Canal RSS

Esta hermosa prisión…

Publicado en

Mi interés por la moda es reducido. A excepción, eso sí, de un período en que me obsesioné con crear diseños personales para remeras y camisetas; lo cual, en realidad, era más bien una vertiente alternativa de mis deseos literarios-poéticos, pues se trataba, más que de diseños, de frases supuestamente originales, en lugar de los trillados e impersonales enunciados de la vestimenta actual.

Hace algunos posts ya conté otra versión de mis veleidades de diseñador a través de “La máquina de pines”, que a la sazón no es otra cosa, junto a las frases de remeras, que una alternativa menos clásica de canalizar mis ganas de escribir. El ingrediente extra, en estos casos, sería la posibilidad de elegir completamente (incluyendo la creación) lo que uno lleva escrito en el pecho; y más allá del justo debate sobre si lo puesto sería más o menos bello que lo canónico, sin duda sería algo con lo que me identificara plenamente.

En fin, todas aquellas intenciones no llegaron a ver la luz pública, aunque sí que hubo algunos encuentros con Ramiro Clemente, artista plástico y amigo, que intentó ponerle algo de profesional diseño a todas esas palabras mías, algo sueltas y sin una idea bien definida.

De todos modos, lo que me quedó de esa experiencia fue el interés por lo que dicen las camisetas en general, y será por eso que, por la calle, miro a los transeúntes en busca de una frase redentora entre tantas expresiones previsibles.

Beautiful

Fue en uno de estos paseos callejeros, en la ciudad de Córdoba y, creo recordar, yendo en busca de un helado, que me crucé con una chica que llevaba una larga camiseta – nada muy llamativo – cuyo diseño consistía en un remedo de esas cartas que envían los delincuentes, cada letra hecha con un recorte de diferentes periódicos y revistas.

La frase en cuestión, más que el diseño, fue lo que atrajo mi atención: “This body is a beautiful prison”.

No tengo idea de si la chica sabía lo que decía su remera (muy probablemente sí, aunque está claro que por ser el inglés un idioma cool, se usa más, en países hispanohablantes, que el castellano, incluso aunque uno no sepa lo que dice).

Tampoco tengo idea de si la chica suscribía al axioma que ella misma portaba, aunque quizás esto sea irrelevante, ya que en el mundo de la moda, al parecer, es mucho más importante la forma que el contenido.

De todos modos, y trascendiendo el mundo de la moda, la frase de esa camiseta me hizo reflexionar.

Decir, de manera concienzuda, “Este cuerpo es una hermosa prisión”, tiene muchas implicancias. Por un lado, mirado desde la perspectiva estética y superficial, implica sostener que tu propio cuerpo es hermoso. No tengo mucho que agregar a esta visión narcisista, pues por una parte no recuerdo cuán bonita era la chica, y por otra parte, no me animo a decir que sea incorrecto expresar que el propio cuerpo es hermoso (más allá de lo que piensen los demás).

De todas formas, hacer esa afirmación (repito, de manera concienzuda) implica mucha auto-estima, ya sea desde el punto de vista meramente estético externo, ya sea desde la visión más saint-exuperiana de “lo esencial es invisible a los ojos”.

Implicancia

Obviando la connotación puramente estética de la frase, mi interés se centró en una implicancia más sutil, más relacionada con el concepto de “prisión”. Ya que, ¿qué supone decir que este cuerpo es una “prisión”?

Imagino que supone que dentro de él hay un “prisionero”.

Entonces, a la cabeza me viene la evidente idea de que dicho prisionero sería el “alma”. A menos que la frase haga referencia a un concepto menos universal y se refiera a “uno mismo”, o a un concepto menos espiritual y se trate de “las ideas” (por aquello de “podrán encerrar mi cuerpo pero no mis ideas”).

Basado en el rápido análisis mental que hice en aquel momento, y sobre todo empujado por mi predisposición general a buscar el lado espiritual de los eventos, mi interpretación fue (y sigue siendo) que el “prisionero” en cuestión sería el “alma”, o al menos, un componente interior que no está necesariamente unido al cuerpo y que es, de hecho, independiente a él.

Con estos presupuestos en mente, y quitando el aspecto estético superficial, la frase quedaría, más bien, como: “Este cuerpo es una prisión”.

¿Por qué?, entonces, ¿es una prisión “hermosa”?

Exégesis

Puede que para algunos la exégesis de una simple remera sea algo tirado de los pelos, un poco forzado. Me gustaría saber qué piensa al respecto Santiago, mi antiguo profesor de Semiótica en la Universidad. En todo caso, creo que la interpretación se pone más jugosa cuando llegamos al porqué de esta “hermosura” de la prisión.

Desde el punto de vista de los recursos estilísticos del lenguaje, la expresión “hermosa prisión” es un oxímoron, un tipo de paradoja que, según la RAE, “combina palabras de significado opuesto para originar un nuevo sentido”.

Desde el sentido común, una prisión nunca puede ser hermosa; sin embargo, la figura retórica del oxímoron sumada a las complejas sensaciones del ser humano, hacen posible esta contradicción, a la que tan apegados son los textos poéticos. Como paradigma, se me ocurre la despedida, “ese dolor dulce”, según escribió William Shakespeare.

¿Puede un dolor ser dulce? Quizás sí, desde cierta óptica de la poesía.

¿Puede una prisión ser hermosa? No, al menos mirada con la lente de la espiritualidad.

De todos modos, creo, el oxímoron del cuerpo como hermosa prisión es común a todos nosotros.

Apego

Me explico: Según la filosofía espiritual de la India (y no sólo ella) no somos en realidad el cuerpo, sino que somos algo más sutil y más perfecto, que llamaré, con perdón, alma. El cuerpo cumple un rol de contenedor, de herramienta, de templo… Es un medio para lograr un fin más elevado, que implica, entre otras cosas, la trascendencia de todo lo material y físico, con el propio cuerpo al tope de esa lista.

Incluso aceptando, en el plano teórico, esta postura filosófica, el camino por recorrer es muy largo, pues uno no se desapega y se diferencia de su cuerpo de la noche a la mañana.

No es tan simple explicarle a la mente que, por ejemplo, el dolor en la pierna sólo pertenece al cuerpo, mientras nuestra alma (o verdadero Ser) permanece inmutable y siempre gozosa.

Tampoco es sencillo explicarle a la mente que la sensación de hambre atañe únicamente al cuerpo, ya que el alma está siempre satisfecha en sí misma, gracias a su inagotable flujo de energía universal.

Ante el concepto de “desapego”, tan frecuente en las enseñanzas espirituales, he escuchado a muchas personas sostener que “si para gozar hay que sufrir, entonces me gustan los problemas de la vida”. Es decir, ante la ineludible dualidad de este mundo (placer/dolor; alegría/tristeza; vida/muerte…), la mayoría aceptamos la parte negativa con tal de disfrutar de la parte positiva.

La filosofía espiritual de la India, en cambio, dice que se puede vivir siempre feliz, escapando a la dualidad, y para ello es necesario buscar exclusivamente en nuestro interior.

Esta visión implica desapego por las acciones exteriores, e incluso, desapego por nuestros seres queridos. Una vez más, he escuchado a muchas personas decir que si esa felicidad implica alejarse de sus afectos, ¿de qué sirve? Yo mismo he adoptado en la práctica, y de manera inevitable, esa tesitura, incluso cuando en la teoría pensara exactamente lo contrario.

Ejemplos

En su libro, The elephant paradigm (Cap. 4), el intelectual y autor indio, Gurcharan Das, de ideas liberales y laicas, cuenta una pequeña historia que retrata mi tesis. En su visita a un ashram en el Punjab, el escritor tiene la chance hablar privadamente con el gurú de dicho retiro, que le dice que la forma de vivir en este mundo es “como un pasajero en un tren”.

Es decir, “no debes apegarte demasiado al mundo. Un pasajero conoce muchos otros viajeros. Algunos se bajan en la siguiente parada, otros más adelante… No imagines por un momento que tus hijos, tus padres tiene la misma parada. Somos todos pasajeros. El tren no es tu verdadero hogar”.

El autor confiesa haberse sentido disturbado por la analogía de las relaciones con los pasajeros. Su natural respuesta es, “Sin dudas este mundo, con todas su fallas y dolores, es mejor por los sentimientos que invertimos en él, especialmente en las relaciones humanas. Me gusta el viaje en tren”.

En mis años de adolescencia recuerdo una conversación con unos amigos sobre la paz absoluta que traería la unión con Dios o con la energía universal. En realidad, era yo quien sostenía esto, a lo que ellos arguyeron, “Si hubiera tanta paz, entonces el mundo sería aburrido”.

Más allá de la discutible lucidez del pensamiento adolescente, esta idea de que los problemas le dan su parte de picante a la vida, no es monopolio de unos pocos. Es, de hecho, un concepto extendido. Incluso sin que sea formulado de manera explicita, todos, de una u otra forma, elegimos con frecuencia la paradójica “hermosa prisión”, antes que, para seguir con la metáfora, un “pacifico campo al abierto”.

Asociando estas ideas con el recuerdo adolescente, me llega a la mente el estribillo de una clásica canción de Los Redonditos de Ricota, desaparecida banda argentina de culto, que dice:

“Ahora ya no llora, preso en mi ciudad / Casi ya no llora, atrapado en libertad”.

Libertad

Es inevitable que hablando tanto de prisiones el discurso me lleve hacia Swami Premananda. Quienes siguen de manera regular estas crónicas, saben que Swami Premananda está en prisión desde el año 1994. Ya he dicho que para todos sus devotos y amigos espirituales, entre los que me cuento, Swami es totalmente inocente y mi versión completa de su falso caso legal se puede leer en el antiguo post “¿Por qué Swami?”.

A su vez, Swami tiene su propia visión espiritual de los hechos, la cual utiliza con frecuencia para sus enseñanzas. Por ejemplo, después de sus primeros doce meses en prisión, Swami dio un mensaje (Premananda Satsang Vol. I – Satsang Nº 52), en el que decía:

Lo primero, quiero deciros a todos que estoy muy bien. Mi experiencia dentro de la prisión es de gran beneficio para muchas personas desafortunadas. Donde quiera que estoy, estoy inmerso en lo Divino… A un nivel más mundano, tengo la esperanza que por poder yo arreglármelas sin luz, sin cama, ni mesa, ni silla, y también porque he sobrevivido muy bien con una dieta simple, os anime a todos para que reduzcáis vuestros deseos personales”.

Más adelante, con los años, he leído y también escuchado directamente de su boca, la versión pertinente para este post. En respuesta a la pregunta “¿Por qué Swami está en prisión?” (Premananda Satsang Vol. V – Satsang Nº 56), él responde simplemente:

Pensáis que estoy en prisión pero yo no estoy en prisión. Estoy siempre libre. Vosotros pensáis que estáis atrapados en el cuerpo. ¿Sois el cuerpo? Pensad en ello y decidid”.

Swami, que objetivamente está detrás de barrotes, dice, sin embargo, ser libre. Y a su vez, hace referencia a la posible prisión que encarnan nuestros cuerpos. Entonces, ¿somos el cuerpo, o somos algo más?

Swami Premananda en el Ashram - 2009

Pirandello

Luigi Pirandello, el dramaturgo y escritor italiano ganador del Nobel de literatura, tiene un libro titulado “Uno, ninguno y cien mil“. En él se cuenta la historia de Vitangelo Moscarda, un hombre que ya adulto descubre, al mirarse al espejo, que tiene la nariz torcida. Este hallazgo desencadena en él una profunda búsqueda de su verdadera identidad, pues se da cuenta de que lo que los demás piensan de él está basado en apreciaciones sesgadas, nacidas de su exterioridad (una resumida pero completa explicación de la obra se puede encontrar aquí).

Esta obra, para algunos pilar de la moderna psicología social, aborda de manera literaria y humorística, cuestiones que ahora nos suenan familiares, aunque no por ello tienen una respuesta fácil: uno es lo que cree ser; lo que le gustaría ser; lo que los demás creen que uno es; y lo que uno cree que los demás creen que es.

Sin embargo, todas estas visiones tienen al cuerpo como protagonista fundamental. Es decir, lo que somos está, en gran parte, determinado por nuestro cuerpo físico.

Como fue dicho, la perspectiva espiritual es diferente. En un discurso reciente (Revista Prema Ananda Vahini Vol. 9, Octubre 2009), Swami Premananda dice respecto a su estadía en prisión:

Deberíais entender algo. Es como si vosotros también estuvierais en prisión. Mantenéis vuestras cargas dentro de vuestro corazón; las habéis encerrado en vuestro interior. Entonces, es como si estuvierais dentro de una prisión. Todos han dejado su cuerpo y su corazón encerrado de alguna forma”.

Según creo, esta idea del cuerpo como una prisión es una analogía que sirve, en el caso de la filosofía espiritual, para recordarnos del objetivo último de la vida, que sería liberar el alma de cualquier atadura material o física para unirse con la energía universal (o el nombre que se prefiera).

De todos modos, no veo saludable tomarse siempre de manera literal la comparación, pues dicha “prisión” también sirve como herramienta para lograr el citado objetivo final.

Lo que sí veo que puede considerarse más problemático es el enamoramiento de esa prisión, viéndola por ende “hermosa”, y perdiendo de foco que, a fin de cuentas, y con todas las relatividades del caso, es una cárcel.

Y ser realmente libres en una cárcel no es factible. Aquí no hay oxímoron que valga.

A menos, claro, que uno sea como Swami Premananda, es decir, una persona que ya ha roto todas sus ataduras, y cuya unidad esencial con la Divinidad trasciende cualquier barrote de hierro o de huesos.

Imágenes:

forocoches.com

ciao.es

blinn.edu

terapiasholisticas-peru.blogspot.com

taringa.net

sripremananda.org

vilanova.cat

Anuncios

»

  1. Es más aplicable para el tema en cuestión: LO MEJOR DE NUESTRA PIEL ES QUE NO NOS DEJA HUIR.( Espejismo)Preso en mi ciudad habla de otra cosa.
    Muy bueno, como siempre,tus escritos

    Responder
  2. Enhorabuena! Me encantó este post: por su contenido (que suscribo) y, sobre todo sobre todo, por la habilidad literaria de su autor.
    El lenguaje cuidado, el desarrollo de las ideas y tu forma de jugar con las palabras me han parecido dignos de felicitación, aún a riesgo de resultar excesivamente aduladora para un comentario al blog.

    Responder

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: