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Prāṇa y ama

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Hace unas semanas vi una camiseta yóguica con una inscripción muy ingeniosa: prana y ama. Por otro lado, durante las vacaciones de agosto estuve (otra vez) en una inmersión de haṭha-rāja yoga con Sri Andrei Ram, discípulo aventajado de Sri Dharma Mittra y maestro por derecho propio, en que se practicó constantemente desde la respiración consciente. Hoy me gustaría mostrar una posible relación entre los dos eventos.

Prāṇāyāma es el nombre técnico de lo que a veces, en clases de yoga, llamamos “ejercicios de respiración” y que, históricamente, ha sido el signo distintivo del haṭha yoga, aunque ahora lo más difundido y visible sean las posturas corporales (āsana). La versión más aceptada es que la palabra prāṇāyāma es un compuesto formado por prāṇa (“energía vital”) + āyāma (“control”), cuyo paradigma sería la retención (kumbhaka), ya sea con pulmones llenos o vacíos, en que el yogui suspende la actividad respiratoria. La ligera variante prāṇayāma (prāṇa + yāma – “control”-), también existe y significa lo mismo.

Por otro lado, hay maestros y textos respetables que dicen que āyāma refiere a “extensión” y que, por tanto, el fin último del prāṇāyāma sería alargar el proceso respiratorio, lo cual redundaría en un alargamiento de la vida, sobre todo si nos basamos en la difundida creencia que sostiene que cada ser nace con un número ya determinado de respiraciones para dosificar durante toda su vida. Lo cierto es que en general todos están de acuerdo en que mientras más lento respire uno, mejor.

La palabra prāṇa es un concepto antiguo e importante en el Yoga y puede tener varios sentidos, pero aunque hablemos de respiración nunca nos referimos al “oxígeno” o al aire que sale o entra del cuerpo sino a la “energía vital” que es la base de ese proceso. Por ello a veces se habla del prāṇāyāma como “control de la energía vital, a través de la respiración”. La filosofía yóguica descubrió hace miles de años que la sutileza de la respiración es el proceso físico más adecuado para abordar (y controlar) las todavía más inasibles actividades mentales. Por ejemplo, la antigua Chāndogya Upaniṣad (VI.8.2) dice:

“Así como el pájaro atado a una cuerda, después de volar en todas direcciones sin encontrar parte alguna donde posarse, baja a descansar precisamente sobre su propia atadura, de la misma manera, hijo mío, también la mente después de volar en todas direcciones sin encontrar parte alguna donde posarse, baja a descansar sobre el aire vital (prāṇa). Porque, hijo mío, la mente está atada al aire vital”.

La constatación de que la respiración y la mente van ineludiblemente unidas es la que ha impulsado al yogui a dedicar gran parte de su empeño a observar, regular y controlar su respiración. Si la mente es “más difícil de controlar que el viento”, entonces el camino más sencillo es intentar regular el proceso respiratorio, muy sutil pero todavía tangible. De la misma forma que la respiración se aquieta de manera natural cuando ponemos toda nuestra atención en una única actividad, como la lectura o pararnos en un solo pie, si profundizamos y alargamos la respiración de forma consciente la mente también se calma y se centra gradualmente.

Existen muchos tipos de “ejercicios respiratorios”, aunque los manuales medievales de haṭha yoga fijan el número tradicional de prāṇāyāmas en ocho. De todos modos, estas técnicas artificiales tienen fines específicos y, en realidad, se suele decir que el mejor prāṇāyāma es el que surge (con la práctica) de forma espontánea y cuyo exponente máximo es la retención natural sin esfuerzo.

A este respecto, todos tenemos la imagen del yogui controlando con gran esfuerzo su respiración, realizando austeridades extremas, quizás en parte porque se suele traducir la palabra haṭha como “forzar”. Como contraste, es interesante notar que el académico y sanscritista inglés Jason Birch sostiene que el “forzamiento” implicado en la palabra haṭha no refiere a un método vigoroso sino más bien al efecto que la práctica tiene en la energía kuṇḍalinī, que se ve “forzada” a moverse con las técnicas yóguicas.

Hablando de contrastes, y llegando a donde yo quería llegar, al yogui Andrei Ram le gusta decir, siguiendo al escritor y activista indio Satish Kumar, que la palabra sánscrita yama (o yāma o āyāma), que etimológicamente viene de la raíz verbal √yam que significa “controlar”, ha sido mal traducida, especialmente en Occidente. En lugar de “controlar”, debería hablarse de “cuidar”. De hecho, hablando de medicina, Satish Kumar dice que la medicina occidental se centra en “curar”, mientras que la oriental lo hace en “cuidar”. De la misma forma, prāṇāyāma se trataría de “cuidar la respiración”, no de controlarla.

