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La enseñanza que es difícil de escuchar

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He sido padre recientemente (por segunda vez) y eso explica la ausencia de actualizaciones en el blog durante las últimas dos semanas. A la vez este evento me ha hecho pensar, entre otras cosas, en el extraordinario fenómeno de que un alma llegue, una y otra vez, a este mundo. Ya se sabe que cuando uno dirige la atención a una idea todo el entorno parece confabularse para darnos más señales…

Y así fue como caminando por los pasillos de la maternidad con nuestra primera hija, de casi 3 años, vimos una mosca chocando contra el cristal de una ventana que no se podía abrir. Más tarde, el cuerpo inerte de la mosca yacía en el suelo y tuve que decir que estaba “muerta”.

Al día siguiente, el cuerpo de la mosca ya no estaba y ante las nuevas inquisiciones decidí explicarle a mi hija que probablemente lo habrían barrido durante la limpieza para llevarlo a la tierra a que se disuelva, pero que aunque el cuerpo desaparezca “todas las moscas” tienen dentro algo que nunca muere:

– “¿Qué es?”, preguntó expectante.
– “Un alma”, dije..
– “Y nosotros también tenemos un alma”, agregó ella con toda normalidad y un poco inesperadamente para mí.

Este diálogo y ser partícipe de haber traído un alma a este mundo me retrotrajeron a la visita que hice hace poco a una clase de Textos Sánscritos en la Universitat de Barcelona, donde se estaba traduciendo un fragmento de la Kaṭha Upaniṣad, un texto conocido e importante para la tradición hindú, en que el dios de la muerte, Yama, da enseñanza a Naciketas (Nachiketas), un joven noble que rechaza todos los deseos y placeres terrenales con tal de saber qué pasa cuando una persona muere.

Al principio, Yama se niega a dar detalles acerca de esta “sutil doctrina”, sobre la que “incluso los dioses tienen dudas”, pero ante la insistencia y pureza de Naciketas, accede y le habla de ese “tránsito” (sāṁparāya) que permanece “oculto” para las personas irreflexivas y engañadas que piensan que “este es el mundo y que no hay otro”. Y entonces Yama explica acerca del ātman, esa porción divina que reside en el corazón de todos los seres, que es eterna y que no muere cuando el cuerpo muere.

Justamente por la sutileza de esta doctrina de la inmortalidad del alma, la Muerte hace una aclaración inicial, que de hecho es el verso (2.7) que se traducía aquella tarde en clase de sánscrito:

śravaṇayāpi bahubhir yo na labhyaḥ
śṛṇvanto ’pi bahavo yaṁ na vidyuḥ
āścaryo vaktā kuśalo ’sya labdhā
āścaryo ’sya jñātā kuśalānuśiṣṭaḥ

Una traducción posible sería:

“Pocos llegan a escuchar sobre esto;
e incluso cuando lo escuchan, la mayoría no lo entiende.
Extraordinario es aquel que habla sobre ello; afortunado aquel que lo comprende.
Extraordinario es aquel que lo conoce; afortunado aquel que es instruido”.

Sin dudas hace 3000 años, cuando se compuso el texto, esta enseñanza era mucho más difícil de oír que ahora, cuando Swami Googleananda, como le gusta decir a Sri Dharma Mittra, hace accesible toda la información. De todos modos, sigue siendo una doctrina poco difundida que puede ser hasta terapéutica. Conozco el caso de una persona que desde pequeña tenía tanatofobia (fobia a la muerte), al punto de ir a terapia, y que cuando en una formación de profesores de yoga, debatiendo la Bhagavad Gītā, escuchó que el alma es inmortal, su miedo patológico desapareció de una vez y para siempre.

Hablando de la Bhagavad Gītā, en su capítulo II se habla bastante del ātman (traducido como el “ser” o a veces como “alma” o “espíritu”) y fue leyendo la reciente edición del filósofo Juan Arnau (Atalanta, 2016) que encontré un verso (2.29) con una traducción llamativamente parecida al verso en cuestión de la Kaṭha Upaniṣad. Traduce Arnau en su versión en prosa:

“Difícilmente uno puede verlo, difícilmente uno puede oírlo o declamarlo, ni siquiera habiéndolo escuchado lo comprendería”.

Quizás esta traducción no es tan literal como otras, pero la idea que me interesa resaltar hoy es la dificultad de escuchar la enseñanza y, no nos olvidemos, de comprenderla.

En su académica traducción de este mismo verso, Fernando Tola explica que este śloka señala la incomprensibilidad del ātman, una característica “propia de todo lo divino o sagrado o absoluto que se manifiesta”.

Por tanto, comprender esta doctrina trasciende lo intelectual y entra en el terreno de la intuición y la vivencia personal. Pero para eso, primero y por fácil que parezca, hay que tener la fortuna de escucharla. No en vano en grandes tradiciones espirituales de la India se considera la escucha (śravaṇa) como el primer paso necesario para el camino de cualquier aspirante.

Por otro lado, de la inmortalidad del ser se deduce uno de los grandes fundamentos de la religión hindú: la reencarnación. Ya dice la Gītā que el ātman abandona los cuerpos viejos y entra en otros nuevos como si cambiara sus ropajes gastados. En el hinduismo dicha creencia está muy arraigada y va de la mano con la ley del karma, la ley universal de causa y efecto. Ambas teorías son muy útiles para explicar muchas cuestiones que, a primera vista, son consideradas “injustas” o “incorrectas” de este mundo.

En una entrevista le preguntaron al maestro Dharma Mittra cuál era su secreto para estar siempre feliz, y lo primero que respondió fue: “Esta cualidad de contentamiento se deriva de la comprensión de las leyes del karma y de que existe reencarnación”.

Según Dharmaji, si uno tiene un fuerte deseo de liberación comienza a hacerse ciertas preguntas como “Si me muero hoy, ¿adónde voy?” o “¿Existe la reencarnación?”. A lo que agrega, con cierta sorna, “¿Cómo puedes descansar si no lo sabes?”. Dharmaji siempre cuenta que en el momento en que escuchó sobre karma y reencarnación por primera vez el aparente sinsentido del mundo tuvo, de repente, lógica y orden.

Yendo más lejos, dice Dharmaji: “Comprende que debes ponerte feliz de hacerte viejo. Te estás acercando a un nuevo cuerpo, así que no te aferres… El yogui que tiene el conocimiento, o que al menos cree, en el Ser, no se ve afectado por la vejez o por nada”.

Claramente, la reencarnación puede tener una utilidad práctica y puede explicar algunos cabos sueltos de la existencia, pero en realidad no es imprescindible creer en ella para apreciar la vital enseñanza que hay en la doctrina de la inmortalidad del ser. Los grandes sabios no-dualistas dicen que “todo es el Ser” y que el karma, la reencarnación y la supuesta evolución de la conciencia son una forma simplificada de explicar una realidad muy difícil de asir por la mente limitada.

Incluso si no hubiera reencarnación, el ser es inmortal y eterno, y eso es lo que importa. Desde el punto de vista puramente espiritual, las implicancias prácticas no radican tanto en el hecho de volver o no a encarnarse, sino en entender que no somos este cuerpo físico, ni estos cinco sentidos, ni esta mente, ni mis emociones, ni mi familia… y que en realidad somos, como dice el poema, “conciencia y dicha”.

Pero claro, primero hay que tener la fortuna de escuchar esta enseñanza. Y eso no es poco.

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Ātmaṣaṭkam, un poema sobre la identidad

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En el camino espiritual, la pregunta definitiva es “¿quién soy yo?”. Sólo cuando una persona se plantea esta interrogación se puede decir que ha iniciado, de forma consciente, su búsqueda interior, que es también, curiosamente, la búsqueda del sentido universal. Grandes sabios de todos los tiempos, con Ramana Maharshi como ejemplo reciente, han simplificado su método espiritual a hacerse esa, en apariencia, ingenua pregunta.

En su libro Ganapati: Song of the Self, el filósofo y profesor John Grimes cuenta una anécdota personal muy pertinente, que aquí resumo:

“Una vez, hace muchos años, tuve un encuentro con un santo indio… Él me preguntó en su inglés básico: ‘Who you?’ (‘¿Quién tú?’). Yo empecé a contestar ‘Yo soy John Grimes’, pero antes de acabar dijo ‘Stop, family name, who you?’ (Basta, nombre de familia, ¿quién tu?). Como yo había vivido en la India y había estudiado el pensamiento indio comencé a responder con seguridad y osadía, “Soy el Ātman inmortal”, pero antes de acabar me volvió a cortar con un ‘Stop, book name, who you? (Basta, nombre de libro, ¿quién tu?).

Con el primer stop, él barrió la idea de que soy el cuerpo físico. Con el segundo stop barrió todo mi universo mental. ¿Qué quedaba? Con dos pequeñas palabras (¿quién tu?) había logrado comunicarme que yo no era ni mi cuerpo físico ni mi conocimiento mental. Como no sabía qué responder dije ‘No lo sé’. Rápidamente me respondió ‘Find out’ (Descubre). Yo dije ‘How?’ (¿Cómo?). El dijo ‘Not how, find out’ (No cómo, descubre). Otra vez pregunté ‘How?’ (¿Cómo?).

Él tenía un pañuelo en su mano y abrió los dedos dejando que el pañuelo cayera al suelo mientras decía ‘Let go’ (Suelta). Otra vez pregunté, ‘How let go?’ (¿Cómo soltar?). Él dijo, ‘Not how, let go’ (No cómo, suelta). Y entonces se giró y abandonó la habitación”

Todos tenemos unas nociones preconcebidas de quiénes somos y justamente eso se puede convertir en el gran obstáculo para saber quiénes somos en realidad. “Soltar” esas nociones, como dijo el santo, puede generar miedo o confusión y por eso es un procedimiento que se lleva a cabo a través del infalible tamiz del discernimiento, intentando separar lo real de lo irreal.

Teniendo en cuenta que la naturaleza y esencia divinas, tanto individual como universal, son inefables e imposibles de delimitar por la mente racional, el hinduismo utiliza un método de vía negativa en que, en lugar de intentar describir la realidad última, se opta por enumerar todo aquello que no lo es. Este análisis se resume en la famosa y antigua expresión sánscrita neti neti, que quiere decir “esto no, esto tampoco”, y que va eliminando de la lista todas las manifestaciones “psicofísicas” de la existencia hasta llegar al Ser.

Otra historia pertinente: la tradición cuenta que siendo todavía niño (algunas biografías dicen ocho años, otras quince) y habiendo perdido a su padre, Ādi Śaṅkarācārya (Shankaracharya), uno de los más grandes santos-filósofos de la India (788-820 d.C.), sintió un fuerte anhelo de hacerse renunciante y obteniendo el permiso de su madre partió en busca de un maestro. A las orillas del río Narmadā, en el sur de la India, el niño se encontró con un sabio llamado Govindapāda que le inquirió “¿Tú quién eres?” y entonces el joven buscador le respondió con unos versos hermosos sobre el Ātman (el Ser) imperecedero.

Este poema (o canción) se conoce como Ātma ṣaṭkam (“seis estrofas – shatkam – sobre el Ser”) o Nirvāṇa ṣaṭkam (“seis estrofas para la liberación”) y es un ejemplo paradigmático del método neti neti de negación.

Mis padres lo estuvieron recitando de forma diaria en un reciente retiro de meditación Prema Dhyanam y, además de cantarme el poema con entusiasmo por Skype, me pasaron los versos para que los tenga. Yo, a la vez, y para que cada uno lo valore y disfrute, comparto el texto sánscrito y una posible traducción al español hecha por mí en base a otras traducciones y a mi básico conocimiento de la lengua sánscrita (como siempre, hay pequeñas variantes en las versiones disponibles pero la esencia es la misma):

manobuddhyahaṅkāra cittāni nāhaṃ
na ca śrotrajihve na ca ghrāṇanetre
na ca vyoma bhūmir na tejo na vāyuḥ                         cidānandarūpaḥ śivo’ham śivo’ham

“No soy la mente, la inteligencia, el ego ni la memoria;
Tampoco soy el sentido del oído, del gusto, del olfato ni de la vista;
Ni soy espacio, tierra, fuego ni aire;                                                                                          Mi naturaleza es consciencia y dicha: yo soy el Absoluto, yo soy el Absoluto”

na ca prāṇasaṃjño na vai pañcavāyur
na vā saptadhātur na vā pañcakośaḥ
na vākpāṇipādo na copasthapāyu                                     cidānandarūpaḥ śivo’ham śivo’ham

“No soy el aliento de vida, ni la percepción, ni ciertamente los cinco aires vitales;
Ni soy los siete constituyentes materiales del cuerpo ni las cinco capas que cubren el Ser;
Ni soy el órgano del habla, del agarre, del movimiento, de la excreción o de la procreación;                                                                                                                                  Mi naturaleza es consciencia y dicha: yo soy el Absoluto, yo soy el Absoluto”

na me dveṣarāgau na me lobhamohau
mado naiva me naiva mātsaryabhāvaḥ
na dharmo na cārtho na kāmo na mokṣaḥ                         cidānandarūpaḥ śivo’ham śivo’ham

“En mí no hay apego ni rechazo, ni codicia ni engaño;
Y ciertamente no hay orgullo ni sentimientos de envidia;
No tengo deber, ni riquezas, ni deseo, ni liberación;                                                              Mi naturaleza es consciencia y dicha: yo soy el Absoluto, yo soy el Absoluto”

na puṇyaṃ na pāpaṃ na saukhyaṃ na duḥkhaṃ
na mantro na tīrthaṃ na vedā na yajñaḥ
ahaṃ bhojanaṃ naiva bhojyaṃ na bhuktaḥ                       cidānandarūpaḥ śivo’ham śivo’ham

“No tengo mérito ni pecado, ni felicidad ni aflicción;
No necesito mantras, ni lugares sagrados, ni Escrituras, ni sacrificios rituales;
No soy el experimentador, ni la experiencia ni lo experimentado;                                        Mi naturaleza es consciencia y dicha: yo soy el Absoluto, yo soy el Absoluto”

na me mṛtyuh śaṅkā na me jātibhedaḥ
pitā naiva me naiva mātā na janmaḥ
na bandhur na mitraṃ gururnaiva śiṣyaḥ 
                            cidānandarūpaḥ śivo’ham śivo’ham

“En mí no hay muerte ni miedo, ni distinción por estatus;
Ciertamente no tengo padre, ni madre, ni siquiera nacimiento;
Ni tengo parientes, ni amigos, ni maestro ni discípulo;                                                            Mi naturaleza es consciencia y dicha: yo soy el Absoluto, yo soy el Absoluto”

ahaṃ nirvikalpo nirākāra rūpo
vibhur vyāpya sarvatra sarvendriyāṇāṃ
na cāsangata naiva muktir na bandhaḥ                               cidānandarūpaḥ śivo’ham śivo’ham

“Yo soy sin forma y sin cualidades;
Estoy presente en todas partes, impregnando todos los sentidos;
Ciertamente no estoy separado, ni liberado ni atado;                                                          Mi naturaleza es consciencia y dicha: yo soy el Absoluto, yo soy el Absoluto”

Después de escuchar estos versos, y viendo la profundidad de su entendimiento, Govindapāda aceptó al joven como su discípulo y de esta forma cuajó un linaje fundamental para el reforzamiento del hinduismo en la India y para la difusión de las enseñanzas del Advaita Vedānta, la filosofía de la no-dualidad.

En la anécdota del inicio el santo le reprocha a John Grimes su mero “conocimiento libresco”, pues todos hemos leído que somos el Ser, pero una cosa bien distinta es experimentarlo y confirmarlo directamente. En este sentido, el método usado en el Ātma ṣaṭkam es totalmente práctico y un gran comienzo para empezar a experimentar esa realidad.

Si bien repetir mecánicamente śivo’ham śivo’ham no es garantía de experimentar nada, ya que si uno sólo percibe dualidad el mantra se convierte apenas en un eslogan bonito, también, explican los sabios, es importante cultivar ese estado interior (bhāva) de “yo soy el Absoluto” para que gradualmente vaya cobrando realidad en nuestro interior. La auto-indagación y el discernimiento son dos de las grandes herramientas que todos podemos usar para intentar vivenciar esa enseñanza.

Finalmente, comparto algunas versiones del poema, cantado o recitado, para integrarlo a través de la escucha.

Para los de tendencia pop tenemos la versión de Deva Premal, titulada Chidananda, y aunque no soy gran amante del estilo de esta artista esta versión me parece buena:

Otra voz femenina, pero india, con un estilo muy meditativo:

Por otro lado, esta versión de Isha Foundation que es menos sofisticada y más cruda pero muy potente:

Y para los más entusiastas, esta inspiradora versión que se repite una y otra vez durante 1 hora:

A ver si después de tanto escuchar que uno es pura “consciencia y dicha” se lo empieza a creer…

El cuerpo es como un carro, la mente son las riendas…

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Estoy leyendo una versión de las Upanishads principales, que son parte de los textos revelados más sagrados para el hinduismo junto a los cuatro Vedas. Las enseñanzas de las Upanishads son muy filosóficas y ofrecen una clara orientación trascendental, cuyo mensaje esencial es que hay una Realidad suprema universal que es idéntica al ser individual, llamado ātman.

Mi experiencia con la lectura es que el profundo enfoque filosófico de las Upanishads es hermoso, a la vez que, en ocasiones, sus textos pueden ser difíciles de comprender por su nivel de sutileza. Sobre todo si el verano boreal pesa sobre tu cabeza, como es mi caso, y todo trabajo intelectual se vuelve más lento.

A este respecto, mientras leía la Katha Upanishad (o Kathopanishad) me encontré con una famosa analogía tradicional en que se compara al cuerpo humano con un carro de caballos.

Yo había escuchado esta enseñanza en diferentes ámbitos pero desconocía que la fuente original fuera la Katha Upanishad (3.3-4). A saber:

“Tú, conoce al ser individual (ātman) como el dueño del carro, y al cuerpo ciertamente como el carro. Conoce al intelecto (buddhi) como el auriga, y a la mente (manas) ciertamente como las riendas. Los sentidos, dicen, son los caballos, y los objetos de los sentidos son los caminos”.

En las enseñanzas espirituales es muy común apelar a comparaciones y metáforas para reforzar el mensaje que se desea transmitir, pero ya sea por el calor estival, por mi falta de contacto con carruajes o por incapacidad, me costaba entender de buena forma la analogía y sus implicancias en la vida práctica. Es por eso que decidí hacer un cuadro simple que me ayudara a entenderla mejor (se amplia al clicar).

Al hacer este simple cuadro la idea se me hace clara y me resulta más fácil de asimilar. El carro es nuestro cuerpo material que se mueve en el mundo llevado por los sentidos (es verdad que los caballos deberían ser cinco, como los sentidos, pero en todas las buenas imágenes que pude encontrar siempre había cuatro caballos). Los sentidos, a su vez, van detrás de los objetos sensoriales, que despiertan su interés sin pausa. Depende de la mente controlar los sentidos, dándoles rienda suelta o frenándolos.

Debido a que la mente es, por naturaleza, inquieta y cambiante, se necesita de un auriga, un cochero, que aplique el discernimiento sobre la mente y el carro. Ese discernimiento es característica básica del intelecto o la inteligencia, ambas traducciones posibles de la palabra sánscrita buddhi.

Por alguna razón, esta analogía del carro está ligada a la Bhagavad Gītā, aunque no sale explícitamente en su texto. Supongo que no hay mejor ejemplo de inteligencia/intelecto que el Señor Krishna mismo como auriga.

En cualquier caso, espero que este sencillo cuadro les sirva como a mí para entender parte del proceso que nos hace “ir hacia afuera” y, sobre todo, cómo controlarlo para volver a estar en contacto con nosotros mismos, el pasajero de ese carro llamado cuerpo.

SuperMeditator Vs. The Mind

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En el post anterior, y con un título pretencioso que bien podría ser cinematográfico (Meditator: los orígenes), expliqué el génesis de un héroe híbrido, nacido de la combinación de un retiro de meditación, la influencia de la televisión y la elemental simbiosis entre las mentes de Nuria y la mía.

Después de aquel modesto éxito en tierras francesas, durante el curso de meditación Prema Dhyanam, ahora debíamos redoblar la apuesta para convertir a nuestro personaje en un héroe espiritual de masas. El contexto, debo decir, era el adecuado, ya que se trataba de la Convención Internacional del Sri Premananda Ashram, donde todos los asistentes tienen intereses e inclinaciones espirituales, y por ende estarían, a priori, dispuestos a aceptar con los brazos abiertos a Meditator.

La cuestión era, llegado este punto, la de ser capaces de plasmar, en escena, todas las potencialidades de nuestro héroe, manteniendo su carácter cómico pero sin perder el mensaje de fondo, siempre espiritual.

Snake

En el año 2005, mi hermano Rakhal proyectó y dirigió su primera obra de teatro-danza. Se trataba de una actualización personal y naif de las influencias recibidas (por él y por todos, creo) por medio de las revistas de cómic, las típicas películas de Hollywood con happy end, los films de artes marciales y los clásicos estereotipos de Bien vs. Mal.

Justamente por ello, el título de la obra fue Snake vs. Aquiles. En este caso, Snake era un malvado que quería destruir el Arte, con mayúsculas, por considerarlo inútil. Por su parte, Aquiles (nombre no por casualidad relacionado con la Épica), era el héroe destinado a salvar el mundo, o el Arte, que para algunos es lo mismo. Cada uno de los protagonistas contaba con aliados en su lucha, y la esencia de la obra se basaba en las luchas-danzadas entre los dos bandos.

La simplificación arriba descripta, en este caso, le quita mérito a la obra, ya que cualquiera que la haya podido ver (tanto en su puesta original como en sus reposiciones mejoradas), concordará conmigo en que era buena y, además, un poco más profunda de lo que parece. Los dos protagonistas, en realidad, eran una misma persona que había sido separada al nacer y ejemplificaban las caras opuestas de una misma moneda. Haciendo referencia a citas de las Escrituras Védicas de la India, sin por ello caer en el moralismo o el bostezo, el invisible narrador se encargaba de explicarnos (desde su voz en off), cómo la única forma de volver a la paz era re-uniendo las dos partes, en busca del equilibrio original.

Detrás de los clichés y los guiños al imaginario colectivo, detrás de los golpes de puño a ritmo de música electrónica, detrás de un final efectista, se encuentra también ese mensaje que es aplicable a la meditación como práctica, a saber: meditar de verdad no es focalizarse en un solo pensamiento (ni siquiera en buenos pensamientos), sino que es la ausencia de cualquier pensamiento. La desaparición de los contrarios a través del regreso a la fusión original.

Guión

Cuando llegó el momento de empezar la escritura seria de un guión para la obra que haríamos en el Ashram de la India, la influencia de Snake vs. Aquiles llegó a mi mente, un poco de manera consciente, otro poco sin que me diera cuenta. Y esa influencia se hizo mucho más patente cuando nos reunimos con Rakhal en Argentina, para entre los tres tratar de darle un mínimo de profesionalismo a nuestra actuación.

Más allá de que la “materia prima” para la obra fuera totalmente amateur, el problema principal radicaba en la imposibilidad de reunir a todas las personas involucradas para ensayar debidamente con la suficiente anticipación. Por un lado, los participantes en escena seríamos unos doce, lo cual ya lo hacía complicado para congeniar horarios. Pero como mayor obstáculo, estábamos divididos geográficamente, a ciento cincuenta kilómetros de distancia en el mejor de los casos, e incluso en diferentes continentes.

A la sazón, nunca pudimos tener a todos los miembros reunidos hasta que estuvimos todos en el Ashram de la India, donde mantuvimos nuestras sesiones intensivas de ensayo. Pero antes de llegar a ese momento pasaron dos meses de preparación, en que cada persona tuvo que practicar a solas o en pareja su rol en la obra.

En parte pensando en los obstáculos para reunirnos, y en parte, también, por las tendencias de Rakhal en lo musical y la danza, nos pareció que la mejor forma de asegurarnos una actuación honrosa sería la de tener una “banda de sonido” que nos marcara cada paso a seguir. Es decir, un soundtrack ya grabado de antemano, que incluyera la música, los posibles diálogos y, cómo no, una voz en off que sirviera de narrador.

Musical

Sobre esta decisión, un detalle importante a tener en cuenta es que la obra debía ser en lengua inglesa. A menos que hiciéramos una obra puramente de danza o de mimos, íbamos a necesitar del lenguaje hablado para expresar algunas ideas. A este respecto, una obra puramente de danza estaba fuera discusión, ya que la “materia prima”, además de amateur, y salvo contadas excepciones, era del gremio de los “pataduras” (teniendo en mí a un gran dirigente sindical).

Una vez que decidimos que habría lenguaje hablado, vimos que sería muy difícil hacerlo en vivo; un poco porque no todos hablaban inglés (el detalle menor), pero, sobre todo, porque queriendo darle dinámica y realismo a la obra, nos negábamos a usar micrófonos, quedando como única alternativa gritar a bocajarro, e incluso así no seríamos escuchados (el escenario del Ashram, en la carpa de eventos, es generalmente grande y al aire semi-libre).

Con este panorama en mente fue que optamos por grabar todo el sonido de antemano, lo cual fue un gran acierto, visto el resultado.

De todos modos, para evitar confusiones y esfuerzos de los oyentes, preferimos reducir al mínimo los momentos hablados y hacer mucho hincapié en lo visual. Optando por su recurso preferido, Rakhal sugirió que una voz en off, que hiciera las veces de narrador omnisciente, sería lo ideal. Además de narrador, esta voz también se encargaría de presentar cada segmento y cada personaje, concentrando así el discurso hablado en una sola persona. Siguiendo esta línea, solamente los dos protagonistas principales tendrían diálogos en escena, los cuales también debían ser grabados por ellos mismos.

Enfrascado en el proceso creativo, Rakhal compuso un par de canciones introductorias para algunos personajes, a la vez que usando como base música ajena le dio clima a otros momentos de la obra. De esta forma, gradualmente, sin haberlo decidido de antemano, vimos que nuestra idea original se iba convirtiendo poco a poco, en gran parte debido a Rakhal, y a falta de mejor categoría, en un musical. Eso sí, un “musical” con muchas comillas.

Grabación

Trabajando en la “banda de sonido”, Rakhal se pasó todo su mes de vacaciones en casa de nuestros padres, en Las Rosas. A la vez que pulíamos el guión y practicábamos pasos de baile, Rakhal iba convirtiendo el soundtrack de la obra en algo cada vez más profesional y coherente. Ante tanta dedicación, y con un dejo de antojo pueril, era inevitable que Rakhal nos instara a visitar un estudio de grabación de Villa Dolores, con la excusa de registrar profesionalmente lo que, hecho con los equipos técnicos de casa sonaba, justamente, “doméstico”.

Por si acaso, dejo constancia de que no tengo demasiada experiencia en la creación de una obra teatral, y menos aún en grabar dentro de un estudio profesional. Ambos, son hechos tan novedosos para mí que me dan material para escribir en detalle sobre cuestiones que, quizás vistas desde afuera, parezcan irrelevantes.

Sin embargo, para el resultado final, la grabación de la “banda de sonido” de manera profesional fue fundamental. En realidad, toda la “banda de sonido”, tanto lo hecho en casa como lo grabado, fue una de las claves (junto a los vestuarios) de que el proyecto saliera como habíamos planeado. El efecto que produjo en la audiencia un producto tan bien hecho como ese soundtrack, fue solamente positivo.

Y por más que sólo hayan sido tres horas dentro del estudio, no crean que fue pan comido, pues hubo que repetir tomas, entonar voces, afinar la guitarra, repetir frases en inglés y, lo más duro, lograr que mi padre cantara en ritmo lo que, a la postre, resultó ser uno de los “hits” de la obra.

Vestuarios

Junto a la banda de sonido, como anticipé, hubo otro factor muy importante en la impresión general que se llevó el público: los vestuarios.

Después de pensar diferentes posibilidades, todas ellas acreedoras de gran trabajo, nos dimos cuenta de que teníamos la solución, ya lista, al alcance de la mano, ya que los antiguos trajes de Snake vs. Aquiles seguían existiendo y eran ideales para nuestra obra, tan similar en algunos puntos.

Así, desempolvamos cajas y bolsas para descubrir que sin problemas podíamos actualizar los profesionales vestuarios de Snake, que años atrás habían sido confeccionados por mi madre. De por sí, los trajes hacían diferenciación entre buenos y malos, sobre todo en los colores, combinando naranjas y verdes para los primeros; violetas y azules para los segundos.

Debido a cambios de guión y de actores con respecto a la versión original, los vestuarios debieron ser actualizados en cada caso, para darle el toque particular de cada personaje. De todos modos, la mayoría del trabajo había ya sido hecho, e incluso si la obra hubiese sido muy mala, los vestuarios la habrían salvado.

Sobre esto, hay que tener en cuenta que nuestra actuación era en un contexto tan amateur, que cualquier detalle profesional hacía la diferencia, maquillando incluso posibles imperfecciones de los “artistas”.

Atman

Con el relato de los entretelones me da la sensación que estoy dejando de lado el argumento de la obra; su esencia, en definitiva.

Básicamente, y desarrollando las ideas primigenias que dieron vida al proto-héroe nacido en la campiña francesa, el concepto de la obra se resume en “las luchas internas que enfrenta una persona cuando se sienta a meditar”. O al decir de mi tío Murali, sería una representación de la lucha entre las cualidades positivas del atman y las cualidades negativas de la mente.

Generalmente, el concepto de atman se puede traducir como “alma” o “esencia espiritual”, aunque en sentido filosófico estricto, el Hinduismo lo explica como una parte de la Divinidad (paramatman), que se encuentra en cada persona, y que una vez conocida, nos revela la realidad eterna y Divina subyacente a cada ser.

En lo referente a la meditación, y justamente para conocer el propio atman, es necesario hacer cesar todos los pensamientos que surgen en nuestro interior. De esta manera, el principal “enemigo” a la hora de meditar sería nuestra propia mente, incansable generadora de pensamientos, imágenes y estímulos.

Todos los que, por una u otra razón, lo hemos intentado, sabemos lo difícil que es tener la mente en blanco. En el mejor de los casos nos imaginamos una capa de hielo polar o una sábana, pero lo que se dice “la mente en blanco”, eso no logramos (al menos, no conscientemente).

Incluso cuando nos viene una “laguna mental”, yo creo que no hay un blanco, sino que nos quedamos pensando cosas como “¿qué estaba por decir?” o “rápido, rápido… di algo”.

En la vida diaria, lo más cercano a una “mente en blanco” parece darse cuando uno está en estado de contemplación, sobre todo en contacto con la naturaleza, con la atención fijada en “nada”. De todas maneras, esta condición no es duradera, y el principal motivo es el monopolio que ejerce sobre nosotros la mente.

Cuando uno se sienta con los ojos cerrados, todas las ideas que durante el día están dando vueltas en la mente se apoderan de nuestra quietud, haciendo que sea imposible centrarse en el presente.

Por supuesto, la mente se niega, no le interesa en absoluto perder su primacía, su poder sobre nosotros.

Protagonistas

Tantos preámbulos sobre los personajes, y resulta que ya han sido develados en el título del post… De todos modos, hay detalles que agregar, por ejemplo: el héroe original, Meditator, se convirtió en un superhéroe en toda ley para pasar a llamarse SuperMeditator, un cambio de nombre bastante obvio, pero que además se justificaba por el hecho de que la obra fuera en inglés, y la sola palabra “meditator” se confundiera con “la persona que medita” en lugar de con el héroe.

De hecho, por practicidad idiomática todos los personajes fueron pensados en inglés.

Como he explicado más arriba, su archi-enemigo no podía ser otro que The Mind (La Mente), el gran obstáculo de los meditadores.

De esta forma, la disputa era clara: SuperMeditator vs. The Mind.

En realidad, también había un personaje subestimado, pero que a fin de cuentas fue esencial: la persona que medita, en este caso una chica.

Es verdad que la mayoría del tiempo tenía que estar sentada de piernas cruzadas y con los ojos cerrados, lo cual parece tarea fácil, pero si ya nos cuesta mantener esta actitud en una habitación solitaria y silenciosa, mucho más arduo es hacerlo durante veinticinco minutos con ajetreo permanente y risas alrededor.

A su vez, la meditante debía también representar con sus facciones y gestos las vicisitudes que se ejecutaban en escena simbolizando su lucha interna, siendo ésta una tarea que requería de un mínimo de expresividad, además de mucha voluntad para ¡no abrir nunca los ojos y perderse la obra!

Mono

De esta forma, los estímulos típicos que llegan a nuestra mente cuando meditamos (el deseo por una bebida; el sonar de un teléfono; el vuelo de un mosquito; el viaje del fin de semana…) se hacían presentes, a través de unas imágenes de tela y cartón que aparecían por detrás de la cabeza de la meditante.

La entrada de SuperMeditator, envuelto en una música celestial, le regresa la paz a la meditante. Con su barba blanca, su turbante, y las siglas SM en su cinturón, dirigiéndose a ella le dice, con voz firme pero suave, “No te preocupes, soy Meditator, superhéroe de la concentración; enfría tu mente y simplemente relájate”. Así, el pacífico vacío se vuelve a instalar en la cabeza de la meditante.

Cuando todo parece resuelto de manera idílica, es allí donde hace su aparición el supervillano The Mind, que entre riffs de guitarras distorsionadas canta sin descanso su canción, “Mente mono, mente mono, saltando todo el tiempo…”. Con los cabellos crispados, su andar simiesco y su risa maléfica, The Mind es la viva imagen del desasosiego que carcome a la meditante.

A este respecto, el concepto de “mente mono” no es una creación propia, sino que es una expresión que utiliza con frecuencia Swami Premananda para denominar el estado natural de la mente humana.

No se trata de una calificación peyorativa (no es “mente de mono”, por ejemplo), sino que es una metáfora para ilustrar cómo la mente del ser humano está siempre saltando de un pensamiento hacia otro, de una idea hacia otra, de la misma manera que un mono salta de una rama a otra del árbol.

Duelos

Ante la irrupción de The Mind, SuperMeditator se ve obligado a cambiar sus planes, y en lugar de retirarse con la que él creía era una nueva misión cumplida, debe permanecer para la lucha.

El superhéroe, en tono de reproche, le pregunta, “¿Qué estás haciendo aquí?”; a lo que el supervillano responde, previsiblemente, “Me gusta disturbar la meditación”.

Entonces, todos comprendemos que en el escenario habrá una batalla. Pero no están solos. La voz del narrador lo confirma, “Cuando nuestra mente se vuelve salvaje, los amigos de SuperMeditator llegan para ayudar”. Así, la entrada en escena de los aliados espirituales de nuestro héroe nos trae alivio y esperanza.

Sin embargo, el narrador nos vuelve a la realidad cuando dice, “Pero La Mente tiene algunos trucos para empezar una dura pelea”. Dichos trucos no son otra cosa que su mundana banda de secuaces en contra de la meditación.

La suerte está echada, los duelos por dominar el ámbito de la meditación no se harán esperar. La meditante deberá soportar en su interior una dura batalla, espiritualidad contra mundanalidad, el Atman contra la Mente Mono, SuperMeditator vs. The Mind.

La semana próxima, el comienzo de la batalla.

Imágenes:

challenge.lineages.co.uk

sobreturismo.es

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