El blog de Naren Herrero sobre Yoga, la India y su filosofía

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Consejos espirituales sobre controlar la ira

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Consejos espirituales sobre controlar la ira

Todos sabemos que enfadarse nos hace perder la calma, pero a menudo no podemos evitar hacerlo. A continuación comparto enseñanzas espirituales universales para abordar el tema. 

Para empezar a analizarlo podemos decir que el enfado tiene tres momentos: antes, durante y después, es decir: su causa, el momento de furia y sus consecuencias.

Quizás la forma más difundida de controlar la ira es centrarse en sus posibles consecuencias, casi siempre negativas.

Tal como lo explica la filosofía hindú, cuando una persona está encolerizada (krodha) se obnubila (moha), pierde la capacidad de discernir, y realiza acciones de las que se arrepiente. Al saber esto, quizás por experiencia, uno muchas veces refrena un poco su furia, sabiendo que el resultado sería desastroso.

Yo, por ejemplo, una vez estando enfadado pateé una pelota con rabia y rompí un paragüero de vidrio. Ahora, cuando me enfado, trato de no patear nada, al menos si hay algo de cristal cerca. De todos modos, todavía es work in progress

Sobre esto, el Dalai Lama cuenta una anécdota divertida en la que un conductor a su servicio estaba debajo de su viejo coche arreglando una avería y, haciendo esto, se golpeó accidentalmente la cabeza contra la base del automóvil, lo cual le dio tanta rabia que, ofuscado, lo llevó a moverse de forma brusca con el resultado de golpearse nuevamente, lo cual lo hizo seguir moviéndose con enfado y así golpearse él solito una y otra vez la cabeza contra el coche.

Es cierto que, de una u otra forma, todos hacemos esto, pero en cuanto vislumbramos lo negativo de las consecuencias, sobre todo para nosotros mismos, buscamos maneras más suaves de descargar el enojo, aunque solo sea por instinto de supervivencia.

Como dice claramente Amma:

«Enfadarse es como emprender un mal negocio en el que terminamos perdiéndolo todo. Cuando nos enfadamos es como si apostáramos a pérdidas en los negocios».

Teniendo esto en claro, si uno quiere de verdad cortar de cuajo la ira tiene que mirar, como explican los maestros, el otro extremo: la raíz del enfado.

Swami Premananda lo explica con sencillez:

«La ira viene cuando eres un prisionero de los deseos. Cuando la ira surja, pregúntate: “¿Por qué me estoy enfadando? ¿Cuál es la razón de mi enfado?” Quizás es porque lo que querías que sucediera no sucedió. O quizás no te gustó lo que sucedió. Quizás te sentiste decepcionado y molesto porque lo que esperabas y querías no tuvo lugar. Entonces, por ende, te enfadaste porque tus expectativas y deseos no fueron cumplidos. O quizás no estás feliz con la situación en que te encuentras y esa es la razón por la que te sientes enfadado. Cuando sea que te sientas enfadado, hazte la pregunta: “¿Por qué estoy tan enfadado?”. Trata de encontrar la respuesta a esa pregunta».

Si vamos a las Escrituras, en Bhagavad Gītā cuando Arjuna pregunta cuál es la fuerza que impele al ser humano a cometer el mal incluso contra su voluntad, la respuesta de Shri Krishna va directo al grano (3.37): el deseo.

Premananda ahonda en el tema:

«Te molestas y perturbas porque alguien o alguna situación te impide conseguir lo que quieres o alguna persona no hace las cosas de acuerdo con tu forma de pensar. La razón por la que te enojas tanto es porque deseas y esperas que la vida sea de acuerdo con tu manera de pensar. En lugar de tratar coléricamente de cambiar al mundo, un aspirante espiritual tiene que cambiarse a sí mismo».

A esta altura, creo, ya todos sabemos que el secreto consiste en cambiarse a uno mismo antes que a los demás. La pregunta que suele surgir aquí es ¿cómo hacerlo?

Swámiji nos da un consejo práctico relacionado con las acciones:

«Cuando sientas que surge la ira, sugiero que vayas a un sitio tranquilo a solas, te aísles de los demás y te sientes en silencio. No hables. Respira profundamente y rastrea la causa de tu enojo».

Parece muy obvio, pero para cambiar la mente lo más fácil es empezar por las acciones burdas. Si quiero ser bueno, empiezo por hacer acciones bondadosas, aunque mi mente aún no lo sea.