Todos hemos experimentado que cuando mejora nuestra respiración automáticamente mejora nuestro estado de consciencia y, por ende, nuestra vida. Visto desde esta perspectiva, cuidar la respiración es lo mismo que cuidar la fuerza vital (prāṇa), nuestro estado mental y, por tanto, cuidar la respiración es también cuidar la (propia) vida. De ahí que la inscripción de prāṇa y ama que vi hace un tiempo estuviera resumiendo de forma genial una concepción de la respiración y de la vida que me gusta y me aporta mucho a nivel personal.

prana y ama

Una concepción que el poeta y yogui Javier Salinas expresa nítidamente en uno de sus poemas:

Me gusta cuidar las cosas: una vieja gorra
que compré hace tanto tiempo atrás bajo
un puente en Roma.
Un foulard que me compré para una boda
de unos conocidos que apenas volví a ver.
Una planta que compré en un chino por apenas
nada y que me hace compañía.
Cuidar de mis hijos, de sus madres, que fueron mis parejas.
Me gusta cuidar la respiración.
Cuidar mi bicicleta.
Me gusta cuidar la suavidad y el optimismo,
sobre todo cuando no parece haber razones para ello.
Una mochila que compré en Alemania, de un soldado
que alguna vez la llevó.
Cuidar a mis padres y a mis hermanas,
y de los gatos y animales que haga falta.
Me gusta cuidar a la gente que no me puede dar
nada a cambio excepto su sonrisa.
Me gusta cuidar la paz, la belleza,
unas zapatillas que me compré un día de primavera.
Pero, sobre todo, me gusta cuidar, proteger,
lo que a veces se me olvida que existe todo el tiempo,
esa vieja cosa llamada amor.

prāṇa y ama

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Entrevista improvisada con Sri Dharma Mittra

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En el año 2011, con Hansika viajamos a New York City para conocer personalmente y tomar clases con Sri Dharma Mittra. La impresión fue tan positiva para nosotros que, desde ese momento, consideramos a Dharma como nuestro modelo a seguir de Hatha-Raja Yoga. De hecho, Hansika regresó a NYC en 2012 para realizar el curso de formación de profesores de Dharma Yoga “Vida de un Yogui”, algo que yo también hice en 2014.

Volviendo a 2011, ya estando en New York se nos ocurrió que podíamos grabar una entrevista con Dharma como material para una página web de yoga que teníamos en mente. Conseguir una entrevista con Dharma no es tan fácil porque está bastante solicitado, pero tuvimos suerte y obtuvimos una cita para hablar con él. Como corresponde al visitar a un maestro espiritual no llegamos con las manos vacías: le llevamos una planta.

Este cumplimiento del protocolo espiritual fue motivo de queja por parte de Dharma, que ya recibe muchos presentes de sus alumnos y es algo que le incomoda. En el caso de la planta, lo peor es que su sala-templo ya tenía muchas y ni siquiera había lugar donde ponerla. O sea que se podría decir que empezamos la cita con mal pie.

Dharmaji 2

Por otro lado, como todo el plan de la entrevista había sido improvisado a último momento no habíamos llevado a New York una cámara filmadora ni un trípode sino que apenas teníamos una cámara de fotos compacta que grababa a duras penas, a la vez que Hansika sostenía la pequeña cámara con su mejor pulso mientras yo hacía las preguntas.

Por tanto, la calidad audiovisual de la filmación dejaba mucho que desear, un gesto poco profesional de nuestra parte ante la presencia de un maestro como Dharma. De hecho, y sin perder su buen humor, al acabar la entrevista Dharma nos dijo: “La próxima vez traigan una cámara mejor”. O sea que se podría decir que también terminamos la cita con mal pie.

Dharma & Naren 2011

Junto a Dharma y Shiva al acabar la entrevista

A pesar de nuestros defectos logísticos, Dharma nunca nos hizo sentir incómodos y nos dedicó 30’ de su valioso tiempo para responder amorosamente a preguntas que responde en cada entrevista que le hacen. Ante dos personas sin ninguna credencial, con una cámara vieja y preguntas balbuceantes y trilladas Dharma fue, como siempre, ejemplo vivo de compasión y de amor, al punto de darnos un abrazo espontáneo al final del encuentro. Al mismo tiempo, Dharma puso en práctica uno de sus axiomas favoritos: “Compartir conocimiento espiritual es la forma más grande de caridad”.

