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Tipología hindú de seres demoníacos

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Tipología hindú de seres demoníacos

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Tipología hindú de seres demoníacos

Una enumeración descriptiva acerca de los diferentes tipos de seres que, a menudo, denominamos «demonios» y aparecen en los textos y la tradición hindú.

Cuando hablamos de mitología hindú o de las historias sagradas de la India el foco siempre lo ponemos en los dioses (deva), ya que es un hecho bastante difundido que el panteón hindú está formado por «millones de deidades». Sin embargo, en la tradición mitológica, tantos los deva (también llamados sura) como los asura («antidioses») son igual de importantes, ya que simbolizan la eterna lucha entre el bien y el mal. Igual que en el mundo dual y relativo la luz solo brilla cuando se enfrenta a la oscuridad, así los asura son indispensables para hacer de contraparte en el desarrollo cósmico.

 

Además, ambos bandos son hijos del mismo padre llamado Kaśyapa, un antiguo sabio legendario. De hecho, los asura son los hijos mayores.

 

Si analizamos la palabra sánscrita asura veremos que posee una etimología discutida y también diversos significados, entre ellos el que tiene que ver con «la complacencia de los sentidos», una actividad condenada por los textos yóguicos desde hace unos tres mil años. Es aquí, probablemente, donde encontramos la principal diferencia con los devas que, a pesar de tener sus defectos, sienten la inclinación de actuar por el bien común y no únicamente por su propia satisfacción sensorial individual.

 

De forma genérica, entonces, la palabra asura se utiliza para referirse a estos seres de origen divino con tendencias egoístas que, a falta de mejor palabra, llamamos «demoníacos», pero que algunos estudiosos también denominan «antidioses», «titanes» o «diablos». Eso no quita para que, algunos asura, puedan ser sabios, píos, e incluso muy respetados por los deva.

 

Si nos ponemos más detallistas veremos, como indica el Diccionario Sánscrito-Español de Òscar Pujol, que, técnicamente, los asura refieren a «una de las tres razas demoníacas en pugna perpetua con los dioses», junto con los daitya y los dānava.

 

Los daitya son hijos del ya mencionado sabio Kaśyapa –progenitor universal- con Diti, una diosa de la que toman el nombre. De hecho, Aditi, su hermana, es la madre de los deva. Realmente, en la práctica, no es fácil encontrar elementos para distinguir los daitya de los asura.

 

Por su parte, los dānava son también hijos de Kaśyapa con Danu, una especie de náyade (ninfa acuática) que se considera una divinidad (o también una «demonia») de las aguas. En este caso, se trataría de «demonios» más bien acuáticos o relacionados con las aguas, aunque a menudo los tres términos (asura, daitya, dānava) se usan de forma intercambiable.

 

Como es de esperar, la tipología de los seres «demoníacos» en la literatura tradicional hindú no es lineal y si analizamos textos de diferentes periodos cronológicos, podemos encontrar que las fronteras entre una categoría y otra son difusas y permeables.

 

Además de las tres razas ya nombradas, cuando se habla de asura en general, a veces se incluye a los rakṣas o rākṣasa, que son una especie con rasgos distintivos y con mucho protagonismo en las historias mitológicas hindúes.

 

Si los asura son los enemigos de los deva, los rakṣas serían los enemigos de los humanos, sobre todo de los sabios y héroes védicos y de las ceremonias rituales ortodoxas. Aunque no debe extrañarnos que también se enfrenten a los dioses con frecuencia.

 

Como norma general, los rakṣas son malvados. Son una clase de ogros o monstruos de tendencia noctámbula (cuando más oscuro más poderosos se vuelven), que comen carne cruda de todo tipo (incluida la humana) y pueden adoptar cualquier forma a voluntad. A pesar de esto último, su apariencia original es espantosa, con dientes afilados y alguna deformidad física relevante.

 

El rey de los rākṣasaes Rāvaṇa, que posee diez cabezas y es famoso por haber raptado a la indefensa princesa Sītā en el bosque. Su historia se cuenta en el Rāmāyaṇa, el primer texto épico de la India. De todos modos, y para reiterar la dificultad en marcar fronteras claras entre «buenos» y «malos», hay que decir que incluso el malvado Rāvaṇa es un gran devoto del dios Śiva.

