El blog de Naren Herrero sobre Yoga, la India y su filosofía

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El principio yóguico de relatividad

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El principio yóguico de relatividad

Al enfrentarnos a un problema, lo sabio es buscar una solución. El conflicto (interior y exterior) se recrudece cuando creemos encontrar la mejor solución y esa convicción se convierte en dogmatismo o ceguera ideológica.

A este respecto, uno de los signos filosóficos distintivos de la tradición jainista, surgida en la India, es la doctrina de anekantavada, es decir “la teoría de la infinita diversidad” que sostiene que la realidad posee innumerables facetas y, por tanto, ninguna descripción puede agotarla.

Esta “teoría de la relatividad” implica que aseveraciones diferentes, que parecen ser contradictorias, puedan ser parcialmente ciertas en función del punto de vista que se adopte. Decenas de siglos más tarde, y sin relación directa con el jainismo, una famosa canción de pop español de los años noventa expresa el concepto en actualizado lenguaje popular:

“Depende / ¿De qué depende? / De según cómo se mire / Todo depende”[i]

Según las premisas lógicas occidentales, si hay dos versiones de la realidad, una debe por fuerza ser falsa. La tradición índica, más plástica y receptiva, nos saca de nuestro inveterado binarismo verdadero/falso con, por ejemplo, la lógica jainista de “en cierta manera” (syadvada) que asegura que toda proposición es cierta o falsa “de alguna manera”.

Como una variante de esta idea, en la antigua lógica india se postulan cuatro posibilidades básicas ante cualquier premisa. Esta visión cuaternaria se podría expresar así:

  1. No
  2. Sí y No
  3. ni Sí ni No

 

Las primeras dos conclusiones corresponden a la conocida dicotomía verdadero/falso, mientras que las segundas dos opciones son las que cortocircuitan nuestro entendimiento.

Si es de día no es de noche y viceversa, eso está claro, pero la novedad es que pueda ser día y noche al mismo tiempo (como en un eclipse solar total) o ni día ni noche (como en el difuso momento de un atardecer).

En el campo psicológico es fácil aceptar que cada individuo no es más que un punto de vista, es decir, una personalidad particular y, por tanto, como se suele decir, “cada persona es un mundo”. Este mismo enfoque relativo, llevado a ámbitos metafísicos o teológicos, abre puertas inacabables, algo que también sucede con la ciencia, como demuestran las osadas teorías de la física cuántica.

Una de las claves para entender este posicionamiento flexible y poliédrico es que, además de distintos ángulos de mirada, hay diferentes niveles de realidad, desde lo físicamente tangible hasta las abstracciones mentales, pasando por la experiencia estética, el mundo onírico o las intuiciones místicas.

Por ende, que la exposición de los hechos no se ajuste a lo que entendemos como realidad objetiva no significa necesariamente que sea falsa, pues dicha exposición puede referirse a un plano de la realidad al que no tenemos acceso, ya sea porque estamos observando desde otra perspectiva o, como sucede a menudo, porque ni siquiera concebimos la existencia de esa otra perspectiva.

Como un detalle relevante y útil para juzgar aparentes contradicciones podemos agregar, siguiendo al escritor y pensador hindú Avinash Chandra, que este relativismo

“no quiere decir que todo sea válido, pues no puede haber contradicción entre diferentes proposiciones hechas desde un mismo punto de vista, en el mismo sentido y nivel de percepción”.[ii]

Asimismo, la tradición india siempre nos habla de la relevancia del contexto a la hora de determinar la validez de cualquier conclusión del mundo relativo. Para ello, se deben tener en cuenta cuatro variables:

  • Lugar (deśa): refiere al espacio en que sucede un hecho. Estar desnudo en el baño es adecuado, mientras que ir sin ropa por la calle suele no serlo. De la misma forma, el lugar (desde el país hasta la habitación de casa) marca una pauta importante.

 

  • Tiempo (kāla): refiere tanto a la época histórica como a la edad vital o al momento del día en que sucede un hecho. El tráfico de esclavos era válido en Europa hace 500 años y ahora ya no lo es, los tiempos cambian las reglas de un mismo lugar. A mis veinte años era inocuo comer pizza cada día y a mis cuarenta es indigesto. A la mañana temprano puede ser útil ducharme con agua fría para despertarme, pero antes de ir a la cama es mejor agua caliente.

 

  • Individuo (patra): refiere al sujeto particular al que le sucede un hecho. Si cada persona es un mundo, con su historia y sus tendencias, no podemos esperar lo mismo de todos. Si Juan corre rápido y Dani lento, puede ser insensato pedirles que lleguen juntos a la meta. De esta variable se desprende la siguiente…

 

  • Circunstancia (paristhiti): cada sujeto y cada situación presentan particularidades diversas que debemos aprender a determinar y respetar. Los frutos secos son muy nutritivos, pero pueden ser mortales para una persona alérgica. Herir a otros seres está mal, pero si hablamos de un policía delante de un terrorista armado quizás esté justificado disparar. La lluvia es indispensable para las cosechas y nuestros alimentos, pero si es el día de mi boda al aire libre no me provocará alegría…

 

Si después de leer sobre la relatividad yóguica, tienes la sensación de caminar sobre arenas movedizas, traigo buenas nuevas: el yoga ofrece certezas. Se trata de unos principios básicos que guían el camino, los cuales deben ser adaptados y revisados según cada caso. Aunque puede que esas adaptaciones no sean siempre necesariamente las que esperamos.

Por ejemplo. el principio de «no dañar» no se toca, es universal y fundamental. Sin embargo, la forma en que lo aplicará un policía no es la misma en que lo hará un instructor de yoga, un taxista o un jardinero.

Conocer las enseñanzas yóguicas es esencial. Saber aplicarlas de forma beneficiosa y útil según cada caso y situación, es quizá más importante.

 

 


 

[i] Depende. Jarabe de Palo. 1998

[ii] Chandra, Avinash. El científico y el santo, pág. 35

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