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La duda como obstáculo espiritual

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Uno de los grandes motivos por los que la práctica de āsana o yoga físico es tan popular actualmente es porque aporta progresos evidentes y rápidos a nivel de flexibilidad y fuerza física. Por tanto, con pocos meses de práctica regular (quizás dos veces por semana) la mayoría de personas en general nota una gran “evolución”, al menos desde el punto de vista de realizar las posturas en su forma externa. Sin hablar de otros beneficios como verse más relajado, aliviar dolores de espalda o sentirse mejor con uno mismo por dedicar tiempo y esfuerzo a estar sano. Al obtener una prueba tangible de los beneficios de la práctica, uno la mantiene con entusiasmo e incluso la incrementa.

Hasta aquí muy bien, pero ¿qué pasa cuando – al menos en apariencia – ese progreso se estanca? Sobre todo en prácticas con resultados menos inmediatos como la meditación, la aplicación de yamas y niyamas, la oración, la auto-indagación… O yendo más allá, ¿qué pasa cuando mi cosmovisión y mi estilo de vida que incluyen, entre otras cosas, la actitud positiva, el ver lo divino en todos los seres, andar en bicicleta, comer ecológico o la aceptación de la ley del karma, no parecen darme beneficios?

De esta encrucijada pueden salir muchos caminos, pero hoy solo quiero centrarme en uno: el de la duda. La duda sobre el camino elegido y quizás recorrido ya por varios años; o también la indecisión sobre la eficacia de ese camino que me impide entregarme a él plenamente.

En el Yogasūtra, Patañjali deja claro que hay nueve obstáculos o impedimentos (antarāya) para el aquietamiento de la mente y el tercero de ellos es justamente saṁśaya (samshaya), la duda. El antiguo comentario de Vyāsa a los sūtras dice que la duda es “un pensamiento que oscila entre dos extremos, por ejemplo: ‘esto podría ser así, o podría no ser así’”. A pesar de lo simple de la definición, uno sabe por experiencia propia que esta sensación de indecisión mental puede ser insoportable, una “gran tortura”, como dice Swami Sivananda.

No casualmente, en la Bhagavad Gītā (IV.40) el Señor Kṛṣṇa (Krishna) también habla de la duda y en términos muy taxativos. En la traducción de Swami Sivananda:

 “El ignorante, el que carece de fe, el que duda, camina hacia su destrucción. Para el que duda no hay felicidad ni este mundo ni en el otro”.

El śloka habla por sí solo, aunque para contextualizar se puede agregar que la duda específica sobre la que se está hablando es sobre la verdadera naturaleza de este mundo y cómo actuar en él. El antídoto contra la duda, dice la Gītā, que es también el antídoto contra todo sufrimiento, es el conocimiento. El conocimiento experiencial de la Realidad, por supuesto, pero mientras tanto también sirve el conocimiento intelectual de las enseñanzas espirituales.

Cuando uno escucha una enseñanza genuina, y está preparado, entonces la recibe con aceptación y naturalidad. Otras veces tiene que rumiarla poco a poco hasta hacerla propia. En ambos casos, y aunque creamos tenerlo todo muy claro, “dominados por nuestras inclinaciones” la duda puede volver. Ante esto, hay un primer método para juzgar con el intelecto la validez de una enseñanza, que se resumen en unas palabras del santo bengalí Narottama Dāsa Thākura:

“sādhu śāstra guru vākya, cittete kariyā aikya”.

Es decir:

“Uno debe aceptar algo como genuino después de estudiar las palabras de los sādhus, las Escrituras y el guru”.

Por ende, cualquier enseñanza válida debería verse corroboradas por las Escrituras sagradas, por las palabras de otras personas santas y por el ejemplo de vida del maestro particular que imparte dicha enseñanza.

