Canal RSS

Archivo de la etiqueta: Samadhi

Similitudes y diferencias entre mokṣa, kaivalya, nirvāṇa o samādhi

Publicado en

En el curso presencial de Filosofía & Yoga que imparto en Barcelona surgió la pregunta de la diferencia entre varios conceptos sánscritos referentes al estado espiritual más elevado que puede alcanzar una persona, y que a veces llamamos “iluminación”. Como seres comunicacionales inevitablemente debemos usar las palabras para entendernos, a la vez que las palabras justamente nos pueden jugar en contra con conceptos tan sublimes que están más allá de lo que nuestra limitada mente analítica puede aprehender.

A la limitación lingüística hay que sumarle que cada escuela filosófica agrega su cosmovisión particular a los conceptos tradicionales y que, según quién los diga, su sentido puede verse modificado. En cualquier caso, a continuación hacemos una breve exposición de la terminología y su uso más difundido:

Mokṣa: También conocido como mukti. En ambos casos, el término viene de la raíz verbal √muc, que es “soltar, liberar”, y se suele traducir como “liberación”. De todos los conceptos referidos a la “salvación” mokṣa es probablemente el más usado, ya que es el más importante de lo que, en la tradición hindú, se conoce como los puruṣārtha, los cuatro “fines de la vida”. Según el hinduismo toda persona puede disfrutar de los placeres sensoriales (kāma) y procurarse bienestar material (artha) si lo hace con rectitud, siguiendo el deber social y moral (dharma). Eso sí, el fin último siempre es mokṣa, la liberación del saṁsāra, es decir la rueda de muerte y renacimiento, donde hay altibajos constantes y cuyo balance final siempre es el sufrimiento.

¿Qué pasa cuando uno alcanza mokṣa? Pues la respuesta varía grandemente según la escuela filosófica que responda, pero la declaración unánime es que se trata de un estado de plenitud en el que no hay más sufrimiento ni condicionamientos.

moksha

Kaivalya: Es el término que usan las filosofías Sāṁkhya y Yoga, entendiendo esta última como la escuela basada en los Yogasūtras de Patañjali. Viene de la palabra kevala, que significa “solo, exclusivo, aislado, sin mezcla” y se traduce como “aislamiento”.

La idea puede sonar mal, pero hay que entender que se refiere a la desidentificación entre el espíritu (puruṣa) y la materia (prakṛti), de manera de separar o “aislar” aquello que realmente somos y nunca cambia – espíritu – de lo que está en cambio constante y, por tanto, nos hace sufrir. No se trata de un rechazo a la materia sino más bien de desidentificarse de sus modificaciones que, a la larga, siempre llevan a la enfermedad, la vejez y la muerte físicas. Esta diferenciación se logra mediante el aquietamiento de la mente (nirodha) y el conocimiento discernidor (viveka khyāti). Según se explica, en el estado de kaivalya no hay placer ni dolor sino una paz imperturbable.

Una de las posibles traducciones de la polisémica palabra yoga es “unión” y actualmente la definición más popular de Yoga como disciplina es “unión de mente, cuerpo y espíritu” o quizás “unión de lo individual con lo Supremo”. Es paradójico que la meta final de la filosofía Yoga de hace dos mil años haya sido, no tanto la “unión”, como la “separación” de la consciencia que siempre está observando respecto a la mente que, en realidad, es el objeto de observación.

Resultado de imagen de purusa prakriti

Nirvāṇa: Viene del sánscrito √ que es “soplar” y que con el prefijo privativo nir podría ser “sin soplido” o incluso “apagar soplando”, ya que refiere a un elemento – quizás una vela – que se “extingue”. Refiere a un estado de cesación y calma, donde incluso sin soplar el viento la llama de la vela es consumida, como símbolo de la extinción de todos los deseos que nos llevan a crear karma que es, su vez, lo que nos lleva a renacer.

Nirvāṇa (en lengua pali es nibbāna) es el término utilizado por excelencia en el budismo, sobre todo más antiguo, para referirse a la meta de la vida, que no es otra cosa que la liberación de la rueda del saṁsāra. Como en muchos otros casos, el cruce de influencias entre budismo e hinduismo es obvio. La misma palabra nirvāṇa aparece como el fin último en el Mahābhārata, la gran épica hindú. De todos modos, es un concepto preferentemente asociado al budismo.

vela

Samādhi: Su etimología es sam + ādhā, “poner en conjunto”, pero hacer una buena traducción a la altura de este difundido concepto es ardua tarea. Es en la filosofía del Yoga de Patañjali donde más se trata este concepto y allí se presenta tanto como parte del método de ocho elementos (aṣṭāṅga yoga) como su misma meta. Como técnica meditativa, samādhi refiere al estado más refinado de concentración mental en que, aquietando su actividad mental, el sujeto meditador se funde con el objeto de meditación y, en consecuencia, toma consciencia de ser algo separado de su propia mente. Para complicarlo más, Patañjali distingue diferentes tipos de samādhi según los procesos mentales que ocurren durante la meditación.

Entre las posibles traducciones tenemos: contemplación, interiorización completa, absorción, concentración, éxtasis o, como dice Mircea Eliade, énstasis, ya que la experiencia yóguica no va hacia afuera (ex) sino hacia dentro (ens). Para mí la mejor opción es no traducir la palabra, como hacemos con muchos otros términos sánscritos.

En cualquier caso, la naturaleza del samādhi final también es motivo de debate porque, siendo un tipo de concentración mental, algunos estudiosos limitan su experiencia al ámbito de la meditación. Otros, en cambio, consideran que, una vez alcanzado, ese estado se puede mantener en el día a día cotidiano.

Resultado de imagen de samadhi meditacion

Como conclusión personal, creo que los diferentes términos son diferentes formas de expresar lo que, en esencia, es una misma experiencia. Por supuesto, los métodos para llegar a esa experiencia varían según cada escuela e incluso lo que sucede en ese estado de “liberación” es presentado de forma diversa según cada caso. Dependiendo de nuestra personalidad y tendencias un camino o un concepto pueden ajustarse mejor que otros.

Ojalá todos encontremos el que nos corresponde y ojalá, sobre todo, tengamos la determinación de seguirlo.


encuesta

El 62º cumpleaños de Swami Premananda

Publicado en

El 17 de noviembre de 1951, en Sri Lanka, nacía Swami Premananda. El 21 de febrero de 2011, en Tamil Nadu (India), abandonada su cuerpo físico, a la edad de 59 años. Este año 2013 el 17 de noviembre se conmemoraba el 62º aniversario del nacimiento de Swami y sus devotos y seguidores de todo el mundo festejaron de diferentes maneras, que coincidieron con la luna llena.