La página web que teníamos en mente nunca se concretó y la grabación de la entrevista con Dharma Mittra reposó en nuestro disco duro por tres años hasta que, finalmente, la decidimos editar y publicar en la forma de pequeños clips, como forma de cumplir nuestra parte del trato original y como sencillas muestras de la enseñanza de Dharma, con la intención de que sirvan para inspirar a otras personas.

El nombre de la serie de clips es “Sri Dharma Mittra explica…” y todos los vídeos son en inglés con subtítulos en español. En este post comparto tres clips, que son los primeros que fueron editados. A saber:

Sri Dharma Mittra explica Yama, Niyama, Asana y Pranayama: En menos de 3′ Dharma hace un resumen de los cuatro primeros pasos del Raja Yoga o Yoga clásico. Entre otras cosas dice que “la mayoría de las posturas sofisticadas no son importantes” y, hablando de pranayama, explica su famosa metáfora de llevar la conciencia desde “radio AM a Alta definición” y más:

Sri Dharma Mittra explica diferentes técnicas de meditación: En menos de 2’ Dharma enumera distintas formas de concentrar la mente, adecuadas al ánimo o la personalidad de cada persona. Después de esto no puedes decir que no existe una meditación para ti:

Sri Dharma Mittra explica acerca de Mantra: Dharma habla del poder y la importancia de repetir mantras, en referencia a los principiantes y también en general:

Entendiendo que la profunda enseñanza de Dharma Mittra no puede resumirse ni expresarse en breves clips, sí esperamos que una pizca de su sabiduría llegue a todos a través de estos vídeos, que nacieron de la pura generosidad del maestro y a quien estamos muy agradecidos.

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¿Qué es el cuerpo astral?

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La filosofía de la India (y no únicamente ella) explica que somos más que un cuerpo físico hecho de carne, hueso, sangre y cabellos. Por supuesto, se explica que dentro de la envoltura material hay un alma o una chispa Divina, pero entre ambos hay otros dos cuerpos, conocidos como el astral y el causal.

No sé ustedes, pero el concepto de ‘cuerpo astral’ me genera confusión y me remite a mundos siderales, lo cual es natural si tenemos en cuenta que ‘astral’ significa “perteneciente o relativo a los astros“. Como ayer di una charla sobre el tema en la formación de profesores de Mandiram Yoga, pensé que era un buen momento para compartir mis elucubraciones e investigaciones al respecto.

Entonces, todo ser está compuesto de 3 cuerpos: físico, astral y causal. El cuerpo físico (sthūla sharīra, en sánscrito) es el más burdo y tosco, con el cual estamos en contacto consciente todo el tiempo y sobre el cual no hace falta profundizar.

El cuerpo astral es llamado, en sánscrito, sūkshma sharīra, lo cual significa literalmente ‘cuerpo sutil’. Es decir, en la terminología original sánscrita no se dice nada de ‘astral’ y eso me gusta porque me deja las ideas más claras. El cuerpo sutil, se explica, está dentro del cuerpo físico aunque es más grande que él, pues se extiende algunos centímetros a su alrededor. Es al cuerpo sutil a lo que se hace referencia cuando se habla del aura, por ejemplo.

Anatomía sutil

Este cuerpo sutil forma parte de lo que se conoce como anatomía sutil o energética, un concepto básico en la filosofía del Yoga. Desde siempre, los yoguis y sabios espirituales han hecho referencia a una serie de canales (nādīs) y centros energéticos (chakras) del cuerpo sutil, los cuales es importante conocer para poder trascender la mera experiencia física. Asimismo, el concepto fundamental referente al cuerpo sutil es el de prāna, la fuerza vital que sostiene tanto el cuerpo sutil como el físico.

Esta fuerza vital no debe confundirse con el oxígeno, que pertenece exclusivamente al cuerpo físico. El prāna es la energía que permea todo y que en muchas culturas es explicada, aunque con diferentes nombres (es el chi de la medicina china, por ejemplo). La ciencia moderna, en cambio, no acepta la existencia de esta energía, pues su limitada tecnología no puede percibirla y probarla empíricamente. Algunos científicos han hecho investigaciones al respecto, como el perseguido psiquiatra Wilhelm Reich, que llamó orgón a esa energía ‘novedosa’.

Cuando en yoga se habla de la fundamental práctica de prānāyāma, muchas veces se la define como ‘ejercicios respiratorios’, aunque en realidad lo que se hace son prácticas para controlar la fuerza de vida. Esta fuerza vital se puede dividir en cinco prāna principales, que son integrantes esenciales del cuerpo sutil que, según explican los textos yóguicos, posee 19 elementos en total. Estos elementos incluyen, entre otros, los cinco sentidos, la mente inferior (referida a las emociones), la mente superior (ámbito del intelecto y el discernimiento), y el sentido del yo.

