la India y su filosofía

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La «no casual» primera palabra de los textos sagrados hindúes

La «no casual» primera palabra de los textos sagrados hindúes

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La «no casual» primera palabra de los textos sagrados hindúes

La «no casual» primera palabra de los textos sagrados hindúes

La «no casual» primera palabra de los textos sagrados

En la tradición hindú se considera que el sonido tiene la capacidad de crear y en este artículo analizamos la importancia y el simbolismo de la palabra que abre los textos sagrados. 

Una conocida cosmogonía hindú nos dice que el universo nace del sonido, que funciona como nexo entre lo trascendente e inefable y el mundo manifestado. De allí que la palabra -sobre todo a través de los mantras-, tenga la doble función de crear y de llevarnos de regreso a la Fuente.

Para la tradición hindú la primera palabra que uno dice al empezar el día es muy importante porque, como diríamos en la jerga moderna, «crea tendencia». Si al levantarse por la mañana, lo primero que uno dice es «He dormido muy mal», es obvio que no se está predisponiendo de buena forma para empezar su jornada. Si, por el contrario, uno repite una oración de gratitud, el día tendrá muchas más probabilidades de ser un evento que nos produzca bienestar.

Este criterio, tan de sentido común, ha sido llevado a su mayor refinamiento en el ámbito escritural y literario de la tradición hindú, donde el comienzo de un texto posee gran relevancia ya que nos marca el contenido y la idiosincrasia que nos deparará.

Tanto a nivel de textos literarios, compuestos por poetas o sabios, como con textos sagrados considerados la revelación de un plano divino, podemos encontrar este patrón en que la primera palabra es fundamental.

El factor gramatical 

El sánscrito, cuyo mismo nombre quiere decir «lengua bien hecha», es una lengua compleja y sofisticada que sirvió de inspiración incluso para el surgimiento de la lingüística moderna en el siglo 19. Una de las particularidades del sánscrito -que también podemos encontrar en el griego antiguo o el latín- es que ciertas partículas breves como los artículos (el, la, lo…) o las preposiciones (a, de, para…) están incluidas en la declinación de cada palabra.

De esta forma, si en castellano decimos «el bosque», en sánscrito simplemente digo vanam; si queremos decir «del bosque» decimos vanasya; y si fuera «en el bosque» diríamos vane.

Esta cualidad de concisión del sánscrito permite, entre otras cosas, que se resalten los aspectos principales del mensaje, lo cual se ve con mayor fuerza en la forma de iniciar un texto sagrado.

Si en castellano (o francés, italiano, catalán, inglés…) un texto sobre anacoretas empezara con preposición o artículo («En el bosque»), en sánscrito directamente tendríamos la palabra declinada (vane) que nos traslada sin interferencias al espacio elegido.

La fuerza simbólica

La explicación lingüística es solo la cáscara de una trasfondo simbólico, ya que, al igual que lo primero que digo al levantarme por la mañana, la primera palabra que abre un texto anticipa el sabor (rasa), la temática principal y la enseñanza que lo permeará.

Un ejemplo clásico y conocido es la palabra atha, que gramaticalmente es una conjunción que significa «A continuación» o «Ahora» y se utiliza como inicio de manuales como el Yogasūtra de Patañjali o el Bhaktisūtra de Nārada.  

La palabra atha, que a primera vista puede parecer anodina, tiene un estudiado simbolismo ya que el «ahora» en que empezamos a escuchar el texto no es un momento cualquiera sino al que se llega con determinadas condiciones:

«Ahora» que el sabio ha sistematizado este texto «y ahora» que el estudiante ha recorrido el camino para obtener esta oportunidad, «a continuación» vamos a acceder a este conocimiento.

Si este tipo de análisis profundo lo logramos con una conjunción, quizá podemos imaginar lo que nos espera cuando la primera palabra del texto es un nombre o sustantivo.