Por eso Swámiji dice:

«El controlar la ira es un gran sādhana (práctica espiritual). El primer paso es controlar tus palabras. Detén las formas incorrectas de hablar. Cuando abras la boca, asegúrate de que de ella solo salgan palabras amables. Piensa cuidadosamente antes de responder a los demás».

Actualmente estos consejos para controlar la ira, que son compartidos por otros maestros tradicionales, aparentemente se ven puestos en cuestión desde un enfoque psicológico que sostiene que el surgimiento y la expresión de las llamadas emociones negativas es sano para el individuo.

De hecho, se hace una importante distinción entre «ira» y «agresividad», considerando a la primera como una emoción natural que no debe ser reprimida, aunque sin llegar, por supuesto, al punto de materializarla en acciones que dañen a algo o a alguien. El método que se recomienda es no rechazar esas emociones sino más bien observarlas de cara y aceptarlas como parte intrínseca de nuestra personalidad.

Sin duda es un método válido, y generalmente preliminar, aunque si uno rastrea hasta el fondo las causas de su enfado entonces podrá darse cuenta de que siempre nace de una visión limitada del mundo en que la importancia personal ha cobrado demasiada relevancia.

Los grandes sabios y yoguis también sienten enfado, pero raramente reaccionan con furia porque justamente son muy conscientes de que es una emoción que toca al ego, pero no a la esencia de lo que somos (ātman). Al no estar identificado con los designios de unos intereses puramente personales, el sabio observa meticulosamente el enfado, pero no salta ante su aparición, sino que lo deja disolverse en su causa: el ego herido, el deseo incumplido o la expectativa fallida.

Siguiendo con los consejos prácticos, a nivel psicológico llega el famoso sūtra 1.33 del Yogasūtra de Patañjali en que para obtener paz mental se recomienda pratipaksha bhavanam, es decir cultivar activamente pensamientos y emociones contrarias a nuestras habituales reacciones negativas. En lo que concierne al enfado, que se genera por aquello que consideramos equivocado, defectuoso o dañino, Patañjali nos recomienda cultivar la «neutralidad positiva» (upekṣā) que consiste en no dejarse arrastrar a los extremos emocionales y comprender con discernimiento las razones de que sucedan las cosas.

Sobre esto, dice Swami Premananda:

«Sé amo de la ira, no dejes que te domine. Oponte a ella y combátela en lugar de pelearte con los que te rodean. Destrúyela con la serenidad. Conquístala con opuestos, pero nunca des lugar a la ira. Borra la ira abrumándola con tus otras cualidades innatas que parece que estuvieras resuelto a minimizar: saca a la luz tu verdadero amor, tu compasión y tu afecto en lugar de ocultarlos. Alentando estas cualidades y desarrollándolas a un nivel elevado, no encontrarás sitio en tu mente para la ira porque estará colmada de pensamientos amorosos».

Como quizás todos hemos experimentado, uno es capaz de enfadarse más con un miembro de su propia familia que con un extraño, en esa curiosa paradoja en que, a mayor afecto y confianza, mayor enfado y palabras duras.

Sobre este aspecto de la vida familiar Swami Premananda también nos habla:

«Es solo a través de tus seres queridos que realmente aprendes a mostrar amor, compasión, afecto e interés. Es a través del sagrado sistema de familia que el ser humano aprende y entiende los sentimientos de los demás. Los niños seguirán tu ejemplo. No te enfades y les enseñes tus malas cualidades. Muestrales tu bondad, amabilidad e inteligencia. Entonces ellos también pueden aprender estas cualidades útiles de ti».

Siguiendo el consejo de Swami, cuando estoy frente a mi esposa o mis hijas trato de no expresar mi enfado al máximo, ya sea con ellas o por otros temas. Fallo a menudo. A veces me desaliento. Pero sigo adelante porque veo claramente que no hay otra opción si quiero paz mental, armonía familiar y crecimiento espiritual.

10 comentarios

  1. ¿Y si te ocurre algo extremadamente duro y doloroso e irreparable en la vida y, en un momento dado, sientes la necesidad -y el derecho- de dejar salir la ira, la rabia, el enfado, el dolor? ¿No es mejor dar rienda suelta a estas emociones y no taparlas, siempre y cuando no causes daños a terceros -más allá de la queja verbal, incomprensión e insatisfacción legítimas y sabiendo ellos que simplemente te estás desahogando-, dejarlas ir para poder recuperar la serenidad y la calma, volver a la aceptación «limpio» de rencor y dolor?