Este tema es complejo y en cierto punto abstracto, sobre todo para quienes no tenemos la sensibilidad ni la práctica yóguica que nos permita percibir de forma frecuente el cuerpo sutil propio o ajeno. Para entenderlo bien, como pasa con todo, es necesario experimentarlo por uno mismo y eso se logra con práctica espiritual.

Terminología recomendada

De todos modos, mi principal intención con este post es aclarar el término ‘astral’, que me parece da lugar a confusión. Según las fuentes buscadas, este cuerpo puede ser también llamado ‘espiritual’, ‘energético’, ‘psíquico’ o ‘etéreo’, un término que viene de la antigüedad griega, ya que se consideraba al éter como el posible quinto elemento, residiendo en la esfera celestial. Por tanto, la idea de ‘astral’ tiene uno de sus asideros en que está hecho de una materia que es más adecuada a los dioses y pertenece al plano de los astros, al plano celestial. La popularidad actual del término ‘astral’ se debe, al parecer, a la importancia que se le dio en la escuela teosófica.

Por otra parte, también se habla mucho del ‘plano astral’, que es el sitio adonde puede ir el cuerpo astral. En el clásico espiritual Autobiografía de un yogui de Paramahansa Yogananda (Cap. 43) se hace una extensiva y detallada descripción de los mundos astrales, al punto de que puede parecer pura literatura fantástica para alguien escéptico, desprevenido o simplemente principiante en la ciencia del Yoga.

Dicho libro, tan importante en la difusión de las enseñanzas espirituales de la India en Occidente, habla también de ‘cuerpo astral’, por lo que esta terminología se vio reforzada por la obra. Yogananda tendría sus razones para elegir esas palabras y yo no voy a discutirlas porque mi falta de entendimiento no es culpa de él, sino de mi propia ignorancia.

Por falta de experiencia propia no puedo dar certeros argumentos sobre mundos, planos o viajes astrales, por lo que en este post me estoy limitando a la investigación académica y al análisis filológico, con la esperanza de tener los conceptos más claros personalmente y, ojalá, de dar alguna información útil a los lectores.

En conclusión, yo creo que en lugar del término ‘cuerpo astral’ sería más claro utilizar ‘cuerpo sutil’. Al menos, para los que percibimos más el burdo cuerpo físico que los demás.

Las batallas de la meditación

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La semana pasada veíamos cómo sobre la interioridad de la meditante se cernía la inminente batalla, símbolo de la lucha interna que sufre cada persona a la hora de la meditación, ejemplificada en escena por la pelea entre SuperMeditator vs. The Mind.

Como condimento, para hacer más entretenida la obra, y también para dar cabida a todos los participantes, habíamos elucubrado la aparición de aliados y secuaces, ayudantes del Bien y mentores del Mal, que le darían a la pareja protagonista un entorno apropiado. Las ocurrentes opiniones de la familia, el género y número de los participantes, más la influencia histórica de los “SúperAmigos” (aquel equipo de superhéroes de cómic conformado por La Mujer Maravilla, Aquaman, Linterna Verde, etc.), también fueron claves a la hora de las decisiones finales.

Tanto los nombres como los “poderes” de cada uno de los personajes fueron debidamente meditados, a saber…

Leg’s Pain

“Cuando tratamos de meditar, ella da dolor a nuestras piernas”, decía la voz en off que introducía a Leg’s Pain (Dolor de Piernas), la primera de las secuaces de The Mind en ingresar a escena, para provocarle a la meditante la molestia más prosaica de la meditación.

Ya en los clásicos “Yoga Sutras” de Patanjali, uno de los rishis (sabios espirituales) de la India, más destacados de la antigüedad, se describen ocho etapas para llegar al estado de samadhi (iluminación). Una de estas etapas es asana (postura) y hace referencia a la importancia primordial de cómo sentarse para la correcta práctica de la meditación (lo cual incluye espalda erguida, inmovilidad absoluta, y atención en el entrecejo). Encontrar la postura correcta, se dice, puede llevar años, y no es algo para tomarse a la ligera.

Nosotros, occidentales acostumbrados a sentarnos en sillas y con la espalda no erguida, encontramos rápidamente dificultad en sentarnos con las piernas cruzadas por muchos minutos. El primer consejo que se da a un aspirante a meditante es el de sentarse bien, de manera cómoda, relajada; una manera que, en lo posible, no le obligue a moverse en lo que dure su práctica.

De esta forma, el dolor de piernas es, como símbolo material (corporal), lo más contrapuesto a todo lo que se espera de la meditación: percepción de planos sutiles, elevación a una conciencia superior, concentración en la propia esencia espiritual.