En el Sri Premananda Ashram del sur de la India, donde se encuentra el samādhi de Swami, se realizaron las celebraciones principales. Para comenzar, se realizó una pūjā a Ganesha, deidad encargada de despejar el camino para los inicios; en este caso a la estatua situada en la entrada del templo del Ashram.

Luego, siempre temprano en la mañana, hubo un Ganapati homa, es decir una ceremonia de fuego para propiciar un buen día de celebraciones. El homa fue realizado por sacerdotes brāhmanas.

Lo siguiente fue hacer una Pāda pūjā a las pādukās de Swami Premananda. Esto consiste en un ritual a los pies del maestro espiritual en que se lavan sus pies mediante una serie de polvos y líquidos considerados sagrados por la cultura védica (cúrcuma, vibhūti, polvo de sándalo, leche, agua de rosas y más).

Si el maestro está presente en su cuerpo físico, este ritual se hace directamente a sus pies de carne y hueso. Si, en cambio, no está presente físicamente, entonces se recurre a las pādukās, unas sandalias de metal o madera que representan los pies del guru.

Más tarde se realizó un abhishekam al Shivalinga situado en el samādhi de Swamiji en el templo.

Vertido de cúrcuma en el Shivalingam instalado en el templo del Ashram.

Finalmente, se realizó la ceremonia principal que consistió en un mahābhishekam a la estatua de Swamiji en el templo.

Devotos y residentes del Ashram presenciado el ritual a la estatua de Swamiji.

Niños de la escuela haciendo su ofrenda de leche a la estatua de Swamiji.

Vertido de agua sobre la estatua en pleno abhishekam.

La estatua de Swamiji después del abhishekam, bellamente decorada y con su mano en gesto de bendición para todos.

¡Feliz Cumpleaños Swamiji!

¡Om Sri Sri Swami Premananda Gurudevāya Namaha!

Swami Premananda explica cómo experimentó samādhi

Publicado en

Todos los santos y maestros espirituales genuinos tienen en común el haber experimentado la unión con lo Supremo. Es justamente ese hecho lo que los convierte en guías aptos para acompañar al resto de las personas en el camino espiritual. El nombre de esta ‘unión con lo Supremo’ varía según la religión, la escuela filosófica o el estilo comunicativo de cada maestro. Por ejemplo, en la filosofía del yoga se habla mucho de samādhi, mientras que en el budismo se habla de nirvana.

Más allá de la etiqueta elegida, sabemos intelectualmente que se trata de una experiencia de transcendencia máxima que las palabras no pueden definir. Todos los maestros nos dicen que samādhi debe ser experimentado por uno mismo, pues las explicaciones teóricas no alcanzan, de la misma forma que el sabor del azúcar sólo se conoce probándola y no leyendo su proceso químico de formación.

De todas formas, y a pesar de la fugacidad de las palabras, los maestros pacientemente nos explican una y otra vez el temario espiritual. Lo hacen con diferentes términos y estilos, pero el temario esencial es siempre el mismo, adaptado para cada persona. A este respecto, Swami Premananda dio muchísimos discursos durante su vida y obviamente todos son útiles y válidos para los buscadores espirituales. Lo que pasa es que uno los olvida si no los lee con frecuencia o, mejor aún, los aplica en su día a día.

Sin embargo, las palabras dichas por Swami Premananda en respuesta a la pregunta “¿Puede decirnos cómo experimentó samādhi?” están destinadas a quedar en la mente de quien las lea. Se trata de un discurso revelador que, aunque pasen muchos años, seguirá siendo recordado como una de las grandes enseñanzas de Swami.

A continuación, lo publico de forma íntegra (también puede leerse online, hasta que se publique la edición de Enero 2013, en la edición de Diciembre 2012 de la revista del Sri Premananda Ashram, Prema Ananda Vahini. Clicar aquí).

La Bienaventuranza Impregna Todo el Ser

“Algunos aspirantes espirituales serios me preguntaron cómo experimenté samādhi cuando era joven. Tales experiencias son difíciles de describir en palabras concretas. Sin embargo, ya que me habéis preguntado, intentaré contaros.

Yo quería averiguar cuál era la esencia de la vida y el propósito de mi existencia y de mis poderes extraordinarios. Decidí que debía sentarme en un sitio apacible y simplemente mirar dentro de mí. Pero eso es muy, muy difícil. Hay tantas perturbaciones, tanto internas como externas. Es fácil viajar por el mundo en estos días, pero ¿es igualmente fácil viajar por el interior de uno mismo? ¿Cómo se puede conocer y comprender el Yo superior?

Yo quería mirar en lo profundo de mí. Quería tener la experiencia del espíritu supremo interno. Quería llegar a mi alma y traer esa conciencia divina al primer plano de mi mente. Sentía que aunque sabía que el espíritu supremo estaba dentro de mí, yo no podía sentirlo porque el cuerpo lo cubría. Mis cuerpos físico y mental de alguna manera contenían a la Divinidad y entonces pensé que mantendría a mi cuerpo en un sitio y empezaría a observarlo mentalmente desde el exterior.

Observé sólo rasgos físicos, tales como la cabeza, los oídos, los ojos, la nariz, la boca, las manos, las piernas y demás. Me sentí desapegado de estos rasgos físicos y quité mi mente de ellos, de sus exigencias y sensaciones físicas. Entonces ordené a mi mente dejar la forma corpórea externa y observar adentro. Me di cuenta que podía llegar a mi alma desde muy adentro y no desde afuera. Permanecí en la misma posición, en el mismo lugar, por muchas horas. No permití que mis pensamientos vagaran por el exterior. Sólo les permití recorrer mi cuerpo desde dentro y desde la coronilla de mi cabeza hasta la planta de mis pies.

Para entonces anhelaba realmente encontrar la fuerza suprema dentro de mi propio yo. Con todo mi ser concentré la mente en los vasos sanguíneos de todo mi cuerpo, esperando hallar esa Divinidad. Mi mente estaba tan concentrada dentro de mi cuerpo que no salía para tomar contacto ni con el cuerpo ni con el mundo exterior. No había ninguna conexión con lo externo. Estaba completa y plenamente dentro de mi cuerpo. Sentí paz. Me pregunté por qué había permitido antes que mi mente se fuese a correr afuera de mi Yo, pues seguramente todas las respuestas que buscaba estaban allí mismo dentro del Yo. No había necesidad de ir a ninguna otra parte.

