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Anāhata, el espacio sin fricción

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Siempre que escucho la traducción de la palabra sánscrita anāhata (anáhata) me quedo con cara de nada. De hecho, la traducción que más me encuentro suele ser en inglés – “unstruck” -, que es bastante literal del sánscrito, y que podría traducirse como “no (an) golpeado (āhata)” o “no tocado”.

El interés que despierta esta palabra en mí es que, en la anatomía sutil yóguica, es el nombre del centro energético o cakra (chakra) ubicado en el centro del pecho, en el espacio del corazón. Este espacio es especialmente relevante en la tradición yóguica pues ya los textos antiguos – especialmente las Upaniṣads – indican que allí reside el ser (a veces llamado ātman, a veces prāṇa, a veces puruṣa, a veces brahman…).

Por ejemplo, la Taittirīya Upaniṣad (II.1.1):

“El ser (brahman) es la verdad, el conocimiento y la infinitud.
Aquel que sepa que reside en la caverna [del corazón],
en el espacio supremo,
ése alcanza todos sus deseos
y a la vez brahman, el omnisciente”.

Según se explica, esta “cueva del corazón” donde se esconde lo más sutil de lo sutil, es decir nuestra esencia, trasciende al anāhata cakra, pero concentrarse en el centro energético o cakra (utilizando diversas técnicas) es una buena manera para contactar aquello que está más allá. Los sabios explican que “eso que está más allá” es un espacio de gozo, de permanente quietud y de silencio, en el sentido de que nada “es golpeado” o, quizás mucho mejor, como dice el yogui Sri Andrei Ram, donde “no hay fricción”.

En general, todo sonido (externo o interno) que conocemos o experimentamos está compuesto, al menos, por dos partes que se tocan, golpean o “friccionan”: la mano que percute el tambor, el pie que pisa la tierra, la lengua en contacto con diferentes partes de la boca a la hora de hablar, el viento chocando contra las piedras o el mar, los astros y sus atmosferas…

Entrando en un plano más sutil la regla es la misma: las diversas formas del mundo en contacto con la facultad de la vista, el sentido de la vista en relación con el cerebro, mis pensamientos en interacción con mi fuerte sentido del yo, mi sentido del yo analizado por mi intelecto, yo y mi meditación, mi concentración en el objeto de meditación, yo y mi samādhi

Sin embargo, dicen los yoguis, hay un espacio profundo y pequeño (“del tamaño del dedo pulgar”) donde se puede percibir un “sonido sin fricción”, o anāhata nāda, que los filósofos definen como “la divina melodía interior” o la “resonancia interna continua” y que es el sonido sutil escuchado en meditación profunda, también llamado OM o Aum. Este sonido se considera primordial, inefable y en cierta forma inaudible, pues no se escucha con los oídos físicos.

Para la tradición tántrica (y el haṭha yoga es una ramificación de esta tradición), es en el cakra del corazón donde se revela ese sonido cósmico. De ahí que la palabra anāhata, para tratar de hacerla entendible, se traduzca a veces como “so­nido hecho sin que dos cosas se choquen”.

Por lo que explican los yoguis, no tiene sentido intentar escuchar ese sonido, pues en ese caso uno ya estaría poniendo elementos en juego (expectativa, “yo escucho”/”yo no escucho”, activación del sentido del oído…) que generarían fricción. El sonido sin fricción, al parecer, surge espontáneamente cuando uno entra en el espacio sin fricción. Por tanto, la práctica está más bien en purificar la mente con diferentes ejercicios (físicos, mentales, energéticos…) para poder, al menos, vislumbrar ese espacio no-dual, en que sólo está uno mismo, sin interferencias.

Como todos los yoguis o meditadores, he tenido (o creído tener) algún fugaz vislumbre de ese espacio, pero de ninguna manera puedo hablar con autoridad de este tema desde la propia experiencia directa. Lo que sí tengo es mucha confianza en la palabra de maestros genuinos y textos sagrados y también un buen grado de certeza nacido de las breves e internas experiencias personales.

Curiosamente, el hecho de analizar y entender intelectualmente el profundo sentido filosófico del nombre anāhata me ha dado mucha inspiración y me ha ayudado a tener más claro lo que hay en ese pequeño pero inmenso espacio en el centro del pecho.

Qué mejor que cerrar, entonces, con una cita de la Chāndogya Upaniṣad (VIII.1.1-3):

“OM. En el centro de esta ciudad de brahman (es decir, el cuerpo) hay un pequeño santuario en forma de flor de loto.
En su interior hay un espacio diminuto. Hay que buscar, hay que desear conocer lo que hay dentro (…)

El espacio en el interior del corazón es tan vasto como todo el universo. En su interior caben el cielo y la tierra, el fuego y el viento, el Sol y la Luna, el relámpago y las estrellas. Todo está contenido en su interior, lo que pertenece a uno en este mundo y también lo que no le pertenece”.

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El cuerpo es como un carro, la mente son las riendas…

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Estoy leyendo una versión de las Upanishads principales, que son parte de los textos revelados más sagrados para el hinduismo junto a los cuatro Vedas. Las enseñanzas de las Upanishads son muy filosóficas y ofrecen una clara orientación trascendental, cuyo mensaje esencial es que hay una Realidad suprema universal que es idéntica al ser individual, llamado ātman.

Mi experiencia con la lectura es que el profundo enfoque filosófico de las Upanishads es hermoso, a la vez que, en ocasiones, sus textos pueden ser difíciles de comprender por su nivel de sutileza. Sobre todo si el verano boreal pesa sobre tu cabeza, como es mi caso, y todo trabajo intelectual se vuelve más lento.

A este respecto, mientras leía la Katha Upanishad (o Kathopanishad) me encontré con una famosa analogía tradicional en que se compara al cuerpo humano con un carro de caballos.

Yo había escuchado esta enseñanza en diferentes ámbitos pero desconocía que la fuente original fuera la Katha Upanishad (3.3-4). A saber:

“Tú, conoce al ser individual (ātman) como el dueño del carro, y al cuerpo ciertamente como el carro. Conoce al intelecto (buddhi) como el auriga, y a la mente (manas) ciertamente como las riendas. Los sentidos, dicen, son los caballos, y los objetos de los sentidos son los caminos”.

En las enseñanzas espirituales es muy común apelar a comparaciones y metáforas para reforzar el mensaje que se desea transmitir, pero ya sea por el calor estival, por mi falta de contacto con carruajes o por incapacidad, me costaba entender de buena forma la analogía y sus implicancias en la vida práctica. Es por eso que decidí hacer un cuadro simple que me ayudara a entenderla mejor (se amplia al clicar).

Al hacer este simple cuadro la idea se me hace clara y me resulta más fácil de asimilar. El carro es nuestro cuerpo material que se mueve en el mundo llevado por los sentidos (es verdad que los caballos deberían ser cinco, como los sentidos, pero en todas las buenas imágenes que pude encontrar siempre había cuatro caballos). Los sentidos, a su vez, van detrás de los objetos sensoriales, que despiertan su interés sin pausa. Depende de la mente controlar los sentidos, dándoles rienda suelta o frenándolos.

Debido a que la mente es, por naturaleza, inquieta y cambiante, se necesita de un auriga, un cochero, que aplique el discernimiento sobre la mente y el carro. Ese discernimiento es característica básica del intelecto o la inteligencia, ambas traducciones posibles de la palabra sánscrita buddhi.

Por alguna razón, esta analogía del carro está ligada a la Bhagavad Gītā, aunque no sale explícitamente en su texto. Supongo que no hay mejor ejemplo de inteligencia/intelecto que el Señor Krishna mismo como auriga.

En cualquier caso, espero que este sencillo cuadro les sirva como a mí para entender parte del proceso que nos hace “ir hacia afuera” y, sobre todo, cómo controlarlo para volver a estar en contacto con nosotros mismos, el pasajero de ese carro llamado cuerpo.

Guru Pūrnimā 2013 y el Guru Mantra

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Para cualquier aspirante espiritual uno de los días más importantes del año, sino el más importante, es Guru Pūrnimā, el día del guru, que se celebra en la luna llena del mes hindú de Āshādha, es decir junio-julio del calendario occidental. Este año 2013, cae el Lunes 22 de Julio. En ese día se honra al maestro espiritual por su rol fundamental de guiar a cualquier persona en el sendero hacia la Verdad Suprema. Si uno tiene un guru específico, entonces le rinde homenaje a ese ser; si uno no tiene un maestro particular, entonces venera a todos los preceptores espirituales o, al menos, al papel esencial que juegan en el avance espiritual de cualquier persona.

En Occidente, donde los valores del individualismo y la hiper-información son ley, puede que no sea muy popular la idea de seguir a otra persona como nuestro guía. A este respecto, un reconocido maestro espiritual de la India daba un curso de respiración y meditación en Argentina y una persona, ignorante del contenido del curso, se burlaba, pues ella “ya sabía respirar”. Quizás inhalamos y exhalamos, pero no por eso “sabemos respirar”.

De la misma forma, quizás hayamos leído muchos libros filosóficos y espirituales, pero eso no es suficiente para progresar si no hay un maestro genuino que nos guíe. Sin entender esto, creemos que lo sabemos todo, pues ahora tenemos ADSL en casa, conexión satelital en el teléfono y noticias de todo el mundo en tiempo real.

Para la tradición hindú, en cambio, el binomio guru-discípulo es básico y en él se fundamenta todo el proceso de desarrollo espiritual de cualquier persona. Sólo quien conoce el camino y ha llegado a la meta puede guiar a otros, de lo contrario se trata de “un ciego guiando a otro ciego”, como dicen los sagrados textos de las Upanishads. Esta alta estima que posee el maestro espiritual en la tradición védica se ve reflejada en el hecho de que se le compara con la misma Divinidad.

De allí, la existencia del conocido Guru Mantra:

gururbrahmā gururvishnur gururdevo maheshvarah /

guruh sākshāt parambrahmā tasmai srī gurave namaha //

Es decir:

“El Gurú es Brahmā, el Guru es Vishnu, el Guru Divino es Shiva (Maheshvara)/

El Gurú es la Realidad Suprema directa, reverencias al respetable Gurú”.

Por tanto, para la tradición espiritual de la India, el maestro espiritual representa la misma Trimūrti, o sea los tres dioses principales del cíclico proceso que crea (Brahmā), sustenta (Vishnu), destruye y regenera (Shiva) el Universo. Ya sea que uno tome esta definición como literal o como simbólica, nos da una idea de la importancia del guru.

Yo tengo la buena fortuna, en realidad bendición, de tener un maestro espiritual particular a quien dedicarle especialmente este día de Guru Pūrnimā. Su nombre es Sri Swami Premananda y ya he hablado de él en otras ocasiones. Como celebración de este día especial, además de honrarle y agradecerle de forma privada, aprovecho para publicar un discurso suyo sobre la relevancia de Guru Pūrnimā en que también habla del guru mantra.

Creo que no hay mejor forma de honrar un día así, que dejando que el mismo maestro hable y nos instruya en el sendero espiritual que todos, de una u otra forma, recorremos.

Swami Premananda

Swami dice:

“Sabios espirituales con mentes altamente desarrolladas dejaron sentadas las antiguas enseñanzas universales. Este Sanātana Dharma explica el estado divino en el que el Guru y Dios se vuelven idénticos. Esa es también la razón por la cual ellos explicaron: ‘Gurur Brahmā Gurur Vishnur Gururdevo Māheshvarah’.

Desde el tiempo en que este mundo fue creado, el Sol ha estado poniendo sus ojos sobre la Tierra. Todos los seres vivos de la Tierra, tales como la hierba, los gusanos y demás, son creaciones de Dios. Para que la creación de Dios evolucione y crezca, la Tierra dio nacimiento a grandes personas de sabiduría: rishis, santos, místicos, avatāras, siddhas y profetas. Los seres humanos no comprenden plenamente la energía divina de esta Tierra y el estado de sabiduría. La Tierra contiene dentro de sí muchos sabores, tales como dulce, amargo, agrio, picante, salado y también contiene muchos aromas. ¿Podemos entender algo de esto con sólo mirar el suelo?

La planta de la caña de azúcar que brota de la tierra toma de ésta su dulzura y la pasa a otros. Asimismo, los demás árboles y las otras plantas también toman el sabor que es esencial para su crecimiento. Los árboles toman el sabor y la fragancia de la tierra y los pasan a través de sus frutos. Del mismo modo, cuando un ser humano madura, él toma la sabiduría de la Tierra y eso se transforma en sabiduría espiritual. Esta Tierra contiene todas las formas de energía. Sin comprender la grandeza de esta Tierra, vivimos alegremente en ella.

Sólo las grandes almas entienden verdaderamente la sabiduría espiritual y a ellos se les considera gurus. Para la palabra guru hay numerosas explicaciones y muchos significados. Jesús vino para nacer como Dios y enseñó como un guru. Buda vino como una encarnación de Dios y enseñó como un maestro espiritual. El Profeta Mahoma enseñó sobre Dios. Así, las deidades Brahmā, Vishnu y Māheshvara también instruyeron a la sociedad. Dios y los mensajeros de Dios enseñan para ayudar a los seres humanos.

Leed las enseñanzas de estas personas iluminadas y prestadles atención. Puede que ellos hagan miles de milagros, pero no hay mucho en eso. Sobre todo, es la enseñanza lo que importa. El día de Guru Púrnima nos recuerda estas enseñanzas. Puede que haya muchas religiones, muchos idiomas y muchas subdivisiones de religiones, pero es la enseñanza divina la que contiene sabiduría espiritual.

Algunos que no han logrado el estado de sabiduría y que no poseen la experiencia o la madurez espiritual se imaginan que son gurus y empiezan a predicar. Los alumnos que estudian con ellos, sin madurez, no progresarán. Puede que al principio no comprendan lo que está sucediendo, pero cuando sean afectados de manera adversa se darán cuenta.

Cuando los santos, los sabios, los siddhas y los avatāras viven en la Tierra, a menudo tienen que sufrir numerosas y severas pruebas y dificultades. Incluso han derramado su sangre. Sus cuerpos tal vez hayan experimentado mucho sufrimiento, pero ellos nunca perdieron su modo sabio de pensar ni olvidaron sus prácticas espirituales.

Sin importar qué ocurría, ellos siempre continuaron enseñando. El hombre no entendió el elevado estado en el que ellos se hallaban, pero su valor y su influencia jamás se han reducido. Al igual que diamantes cortados y pulidos, ellos se han vuelto crecientemente más y más brillantes.

Aunque no podemos pensar en estos gurus 365 días al año, al menos pensemos en ellos una vez al año. Es por eso que celebramos este día de Guru Púrnima. Celebremos este día como un día sagrado y divino, como un día abundante de Dios y del Guru y digamos plegarias espirituales significativas y benevolentes para el beneficio de todos”.

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