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Luz y oscuridad, por Swami Premananda

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Cuando tengo poco tiempo para escribir este blog recurro a algún discurso inspirador de Swami Premananda, lo cual más que un recurso fácil ha demostrado siempre ser una muy buena forma de difundir mensajes espirituales útiles para varias personas, empezando por mí.

Esta vez, el tema se titula Luz y oscuridad y fue publicado en la revista del Sri Premananda Ashram de octubre 2017. Lo comparto a continuación:

“A pesar de que sabemos cómo quitar la oscuridad de nuestro interior e iluminar nuestras vidas, seguimos involucrándonos en las oscuras sombras de la ilusoria vida mundana, tapando nuestras mentes de forma que no podamos contemplar la luz. Cuando cerramos los ojos la mente vacila y pensamientos de hechos pasados desfilan frente a nosotros como en un sueño. A menudo pensamos en disipar esa oscuridad interior para iluminar nuestras vidas, sin embargo la vida mundana continúa arrastrándonos de regreso hacia la oscuridad, dejándonos en lo que parece ser una oscuridad permanente. Le hablamos a la mente acerca de nuestras expectativas y deseos, e incluso si la mente prefiere buscar la luz, el cuerpo continúa morando en la falsedad, disfrutando sus frutos.

Con oscuridad y engaño por doquier no podemos ya distinguir lo verdadero de lo falso. Sin importar cuántas veces hayamos tratado de disipar la oscuridad de nuestras vidas, y sin importar cuánto deseemos y esperemos vivir de forma iluminada por tener fe en la dicha de la luz, nuestros hábitos y deseos nos mantienen atrapados en la ilusión. ¿Cómo podemos liberarnos de una vez por todas de esta ilusión?

A pesar de que en un tiempo estuve prisionero del deseo, yo creía que un día sería liberado. Yo dije: “¡Suficiente, suficiente!” y con determinación y a través de la renuncia, elegí un sitio para permanecer en silencio. Mis esfuerzos dieron resultado. Fui liberado de la prisión del deseo, pero a pesar de mi liberación el deseo siguió llamándome. Cuando estaba en la prisión de la ilusión me di cuenta de que allí nada es permanente. Fue el silencio lo que me ayudó a disipar la oscuridad del mundo ilusorio en el cual vivía.

Les tomó algún tiempo a mis oídos darse cuenta de que la conversación innecesaria no tiene valor. Cerré mis ojos para evitar ver esas cosas que no eran relevantes para una vida elevada. En este estado escuché en mi interior el melodioso sonido Om. Como me mantuve en silencio, la saliva de mi lengua tenía el sabor del néctar de ambrosía. Cuando me quedé por largo tiempo en ese estado comencé a sentir una fragancia agradable al inhalar.

El sonido de OM, el sabor del néctar, la fragancia agradable, todo esto va al torrente sanguíneo, circula a través del cuerpo y despierta la kundalini en el muladhara chakra. La energía kundalini entonces sube gradualmente hasta llegar a la coronilla de la cabeza. Durante su movimiento ascendente la gloriosa luz de sabiduría comienza a brillar en el interior y uno entra en un estado gozoso. Existen varias formas y métodos de alcanzar este estado gozoso, muchas técnicas de meditación que uno puede practicar y, sin embargo, aunque tenemos el deseo de experimentar este estado de gozo no hacemos ningún esfuerzo serio para lograrlo.

La imagen puede contener: una persona, barba y primer plano

De la misma forma que podemos descubrir un perla en una caracola llena de barro, podemos encontrar luz en nuestro cuerpo manchado e impuro. Ahora esa luz yace latente en tu interior, pero cuando llegue el tiempo de madurez serás capaz de llegar a ella. En lugar de buscar esta luz dichosa las personas buscan tener relaciones íntimas, pensando que eso es la felicidad definitiva. A lo largo de la historia billones de personas han vivido y muerto así, sin haber comprendido nada.