De repente, inesperadamente, como una explosión interna, fui sobrecogido por intensas y abrumadoras sensaciones. Sentí que llegaba y entonces, de súbito, todo fue evidente. Estaba concentrándome tan profundamente dentro de mí y entonces… pude verlo. Pude experimentar la verdad dentro de mí. Estando inmerso en la verdad pude ver que había tomado un nacimiento bienaventurado y que tal nacimiento era muy, muy inusual. ¡Comprendí que es inusual; inusual nacer como ser humano! ¡Aún más inusual es alguien como yo que conoce y siente el espíritu supremo! Supe que mi vida no podría jamás volver a ser la misma.

Establecí cada parte de mí en el gozo y la dicha tremendos de la verdadera realidad. Fui consciente de cada parte de mi cuerpo en una realidad diferente; todo simultáneamente.

Ordené a mis ojos así: ‘Ojos, habéis visto todas las imágenes del mundo externo, ahora mirad solamente el espíritu supremo interno. No dejéis nunca de ver la vista más grande que puede verse, la brillante luz divina de la verdad. Todo lo que habéis visto antes en el mundo ilusorio; eso es todo falso. Debéis ver sólo este tattvam. Éste es el nombre en mi idioma, tamil, para la última realidad, lo absoluto, la verdad en el sentido más elevado. ¡Mis ojos estuvieron de acuerdo conmigo! Ellos reflexionaron que mirando afuera podían experimentar solamente bellos paisajes o flores encantadoras. Además, si se les presentaba una vista fea, sentían repulsión. Ahora verían siempre la amorosa luz interior y el afuera llegaría a ser irrelevante.

A mis oídos les ordené así: ‘Oídos, ¡escuchad! ¿Por qué oís charlas innecesarias, chismorreo y los banales sonidos de este mundo? Con vuestras actividades estáis echando a perder mi mente pura. Oídos, de ahora en adelante nunca escuchéis tales cosas‘. Mis oídos aceptaron y pensaron que el sentimiento que lograban escuchando canciones devocionales o satsang espiritual no podría jamás compararse con oír chismorreo, conversaciones vanas y los sonidos cotidianos del mundo. Les ordené que para permanecer siempre cerca de Dios, debían oír sólo cosas buenas y dejar que la mente permanezca en paz. ¡Mis oídos estuvieron plenamente de acuerdo conmigo!

Luego tuve una plática con mi nariz. Le pregunté por qué le agradaba solamente oler flores fragantes y por qué le disgustaban las cosas malolientes. Respondió que sólo obtenía sentimientos dichosos de los perfumes ricos. Le ordené: ‘¡Nariz! Desde ahora no hagas distinción entre una fragancia y una pestilencia. No hagas tales diferencias. Piensa que todo en este mundo es dulce al olfato y nunca te perturbarás. Recuerda siempre que dentro de este cuerpo está la luz de lo Divino que es por siempre sutilmente fragante. Esa fragancia sagrada está dentro de todos los seres. Es la Divinidad misma, impregnando toda vida. Entonces nunca volverás a sentir repulsión‘.

Finalmente, aconsejé a mi boca: ‘Boca, después de haber experimentado la Divinidad, no tienes derecho a decir simplemente lo que te place. Si quieres hablar o cantar, hazlo únicamente acerca de cuestiones concernientes a lo Divino. Muchas cosas pueden entrar en la mente, pero tú tienes permiso para hablar sólo positivamente. Tu compañera, la lengua, debe hablar siempre bien. Debes permitir que los buenos pensamientos generen palabras correctas y amables. De la mente con principios ¡sólo un hablar justo, puro y noble debe llegar a ti, boca!‘.

La boca coincidió conmigo, pero hizo una petición: ‘A veces, sin pensarlo y más allá de mi control, me salen palabras feas e hirientes. ¿Puedes ayudarme?’. Le dije a la boca que lo que hay en la mente es lo que sale en palabras, pero ahora que la mente se ha iluminado, la boca reflejaría sólo la iluminación de la mente. Mi boca desde entonces diría únicamente lo que es útil a los demás para su sendero espiritual.

Ahora la gran gracia de Dios fluyó a través de mí como una lluvia refrescante después de una sequía. Tal era su magnitud que sentí que podía esparcir esta refrescante bienaventuranza por todo el mundo. Verdaderamente comprendí que este nacimiento es muy inusual y que debemos hacer lo mejor de nuestra parte para experimentar las lluvias de dicha que Dios está dispuesto a dar. Vi todo mi pasado, mi presente y mi futuro. Una vida espiritual es un don excelso y maravilloso. Creedme, no es fácil en absoluto lograrlo. Es el resultado del mérito de muchos nacimientos previos.

¡Apegad vuestra mente a lo Divino de cualquier modo que podáis! Si deseáis, puedo ayudaros. Nací para ayudar a las almas que están tratando genuinamente de seguir el sendero espiritual. La decisión es vuestra”.

La India como destino espiritual

Publicado en

En plena época de vacaciones europeas, he pensado en publicar un artículo ‘turístico’ que originariamente escribí para la página web de Inspirulina. Quizás el tiempo ya es demasiado justo para aprovechar la recomendación en este verano boreal 2012, aunque no hay de qué preocuparse: la India como destino, a diferencia de otros países y parajes, nunca pasa de moda.

En el año 2003, viajé por primera vez a la India durante tres meses, luego de haber escuchado y leído muchísimo sobre la que para muchos es considerada una tierra santa. Desde entonces he viajado en otras cinco oportunidades a ese inmenso país y he podido formarme una idea propia, basada en la experiencia, acerca de todos los estereotipos que lo rodean.

Sin duda, la India es una tierra única y, también, una tierra de contrastes, donde se conjugan por igual lo sagrado y lo profano; lo más sórdido y lo más sublime de la naturaleza humana y, por qué no, Divina.

A la pobreza insultante de la India se contrapone la sonrisa sincera de sus niños; los mercaderes deshonestos se ven contrastados con la hospitalidad inigualable de sus habitantes; a su infinito caos vehicular se opone la fe omnipresente en una fuerza superior… Es decir, dos caras de una misma moneda, de las cuales la cara espiritual es más valiosa que la material.