Fuego sagrado

Qué mejor comienzo, entonces, que detenernos en el Rigveda, el texto más antiguo de la tradición hindú, revelado hace más de tres mil años, que abre así:

Agnim īle purohitaṁ yajñasya devam ṛtvijam

Y significa:

«Adoro a Agni, el sacerdote, representante de los dioses en el sacrificio…»

Por un lado, la frase anticipa que este texto (Rigveda) nos hablará de los rituales védicos en los que el fuego (Agni) tiene un rol preponderante. Justamente, la primera palabra es Agni, el dios del fuego, el gran purificador a quien se considera el mensajero de lo Divino en la tierra. En ese sentido es el «sacerdote» (purohita) encargado de recibir en su fuero las ofrendas (granos, mantequilla, madera, incluso animales…) para elevarlas a los dioses a través de sus llamas y su humo.

De todos los dioses alabados en el Rigveda, Agni es el segundo en importancia (después de Indra) si contamos sus apariciones. Al mismo tiempo, Agni es el más importante en cuanto funciona como representante y puente entre los humanos y los dioses. Debido a que el Rigveda es un texto lleno de himnos para utilizar en la liturgia es natural que su primera palabra sea Agni, la personificación del fuego sacrificial.

Sostener el cosmos

En la literatura hindú existen dos épicas clásicas: Ramáyana y Mahabhárata. El segundo es el texto épico más extenso de la India (siete veces La Ilíada y La Odisea juntas) y narra la historia de una gran guerra familiar en el norte de la India antigua. La particularidad de esta guerra es que tiene como partícipe a Sri Krishna, un avatāra o «descenso de lo Divino» en la tierra. Tradicionalmente, estos descendimientos divinos se relacionan con el dios Vishnu, sostenedor del universo.

En muchas versiones tradicionales, el Mahabhárata comienza con una invocación que dice:

nārāyaṇaṁ namaskṛtya naraṁ caiva narottamam…

Y significa:

«Reverencias a Narayana y Nara, el mejor de los hombres…»

Naráyana, la primera palabra de esta invocación, es un nombre de Dios, específicamente de Vishnu. Al mismo tiempo, Nara y Narayana son dos sabios divinos que aparecen en diferentes historias tradicionales y, según el propio Mahabhárata, descienden como Sri Krishna (Narayana) y como Arjuna (Nara), el amigo y discípulo de Krishna.

Por tanto, en una obra que tiene como protagonista estelar a Sri Krishna, cuyas enseñanzas serán la base del mensaje central del texto, el término Naráyana como apertura nos indica de su relevancia.

Piel de gallina

Aun así, si dejamos de lado la invocación, que no todas las versiones del Mahabhárata presentan, y nos metemos en la primera palabra del texto como tal, escucharemos:

lomaharṣaṇaputra ugraśravāḥ sūtaḥ paurāṇiko naimiṣāraṇye śaunakasya kulapater dvādaśavārṣike satre

Que podría traducirse:

«Ugrashrava, el hijo de Lomaharshana, muy versado en las historias sagradas, llegó al bosque de Naimisha donde estaban los sabios reunidos para celebrar un sacrificio de doce años»

Por un lado, la frase indica que hay un linaje de transmisión de conocimiento y que hay también un ritual llevándose a cabo. Ambas cuestiones (linajes y sacrificios) muy importantes en el texto.

Simplificando, Ugrashravas es el nombre del narrador del Mahabhárata, aunque el texto inicia citando a Lomaharshana, que es su padre. Esta decisión no es casual, pues la palabra lomaharsana significa «pelos de punta» y nos avisa de prepararnos para una historia dramática donde morirán casi todos los protagonistas, a la vez que hermosa por el nivel de profundidad espiritual que enseña.

Si leemos una traducción del Mahabhárata empezará diciendo «el hijo de…» y el efecto psico-emocional no será el mismo que el original, donde al sentir la primera palabra ya se nos «eriza la piel» (lomaharshana) por lo que se viene.

El campo de la vida

Dentro del Mahabhárata tenemos la Bhagavad Gita, el diálogo trascendental entre Sri Krishna y Arjuna justo antes de que comience la gran guerra. A pesar de estar insertada en la obra épica, la Gita, que es el libro sagrado hindú más difundido, es un texto autónomo que, a menudo, se estudia de forma independiente.