La malvada Leg’s Pain de la obra lleva en sus manos dos rayos con los que pincha las piernas de la meditante para disturbarla en su meditación. Una cierta similitud fonética en el nombre con Lex Luthor, el famoso enemigo de Superman, también colaboró para la creación de este personaje, que fue acompañado con acertada música de Nusrat Fateh Ali Khan & Michael Brook (específicamente, la canción “Taa Deem” remixada por Asian Dub Foundation).

Asana Sisters

Uno de los mejores antídotos contra nuestras limitaciones corporales es el Hatha Yoga. En este caso, las asanas de yoga son, junto a la práctica regular, el camino más directo para adoptar una buena postura de meditación. A este respecto, es bueno aclarar que la etapa de asana a la que se refiere Patanjali en sus “Aforismos” va más allá de las útiles asanas de hatha yoga, ya que en el primer caso se trata, básicamente, de permanecer inmóvil física y mentalmente.

De todos modos, no hay duda de la utilidad del hatha yoga como herramienta para combatir el “dolor de piernas”. Fue así que nacieron las Asana Sisters (Hermanas Asana), dos heroínas espirituales que, amparadas por una música relajante de atmósfera india, realizan al unísono una sencilla rutina de yoga que, a la vez que devuelve la armonía a la meditante, hiere con su vibración a Leg’s Pain, quien se ve forzada a abandonar sus intentos de incordio.

Por algo, ante la aparición de las hermanas, la voz en off del narrador dice, como simple prólogo, “El Yoga es bueno para la meditación”.

De esta forma, toma lugar el primer duelo entre los dos bandos que disputan la batalla de la meditación. Con su simetría y su práctica, las Asana Sisters vencen inequívocamente a Leg’s Pain, el más trivial de los enemigos de un meditante.

Mrs. Past & Mr. Future

Como dice el proverbio, el ganar una batalla no asegura ganar la guerra, y por lo tanto, inmediatamente aparece un nuevo enemigo para la meditación. En realidad, dos enemigos inseparables: Mrs. Past & Mr. Future (Señora Pasado & Señor Futuro).

Al uno sentarse a meditar con los ojos cerrados, raudamente la mente comienza su loca carrera hacia planes futuros (“Esta noche voy a comer lasagna”; “¿Quién ganará el pichichi en la Liga Española?”; “¿Dónde iré de vacaciones en julio?”), o hacia hechos pasados (“¡Qué largo se me hizo el día en el trabajo!”; “¡Debería habérselo contado!”; “En la radio dijeron que subió el dólar”).

La mente, por su naturaleza, no logra estar quieta, y siempre está fluctuando entre lo que pasará y lo que pasó. Una de las pocas veces en que la mente está focalizada en el presente es cuando está concentrada en una actividad o hecho muy puntual. Por ello, las tareas manuales son tan abiertamente recomendadas, por todo tipo de disciplinas, como método de relajamiento, ya que ayudan a que la mente deje de vagar de un lugar a otro, para concentrarse en lo que está haciendo, es decir, en el presente.

Siguiendo esta línea, en el caso de la meditación, el presente sería simplemente concentrarse en la respiración, o todavía mejor, no pensar en nada; ya que en ese preciso instante no estamos, de hecho, haciendo nada. Sin embargo, es muy difícil dominar la mente en esta situación, pues no hay una actividad propiamente dicha (llámese, jardinería, pintura, cocina…) en la cual concentrarse.

En el caso de nuestra obra, Señora Pasado & Señor Futuro están atados entre sí con una cuerda, de manera que mientras uno quiere ir hacia una dirección, el otro siempre quiere ir hacia la opuesta; mientras uno anhela ir hacia atrás, el otro aspira a moverse hacia adelante. La eterna contradicción de estos dos villanos, ejemplificada con un show payacesco de tira y afloje (musicalizado por una canción de la banda mexicana Nortec Collective), simboliza el constante fluir de la mente del meditante, siempre atrapada entre el pasado y el futuro.

Captain Present

Pero, ¿por qué preocuparse? Para contrarrestar los ataques de Mrs. Past & Mr. Future está el Captain Present (Capitán Presente), un superhéroe de look calmo, que con sus largas rastas (dreadlocks, para los entendidos) y su gorro con colores rastafari se encarga de recordarnos la importancia del “Ahora”.

Apelando en cierta forma a los estereotipos, utilizamos la idea de “tomárselo con calma” de la música reggae, para relacionarlo con un meditante que se concentra en el presente, en lugar de estar maquinando sobre el antes y el después.

Para completar el concepto, recurrimos a una, quizás obvia, pero no carente de resultado, canción de Bob Marley (“Put it on”), que repite cadenciosamente una fórmula muy adecuada para un meditador, “Siente el espíritu/ Siéntete bien ahora…”.

Sobre esto, las simplificaciones y la desinformación han reducido a Bob Marley, al menos a nivel masivo, a un icono del consumo de marihuana y la cultura del “todo bien”, que también se podría traducir en “nada me importa”. En realidad, el mensaje de Marley era mucho más profundo que eso, con fuertes raíces religiosas en el Movimiento Rastafari, y por ende con un gran componente social y espiritual. A este respecto, las letras de sus canciones, famosas o no, tienen por lo general un mensaje que, desde el punto de vista espiritual universal, es positivo.

De hecho, en el altar de nuestra escuela de yoga en Barcelona, junto a imágenes de personas santas, se encuentra también una fotografía del, así llamado, “Maestro Bob”.

Por su parte, en la obra nuestro Capitán Presente lleva un traje naranja y verde, con la palabra “Now” (“Ahora”) inscripta en gran tamaño sobre su pecho. De esta forma, con sus pegadizos pasos de baile insta a la meditante a vivir en el ahora, como la solución contra los pérfidos Señora Pasado & Señor Futuro.

De todos modos, cuando parece que el fluctuar de pensamientos se sosiega al fin, el superhéroe es traicionado y queda atrapado en la cuerda que une a Mrs. Past & Mr. Future, preso de los saltos en el tiempo que, sin cesar, da la mente.

La oportuna voz del narrador, entonces, nos lo recuerda, “Algunas veces es difícil vivir en el presente”.

MC Pranayama

“Pranayama” se podría traducir, de manera más o menos literal, como “control (yama) de la energía de vida (prana)”. Según la filosofía espiritual de la India, esta energía de vida o Prana, está presente en todo el Universo; en cada objeto, en cada ser, en la comida que comemos y, por supuesto, en el aire que respiramos. Evidentemente, esta energía de vida tiene un carácter sutil y, por lo tanto, puede ser difícil de identificar y percibir.

A este respecto, y citando del libro “Ashtanga Yog: simplificado”, de Sri Ananda Giri, “La respiración es el medio o instrumento más usual empleado en desarrollar el sentido de ser consciente y control de las energías sutiles de vida”.

Es decir, que la respiración sería el lazo más tangible que tiene el ser humano entre la energía universal y la propia energía individual, que a su vez es parte de la primera.

A través de ejercicios respiratorios específicos (conocidos generalmente como pranayama), uno puede llegar a tener control total o parcial de esa “energía de vida” y, de esta forma, entrar en sintonía con la energía de vida que habita en uno mismo. A su vez, el control del prana repercute en el control de la propia mente, ya que un correcto uso de la respiración, con técnicas específicas, logra aquietar la mente.

Así como cuando uno se ofusca, le recomiendan contar hasta diez y respirar profundamente como remedio para calmarse, los ejercicios de pranayama tienen el objetivo más profundo de aquietar la mente, liberándola del fluir incesante de pensamientos ya explicado, de manera que la energía de vida en nuestro interior pueda ser percibida.

Siendo el objetivo de la meditación vaciar la mente de pensamientos para profundizar en nuestro ser interno, los pranayamas son considerados una herramienta fundamental en la práctica de un meditante.

Por estos motivos, cuando, como suele ocurrir con frecuencia en la vida real, el Capitán Presente es enredado en la trajinada cuerda de Señora Pasado & Señor Futuro, hace su entrada en escena, un superhéroe que tiene el método para traerle quietud al meditante.

Se trata de MC Pranayama, un rapero espiritual que, con un rítmico beatbox de fondo (obra del artista californiano MC Yogi), baila su mensaje mientras realiza ejercicios respiratorios.

De esta forma, su canción y sus pranayamas liberan al Capitán Presente de la cuerda del tiempo, estimulando entonces a la meditante, a que controle su respiración para lograr cierta paz mental.

Lady Attachments

Sin embargo, hay rivales que están a la altura de los ejercicios respiratorios. Éste es el caso de Lady Attachments (La Dama de los Apegos), “la gran enemiga de nuestra libertad”, como anuncia la voz del narrador cuando hace su aparición esta dama, que simboliza la sensualidad y los deseos mundanos del ser humano.

Con su cigarro con boquilla, su copa de champagne y su andar sugerente, ella nos recuerda dos de nuestros apegos más fuertes: codicia y lujuria.

Desde el punto de vista espiritual, los apegos están considerados entre los mayores obstáculos para la felicidad en general. En cuanto a “enemigos de la libertad”, elementos como el tabaco y el alcohol son apegos obvios que, por condicionar la satisfacción de una persona a su tenencia, se convierten en condicionamientos para su felicidad.

De todos modos, Lady Attachments representa todos los apegos, muchos de ellos más allá de la frontera meramente material. De esta forma, al meditar, no sólo nos viene a la cabeza el deseo de “tomar una taza de té” o “fumar un cigarrillo”, sino que apegos menos superficiales también comandan nuestros pensamientos que, como hemos visto, nunca dejan de fluctuar.

Por otra parte, los paradigmas de lujuria y codicia pueden ser equiparados a la expresión “mujer y oro”, que el gran santo Sri Ramakrishna Paramahansa utilizaba para referirse a los principales obstáculos para el camino espiritual.

Más allá del aparente simplismo de estas categorías, no hay que malentenderlo, ya que Sri Ramakrishna hablaba abiertamente de “mujer y oro” no desde una perspectiva anti-feminista sino debido a que la mayoría de sus devotos, en la India del siglo XIX, eran varones. A su vez, entre sus seguidoras mujeres, la expresión se modificaba a “hombre y oro”.

Más allá de esta distinción de género, lo que el santo quería implicar con “mujer/hombre” no era una mera cuestión de atracción sexual sino que hacía referencia a todos los lazos de apego que se generan a través de la constitución de una familia. A este respecto, hay que tener en cuenta que Sri Ramakrishna no estaba en contra de la familia, sino que era un maestro espiritual a cargo de jóvenes discípulos (muchos de los cuales luego fueron monjes) a los que debía instruir en el camino de lo que él llamaba “el discernimiento y la renunciación”.

Por su parte, a sus así llamados devotos hogareños, es decir, con familia, él nunca aconsejó abandonar sus deberes mundanos sino más bien cumplirlos debidamente, aunque con la atención puesta en lo Divino.

De la misma forma, cuando decía “oro”, se refería, obviamente al dinero, y además a todos los apegos derivados que éste conlleva, tales como el trabajo, la riqueza, las posesiones materiales y todas las preocupaciones mentales que la carencia de dichas posesiones provoca.

En conclusión, cuando el meditante cierra sus ojos, a su mente llegan pensamientos directamente ligados a todo tipo de apegos personales, desde los más relacionados con el cuerpo, como hambre, sed, frío o ganas de fumar; pasando por cuestiones cotidianas de la mente, como “tengo que llamar al plomero”, “necesito unos zapatos nuevos” o “¡cómo haré para llegar a fin de mes!”; hasta preocupaciones más profundas, como qué querer hacer de la propia vida, extrañar a un ser querido o preguntarse si existe algo tal como un destino escrito.

Pelea

En el caso de la obra, Lady Attachments entra en escena con una canción de Marilyn Monroe como acompañamiento (“I wanna be loved by you”), y se pasea sugerentemente hasta dar con MC Pranayama, quien se ve disturbado por su presencia, lo cual decanta en un nuevo duelo.

Para dicho duelo, recurrimos una vez más a los antecedentes de la obra Snake vs. Aquiles, en este caso tomando prestada una lucha en forma de danza, es decir golpes de puño y patadas voladoras con una coreografía muy marcada y una música especialmente creada para ese fin.

Sobre esto, los intérpretes de estos dos personajes éramos Nuria (Lady Attachments) y yo (MC Pranayama, a mucha honra), que bajo el entrenamiento de Rakhal y Celia (mi hermano y su novia, los protagonistas originales), logramos aprender de manera honrosa la secuencia de lucha y baile. El efecto de los supuestos golpes, dados en tiempo y con un mínimo de ritmo, es muy atractivo para cualquier espectador.

Después de una intensa lucha entre estos dos personajes, no hay un ganador claro; con ambos contendientes exhaustos y la meditante aún en medio de la vorágine de pensamientos.

Es entonces cuando, por fin, llega la pelea final.

Con lentitud y firmeza, los dos protagonistas pisan el centro de la escena, a la vez que el narrador, desde su sapiente invisibilidad, nos prepara, “SuperMeditator vs. The Mind, ¿Quién ganará?”.

Luego de un breve diálogo picante, ambos están preparados para decidir el futuro de la meditante, cada uno con sus armas.

Ninja

Basándose en la técnica teatral del “gabinete negro”, a la hora de definir la trama, Rakhal había votado por una batalla final con “objetos suspendidos en el aire”. En realidad, “objetos que parecieran suspendidos en el aire”.

La técnica del “gabinete negro” o “teatro negro” consiste en una escenografía mayoritariamente de color negro, escasa iluminación, y cuyos intérpretes también están vestidos en colores negros. La idea es que debido al mimetismo y la confusión entre el fondo estático y los actores, se produzcan situaciones escénicas que generen en el espectador la sensación de un efecto fantástico o imposible. Además, a través del contraste entre fondo oscuro y objetos de colores claros, se producen escenas que refuerzan esta idea de hechos rocambolescos y fuera de la norma.

En nuestro caso, la intención era que el duelo final entre SuperMeditator y The Mind, tuviera un efecto fantástico y que la lucha se mantuviera en un plano que no fuera tan corporal, sino más sutil, como correspondía con los implicados.

Fue así que se ideó la opción de que, merced a sus poderes, se lanzaran entre ellos ciertos objetos, y que la sensación del público fuera la de que esos objetos tenían una energía propia. Con esto en mente nació nuestro “ninja”, un valiente actor que desafiando los calores del sur de la India, decidió cubrirse por completo de negro (¡pasamontañas incluido!), para manejar a la distancia los objetos que se lanzaban los duelistas.

De manera de hacer plausible el efecto, tuvimos que poner como escenografía un fondo negro de seis metros de ancho por tres de alto, provocando así la desaparición del “ninja” ante los ojos del público. Asimismo, hubo que diseñar un sistema para sostener y mover los objetos (dibujos de tela y cartón) a la distancia y con agilidad. En este punto, fue también el “ninja” quien creó un palo extensible de más de dos metros de largo, que permitía el manejo de los objetos desde una cómoda ubicación detrás de la meditante.

Con los requisitos técnicos cumplimentados, la pelea, ahora sí, comienza.

Lanzamiento

El primero en atacar es, como de costumbre, La Mente, que con una música acorde (otra vez, Nusrat Fateh Ali Khan & Michael Brook), parece estar amasando energía negativa para materializar así un enorme signo de dólar, símbolo de la codicia, que lanza con rabia a SuperMeditator. Regulado por el “ninja”, el dólar volador flota en el aire con calma, hasta dar en el pecho del superhéroe, que se ve herido por primera vez.

Entonces, The Mind lanza su segundo objeto, esta vez menos simbólico: una botella de Limca, una bebida sabor limón de la compañía Coca-Cola, exclusiva para el mercado indio. La botella es un símbolo de nuestros apegos más banales, a la vez que es un objeto contundente, capaz de lastimar.

Por fortuna, SuperMeditator logra esquivarlo en el último momento.

Ante esto, ofuscado, The Mind materializa de la nada su más potente arma, una bomba redonda y negra, con la mecha encendida, quizás marca Acme, digna de los más clásicos dibujos animados. Sin embargo, el superhéroe de la meditación no se entrega, y con su energía revierte la dirección de la bomba, de manera que el explosivo permanece largo rato en el aire, en el medio del escenario, debatiéndose entre las dos energías opuestas que la empujan.

Finalmente la bomba cae, sin herir a nadie, como un gesto que trasluce lo que todos esperamos: la fuerza espiritual de SuperMeditator puede más que las malas intenciones de La Mente.

Pero aún hay más. Ahora es SuperMeditator el que prepara un lanzamiento, y después de un “Hasta la vista, baby”, que homenajea sus orígenes, el héroe lanza, envuelto en llamas, un “Om” gigante; es decir, un clásico símbolo de “Om” representado con la escritura en sánscrito.

Al grito de “Om Namah Shivaya”, uno de los mantras considerados más poderosos del Hinduismo, el “Om” recorre el escenario para explotar sobre The Mind y sus secuaces, dejándolos derrotados de manera definitiva.

Por fin, luego de una dura batalla, la meditante puede meditar en paz. Habiendo vencido a La Mente y a sus trucos, surge la esencia Divina de su interior, y en estado de éxtasis se dispone a bailar en sintonía con el ritmo de la música celestial. Esta danza de gozo la llevan a la escena los héroes de la lucha. Pero como en el corazón de SuperMeditator y sus aliados no hay lugar para el rencor, también invitan a los derrotados a unírseles en un baile final, en que se celebra la dicha de la paz interior.

Próximamente

A este respecto, nuestros superhéroes podrán ser grandes paladines de la espiritualidad, pero nadie asegura que sean bailarines competentes.

La próxima semana, la atareada historia de hacer un baile conjunto, y sobre todo, la puesta en escena de todo este guión tan bien preparado.

Porque una cosa es pensarlo en el papel, pero otra muy distinta es tener que concretarlo en una única función, en la India y con la posible presencia de Swami Premananda entre la audiencia.

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