    1. Hola Mara. Claro, es así. De hecho no he compartido esas enseñanzas en este artículo porque sería muy largo, pero también los maestros dicen que es legítimo descargar esa ira sin dañar a otros, por ejemplo gritando donde no hay nadie o escribiéndolo o llorando. El ideal es no enfadarse, pero mientras nos enfademos necesitamos descargarlo en muchas ocasiones. Gracias.

      1. Naren, como debemos obrar ante un agravio? Me ha pasado tener discusiones con alguien que decía cosas que no eran ciertas de mi, sin pruebas, solo por sus suposiciones… y aun diciendole q no era cierto y sin pruebas, insistía en mantenerlas. La frustración da paso a la ira, aunq no es la mejor herramienta de gestion… pero como se sale de esas discusiones, no me parece opción dejar q sigan con sus ideas falaces… es hiriente sentir acusaciones falsas sobre tu conducta y no poder defenderse… Que dice el hinduismo sobre las personas q se creen dueñas de la verdad absoluta?

  2. Hola Naren:
    Muchas gracias por tus sabias aportaciones. Considero muy valioso tu Blog y todo lo que pomos encontrar en él.
    En mi caso personal, encuentro que soy menos propensa al enfado cuando realizo mis prácticas espirituales con la debida puntualidad. He notado que cuando canto y medito oportunamente puedo detectar un pequeñísimo lapso de tiempo antes de enojarme durante el cual me es posible decidir si le cedo el paso a esa emoción o no.
    La primera vez que esto me ocurrió fue asombroso pues ¡no sabía que el enojo podía ser algo que se puede decidir!!

  3. Algunas conductas no son deseables. Ciertamente son parte de nuestro aprendizaje; esto es, debemos gestionarlas para nuestro crecimiento, sabiendo que la ira no nos llevará más que un lugar no deseado y en grado superlativo, a enfermarnos. Es difícil, sí, pero debemos crecer, no quedarnos atrapados en algo que -es posible- que esté fuera de nuestro control. El apartarnos, ver nuestra conducta, pensamientos y lo que sentimos, respirar y conectar con nuestra esencia hará que retomemos el camino. Por economía y salud (emocional, mental, espiritual y hasta física), es mejor apartarnos y volver a nuestro ser. Gracias por recordármelo; a veces me «enogro»; debo ser más paciente conmigo y hacer lo que es debido, para fluir y volver a mi esencia.
    Bendiciones.
    Namasté

  4. Hay, sin embargo, un componente de la ira que me parece deseable: la indignación. Indignarse ante las injusticias, sean propias o ajenas, nos informa de que no estamos de acuerdo con una situación que nos repulsa y queremos cambiar.

    1. Rubén, estoy muy de acuerdo con lo que decís. Precisamente yo también estaba tratando de escribir algo para comentar acá sobre ese «otro lado» de la «ira», que puede ser indignación, y que está relacionada con la virtud de la justicia.
      Atte.-

    2. Yo suelo caer en la indignación y en no pasar de largo ante las injusticias. Pero, según las enseñanzas, entiendo que a veces no puedo discernir cuándo se trata de soberbia de pretender cambiar algo que no está en mis manos (junto a la queja, las altas expectativas) y no hacer por adaptarme a lo que hay; En lugar de ser mejor en mi sitio y buscar soluciones sin implicar a otros ni cambiar la situación.
      Me encanta este debate.

      1. Comparto las ideas expresadas por Naren.

        Pero siguiendo con este aspecto en particular de la ira, quisiera agregar algo más.

        Sin duda la ira es un vicio perturbador. En occidente es tan grave que llega a considerarse un pecado o vicio «capital». Sin embargo aunque parezca contradictorio creo que también hay “otro lado” de la ira que no podemos soslayar. Hay, por así decir, un aspecto excepcional de la ira. Me refiero a que hay una expresión de la “ira” (entre comillas) que puede tener su razón de ser siempre y cuando la veamos en su «modo» o «forma» racional y ordenada, y que podemos vincular con la idea de «justicia».