 

Como ejemplo de estas líneas difusas tenemos a Kubera, considerado el dios de las riquezas, que es medio hermano por parte de padre del apenas nombrado Rāvaṇa, y que originalmente era el «caudillo de los seres malignos o espíritus de la oscuridad», aunque hace siglos que bajo su tutela se aceptan dos clases de seres: los yakṣa y los guhyaka.

 

La palabra yakṣa a veces se traduce como «genio» o como «trol», aunque quizá es más acertado decir que se asemejan a lo que, en español, se denominan espíritus elementales, como los gnomos o los elfos, que se encargan de proteger al mundo mineral, las corrientes de agua y también al mundo vegetal, especialmente los árboles. De hecho, la yakṣinī sería la versión femenina que, en español, se correspondería a las dríades o ninfas de los bosques. Iconográficamente, estos «duendes» serían corpulentos y de vientre grande.

 

Los guhyaka, junto con los yakṣa, son guardianes de los tesoros de Kubera que, como hemos visto, no son tanto cofres llenos de alhajas sino los recursos minerales, acuosos y vegetales de la Tierra. Justamente por ello no se trata de seres «demoníacos» ni malvados, aunque pueden tornarse agresivos si ven amenazada su misión.

 

Hablando de guardianes de tesoros, también tenemos la importante raza de los nāga (también llamados pannaga o uraga) que son serpientes semidivinas con algún elemento humano como la cara o el torso. Viven debajo de la Tierra, en los mundos subterráneos, y los hay que ayudan a los dioses o que están en su contra, siempre dependiendo de la historia sagrada particular que escuchemos.

 

El dios Viṣṇu, por ejemplo, descansa sobre la serpiente cósmica Ananta-Śeṣa, que es el representante más excelso del linaje nāga.  En busca de paralelismos con el mundo occidental se pueden encontrar traducciones como «hidra» o «dragón».

 

En cualquier caso, se trata de unos seres bastante adorados en la religiosidad popular hindú, justamente por tener este carácter ambiguo de protectores de lo oculto a la vez que ofidio mortal. A nivel simbólico, el experto Hari Dasa explica que «la serpiente es siempre un atributo de la Consciencia, por lo tanto, está relacionada con la sabiduría divina».

 

Volviendo a las facetas más macabras de la tipología de seres demoníacos, tenemos a los piśāca (pishacha), unos ogros cuyo nombre significa «que come trocitos de carne», lo cual nos da una idea de su predilección por la carne cruda.

 

En origen se consideran enemigos de los pitṛ (pitri) o antepasados, es decir de las personas que ya han dejado su cuerpo físico y reciben los ritos fúnebres adecuados, los cuales consisten también en ofrendas de alimento que estos monstruos codician. En ocasiones, los piśāca se presentan como sinónimo de los rakṣas.

 

Aprovechando la mención de los pitṛ (pitri) o antepasados, es interesante resaltar que, en caso de no recibir los rituales propicios, un difunto es simplemente un preta, o sea un espectro. En esta condición sería sinónimo de la palabra bhūta, que refiere a los seres fantasmales y los espíritus errantes.

 

A nivel académico, seres como los nāga, los yakṣa o los preta pueden ser catalogados como divinidades inferiores más que «demonios», ya que existen cultos activos hacia ellos justamente para transformar su latente naturaleza temible en seres propicios para el devoto.

 

Al leer o escuchar sobre historias sagradas hindúes aparecen innumerables categorías y nombres de los distintos seres demoníacos (y también celestiales). Este texto es un resumen de los más relevantes y difundidos, pero de ninguna manera es una enumeración exhaustiva.

 

Con el deseo de que, entre las sombras de la vida, lo Divino siempre nos guíe con su luz.

2 comentarios

  1. Buenos días Naren!
    Donde puedo profundizar más sobr el tema? libros?
    Me parece un tema apasionante ya que no pueden existir los unos sin los otros y me parece una practica curiosa el culto activo hacia ellos para transformar su naturaleza temible en seres propicios para el devoto. Me hace pensar en practicas Junguianas de psicoterapia que muy posiblemente tenga alguna raíz en este tipo de practicas.
    Muchas gracias por mantenerme curiosa e inspirada en mi practica y estudio

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