Como es de esperar, hay ocasiones en que la duda abarca las Escrituras, los santos, los maestros y toda la tradición espiritual, por lo que el método arriba citado no es suficiente. ¿Cómo puede uno entonces obtener o recuperar la fe y la convicción interior? Como ya vimos, la forma más directa es experimentando por uno mismo la verdad de la enseñanza a través de sus frutos, pero cuando no vemos frutos nos decaemos y dudamos… o sea un círculo vicioso.

Siguiendo la lista de Patañjali, lo que genera la duda es la apatía mental (styāna), que B.K.S Iyengar traduce también como falta de interés. El yogui Sri Dharma Mittra dice que es muy importante desarrollar gran entusiasmo por la vida y que para ello la práctica es fundamental. Dharmaji dice que “descuidar la práctica hace que uno se sienta deprimido”. Por tanto, es importante seguir practicando aún cuando no haya resultados ni ganas, porque el abandono de la práctica trae peores resultados. De ahí que se diga que la duda lleva a la “destrucción”.

Si uno tiene un maestro espiritual, entonces es más fácil porque solo tiene que hacer lo que el maestro le dice, basado en la confianza. Si uno no tiene maestro (o lo tiene pero duda de él, lo cual también es posible y, claro, muy terrible para la paz mental) entonces tiene que mirar dentro de uno mismo con honestidad y atención. El cantante de kīrtan Krishna Das dice:

“La cosa más importante que puedes aprender es a confiar en ti mismo. Parte de practicar estar atento es escucharte a ti mismo y tratar de estar en armonía con lo sientes que es correcto. Puede que no sea la forma más fácil, pero si sientes que es correcto, entonces estás en el camino correcto”.

Sobre esto, Swami Premananda es muy claro cuando dice:

“Tener fe en ti mismo es el primer requisito para la evolución espiritual. Primero elimina toda duda sobre ti mismo. Rehúsate a ser vencido. Sé audaz, valeroso y fuerte… Aférrate con fuerza a los pies de loto del Señor, dondequiera que estés y hazlo con determinación. Alcanzarás tu meta espiritual”.

Siguiendo en esta línea, en un antiguo documental le preguntan a Swami Premananda “¿cómo encontrar el camino para el auto-conocimiento y la liberación?” y él dice:

“Para buscar esa libertad, para buscar esa verdad dentro de tu mente, inicialmente, lo que necesitas dentro tuyo es auto-confianza, creer en ti. Si no tienes fe en ti mismo, no puedes buscar la verdad, no puedes encontrar la verdad”.

Y ante el difundido miedo de ser engañados por gurús inescrupulosos, Swamiji da una respuesta muy poco “victimista”:

“Puede que vayas por el camino equivocado porque cuando te falta auto-confianza hay una gran posibilidad de tomar el camino errado. Si tienes auto-confianza no irás por el camino equivocado y serás capaz de encontrar verdad en esa otra persona y descubrir verdad en ella”.

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Finalmente, unas inspiradoras palabras de Swamiji para cuando nos asaltan las dudas:

“Algunos tienen mucho miedo de iniciar la marcha en el sendero. También hay otros que se sienten vencidos y abandonan el sendero si encuentran demasiadas dificultades. Si sigues adelante sin importar lo que suceda ni que pruebas se presenten, superando los problemas y los obstáculos en virtud  de tu fe y sinceridad, entonces lo Divino derramará su gracia sobre ti para darte aliento cuando te sientas desanimado. Esencialmente, primero necesitas tener fe en ti mismo y fe en lo Divino. Recuerda que tu meta es muy grande. Es la felicidad eterna. El gozo sin límites puede ser tuyo, te lo prometo”.

Ante tal perspectiva uno recobra el entusiasmo, el interés, y por tanto de alguna forma incrementa su práctica, su esfuerzo, su anhelo y sigue adelante…

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Guru Pūrṇimā 2015 y la confianza

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Si se asoman por sus ventanas, verán que la Luna de julio se está llenando y, por tanto, otra vez llega ese momento de júbilo para los devotos y discípulos espirituales de todo el mundo: Guru Pūrṇimā (Guru Púrnima), el día en que se honra al preceptor espiritual. Los que tienen un guru celebran con agradecimiento este día porque han experimentado que tener un maestro es una gran fortuna y un acelerador para el propio camino. Los que (aún) no tienen un guru, también lo celebran porque de alguna forma se nutren de las enseñanzas de los maestros y han entendido (o vislumbrado) que sin un guía el camino es imposible (y en caso de ser posible, es mucho más largo y doloroso).

La ancestral relación guru-śiṣya (maestro-discípulo) es una relación difícil de explicar y de entender para quien no la ha vivenciado, pues el maestro genuino se convierte en padre, madre y amigo, a la vez que supera esos conceptos y se convierte en la relación más importante y duradera de todas, ya que es vital en el (re)conocimiento de nuestra propia esencia divina y además puede mantenerse durante diferentes vidas (si uno acepta la existencia de la reencarnación).

Sea cual sea la historia particular de cada caso, lo cierto es que no puede haber relación maestro-discípulo sin confianza. En sánscrito hay una palabra para definir esta cualidad y es śraddhā (shraddhá), que según el contexto también puede traducirse como “fe”. El año pasado, por estas fechas, escribí un post sobre la importancia de obedecer al guru y en él hablé de la importancia de “tener fe inquebrantable en las palabras del guru”.

Un gran ejemplo de esa entrega al guru es Sri Dharma Mittra que, deseaba tanto tener uno, que a los 25 años vendió todo lo que tenía y dejó su Brasil natal con un billete solo de ida a New York, porque recibió una carta de su hermano diciendo que allí había encontrado un maestro (llamado Swami Kailashananda Saraswati). Dharma Mittra hizo servicio desinteresado por dos años hasta que el maestro aceptó iniciarlo y entonces se incorporó al ashram de Manhattan donde estuvo, en total, diez años sirviendo, para luego empezar a enseñar por su cuenta. En esos diez años se explica que Dharma alcanzó el auto-conocimiento siguiendo al pie de la letra lo que decía su maestro.

Y, para ello, uno de los secretos, según él mismo cuenta, es obedecer e imitar en todo al guru, tanto física, mental como espiritualmente. En sus años de renunciante Dharma le admitió a su guru que le imitaba en todo y éste le dijo: “That’s it! This is the trick!” (“¡Eso es! ¡Ese es el truco!”).

Como una de las tantas muestras de esa confianza total de Dharmaji hacia su guru, alcanza con contar una anécdota del curso de formación de profesores de yoga al que tuve la suerte de asistir en el Dharma Yoga Center en 2014.

En una sesión de preguntas, un estudiante preguntó: “¿Por qué al hacer japa (recitación) con una mālā (rosario hindú) no se debe usar el dedo índice para tocar las cuentas?”. A lo que Dharma contestó: “No lo sé, así me lo enseñó mi maestro”.

Obviamente que él lo sabe, porque hasta yo lo sé y porque lleva más de 50 años en el mundo del yoga e incluso en el mismo manual del curso de formación, y que él ha supervisado, se explican esos datos, pero el camino que enseña Dharma no es el del conocimiento intelectual sino el de la entrega, la fe y la confianza en el maestro para obtener la experiencia directa y personal.

Probablemente, cuando Dharmaji aprendió de su maestro a utilizar una mālā no sabía porque no se usaba el índice, pero eso no le detuvo para seguir sin dudas su enseñanza. Obedecer al guru cultiva la humildad del estudiante, y qué mayor muestra de humildad y respeto al propio maestro que un yogui legendario diga todavía “no lo sé”.

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Sri Dharma Mittra en dedicación plena (Foto: Fabio Filippi)

Siguiendo con Sri Dharma y la confianza, doy otro ejemplo que me toca de cerca: hay mantras que canta Dharmaji en los que yo, como estudiante de sánscrito, puedo ver “errores” de pronunciación. Es terrible para un estudiante ver errores en su maestro porque eso puede minar la confianza. En realidad, Dharma canta los mantras de la misma forma como los aprendió de su maestro, de forma puramente oral (lo cual podría explicar irregularidades de pronunciación), y además él nunca se preocupó por la correcta escritura del mantra o por juzgar si estaban bien o mal. Yo, en cambio, con mente académica, me puse a analizar si la pronunciación era correcta o no y durante nueves días de curso no pude cantar ni un mantra sin juzgarlo.

Entonces me di cuenta de que me estaba perdiendo una experiencia más profunda, porque la mente se queda enredada en el mero análisis intelectual. El último día del curso practiqué la entrega y repetí tal cual, sin pensar, los mantras dichos por el maestro, intentando imitar el sonido y no juzgar. El resultado fue paz mental.

Esta anécdota no es nada comparada con el hecho de que mi maestro, Swami Premananda, haya sido condenado a prisión, en 1994, por violación y homicidio. Mantener la confianza en el guru sabiendo eso es una buena prueba, lo puedo asegurar (para los interesados, la info y detalles sobre el “caso legal” de Premananda pueden leerse aquí).

Sri Swami Premananda

Hablando de Swami, en las celebraciones de Guru Pūrṇimā 2005 dio unos consejos que me gustaron mucho y que me parecen válidos también este año. Dijo Swami:

“Guru Púrnima es un día para recordar a los santos, los sabios espirituales, los avatares y los maestros espirituales que nos guían en el sendero espiritual y que han nacido en esta Tierra desde el tiempo en que el mundo fue creado. Este día llega una vez cada 365 días. En este día, pensemos en esas grandes almas y en nuestras mentes cantemos: ‘Gurur Brahma, Gurur Vishnur, Gururdevo Maheshvarah’ y pensemos en lo Supremo, que es el Guru de los Gurus.

Luego piensa en el Maestro espiritual que has aceptado como tu guru y repite su nombre nueve veces. Esto equivaldrá a recibir la gracia de tu guru por todo el año.

Durante la mañana, ayuna, y rompe tu ayuno por la tarde, comiendo algo de comida vegetariana.

Durante Guru Púrnima practica algunas sadhanas espirituales, tales como permanecer en silencio, escuchar satsangs, cantar cantos devocionales y participar de abhishekam o meditación. En este día especial y sagrado, piensa profundamente en tu guru, lee alguna de sus enseñanzas y desde ese momento en adelante sigue una de estas enseñanzas durante el resto de tu vida.

Este día llega tan sólo una vez al año. Aunque puede que tengas mucho trabajo y muchos deberes en este día, no te olvides de su grandeza. Si aprecias que éste es el único gran día en el que puedes recibir la gracia de tu guru perfectamente, entonces definitivamente te serán dados los beneficios de la gracia del guru durante los 365 días del año.

Además, el aceptar a un maestro espiritual como tu guru puede ser tu deseo, pero si ese guru, también, te acepta a ti, ello será tu gran buena fortuna. Guru Púrnima es el día para hacernos recordar de esa fortuna”.

swamiji-pies

Así que, afortunados amigos, les deseo un dichoso Guru Pūrṇimā, que este año 2015 cae el Viernes 31 de Julio.

Para quienes estén en Barcelona o alrededores, habrá un par de celebraciones públicas el Sábado 1º de Agosto:

– A las 11h el Centro Sri Premananda de Barcelona hará una pāda pūjā a los pies simbólicos del maestro.

– A las 18h, la asociación Advaitavidya festeja, en Llerona, el día del guru en consonancia con el cumpleaños de Swami Satyānanda Saraswatī. Detalles aquí.

¡Jai Guru Om!

La experiencia mística y un poema

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Estoy de viaje, con la rutina cambiada, poco tiempo y sin mis archivos a mano, por lo que se me hace difícil actualizar el blog. Por eso, agarré el libro Mística medieval hindú (Trotta Editorial, 2003) de Swami Satyānanda Saraswatī y lo abrí un poco al azar en busca de inspiración. Se trata de un libro que habla de la vida de algunos santos y filósofos místicos hindúes, en general poco conocidos en Occidente.

Una de las características de los místicos es que su acercamiento a la Realidad Superior está basado en la experiencia trascendental y va más allá de la rigurosa aridez intelectual. Se trata de un contacto extático con lo Divino, lo cual redunda muchas veces en poemas y textos de profunda devoción y amor que, para los que no estamos en éxtasis espiritual, pueden ser difíciles de comprender.

Así como una canción pop de amor mundano nos resulta indiferente y hasta tonta si no estamos en “humor de enamoramiento”, estos poemas místicos pueden ser solo palabras bonitas si estamos mirando el mundo únicamente con los áridos ojos de la razón o el descreimiento.

En temas religioso-espirituales se habla mucho de fe, que no me parece mal, pero cuando se trata de ahondar en el camino espiritual los maestros siempre hacen hincapié en la propia experiencia. El mismo Swami Satyānanda del libro que abrí dijo en una reunión pública de su organización Advaitavidya:

“No hace falta vivir de la fe, no hay que creer en nada. Hemos de tener la experiencia, la observación real en las profundidades de nuestro corazón. Entonces encontraremos una gran fuerza y plenitud”.

Mi experiencia personal es que por más fe que uno tenga, si uno no hace prácticas espirituales ni está en contacto con maestros y textos espirituales, entonces esa fe no es suficiente para avanzar y ser más feliz. De hecho, sin practicar, esa fe empieza a decaer y puede convertirse simplemente en una pátina (dorada, eso sí) que cubre la sequedad de nuestro corazón.

Es verdad que, según el día, leer poesía mística puede parecerme tan abstracto y ajeno como escuchar música experimental o conocer la estructura molecular del agua de lluvia. Pero también es cierto que, aunque mi experiencia mística sea nula, la lectura bien predispuesta de estos poemas genera anhelo por tener unión con lo Divino y, además, eleva el espíritu por su innegable genuinidad y franqueza.

Ya dije que tengo poco tiempo y en lugar de seguir teorizando prefiero compartir el poema que leí en la azarosa página abierta del libro. Se trata de versos de Jñanadeva, uno de los más grandes místicos hindúes, creador de dos reconocidos textos sagrados y pionero del movimiento devocional en el estado de Maharashtra. Este santo vivió en el siglo XIII y dejó su cuerpo con apenas 21 años, habiendo cumplido su rol en este mundo y dejando un profundo mensaje de amor por Dios.

Explicar la poesía mística es tan inútil como explicar los chistes; la magia se pierde en el camino. Así que simplemente comparto el poema y espero que todos lleguemos a entender estas palabras y, sobre todo, a experimentarlas en carne propia:

¿Por qué estás corriendo de un lado a otro
en busca de Dios?                                                                           ¿Por qué no reconoces que Dios                                                   reside en tu propio corazón?                                                     En realidad, Dios no tiene nombre ni forma,                           ni lugar alguno donde residir.                                                   Jñanadeva dice:                                                                       adora pues a Dios en tu interior,                                               en la forma de tu ātman, tu Ser,                                                 y sírvelo a Él sin cesar.

La importancia de obedecer al Guru

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La semana pasada se celebró Guru Pūrṇimā, el día del maestro espiritual, y el simbolismo y la importancia de este evento anual todavía me están haciendo reflexionar. Si bien es verdad que el día del Guru es una vez al año, la relación maestro-discípulo dura para toda la vida o, en realidad, para todas las vidas, pues se explica que una vez que el maestro acepta al discípulo se hace cargo de su progreso espiritual para siempre, incluso cuando el discípulo se desentienda del maestro o abandone su cuerpo físico.

Como personas occidentales e inmersas en la modernidad, con sus candentes valores de individualismo e igualdad de opinión, nos cuesta aceptar, al menos de forma consciente, que otra persona nos diga cómo vivir nuestra vida. Puede ser que esta temporada, porque alguien a quien no conozco lo dictamina, me deje la barba muy larga, consuma yogur con bifidus o me abra una cuenta en Pinterest, pero de ninguna manera aceptaré que un tercero, por más sabio que sea, me diga cómo ser más feliz espiritualmente.

Al parecer, el psicólogo y escritor Carl Jung dijo que, sobre todo en términos espirituales, “si hay una cosa que el hombre moderno no puede hacer es obedecer”, ya que la consciencia moderna rechaza la fe sin una confirmación empírica. Efectivamente, en nuestros tiempos la fe es considerada casi un “primitivismo”, una cualidad que poseen aquellas personas incapaces de discernir, analizar o generar pensamiento crítico.

Para muchos, la emancipación de las opiniones ajenas (especialmente si son discursos muy jerarquizados como la religión, el régimen político, la estructura familiar) es el gran logro de la modernidad, en que cada individuo, en apariencia, tiene su propia opinión, su conciencia crítica y su libertad de acción.

Siguiendo la línea individualista y auto-suficiente de la actualidad, es muy normal que sean pocas las personas que estén interesadas en tener un guru, es decir un preceptor espiritual, y muchas menos las que, de tenerlo, estén dispuestas a obedecerle. De hecho, hay una frase que últimamente escucho mucho: “El guru está dentro de uno mismo, en el corazón”.

Nadie niega que la frase sea cierta, aunque quizás está algo malentendida y mi pregunta es: “¿Estás seguro de que ese consejero que estás escuchando en tu interior no son tus patrones mentales prefijados, tus hábitos arraigados de años, tus intereses personales, las tendencias arrastradas de otras vidas, tus miedos, tus fantasías, el seductor eco del eslogan que escuchaste en una publicidad de relojes…?”.

Una de las ventajas de tener un guru exterior es que, así, el discípulo “tiene un ejemplo humano y concreto en el que basar su propia vida”. De hecho, la tradición de la India considera que el conocimiento espiritual se transmite básicamente a través de la relación guru-discípulo aunque el verdadero conocimiento espiritual sólo puede ser impartido de forma sutil o psíquica, por la gracia del maestro. Para ello, el estudiante se compromete a seguir las enseñanzas del maestro con sinceridad y gran veneración, con total obediencia.

Para personas occidentales y modernas como nosotros, esto puede sonar demasiado, pues la razón y la lógica son algunos de los pilares de nuestra cultura y, por tanto, nadie quiere “someterse” a ideas ajenas si, antes, éstas no están en consonancia con las ideas propias. Como expliqué la semana pasada, un estudiante sincero, que ha hecho auto-indagación, sabe que la mente tiene muchos trucos y que el laberinto intelectual no siempre tiene salida. Por ello, si quiere avanzar realmente en el sendero, hay veces en que simplemente debe tener fe inquebrantable en las palabras de su guru y seguir sus órdenes o consejos ciegamente.

Cultivar la obediencia al maestro es cultivar la humildad y la gradual disminución del ego-individual. También es atizar el fuego de la fe. A este respecto, me gustó mucho la historia que cuenta Swami Chidanand Saraswati en su boletín de saludo por Guru Púrnima:

“Había un hombre que quería caminar sobre el agua. Le suplicó a su guru que le diera un mantra secreto o un don especial para que pudiera lograr esa proeza tan notable. El hombre era extremadamente pío y devoto y había estado al servicio de su guru por muchos años. Por ende, el guru le dio una hoja, doblada en sí misma muchas veces hasta quedar muy pequeña. Le dijo a su discípulo: ‘Dentro de esta hoja hay una fórmula secreta que te permitirá caminar en el agua. Sin embargo, no debes abrir la hoja porque la fórmula que hay dentro es secreta’. El hombre está de acuerdo, toma con cuidado la hoja doblada entre sus manos y comienza su camino a través del río.

Está caminando bien cuando, de repente, es asaltado por la curiosidad. ¿Qué será esta fórmula secreta? ¿Hay realmente un secreto dentro? ¿Será un polvo o una piedra o habrá un mantra sagrado impreso? ¿De dónde lo habrá sacado el guru? Sus dudas pueden con él y entonces lentamente comienza a abrir la hoja mientras camina, pero con cuidado, no vaya a ser que algo de la fórmula sagrada caiga al agua. Tan pronto como despliega el último trozo para descubrir el secreto, el discípulo se hunde en el agua y se ahoga. Dentro de la hoja estaba escrita una simple palabra: fe”.

Como explica Swami Chidananda, no fue la hoja ni un mantra secreto lo que produjo el milagro, sino la fuerza de la fe en el guru. Tan pronto como su fe titubeó y dio lugar a la duda, el discípulo perdió su vida.

Justamente, estos días leí una frase de Swami Premananda que viene el caso, donde simplemente da el siguiente consejo: “Piensa, ‘mi gurudev es un hombre muy poderoso y me apoya, nunca me hundiré'”.

Obviamente, tener fe total en el maestro es muy difícil. No es una cualidad que venga dada. De hecho, cualquier devoto tiene como uno de sus grandes anhelos el tener fe absoluta en el guru y, en general, realiza prácticas para fomentar dicha fe, pues lo normal es que nos dejemos enredar, una y otra vez, por nuestro ego y por el mundo material y caigamos en el desasosiego y en las dudas.

Para fomentar esa fe, entonces, lo que me parece importante es entender, al menos intelectualmente, que tener fe y seguir las enseñanzas y consejos del maestro es útil para el propio crecimiento espiritual. Ya que somos seres “racionales”, podemos empezar convenciendo a nuestra razón, por ejemplo: “si esta persona ha logrado el gran logro del auto-conocimiento; ha alcanzado la meta máxima de la vida humana; lleva su vida como un ejemplo para la humanidad; sus palabras me reconfortan y ayudan; he sentido en mi interior destellos de su grandeza, pues entonces le voy a intentar seguir e imitar”.

A partir de este proceso analítico lógico, es probable que uno pueda empezar a obedecer al guru sin poner tantas trabas racionales y, de esta forma, la propia fe se vaya acrecentando.

Como consecuencia, el estudiante recibirá la gracia del maestro de forma natural y, casi sin notarlo, su fe seguirá creciendo y, entonces, recibirá más certezas y como resultado su fe continuará ampliándose y cuanto más cerca sienta a su guru más fe tendrá y más cerca estará, curiosamente, de su propio guru interior.

El mito del elefante Gajendra

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Este fin de semana di un taller de mitología junto a Hansika y, por falta de tiempo, me quedé con ganas de profundizar en un mito muy popular, especialmente para el vaishnavismo, que es la rama del hinduismo que considera al Señor Vishnu, el aspecto preservador de la Divinidad, como el Ser Supremo. Se trata de la historia de la liberación del elefante Gajendra, el rey de los elefantes, que se cuenta en el Bhāgavata Purāna y que es una imagen recurrente en la iconografía vaishnava.

En su anterior encarnación, Gajendra había sido un rey humano llamado Indradyumna, que por no respetar la etiqueta de respeto tradicional hacia un sabio (llamado Āgastya) había sido maldecido por éste a reencarnar en el cuerpo torpe de un elefante. Como tal, y por los méritos adquiridos en su vida pasada, Gajendra no había olvidado la forma adecuada de adorar y rezar a Dios. Un día, el líder de los elefantes se dirigió a un lago en el bosque junto a sus esposas y familia, pues tenían mucho calor y sed.

Mientras Gajendra se bañaba tan contento apareció, por “disposición de la providencia”, un cocodrilo (llamado Makara) que le mordió la pierna y no se la soltó. El elefante, muy fuerte, luchó con todas sus energías para zafarse pero no lo logró. La familia de Gajendra intentó ayudarle, tirándolo hacia la orilla, también sin éxito. De esta forma, el tira y afloje de las dos bestias se prolongó por mil años. Como es de esperar después de tanto tiempo de lucha, las fuerzas del elefante empezaron a mermar y ya estaba a punto de desfallecer cuando decidió “tomar refugio” en la Divinidad.

Es decir, se entregó a Dios y le pidió su ayuda.

Representación tradicional del mito del elefante Gajendra, en el momento de ser rescatado por Vishnu.

Gajendra Moksha Stotra

De esta forma, el elefante “fijó su mente en su corazón” y cantó un mantra que había aprendido en su vida anterior como rey. La letanía es una descripción de las cualidades y de la naturaleza suprema de Dios, en la que Gajendra pide protección y también pide liberación de las fauces del cocodrilo. Este pedido de libertad es luego ampliado a ser liberado del estilo de vida materialista y de la ignorancia espiritual, entendiendo que Dios (en este caso en su forma de Vishnu) es la fuente y la meta de todo el universo.

Este mantra cuenta con 28 estrofas, que se encuentran en el capítulo VIII del Bhāgavata Purāna (también llamado Srīmad Bhāgavatam) y se conoce como Gajendra Moksha Stotra (o Stuti), que significa “Himno de alabanza de la liberación de Gajendra”. La oración comienza con las palabras ‘Om namo bhagavate’, en referencia al mantra Om namo bhagavate vāsudevāya, uno de los mantras más preciados para los devotos vaishnavas y también para los seguidores de otras tradiciones religiosas dentro del hinduismo.

Se puede escuchar la recitación completa del stotra aquí:

De esta forma, Vishnu, habiendo escuchado las pías oraciones del elefante, y viendo su terrible situación, apareció montando sobre Garuda, su vehículo principal, que es un gran águila dorada, poderosa y veloz. A todo esto, Gajendra tenía un dolor insoportable, pero al ver al Señor Vishnu llegando a su rescate su devoción pudo más que el dolor y tomó una flor de loto con la trompa para ofrecérsela en señal de respeto, a la vez que le dijo: nārāyana akhilaguro bhagavan namas te.

Es decir, “Oh Señor Nārāyana (otro nombre de Vishnu), maestro del Universo, Dios Supremo, te ofrezco mis reverencias”.

Entonces Vishnu sacó al elefante del agua y lo separó del cocodrilo utilizando el disco, símbolo del universo, que lleva en el índice de su mano derecha como arma.

El disco de Vishnu.

La entrega

El mito de Gajendra y Makara es muy extendido en la iconografía vaishnava porque representa la idea de que Dios siempre está listo para ayudar a sus devotos verdaderos y sinceros, incluso aunque hayan cometido errores en el pasado. Gajendra, además, representa la Fe y la Entrega del devoto que, aunque todo parezca ir mal y aunque parezca que está abandonado, sabe que Dios está llegando a su rescate y se pone en sus manos.

Evidentemente, la liberación del elefante no es tanto material como espiritual; es decir, la liberación (moksha) de los condicionamientos y limitaciones de la vida material a la que aspira todo buscador espiritual de forma consciente y también todo ser vivo, por más que sea de forma inconsciente.

Esta historia es tan popular que se pueden encontrar muchas imágenes y representaciones. De hecho, en mi reciente visita a la Kumbha Melā pude ver (en el campamento de ISKCON) unos elaborados muñecos mecánicos personificando el mito, de los que comparto una imagen a continuación.

Foto de mi amigo Alex Bütow (Alemania).

Como se aprecia en la foto (que se amplía al clicar), el cocodrilo está sobre un riel de metal, de manera que se acerca y se aleja de la pierna del elefante (que también se mueve), según sea el caso que llegue o no el Señor Vishnu al rescate en ese momento.

De esta forma, y como si hiciera falta recordarlo, la historia de fe y entrega del elefante Gajendra se recrea cada día en nuestras vidas, en que tenemos la pierna atrapada por las fauces de los problemas materiales y aunque luchemos mil años, lo único que nos puede liberar verdaderamente de ese sufrimiento es la entrega a los valores espirituales universales.

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