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Mahāśivarātri 2018 y la energía de regresar

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Se acerca la luna nueva del mes hindú de Phālguna y otra vez llega “la gran noche del Śiva (Shiva)”; esa fecha señalada del año en febrero en que, dice la tradición hindú, la energía del Señor Śiva está más disponible que nunca. Tradicionalmente esta noche se celebra en ayunas y sin dormir, meditando, repitiendo el sagrado mantra Om namaḥ śivāya y realizando rituales de adoración al śivaliṅga, el símbolo sin forma de Śiva.

Si bien en la tradición popular basada en los Purāṇa – los textos histórico-mitológicos del hinduismo – Śiva es generalmente presentado como un yogui huraño que vive en los Himalaya, su manifestación más venerada es el śivaliṅga, que suele ser una piedra de forma oval o cilíndrica que representa lo eterno y absoluto sin forma.

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Si lo Absoluto es infinito, inefable e inmutable es, entonces, imposible de expresar con el lenguaje articulado humano. En su lucidez, los sabios de la antigüedad descubrieron que para hablar de ese Absoluto era más sensato quitar que poner, y vieron que, de manera imperfecta pero aproximada, el símbolo básico de un huevo (vida), o de un falo (creación), o de una columna (trascendencia) o de una elipse (expansión) representaba a Śiva.

Este símbolo minimalista, sin rasgos antropomórficos, sin siquiera referencias explícitas a una cultura particular, nos permite observarlo con cierta pureza y evocar tanto el punto mínimo de latente energía universal, como el vacío total o la chispa interna que brilla en el centro del pecho.

En la tradición puránica, que sustenta el hinduismo popular moderno, Śiva es presentado como la tercera parte de una triada divina, en que ejerce el rol de destructor del universo, mientras que Brahmā es el creador y Viṣṇu el preservador. Esta idea está en consonancia con la visión hindú de que todo fenómeno material es cíclico, ya sea la reencarnación de las almas, las periódicas disoluciones del cosmos o la salida y puesta del Sol cada día.

Si bien esta presentación es válida y tiene su mensaje, deja a Śiva un poco mal parado como si fuera el malo de la película y, como nadie quiere ser destruido, todos lo miran de reojo. En realidad, muchas corrientes shivaítas consideran a Śiva como el encargado de las tres etapas del ciclo completo y, asimismo, la palabra Śiva es usada por algunas importantes escuelas filosóficas hindúes como sinónimo del Absoluto.

En este último sentido, Śiva ya no hace referencia a un asceta aniquilador sino, como dice David Frawley, a “ese poder de regreso y transformación eternos”. Si todo es cíclico, el ātman puro que somos debe regresar a la fuente de quietud que ya éramos antes de que nos invadiera el olvido. En el medio hay una manifestación, hay altibajos, hay incluso placeres y hay muerte.

La energía de Śiva es la que cierra el ciclo material de un cuerpo físico o de una galaxia, pero sobre todo es la energía que, en todo momento, nos puede ayudar a “transformar” nuestros percepciones y hábitos automáticos para llevarnos de “regreso” a nuestra esencia. Ese espacio incondicionado de silencio y quietud, que para algunas personas puede sonar a muerte pero para los yoguis es una definición de plenitud.

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En la auspiciosa noche de Mahāśivarātri, que este año 2018 va del martes 13 al miércoles 14 de febrero, todos tenemos la oportunidad de experimentar la energía de Śiva. Quienes no se pueden quedar despiertos toda la noche, también pueden conectar con esa energía durante el día, especialmente al atardecer del 13 y amanecer del 14.

Para quienes lean este texto más tarde, no se preocupen, pues el poder de transformación y regreso, que algunas personas llamamos Śiva, siempre está disponible para quien lo busca. Todos los días.

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Mahāśivarātri 2016 y la Conciencia pura

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Aguanté hasta donde pude pero el virus que trajo nuestra hija de su grupo de crianza terminó volteándome a mí también como hacía mucho tiempo que no me pasaba, dejándome sin fuerzas para dar clases, comer, abrir los ojos y mucho menos escribir largos posts. Tan fuerte fue la caída que tuvimos que posponer la reunión espiritual que teníamos planeada para celebrar Mahāśivarātri 2016. Sacando energías de la infusión de jengibre y probablemente impulsado por la vibración del mismo Señor Śiva (Shiva), me arrastro hasta el ordenador para dejar constancia, como cada año, de esta festividad tan importante para los hindúes del mundo.

Mahāśivarātri significa literalmente “la gran noche de Śiva”, se celebra una vez al año, en febrero/marzo dependiendo de los ciclos lunares. Este año 2016 la fecha india es la noche del Lunes 7 de Marzo al Martes 8 Marzo. Tradicionalmente durante la noche los devotos se mantienen despiertos y en ayunas mientras meditan, hacen rituales o cantan mantras a Śiva, especialmente el venerado Om namaḥ śivāya.

El Señor Śiva tiene muchas formas, aunque en esta noche su culto está muy enfocado al Śivalinga, que significa “símbolo de Śiva” y que es una imagen “anicónica”, ya que es un objeto (muchas veces de piedra pero también de otros materiales) de forma cilíndrica o elíptica que representa lo eterno y absoluto sin forma.

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Shivalinga del templo Sri Premeshvarar

Esta antigua forma tan básica, a priori sin frente ni dorso, sin atributos humanos, semejante a un huevo según algunos, a un falo según otros, a una forma geométrica de la Naturaleza según otros tantos, algo que sube y que baja a la vez, de variables tamaños, en apariencia vacía de contenido pero al mismo tiempo tan llena, es todavía motivo de debate entre los académicos.

Pero lo que nos importa hoy son las palabras de Swami Premananda:

“El ātman, el alma divina individual, tiene la forma sutil de un lingam. Paramātman, el alma suprema que todo lo impregna, también existe en la forma de un lingam. La realidad es que lo divino no posee ni nombre ni forma, pero la manera más cercana de describir esta forma de energía es la forma del lingam”.

En el intento de experimentar lo Supremo, uno se ve obligado a poner algún nombre y alguna forma, aunque sea lo más minimalista posible, para que la mente tenga algo de que agarrarse, al menos al principio.

En la tradición del Advaita Vedānta, por ejemplo, cuando se dice “Śiva” no se hace referencia al gran yogui meditando en los Himalayas, sino al Absoluto, y así también se habla de Śiva para indicar un estado de silencio, de quietud, de interiorización.

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El indólogo David Frawley dice que “Śiva mora en la siempre despierta conciencia pura que es nuestro propio ser… Al movernos hacia lo profundo de nuestra naturaleza de Śiva, vamos más allá de cuerpo y mente, de tiempo y espacio, hacia la luz pura e inmortal de conciencia sin límite”.

A este respecto, me gustó mucho cómo describen estos conceptos unos devotos amigos, en su invitación de Mahāśivarātri:

“Śiva es la representación del espíritu como conciencia pura. Su naturaleza es gozo y amor perfectos, eternos e inmutables. Es nuestra más profunda esencia. Nuestro verdadero Yo”.

Uno puede cambiar las palabras (los nombres) y las formas, pero el mensaje está bien claro y a la vista y, según dicen los sabios, es en esta noche cuando toca intentar descubrirlo con mayor ahínco.

¡Om namaḥ śivāya!

2do aniversario del Mahasamadhi de Swami Premananda

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En esta fecha, pero hace 2 años, Swami Premananda abandonó su cuerpo físico, un evento que en el caso de una persona santa se conoce como Mahasamadhi. Desde entonces, Swami ha dejado constancia para todos sus devotos de que su partida física no significa, en ningún caso, una despedida.

Más allá de tener la presencia del maestro en nuestros corazones, como es natural, los devotos hemos podido constatar muestras tangibles de su energía en hechos, llamados milagros, como la aparición de vibhuti en la foto de Swami o la manifestación de un nuevo Shivalinga en la noche de Mahashivaratri 2012.

Hace un año, en el 1er aniversario de su Mahasamadhi, hice un recuento de estos hechos. Hoy, en el 2do aniversario, puedo decir que no se trató de eventos aislados y que Swami Premananda sigue dando muestras de su presencia permanente, para alegría de sus devotos.

Desde el día 8 de febrero, la pequeña estatua con la imagen de Swami que fue instalada en el templo Premeshvarar del Ashram en la India, ha estado manifestando vibhuti (ceniza sagrada) sin pausa. A pesar de que la ceniza fue quitada varias veces, ésta sigue apareciendo.

La estatua de Swamiji cubierta de ceniza.

Asimismo, hoy 21 de Febrero, en el aniversario de su Mahasamadhi, Swami también mostró su presencia. A la 1pm, la misma hora en que Swamiji abandonó su cuerpo, estaba prevista una celebración con canto de los 108 nombres de Swami más una hora de contemplación en silencio.

Las noticias recién llegadas desde la India informan que justo antes de que los devotos comenzaran a reunirse frente a la gran foto de Swamiji en el Puja Hall (salón de rituales) para la ceremonia de conmemoración a la 1:00 pm, apareció vibhuti en dicha foto. Se trata de la misma imagen en que ya se manifestó vibhuti en 2011, por ejemplo.

Los puntos blancos que aparecen sobre la barba de Swami son vibhuti.

Recién llegado de la India y con el cuerpo en estado de debilidad, mi intención hoy era escribir apenas un breve post para recordar a mi amado Guru. Los milagros sucedidos estos últimos días me evitan el trabajo de creación haciéndome todo más fácil y, sobre todo, acrecientan mi amor y mi devoción por Swami.

¡Jai Prema Shanti!

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