¿Qué es la filosofía del yoga y qué la caracteriza? En este artículo lo analizamos en relación con el tema de las preguntas y respuestas de la vida.
Se ha dicho que la filosofía no es otra cosa que tratar de responder a las preguntas importantes de la existencia. Si hablamos de filosofía del yoga es relevante agregar que la práctica, que tanto valora la tradición índica, también incluye la filosofía, pues van mano a mano. Como dice el prestigioso indólogo Òscar Pujol, autor del primer y único diccionario sánscrito-español:
«En la India antigua la filosofía se entiende a menudo como una respuesta al reto del dolor y la superación de todo sufrimiento… Podríamos incluso afirmar que, desde el punto de vista indio, si no existiera el dolor seguramente no existiría la filosofía»[i].
La filosofía como mera especulación intelectual no tiene cabida en la tradición yóguica. La filosofía es aplicada a la vida o, de lo contrario, se deja de lado. Entonces, si más que respuestas cerradas buscamos un faro que marque la dirección correcta, se podría decir que las grandes preguntas son más bien pocas. Los más radicales, de hecho, hablan de una única pregunta: ¿Quién soy?
Con dos palabras metemos en la bolsa todas las cuestiones, desde la alta metafísica a la profunda psicología, pasando por la duda existencial, la teoría de la evolución y esa siempre mejorable foto del DNI.
Quizás suene a poco y alguien sostenga legítimamente que hay cuestiones más trascendentales como ¿De dónde venimos? ¿Existe Dios? o ¿Qué pasa después de la muerte? Son preguntas grandiosas, claro, pero la filosofía yóguica sostiene que incluso si uno pudiera conocer la naturaleza de Dios todavía estaría insatisfecho si no logra saber cabalmente quién soy yo en esencia.
Conocer fehacientemente cada detalle astronómico del Big Bang, confirmar si existe el Cielo o el Infierno o saber el número ganador de la lotería pueden aliviarme, esperanzarme o darme un solaz temporal pero nunca me darán felicidad duradera y libertad verdadera, la gran promesa del yoga con mayúsculas.
Como es de esperar, la gran pregunta quién soy no puede ser respondida satisfactoriamente desde la mente intelectual, ni siquiera con la más aguda inteligencia. Esta limitación del análisis racional se ve ilustrada en un célebre debate filosófico de las antiguas upanishads en que Gargui, una sabia, plantea al famoso sabio Yajnavalkya los interrogantes más sutiles acerca de cómo se sostiene el tejido de este mundo. Después de varias preguntas, Gargui que, además de sabia, era tejedora, inquiere:
«¿Dónde se sostienen entretejidas la trama y urdimbre de los mundos del Creador?»
Yajnavalkya la corta en seco y afirma:
«Gargui, no preguntes de más si quieres conservar la cabeza. Estás haciendo demasiadas preguntas sobre lo divino, algo sobre lo que no es prudente inquirir»[ii].
Más adelante en el mismo texto, comparece otro filósofo en el certamen dialéctico y bombardea a Yajnavalkya con punzantes interpelaciones hasta indagar en “cuál es el vínculo oculto que, si bien separa y une todas las cosas, las trasciende absolutamente”. Tal como el sabio había advertido, le estalla literalmente la cabeza.
La moraleja es que el análisis intelectual puede ayudar hasta una frontera, a partir de la cual los interrogantes se convierten en dolores de cabeza. Por ello, se nos dice, la única respuesta infalible requiere interiorización, silencio, intuición y una buena dosis de gracia.
Hasta entonces, de la pregunta filosófica esencial (¿quién soy?), pendiente de respuesta para la mayoría de los seres, se derivan preguntas secundarias igualmente importantes para la vida cotidiana: ¿cómo descubrir quién soy? ¿qué pasos tengo que seguir? ¿qué rol cumplo en esta vida?
La gran duda existencial que todos tenemos es qué vinimos a hacer aquí y, a nivel práctico, lo que nos hace vacilar cada día es qué tengo que hacer. ¿Estudiar o trabajar? ¿Cambiar o asegurar? ¿En solitario o en compañía? ¿Hablar o callar? ¿Ser o no ser?
Cuando hablamos de yoga en sentido amplio (es decir, como camino espiritual), el método, la enseñanza o el maestro son componentes fundamentales del viaje, las señales en el camino para saber cómo tenemos que vivir, aunque a fin de cuentas no puedan proporcionarnos la respuesta última que solo puede surgir del interior de cada ser. Por ello, las verdaderas preguntas no son cuándo se hizo la primera postura de yoga, quién escribió el Yoga Sutra o cómo llegaron los chakras a Occidente.
Para empezar nuestro camino, entonces, no es tan importante (ni plausible) responder las preguntas esenciales, pero sí que nos hagamos las preguntas adecuadas.
[i] Pujol, O. Yogasūtra, los aforismos del Yoga. Ed. Kairós.
[ii] Bṛhadāraṇyaka Upaniṣad, 3.6.1 en traducción de Ilárraz/Pujol y Arnau…
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