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1 definición larga de Yoga en la Bhagavad Gītā

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Hace un año escribí el post titulado 3 breves definiciones de Yoga en la Bhagavad Gītā, en donde prometía hablar también en algún momento de las definiciones largas que aparecían en el sagrado texto hindú. Pues, ese momento ha llegado, y me quiero concentrar en una definición que me ha interesado por su juego de palabras y, más importante, su descripción de los beneficios de la práctica yóguica.

De hecho, gran parte del capítulo VI de la Gītā, conocido como Dhyāna Yoga, es de particular interés para los haṭha-rāja yoguis, ya que en la descripción del “sendero de la meditación” Śrī Kṛṣṇa (Shri Krishna) incluye detalles sobre la postura correcta, los hábitos idóneos, la metáfora de la vela o cómo controlar la mente. Sin detenernos hoy en toda esa valiosa información y llegando directamente al śloka 23, Śrī Kṛṣṇa dice:

taṁ vidyād duḥkhasaṁyogaviyogaṁ yogasaṁjñitam

Es decir:

“Sabe que ese estado en que hay separación (viyoga) de la unión (saṃyoga) con el dolor (duḥkha) es llamado Yoga”.

O dicho más directo:

“Yoga es la separación de la unión con el dolor”.

Obviamente, en este verso hay un juego de palabras con el término yoga, casi como si en español, y con mucha menos gracia, uno dijera:

“La unión es la desunión de la comunión con el dolor”.

Es curioso que la definición actualmente más difundida de Yoga tenga que ver con la “unión” entre cuerpo, mente y espíritu (o entre el ser individual y el Ser universal) y en este pasaje, en cambio, se haga hincapié en la “separación”, una idea muy arraigada en la antigua filosofía Sāṃkhya, de la que los Yoga sūtras de Patañjali beben grandemente y también, en parte, la misma Bhagavad Gītā. De todos modos, aquí se habla de separarse del dolor, lo cual implica estar en contacto directo con la dicha, que al final no es otra cosa que identificación o “unión” con la Realidad.

Según la traducción, el verso puede encontrarse como “liberación de la cadena del dolor” (Fernando Tola); “liberación de las cadenas del sufrimiento” (J. Arnau); “liberación frente a la opresión del dolor” (Mascaró); “ningún contacto con el pesar” (Swami Vijoyananda); “el estado que quita el dolor” (Jean Riviere)… Justamente, lo que más nos interesa de esta definición es la descripción de ese estado que nos “separa del contacto con el dolor” (Swami Nikhilananda). Y aquí es cuando la definición se pone larga…

En una traducción posible basada en diferentes fuentes, así lo explican los ślokas VI.20-22:

“Aquel estado en que la mente, controlada por la práctica del Yoga, consigue la quietud;
y en que viendo el Ser (ātman) a través del Ser, se está satisfecho en el propio Ser;
aquel estado en que uno conoce una dicha infinita que está más allá de los sentidos y que solo el intelecto (buddhi) puede comprender;
aquel estado en el que, estando establecido, uno ya nunca se separa de la realidad;
aquel estado que una vez obtenido genera el pensamiento de que no puede haber logro superior;
y en el que, una vez establecido, no es conmovido ni por el más intenso de los dolores”.

La filosofía hindú plantea que este mundo, en esencia, ofrece sufrimiento. La forma de separarse de ese sufrimiento es la práctica del Yoga, que en sentido amplio sería cualquier camino o método hacia la liberación. En el capítulo dhyāna yoga de la Gītā el método que se explica tiene que ver con la meditación (“el cultivo de la mente” o “la contemplación del ser” también traducen algunos autores), con aquietar la mente, controlar los sentidos y encontrar la fuente de toda satisfacción en uno mismo.

Por supuesto, la meta ofrece una perspectiva tentadora y, como no puede ser de otra manera, el camino es esforzado, ¿pero acaso no es la vida esforzada en general?

Para alentarnos, Śrī Kṛṣṇa dice al final de esta larga definición:

“Este Yoga debe ser practicado con determinación (niścaya) y sin que la mente se desaliente (anirviṇṇa)”.

Que así sea.

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Govinda, George Harrison y la Brahma-Saṁhitā

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Mis clases semanales de sánscrito en la Universitat de Barcelona impartidas por la Dra. María Elena Sierra siempre son una fuente de inspiración para este blog y sus contenidos. De hecho, la semana pasada estuvimos recitando un texto tradicional llamado Brahma-Samhitā, que es especialmente venerado por una rama del vaishnavismo, la fracción del hinduismo que adora a Vishnu como el Absoluto.

Esta rama del vaishnavismo, de nombre Gaudīya sampradāya, adora a Vishnu en su aspecto de Sri Krishna y su exponente más conocido en occidente es la organización ISKCON, popularmente conocidos como los Hare Krishna.

La historia de la Brahma-Samhitā es muy atractiva porque se considera una escritura antigua que estaba desaparecida y que fue encontrada en el siglo XVI por el santo y místico bengalí Sri Chaitanya Mahāprabhu, en un templo de Kerala, durante su peregrinación por el sur de la India. En realidad, se dice que lo que encontró Sri Chaitanya fue apenas un manuscrito con el capítulo 5 de un texto mucho más extenso que, ese sí, continúa perdido.

La particularidad del texto es que, en él, se explica que el dios Brahmā considerado el creador del universo, recibe un mantra y la inspiración divina de parte del Señor Krishna, para así poder cumplir con su rol creativo. De hecho, cerca de la mitad de las 62 estrofas con que cuenta el texto son loas y oraciones de Brahmā para Krishna, que se presenta aquí como el “ser primordial”.

Este texto es toda una “declaración de intenciones” de la filosofía vaishnava y no es casual que el dios creador dependa, en realidad, de la gracia e inspiración de Sri Krishna.

Justamente, el mantra que se repite como “coletilla” durante esta letanía de alabanza es siempre:

govindam ādi-purusham tam aham bhajāmi

Cuya traducción literal podría ser:

“A Govinda, la persona original, a él yo adoro”.

Govinda es un nombre de Krishna en su rol de pastor de vacas, que significa “el que encuentra a las vacas”.

Más allá de su sentido original, este mantra trascendió los límites vaishnavas y cobró fama merced a una canción producida y arreglada por George Harrison en 1970, de título Govinda. Como es sabido, de los cuatro Beatles, Harrison fue quien más interés mostró por la filosofía hindú y, eventualmente, se involucró activamente con el movimiento Hare Krishna.

De hecho, la canción Govinda fue grabada en colaboración con el templo Radha Krishna de Londres, con quienes un año más tarde (1971) publicaría un disco llamado simplemente The Radha Krsna Temple, en el cual aparece otra vez Govinda junto a otras oraciones y mantras tradicionales.

Si bien la versión producida por Harrison era moderna y acorde a los tiempos, fue también muy respetuosa con la tradición hindú. Al punto de que el fundador de ISKCON, Swami Prabhupāda, pidió que la canción fuera puesta al inicio de las adoraciones diarias en todos los templos Hare Krishna del mundo. De hecho, la voz principal de la canción es femenina y pertenece a una devota llamada Yamuna, mientras que Harrison se limita, al parecer, a tocar la guitarra y el harmonio.

De todas formas, gracias a la participación de Harrison, esta canción devocional llegó a estar en el puesto 16 del ranking de sencillos del Reino Unido y como resultado el mantra pasó a la fama. En la canción también aparecen completas las estrofas 30 y 32 de la Brahma-Samhitā.

Después de tanta explicación aquí va la canción:

Para aquellos que quieran escuchar una versión más tradicional, aquí está la recitación de la Brahma-Samhitā a partir de la estrofa 29:

Y si alguien quiere leer el texto original completo y en sánscrito (con traducción al inglés), puede clicar aquí.

Finalmente, y sabiendo que este blog tiene lectores de todos los tipos, comparto una canción moderna del grupo “yóguico-electrónico” norteamericano EarthRise Soundsystem, en que hay DJ’s, raperos y baile, y sobre todo un estribillo que, a esta altura, no hace falta especificar:

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Krishna y el árbol tamāla

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En una situación que es nueva para mí, pero que he descubierto no es únicamente mía, sino común a todos los padres y madres recientes, ahora que tengo una hija me veo en la función cotidiana de hacerla dormir. Dicho objetivo, como es sabido, se logra con mayor facilidad si se entona alguna canción.

A pesar del gran bagaje musical que uno creía llevar, se encuentra cada noche (o siesta o media-mañana) cantando las mismas 3 melodías que, por lo general, suelen salir de zonas olvidadas del subconsciente.

Una de esas melodías la aprendí de mis padres hace años y es un canto devocional llamado Mi Krishna es azul que dice:

Mi Krishna es azul, / tamāla es árbol azul, / así te amo mi tamāla azul. /
Y cuando muera, Madre, / alto levántame / en la rama del tamāla azul. /
Donde Krishna se sentó, allá moriré / en la rama del tamāla azul. /

Como pasa con muchas cosas que se aprenden de niño no me había puesto a analizar el sentido de la canción hasta ahora, momento en que yo se la canto a mi hija. El foco de mi análisis era la palabra tamāla, que se deduce es un árbol, pero yo no sabía qué tipo de árbol y ni siquiera estaba seguro de que se llamara así (o tamar, por ejemplo).

Como no soy gran conocedor en botánica mi información era precaria, aunque me ayudó que la palabra apareciera en las páginas de El Evangelio de Sri Ramakrishna con la siguiente definición: “Árbol de hojas azul oscuro, favorito de Sri Krishna“.

Investigando un poco sobre esta planta puede saber que, ni más ni menos que en el Śrīmad Bhāgavatam, el cuerpo de Krishna es definido como semejante al “color azulino del árbol tamāla“.

Asimismo, en el Śrī Caitanya Caritāmrita y hablando del sagrado nombre de Krishna, el santo místico Śrī Caitanya Mahāprabhu dice que “su único significado es que Él es azul oscuro como el árbol tamāla…”.

Por si alguien desconoce el dato, se dice que el Señor Krishna tiene la piel de color azul.

¿Qué árbol es el tamāla?

Con la palabra ‘tamāla’, el diccionario Sanskrit-English de Monier-Williams lista, al menos, cuatro plantas diferentes: Xanthochymus Pictorius (o Garcinia); Crataeva Roxburghii (o Crateva religiosa); Acacia Catechu; y Cinnamomum tamala, a veces llamado “laurel indio”.

Si bien ninguna de estas plantas parece tener “hojas azul oscuro”, algunas fuentes dicen que el tamāla de Krishna podría ser el último árbol, que se utiliza mucho en cocina india y cuyas hojas son particularmente especiadas, con cierto sabor a canela. Soy incapaz de corroborar o refutar esta información. Quizás algún lector avezado en el tema pueda ofrecer detalles útiles.

Actualización: el sacerdote hindú Krishna Kripa Dasa me informó que, en la tradición váishnava, lo oscuro del árbol tamāla no son las hojas sino la corteza, por lo que las pastorcillas devotas de Krishna (gopīs), arrebatas de amor místico, confunden el tronco del árbol con el propio Krishna, llegando a abrazar el árbol con todas sus fuerzas.

Imagen de un Cinnamomum tamala.

Hojas secas de Cinnamomum tamala, algo más “oscuras”.

Cantos cósmicos

Otro hilo de mi investigación siguió la pista de Paramahansa Yogananda, el gran santo que tanto influyó en la vida espiritual de mi familia y de quien, a veces sin saberlo, cantamos canciones como si fueran parte de la tradición popular.

La ahora devenida canción de cuna Mi Krishna es azul es, en realidad, una traducción de My Krishna is blue, una composición original del mismo Yogananda que aparece en el libro Cosmic Chants y que incluye unas 60 canciones devocionales, siendo más de 40 de su total autoría (las restantes son adaptaciones y versiones de poemas y cantos tradicionales indios).

Según encontré en la red, los devotos de la Self-Realization Fellowship (la asociación fundada por Yogananda en Occidente) cantan My Krishna is blue cada vez que se celebra Janmāsthami (el cumpleaños de Krishna). La versión en inglés, que es la original, sólo tiene pequeñas variaciones:

My Krishna is blue, / the tamal tree is blue, / so i do love thee tamal tree. /
And when I die, oh mother / put me high / on a branch of the tamal tree. /
Where Krishna sat, there I would die / on a branch of the tamal tree. /

Se puede escuchar esta versión en inglés:

A pesar de mi búsqueda no puedo encontrar la versión en español, que tiene la misma melodía. El libro Cosmic Chants no está traducido en su totalidad al español aunque existe un audio-libro titulado Mi corazón Te espera que consiste en “30 interpretaciones de los Cantos Cósmicos de Paramahansa Yogananda”.

Si bien sé que son 2 CD’s grabados por devotos de Buenos Aires (Argentina), no puedo averiguar si Mi Krishna es azul está incluido en la lista de temas (Actualización: la canción NO está incluida en el CD).

Por tanto, no sé si la versión española que yo conozco de la canción es la “oficial” o es la traducción hecha por un devoto estadounidense de Yogananda que la cantó para mis padres en los años ’80. Si fuera así, la canción que cantamos en casa es un ‘inédito’ que no descartamos grabar en forma casera…

En un post lleno de interrogantes inconclusos lo único cierto que puedo decir es que a mi bebé le gustan las canciones a Krishna, que es una personalidad muy amorosa y calma. Sin olvidar, por supuesto, el gusto que tiene por los villancicos y las cumbias morunas que le cantan las abuelas.

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