Incluso sin tener en cuenta el componente espiritual, turísticamente hablando, la India merece ser visitada como uno de los destinos más originales del mundo. Por su cultura, sus paisajes, sus religiones, su cocina, su historia. Es el séptimo país más extenso del mundo y como tal tiene todo tipo de climas, geografías y orografías. Como uno de los nuevos países emergentes a nivel económico, sus grandes urbes presentan rascacielos y centros de alta tecnología típicos del capitalismo occidental, que son la nueva versión de una sociedad tradicionalmente agrícola.

Puntos turísticos

La zona más visitada por turistas extranjeros es, sin duda, Rajastán, en el noroeste del país. Se trata de un estado con aires desérticos y muchas reminiscencias musulmanas. Con esto quiero decir que sus tierras son algo áridas por su cercanía con el desierto de Thar y su arquitectura, principalmente, está influida (al igual que gran parte del norte de la India) por el arte islámico y los años de dominio musulmán. El atractivo de esta zona se debe a sus grandes y hermosos palacios, otrora patrimonio de maharajas.

Rajastán está muy preparado para el turismo clásico (es decir, no muy aventurero) y, por tanto, es muy visitado. De hecho, es una buena puerta de entrada a la India porque, debido a esta infraestructura turística, no es tan chocante como otros sitios. En todo caso, no importa cuántos escudos nos pongamos, el primer encuentro con la India siempre será chocante.

En la misma línea se encuentra Agra, la ciudad del Taj Mahal, que es súper-turística, aunque para mí valió la pena con tal de ver el magnífico mausoleo. No todos opinan lo mismo.

New Delhi tiene algunos grandes monumentos de la época musulmán, pero para mí gusto sus virtudes son superadas por el caos y la contaminación de la ciudad. No es ideal comenzar allí si uno es sensible al choque cultural.

Hablando de choques culturales, la ciudad santa de Varanasi es obligatoria para visitar desde mi punto de vista, aunque queda algo a contramano de la ruta clásica, pues hay que ir hacia el este (de paso se puede llegar hasta Calcuta). De todos modos, en Varanasi se resume la India en sus aspectos más sublimes y más sórdidos. Nadie queda indiferente a la ciudad sacra, lo cual no quiere decir que todos la amen. Si el viajero tiene poco tiempo, es el lugar idóneo para hacer un intensivo de la India.

Otro destino popular es la zona costera de Goa, en el suroeste, junto al Mar Arábigo. Esta antigua colonia portuguesa, reducto hippie de los ’60 y ’70, es de los más ‘occidental’ que se puede encontrar en la India y es famosa por sus fiestas de música electrónica en la playa, como así también por sus spas. No recomendable para buscadores de la India milenaria y espiritual.

Tierra santa

Si, en general, la India es muy atractiva y considerada uno de los destinos turísticos más recomendados del mundo, yo diría que teniendo en cuenta el aspecto de la búsqueda espiritual es el mejor destino. Porque más allá de todas las etiquetas que se pegan a la India (exótica, idílica, mística, colorida, subdesarrollada, sucia, pobre…), su verdadero tesoro es espiritual.

La razón por la cual la India es considerada una tierra sagrada es que, desde tiempos inmemoriales y aún hoy, su suelo es pisado a diario por santos vivientes. No me refiero sólo a personas sabias o monjes errantes o curanderos, sino a personas que tienen experiencia directa de Dios, la Divinidad o el nombre que uno prefiera darle a esa realidad transcendental.

La pregunta más normal que sigue a esta información es “¿Cómo se determina que estas personas son santas?” Pues, más allá de que por la tradición y la historia de la India hay una predisposición natural a aceptar la santidad (es decir, la posibilidad de santidad en todas las personas), lo que determina esta cualidad es la vida y obra de dichas personas. O sea, no hay un ente externo u oficial que lo legitima, sino que el ejemplo mismo de la vida de esas personas (que, a veces, incluye hechos milagrosos) es la prueba.

Estas personas santas tienen generalmente el envoltorio del hinduismo, porque han nacido en el marco de esa religión, pero sus enseñanzas son universales (como, por otra parte, las de cualquier religión verdadera).

Es por esta razón que ir a la India es una experiencia espiritual única, ya que además de la tierra santa y de la atmósfera espiritual que uno puede percibir en general, uno puede encontrar personalmente a seres santos, algunos de los cuales han sido citados con frecuencia en este blog.

Puntos espirituales

Yo tengo una cierta preferencia por el sur de la India antes de por el norte, pues es más tranquilo y, algunos dicen, más auténtico. Además, en el sur hay varios puntos espirituales de interés como el pueblo de Tiruvannamalai, con la montaña sagrada Arunachala, morada del dios Shiva. Allí mismo se encuentra el samadhi (tumba) del famoso santo Ramana Maharshi. Además, aún en su cuerpo físico se puede ver a Sri Shiva Shakti Ammaiyar, la santa silenciosa.

En la costa oriental se encuentra Pondicherry, antigua colonia francesa, de interés espiritual por el samadhi de Sri Aurobindo. Las tumbas de personas santas son consideradas grandes puntos espirituales.

En la costa occidental, ya en el estado de Kerala, se puede visitar Amritapuri, el ashram donde vive (cuando no está en gira por el mundo) Amma, la santa de los abrazos.

Por supuesto, también se puede visitar el Sri Premananda Ashram, con el reciente samadhi de Swami Premananda y su nuevo templo a Shiva.

Mi preferencia por el sur no quita que al norte de la India haya incluso más santos y lugares conocidos. Rishikesh es un famoso centro de peregrinación, con el río Ganges a su orilla, donde hay gran oferta espiritual. El secreto está en saber elegir bien en este supermercado espiritual que, como me pasó a mí, puede resultar demasiado ‘superficial’. En todo caso, tener cerca al río Ganges cuando recién baja de la montaña y aún no está tan contaminado, es una delicia.

Conclusión

Es bueno aclarar que, si bien la India es una tierra de espiritualidad, no por pisar su suelo uno siente automáticamente la energía cósmica subiéndole por la espina dorsal y despertándole los chakras. Es decir, no por apoyar el pie en un caótico aeropuerto de la India uno se sentirá iluminado; quizás al contrario.

La búsqueda espiritual es justamente eso, una exploración, no siempre placentera, que requiere esfuerzo, dedicación y entusiasmo. Es verdad que este viaje hacia la felicidad espiritual no tiene porqué ser hecho en un país asiático, ya que el único destino obligatorio se encuentra dentro de nosotros mismos, donde podemos llegar sin comprar ningún billete de avión.

