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Bin Laden y el dharma

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El tema de la semana (y del mes, y probablemente del año hasta ahora) es la muerte de Osama Bin Laden a manos de un comando especial estadounidense en una casa amurallada en Pakistán. La mayoría de los lectores conocerán a esta altura los detalles del caso, y si no los conocen es mejor que los busquen en un diario digital, pues yo no ahondaré en los recovecos de la ‘operación Gerónimo’. Lo que me interesa analizar, en realidad, es cuán dharmico es, desde el punto de vista espiritual, el asesinato de Bin Laden.

Dharma, una palabra sánscrita, suele traducirse como ‘ley’, ‘deber’, o incluso ‘religión’. Como pasa con muchas palabras del sánscrito, se necesitan varios vocablos en español (y otras lenguas occidentales) para definirla. Utilizando ese recurso necesario, se podría decir que el dharma es el conjunto de leyes universales que rigen lo que es correcto. Ya sabemos que ‘correcto’ es un concepto muy relativo, aunque aquí refiere a aquello que es correcto para alcanzar la felicidad (individual o colectiva, según el caso), algo así como el orden natural de las cosas.

Por un lado, existe la expresión Sanatana dharma que significa ‘el dharma eterno’ y es aquel que trasciende las eras, los protagonistas y las situaciones. Es la profunda y antiquísima filosofía védica que, en términos generales y mirada con atención, es común a todas las religiones verdaderas.

Por otro lado, cada ser (o alma) debe ser fiel a ese dharma eterno, a la vez que debe respetar su propio dharma individual. Es decir, lo que le toca hacer por su situación presente y particular (cosa, esta última, que viene determinada por el karma, es decir la cadena de causa-efecto generada por nuestras acciones pasadas).

Soldados

Vamos a los ejemplos. Una de las bases del óctuple sendero del yoga, tal como lo presenta el sabio Patañjali en sus Yoga sutras, es ahimsa, no dañar (o no-violencia). Evidentemente, el matar a otro ser sería romper este precepto que forma parte del dharma, digamos más bien universal.

Por su parte, en el dharma específico de un soldado está contemplada la opción de matar al enemigo. Es más, lo contrario podría considerarse ir en contra de su dharma como soldado.

En la Bhagavad Gita, la escritura sagrada por excelencia del Hinduismo, Arjuna, el más valeroso de los príncipes kshatriya (es decir, de la casta guerrera), situado en el campo de batalla de Kurukshetra, se niega a luchar contra el ejército enemigo, en el que militan sus primos, tíos, abuelos y maestros, porque no ve sentido en conquistar el reino a costa de matar a sus seres queridos.

En una escena conocida y dramática que ha trascendido el ámbito religioso, Sri Krishna, primo, amigo y auriga de Arjuna en esa encarnación, a la vez que infinito y eterno Señor del Universo, insta al desconcertado guerrero a luchar:

“Debes respetar tu deber y no vacilar, porque no hay nada más elevado para un kshatriya que una guerra justa” (Bg.G. 2.31)

“Pero si no luchas en esta guerra justa, habrás incurrido en pecado al renunciar a tu deber y a tu prestigio” (Bg.G. 2.33)

En ambos casos, las citas son según la traducción y comentarios de Swami Sivananda.

No voy a entrar en el análisis de la Bhagavad Gita porque no me da el cuero, pero es bueno aclarar que detrás de estas palabras, además de una explicación del dharma, hay una profunda filosofía espiritual sobre la inmortalidad del alma.

De todos modos, lo que quiero mostrar con este caso paradigmático es que, desde el punto de vista de un guerrero, luchar (y por consiguiente matar) es parte de su dharma, incluso cuando es contra sus propios parientes, y también, aparentemente, en contra del dharma universal.

Código

Sin embargo, este dharma del kshatriya, tal como era en los tiempos védicos, tiene sus códigos. Entre ellos, únicamente se lucha contra otro guerrero (ni otras castas, ni niños, ni mujeres); la lucha se realiza en el campo de batalla (no se saquean ciudades); no se ataca a alguien desarmado o a traición.

Digo esto porque la polémica ahora se instaló en si Bin Laden estaba efectivamente luchando, en batalla, o simplemente los soldados cayeron a su casa y le dispararon. Para muchos, la diferencia es sustancial. Estados Unidos admite que Bin Laden estaba desarmado, aunque sostiene que “no se rindió”, y por tanto fue asesinado, en una acción de “autodefensa nacional”.

Con los pocos datos ciertos que circulan (y que los días se supone irán ampliando), desde el punto de vista kshatriya, parece que Estados Unidos hubiera incumplido parte del código. A pesar de ello, muchos piensan que matar a Bin Laden fue lo correcto, en represalia a su planificación del atentado de las Torres Gemelas del 11-S, principalmente. Aunque pocos lo analicen conscientemente desde el punto de vista del dharma, el argumento básico es que Bin Laden tampoco cumplió el código kshatriya, y por tanto se le paga con la misma moneda.

Y entonces aquí entra otra cuestión, que tiene que ver con ¿Cuándo es correcto matar a un hombre? (o a un ser viviente, si queremos ser ‘védicos’).

Ilustración de Nate Beeler (The Washington Examiner)

Celebración

Cuando cayeron las Torres Gemelas en 2001 yo estudiaba en la Escuela de Ciencias de la Información de la Universidad Nacional de Córdoba, y dado lo extraordinario de los acontecimientos habían instalado una televisión vetusta en el pasillo principal de la ‘escuelita’, que tenía una clara tendencia de izquierdas (con sus vertientes de anti-capitalismo y anti-imperialismo). Varios estudiantes de la ECI (y de otras facultades similares, en otras partes de Argentina) celebraron activamente la caída de las Torres, como un ‘merecido castigo’ hacia la política exterior norteamericana.

Más allá de las ideologías personales, el celebrar la muerte de seres humanos es imposible de congeniar con la filosofía espiritual. Arjuna puede que cumpla con su dharma, pero no lo celebrará. En la tradición espiritual de la India, los grandes guerreros incluso realizan una puja (o ritual) purificadora después de matar a un enemigo piadoso (o con cierta evolución espiritual).

En el ejemplo de las Torres Gemelas es fácil denostar a aquellos que se alegraban por la ‘derrota’ estadounidense, por insensibles o parciales. ¿Y en el caso de Bin Laden? Desde el lunes ha habido muestras de alegría, euforia y celebración en varias partes del mundo (con especial énfasis en EE.UU. por supuesto) por la muerte de un ser humano. ¿Está eso de acuerdo con el dharma? El Vaticano, por ejemplo, tantas veces criticado, emitió un comunicado que decía ‘ningún cristiano se alegra por la muerte de un ser humano’.

En España (y no sólo) hay polémica porque algunos reclaman un juicio justo incluso para los peores criminales, mientras otros felicitan a Estados Unidos y celebran ‘un mundo más seguro’. Es paradójico que se hable de derechos humanos y democracia, pero se celebre y justifique la ley del Talión.

Con esto no quiero decir que Bin Laden no se lo mereciera o no se lo buscara, sino que me sorprende cómo gran parte del mundo se alegra de que alguien muera. He leído a alguien con repercusión pública que dijo, ‘Ojalá el próximo sea Gaddafi’.

Por su lado, el reconocido periodista español, Iñaki Gabilondo, definió muy bien la paradójica situación como un ‘jeroglífico moral‘.

Paz

Yo no tengo nada a favor de Bin Laden, ni tampoco de la violencia en ninguna forma. En esto soy muy gandhiano, y no creo que la violencia pueda traer paz.

De todos modos, quería poner en el tapete la cuestión del dharma y de que desde el ángulo espiritual siempre puede haber más de una visión ‘correcta’. El soldado armado para conseguir la paz es un oxímoron, pero a la vez matar puede ser su dharma. El Gobierno estadounidense informó que el soldado que disparó a Bin Laden será condecorado; como militar (o sea, un kshatriya moderno) se puede decir que cumplió con su dharma, pero desde una visión más universal, ¿es correcto premiar un asesinato?

Como se desprende de esto, el dharma puede variar según las circunstancias e incluso un país puede decidir matar a un hombre en nombre de sus víctimas y quizás sería correcto (esto es muy discutible). Lo que me cuesta asimilar es la celebración masiva por el asesinato de una persona, aunque ya sé que alguien argumentará que si hubieran matado a Hitler ‘a tiempo’ se habrían salvado muchas vidas. Salvando las distancias entre los dos personajes, efectivamente es difícil encontrar a alguien que se entristezca ante la idea de un Hitler asesinado, yo incluido.

Como dato extra: en el caso del alemán, Gandhi decía que el poder del amor y la no-violencia podían vencerle (fueron contemporáneos aunque a veces no parece).

De todas las paradojas y ‘jeroglíficos’ que genera este tema, para mí la principal es cómo un Nobel de la Paz puede autorizar y celebrar la muerte de alguien.

Entiendo que el presidente de los Estados Unidos no pueda escapar a su dharma de ordenar asesinar, pero no puedo entender que un Nobel de la Paz diga que se ‘ha hecho justicia’ cuando se asesinó a una persona. Es una gran paradoja, sobre todo porque se trata, casualmente, de la misma persona. Aunque, todo hay que decirlo, la culpa no es en realidad de Obama, sino de quienes le dieron ese premio, anticipado e injustificado.

No deja de ser una contradicción (al menos aparente) que el manido discurso de los derechos humanos y la paz en el mundo, tenga sus excepciones, según qué circunstancias.

Como se ve, la antigua disquisición sobre el dharma que tuvo lugar en el campo de Kurukshetra hace miles de años, está más vigente que nunca.

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Pepe y el karma

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Desde hace más de dos semanas, en España sólo se habla de los clásicos entre el Barça y el Real Madrid (y todavía falta uno). Ante esta abundancia futbolística, totalmente mediatizada, incluso yo, muy aficionado al balompié, me siento abrumado, saturado. Esto se debe, un poco, a que la calidad estrictamente futbolística de los partidos no haya sido destacada, y en gran medida a que lo que más atención haya generado sean cuestiones ajenas al deporte en sí mismo, es decir los consabidos veintidós tipos corriendo detrás de un balón.

Este blog no trata sobre fútbol, y sólo una vez toqué directamente el popular tema en relación a la espiritualidad. Me valió alguna crítica, por poner al mismo nivel algo tan sagrado con algo tan profano (la espiritualidad sería lo sagrado y el fútbol lo profano, aclaro por si acaso).

Hoy, en un post que quizás disfrutarán más aquellos conocedores del juego, me atrevo a tocar otra vez la cuestión, en parte porque no me lo puedo sacar de la cabeza, en parte para sacármelo, merced al proceso de catarsis personal que siempre ha caracterizado a esta bitácora.

Teatro

Probablemente a la mayoría le suene el nombre de Jose Mourinho, el entrenador del Real Madrid, que desde hace años pasa demasiado tiempo haciendo declaraciones incendiarias, victimistas y/o soberbias ante la prensa mundial. Como decía el inefable ex-árbitro argentino Guillermo Nimo con su crítica semanal al peor desempeño de la jornada futbolística (llamada, en anticipo a Los Piratas del Caribe, la ‘Perla Negra’): “Usted puede ser un excelente padre de familia, una gran marido, una buena persona, pero como árbitro es…”. Y así empezaba una retahíla de críticas para defenestrar al desafortunado de la fecha.

Con Mourinho pasa lo mismo. Aunque no lo conozco personalmente, no dudo de sus cualidades en la intimidad, pero muy pocas de las veces en que abre la boca en público le hace un favor al fútbol, entendido como un juego bonito y disfrutable.

Pero no es únicamente Mourinho. Tanta parafernalia mediática, tantas declaraciones intencionadas, tanta tensión y emoción en el ambiente, han hecho de estas dos semanas de clásicos un terreno ideal para que cada uno de los implicados muestre (dentro y fuera del campo) su lado menos ‘espiritual’.

No voy a ahondar en detalles ni en análisis tácticos, simplemente decir que lo que más me saca de quicio es la poca predisposición de ambos equipos a jugar a la pelota. O sea, en lugar de intentar jugar al fútbol lo mejor que cada uno pueda, la idea parece ser la de molestar al contrario y engañar al árbitro fingiendo faltas, dolores, agresiones y demases.

Ya sé que exceptuando la liga inglesa en la que los aficionados rechazan de lleno a los jugadores ‘piscineros’ (o ‘pileteros’), es decir aquellos que se dejan caer y simulan faltas, en el resto del mundo está instaurada la doctrina del teatro del futbolista, basada básicamente en caer al suelo y girar convulsivamente tomándose la cabeza, sin importar si el golpe fue recibido (de haberlo recibido) en el dedo meñique del pie.

Cualquiera que haya jugado al fútbol, y no tiene que ser a nivel profesional, sabe que hay contacto físico permanente, golpes involuntarios y caídas. También sabe que cuando uno juega de manera inocente lo que quiere es seguir jugando, y no tirarse al suelo para inspirar la compasión de ajenos.

Ilustración de Guy Billout - http://www.guybillout.com

Wilmar Everton Cardaña

Al parecer, hace no demasiados años los jugadores de fútbol eran menos teatreros. La llegada de las ubicuas cámaras de televisión los ha hecho conscientes de sí mismos, adoptando a su manera una de las tesis fundamentales de la psicología social: ‘Uno es lo que cree que es, lo que el árbitro cree que uno es y lo que uno cree que los espectadores creen que es’.

Paradójicamente, cuando las cámaras pueden demostrar mejor que nunca la simulación de un jugador, ellos recurren a esa estrategia con mayor asiduidad, confiando en que dar vueltas por el suelo convencerá no sólo a los colegiados sino también al público.

Cuentan que antaño, sin tantos artilugios televisivos, los jugadores se pegaban que daba gusto, y que en lugar de montar un melodrama en la pantalla, se cobraban revancha, al estilo western. Eran tiempos en que sacar una tarjeta roja a un futbolista sólo se justificaba después de un hueso roto, un charco de sangre o un buen soborno. Con los años llegó el ‘fair play’ y el endurecimiento de las reglas para los que pegaban.

Extrañamente, y esto es una estadística personal y sin datos numéricos, los jugadores más hoscos, aquellos que en general pegan más (por su posición en el campo y/o su temperamento) suelen ser los más teatreros. Como dije, la televisión y su ‘vigilancia panóptica’, citando a Foucault (perdón, pero quería darle un toque intelectual a este discurso), lleva a los más ‘verdugos’ a situarse como ‘víctimas’, siempre con aspavientos.

Me da risa. Un tipo que juega de defensor central o de mediocentro, entrenado en el roce físico y el cuerpo a cuerpo, se queja cada vez que le pasan cerca. Más de uno tendría que leer a Roberto Fontanarrosa y aprender de la historia de Wilmar Everton Cardaña, un duro ‘centrojás’ de los de antes (especialmente Sergio Busquets, que ubicando esa posición y a pesar de ser un jugadorazo, pasa demasiado tiempo llorisqueando en el suelo).

Que Leonel Messi sea el mejor jugador del mundo no se debe únicamente a su técnica inigualable, su velocidad galopante o su visión periférica, sino a que cada vez que le pegan no se deja caer, y si se cae, lo primero que hace es levantarse y buscar el balón para sacar rápido el tiro de falta. Él quiere jugar de manera perpetua, quiere seguir jugando siempre y por eso (aunque muestre que también puede tener los pies de barro con un pelotazo a la tribuna) por justamente representar el espíritu amateur y de disfrute del fútbol, es el mejor.

Disonancia cognitiva

El jugador del Real Madrid Pepe (Képler Laveran Lima Ferreira en su partida de nacimiento) se hizo tristemente célebre por darle un par de patadas a Javier Casquero, un jugador del Getafe CF, que yacía en el suelo. Si bien esa fue su obra maestra, Pepe ha hecho muchos otros méritos en los campos de juego para que se lo considere un jugador algo más que rudo. Lo extraño es que, por lo general, los árbitros no lo consideran así, y más allá de acciones muy flagrantes no recibe grandes sanciones, a pesar de que se ve (al menos en televisión) que tiene una actitud que, siendo condescendientes, podemos llamar ‘poco deportiva’.

Por si todavía no se han dado cuenta, en esta contienda futbolística española yo hincho por el FC Barcelona (algo que va más allá de Mourinho y Pepe), y eso puede que sesgue mi discurso. Según parece, en psicología existe el término disonancia cognitiva para explicar la tensión interna que se produce en una persona cuando hay una situación que entra en conflicto con su sistema de creencias.

Es decir, si yo soy hincha del Barça (mi sistema de creencias) y durante un partido Messi cae en el área, veo de forma instantánea un penal, y cuando la repetición televisiva me muestra que no hubo falta (situación en tensión con mi sistema de creencias), sigo diciendo que hubo falta, o en todo caso digo ‘Mmm, es dudoso’.

Si la misma situación se da en forma inversa, es decir cae Cristiano Ronaldo en el área del Barcelona, diré que no fue penal antes de ver la repetición; e incluso cuando la repetición demuestre una falta, me costará aceptarlo. Lo que estoy explicando no es novedoso y le pasa a todos los hinchas de fútbol, y según se rumorea, a todas las personas del mundo.

De la misma forma, hay jugadores que tienen un comportamiento que sólo estamos dispuestos a tolerar si juegan en nuestro equipo. Por ejemplo, si Dani Alves, gran jugador pero maestro de la queja y el llanto, incordio constante para los árbitros, jugara en el Real Madrid y no en el Barça, los aficionados culés lo odiarían. A la inversa, si Marcelo jugara en el Barça, se lo querría con locura. Y así con muchos otros casos.

Causa-efecto

Con Pepe no lo tengo tan claro, pero puede que si jugara en el Barça también sería defendido por la afición. Todo hincha de fútbol ha defendido alguna vez a esos jugadores que odiaría en el equipo rival (por ejemplo, los hinchas de Boca Jrs. al ‘Patrón’ Bermúdez, los de River Plate al ‘Ratón’ Ayala).

Volviendo a Pepe, nuestro tema del día, creo (por si a alguien le interesa) que su patada a Alves en el último Madrid-Barça fue merecedora de tarjeta amarilla. Si bien la falta puede entrar en la inexistente categoría de ‘tarjeta naranja’, creo que el árbitro se excedió con la roja.

Los seguidores de este blog saben de mi afición al tema del karma, la implacable ley universal de causa-efecto, y comprenderán que fue inevitable que esa palabra llegara a mi mente y a mi boca (no necesariamente en ese orden) en cuanto vi la expulsión del jugador portugués. Todas las faltas, todas las patadas, todas las exageraciones y las poses de víctima falsa que ha hecho Pepe, no digo en su vida futbolística pero al menos en los últimos tres partidos, merecían algún tipo de castigo.

Puede sonar osado decir que esta semana el árbitro alemán Wolfang Stark encarnó, sin saberlo, el karma futbolístico universal, pero las leyes karmáticas son tan inescrutables como eficaces, y aunque no puedo comprobarlo al cien por ciento, mi percepción no es tan alocada.

Es verdad que, con este criterio, los ‘teatrillos’ de Alves, Busquets y Villa también deberían recibir algún tipo de efecto punitivo.

¿Quién sabe?, quizás lo paguen en su próxima encarnación, siendo bailarines de danza contemporánea y por tanto obligados a dar giros eternos por los suelos (semidesnudos, claro).

O aún peor, naciendo como amados jugadores del Real Madrid.

Sathya Sai Baba abandonó su cuerpo físico

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Hace apenas dos meses este blog tuvo un titular muy similar al de hoy, con la diferencia del sujeto. Hace algo más de dos meses, el 21 de febrero de 2011, Swami Premananda entró en Samadhi y dejó su cuerpo terrenal. Hoy, domingo 24 de abril de 2011, también Sathya Sai Baba abandonó su cuerpo físico.

Sai Baba es probablemente el maestro espiritual vivo (o mejor dicho, encarnado) más conocido del mundo. Nació en 1926 y tenía 84 años. Desde niño tuvo inclinaciones espirituales y ya en los años ’60 y ’70 era popular en Occidente.

Nació en el pequeño pueblo de Puttaparthi, en el estado de Andra Pradesh en el sur de la India, y allí vivió toda su vida, donde creó un gran ashram y numerosas acciones caritativas y sociales. Yo estuve de visita en su ashram, llamado Prashanti Nilayam (‘Morada de la Paz’), en el año 2003, durante diez días y lo cuento en un antiguo post.

Al igual que Swami Premananda, durante cada Mahashivaratri, Sai Baba realizaba el milagro del Lingodbhava, dando nacimiento a los sagrados lingams.

Diagnóstico

Como siempre, lo primero que se pregunta cuando alguien deja este mundo es ‘de qué’ y ‘cómo’. Sai Baba, al igual que Swami Premananda, son considerados avatares, personas santas, y todos sus devotos confían en que cuando abandonan su cuerpo físico lo hacen de manera consciente y voluntaria, siguiendo el plan marcado por lo Divino.

De todos modos, esta partida tiende a ser muy ‘humana’. El parte médico del director del Instituto Sai Baba de Ciencias Médicas informa: “Bhagavan Sri Sathya Sai Baba dejó su cuerpo terrenal a las 7.40am (hora india) debido a una falla cardio-respiratoria”.

En el caso de Swami Premananda, su problema principal estaba relacionado con el hígado que no funcionaba. Todos los grandes santos de la historia, al abandonar su cuerpo físico, lo han hecho de forma ‘ordinaria’, como cualquier hijo de vecino, al menos en apariencia (incluyendo al mismísimo Jesucristo).

En un discurso de 2003, hablando de su salud física que ya era precaria por ese entonces, Sai Baba dice: “Yo experimento todo este sufrimiento sólo para demostrar que uno no debe estar apegado al cuerpo. Por el contrario, uno debe desarrollar conciencia divina. No soy este cuerpo. La conciencia del cuerpo lleva al sufrimiento. Para disfrutar de la felicidad y la paz uno debe deshacerse del apego al cuerpo”.

Pascua

Si uno cree que nada sucede por casualidad, entonces mucho menos tratándose de una persona santa. Que Sathya Sai Baba, considerado para muchos un mahavatar (es decir, Dios encarnado en la Tierra en su máxima expresión), promotor de la unidad de todas las religiones (el emblema de su organización incluye los de las principales religiones del mundo) y de valores humanos universales y a la vez tan cristianos (paz, amor, verdad, rectitud, no violencia), entre en samadhi el día mismo de Pascua, no me parece casual.

Evidentemente, yo no puedo saber (ni entender) los entretelones de las acciones divinas. De todos modos, mi sensación es que la fecha del samadhi de Baba no es caprichosa. Él, que pregona el Amor como el camino principal hacia la felicidad y la paz, deja su cuerpo el día que se conmemora el triunfo de Jesucristo (otro gran – quizás el más grande – militante del Amor) sobre la muerte.

Al igual que pasó con Swami Premananda, el samadhi de un santo no me alegra, lo siento como una pérdida, pero a la vez, me gusta encontrar conexiones espirituales, que si bien pueden ser incompletas me ayudan a entender algunos aspectos y a sentir que hay una razón para todo.

Samadhi

Según la información oficial de la organización Sai, el cuerpo del santo será velado durante dos días (lunes 25 y martes 26 de abril 2011) en el Sai Kulwant Hall, también conocido como el mandir, lugar central del ashram de Baba en Puttaparthi, donde él realizaba sus discursos y sus darshan.

El miércoles 27 de abril están previstas las ceremonias funerarias, con la llegada de miles de devotos.

Cuando muere alguien, famoso o no, cercano o lejano, el mundo invariablemente sigue girando. Cuando muere una persona santa, también. La diferencia, sin embargo, es que la gran labor de beneficio espiritual masivo – paradójicamente invisible para la mayoría – que hace esa persona, pasa a un nivel más sutil (donde ya no podemos verlo con estos ojos físicos, ni oírlo con estos oídos físicos…) y en cierta forma eso es un déficit.

Seguramente desde ese nivel más sutil Sai Baba seguirá guiando a sus devotos y ojalá, desde allí, también siga guiando, con su energía, a muchas otras personas en su crecimiento espiritual, incluso sin conocerle.

Satyameva jayate

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El escudo de la India contiene cuatro leones y está basado en un pilar que el emperador Ashoka colocó hace un par de miles de años para marcar el sitio donde el Buda enseñó por primera vez su doctrina. En el escudo hay muchos simbolismos, varios desconocidos para mí.

De todos modos, lo que me interesa es la inscripción que aparece debajo del escudo y que, según he venido a saber recientemente, es el lema de la India. Escrito en alfabeto devanagari dice: “satyameva jayate”.

Su traducción literal sería: “La verdad ciertamente vence”.

Lemas

Hasta este descubrimiento no me había puesto a pensar en que la mayoría de países tienen lemas. A la cabeza me vinieron algunos clásicos como el positivista Ordem e progresso de Brasil y el humanista Liberté, Égalitè, Fraternité de Francia.

Picado por la curiosidad supe (o quizás recordé) que el lema de Argentina es el independentista En unión y libertad, mientras que el de España es Plus ultra (‘más allá’), una reminiscencia colonialista. Para los interesados hay un artículo (no exento de ambigüedades) en, cómo no, la Wikipedia.

Con la excepción del lema de la República Checa (La verdad prevalece), no he encontrado otro que se parezca al indio, y no tanto porque contenga la palabra ‘verdad’, sino porque su sustrato sea estrictamente espiritual. Se podría argüir, por ejemplo, que el lema (¿eslogan?) In God we trust de los Estados Unidos tiene una base espiritual, pero me parece que esa idea no es necesariamente compartida por todos sus ciudadanos, pues es obvio que no todos creen en Dios.

En cambio, en el caso de la India, el lema nace de una antigua escritura védica (Mundaka Upanishad) con claro componente espiritual, y sin embargo es declarado lema nacional por una república que se proclama laica y contiene diversas religiones. Quiero decir, sin importar la creencia religiosa, la mayoría de indios parecen estar de acuerdo en su lema, sobre todo porque es parte fundamental de su tradición filosófico-espiritual.

Eterno

Cuando se habla del triunfo de la Verdad, el lema no se refiere simplemente a ‘no mentir’ en el sentido más prosaico, sino a algo superior. Por un lado, en los Yoga Sutras, el sabio Patañjali expone a Satya (verdad) como una de las cinco restricciones de Yama, la primera etapa en su óctuple camino del yoga. Además de ser veraces en pensamiento y obra, hay detalles más sutiles como entender que la verdad es siempre buena y por ende, no debería dañar. Un antiguo post habla en profundidad sobre ello.

De todos modos, la Verdad (la ‘que triunfa’) es una forma de denominar a aquello que no es Falso. Según la filosofía espiritual de la India, todo aquello que es perecedero, que muere, que tiene un fin, es Falso. Sólo lo eterno es considerado real o verdadero. ¿Qué es lo eterno, entonces?

Por un lado, lo que llamamos Dios (y cada uno puede darle el nombre que desee) sería eterno, pues se entiende que es infinito y no nace ni muere. Por otro lado, sin entrar en cuestiones “divinas” que no a todos caen bien y a las cuales ni siquiera los textos védicos siempre hacen referencia, se toma como eterno al Sanatana Dharma, es decir las leyes universales y espirituales para vivir de forma correcta y feliz.

Esta forma ‘correcta y feliz’, por supuesto, se basa en que el ser humano es algo más que su cuerpo y su mente, es algo más que la parte ‘perecedera’.

En el Hinduismo existe el concepto de maya, que generalmente se traduce como ‘ilusión’, y remite al mundo fenoménico que todos experimentamos y que, como un velo, nos cubre de lo real y permanente, que no es otra cosa que nuestra verdadera esencia (y aquí se podría agregar, divina).

Neutralidad

En morfología sánscrita, la palabra satya es un sustantivo neutro y seguramente no es casual. La Verdad, con mayúsculas, según la explicaron los sabios de la antigüedad, no es masculina ni femenina y se mantiene incólume ante las fluctuaciones del mundo, aunque no siempre sea fácil de explicar.

Por su parte, Gandhi mismo tituló, a la que se conoce como su ‘autobiografía’, como La historia de mis experimentos con la verdad. El Mahatma, enraizado profundamente en la tradición, eligió esa palabra, pilar fundamental de la filosofía védica, para describir el objetivo de su ejemplar camino espiritual.

Asociación

Una vez que supe el lema de la India me acordé de cuántas veces había leído u oído una frase muy similar de parte de Swami Premananda y empecé a asociar. Swami siempre decía La verdad triunfará (‘Truth will win’) y, en general yo lo tomaba como una referencia a su caso legal, y a cómo su inocencia, tarde o temprano, se iba a dar a conocer.

Sin embargo, ahora creo que su mensaje tenía un carácter más universal y era apto para una doble (o triple) lectura.

Sí creo que, en un punto, Swami se refería estrictamente a su caso legal, y de hecho éste sigue, pues aunque Swami haya abandonado su cuerpo, hay otras tres personas inocentes (una de ellas un monje) que fueron acusadas junto a él, y que todavía están en prisión.

Swami Premananda en el Ashram - http://www.sripremananda.org

Por otro lado, Swami nació en Sri Lanka (un país justamente sin lema) y siempre fue considerado por la ley india como un ‘extranjero’. A pesar de sus obras caritativas y su servicio social desinteresado, las leyes lo tenían como ‘extranjero’ y ese status le trajo problemas prácticos en cuanto a su caso legal, al tratamiento de sus enfermedades y, una vez en samadhi, a la entrega por parte de las autoridades de su cuerpo físico al Ashram.

Que Swami declamara permanentemente que ‘la verdad triunfará’ lo veo como un guiño que simboliza su adherencia al concepto védico (Swami con frecuencia enseñaba acerca de discernir entre lo Verdadero y lo Falso), a la vez que como una seña de ‘fidelidad’ a la India, más allá de que, en apariencia, sus leyes, su burocracia y su corrupción le dieran problemas.

A fin de cuentas, como es norma, las palabras de Swami eran más profundas de lo que uno creía, trayendo siempre más reflexiones y enseñanzas espirituales.

Es que es así, la verdad ciertamente triunfa.

Esperando un nombre espiritual

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Durante las últimas semanas las crónicas de este blog se han centrado, inevitablemente, en el samadhi de Swami Premananda y, por ende, en temáticas relacionadas con la muerte. Supongo que de forma gradual iré cambiando de temas, aunque no prometo nada, pues se trata de un evento difícil de asimilar. No sólo por la tristeza de que Swami no esté en su forma física, sino por las desventajas prácticas que esto conlleva, entre ellas una de las más destacadas, la referente a las cartas.

Si bien, como antes, se le pueden seguir escribiendo cartas a Swami, que serán depositadas en su samadhi en el templo de Shiva en el Ashram de la India, ya no seguiremos recibiendo, como es lógico, respuestas personales de Swami, ya sean de papel o por correo electrónico. Para los que nos gustaba recibir consejo personal, directo y escrito de Swami, esto es una pérdida. Yo no dudo que escribirle a Swami sea suficiente para solucionar un problema o encontrar una respuesta interior, pero de todos modos siempre es bello recibir palabras personales de un maestro espiritual.

De la misma forma, hubo personas que escribieron a Swami antes de que él abandonara su cuerpo y no recibieron respuesta, pues sus cartas no llegaron a manos de Swami, o quizás llegaron pero Swami no llegó a responderlas. Este era el caso de Nuria, que le había pedido a Swami un nombre espiritual ya hace varios meses, sin recibir respuesta. Por tanto, cuando Swami dejó su cuerpo, una de las tantas sensaciones de Nuria (me permito hablar por ella con conocimiento de causa) era la de “nunca tendré mi nombre espiritual”.

Significado

Antes de seguir, ¿qué es esto de tener un nombre espiritual? Básicamente, el nombre que cada persona recibe cuando nace está basado en una elección ‘mundana’, según las preferencias, gustos y contexto de los padres. En algunos casos se elige el nombre de un recién nacido porque su sonoridad agrada, en otros por su significado, en otros casos por una cuestión de moda. Cuando digo una elección ‘mundana’, no quiero decir que todos pongan a sus hijos nombres de estrellas pop o modistos (aunque también existen esos casos), sino que los criterios que se utilizan para seleccionar el futuro nombre de esa persona se basan en general en el aspecto material, o sea en lo que el ojo y la mente humana pueden atrapar.

Hay niños que, por ejemplo, reciben los nombres de sus antepasados por motivos emocionales y de tradición, mientras hay otros que reciben nombres con referencias religiosas y espirituales debido a las creencias de sus padres. En ningún caso se critican estas elecciones. De hecho, cada padre elige el nombre que considera mejor para su hijo, sea por el motivo que sea (significado, sonoridad, árbol genealógico, homenaje cultural…)

La idea de un nombre espiritual tiene su asidero en que esta elección hecha por los padres no contempla, en la mayoría de casos, las cualidades esenciales de esa personalidad (o de esa alma). Y no lo hace por dos razones: no las conoce de antemano y aún queriendo, tampoco son visibles para la mayoría.

Un nombre espiritual verdadero sería aquel que se corresponde con las cualidades particulares de esa alma, no simplemente describiéndola, sino alentándola a identificarse con ellas de manera de poder avanzar más rápidamente en su camino espiritual.

Gustos

Mi nombre, por ejemplo, con el que estoy inscrito en el registro civil, es Naren, y como expliqué una vez, hace referencia a un gran santo de la India. A pesar de estas motivaciones ‘espirituales’, el nombre fue elegido por mis padres desde un punto de vista ‘mundano’, pues no reflejaba necesariamente las cualidades particulares de mi alma en este nacimiento. Eso no quita que mi nombre me guste mucho y, según el punto de vista, se pueda considerar más ‘espiritual’ que la elección de aquel asiático que como nombre de pila, a su hijo le puso David Beckham.

De la misma forma, muchos padres creyentes dan a sus hijos nombres de santos o vírgenes, especialmente en la religión católica, que es lo más habitual en Occidente. De hecho, gran parte de los nombres tradicionales en Occidente (aunque cambien los idiomas) tienen su origen en personajes bíblicos, santos y místicos, tanto del catolicismo como del judaísmo.

Sin embargo, repito, que el origen del nombre sea religioso o ‘espiritual’ no significa que sea el adecuado para esa persona en particular. Asimismo, es verdad que hay muchas personas que no están felices con el nombre ‘mundano’ que recibieron de sus padres, y esto podría deberse a que su ‘alma’ no se identifica con él, pero también es factible que se deba a una cuestión ‘mundana’ de gustos, de la misma forma que a mí puede no agradarme tener el cabello rizado que me ha tocado en suerte.

Elección

Entonces, si los padres en general no son capaces de elegir un nombre espiritual para sus hijos, ¿quién puede? Pues hay distintas alternativas. En la filosofía espiritual relacionada con el hinduismo, donde predomina la relación Guru-discípulo, es justamente el Guru quien da el nombre espiritual al aspirante. Si se trata de un maestro verdadero, entonces se da por sentado que es capaz de saber el nombre que corresponde a nuestra alma y que se ajusta a nuestras necesidades espirituales.

Evidentemente mi relación más cercana con los nombres espirituales se da a través de Swami Premananda, y hasta hace dos meses uno podía pedir su nombre al hacerse miembro del Sri Premananda Ashram (como fue el caso de Nuria), y entonces recibía un nombre espiritual en sánscrito o en tamil elegido por Swami. Según se explica, “el uso de este nombre te ayuda a estar consciente de tu naturaleza espiritual y de que has comenzado una nueva vida espiritual. Cada nombre dado por Swamiyi posee una cualidad y una vibración espiritual propia y te ayuda en tu sendero espiritual”.

De esta forma, recibir un nombre espiritual tiene dos aspectos básicos: Por un lado, es una ‘marca’ que recuerda al buscador espiritual que ha entrado efectivamente en el camino espiritual. De manera similar, cuando una persona deja la vida secular para tomar los hábitos religiosos (en cualquier religión) generalmente debe cambiar sus ropas y su nombre, no sólo como una forma de demostrar pertenencia a un grupo particular, sino como un símbolo de haber dejado atrás el antiguo ‘yo’ mundano en pos de un ‘yo’ espiritual.

Probablemente este proceso nos parece más normal cuando refiere a una vida monástica, pero la idea esencial es la misma.

Casos

Recibir un nombre espiritual puede sonar raro para algunas personas, pero es una práctica mucho más extendida de lo que creemos. Si los actores y los músicos se cambian el nombre para fines artísticos o comerciales, cómo no va a tener sentido hacerlo con fines espirituales.

En el caso de los hábitos religiosos, es normal que el monje o renunciante iniciado haga ciertos votos y asuma su nueva ‘personalidad’ con un nuevo nombre, que según la tradición que siga puede ser dado por un tercero o ser elegido personalmente. Paradigma de esto último es el caso de los Papas católicos, que deben elegir su nombre espiritual dependiendo de sus ideales y del tipo de ministerio que pretenden implantar en la Iglesia. El mismo criterio, aunque con menos repercusión mediática, se da con los sacerdotes y monjas católicas que, en general, abandonan sus apellidos y adquieren un título como ‘hermano’, ‘padre’ o ‘sor’.

En cuanto el islamismo, son muy famosos los casos de personas que decidieron convertirse a la religión de Mahoma y por ende debieron cambiarse el nombre. El campeón de boxeo Mohammed Alí (antes Cassius Clay) y el cantautor Yusuf Islam (antes Cat Stevens), son quizás los ejemplos más conocidos.

El budismo, el jainismo y el sikhismo, por nombrar otras religiones, en este caso muy cercanas al hinduismo, también utilizan la práctica del nombre espiritual. De hecho, el sikhismo es una de las religiones que más lo fomenta, y en algunos casos se puede pedir por internet llenado una solicitud, aunque eso depende de la ‘escuela’ que uno siga.

Identificación

El segundo aspecto fundamental de recibir un nombre espiritual (además de recordatorio de la entrada al sendero espiritual) tiene que ver con el significado de ese nombre, que “posee una cualidad y una vibración espiritual propia”. Esta ‘vibración’ puede estar directamente relacionada con las cualidades del alma del aspirante, en el sentido que fomenta esos aspectos más puros o positivos de la personalidad, creando así un sentimiento de identificación que ayuda a la persona a ser más feliz.

A la vez, las cualidades referidas en el nombre espiritual pueden no parecer, a priori, directamente relacionadas con la personalidad de ese aspirante, sino que se convierten más bien en un estímulo de aquello a lo que la persona debe aspirar; es decir, una pista de hacia dónde dirigir sus esfuerzos para evolucionar espiritualmente.

Como regla general, si uno medita y reflexiona sobre el significado profundo que tiene el propio nombre espiritual, seguramente encontrará mucho material para trabajar internamente, a la vez que hallará una ayuda y una guía personal en el propio camino espiritual.

El idioma en que se recibe el nombre espiritual depende de cuál es la lengua tradicional (o sagrada) de cada religión o escuela espiritual. Para el islamismo será en árabe, para el hinduismo en sánscrito (en el caso de Premananda también incluye el tamil que es su lengua materna), para el budismo en sánscrito o en pali, para el catolicismo, aunque los nombres son los mismos, dependerá de la lengua que se hable en cada país.

Hansika

Hace algunos días llegó un e-mail del Ashram de la India. El e-mail traía una respuesta personal de Swami, realizada antes de su samadhi, al pedido de nombre espiritual de Nuria. Cuando Swami entró en samadhi, algunas respuestas a cartas de devotos ya habían sido hechas, pero quedaron en el camino esperando su traducción final o su envío. No eran muchas cartas, pero una de ellas era para Nuria, o mejor dicho, para Hansika, ya que este es el nombre espiritual que Swami le dio.

Indagando con mi profesora de sánscrito, ella me explicó que el nombre deriva de Hamsaa, que significa ‘cisne’ (y por ende, la pureza y también la capacidad de discriminación). El sufijo –ikaa, me explicó mi profe, expresa un matiz entre cariño y respeto, que se podría comparar con el uso del diminutivo en castellano, por lo que Hansika (el cambio de ‘m’ por ‘n’ es una variación) es el diminutivo femenino de cisne, es decir ‘cisnita’ o ‘cisnecita’. La acentuación de la palabra es esdrújula.

Más allá de la explicación etimológica, con sus correspondientes connotaciones espirituales, lo más lindo de que Nuria haya recibido su nombre espiritual es que se trata de un ‘último regalo’ de Swami; o sea un regalo material, tangible, una carta y además un nombre, cuando ya parecía que no era posible.

Swami y su energía están en el corazón de sus devotos, eso no se discute, pero que bueno es comprobar que él también sigue presente, de alguna forma, en los aspectos prácticos.

 

Imágenes:

iuvalladolid2011.org

himalayanacademy.com

independent.co.uk

exoticindiaart.com

Un lingam desde la ‘muerte’

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Antes de que Swami Premananda abandonara su cuerpo, la razón principal (no sólo mía sino de todos los devotos y visitantes) para visitar la India era estar en el Sri Premananda Ashram para las celebraciones de Mahashivaratri, como cada año. Una vez que se supo la triste noticia, la prioridad de la gran noche del Señor Shiva quedó relegada por las ceremonias funerarias, al menos para mí.

Sobre esto, no fui yo el único en notar que Swami tuvo un gran timing para elegir la fecha para ‘entrar en samadhi’; es decir, si él hubiera abandonado su cuerpo en otra época del año, difícilmente cientos de devotos habrían podido arreglar de un día para otro una visita fugaz al Ashram para presenciar el funeral. En cambio, es en época de Shivaratri cuando la mayor cantidad de devotos y visitantes llegan al Ashram, justamente para presenciar el milagro del Lingodbhava. Por ende, nadie cree que sea casual la fecha elegida por Swami.

Cuando digo ‘elegida’, lo hago basándome en la creencia de que cuando una persona ‘entra en samadhi’ lo hace por propia voluntad, lo hace con conocimiento de causa, y no se trata de una muerte ‘ordinaria’. Otra cosa es que yo no sepa o entienda por qué Swami tuvo que dejar su cuerpo en este momento de su vida y no en otro. De hecho, Swami decía que todo lo que él hacía era por “voluntad de lo Divino”, y en este sentido doy por sentado que su samadhi fue una ‘decisión de Dios’ que Swami ya conocía.

El hecho que él no lo comunicara no es sorprendente, y en las vidas de los santos de todas las épocas hay muchas historias similares sobre cómo abandonan su cuerpo sin preaviso o simplemente dando pistas indirectas a sus allegados.

Samadhi de Swami Premananda

 

Mahashivaratri

En cierta forma, dentro de la tristeza, todos los presentes estábamos agradecidos con esta ‘treta’ de Swami, ya que nos había permitido asistir a las ceremonias funerarias, cosa que habría sido muy difícil en otra época, como ya he dicho.

De hecho, el año pasado (2010), la cantidad de personas que llegaron para Mahashivaratri era muy grande, pues ser testigo del nacimiento de los lingams no es un programa que pasen en televisión todos los días. Este año, sin embargo, el número de visitantes fue menor, ya que puede que muchos de ellos decidieran cancelar su viaje a último momento por las circunstancias. De todos modos había muchas personas, aunque no tengo el número oficial.

Una vez pasada la jornada del funeral (28 de febrero), el 2 de marzo comenzaron los preparativos para Mahashivaratri, que este año 2011 fue, justamente, de la noche del 2 al 3 de marzo. Las celebraciones fueron las tradicionales, aunque con variaciones. Por ejemplo, este año no se construyó un gran salón al aire libre, ni un gran escenario, ya que todas las actividades se llevaron a cabo junto al recién instalado samadhi de Swami, en el templo de Shiva.

Por otro lado, los maharudra abishekams, es decir, los rituales que cada año se hacían al gran shivalingam de piedra del Ashram, fueron realizados al nuevo shivalingam colocado sobre el samadhi de Swami, en el santuario principal del templo. Como cada año, se realizaron cuatro de estos abishekams, el primero a las 9pm del 2 de marzo, y el segundo a medianoche; a las 3am se realizó el tercer abishekam y a las 4.30am hubo un yagam, una ceremonia de fuego. El cuarto y último abishekam comenzó alrededor de las 6am, y en él fue posible que cada uno de los presentes hiciera la ofrenda personal de una flor al samadhi de Swami.

A las 8am todos los rituales tradicionales habían concluido y yo (como muchos otros) me retiré a dormir porque estaba muy cansado.

Diferencia

Si bien las actividades de la noche de Shiva eran similares a otros años, era evidente la gran diferencia: Swami no estaba físicamente vivo y presente. Que no estuviera físicamente presente podía ser considerado plausible, ya que hasta el año 2008 y desde 1995, Swami había pasado las noches de Shivaratri en la prisión. De hecho, yo mismo había celebrado Shivaratri en el Ashram en 2007 sin la presencia física de Swami, y se trató de una ocasión muy bendita.

Ahora, la gran diferencia era que no vería más a Swami en su cuerpo físico, y mucho menos manifestando lingams. Desde este punto de vista, me costaba disfrutar plenamente de la noche de Shivaratri.

De todos modos, todos los devotos participamos de las celebraciones y, como cada año, se arregló un sitio (ubicado detrás del samadhi de Swami) para la recitación del mantra ‘Om Namah Shivaya’ durante 24 horas (desde las 8am del 2 de marzo hasta las 8am del 3 de marzo). En dicha habitación se pusieron a la vista los primeros lingams manifestados por Swami durante los lingodbhava de los últimos cuarenta años. Había incluso un porta-lingam preparado para el año 2011, pero claro, estaba vacío…

Primeros lingams de cada año manifestados por Swami Premananda

 

Mensaje

A las 4.30pm del 3 de marzo yo todavía dormía en mi colchón, cuando mi hermano vino a nuestra habitación comunitaria y me despertó. Traía un mensaje: Un lingam había aparecido en el samadhi de Swami.

Mientras se estaba preparando el abishekam de la tarde al shivalingam en el samadhi de Swami, un devoto que estaba quitando las flores del último Maharudra abishekam de la noche anterior descubrió un lingam cubierto de kumkum entre las flores.

Efectivamente, como pude comprobar al levantarme e ir al templo, se trataba de un lingam rosado de un tamaño que se puede considerar grande para la medida estándar de los lingams manifestados por Swami cada año. Asimismo, todavía estaba cubierto de kumkum, el polvo rojo sagrado utilizado para rituales en la India y que Swami genera espontáneamente por su boca al dar nacimiento a los lingams. Realmente el lingam era hermoso y yo pude percibir su fuerte energía.

Todos los devotos se reunieron a contemplar el lingam recién llegado, y entonces una mataji del Ashram se encargó de darnos bendiciones con el lingam, uno por uno, a todos los presentes.

Lingam rosado "manifestado" por Swami Premananda en Mahashivaratri 2011

 

Naturalidad

Como es lógico, a alguien le pueden surgir dudas de si ese lingam no fue puesto allí por algún interesado, en lugar de haber aparecido por la gracia Divina. Como siempre, la experiencia ajena no alcanza para solventar la duda. Ni siquiera fui yo el que encontró el lingam entre las flores, y si bien yo no dudo ni un ápice del milagro, no puedo dar pruebas “científicas”.

De todos modos, en mi caso, yo ya había experimentado la aparición de lingams en el Ashram durante Mahashivaratri. En el año 2007, con Swami en la prisión, dos lingams aparecieron en su silla del Puja hall (el salón de rituales) y a todos nos alegró, como una muestra de la presencia y el poder de Swami.

Quizás por esos antecedentes, la aparición de un lingam “de la nada” me pareció lo más natural del mundo. Estábamos en Shivaratri, y no era la primera vez que veía un milagro similar, por ende lo tomé con naturalidad.

Día después

Con esta naturalidad seguí mi vida en el Ashram durante varias horas, hasta que al levantarme al día siguiente (esta vez temprano), caí en la cuenta de lo que había sucedido. Swami había hecho un milagro con mayúsculas, un milagro desde la ‘muerte’.

En muchas cartas previas, Swami había invitado a muchas personas a ir al Ashram por Mahashivaratri, prometiéndoles que “podrían ser testigos del Lingodbhava“. Aunque no de la manera esperada, su promesa se cumplió, y todos vimos el nacimiento de un nuevo lingam lleno de energía.

Por otra parte, después de una “muerte” tan inesperada y “ordinaria” (en el sentido de que en apariencia podría parecer impropia de una persona santa), en los corazones de muchos devotos había un anhelo de que Swami hiciera algo que demostrara su poder, es decir, que él todavía estaba con nosotros. Y lo hizo con un milagro, que no es poco, pero además demostrando que la “muerte” no era un obstáculo.

Acorde con las enseñanzas espirituales más antiguas y profundas, que dicen que el alma es inmortal, y que aquella persona que ha alcanzado a Dios, o ha conocido su verdadero Ser, es una con el Universo, Swami Premananda ‘puso’ un lingam sobre su samadhi, para demostrarnos la vigencia de esas palabras.

Cuando fui a contarle mi ‘revelación’ a Nuria, ella me dijo: “Claro, ¿recién ahora te das cuenta?”.

Y sí, recién entonces me había dado cuenta de lo grande del milagro, de su mensaje, y sobre todo, de que a pesar de su ausencia física, Swami seguía teniendo el poder de hacer lo que quisiera, lo cual como devoto me da protección, sosiego y fe.

El Samadhi de Swami (2da parte)

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Mi relación con la muerte no es particularmente fluida. Ni próxima. Al menos hasta ahora. Quiero decir que, por un lado, en mis treinta y un años de vida no había sufrido una pérdida tan cercana e inesperada como esta de Swami Premananda, por lo tanto no estoy habituado a “tratar” con este fenómeno.

Sin embargo, por otra parte, y como todos sabemos, este fenómeno es una condición inherente a la vida misma. Y aún así, parece que en general uno omite esta irremediable obviedad.

En el tercer capítulo (Vana Parva) del más grande poema épico de la India, el Mahabharata, hay un famoso episodio en que Yudhishthira, hijo del Dharma, es sometido por un yaksha (una especie de espíritu de los bosques), a una larga serie de profundas preguntas sobre ética, filosofía y espiritualidad. Entre ellas, el yaksha pregunta: “¿Cuál es la cosa más maravillosa de este mundo?”

A lo que Yudhishthira responde: “Día tras día, incontables vidas entran al Templo de la Muerte. Observando este espectáculo, el resto de esas vidas, las que aquí se quedan, creen ser permanentes, inmortales. ¿Puede algo ser más maravilloso que esto?”.

Cuerpo

El domingo 27 de febrero llegamos al Sri Premananda Ashram de la India y tuvimos la oportunidad de ver el cuerpo de Swami Premananda que aún estaba siendo velado y honrado en el llamado Puja hall, es decir la sala de rituales y meditación. Si bien el ambiente allí era de paz, mi primera sensación fue que ese cuerpo dentro de la urna de cristal estaba vacío, que no era Swami.

Como cada experiencia es personal, había personas que sí notaban energía especial en ese cuerpo, lo cual tiene sentido tratándose de una persona santa. A mí me generó respeto, por supuesto, pero no una profunda devoción o tristeza. Yo no lograba ver en ese cuerpo más que un contenedor, ahora vacío.

Desde un punto de vista optimista, esta sensación puede ser considerada como un signo de maduro entendimiento de que el cuerpo es un mero envoltorio de algo inmortal y superior (conocido como alma o espíritu). Desde otra visión más psicológica, se podría intuir como un tipo de bloqueo sobre los sentimientos negativos que podía producirme la situación, o como una forma alternativa de negar la muerte física de Swami.

En esos momentos pensaba mucho en toda la cuestión, a la vez que trataba de no pensar mucho, dejando las conclusiones para más tarde.

Ceremonias

Las ceremonias funerarias tuvieron lugar al día siguiente, el 28 de febrero, y comenzaron temprano. A las 6am el cuerpo de Swami ya había sido trasladado al templo de Shiva, el nuevo templo que aún está en fases de construcción en el Ashram. El recinto, que ahora es el samadhi de Swami, es una especie de mausoleo, de base rectangular (4mt x 5mt aprox.) y con estructura de torre (de unos 8-9mt de altura aprox.) decorada con el estilo de los gopurams de los tradicionales templos del sur de la India.

Dicho recinto era originalmente el santuario principal para un Shivalingam, lo cual no cambió, aunque ahora se había excavado un pozo de 2mt de profundidad x 2mt de ancho para colocar allí el cuerpo de Swami.

Antes de ese momento, los devotos presentaron sus últimos respetos al cuerpo de Swami, a la vez que un ramo grande de flores le era ofrecido en nombre de todos los devotos del mundo.

Luego, 17 sacerdotes brahmines venidos especialmente desde el vecino estado de Kerala realizaron una serie de ceremonias preparatorias. Es bueno decir que en la India todo se hace prolongado, al menos en comparación con la concepción del tiempo occidental. Los viajes en tren o autobús son largos; los trámites son largos; las bodas son largas; y evidentemente los funerales son largos (en total, las ceremonias de la jornada se extendieron de las 6am a las 5pm).

Para empezar, antes del amanecer, algunos miembros de la familia de Swami, sanniasines (renunciantes) y devotos fueron junto con sacerdotes al sagrado río Kaveri a recoger agua; allí realizaron un ritual para luego llevar el agua consagrada en el kumbam (un tipo de vasija importante en los rituales) para la ceremonia. Una vez que dicha agua llegó al Ashram, los brahmines recitaron milenarios mantras de los Vedas durante varias horas y también cantaron antiguos cantos, conocidos como tevarams, de los santos de Tamil Nadu.

Asimismo, los sacerdotes realizaron un gran yagam, una ceremonia del fuego, en la que todos los presentes pudimos participar tocando los elementos (principalmente granos) que serían luego ofrecidos al fuego.

El simbolismo de cada paso fue explicado, pero digamos que el significado principal de todos estos rituales preparatorios es que el alma de Swami ahora se unía definitivamente con Paramatma (“el alma suprema”), que según una versión del Hinduismo también puede ser identificado como Vishnu.

Entierro

Después de varias horas de ceremonias llegó el momento más emotivo, cuando el cuerpo de Swami fue colocado dentro del santuario según la antigua tradición. Alguna vez he hablado de cómo en la India la muerte (merced a, entre otras cosas, la creencia en la reencarnación) es vista con menos fatalismo que en Occidente. En cierta forma, en la India, la muerte es menos tabú que en Occidente.

Por eso mismo, quizás, el féretro donde estaba el cuerpo de Swami era de cristal, y se lo podía ver sin problemas. De la misma forma, a la hora de colocar el cuerpo en el santuario, un grupo de jóvenes indios residentes del Ashram (bajo la indicación de los brahmines) se encargaron de alzarlo (ya sin la urna) e instalarlo en el samadhi. Para nosotros, occidentales, ver que un cuerpo muerto es tocado, levantado y movido sin ningún pudor, sino con toda solemnidad y devoción, es un hecho extraño, seguramente generador de sensaciones múltiples.

Incluso sintiendo que se trataba “sólo de un cuerpo”, en mi caso personal, ese fue el momento más emotivo de toda la jornada de ceremonia. Lo cual quizás es lógico, pues al parecer es común que cuando se coloca el féretro del ser querido en la correspondiente tumba o nicho, uno toma renovada consciencia de la pérdida, y evidentemente se emociona. Sea como sea, la imagen del cuerpo de Swami, cubierto en una túnica amarilla, elevado por sus devotos rumbo al santuario, quedará en mi memoria.

El cuerpo de Swami fue instalado en el samadhi, dos metros por debajo la superficie del altar, sobre una plataforma de sándalo cubierta de hierbas sagradas. Los sacerdotes le pusieron guirnaldas de la planta tulasi (conocida como “albahaca sagrada”), hojas del árbol de bilva (considerado sagrado para el Señor Shiva) y collares de semillas del árbol de rudraksha. Luego se vertió amorosamente sobre su cuerpo vibhuti (ceniza sagrada), polvo de sándalo y cristales de sal.

Una vez que fue cubierto por éstos, se puso sobre el cuerpo de Swami tierra del Ashram y encima se colocó una losa de piedra especial.

Samadhi de Swami Premananda después de las ceremonias funerarias

Shivalingam

Antes de abandonar su cuerpo, Swami había dado instrucciones acerca del tipo y el tamaño del shivalingam que debía instalarse en el templo de Shiva. Se trataba de un shivalingam de piedra, de unos 1,20mt de alto y muy pesado. Dicho lingam también fue traído al templo y se realizaron las ceremonias adecuadas para su instalación.

Con el cuerpo de Swami ya colocado en el samadhi, la base del shivalingam fue instalada sobre la losa de piedra, al tiempo que los devotos recitábamos el conocido y poderoso mantraOm Namah Shivaya”. Asimismo, se pusieron algunos objetos religiosos pertenecientes a Swami en la base. Entonces, el lingam propiamente dicho se colocó sobre estos objetos. Inmediatamente, alrededor de la base y del lingam se untó una pasta ayurvédica de color naranja, hecha de hierbas y otras substancias, sellando así ambas partes entre sí.

Entonces, los sacerdotes hicieron el primer abishekam al gran shivalingam y los kumbams resultantes del anterior yagam fueron vertidos sobre el lingam. Acto seguido se mostró al nuevo samadhi un arati (una lámpara de luz o fuego) muy especial, ya que tenía unas 54 llamas (lo normal son 5 o 7 por ejemplo). A partir de ese día, y durante 48 días (hasta el 16 de abril), se comenzaron a llevar a cabo dos abishekams diarios al shivalingam del samadhi de Swami como parte de los rituales funerarios.

Shivalingam instalado sobre el Samadhi de Swami

Presencia

Como comenté la semana pasada, Swami había dicho en repetidas ocasiones que cuando él dejase su cuerpo físico, una poderosa energía espiritual se irradiaría desde su samadhi durante 2500 años. Yo no había pensado demasiado en ese tema, pues me parecía algo lejano (no sólo los 2500 años, sino la “muerte” de Swami). Visto en retrospectiva, ahora se entiende por qué durante el último año, Swami le dio tanta importancia a la finalización del templo de Shiva en el Ashram.

Asimismo, Swami había dicho que durante estos 2500 años todo lo que pidiéramos a su samadhi sería respondido (ya sean preguntas o pedidos). De ahí que el nombre del templo de Shiva (según anunció Swami en diciembre) será Kurai Teerkum Shiva, que en lengua tamil significa “Shiva que resuelve todos los problemas”.

Torre del Samadhi decorada al estilo de los templos del sur de la India

Ahora, casi un mes después de las ceremonias funerarias, sigo analizando los hechos en general, y sin duda me queda mucho por comprender. De todos modos, hay un detalle respecto al samadhi que tuve en cuenta ya desde mi estancia en el Ashram y que me interesa destacar: Una vez que el cuerpo de Swami fue instalado en el samadhi, y todas las ceremonias fueron realizadas, mi percepción interior fue que ese templo, ese santuario, tenía mucha energía espiritual.

Es decir, el santuario que contenía el cuerpo de Swami, ese mismo cuerpo que antes me había parecido vacío, ahora me transmitía gran vibración espiritual y me parecía poderoso, tal como había predicho Swami.

Este cambio, algunos lo atribuirán a las complejas ceremonias de consagración hechas por los sacerdotes; otros, a un efecto psicológico producido por el hecho de ya no ver el cuerpo muerto; otros, a la focalización de la mente en la “energía” de Swami, ya que su cuerpo ya no estaba… Seguramente hay muchas opciones para discutir y todavía no tengo la respuesta definitiva.

Lo único cierto es que ese cuerpo “vacío” ahora me parecía dotar de santidad ese samadhi, y aunque yo crea (y muchos más) que la presencia de Swami y su energía está en “todos lados” (incluyendo en mi corazón), no me parece nada mal tener un sitio material al cual dirigir la atención, sobre todo estando en el Ashram. De hecho, me hace ilusión pensar que podré visitar el samadhi de Swami cada vez que vuelva de visita al Ashram.

Seguramente, cada una de las personas que estuvo en esas fechas en el Ashram tendrá sus propias impresiones. Las arriba descriptas son las mías, vistas todavía de bastante cerca, y no son únicas ni definitivas. Aún estoy en proceso de asimilación y esta crónica, además de informar, sirve (como tantas otras) para sacar a la luz pensamientos-sentimientos internos y sopesarlos mejor. En eso estamos.

Imágenes:

bhagavananandamurti.wordpress.com

absolut-india.com

Nuria Parera

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