El verso que abre la Gita dice famosamente:

dharma-kṣetre kuru-kṣetre samavetā yuyutsavaḥ
māmakāḥ pāṇḍavāś caiva kim akurvata sañjaya

Cuya traducción simplificada sería:

«¿Qué hicieron los Kauravas y los Pandavas, reunidos con deseos de pelear en Kurukshetra, el campo del dharma

Entonces, la primera palabra no es más ni menos que dharma, un término que literalmente significa «lo que sostiene» y que refiere al «orden natural» que mantiene la armonía del mundo. Por ello entre sus acepciones tenemos «rectitud», «ley» o «deber».

La palabra dharma sería un buen resumen de todo el Mahabhárata, que es un texto que nos habla de la acción correcta. En Bhagavad Gita esta idea se profundiza aún más, ya que Sri Krishna enseña los argumentos espirituales para seguir el svadharma o «el comportamiento personal coherente con nuestra naturaleza», con especial énfasis en la liberación interior, que es el dharma supremo.   

Asimismo, el compuesto inicial de dharma-kshetre, que sería «en el campo del dharma» refiere a que el terreno de aplicación de estas enseñanzas no es solo el campo de batalla o el monasterio, sino la vida misma que es donde, a fin de cuentas, debemos sostener el dharma con nuestras acciones cotidianas.

Austeridad poética

El último ejemplo que comparto hoy proviene del Ramáyana, la otra gran épica hindú, que no es la más larga pero sí la primera y más antigua. En ella se narra la historia del príncipe Rama, que es también un avatāra o descenso de Vishnu a la tierra, y de su esposa la princesa Sita, que también es un descenso divino.  

El argumento resumido es que Rama es injustamente exiliado al bosque, donde vive con su casta esposa, hasta que un demonio (Ravana) la rapta. Allí comienza «el viaje» (ayana) de Rama para rescatarla.

Tanto Rama como Sita poseen todas las virtudes morales y su comportamiento como hijos, esposos o gobernantes se juzga impecable durante la historia, ya que su función es la de enseñar con el ejemplo. Todavía hoy en la India se habla del «reino de Rama» (Rama rajya) como el modelo idílico de sociedad.

El libro comienza cuando Valmiki, el poeta que compone el texto, se encuentra con el sabio Nárada y le pregunta si conoce alguna persona que posea una serie de virtudes supremas. La primera línea del poema dice:

tapaḥ svādhyāya niratām tapasvī vāgvidām varam

Por cuestiones literarias, las traducciones que encontramos son variadas pero lo cierto que las primeras palabras son tapas (austeridad) y svādhyāya (estudio), dos cualidades que aquí describen al sabio Nárada.

Para los practicantes de yoga, tapas es una cualidad muy deseada pues refiere tanto al ardor o anhelo espiritual como al calor interior que genera la práctica. De forma general, tapas es «disciplina» y «ascetismo».

En el contexto del Ramáyana, tapas es una palabra más que adecuada pues estamos por escuchar una historia de máxima austeridad en la que, después de un complot, el príncipe heredero (Rama) acepta marchar al exilio para no manchar la reputación de su padre. Luego vive en el bosque comiendo raíces durante trece años y cuando se esposa (Sita) es raptada, debe buscarla agónicamente por meses.

Por su parte, Sita debe soportar las amenazas de su bruto captor e incluso, ya liberada, pasar una prueba sobre el fuego para demostrar su pureza.

De esta manera, la palabra tapas al inicio del texto nos indica que los protagonistas de la historia pasarán por grandes penitencias para lograr sus objetivos e inspirar a sus súbditos.  

—–

No sé tú, pero yo después de leer y escribir toda esta información, me siento motivado para pensar con detenimiento cuál será la primera palabra que diré mañana al despertarme.

3 comentarios

  1. 🕉️
    ☀️🙏⚕️
    Muchas felicitaciones, por tan bella explicación!
    Gracias por compartir, es un placer, seguirte.
    Agradecido de tu trabajo y tú tiempo.
    Estamos en contacto. 🌎🧘👏

  2. Gracias Naren por tan inspirador e interesante post. Ganas de leer el próximo newsletter!

    Querían preguntarte: ¿si tuvieras que recomendar una edición de Ramáyana en español cuál sería?

    Saludos!

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