De todos modos, en la constante pesquisa por ayudas para nuestro camino, yo creo que visitar la India con intención espiritual (aunque uno también haga turismo) vale la pena, ya que puede ser una gran herramienta de cambio en nuestras vidas.

Si quieres escuchar mi podcast (es decir, mi grabación de audio) para Inspirulina Radio sobre este tema, haz clic aquí.

——————————————————————————————————————————————————————

Si te gusta este blog, es muy probable que te guste el libro Diario de viaje espiritual de un hijo de vecino que resume mis seis viajes a la India, mi búsqueda espiritual y los conocimientos básicos sobre la cultura y religión de ese gran país. Para más detalles del libro, clicar aquí. Para comprarlo en formato digital, clicar aquí.

Sathya Sai Baba abandonó su cuerpo físico

Publicado en

Hace apenas dos meses este blog tuvo un titular muy similar al de hoy, con la diferencia del sujeto. Hace algo más de dos meses, el 21 de febrero de 2011, Swami Premananda entró en Samadhi y dejó su cuerpo terrenal. Hoy, domingo 24 de abril de 2011, también Sathya Sai Baba abandonó su cuerpo físico.

Sai Baba es probablemente el maestro espiritual vivo (o mejor dicho, encarnado) más conocido del mundo. Nació en 1926 y tenía 84 años. Desde niño tuvo inclinaciones espirituales y ya en los años ’60 y ’70 era popular en Occidente.

Nació en el pequeño pueblo de Puttaparthi, en el estado de Andra Pradesh en el sur de la India, y allí vivió toda su vida, donde creó un gran ashram y numerosas acciones caritativas y sociales. Yo estuve de visita en su ashram, llamado Prashanti Nilayam (‘Morada de la Paz’), en el año 2003, durante diez días y lo cuento en un antiguo post.

Al igual que Swami Premananda, durante cada Mahashivaratri, Sai Baba realizaba el milagro del Lingodbhava, dando nacimiento a los sagrados lingams.

Diagnóstico

Como siempre, lo primero que se pregunta cuando alguien deja este mundo es ‘de qué’ y ‘cómo’. Sai Baba, al igual que Swami Premananda, son considerados avatares, personas santas, y todos sus devotos confían en que cuando abandonan su cuerpo físico lo hacen de manera consciente y voluntaria, siguiendo el plan marcado por lo Divino.

De todos modos, esta partida tiende a ser muy ‘humana’. El parte médico del director del Instituto Sai Baba de Ciencias Médicas informa: “Bhagavan Sri Sathya Sai Baba dejó su cuerpo terrenal a las 7.40am (hora india) debido a una falla cardio-respiratoria”.

En el caso de Swami Premananda, su problema principal estaba relacionado con el hígado que no funcionaba. Todos los grandes santos de la historia, al abandonar su cuerpo físico, lo han hecho de forma ‘ordinaria’, como cualquier hijo de vecino, al menos en apariencia (incluyendo al mismísimo Jesucristo).

En un discurso de 2003, hablando de su salud física que ya era precaria por ese entonces, Sai Baba dice: “Yo experimento todo este sufrimiento sólo para demostrar que uno no debe estar apegado al cuerpo. Por el contrario, uno debe desarrollar conciencia divina. No soy este cuerpo. La conciencia del cuerpo lleva al sufrimiento. Para disfrutar de la felicidad y la paz uno debe deshacerse del apego al cuerpo”.

Pascua

Si uno cree que nada sucede por casualidad, entonces mucho menos tratándose de una persona santa. Que Sathya Sai Baba, considerado para muchos un mahavatar (es decir, Dios encarnado en la Tierra en su máxima expresión), promotor de la unidad de todas las religiones (el emblema de su organización incluye los de las principales religiones del mundo) y de valores humanos universales y a la vez tan cristianos (paz, amor, verdad, rectitud, no violencia), entre en samadhi el día mismo de Pascua, no me parece casual.

Evidentemente, yo no puedo saber (ni entender) los entretelones de las acciones divinas. De todos modos, mi sensación es que la fecha del samadhi de Baba no es caprichosa. Él, que pregona el Amor como el camino principal hacia la felicidad y la paz, deja su cuerpo el día que se conmemora el triunfo de Jesucristo (otro gran – quizás el más grande – militante del Amor) sobre la muerte.

Al igual que pasó con Swami Premananda, el samadhi de un santo no me alegra, lo siento como una pérdida, pero a la vez, me gusta encontrar conexiones espirituales, que si bien pueden ser incompletas me ayudan a entender algunos aspectos y a sentir que hay una razón para todo.

Samadhi

Según la información oficial de la organización Sai, el cuerpo del santo será velado durante dos días (lunes 25 y martes 26 de abril 2011) en el Sai Kulwant Hall, también conocido como el mandir, lugar central del ashram de Baba en Puttaparthi, donde él realizaba sus discursos y sus darshan.

El miércoles 27 de abril están previstas las ceremonias funerarias, con la llegada de miles de devotos.

Cuando muere alguien, famoso o no, cercano o lejano, el mundo invariablemente sigue girando. Cuando muere una persona santa, también. La diferencia, sin embargo, es que la gran labor de beneficio espiritual masivo – paradójicamente invisible para la mayoría – que hace esa persona, pasa a un nivel más sutil (donde ya no podemos verlo con estos ojos físicos, ni oírlo con estos oídos físicos…) y en cierta forma eso es un déficit.

Seguramente desde ese nivel más sutil Sai Baba seguirá guiando a sus devotos y ojalá, desde allí, también siga guiando, con su energía, a muchas otras personas en su crecimiento espiritual, incluso sin conocerle.

Un lingam desde la ‘muerte’

Publicado en

Antes de que Swami Premananda abandonara su cuerpo, la razón principal (no sólo mía sino de todos los devotos y visitantes) para visitar la India era estar en el Sri Premananda Ashram para las celebraciones de Mahashivaratri, como cada año. Una vez que se supo la triste noticia, la prioridad de la gran noche del Señor Shiva quedó relegada por las ceremonias funerarias, al menos para mí.

Sobre esto, no fui yo el único en notar que Swami tuvo un gran timing para elegir la fecha para ‘entrar en samadhi’; es decir, si él hubiera abandonado su cuerpo en otra época del año, difícilmente cientos de devotos habrían podido arreglar de un día para otro una visita fugaz al Ashram para presenciar el funeral. En cambio, es en época de Shivaratri cuando la mayor cantidad de devotos y visitantes llegan al Ashram, justamente para presenciar el milagro del Lingodbhava. Por ende, nadie cree que sea casual la fecha elegida por Swami.

Cuando digo ‘elegida’, lo hago basándome en la creencia de que cuando una persona ‘entra en samadhi’ lo hace por propia voluntad, lo hace con conocimiento de causa, y no se trata de una muerte ‘ordinaria’. Otra cosa es que yo no sepa o entienda por qué Swami tuvo que dejar su cuerpo en este momento de su vida y no en otro. De hecho, Swami decía que todo lo que él hacía era por “voluntad de lo Divino”, y en este sentido doy por sentado que su samadhi fue una ‘decisión de Dios’ que Swami ya conocía.

El hecho que él no lo comunicara no es sorprendente, y en las vidas de los santos de todas las épocas hay muchas historias similares sobre cómo abandonan su cuerpo sin preaviso o simplemente dando pistas indirectas a sus allegados.

Samadhi de Swami Premananda

 

Mahashivaratri

En cierta forma, dentro de la tristeza, todos los presentes estábamos agradecidos con esta ‘treta’ de Swami, ya que nos había permitido asistir a las ceremonias funerarias, cosa que habría sido muy difícil en otra época, como ya he dicho.

De hecho, el año pasado (2010), la cantidad de personas que llegaron para Mahashivaratri era muy grande, pues ser testigo del nacimiento de los lingams no es un programa que pasen en televisión todos los días. Este año, sin embargo, el número de visitantes fue menor, ya que puede que muchos de ellos decidieran cancelar su viaje a último momento por las circunstancias. De todos modos había muchas personas, aunque no tengo el número oficial.

Una vez pasada la jornada del funeral (28 de febrero), el 2 de marzo comenzaron los preparativos para Mahashivaratri, que este año 2011 fue, justamente, de la noche del 2 al 3 de marzo. Las celebraciones fueron las tradicionales, aunque con variaciones. Por ejemplo, este año no se construyó un gran salón al aire libre, ni un gran escenario, ya que todas las actividades se llevaron a cabo junto al recién instalado samadhi de Swami, en el templo de Shiva.

Por otro lado, los maharudra abishekams, es decir, los rituales que cada año se hacían al gran shivalingam de piedra del Ashram, fueron realizados al nuevo shivalingam colocado sobre el samadhi de Swami, en el santuario principal del templo. Como cada año, se realizaron cuatro de estos abishekams, el primero a las 9pm del 2 de marzo, y el segundo a medianoche; a las 3am se realizó el tercer abishekam y a las 4.30am hubo un yagam, una ceremonia de fuego. El cuarto y último abishekam comenzó alrededor de las 6am, y en él fue posible que cada uno de los presentes hiciera la ofrenda personal de una flor al samadhi de Swami.

A las 8am todos los rituales tradicionales habían concluido y yo (como muchos otros) me retiré a dormir porque estaba muy cansado.

Diferencia

Si bien las actividades de la noche de Shiva eran similares a otros años, era evidente la gran diferencia: Swami no estaba físicamente vivo y presente. Que no estuviera físicamente presente podía ser considerado plausible, ya que hasta el año 2008 y desde 1995, Swami había pasado las noches de Shivaratri en la prisión. De hecho, yo mismo había celebrado Shivaratri en el Ashram en 2007 sin la presencia física de Swami, y se trató de una ocasión muy bendita.

Ahora, la gran diferencia era que no vería más a Swami en su cuerpo físico, y mucho menos manifestando lingams. Desde este punto de vista, me costaba disfrutar plenamente de la noche de Shivaratri.

De todos modos, todos los devotos participamos de las celebraciones y, como cada año, se arregló un sitio (ubicado detrás del samadhi de Swami) para la recitación del mantra ‘Om Namah Shivaya’ durante 24 horas (desde las 8am del 2 de marzo hasta las 8am del 3 de marzo). En dicha habitación se pusieron a la vista los primeros lingams manifestados por Swami durante los lingodbhava de los últimos cuarenta años. Había incluso un porta-lingam preparado para el año 2011, pero claro, estaba vacío…

Primeros lingams de cada año manifestados por Swami Premananda

 

Mensaje

A las 4.30pm del 3 de marzo yo todavía dormía en mi colchón, cuando mi hermano vino a nuestra habitación comunitaria y me despertó. Traía un mensaje: Un lingam había aparecido en el samadhi de Swami.

Mientras se estaba preparando el abishekam de la tarde al shivalingam en el samadhi de Swami, un devoto que estaba quitando las flores del último Maharudra abishekam de la noche anterior descubrió un lingam cubierto de kumkum entre las flores.

Efectivamente, como pude comprobar al levantarme e ir al templo, se trataba de un lingam rosado de un tamaño que se puede considerar grande para la medida estándar de los lingams manifestados por Swami cada año. Asimismo, todavía estaba cubierto de kumkum, el polvo rojo sagrado utilizado para rituales en la India y que Swami genera espontáneamente por su boca al dar nacimiento a los lingams. Realmente el lingam era hermoso y yo pude percibir su fuerte energía.

Todos los devotos se reunieron a contemplar el lingam recién llegado, y entonces una mataji del Ashram se encargó de darnos bendiciones con el lingam, uno por uno, a todos los presentes.

Lingam rosado "manifestado" por Swami Premananda en Mahashivaratri 2011

 

Naturalidad

Como es lógico, a alguien le pueden surgir dudas de si ese lingam no fue puesto allí por algún interesado, en lugar de haber aparecido por la gracia Divina. Como siempre, la experiencia ajena no alcanza para solventar la duda. Ni siquiera fui yo el que encontró el lingam entre las flores, y si bien yo no dudo ni un ápice del milagro, no puedo dar pruebas “científicas”.

De todos modos, en mi caso, yo ya había experimentado la aparición de lingams en el Ashram durante Mahashivaratri. En el año 2007, con Swami en la prisión, dos lingams aparecieron en su silla del Puja hall (el salón de rituales) y a todos nos alegró, como una muestra de la presencia y el poder de Swami.

Quizás por esos antecedentes, la aparición de un lingam “de la nada” me pareció lo más natural del mundo. Estábamos en Shivaratri, y no era la primera vez que veía un milagro similar, por ende lo tomé con naturalidad.

Día después

Con esta naturalidad seguí mi vida en el Ashram durante varias horas, hasta que al levantarme al día siguiente (esta vez temprano), caí en la cuenta de lo que había sucedido. Swami había hecho un milagro con mayúsculas, un milagro desde la ‘muerte’.