        Con esto no estoy queriendo decir que haya una “ira mala” y una “ira buena”. No. Pero por lo menos en el occidente clásico existió una distinción entre la ira como vicio y la “ira” racional que a menudo puede expresarse en «indignación» con miras al restablecimiento de lo justo. Indignación en su sentido original, no como «odio» o «enfado», sino como lo in-dignus, como una reacción ante aquello no-digno.

        Esta “ira” (entre comillas) mas racional a la que me estoy refiriendo también la podríamos observar por ejemplo en el caso de un guerrero que no va a la guerra para ejercer crueldad y violencia sino porque el destino lo pone en esa situación y porque no podría enfrentarlo de otro modo sin esa fuerza o “ira”. Incluso otro ejemplo mucho menos extremo podría ser el caso de un deportista de contacto intenso que tiene que poner esa “garra” o “adrenalina” sin la cual no podría competir. Estos ejemplos, entre tantos otros, son todos casos del llamado «principio de doble efecto» que siempre tiene que ser «proporcionado».

        No hay duda que la ira como vicio pasional surge de un “cortocircuito” respecto de nuestras expectativas y deseos personales, y cuyo mejor antídoto es cultivar ahimsa, ecuanimidad y neutralidad positiva. Pero no deja de ser menos cierto que muchas otras veces nos podemos encontrar con esa otra forma o expresión. Solo en este sentido considero que podríamos decir que “airarse” ante una auténtica injusticia en relación al Bien y la naturaleza de las cosas no sería algo malo estrictamente en si mismo, siempre y cuando no haya apego en dicha motivación. No quisiera exagerar pero ¿acaso la injusticia a veces no podría ser un síntoma de ausencia de esa indignación en el buen sentido del término?. O en otras palabras ¿acaso a veces la indiferencia no puede terminar siendo una forma de violencia pasiva también?. La verdadera justicia no es odio. Y por eso diferenciamos «justicia» (orden) de «venganza» (deseo propio). Lo difícil puede ser discernirlas. Parafraseando el consejo que Swámiji nos da para no caer en esa obnubilación (moha), podríamos decir que una persona prudente que pensara “en este momento no voy a ejercer justicia porque estoy muy enojado”, sería un signo de una persona que quiere el restablecimiento racional y proporcional de la misma, pero que espera un momento mas apacible para no caer en posibles excesos impulsivos propio de una persona realmente iracunda.

        Creo que respecto a este aspecto en particular de la ira, el problema estaría confundir justicia con expectativas, y justicia con vindicta. Aunque nosotros podamos entender todo esto “en frío”, tenemos que ser sinceros y reconocer que en la práctica estas dos formas de ira muchas veces suelen estar mezcladas en una misma situación. Y es ahí donde habremos de aprender a diseccionar.

        Otro tema importante que también podríamos tener en cuenta sería el hecho de que puede existir así mismo una manifestación de la ira como «tristeza». Es decir, hay una manifestación de la ira como vicio pasional desordenado colérico y destructivo, pero también puede haber una manifestación mas silenciosa y menos visible en forma de tristeza o amargura y que incluso podría terminar en «resentimiento». Todo esto, mas allá de que la reacción sea consecuencia de algo realmente injusto o de que la persona solo crea o se imagine “racionalmente” que lo es.

  5. He aquí mi modesto aporte al tema, tomado, por supuesto, de los comentarios de Shrila Prabhupada al Gita y al Bhagavatam: la ira se puede «espiritualizar», enojándonos solo con los que blasfeman de las personas santas y de Dios. Debemos ser tan inteligentes que podamos derrotarlos con argumentos. En cuanto a la otra ira, la ordinaria, la del debate en cuestión, cabe recordar una buena analogía: se dice que cuando se escucha el trueno entre las nubes, el poderoso león contesta de inmediato con su estruendoso rugido. Pero al león no le importa cuando todos los tontos chacales comienzan a emitir sus sonidos poco importantes. También se da el ejemplo de que puede que una ligera brisa agite las lámparas pequeñas, pero la lámpara más grande de todas o la fuente iluminadora más grande de todas, el Sol, nunca se mueve, ni siquiera ante el más grande de los huracanes. La grandeza de una persona debe medirse según la habilidad que tenga de tolerar situaciones provocadoras. Este «heroico» comportamiento exige un nivel de tolerancia altísimo, porque en ocasiones uno desea darle un buen puñetazo al tonto que lo está provocando.

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