Es muy excepcional el conocer al Uno sin nombre ni forma en nuestro interior. Es muy excepcional el ser capaz de tener consciencia de su omnipresencia, disipar la oscuridad y vivir en la brillante luz de la verdad.

Un nacimiento humano es excepcional; el alcanzar este estado de dicha es aún más excepcional. Entre los millones de personas de este mundo, si solo una o dos lograran alcanzar este elevado estado sería bueno para el mundo. Entonces las personas tendrían un recordatorio de que es posible vivir como un alma iluminada. Por tanto, nunca olvidemos que un estado más elevado nos llevará a la dicha”.

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La Auto-Realización, un problema de traducción

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Cualquier persona, que sepa algo de inglés y prefiera ver películas o series de televisión en versión original, sabe lo terrible que pueden ser los títulos de estas obras en sus forzadas traducciones al español. De hecho, con Hansika nos divertimos (e incluso discutimos) comparando los títulos que reciben las películas en Argentina y en España; títulos en ocasiones muy diversos entre sí y, por lo general, sideralmente diferentes del original.

Algo similar sucede con las palabras sánscritas relacionadas con espiritualidad e hinduismo (por ejemplo, yantra o hatha), que por lo general necesitan de cinco o seis vocablos en español o inglés para expresar su significado original. Esta dificultad en la traducción se basa en que la lengua sánscrita está embebida de sabiduría milenaria, y en que ciertas palabras sirven para describir procesos o situaciones que sólo se entienden conociendo al menos lo básico de filosofía hindú.

Existe una palabra que se ve con mucha frecuencia en textos sobre espiritualidad y filosofía y que, según creo, está malentendida por fallas de traducción. Me refiero a ‘AutoRealización‘. Lo paradójico del caso es que esta palabra no está traducida del sánscrito, con su sutileza filosófica, sino que proviene directamente del inglés ‘Self-Realization’.

Definiciones e interpretaciones

En inglés, la palabra realization significa dos cosas:

1 –Llevar a cabo un acción

2 – Comprensión.

Por tanto, el verbo inglés realize (o realise) puede significar ‘realizar’ o ‘llevar cabo’, por un lado, o ‘darse cuenta’ o ‘comprender’, por el otro.

Evidentemente, es en la segunda acepción la que se aplica al compuesto ‘self-realization’, que en español se traduce literalmente como ‘auto-realización’. Si uno está habituado a leer textos espirituales en español, probablemente ya sepa (o intuya) a que se refieren los maestros espirituales cuando hablan de ‘auto-realización’. Si uno tiene este entendimiento es debido a la lectura de varios textos y al uso del pensamiento deductivo, pero no gracias a la traducción, que no deja de ser un misterio para los principiantes.

En español, según la RAE, la palabra ‘realización’ tiene cuatro acepciones, tres de las cuales son variantes de ‘llevar a cabo’, mientras que la última refiere al verbo pronominal ‘realizarse’ y dice: “Sentirse satisfecho por haber logrado cumplir aquello a lo que se aspiraba”. De aquí nace, por ejemplo, la popular expresión ‘sentirse realizado’.

A la confusión de términos debe haber contribuido la traducción al español de la jerarquía de necesidades humanas creada por el psicólogo Abraham Maslow, en que el último estadio se denomina ‘self-actualization’ y es traducido como ‘auto-realización’, en este caso con más acierto, pues la idea de fondo es llegar a materializar todo el potencial del individuo, aunque no en términos propiamente espirituales.

Ahora bien, en ningún caso la palabra ‘realizar’ tiene en español el sentido de ‘comprender’, que es en realidad el significado que nos interesa quedarnos del vocablo realize inglés. En inglés, self-realization significaría ‘auto-comprensión’ o ‘auto-entendimiento’, y la mejor traducción posible, creo, es ‘auto-conocimiento’.

Verdadero sentido

Insisto en que si uno ha leído varios textos sobre espiritualidad y ha tenido la fortuna de que le expliquen detalles filosóficos, este fallo de traducción no es un obstáculo. Cuando yo leo ‘auto-realización’ sé a qué se refiere el texto, porque ya conozco el sentido original, además de porque sé lengua inglesa.

De todos modos, he notado que este no es siempre el caso. La no-completitud de sentido de la palabra ‘realización’ en español lleva, por lo general, a interpretaciones más cercanas a ‘sentirse realizado’ que a ‘auto-conocimiento’. Por tanto, el buscador espiritual desprevenido puede confundir ‘auto-realización’ con tener el trabajo de sus sueños, una casa con jardín o una familia unida, aspectos más relacionados con la ‘realización personal’ que con conocer la propia y verdadera esencia interior (que la filosofía espiritual dice es Divina).

De hecho, self-realization es utilizado como sinónimo de God-realization, es decir ‘conocimiento de Dios’; a la vez que puede ser sinónimo de ‘iluminación’ o ‘liberación’.

El gran santo Paramahansa Yogananda fundó en 1920 la conocida organización Self-Realization Fellowship y quien mejor que él, entonces, para definir este complejo término:

“Es el conocimiento, en cuerpo, mente y alma, de que somos uno con la omnipresencia de Dios; de que no tenemos que orar para que venga a nosotros, de que no estamos meramente cerca de ella todo el tiempo, sino que la omnipresencia de Dios es nuestra omnipresencia; de que nosotros somos tan parte de Él ahora, como lo seremos siempre. Todo lo que tenemos que hacer es perfeccionar nuestro conocimiento”.

Paramahansa Yogananda

Como siempre pasa con el conocimiento libresco, saber a qué se refieren los textos o maestros cuando hablan de ‘auto-realización’ no me va a transportar a este estado de dicha sin límite. Se trata, por supuesto, de un mero conocimiento intelectual, pero que es útil para discernir entre lo que realmente explican y resaltan las enseñanzas espirituales y lo que ‘uno cree entender’.

Una diferencia que puede ser fundamental.

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Enlighten UP!, un documental sobre yoga

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Hace unas pocas semanas hablé de Sadhana, de regreso a la fuente, un docudrama de los años ’80 sobre la búsqueda espiritual de un muchacho canadiense en la India. Esta semana he pensado en reseñar brevemente otro documental ‘espiritual’, mucho más moderno. Se trata de Enlighten Up!, y tiene el subtítulo de “Un viaje escéptico al mundo del yoga”.

Después de practicar yoga por siete años la directora del documental, la norteamericana Kate Churchill, decidió hacer un proyecto para “probar que el yoga puede transformar a cualquiera física y espiritualmente”. Para ello, ella y su equipo seleccionaron a un principiante en el mundo del yoga, un periodista neoyorkino de 29 años, con una actitud abierta pero escéptica a la vez, y lo sumergen en el mundo del yoga por seis meses.

Efectivamente, no tendría gracia elegir a alguien que crea ciegamente en las bondades del yoga, sino que es mejor buscar a cualquier hijo de vecino, un novato, alguien con el que todos podamos identificarnos y que sea capaz de mostrarnos un camino por el que, probablemente, todos pasaríamos si estuviéramos en su lugar.

A su vez, como siempre dicen los maestros espirituales, para aprender y avanzar en cualquier ámbito es mejor tener la actitud de un principiante que la de un experto. Cuando crees que lo sabes todo y que tienes dominada la situación es cuando quedas estancado. De esta forma, que sea un principiante el que nos lleva en este viaje yóguico tiene sus ventajas.

Apariciones

La producción que tiene este documental lanzado en 2008 es muy loable ya que las filmaciones tienen lugar en diferentes partes de Estados Unidos (Hawai incluida) y luego en la India. Además de la calidad cinematográfica y guionística, se ve que hay un gran trabajo detrás para lograr ciertas tomas y, sobre todo, ciertas entrevistas. Si uno no está metido en el ‘mundo del yoga’ puede que no lo note demasiado, pero si uno mínimamente conoce del tema verá que en el documental aparecen muchas de las principales figuras del yoga tal como lo conocemos hoy en día.

Entre ellas está mi querido Dharma Mittra, el gran maestro de Ashtanga yoga Sri Pattabhi Jois que abandonó su cuerpo en 2009, el famoso maestro B.K.S. Iyengar creador del yoga homónimo, Sharon Gannon y David Life, creadores de Jivamukti Yoga, cuyo inspirador libro acabo de terminar de leer, por cierto.

Hay que aprovechar el documental porque no es común poder ver a tantos maestros juntos, y de forma tan íntima, dando sus enseñanzas espirituales de forma simple y humilde. Asimismo, si bien el punto de partida es la práctica de yoga desde un punto de vista físico, cuando el protagonista del documental viaja a la India empieza a investigar en profundidad sobre la posible ‘transformación’ que ofrecen las prácticas espirituales que van más allá del ejercicio físico.

En este segmento, el maestro más notable que aparece es, seguramente, Gurusharananda, un entrañable Swami del norte de la India que responde al escepticismo religioso y espiritual del periodista protagonista, y que es un gusto de ver y oír.

Si bien la directora del documental tiene un sesgo claro y definido sobre el tema, sigue las reglas periodísticas de mostrar diferentes versiones de un mismo hecho, confrontando visiones y ofreciendo al espectador la opción de decidir por sí mismo. Aunque también creo que la directora usa un truco a favor de su tesis al incluir la presentación de algunos personajes semi-absurdos que ven al yoga sólo como un tonificador para los senos o que consideran a los yoguis como el ‘hombre de la bolsa’ o el ‘coco’, de manera que uno se alinea naturalmente con las visiones más espirituales, incluso aunque no quiera.

Iluminación

El mismo título del documental juega con la idea de ‘iluminación’ que es, para la mayoría de maestros de yoga, el objetivo final de la práctica física (asana), la cual no es más que un medio que nos ayuda con diversas cuestiones, que pueden ser, entre otras: preparar al cuerpo para sentarse quieto en meditación durante varias horas; mantener el cuerpo saludable para así poder dedicarse sin obstáculos a capas más sutiles de uno mismo; una forma de identificar y superar las propias tendencias y hábitos que se hacen evidentes con la práctica de asanas; una forma de poner la mente en el momento presente (dharana) durante el tiempo que dura la práctica; una manera de sentir el contacto con la Tierra y de ofrecerle reverencia.

El protagonista, conejillo de indias en este proceso, descree bastante de la posible iluminación y, él mismo lo dice, “seis meses no son suficientes para cambiar la visión de mundo de alguien”. No necesariamente. De todos modos, las experiencias que vive el protagonista son fuertes e, inevitablemente, provocan algún tipo de modificación en su percepción, incluso cuando esta no sea exactamente la que esperaba la directora o el mismo periodista. Para saber el resultado hay que ver el documental.

Personalmente, me gusta mucho la película y su enfoque que, además de mucho humor, tiene un toque de irreverencia hacia el tema, incluso a pesar de que la directora tiene una posición muy clara a favor del yoga como método de transformación positiva para la vida. Si bien se ve una tensión intencional entre la directora y el protagonista porque ella busca empujarle hacia donde ella quiere, a la vez la presentación del tema me parece muy honesta en cuanto a las posibles contradicciones e interpretaciones que conllevan asuntos tan profundos como religión, espiritualidad y transformación personal.

La versión completa del documental está ahora en YouTube, aunque nunca se sabe cuánto durara online. Además, dicha versión tiene subtítulos en español que, si bien no son impecables, ayudan mucho a quienes no entienden inglés. Aquí abajo dejo la peli, dura 1h20′ y ¡recomiendo verla!

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