En muchas cartas previas, Swami había invitado a muchas personas a ir al Ashram por Mahashivaratri, prometiéndoles que “podrían ser testigos del Lingodbhava“. Aunque no de la manera esperada, su promesa se cumplió, y todos vimos el nacimiento de un nuevo lingam lleno de energía.

Por otra parte, después de una “muerte” tan inesperada y “ordinaria” (en el sentido de que en apariencia podría parecer impropia de una persona santa), en los corazones de muchos devotos había un anhelo de que Swami hiciera algo que demostrara su poder, es decir, que él todavía estaba con nosotros. Y lo hizo con un milagro, que no es poco, pero además demostrando que la “muerte” no era un obstáculo.

Acorde con las enseñanzas espirituales más antiguas y profundas, que dicen que el alma es inmortal, y que aquella persona que ha alcanzado a Dios, o ha conocido su verdadero Ser, es una con el Universo, Swami Premananda ‘puso’ un lingam sobre su samadhi, para demostrarnos la vigencia de esas palabras.

Cuando fui a contarle mi ‘revelación’ a Nuria, ella me dijo: “Claro, ¿recién ahora te das cuenta?”.

Y sí, recién entonces me había dado cuenta de lo grande del milagro, de su mensaje, y sobre todo, de que a pesar de su ausencia física, Swami seguía teniendo el poder de hacer lo que quisiera, lo cual como devoto me da protección, sosiego y fe.

El Samadhi de Swami (2da parte)

Publicado en

Mi relación con la muerte no es particularmente fluida. Ni próxima. Al menos hasta ahora. Quiero decir que, por un lado, en mis treinta y un años de vida no había sufrido una pérdida tan cercana e inesperada como esta de Swami Premananda, por lo tanto no estoy habituado a “tratar” con este fenómeno.

Sin embargo, por otra parte, y como todos sabemos, este fenómeno es una condición inherente a la vida misma. Y aún así, parece que en general uno omite esta irremediable obviedad.

En el tercer capítulo (Vana Parva) del más grande poema épico de la India, el Mahabharata, hay un famoso episodio en que Yudhishthira, hijo del Dharma, es sometido por un yaksha (una especie de espíritu de los bosques), a una larga serie de profundas preguntas sobre ética, filosofía y espiritualidad. Entre ellas, el yaksha pregunta: “¿Cuál es la cosa más maravillosa de este mundo?”

A lo que Yudhishthira responde: “Día tras día, incontables vidas entran al Templo de la Muerte. Observando este espectáculo, el resto de esas vidas, las que aquí se quedan, creen ser permanentes, inmortales. ¿Puede algo ser más maravilloso que esto?”.

Cuerpo

El domingo 27 de febrero llegamos al Sri Premananda Ashram de la India y tuvimos la oportunidad de ver el cuerpo de Swami Premananda que aún estaba siendo velado y honrado en el llamado Puja hall, es decir la sala de rituales y meditación. Si bien el ambiente allí era de paz, mi primera sensación fue que ese cuerpo dentro de la urna de cristal estaba vacío, que no era Swami.

Como cada experiencia es personal, había personas que sí notaban energía especial en ese cuerpo, lo cual tiene sentido tratándose de una persona santa. A mí me generó respeto, por supuesto, pero no una profunda devoción o tristeza. Yo no lograba ver en ese cuerpo más que un contenedor, ahora vacío.

Desde un punto de vista optimista, esta sensación puede ser considerada como un signo de maduro entendimiento de que el cuerpo es un mero envoltorio de algo inmortal y superior (conocido como alma o espíritu). Desde otra visión más psicológica, se podría intuir como un tipo de bloqueo sobre los sentimientos negativos que podía producirme la situación, o como una forma alternativa de negar la muerte física de Swami.

En esos momentos pensaba mucho en toda la cuestión, a la vez que trataba de no pensar mucho, dejando las conclusiones para más tarde.

Ceremonias

Las ceremonias funerarias tuvieron lugar al día siguiente, el 28 de febrero, y comenzaron temprano. A las 6am el cuerpo de Swami ya había sido trasladado al templo de Shiva, el nuevo templo que aún está en fases de construcción en el Ashram. El recinto, que ahora es el samadhi de Swami, es una especie de mausoleo, de base rectangular (4mt x 5mt aprox.) y con estructura de torre (de unos 8-9mt de altura aprox.) decorada con el estilo de los gopurams de los tradicionales templos del sur de la India.

Dicho recinto era originalmente el santuario principal para un Shivalingam, lo cual no cambió, aunque ahora se había excavado un pozo de 2mt de profundidad x 2mt de ancho para colocar allí el cuerpo de Swami.

Antes de ese momento, los devotos presentaron sus últimos respetos al cuerpo de Swami, a la vez que un ramo grande de flores le era ofrecido en nombre de todos los devotos del mundo.

Luego, 17 sacerdotes brahmines venidos especialmente desde el vecino estado de Kerala realizaron una serie de ceremonias preparatorias. Es bueno decir que en la India todo se hace prolongado, al menos en comparación con la concepción del tiempo occidental. Los viajes en tren o autobús son largos; los trámites son largos; las bodas son largas; y evidentemente los funerales son largos (en total, las ceremonias de la jornada se extendieron de las 6am a las 5pm).

Para empezar, antes del amanecer, algunos miembros de la familia de Swami, sanniasines (renunciantes) y devotos fueron junto con sacerdotes al sagrado río Kaveri a recoger agua; allí realizaron un ritual para luego llevar el agua consagrada en el kumbam (un tipo de vasija importante en los rituales) para la ceremonia. Una vez que dicha agua llegó al Ashram, los brahmines recitaron milenarios mantras de los Vedas durante varias horas y también cantaron antiguos cantos, conocidos como tevarams, de los santos de Tamil Nadu.

Asimismo, los sacerdotes realizaron un gran yagam, una ceremonia del fuego, en la que todos los presentes pudimos participar tocando los elementos (principalmente granos) que serían luego ofrecidos al fuego.

El simbolismo de cada paso fue explicado, pero digamos que el significado principal de todos estos rituales preparatorios es que el alma de Swami ahora se unía definitivamente con Paramatma (“el alma suprema”), que según una versión del Hinduismo también puede ser identificado como Vishnu.

Entierro

Después de varias horas de ceremonias llegó el momento más emotivo, cuando el cuerpo de Swami fue colocado dentro del santuario según la antigua tradición. Alguna vez he hablado de cómo en la India la muerte (merced a, entre otras cosas, la creencia en la reencarnación) es vista con menos fatalismo que en Occidente. En cierta forma, en la India, la muerte es menos tabú que en Occidente.

Por eso mismo, quizás, el féretro donde estaba el cuerpo de Swami era de cristal, y se lo podía ver sin problemas. De la misma forma, a la hora de colocar el cuerpo en el santuario, un grupo de jóvenes indios residentes del Ashram (bajo la indicación de los brahmines) se encargaron de alzarlo (ya sin la urna) e instalarlo en el samadhi. Para nosotros, occidentales, ver que un cuerpo muerto es tocado, levantado y movido sin ningún pudor, sino con toda solemnidad y devoción, es un hecho extraño, seguramente generador de sensaciones múltiples.

Incluso sintiendo que se trataba “sólo de un cuerpo”, en mi caso personal, ese fue el momento más emotivo de toda la jornada de ceremonia. Lo cual quizás es lógico, pues al parecer es común que cuando se coloca el féretro del ser querido en la correspondiente tumba o nicho, uno toma renovada consciencia de la pérdida, y evidentemente se emociona. Sea como sea, la imagen del cuerpo de Swami, cubierto en una túnica amarilla, elevado por sus devotos rumbo al santuario, quedará en mi memoria.

El cuerpo de Swami fue instalado en el samadhi, dos metros por debajo la superficie del altar, sobre una plataforma de sándalo cubierta de hierbas sagradas. Los sacerdotes le pusieron guirnaldas de la planta tulasi (conocida como “albahaca sagrada”), hojas del árbol de bilva (considerado sagrado para el Señor Shiva) y collares de semillas del árbol de rudraksha. Luego se vertió amorosamente sobre su cuerpo vibhuti (ceniza sagrada), polvo de sándalo y cristales de sal.

Una vez que fue cubierto por éstos, se puso sobre el cuerpo de Swami tierra del Ashram y encima se colocó una losa de piedra especial.

Samadhi de Swami Premananda después de las ceremonias funerarias

Shivalingam

Antes de abandonar su cuerpo, Swami había dado instrucciones acerca del tipo y el tamaño del shivalingam que debía instalarse en el templo de Shiva. Se trataba de un shivalingam de piedra, de unos 1,20mt de alto y muy pesado. Dicho lingam también fue traído al templo y se realizaron las ceremonias adecuadas para su instalación.

Con el cuerpo de Swami ya colocado en el samadhi, la base del shivalingam fue instalada sobre la losa de piedra, al tiempo que los devotos recitábamos el conocido y poderoso mantraOm Namah Shivaya”. Asimismo, se pusieron algunos objetos religiosos pertenecientes a Swami en la base. Entonces, el lingam propiamente dicho se colocó sobre estos objetos. Inmediatamente, alrededor de la base y del lingam se untó una pasta ayurvédica de color naranja, hecha de hierbas y otras substancias, sellando así ambas partes entre sí.

Entonces, los sacerdotes hicieron el primer abishekam al gran shivalingam y los kumbams resultantes del anterior yagam fueron vertidos sobre el lingam. Acto seguido se mostró al nuevo samadhi un arati (una lámpara de luz o fuego) muy especial, ya que tenía unas 54 llamas (lo normal son 5 o 7 por ejemplo). A partir de ese día, y durante 48 días (hasta el 16 de abril), se comenzaron a llevar a cabo dos abishekams diarios al shivalingam del samadhi de Swami como parte de los rituales funerarios.

Shivalingam instalado sobre el Samadhi de Swami

Presencia

Como comenté la semana pasada, Swami había dicho en repetidas ocasiones que cuando él dejase su cuerpo físico, una poderosa energía espiritual se irradiaría desde su samadhi durante 2500 años. Yo no había pensado demasiado en ese tema, pues me parecía algo lejano (no sólo los 2500 años, sino la “muerte” de Swami). Visto en retrospectiva, ahora se entiende por qué durante el último año, Swami le dio tanta importancia a la finalización del templo de Shiva en el Ashram.

Asimismo, Swami había dicho que durante estos 2500 años todo lo que pidiéramos a su samadhi sería respondido (ya sean preguntas o pedidos). De ahí que el nombre del templo de Shiva (según anunció Swami en diciembre) será Kurai Teerkum Shiva, que en lengua tamil significa “Shiva que resuelve todos los problemas”.

Torre del Samadhi decorada al estilo de los templos del sur de la India

Ahora, casi un mes después de las ceremonias funerarias, sigo analizando los hechos en general, y sin duda me queda mucho por comprender. De todos modos, hay un detalle respecto al samadhi que tuve en cuenta ya desde mi estancia en el Ashram y que me interesa destacar: Una vez que el cuerpo de Swami fue instalado en el samadhi, y todas las ceremonias fueron realizadas, mi percepción interior fue que ese templo, ese santuario, tenía mucha energía espiritual.

Es decir, el santuario que contenía el cuerpo de Swami, ese mismo cuerpo que antes me había parecido vacío, ahora me transmitía gran vibración espiritual y me parecía poderoso, tal como había predicho Swami.

Este cambio, algunos lo atribuirán a las complejas ceremonias de consagración hechas por los sacerdotes; otros, a un efecto psicológico producido por el hecho de ya no ver el cuerpo muerto; otros, a la focalización de la mente en la “energía” de Swami, ya que su cuerpo ya no estaba… Seguramente hay muchas opciones para discutir y todavía no tengo la respuesta definitiva.

Lo único cierto es que ese cuerpo “vacío” ahora me parecía dotar de santidad ese samadhi, y aunque yo crea (y muchos más) que la presencia de Swami y su energía está en “todos lados” (incluyendo en mi corazón), no me parece nada mal tener un sitio material al cual dirigir la atención, sobre todo estando en el Ashram. De hecho, me hace ilusión pensar que podré visitar el samadhi de Swami cada vez que vuelva de visita al Ashram.

Seguramente, cada una de las personas que estuvo en esas fechas en el Ashram tendrá sus propias impresiones. Las arriba descriptas son las mías, vistas todavía de bastante cerca, y no son únicas ni definitivas. Aún estoy en proceso de asimilación y esta crónica, además de informar, sirve (como tantas otras) para sacar a la luz pensamientos-sentimientos internos y sopesarlos mejor. En eso estamos.

Imágenes:

bhagavananandamurti.wordpress.com

absolut-india.com

Nuria Parera

A %d blogueros les gusta esto: